A modo de conclusiones provisionales:
La cultura tradicional y popular ibérica, al igual que la de muchas otras zonas de Europa, parece haber estado vinculando, durante bastantes siglos, algunas clases de fósiles con el temido fenómeno atmosférico del rayo. Como muchas otras creencias, narraciones y usos populares de los fósiles que la tradición ha adaptado, conservado y transmitido hasta tiempos recientes, en realidad se trata de residuos degradados de antiquísimos mitos y de viejos cultos religiosos. La gran antigüedad de muchas de estas creencias arracionales, usos supersticiosos y narraciones explicativas, tradicionales populares, que vinculan al rayo con algunos fósiles, se pone de manifiesto al comparar las tradiciones recientes con sus equivalentes de la antigüedad y observar cuantos elementos comunes comparten ambos tipos.
También existen indicios de tipo arqueológico, detectados en diversos yacimientos europeos que han sido estudiados en los dos últimos siglos, que certifican que los vínculos culturales y rituales se remontan a la prehistoria, datando los más antiguos del Paleolítico.
Además existen pruebas de tipo epigráfico, basadas en la interpretación de diversas inscripciones de la Antigüedad Clásica greco-romana.
Así mismo, otro indicio de la gran antigüedad de este tipo costumbres, lo constituye la enorme extensión geográfica de esta clase de vinculación, pues se han hallado en todos los continentes del mundo abundantes pruebas arqueológicas y etnográficas.
Cuando se analiza la relación de los nombres populares de ciertos fósiles con la mitología, queda claro que desde la antigüedad hasta la cristianización o la islamización, en muy diversas partes de Europa, los mismos tipos de fósiles fueron asociados por distintas culturas a los mismos fenómenos: el rayo, el relámpago y el trueno, fenómenos naturales que previamente ya habían sido personificados como divinidades celestes masculinas, acreedoras de gran relevancia en los respectivos panteones religiosos, por ser patronos de la agricultura y la ganadería, pues eran divinidades dadoras de la lluvia y cuando éstas eran abundantes, determinantes de la fecundidad de los campos y de fertilidad de humanos y animales, pero también eran divinidades patronas de la guerra y de los guerreros y de los artesanos constructores de armas, por ser divinidades violentas y vengativas, poseedoras del terrible rayo destructor, incendiario y mortífero. Aunque divinidades, dotadas de nombres distintos por las distintas culturas
antiguas: Zeus para los griegos, Júpiter para los romanos, Thor para los escandinavos, Donar para los germanos, Taranis para los celtas, Perún para los eslavos, Perkunas para los bálticos, etc., mantenían atribuciones y funciones muy semejantes.
antiguas: Zeus para los griegos, Júpiter para los romanos, Thor para los escandinavos, Donar para los germanos, Taranis para los celtas, Perún para los eslavos, Perkunas para los bálticos, etc., mantenían atribuciones y funciones muy semejantes. Representación artística de una creencia mítica antigua, sobre el origen de los belemnites y de otros fósiles que se ha mantenido “fosilizada” en la denominación popular: thunderstones (literalmente piedras de Thor o p. del trueno) y thunderbolts (literalmente cavijas de Thor o c. del trueno)
Durante siglos estos dioses protagonizaron muchas narraciones míticas y cultos religiosos, en las sociedades paganas politeísta de la antigüedad, pues al haber sido imaginadas altamente poderosas e influyentes sobre la vida y el bienestar humanos, gozaron de una gran veneración y amplio culto en la antigüedad. Pero al igual que ha pasado con otras muchas costumbres populares de tipo naturalista y origen pagano, de base supersticiosa, con la cristianización se adaptaron al nuevo contexto cultural-religioso, siendo en parte asimiladas y en parte destruidas. Esta situación se mantuvo mientras la mentalidad humana fue predominantemente mágica-religiosa, la economía mayoritariamente rural y la sociedad básicamente analfabeta, pero cuando esta situación empezó a cambiar, a partir del siglo XVIII, con la difusión y la aplicación de las ideas ilustradas y la extensión de la Revolución Industrial, estas viejas tradiciones populares empezaron a debilitarse, con el auge del racionalismo ilustrado, aplicado a todas las actividades humanas, para acabar desapareciendo, primero en las ciudades, a finales del siglo XIX, pero persistiendo en las zonas rurales hasta a mediados de del siglo XX. La influencia racionalista y naturalista de la ciencia y la filosofía naturales explicando el verdadero origen de los fósiles y los avances de la medicina moderna, debieron hacer mella en la mentalidad tradicional y popular de una gran parte de la sociedad española y portuguesa, de manera que las interpretaciones más arracionales y fantasiosas de los fósiles, que se originaron y mantuvieron en siglos anteriores, en el transcurso del siglo XX dejaron de tener sentido y desaparecieron de la vida cotidiana, para dar paso a nuevas interpretaciones de tipo científico.... o pseudocientífico.
Sobre las primitivas motivaciones de vinculación de algunos fósiles con el rayo.
Aunque para una mentalidad mágica todo es posible, para que ciertas piedras sean asociadas con lo sobrenatural, deberán cumplir algunas reglas básicas, como pueden ser que tales tipos de piedras vayan acompañados de ciertos signos explícitos que indiquen su relación con lo sobrenatural.
La vinculación puede manifestarse por diversos tipos de señales, tales como la semejanza de formas (analogía formal), señales tales como el momento de su aparición (visibilidad) inmediatamente después de un episodio de truenos y relámpagos (causalidad), o el hecho de poseer alguna virtud, tal como desprender fuego (chispas) al ser golpeado (analogía funcional). Tales señales características debieron servir , inicialmente, para establecer la vinculación de ciertos tipos de piedras (fósiles) con el rayo y el trueno, por lo que la asociación entre ambos tipos de hechos, se estableció guiándose, fundamentalmente, por el principio de analogía, en unos casos: forma de arma arrojadiza y/o capacidad de producir fuego. Mientras que en otros casos, el vinculo se estableció ateniéndose al principio de causalidad: la aparición a continuación de un episodio de truenos, rayos y relámpagos.
Se han puesto de manifiesta hasta tres tipos de motivaciones distintas y no excluyentes que pudieran haberse dado en la antigüedad para vincular a unos determinados tipos de piedras (fósiles) con el rayo, el relámpago y el trueno, los fenómenos más impresionantes que acompañaban a las tormentas, y temibles por su capacidad de atemorización y por su poder de destrucción.
La primera motivación podría derivar de la circunstancia de que en diversas zonas europeas, debido a las particulares condiciones locales de fosilización, abundaban (y aún abundan) los fósiles de erizos y belemnites que se han conservado en sílex o pedernal, materia que tiene la rara cualidad de desprender chispas cuando se la percute. Por esa misma propiedad al pedernal y al cuarzo también se les relacionó en la antigüedad con el rayo y se les llamó piedra de rayo. De donde podríamos deducir que fue la intrigante capacidad de producir chispas la que habría inducido a creer que ciertos tipos de piedras (silíceas), estaban vinculadas con el fuego, en sus distintas formas: el que cae del cielo (el del rayo), el que mantiene a la família (el del hogar y el campamento) o del que brota del subsuelo (el del magma).
Posteriormente, con la emigración de clanes o individuos portadores de estas creencias hacia otros territorios, la vinculación de tipo regional (zonas escandinavas, bálticas y centroeuropeas), se habría hecho extensiva a otras piedras que aunque careciesen de
la capacidad para desprender chispas, por estar constituidas de otro material no silíceo, en cambio, tenían el mismo aspecto (zonas mediterráneas).
Molde interno de equinoideo, constituido por pedernal, acumulado dentro del caparazón de un pequeño erizo de mar, durante el proceso de fosilización (diagénesis)
http://www.discoveringfossils.co.uk/flintech.jpg
La segunda motivación podría deberse al hecho de que ciertos tipos de fósiles fueran bastante parecidos a determinados tipos de armas de mano o arrojadizas, de uso corriente en la época prehistórica y antigua, tales como proyectiles de honda (fósiles de formas esferoidales), puntas de jabalina, dardo, venablo o azagaya (fósiles de formas cilindro-cónicos), hachas de mano y cuchillos de pedernal (fósiles de formas triangulares), etc. En este caso el factor desencadenante de la vinculación habría sido el parecido de las formas de los fósiles con el de las armas citadas anteriormente, habiéndosele atribuido a los fósiles la misma función
ofensiva, arrojadiza y vulnerante que las armas a las que se asemejaban, pero usadas, supuestamente, por unas manos sobrehumanas, las de ciertos dioses, genios y espíritus tronantes, residentes en el aire y en las nubes.
la capacidad para desprender chispas, por estar constituidas de otro material no silíceo, en cambio, tenían el mismo aspecto (zonas mediterráneas).Molde interno de equinoideo, constituido por pedernal, acumulado dentro del caparazón de un pequeño erizo de mar, durante el proceso de fosilización (diagénesis)
http://www.discoveringfossils.co.uk/flintech.jpg
La segunda motivación podría deberse al hecho de que ciertos tipos de fósiles fueran bastante parecidos a determinados tipos de armas de mano o arrojadizas, de uso corriente en la época prehistórica y antigua, tales como proyectiles de honda (fósiles de formas esferoidales), puntas de jabalina, dardo, venablo o azagaya (fósiles de formas cilindro-cónicos), hachas de mano y cuchillos de pedernal (fósiles de formas triangulares), etc. En este caso el factor desencadenante de la vinculación habría sido el parecido de las formas de los fósiles con el de las armas citadas anteriormente, habiéndosele atribuido a los fósiles la misma función
ofensiva, arrojadiza y vulnerante que las armas a las que se asemejaban, pero usadas, supuestamente, por unas manos sobrehumanas, las de ciertos dioses, genios y espíritus tronantes, residentes en el aire y en las nubes. Representación de un peltasta, soldado mercenario de la infantería romana, especializado en el lanzamiento de jabalinas sobre las tropas enemigas.
http://img.photobucket.com/albums/v245/shumate/P-2.jpg
http://img.photobucket.com/albums/v245/shumate/P-2.jpg
Una tercera motivación podría ser debida a una interpretación demasiado simplista de la mayor visibilidad de los fósiles, sobre el terreno, tras los episodios de fuertes chaparrones de lluvia torrencial, frecuentemente asociados a impresionantes tormentas, caracterizadas por la manifestación de fenómenos eléctricos, acústicos y luminosos. Al haberse interpretado el afloramiento natural de los fósiles, no como una consecuencia natural de la erosión de los sedimentos o del lavado del suelo que los cubrían, por los fuertes aguaceros, sino como una aparición prodigiosa, debida a la precipitación o lanzamiento desde el cielo, por la mano de la divinidad irritada con los humanos, pues desde antiguo el trueno ha sido, considerado como la voz iracunda de la divinidad del cielo y el rayo como una forma de castigo, cuyo poder mortífero, destructor e incendiario residía en la piedra que formaba su punta, desde esta concepción mítica resultaba bastante lógico pensar que los fósiles se habían precipitado acompañando a los rayos o
los truenos que se habían producido, durante el episodio tormentoso, ocurrido previamente.
los truenos que se habían producido, durante el episodio tormentoso, ocurrido previamente.Los rostros fosilizados de belemnites, liberados por los temporales de lluvia, de su cubierta de sedimentos margosos, destacan sobre el terreno.
http://www.discoveringfossils.co.uk/seatown_fossil_24.jpg
http://www.discoveringfossils.co.uk/seatown_fossil_24.jpg
Para los fósiles hallados en épocas de calma meteorológica o de sequía, se disponía de otra explicación mágica: se trataba de piedras de rayo que habían retornado a la superficie, tras siete años enterradas, pues según esa leyenda explicativa todas las piedras del rayo cuando chocaban con la superficie del terreno, lo hacían con tanta furia, que penetraban en el suelo, hasta 7 (varas, codos, metros, etc.) de profundidad y a partir de ese momento empezaban a ascender hacia la superficie, a razón de 1 (vara, codo, etc.) por año. De manera que al cabo de 7 años de la caída, volvían a estar de nuevo en la superficie, dispuestas a ser recogidas por las nubes bajas (niebla) o a ascender hacia las nubes de tormenta impulsadas por una fuerza sobrenatural, para una vez alcanzada la nube repetir un nuevo ciclo de caída, enterramiento, ascensos y caída.
Sobre la antigüedad de los nombres populares de los fósiles.
El indicador de la mayor antigüedad de ciertas denominaciones populares, aplicadas a ciertos fósiles, es que éstos estén vinculados con divinidades precristianas, pues como sabemos por documentos antiguos que así lo confirman, que la cristianización de la península ibérica se inicia con el siglo IV, pero el proceso de cristianización se interrumpe, e incluso se invierte, con la islamización progresiva iniciada con el siglo VIII, pero el proceso de cristianización se reinicia en el noroeste peninsular, al iniciarse el de la Reconquista de territorios islamizados, hacia el siglo X y casi concluye tras el final de la Reconquista, territorial, que no cultural pues quedan importantes comunidades de moriscos en el levante y sur peninsular, entre los siglos XIII y XIV. De manera que todos los nombres populares de fósiles que están relacionados con divinidades paganas precristianas, usados en las zonas de cultura de influencia euskérica (País Vasco y Navarra) deben ser muy antiguos, posiblemente anteriores a la romanización, mientras que los nombres vinculados con el Dios, los santos y las santas cristianas o con sus enemigos, el diablo y las brujas, deben corresponder al amplio intervalo de cristianización de la península, que abarcaría desde el s. IV al XIV o incluso de aparición en épocas posteriores, s. XV al XIX.
Sobre la interpretación de los nombres populares.
A partir de los distintos nombres populares asignados a los distintos tipos de piedras del rayo, en las diversas regiones peninsulares, se puede deducir, como ciertos objetos totalmente naturales, puede ser interpretados como sobrenaturales y ser considerados como objetos totalmente extraordinarios, al ser relacionado, primeramente, con la acción de una divinidad pagana celeste y posteriormente con la acción de la única y suprema divinidad cristiana, o con buenos espíritus (Santiago Apóstol, santa Lucía) o con espíritus infernales (el diablo y las brujas).
De los nombres populares también se pueden deducir, algunas creencias antiguas sobre el supuesto origen sobrenatural de algunos tipos de piedras (fósiles) o algunas antiguas creencias sobre sus propiedades extraordinarias, tales como la virtud para alejar la caída del rayo, o la presencia de malos espíritus, de los lugares que presiden y de las personas que las portan.
También se pueden deducir de los nombres populares algunos de sus usos populares tradicionales más extendidos y arraigados, como sería su utilización como amuleto protector contra la caída del rayo, contra el mal de ojo y el embrujamiento y su supuesto uso como proyectil en tiempos de antiguas guerras.
A partir de los distintos nombres populares asignados a los distintos tipos de piedras del rayo, en las diversas regiones peninsulares, se puede deducir, como ciertos objetos totalmente naturales, puede ser interpretados como sobrenaturales y ser considerados como objetos totalmente extraordinarios, al ser relacionado, primeramente, con la acción de una divinidad pagana celeste y posteriormente con la acción de la única y suprema divinidad cristiana, o con buenos espíritus (Santiago Apóstol, santa Lucía) o con espíritus infernales (el diablo y las brujas).
De los nombres populares también se pueden deducir, algunas creencias antiguas sobre el supuesto origen sobrenatural de algunos tipos de piedras (fósiles) o algunas antiguas creencias sobre sus propiedades extraordinarias, tales como la virtud para alejar la caída del rayo, o la presencia de malos espíritus, de los lugares que presiden y de las personas que las portan.
También se pueden deducir de los nombres populares algunos de sus usos populares tradicionales más extendidos y arraigados, como sería su utilización como amuleto protector contra la caída del rayo, contra el mal de ojo y el embrujamiento y su supuesto uso como proyectil en tiempos de antiguas guerras.
Sobre la biodiversidad paleontológica.
Al parecer, sólo los restos fosilizados de cuatro grupos zoológicos, entre los invertebrados, los rostros fosilizados de moluscos cefalópodos (belemnites, ortocerátidos y endocerátidos), los caparazones y moldes internos de los equinodermos (erizos de mar), las valvas articuladas y moldes internos de los braquiópodos (rinconelas y terebrátulas) y entre los vertebrados, los dientes fosilizados de los peces cartilaginosos (seláceos o tiburones), han contribuido con su presencia, en determinados lugares, desde la más remota antigüedad, al proceso de inspirar productos culturales de diversas categorías: distintas creencias supersticiosas sobre su formación o sobre sus virtudes extraordinarias, leyendas explicativas sobre su origen sobrenatural, así como a la consolidación de diversas tradiciones y costumbres populares: los diversos usos preventivos y prácticos.
Fuentes:
- Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing.
- Oakley, Kenneth. P. 1985. Decorative and Symbolic Uses of Fossils. Oxford University Press.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. ORD & SAG, 14. Udgivet af Institut for Jysk Sprog og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)
- vv.aa. 1992. Historia Universal Planeta. Barcelona. Editorial Planeta.
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