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miércoles, agosto 15

Los dinosaurios en la cultura popular española y portuguesa (21)

por Heraclio Astudillo Pombo, Universitat de Lleida

Los dinosaurios en los medios de comunicación, españoles, más populares: la prensa periódica, el cinema, los cromos y los tebeos.
Segundo periodo: de 1900 a 1919, inclusive (Continuación, 14ª parte).


Anuncios en alguna prensa madrileña, de la inminente llegada 
al Museo de Historia Natural de Madrid del famoso y colosal "Dioprodocus" de Carnegie 



Introducción:

A mediados del mes de noviembre del año 1913, diversos medios de la prensa madrileña se hacen eco de generoso regalo del multimillonario Carnegie al rey de España, Alfonso XIII, consistente en una reproducción fidedigna, realizada en escayola, de todos y cada uno de los huesos del esqueleto completo de un Diplodocus de su propiedad que se ha reconstruido y se expone en su museo privado de los Estados Unidos. La enorme reproducción del mayor y más famoso dinosaurio conocido en esa época, estaba a punto de llegar a la capital del reino, para ser instalada en el Museo de Historia Natural, puesto que ha sido cedida por el rey a esa institución científica.

Además de anunciar la inminente llegada del regalo del multimillorario norteamericano al rey de España, todas las noticias que aquí son mostradas comparten un curioso aspecto de tipo lingüístico-anecdótico. Consistente tal aspecto en que todas las noticias se refieren al dinosaurio original y a sus reproducciones en yeso, con un nombre que hoy día nos puede resultar y sonar muy extraño, el de "dioprodocus". 


1ª Noticia, cronológicamente, aparece en el diario El Globo (Madrid), en su sección De políticael martes 11 de noviembre de 1913, en su página 2, publicaba una breve noticia, sin ningún titular en particular, que decía lo siguiente:

Al recibir esta mañana á los periodistas el ministro de Instrucción pública les manifestó que el archimillonario norteamericano señor Carnegie ha regalado á S. M. el Rey una reproducción del único ejemplar que existe en el mundo de Dioprodocus, animal antediluviano. La reproducción ha pasado al Museo de Zoología, utilizando para su colocación un local perteneciente a la Escuela de Ingenieros industriales. Del mencionado animal antediluviano no existen más que tres reproducciones propiedad del Sr. Carnegie, el cual ha regalado los otros dos á Inglaterra y Francia, respectivamente. Mide la reproducción que regala á España siete metros de alto por 24 de largo. La instalación se hace por cuenta del donante, enviando á tal objeto personal idóneo.


2ª Noticia. El diario El Heraldo militar (Madrid), en su sección De política, el miércoles 12 de Noviembre de 1913, en su página 1, publicaba un texto idéntico, en todo su contenido, al antes citado, por lo que habiendo reproducido el texto publicado en primer lugar,  no vamos a reproducir el que es una copia del anterior.



3ª Noticia. El diario ABC. en su sección Notas rápidas, el miércoles 12 de Noviembre de 1913, en su página 6, publicaba un texto que decía lo siguiente:

EL "DIOPRODOCUS"

La nota del día la constituyó ayer el espléndido regalo que el archimillonario Carnegie ha hecho a S. M. el rey. Una reproducción del esqueleto del dioprodocus, animal antediluviano, que medía la tontería de siete metros de alto y veinticuatro de largo.
Don Alfonso hace donación de este regalo al Museo de Historia Natural y como en las salas de este establecimiento no cabe el gigantesco ejemplar, se le acomodará en una sala de la Escuela de Ingenieros Industriales. Esta, repetimos, fue la novedad, que, además, hizo desviar las conversaciones del odioso tema de las últimas elecciones.
El esqueleto del dioprodocus, el auténtico, como quien dice, el verdadero Javier, está en el Museo de Nueva York. Carnegie costea la reproducción y su traslado á Madrid. El día que el esqueleto quede montado, constituirá un acontecimiento. La monstruosa armadura servirá para estudio de los hombres de ciencia, para que los autores de género chico le coloquen al respetable público unas cuantas coplas intencionadas y alusivas a la política y para que muchos curiosos espectadores, á imitación de aque rey que cuando vio por primera vez el mar no se le ocurrió decir más que "¡Cuánta agua!", exclamen:"¡Pero que grandes animales eran los antediluvianos!"
El dioprodocus será pronto nuestro huésped. Ha tenido la oportunidad de retrasar su venida, porque si viene hace un año, ¡menudo impuesto de inquilinato, dado su tamaño y el local que necesita para su exibición, le hace pagar Ruiz Jiménez!
Alabemos el generoso desprendimiento del ilustre filántropo Carnegie y preparémonos á contemplar el enorme esqueleto, al cual podremos decir: ¡Tú eres el único que puede apropiarse con legítimo derecho la histórica frase de ¡después de mi el diluvio! 


4ª Noticia. La Revista General de Enseñanza y Bellas Artes (Madrid), en su sección Vida Cultural el 15 de noviembre de 1913, publicaba en su página 9 la siguiente noticia breve.

El «dioprodocus» de Carnegie. 


En breve se podrá admirar en el Museo de Historia Natural el esqueleto del famoso monstruo antediluviano denominado «dioprodocus», existente en el Museo de Historia Natural de Nueva York, y cuyas dimensiones son de siete metros de altura por 24 de longitud. Mistar Carnegie, al hacer el espléndido regalo, enviará á España, costeándolo de su peculio particular, el personal necesario para la instalación y montaje del «dioprodocus», que ha sido cedido por S. M. el Rey á nuestro Museo de Historia Natural.


Interpretación personal

En mi opinión, parece tratarse de una simple confusión fonética del nombre científico correcto del dinosaurio norteamericano que era "Diplodocus", y cuyo sonido no difiere demasiado del que produce el nombre impropio del animal prehistórico que aparece en las noticias recogidas y presentadas aquí. 
Posiblemente el responsable de tal confusión acústica, puesto que atribuir como causa una posible corrupción ortográfica resultaría mucho más difícil de justificar, creemos que habría podido ser algún redactor apresurado con problemas de agudeza en discriminación auditiva que escucho el nombre pronunciado por alguna persona y lo anotó tal como le pareció haberlo percibido. Luego la denominación errónea del dinosaurio se publicó en la prensa, por primera vez, eso debió suceder en el El Globo de Madrid, el 11 de noviembre. 
Ese primer error tipografiado por el El Globo de Madrid, luego sería reproducido por otros varios medios de prensa tan poco especializados y con personal con los mismo nulos  conocimientos en paleontología y noticias recientes relacionadas, puesto que el nombre correcto del dinosaurio de Mr. Carnegie, en esa misma época, ya había aparecido publicado anteriormente en diversas noticias de diferentes medios españoles. 
La segunda noticia publicada, debió ser la publicada por el El Heraldo militar, de Madrid, el 12 de  noviembre pues se trata de una copia total y absoluta de la anterior. 
El redactor de ABC reproduce el nombre impropio del dinosaurio, no solo en el titular de la noticia, publicada el el 12 de  noviembre, sino que lo mantiene hasta tres veces más, en el texto, que es mucho más extenso que todos los demás que tratan sobre el mismo asunto.
La cuarta noticia publicada, cronológicamente, debió ser la presentada por la La Revista General de Enseñanza y Bellas Artes de Madrid, el 15 de noviembre, que reproduce el nombre impropio del dinosaurio, no solo en el titular de la noticia sino que lo mantiene hasta dos veces más, en el texto.

De la existencia de este error lingüístico, reproducido por cuatros medios de prensa madrileños distintos, se puede deducir que algunos "periodistas" españoles de la época, estaban muy poco familiarizados con los dinosaurios en general y con el Diplodocus de Carnegie en particular. Una situación nada anormal en la España y en la prensa generalista de aquella época hoy tan lejana, pues hace más de 100 años, los dinosaurios no eran tan conocidos ni tan populares como lo son en la actualidad. 


jueves, febrero 11

Los dinosaurios en la cultura popular española y portuguesa (19)

por Heraclio Astudillo Pombo, Universitat de Lleida

Los dinosaurios en los medios de comunicación, españoles, más populares: la prensa periódica, el cinema, los cromos y los tebeos.
Segundo periodo: de 1900 a 1919, inclusive (Continuación, 12ª parte).


Introducción:

El diario madrileño El Globo, publicó el 20 de julio de 1913 (n.º 13.029), en la segunda columna, de la página 3, una noticia titulada El “Diplodocus carnegiei” apenas diferenciable entre el resto del texto que saturaba las columnas en que se habían embutido las restantes noticias de la página.
Exactamente el mismo texto fue publicado 6 días más tarde por el Diario oficial de avisos de Madrid el 26 de Julio de 1913, en la página 5.

Como era costumbre en los diarios de la época, no se indicaba ni la fuente, ni el redactor de la noticia y por supuesto no iba acompañada de ninguna imagen ilustrativa.



El «Diplodocus carnegiei».


Las dimensiones de este monstruo fósil son 25 metros de largo y 4 de ancho. Su forma recuerda la de un lagarto.
El "diplodocus carnegiei” es el más gigantesco de los saurios y demuestra el desarrollo colosal que alcanzaron aquellos animales de la época jurásica antigua, cuando la especie de los mamíferos no daba indicios aún de su aparición en la escala biológica.
Fué descubierto hace algunos años en los alrededores de Pittsburgo, donde se conserva el original.
En estos últimos años se han suscitado grandes discusiones acerca de la manera como debieron marchar estos monstruos enormes.
Los paleontólogos alemanes contradicen la opinión de los sabios norteamericanos, quienes han reconstruido el saurio colocándolo en posición horizontal y tendido en toda su extensión.
En cambio, los sabios alemanes sostienen que esta posición es inadmisible, porque por más vigorosa que haya sido la contextura de saurio, éste no habría podido mantener continuamente tendida horizontalmente una cola de varios metros y poco menos ancha que el cuerpo del animal. Por eso piensan que el diplodocus se mantenía casi erguido, apoyándose en la cola y manteniendo en el aire sus extremidades superiores.
Un calco del gigantesco fósil fué regalado por el archimillonario Mr. Carnegie al Presidente de la Argentina con destino al museo de La Plata y ocupó 36 cajones, en los cuales se le acondicionó con armaduras completas de acero para evitar el más mínimo deterioro.




Algunos aspectos mencionados, a reseñar

En primer lugar, hay que remarcar que, según la prensa española, en ese momento, aún subsiste una controversia sobre la hipotética posición que debió haber adoptado durante la marcha aquella enorme bestia prehistórica, entre los paleontólogos norteamericanos y los alemanes, entre otros.

La representación de la postura de los Diplodocus durante la marcha ha cambiado considerablemente con el paso de los años. Por ejemplo, en una obra clásica de Oliver P. Hay (1910) se representaba a dos Diplodocus merodeando en la orilla de un río. Dichos animales muestran los miembros abiertos hacia los lados, en posiciones similares a los de los lagartos y cocodrilos. Oliver P. Hay argumentó que los Diplodocus tenían un paso parecido al de los lagartos, con las patas sobresaliendo lateralmente, a ambos lados del cuerpo ("On the Habits and Pose of the Sauropod Dinosaurs, especially of Diplodocus." The American Naturalist, Vol. XLII, Oct. 1908), afirmación que fue apoyada por la opinión del zoólogo y herpeontólogo alemán Gustav Tornier


La ilustración, antes citada, formaba parte de un articulo de Oliver Perry Hay, publicado en 1910, en Proceedings of the Washington Academy of Sciences, vol. 12, pp. 1–25 
Imagen: Wikipedia

Sin embargo, la hipótesis de que los diplodocos arrastraban el vientre sobre el suelo fue rebatida por William J. Holland, quien demostró que un Diplodocus marchando con esa postura, habría necesitado desplazarse sobre un foso para poder hacer pasar su voluminoso y pesado vientre.


Otra imagen que ilustraba la idea errónea de que los diplodocos tenían unas extremidades demasiado débiles para sostener el enorme peso de su cuerpo, fuera del medio acuático de los margenes de ríos y lagos, en el que se suponía que pasaban gran parte de su tiempo...
Pintura original del artísta e ilustrador naturalista Heinrich Harder realizada a partir de un dibujo del esquema esquelético del Diplodocus, original de G. Tornier
Imagen: Wikipedia

Sin embargo, los paleontólogos alemanes postulaban la idea de una marcha en posición semi-erguida, semejante a la que se suponía también habitual para los iguanodontes, durante la marcha, primordialmente, casi bípeda...


Iguanodontes en un paisaje antediluviano obra pintada por el paleoartista alemán Heinrich Harder para la magnífica colección de láminas de fauna prehistórica de la colección "Tiere der Urwelt" (Animales del Mundo Prehistorico). Promovida por la empresa Theodor Reichardt, fabricante alemán de cacao en polvo y de chocolate, con fábrica en Hamburg-Wandsbek.   
Imagen: Tiere der Urwelt (first serie)


En segundo lugar hay que destacar que el archimillonario Mr. Carnegie, empujado por su ego, su enorme fortuna y su filantropismo, regaló costosas y complejas reproducciones del esqueleto original del diplodoco que llevaba su nombre y que se conservaba en su museo particular, vaciadas en escayola, a diversos mandatarios de diversos países del mundo occidental, con la petición de que fuesen donadas a los museos de Historia Natural más importantes de sus respectivos países para que el pueblo y los científicos pudiesen gozar y aprender de su comtemplación. 
Se cita  en la noticia "el calco" que Mr. Carnegie regaló al Presidente de la Argentina con destino al museo de La Plata, presentado al público en 1912, pero no se hace mención de que años antes de donar esa replica ya había regalado unas cuantas más, a algunos presidentes, reyes y zares de Europa:
La primera réplica fue donada al Reino Unido, donde se dio a conocer al público  en el Museo de Historia Natural, en Londres, el 12 de mayo de 1905. 
La primera réplica donada Alemania se dio a conocer a principios de mayo de 1908, en el Museo de Historia Natural de Berlín. La segunda réplica, donada en 1932, por razones por mi desconocidas, todavía sigue sin montar, en sus correspondientes cajones, en el Museo Paleontológico de Munich. 
La réplica donada a Francia se dio a conocer el 15 de junio 1908, en el Museo Nacional de Historia Natural en París.
La réplica donada a Austria se dio a conocer en 1909, en el Museo de Historia Natural de Viena. 
La réplica donada a Italia se dio a conocer en 1909, en el Museo de Paleontología y Geología en Bolonia.
La réplica donada a Rusia se dio a conocer en 1910, en el Museo Zoológico de la Academia Rusa de Ciencias en San Petersburgo.
!Y por fin, en el octavo lugar, le tocó su turno a España! La réplica española del esqueleto de Diplodocus carnegii, se dio a conocer en noviembre de 1913, en Madrid, en un local cedido al Museo Nacional de Historia Natural. (1)  

El estallido de la Primera Gran Guerra en 1914 puso freno, temporalmente, a la donación amistosa de réplicas del gran esqueleto del dinosaurio saurópodo más completo nunca hallado, el de Diplodocus carnegie. La muerte de Carnegie en 1919 parecía haber traido el fin definitivo del proyecto de donaciones pero en 1929 Louise Carnegie, esposa de Andrew, encargó un reparto adicional de réplicas como regalo para otros museos.


(1) Todo lo relativo a lo reflejado por la prensa española, sobre este evento, se trató en diversas entradas anteriores, de esta misma sección del blog, publicadas entre noviembre y diciembre de 2013 ( 10 11 12 y nº 13), cuando se conmemoró el centenario de la réplica del Diplodocus carnegii recibida por el rey Alfonso XIII y donada por él al MNCNM.



Fuentes

- Anónimo. Diplodocus. Wikipedia 
- Anónimo. 2014. The Diplodocus seen around the worldExtinct Monsters, 13/08/2014
- Switek, Brian. 2010. When Diplodocus Invaded Europe. Smithsonian.com, 09/06/2010


miércoles, abril 2

Los dinosaurios en la cultura popular española y portuguesa (14)


por Heraclio Astudillo Pombo, Universitat de Lleida, Dept. Medi Ambient i Ciències del Sòl



Los dinosaurios en los medios de comunicación, españoles, más populares: la prensa periódica, el cinema, los cromos y los tebeos. 
Segundo periodo, de 1900 a 1919, inclusive (Continuación, 7ª parte).


Recapitulación:

Seguimos con el tema del Diplodocus, pero dando un salto de siete años hacia el pasado, respecto al último articulo publicado, dedicado al Diplodocus carnegii del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, la celebración de cuyo centenario, por todo lo alto, nos "obligó" a tener que dar un salto hacia el futuro. 
Recuperamos la historia de los acontecimientos dinosaurianos de aquella época, contados por la prensa nacional, encargada de informar y responsable de formar la opinión de sus lectores, españoles e hispanohablantes.


A vueltas con el Diplodocus 

Las más de una docena réplicas del esqueleto de Diplodocus carnegii, regaladas por el multimillonario y filántropo, estadounidense, Andrew Carnegie a diferentes Museos de Historia Natural, que en aquella época eran los más importantes del mundo, mantuvo el foco de la prensa y el interés del público, sobre este tipo de grandes dinosaurios durante las dos primeras décadas del pasado siglo XX. La pieza original, conocida como Dippy, se conservaba y exponía en el Carnegie Museum of Natural History de Pittsburgh (EE.UU), la distribución altruista de sus reproducciones, popularizó la figura y la mitología de estos dinosaurios por todos los países, más o menos avanzados, de "occidente"


La revista ilustrada Madrid Científico, publicación madrileña dedicada a la divulgación de los avances de Ciencia y de la Industria de su época, publicaba  en su nº 566, en julio de 1907, en las pp. 335-336, un articulo titulado Los Diplodocus firmado por F. Agème, dedicado a informar sobre el montaje de un esqueleto de un dinosaurio de este tipo, en el Museo de Historia Natural de Francfort (Alemania) y a opinar, de acuerdo a los conocimientos científicos de aquella época, sobre el comportamiento de este tipo de grandes reptiles prehistóricos o "antediluvianos"




LOS DIPLODOCUS


El museo de Francfort acaba de enriquecerse con un magnífico ejemplar de Diplodocus, gigantesco reptil de los tiempos jurásicos, unos ocho millones de años antes de ahora, según los aficionados á estos cómputos siempre inseguros.

Los tales animalitos fósiles están considerados como las criaturas de mayor tamaño que han existido sobre el faz de la tierra. Su longitud de 18 á 21 metros comprobada sobre las piezas esqueléticas y su peso de 25 á 30 toneladas, prudentemente calculado con arreglo á lo que la anatomía comparada enseña, son circunstancias bastantes para que pueda admitirse á los Diplodocus, sin duda alguna, como candidatos al rango de la máxima monstruosidad. 



MONTAJE DEL ESQUELETO. En esta fotografía de 1907, se puede ver a un grupo de especialistas, llegados de EEUU, dando los últimos toques al montaje que aparece visto lateralmente. 
Imagen: Captura de pantalla, ligeramente, mejorada por medios digitales sencillos.



En Wyoming (E.E.U.U.) es donde se han encontrado en relativa abundancia restos fósiles de estos animales. De la famosa cantera llamada Bone Cabin Quarry, allí situada, fué extraído en 1899 el Diplodocus de Francfort. No es precisamente el mayor de los hallados hasta la techa, pues solamente mide la insignificancia de 18 metros y pico de largo; pero es uno de los más completos, tal vez el más completo de todos. A más de esto, la mayor parte de las piezas esqueléticas fueron encontradas conservando su posición relativa natural hasta el extremo de resultar claramente visibles las articulaciones desde la mitad del cuello hasta la décima vértebra de la cola. Las costillas del costado inferior estaban en su posición natural. Las del costado superior un tanto desperdigadas y rotas. El descubrimiento de este ejemplar fué lo que puso término á las dudas y discusiones acerca del número total de vértebras de los Diplodocus y al número de cada región: cuello, cuerpo y cola, datos cuya influencia en las proporciones del animal se deduce bien claramente. En lo que nunca hubo duda es en que los Diplodocus tenían acaso el cuello más largo que se haya paseado sobre el planeta. Cuatro metros y medio, más bien más que menos, resultan para el de Francfort. Algunos más aventajados tendrían basta seis metros. Otro de los caracteres más notables es la enorme cola, de nueve á diez metros de longitud, robusta y poderosa, que prestaba múltiples é importantes servicios al monstruo. 


ASPECTO DEL DIPLODOCUS, SEGÚN RESTAURACIÓN DE CH. R. KNIGHT. Lámina representando, de costado, un Diplodocus, según la concepción del paleoartista estadounidense Charles Robert Knight, muy influido en su ideario dinosauriano, por las ideas del paleontólogo Henry F. Osborn, orientador y supervisor de muchas de sus representaciones artísticas de todo tipo de animales prehistóricos.
Imagen: Captura de pantalla  
 

El Diplodocus era principalmente acuático aunque á las veces hiciera algunas breves incursiones por tierra, sin alejarse mucho de los pantanos en que vivía. Para la natación, la cola servía de propulsor potentísimo que le hacía avanzar rápidamente por el agua. En tierra la cola le servía de apoyo cuando levantaba las patas delanteras en actitud parecida á la de los actuales kanguros australianos. En todas partes, ese látigo de 9 metros de largo y de algunas toneladas de peso era un arma formidable usada en los casos que pudiéramos llamar de «legítima defensa» pues dizen que el Diplodocus era pacífico de suyo y prefería la vergonzosa pero sana huida á los avatares de la lucha, sobre todo si era con algún dinosaurio ó algún otro carnicero de tierra firme. 

Llama también la atención lo minúsculo de la cabeza. Pero, bien mirado, para lo poco que el animal tenía que discurrir y para lo poco que le costaría arrancar y masticar las partes blandas de la vegetación de los pantanos, le bastaría holgadamente con una cabeza de 60 centímetros de longitud y unos cuantos kilos de peso.

El esqueleto destinado al museo de Francfort y la restauración del Diplodocus, hecha á escala muy reducida por Charles R. Kinght, han sido consideradas como obras maestras en su género, y de ellas dan idea los grabados de la página anterior.





martes, diciembre 10

Los dinosaurios en la cultura popular española y portuguesa (13)



Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Dept. Medi Ambient i Ciències del Sòl. Universitat de Lleida

Los dinosaurios en los medios de comunicación, españoles, más populares: la prensa periódica, el cinema, los cromos y los tebeos.
Segundo periodo, de
1900 hasta 1919, inclusive (Continuación, 6ª parte).
 


“Diplodocus carnegii: 100 años en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (1913-2013)”
  Han pasado 100 años desde la llegada al MNCN-CSIC de una de las más famosas réplicas del esqueleto de Diplodocus, que el filántropo Andrew Carnegie regaló a los museos de historia natural más importantes del mundo. La pieza original, conocida como Dippy, se encuentra en el Carnegie Museum of Natural History de Pittsburgh. Seguir leyendo


Hace diez décadas

La revista ilustrada Alrededor del mundo, el 14 de diciembre de 1913, publicaba en su número 759, en las páginas 493-494, un interesante y bien fundamentado artículo, sobre un dinosaurio cuyo esqueleto, reproducido en escayola, estaba revolucionando a la sociedad madrileña y a todos los naturalistas españoles, titulado: El diplódoco y su esqueleto. Firmaba el artículo Ángel Cabrera, del Museo de Ciencias Naturales, de Madrid y Rivero, la única fotografía ilustrativa.


A. Cabrera aclara confusiones y corrige errores, relacionados con Diplodocus carnegii  


"Desde que apareció en la prensa diaria la primera noticia acerca de la reproducción del esqueleto de "Diplodocus" que el millonario Carnegie regala á Su Majestad el rey, se ha hablado mucho acerca del famoso reptil fósil, pero hay que convenir en que en los informes publicados hay mucho más de imaginación que de exactitud. Unos le han llamado "dioprodocus" inventando así un nombre que jamás figuró en los catálogos zoológicos; otros nos lo han pintado como un feroz carnicero, cuando en realidad el monstruoso reptil, según demuestra su dentadura, no comía más que hierbas, acaso plantas acuáticas; los que menos, han dicho que el ejemplar original se conserva en un museeo de Nueva York, lo cual es falso de todo punto, porque el Instituto Carnegie, en cuyo Museo de Historia Natural está el auténtico esqueleto del "'Diplodocus", no está en Nueva York, sino en Pittsburgo. También se ha dicho no sé por qué que la reproducción traída á Madrid es la tercera que se hace. Realmente es la novena. Además de Londres y París,  tienen otras reproducciones Viena y San Petersburgo. Buenos Aires y Bolonia. Esto no disminuye en nada el valor del regalo, y además es la verdad.


No es de extrañar, sin embargo, que tales inexactitudes se digan entre nosotros, cuando en los países más adelantados en cuestiones científicas se ha disparatado á más y mejor acerca del mismo reptil. En Alemania, por ejemplo, un naturalista publicó una extensa memoria criticando la posición que han dado al ejemplar los paleontólogos del Museo de Pittsburgo y diciendo que, puesto que se trata de un reptil éste debería tener las patas más dobladas y abiertas, andando como los lagartos, con el vientre casi á rastras. Semejantes opinión es de todo punto absurda; el diplódoco, ó más bien su esqueleto, fué encontrado en la misma actitud en que le sorprendió la muerte, y de la posición de los miembros deducíase, claramente, que en vida debió andar como lo representa el esqueleto armado, es decir, como andan los grandes mamíferos, no los lagartos y los cocodrilos. Para que el lector tenga idea de la escrupulosidad científica con que trabajaban los naturalistas de Pittsburgo, puede citarse el siguiente hecho. En cuanto el Dr. Holland, director del Museo Carnegie, supo lo que el mencionado sabio alemán había dicho en su memoria, se apresuró a desmontar el esqueleto para tratar de colocarlo en la actitud de una lagartija; pero la cosa fué imposible; no solamente los huesos de los miembros no se prestaban á esta nueva forma de articulación, sino que las costillas eran demasiado largas y tropezaban en tierra. Si el diplódoco hubiera querido andar como un cocodrilo, habría sido preciso que en el suelo hubiese anchos surcos para que por ellos se deslizase su enorme caja torácica.
Aun en la misma América, se ha discutido mucho acerca de este gigante de los tiempos secundarios. Una de las mayores autoridades en paleontología, el profesor Osborn, por ejemplo, ha dicho que los diplódocos debían ponerse en dos pies, levantándose sobre su cuarto trasero como los canguros, y para pensar así se funda en que en el primer tercio de la cola, algunas vértebras se presentan como duplicadas ó reforzadas cual para sostener un gran peso; pero esta particularidad sólo existe en este ejemplar; otros esqueletos incompletos, encontrados posteriormente, no presentan ese detalle, que indudablemente no es sino un defecto de osificación debido á alguna lesión, tal vez á alguna rotura de la cola, como con frecuencia se observa en los lagartos.  


 A. CABRERA


Algunas imágenes, de la época, relacionadas con los hechos relatados


Montaje de la réplica del esqueleto del Diplodocus carnegii, en una sala, cedida por la EII al MNCN. Fotografía tomada en vista posterior, resultan visibles una parte de la cintura pelviana, el fémur y la tibia derechos del dinosaurio saurópodo. 
Subidos en la peana se distinguen: el segundo por la izquierda, un jovencísimo José Royo y Gómez, en el centro, con bata, Eduardo Hernández-Pacheco y a la derecha Luis Lozano. Bajo la peana, el primero por la izquierda es Arthur Coggeshall. 
Fotografía tomada entre el 12 y el 28 de noviembre de 1913 (Foto: ACN 8656)
Imagen: Pérez  & Chillón





Finalizada la instalación de la réplica del esqueleto de Diplodocus carnegii, los naturalistas implicados en el proceso, posaron ante el fotógrafo, para la posteridad.
Sentados, Willian J. Holland, a la derecha, y Arthur Coggeshall, a la izquierda. 

De pie, de izquierda a derecha. Luís Lozano, Francisco Ferrer, Ignacio Bolivar Urrutia, Ángel Cabrera y Cándido Bolivar Pieltain (Foto: ACNF7C1)
Imagen: Pérez  & Chillón



Detalle de la fotografía que recoge el instante de la inauguración de la nueva sala del Museo de Ciencias Naturles, en dependencias de la EII, en la que se exponía la réplica del esqueleto de Diplodocus carnegii, regalo de Mr. Carnegie a su Majestad Alfonso XIII.
Se observa, en primer plano, de izquierda a
derecha, a Ángel Cabrera, Francisco Ferrer, Ignacio Bolívar, director del MNCN. Al derecha, la reina, regente, María Cristina de Habsburgo-Lorena y la Princesa Beatriz de Battenberg, hija menor de la reina Victoria, del Reino Unido. 

Al fondo, a la izquierda, se distingue a Eduardo Hernández-Pacheco, jefe de la Sección de Mineralogía y Geología del MNCN. 
Fotografía tomada el 2 de diciembre de 1913. Imagen procedente del Archivo General de Palacio, Palacio Real. Nº Inv.: 10164235.
Imagen: Pérez  & Chillón



Retrato oficial de Alfonso XIII, en traje de gala, enviado a Andrew Carnegie, en febrero de 1914, como agradecimiento por el regalo del esqueleto de Diplodocus, para el Museo de Ciencias Naturales de Madrid.
La fotografía está firmada y dedicada, de puño y letra, por el propio monarca. 
Reproducción de la fotografía original, por cortesía de la Carnegie Library of Pittsburgh. Pennsylvania Dept. Andrew Carnegie benefactions collection, CA-537.
Imagen: Pérez  & Chillón

 
Debajo, rótulo metálico, conmemorativo e informativo, que acompaña, desde hace décadas, la réplica del esqueleto de Diplodocus carnegie, existente en el MNCN de Madrid. 
Imagen: DinoAstur  

 






sábado, diciembre 7

Los dinosaurios en la cultura popular española y portuguesa (12)


Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Dept. Medi Ambient i Ciències del Sòl. Universitat de Lleida


Los dinosaurios en los medios de comunicación, españoles, más populares: la prensa periódica, el cinema, los cromos y los tebeos.
Segundo periodo, de
1900 hasta 1919, inclusive (Continuación, 5ª parte).

 



“Diplodocus carnegii: 100 años en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (1913-2013)”  
Han pasado 100 años desde la llegada al MNCN-CSIC de una de las más famosas réplicas del esqueleto de Diplodocus, que el filántropo Andrew Carnegie regaló a los museos de historia natural más importantes del mundo. La pieza original, conocida como Dippy, se encuentra en el Carnegie Museum of Natural History de Pittsburgh. Seguir leyendo
 

Hace un siglo

La revista ilustrada y de muy variados contenidos e intereses, hispanoamericanos, La Ilustración española y americana, publicaba el 8 de diciembre de 1913, en su número 45 y en las páginas 346 y 347, un interesante, extenso y bien fundamentado artículo, sobre un dinosaurio que estaba revolucionando a la sociedad madrileña, titulado LA HISTORIA DEL "DIPLODOCUS". Firmaba el artículo Ángel Cabrera y las fotografías, Rivero, ambos del Museo de Ciencias Naturales, de Madrid.



Sobres reproducciones, donaciones e instalaciones  de esqueletos de Diplodocus carnegie, incluida la del Museo de Ciencias Naturales de Madrid
 

"Hace catorce años, á principios de julio do 1899, en el Museo de Historia Natural fundado, en Pittsburgo, por el multimillonario Andrew Carnegie, se recibía un telegrama anunciando que en el Wioming, cerca del río Sheep, se acababa de descubrir el esqueleto fósil, casi completo, de un Diplodocus, reptil de tamaño gigantesco, tan grande como las actuales ballenas, que vivió en aquella remota época  conocida por los geólogos con el nombre de período jurásico, cuando en la tierra todavía no existían, no ya hombres, sino tampoco mamíferos de ninguna clase.
 
Durante el siguiente otoño y parte del otro año lleváronse aquellos restos al Museo, y los naturalistas encargados de su extracción y estudio tuvieron la fortuna de hallar un segundo esqueleto casi del mismo tamaño, el cual aunque más incompleto, sirvió para completar el primero. De este modo, la enorme osamenta del reptil, una osamenta de veinticuatro metros de longitud quedó montada en una de las salas de aquel soberbio establecimiento científico, siendo el asombro de los hombres de ciencia y la envidia de los demás museos del mundo.

Ocurrió por entonces que el Director del Museo de Pittsburgo, el Dr. W. Holland, envió un croquis del esqueleto á Mr. Carnegie, que á la sazón veraneaba en Escocia. El dibujo fué colgado en una de las salas del castillo que en aquel país posee Mr. Carnegie, allí lo vio el rey Eduardo VII de Inglaterra, en una de las visitas que con frecuencia hacía al Creso americano. 
"¿Qué es eso, Mr. Carnegie?”- preguntó el monarca.
“¡Ah!—respondió el millonario. Eso es uno de los cuadrúpedos más grandes que se han paseado sobre la tierra.»
Eduardo VII, como buen inglés, era gran aficionado á todas las cuestiones relacionadas con la Historia Natural, y expresó su deseo de tener otro Diplodocus en el Museo Británico. Pero un reptil fósil de veinticuatro metros de largo no es cosa que se encuentra cuando se quiere, y en la imposibilidad de regalar á S. M. Británica otro Diplodocus, Mr. Carnegie le regaló una reproducción exacta del que hay en Pittsburgo.



Reproducción del esqueleto, recientemente instalado en el Museo de Ciencias Naturales
 
Aquel fué el principio de una serie de regalos del mismo género hechos por Carnegie á diferentes jefes de Estado para sus respectivos museos de Historia Natural. Francia, Alemania, Italia, Austria, Rusia, la República Argentina, recibieron sus respectivos Diplodocus. Ahora le ha tocado la vez a España. El rey D. Alfonso XIII no había de ser menos que otros reyes, emperadores y presidentes y desde hoy contará el Museo de Ciencias de Madrid, el Museo que creó Carlos III, y que tan en el olvido tienen nuestros gobernantes, con una  reproducción de este admirable ejemplar, único en el mundo.

No es necesario encomiar el valor de una de estas reproducciones, ni es fácil calcular el dinero que supone hacerla, enviarla á su destino y enviar tras ella las dos únicas personas que saben á perfección los secretos del montaje de tan enorme esqueleto: el Dr. Holland y el ayudante Mr. Arthur S. Coggeshall. Si se tiene en cuenta que toda esta tarea ha sido repetida muchas veces en pocos años, á nadie extrañará que estos obsequios de Mr. Carnegie representen un valor de algunos millares de dollars. Eso sin cantar con las dificultades que á veces se presentan para el montaje del esqueleto.



El director del Instituto Carnegie dirigiendo la instalación del  “DIPLODOCUS”, en el Museo de Ciencias Naturales


En San Petersburgo, en el momento de que se estaba levantando el espinazo del gigantesco reptil por medio de complicados andamiajes, poleas y cuerdas, entraron á verlo los miembros de la Academia de Ciencias, y emocionado uno de los operarios por la presencia de aquellos graves personajes, soltó una de las cuerdas, con lo que el esqueleto se vino al suelo rompiéndose una porción de piezas y faltando muy poco para que el Dr. Holland y su ayudante salieran malparados del suceso.
 

Tal es, contada en pocas palabras, la historia del Diplodocus ó más bien de su esqueleto. El animal, cuando vivo, debía tener un aspecto muy diferente del de cualquiera de los reptiles que hoy andan por el mundo, algo así como un elefante con cuello de serpiente y cola de lagarto. Esta cola tenía interiormente, á lo largo de su cara inferior, una doble serie de huesecillos en forma de diminutos skis ó patines, á los que el reptil debe su nombre, Diplodocus, de diploos, doble, y dokós, viga ó traviesa. A pesar de su aire formidable este monstruo debía alimentarse exclusivamente de plantas acuáticas; por lo menos, así parecen probarlo sus dientes, débiles y poco numerosos. El hecho de tener las narices abiertas en la parte superior de la cabeza, como tienen las ballenas sus espiráculos ó respiraderos, ha hecho creer á los hombres de ciencia que debía pasar una gran parte de su vida sumergido en el agua, como los hipopótamos y cocodrilos; pero cuanto quiera afirmarse en este sentido, es puramente hipotético. 

El 'DlPLODOCUS', tal cual ha debido de ser en vida. Dibujo de Cabrera. 


El diplódoco pertenece á un grupo de reptiles, el de los dinosaurios, del que no queda en la tierra ninguna especie viviente, y no es posible presumir sus costumbres por comparación, pues siendo dicho grupo muy diferente en sus caracteres de todos los reptiles conocidos, es de suponer que lo sería también en su género de vida. Lo único que con toda seguridad se conoce, es el régimen del reptil en cuestión, que se deduce de la forma y disposición de la dentadura, y la figura que aquel debió tener en vida, pues habiéndose encontrado los esqueletos in situ, es decir, en el mismo punto y en la misma actitud en que los anima es murieron no ha hecho falta recurrir á ingeniosas teorías para dar á las diferentes partes del enorme reptil su natural posición. Gracias á esto, hoy sabemos con entera certeza que los diplódocos y demás dinosaurios se diferenciaban de todos los reptiles conocidos, en que en vez de andar á rastras, marchaban muy levantados sobre las patas; enteramente como los mamíferos de gran tamaño, á los cuales representaban, hasta  cierto punto, durante la edad secundaria."



Nota informativa:

Para aquellas personas, más interesadas o curiosas, que quieran conocer muchísimos detalles sobre el asunto del Diplodocus del museo madrileño, se les recomienda la consulta del excelente, amplio y bien documentado trabajo de Adán Pérez García y Begoña Sánchez Chillón, titulado:
Historia de Diplodocus carnegii del MNCN: primer esqueleto de dinosaurio montado en la Península Ibérica.  
Publicado el 2009, en la Revista Española de Paleontología, 24 (2), 133-148.

 
Resumen

Hace casi un siglo tuvo lugar la llegada a Madrid de una de las famosas réplicas del esqueleto de Diplodocus, cedida por el Andrew Carnegie, al Museo Nacional de Ciencias Naturales. Constituye el primer y único esqueleto de un dinosaurio montado hasta la década de 1980 en la Península Ibérica siendo, durante todo ese tiempo, uno de los más importantes referentes que contribuyó a acercar la Paleontología a la población. Este hecho, las circunstancias que rodearon su realización, transporte e instalación, así como la repercusión social y política que generó, se detallan en las siguientes páginas. Para ello, además de emplear documentación manuscrita y fotográfica inédita, se recopilan las abundantes alusiones a este esqueleto publicadas en la prensa española, que sirvieron de nexo de unión entre la Paleontología y la sociedad.

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