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lunes, febrero 4

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (8)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (8)


A modo de conclusiones provisionales:

La cultura popular española, parece haber estado vinculando, durante siglos, diversas clases de fósiles con Santiago El Mayor, patrón de las Españas, y con su portentoso caballo volador. Seguramente tal proceso de vinculación se ha debido producir con posterioridad al inicio de la devoción popular al santo (siglo IX), probablemente el proceso se iniciaría coincidiendo con la etapa de máxima popularidad del santo (siglo XI) para empezar a decaer con la difusión de las ideas ilustradas (siglo XVIII), y acabar por desaparecer a finales del siglo XIX, momento en que la influencia racionalista y naturalista de la ciencia paleontológica ya se debía hacer notar en la mentalidad de una gran parte de la sociedad española, incluso en las zonas rurales, y de la interpretación que se hacía de los fósiles.



Sobre las motivaciones de vinculación.

El hecho que motivó a establecer una relación entre ciertas marcas en las rocas y objetos pétreos con un determinado personaje sagrado y su caballo, posiblemente, se desencadenó debido a que ambos, caballero y caballo, eran extraordinariamente afamados, entre las clases populares de la península. La popularidad de ambos era debida a la difusión y al impacto social, previos, de tres mitos fundacionales de la cultura cristiana medieval:

- el hallazgo de la tumba de Santi Yago (=Santiago), en el finisterre gallego;
- los viajes del apóstol peregrino, dedicado incansablemente a la evangelización de la población pagana de Hispania
- y las oportunas apariciones, milagrosas, del aguerrido caballero, manejando una espada fulminadora de moros, cabalgando sobre un ágil y portentoso caballo, capaz de saltar montes y valles. Estas prodigiosas intervenciones militares del santo que habían contribuido, decisivamente, al éxito de la Reconquista, especialmente, en sus etapas iniciales.


Representación pictórica de Santiago Matamoros, a lomos de su caballo blanco, abatiendo sarracenos. Códice español de 1550.

Los tres mitos jacobeos fundamentales, mencionados anteriormente, se verían reforzados con la invención de diversas leyendas etiológicas locales, cuya veracidad y credibilidad se sustentaba sobre la existencia de pruebas materiales, de naturaleza pétrea y de origen milagroso o maravilloso. Las evidencias del paso del apóstol eran unas “piedras figuradas” representando diversos atributos del santo y unas marcas en las rocas, dejadas por las pisadas de su caballo. Todas las leyendas explicativas, lógicamente se generaron en diversos lugares de España, en los que existían determinadas clases de fósiles, y , además, por los que según la tradición oral discurrían distintas rutas evangelizadoras o estaban próximos a lugares donde se habían producido apariciones guerreras.

Fósiles y leyendas jacobeas sobre un sustrato de imaginativa credulidad y religiosidad populares, favorecían los intereses clericales de expansión del cristianismo entre grandes masas de población rural, que aún se mantenían paganas y entre a otras que habían sido islamizadas en los últimos siglos.
Al vincularse un espacio determinado, aquel que contiene piedras marcadas con los símbolos jacobeos, con un personaje sagrado para el cristianismo, el espacio vinculado deviene sagrado y cristianizado, convirtiéndose de esa manera, el espacio y los fósiles que contiene, que originalmente eran naturales, en un lugar i objetos culturales capaces de transmitir, pasivamente y durante siglos, un mensaje religioso, cristianizante y moralizante, con poder de ifluencia sobre todas aquellas personas de su entorno que conocen la correspondiente leyenda hagiológica y etiológica que explica el origen milagroso de aquellas piedras o de aquellas marcas en la roca.



Grabado popular, representando a Santiago Apostol ataviado con el característico hábito del peregrino del Camino de Santiago, mostrando todos los elementos propios del atuendo: bordón, calabaza, vieiras, zurrón, capa, sombrero, etc., posiblemente impreso en el siglo XVIII.
Imagen: Saint James the Great 



Sobre los mecanismos psicológicos de asimilación.

La vinculación de los fósiles somáticos con Santiago y de las icnitas con el caballo de Santiago, parece ser que siempre se estableció, guiándose, fundamentalmente y según los casos, por el principio de analogía y por el principio de causalidad.


En el caso de la asociación de ciertos fósiles con Santiago Apóstol, la tradición popular ha utilizado el principio de analogía para vincular con el santo algunas “piedras figuradas” que por sus formas características se asemejaban a alguno de los objetos propios del atuendo de Santiago peregrino, en esta categoría entrarían todos aquellos fósiles con aspecto de vieira (bivalvos pectínidos), con aspecto de calabaza vinatera (gasterópodos) y con aspecto de bordón (cefalópodos belemnítidos) .
El principio de causalidad se habría aplicado para asociar con Santiago ciertas “piedras marcadas” (fósiles) semejantes a proyectiles (equinoideos) y que no podían ser asociadas de otra manera. Aunque aquí, posiblemente lo que tenemos, es un proceso encubierto de substitución de una deidad pagana por un santo cristiano.

En el caso de la asociación tradicional de ciertos fósiles con el caballo de Santiago Apóstol, la cultura popular también ha seguido los mismos principios, mencionados anteriormente. El principio de analogía se ha empleado para relacionar, con el prodigioso caballo de santiago, ciertas marcas que resultaban inexplicables para la mentalidad, campesina o erudita, de la época, que en ciertos lugares, aparecian aisladas y en otros formando rastros y que resultaban bien visibles en la superficie de algunas rocas.


Cuando las marcas eran de forma, claramente o vagamente, circular, semicircular u ovalada: como es el caso de la valva opercular de un bivalvo rudista (Requienia), las impresiones o moldes externos de valvas de pectínidos y las marcas de pisada de dinosaurios (icnitas verdaderas: huellas y subhuellas de saurópodos. o bien, dinoturbaciones de toda clase de dinosaurios, ya fuesen ornitópodos, saurópodos o terópodos) y que por tanto se parecían a una pisada de caballo.
En cambio, para vincular con el legendario caballo de Santiago las marcas de pisadas tridáctilas, debido a que por su forma atípica no podía aplicárseles el principio semejanza, se les debió aplicar el principio de causalidad, quizás, teniendo en cuenta el principio de proximidad, a las marcas típicamente “equinas” que aparecían en los mismos lugares.

Rastros de huellas redondeadas u ovaladas, de un tipo semejante a las de la fotografía, impresas en las rocas de edad jurásica o cretácica y que son características del desplazamiento de dinosaurios saurópodos, antiguamente, fueron atribuidos por pastores y campesinos, españoles, en pasados siglos a las pisadas del fabuloso caballo de Santiago.
Imagen: Palaeojura 



Sobre la antigüedad de los nombres populares.

Un indicador de la mayor antigüedad de las denominaciones populares de ciertos fósiles, quizás nos lo proporcione la inclusión del termino piedra en las denominaciones castellanas y arri en las euskaras, pues nos permite suponer que en ellas subyace una creencia muy antigua, según la cual los fósiles se originarían de las entrañas de la Tierra de manera prodigiosa e instantánea.
Podríamos suponer, con cierto fundamento, que las denominaciones populares de fósiles que no incluyen el término piedra, son más modernas y que en ellas subyace la idea de que se trata de restos "petrificados" de seres muy antiguos, posiblemente "antediluvianos".

Un caso especial que indicaría una gran antigüedad, sería el de los erizos fósiles (Micraster) vinculados con Santiago, en Navarra y en el País Vasco, pues tal asociación podría denotar una posible asimilación cristianizadora de alguna antiquísima deidad pagana, de tipo celeste y meteorológico, vinculada con el poder crear tormentas y descargar rayos (Urzi), con la cual, los antiguos navarros y vascos, habrían vinculados los fósiles de los erizos de mar. En tiempos más recientes, al haberlos usado como amuletos protectores de la caída del rayo, estaba claro que los consideraban como "piedras de rayo" verdaderas, lanzadas desde el cielo por algun espíritu maligno (Aidegaxto). Tenemos pruebas de que un hecho cultural de parecida naturaleza y función social, ya se dio en la antigüedad entre los daneses, en relación a otros tipos de erizos fósiles, a los que la cultura popular consideró como proyectiles lanzados por el dios Thor que luego se convertían en amuleto.


Sobre la distribución geográfica.

A la vista de los datos de que disponemos, en la actualidad, parece ser que la costumbre de vincular, directamente, con Santiago a ciertos objetos que supuestamente habían caído con el rayo o, indirectamente, a través de las marcas pretendidamente dejadas por las pisadas de su caballo, estuvo muy influida por creencias míticas paganas, cristianizadas, dando origen creencias y prácticas cristianas supersticiosas. 

Simultáneamente, la necesidad de dar nombre a ciertos objetos raros (fósiles), relacionados con el rayo y santiago o con el caballo y sus pisadas, generó los diversos etnopaleontónimos o nombres populares de fósiles que se han mostrado en entradas anteriores). 
La tendencia a asociar fósiles con Santiago o con su caballo, parece estar más extendida en la mitad norte y noreste de la península que en la zona sur, quizá por ser las primeras áreas geográficas ligadas a los primeros tiempos de expansión de los condados cristianos y las primeras guerras contra los "moros", bajo la protección del santo y su caballo, para reconquistar el territorio perdido en los últimos siglos. 
La distribución geográfica quizás también esté condicionada por la mayor concentración de rutas jacobeas, generadoras de leyendas piadosas de predicación cristianizadora y de leyendas de intervención bélica, en momentos clave del inicio del proceso de la Reconquista, en esas zonas de España que eran las fronteras norteñas de las taifas musulmanas de Al Andalus.


Sobre la biodiversidad paleontológica.

Curiosamente, sólo tres grupos zoológicos: el de los moluscos (bivalvos, gasterópodos y cefalópodos, ), el de los equinodermos (erizos de mar) y el de los vertebrados (dinosaurios), han han contribuido con su presencia, en ciertos lugares, al proceso de generación de las diversas leyendas etiológicas jacobeas. Estos mismos fósiles, al recibir su denominación popular, muestran la motivación legendaria que subyace en su nombre popular, tanto si se trata de fósiles corporales o somatofósiles (restos duros) e icnofósiles (huellas de actividad) que han sido asociados por la tradición popular española, con Santiago Apóstol o con su legendario caballo.




Fuentes:

- Barandiarán, José Miguel de. 1984. Diccionario de mitología vasca. San Sebastián. Txertoa.
-Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing.
- Roma, Francesc. 2000. Els Pirineus maleïts. Natura, cultura i economia moral en les societats dites tradicionals. Barcelona, Alta Fulla.
- Roma, Francesc. 2002. Llegendes de la natura. Itineraris pel nostre patrimoni cultural. Tarragona, Edicions El Mèdol.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. A er ett ræj i Torrenvejr – for a haar en Torrenstien i æ Lomm! ORD & SAG, 14 Udgivet af Institut for Jysk Sprog- og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)

domingo, enero 27

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (7)

por Heraclio Astudillo Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (7)


FÓSILES JACOBEOS EN CATALUNYA.

En algunas zonas de Catalunya, en las que aparecen fósiles de bivalvos pectínidos, de distintos géneros, generalmente prtenecientes a los géneros Chlamys, Pecten, Pseudopecten y otros semejantes, correspondientes a diversas eras geológicas, tradicionalmente, se les han dado nombres populares, en catalán, que hacen referencia a su relación con el Santo Apóstol: “petxines de sant Jaume”, es decir: pechinas o conchas san Jaime y también “petxines de peregrí” o “petxines de pelegrí”, o sea pechinas o conchas de peregrino.



Las "conchas de peregrino” del cerro del castillo de Orís (Barcelona).

En el cerro del castillo que hay en la villa de Orís, situada en la comarca de Osona (Barcelona), según cuentan sus habitantes, "desde siempre" se conocen unas conchas "petrificadas" a las que los paisanos llaman, en catalán, “petxines de peregrí” o “petxines de pelegrí” , es decir, pechinas o conchas de peregrino.
El erudito barcelonés Pere Serra i Postius, en un opúsculo redactado en 1745 que trataba sobre curiosidades del mundo natural, en el principado de Cataluña, titulado “Las siete maravillas raras de la naturaleza del principado de Cataluña”, señala como un hecho muy poco común, en su opinión, la presencia de "unas conchas petrificadas que se encuentran en la montaña del castillo de Orís, que son como aquellas que llevan, en el sombrero y en la esclavina, los romeros y pelegrinos. " 

También señala, Pere Serra i Postius, en el mismo escrito, que este hecho tan poco corriente, también era conocido por otros autores anteriores a él, como Fray Juan Gaspar Roig y Jalpi, que fue Cronista Real de todos los reinos de la corona de Aragón.
Fray Juan Gaspar Roig y Jalpi, en una de sus crónicas de 1735, titulada “Noticias de Cataluña”, señalaba que “en 1715 pudo ver, con sus propios ojos, un manuscrito de Luís de Valencià- un celebre jurisconsulto del siglo XVIII-, en el que dicho autor interpretaba la presencia de las conchas, de la montaña del castillo de Orís, como una señal divina del paso del apóstol Santiago por aquellas tierras”.

También cita Pere Serra i Postius, en el citado escrito de 1745 que "Joseph Bru, quien poseía un ejemplar de aquel tipo de conchas, en 1690, le había hecho, similares referencias, a las de Luís de Valencià, sobre el origen prodigiosos de aquellos fósiles del castillo de Orís ".

Según el estudio llevado a cabo sobre el terreno, por el geólogo Antonio Abad García, las conchas de peregrino del cerro del castillo de Orís, posiblemente corresponden a valvas fósiles, sueltas o desarticuladas de lamelibranquios de la especie Chlamys biarritzensis. (Bartoniense, Eoceno Medio)

Aspecto de dos valvas, de distinto tamaño, de fósiles de Chlamys biarritzensis. Foto de Ernesto Santidrián.



Las “conchas de sant Jaime”, del el rio Flamisell, en el Congost d'Erinyà.

El Congost d’Erinyà es un corto desfiladero abierto por el paso del rio Flamisell, al erosionar las calizas de la sierra de Sant Gervàs que etaá situado en el límite territorial entre los municipios de Conca de Dalt y  de Senterada, en la comarca del Pallars Jussà (Lleida). Gracias a la existencia de ese cañón fluvial, desde antiguo, ha existido la posibilidad de comunicación entre la zona de la Vall Fosca y la de la Conca de Tremp.  Antiguamente, los viajeros que frecuentaban este paso natural contaban que se podían encontrar unas curiosísimas piedras con forma de concha marina, en el cauce del río Flamisell, parecidas a las llamadas, popularmente, "conchas de Santiago". A las que las gentes de la zona llamaban "petxines de Sant Jaume", es decir, pechinas o conchas de san Jaime, sinónimo de Santiago.
En realidad, no se parecen demasiado a las conchas de peregrino pues se trata de unas conchas fósiles de la especie Neithea striatocostata, del Cretácico (Santoniense-Maastrichtiense). Unas conchas que poco tienen que ver con el aspecto típico de los pectíndos que usaban los peregrinos de Santiago como emblema.
Actualmente, el yacimiento en el que, antiguamente, se podían hallar este tipo de fósiles, con cierta facilidad, está practicamente agotado. Desconocemos si el expolio de yacimiento se realizó con fines religioso-supersticiosos o con fines de comercialización económica.
Estos restos fosilizados pertenecían a valvas de un tipo particular de pectínidos que habitaron en esta zona, cuando hace ochenta y cinco millones de años, este territorio estuvo cubierto por el mar, durante el Santoniense y el Campaniense, en el Cretácico Superior.

Aspecto de una petxina de sant Jaume (Neithea striatocostata) del Congost d’Erinyà, en el Pallars Jussà, prov. de Lleida.
Imagen:

Se trataba de unos fósiles desprendidos de una capa de caliza margosa que aflora solamente en ese punto del lecho del río Flamicell. La erosión fluvial fue quien hizo accesible el pequeño yaciniento de fósiles a los viajeros que pasando junto al curso de agua, se cercaban quizás a abrevar a sus monturas o beber ellos mismos.




FÓSILES JACOBEOS EN COMUNIDAD VALENCIANA

- Las Conchas Peregrinas de Bicorp (Valencia)

En los márgenes del río Cazuma, que estan excavados en rocas calizas mesozoicas, se puede observar una gran variedad de fósiles incrustados, pero en donde son más abundantes, es en el tramo llamado de "el charco de los Morteros". Antiguamente, en la llamada "poza de las Conchas" podían apreciarse numerosas “conchas peregrinas” de diversos tamaños, precisamente, fue la bundancia de este tipo de pectínidos fósiles el hecho que inspiró a las gentes de Bicorp a imponer el hidrónimo que denomina a este lugar del cauce del río Cazuma. Desgraciadamente, la recolecta indiscriminada de fósiles, en tiempos recientes, ha hecho que en la actualidad las “conchas peregrinas” resulten ser una rareza, en el lugar al que dieron nombre en el pasado.



FÓSILES JACOBEOS EN ANDALUCÍA

- Las "Conchas de Peregrino" de Montefrío (Granada)

En las areniscas de la localidad granadina de Montefrío, unas calcarenitas bioclásticas, se suelen encontrar unas "conchas" a las que los naturales del lugar, denominan “conchas de peregrino”. Se trata de valvas, derechas e izquierdas, desarticuladas, de un pectínido del género Flabellipecten sp., del Tortoniense (Mioceno Superior) que aparecen incluidas en las rocas antes citadas.
Aspecto de una valva derecha de Flabellipecten sp., de Montefrío (Granada), del Mioceno Superior (Tortoniense)

Aunque desconocemos si existió alguna leyenda popular que vinculase la presencia de este tipo de fósiles con el paso del apóstol Santiago, por ese lugar, es muy probable que así fuera, puesto que esta creencia popular estuvo muy extendida por las zonas rurales de casi toda la península, desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX.


FÓSILES JACOBEOS EN LAS ISLAS BALEARES

- Las "Conchas de san Jaime", de Menorca.

En el sur de Menorca, a las conchas 
fósiles del bivalvo pectínido Pecten jacobeus que se podían encontrar incluídas en las rocas del Mioceno superior, tanto si estaban completas con el par de valvas juntas como si eran las valvas individuales, desarticuladas, popularmente, se las conocía por el nombre menorquín de "escopinya de sant Jaume" (cast. concha de san Jaime). Esta denominación está totalmente justificada, por tratarse de la misma especie que, tradicionalmente, han usado todos los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela y de las que se proveían al iniciar su periplo ibérico, para dar a conocer su condición de peregrino de Santiago. Cuando la peregrinación se iniciaba desde cualquiera de los diversos puertos de mar de las costas mediterráneas, en cuyo fondo marino también viven esta especie de bivalvos, pues se creía que por ser un símbolo de Santiago atraían la protección del santo hacia sus portadores la cual se convertía en buena suerte hacia los caminantes, durante todo el tiempo que duraba su viaje. 

 Aspecto de la valva superior o derecha, de una concha fósil de Pecten jacobeus
Imagen:  Educa Rex

Los peregrinos cuando regresaban de su viaje a Santiago de Galicia, portaban en su atuendo de forma bien visible alguna concha de vieira. El motivo de esta costumbre es que eran consideradas como una prueba de su llegada a la ciudad santa y de haber concluido con éxito su peregrinación. pero en este caso, se trataba de unas conchas de igual aspecto pero de mayor tamaño, por pertenecer a ejemplares de la especie atlántica del mismo género zoológico, ya que se trataba del Pectem maximus.



Fuentes:

- Abad García, Antonio. Paleotaxodonta y Pteriomorphia del eoceno del margen sur de la depresión central catalana. Tesis doctoral.


- Asociación Macizo del Caroig. Ruta Cazuma-Gola de Lucino (P.R.V- 234) www.caroig.com/conoce/rutas/cazuma.htm
- González-Donoso, J.M. , Rodríguez-Fernández, J., Serrano, F. & Vera, J.A. 1980. Precisiones estratigráficas sobre la discordancia intratortonense de Montefrio (Granada). Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Sección Geológica, 78, p. 101-111
- Quintana Cardona, Josep. 2004. "Els fòssils marins del Miocè superior" en Historia Natural del Migjorn de Menorca. El medi físic i l'influx humà. Fornós, Joan J.; Obrador, Antoni; Rosselló, Vicenç M. (ed.) Maó. Monografies Soc. Hist. Nat. Balears, nº 11. Institut Menorquí d'Estudis (IME), p.102.
- Rivas, G., Rosell, J., Llompart, C., Berástegui, X., Nagtegaal P. & Mañas, D. ITINERARI II: Salàs de Pallars ·Congost d’Erinyà ·La Figuereta ·Collegats. 2006 Any de la geologia al Pallars. Consell Comarcal del Pallars Jussà
http://www.pallarsjussa.net/imatges/Geologia%202006%20Itinerari%20II.pdf
-vv.aa. Els bivalves, in Registre fòssil, vol. 15 de la Historia Natural dels Països Catalans. Barcelona. Enciclopedia Catalana. 1988. (272-286)


viernes, enero 11

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (6)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universitat de Lleida.


Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español  (6)


FÓSILES JACOBEOS EN CASTILLA-LA MANCHA.

En diversas zonas de la comunidad castellano-manchega, en las que tradicionalmente han aparecido bivalvos fósiles de diverso géneros de pectinidos que se asemejaban a la concha de peregrino atlántica (Pecten maximus) o la especie mediterranea (Pecten jacobeus), este tipo de fósiles han sido asociados con Santiago Apóstol. Esta vinculación queda de manifiesto por la motivación que ha orientado la nomenclatura popular usada, tradicionalmente, para denominarlos.
Los nombres más comunmente usados para estetipo de fósiles han sido "conchas de Santiago" y "conchas de peregrino", pero también se han usado “conchas santas” y, a veces, "conchas del peregrino de Santiago".



Las "Conchas Santas", "Conchas de Santiago" o "Conchas del peregrino" del Señorio de Molina de Aragón (Guadalajara).

Fray José Torrubia (siglo XVIII ) recolectó, describió y representó gráficamente distintos ejemplares de bivalvos pectínidos, del Jurásico Inferior, hallados en diversas localidades del Señorío de Molina de Aragón (Guadalajara ), en su obra "Aparato para la Historia Natural Española".Torrubia denomina a esos pectínidos fósiles usando los nombres vulgares por los que eran conocidos, en aquella época, por las gentes del lugar, aportando de esta manera algunas denominaciones populares: "Conchas Santas", "Conchas de Santiago" o "Conchas de peregrino".

En los comentarios a la lámina V del "Aparato para la Historia Natural Española", dice Torrubia : "Las Conchas Santas hállanse en abundancia en los campos de Anchuela".

Las figuras 1, 2 y 5, de dicha lámina V, según la interpretación que de ellas ha hecho el paleontólogo J. Bernad, de la Facultad de Ciencias Geológicas e Instituto de Geología Económica, CSIC-UCM, de Madrid, podrían corresponder a Pseudopecten (Pecten) aequivalvis , mientras que la figura 3 de dicha lámina V, podría pertenecer a Aequipecten (Pecten, Pseudopecten) priscus, ambas del Jurásico Inferior o Lías.

Aspecto de una concha santa, de Guadalajara, en este caso se trata de un fósil bastante deteriorado de Pseudopecten (Pecten) aequivalvis. Jurásico (Lias), pues le faltan las características "orejuelas", típicas de los pectínidos. 
Imagen: Collection

En los comentarios a la lámina VIII, de la misma obra citada, Torrubia escribe "... en el pueblo de Concha (Guadalajara) se ven en las calles infinitos de estos “cuerpos marinos” dentro de los peñascos, lo cual puede advertir cualquiera que siga aquel camino".
 

Aspecto de otro tipo de concha santa, de Guadalajara, en este caso se trata de un fósil de Pseudopecten (Pecten, Aequipecten) priscus . Jurásico (Lias).

Las figuras 1 y 2, de la lámina citada, representan sendos fósiles de bivalbos pectínidos que también son denominados por Torrubia "Conchas Santas", los cuales según la interpretación hecha por el paleontólogo J. Bernad, de la Universidad Complutense de Madrid, podrían ser fósiles de Pseudopecten aequivalvis.

En el siglo XVIII, aún era una creencia piadosa muy extendida, entre las gentes de cualquier estatus social, poco cultivadas, y por tanto poco versadas en los resultados más recientes de los estudios de la Geología de la época, que la presencia de conchas fósiles de Pectinidos en algunos terrenos era un indicio seguro y una señal divina clara del paso por dichos terrenos del Apóstol Santiago, ya hubiese sido vivo, durante sus correrías apostólicas o bien después de su muerte, en sus viajes relámpago, para enfrentarse a los “moros” en diversos hechos bélicos, el más conocido de todos, el de la batalla de Clavijo, en tierras riojanas.

Según lo extraído de los textos contenidos en el Liber Sancti Jacobi y en el Codex Calixtinus (I, XVII) por los investigadores Moralejo, S., C. Torres, y J. Feo, se desprende que la concha de Santiago (Pecten maximus) que obtenían los peregrinos a finalizar su viaje en Compostela fue considerado un amuleto:
Se cuenta que siempre que la melodía de la concha de Santiago, que suelen llevar consigo los peregrinos, resuena en los oídos de las gentes, se aumenta en ellas la devoción de la fe, se rechazan lejos todas las insidias del enemigo; el fragor de las granizadas, la agitación de las borrascas, el ímpetu de las tempestades se suavizan en truenos de fiesta; los soplos de los vientos se contienen saludable y moderadamente; las fuerzas del aire se abaten.

Es posible que antiguamente, se hiciesen extensivas las supuestas virtudes de las conchas de Santiago modernas, a las conchas fosilizadas, por lo que no sería improbable que este tipo de fósiles, hubiesen sido usados como amuletos protectores contra las incertidumbres e inseguridades del viajero. Especialmente cuando el viaje se realizaba con propósitos religiosos. Puesto que siendo este tipo de piedras un objeto prodigioso que que representaba al Santo Apóstol, el cual se había caracterizado por acudir en socorro de sus más devotos cristianos españoles y también por ser patrón de todos los peregrinos que seguían su camino, de ida o de vuelta, de Compostela, por lo tanto, alguna virtud debía poseer.



Las "Conchas de Santiago" de la Serranía de Cuenca.

En El Cubillo (Cuenca), los lugareños, llaman "Conchas de Santiago" a las valvas fósiles de unos bivalvos pectinidos, indeterminados, que se hallan en el terreno de la parte superior de un altiplano, conocido como La Muela de el Cubillo.



Fuentes:

- Daniels, R. P. Geografía y geología de El Cubillo (Cuenca) http://www.geocities.com/BourbonStreet/Square/2024/elcubillo/geo.htm
- Goy, A. & Rodrigo, A. 1999. (con la colaboración de J. Bernad, M.J. Comas Rengifo y F. García Joral). Excursión: Tras las huellas de Torrubia (1698 - 1761) por el Señorío de Molina. XXV Jornadas de Paleontología. Museo Geominero. 29-30 de octubre.
- Moralejo, S., C. Torres, y J. Feo. 1951. "De lo que significa la concha de Santiago", en Liber Sancti Jacobi; Codex Calixtinus. Santiago de Compostela. Pp. 205-206 http://www.humnet.ucla.edu/santiago/shell.html
- Torrubia, J. 1754. Aparato para la Historia Natural Española. Edición facsímil coordinada por Gutiérrez-Marco, J.C., de la publicada en 1754, que además contiene una introducción y una parte de la traducción alemana y las láminas, editadas en 1773) Madrid. CSIC-Sociedad Española de Paleontología.

viernes, enero 4

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (5)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (5)


FÓSILES JACOBEOS EN CANTABRIA.

Las “huellas del caballo de Santiago” en San Vicente de la Barquera.

En el municipio de San Vicente de la Barquera, en Cantabria, se daba el nombre de “huellas del caballo de Santiago” a unas figuras de forma redondeada o algo ovalada que existían en las rocas de los alrededores de una cavidad subterránea formada por el hundimiento cárstico del terreno calizo, llamada popularmente "Cueva del Cúlebre".  Esta cavidad legendaria está situada muy cerca del antiguo camino que iba desde la pequeña localidad de Santillán hasta la cima del monte Boria, por lo que es muy conocida de las personas que transitaban por camino existente sobre el borde de los acantilados situados sobre la pequeña localidad de Santillán.

Aspecto del interior de la llamada "cueva del Cúlebre" de Santillán, una cavidad cárstica legendaria guarida del mítico Cúlebre de Santillán.
Imagen: LogosNet


Aquello que la tradición popular creía, antaño, que eran las marcas dejadas por el paso del caballo de Santiago, cuando, el santo acudió a aquel lugar, hacía cientos de años, para salvar a una doncella cristiana que estaba a punto de ser devorada por el Cúlebre de Santillán, una especie de dragón autóctono, en tiempos modernos, los paleontólogos revelaron que en realidad eran una parte de un tipo particular de conchas fósiles.
Las supuestas huellas de pisadas dejadas por el caballo de Santiago” eran las valvas superiores o valvas operculares de un tipo de extraños moluscos bivalvos lamelibranquios, considerados atípicos o anómalos, por tener ambas valvas de formas y tamaños muy distintas entre sí, sin la simetría característica de los bivalvos "normales". Este tipo de moluscos bivalvos "anormales" constituyen el grupo llamado de los rudistas, y en este caso particular, pertenecen al género Requienia sp., del Cretácico inferior (Aptiense).

Visualización simultánea de tres diversos aspectos de un único ejemplar de Requienia ammonia, mediante un ingenioso montaje con dos espejos dispuestos formando un ángulo de 90º. Esta particular disposición de los dos espejos permite observar y fotografiar un mismo fósil, simultáneamente, por 3 diferentes lados o puntos de vista. De esta manera podemos observar el curioso aspecto general de un fósil de Requienia ammonia  que, aunque se trata de un molusco bivalvo o lamelibranquio, permite darnos cuenta que tiene dos valvas de formas y tamaños muy dispares, este aspecto tan particular y característico, le da un aspecto más semejante al de un molusco gasterópodo que al de un bivalvo. 
En primer plano y en la parte inferior del fósil se puede observar el aspecto característico de la valva superior o valva opercular, que es la parte del fósil que con su forma semejante a la base del casco de un équido, dio origen a la leyenda de la visita de Santiago al lugar y a la de las huellas de las pisadas dejadas por el paso de su caballo.


Hoy en día, las prodigiosas pisadas del caballo de Santiago, de San Vicente de la Barquera son mucho más difíciles de encontrar que hace un siglo, ya que ahora estos fósiles no son tan abundantes como antiguamente. No por causa de la erosión natural sino por efecto de la recolección abusiva que algunos coleccionistas aficionados y recolectores profesionales, han estado haciendo de ellos, especialmente, durante los últimos cincuenta años, para nutrir el comercio estatal y europeo de compra-venta fósiles, cada vez más floreciente.

Representación medieval del aspecto imaginado de un cuélebre asturiano, monstruo reptiliano mitológico, con idéntico aspecto e iguales funciones a las del culebre cantábrico. Bajorrelieve existente en la pared de la Iglesia de San Meteriu de Sietes (Villaviciosa) esculpido el año 1555.
Fotografía de Ástur Paredes. Imagen tomada de El Gran Libro de la Mitología Asturiana. de Xuan Xosé Sanchez Vicente & Xesús Cañedo Valle. Editorial Trabe. Oviedo. 2003.



Fuentes:

- García Lomas, Adriano. 1987. Mitología y costumbres de la Cantabria montañesa. Santander, edición del autor, pp. 250-251.
- Pedrosa, José Manuel. 2000. Huellas legendarias sobre las rocas: Tradiciones orales y Mitología Comparada. Revista de Folklore, 238, Caja España-Fundación Joaquín Díaz, p. 111-118

viernes, diciembre 28

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (4)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (4)

FÓSILES JACOBEOS EN LA RIOJA (3)

Otras piedras figuradas, típicas de los alrededores de la villa de Jubera.

Existen otran versiones de la leyenda que recoge la aparición prodigiosa de piedras con formas singulares en los alrededores de la población de Jubera, tras el martirio y muerte de Santiago en Tierra Santa, como símbolos commemorativos de la estancia de Santiago Apóstol en esta localidad, mientras andaba predicando el evangelio por tierras riojanas, estas otras versiones citan la aparición de otros dos tipos de piedras figuradas jacobeas: piedras con figura de corazón y piedras con figura de calabaza, además de las piedras con forma de bordón y piedras con forma de venera o concha de Santiago también aparecidas milagrosamente.


Las piedras de Jubera con figura de calabaza.

La antigua leyenda popular, menciona la aparición prodigiosa de piedras con forma de calabaza, en el supuesto campo de batalla, piedras que al considerarlas como un típico símbolo jacobeo, indicarían que era una señal de la voluntad divina para señalar el paso de Santiago por ese lugar.
La forma mencionada, nos indica que si algunas piedras pudieran parecerse a calabazas, deberían ser semejantes a calabazas del tipo de las que en aquel tiempo y en aquella zona, las más conocidas que eran usadas por los viajeros y peregrinos de aquella época, como botella o cantimplora, para transportar el vino que consumían, durante sus largos viajes a pie. serían las llamadas “calabazas vinateras”, las típicas “calabazas de los peregrinos” (Lagenaria siceraria).
La leyenda, por lo tanto, nos indicaría la presencia en el lugar de unas extrañas piedras con aspecto piriforme, o más concretamente, lagenariforme, es decir con forma de calabaza vinatera.
Una posibilidad es que esta descripción se refiera a la presencia de fósiles de alguna especie de gasterópodo marino de concha cónica, de columnilla de mediana longitud y por ello "poco estilizada", con pocas espiras, cuya forma pudiera harcerlos comparables a la botella vegetal usada por los peregrinos.

Aspecto de los frutos en forma de botella, de la calabaza vinatera, aún verdes, colgando de la planta madre que está "emparrada" o soportada sobre un enrrejado tejido con cañas de bambú.
Imagen: http://baike.baidu.com/pic/4/1188665318081286.jpg

 Quizás fuesen conchas o, más probablemente, moldes internos de caracolas del genero Bourguetia o de algun otro gasterópodo de aspecto similar, que en razón del relativo parecido entre estas piedras y el recipiente usado por los peregrinos, habrían sido denominadas , popularmente, por los naturales del lugar “piedras con figura de calabaza” y también “calabacitas de piedra” o, simplemente, “calabazas”.

Aspecto de un ejemplar de concha fósil de Bourguetia striata, una caracola de mar de gran tamaño, del Oxfordiense Medio (Jurasico Superior). Foto de T. Rebours  
Imagen: Fossiles

Otra posibilidad es que las famosas piedras con forma de calabaza correspondieran a radiolas desprendidas del caparazón de algunoe erizos marinos de tipo cidaroideo. Cuyas radiolas son muy engrosadas y tienen forma de bellota, botella o calabaza....

Aspecto de las radiolas  del equinoideo Pseudocidaris clunifera del Cretácico inferior (Neocomiense), ejemplares procedentes de la Sierra del Mugrón, Cantera de los Serranos (Almansa)
Imagen: Sabuco, nº 5. dic. 2005. Rev. Instituto de Estudios Albacetenses

Según la interpretación clerical de la leyenda citada anteriormente, la aparición milagrosa de las piedras con forma de calabaza en los alrededores de la villa de Jubera, tendría la finalidad de ser un recordatorio material y un llamamiento visible, de origen celestial, destinado a las gentes de Jubera. La presencia de tales piedras de aparición milagrosa debería servir para recordar a los habitantes de Jubera que su primitiva cristianización fue llevada a término personalmente por Santiago Apóstol y también para animarles a realizar el peregrinaje penitencial hasta la tumba del Apóstol, en Compostela, como forma de agradecimiento a tal favor.


Las piedras de Jubera, con figura de corazón.

La leyenda, al mencionar la aparición de piedras con forma de corazón y considerarlas como un símbolo tipicamente jacobeo, implicitamente, nos indica que eran un tipo de piedras vagamente semejantes a corazones, por lo que debemos suponer que se refiere a la presencia de piedras de aspecto más o menos acorazonado. Piedras que en razón de su abundancia, muy posiblemente serían algún tipo de fósiles, los más probables deberían ser los moldes internos de alguna especie de bivalvo o la concha de algún tipo de braquiopodo, marinos y que tuvieran aspecto más o menos cordiforme. En cualquier caso la forma particular de los fósiles debería harcerlos comparables, únicamente, a la viscera cardiaca, y sería en razón del parecido con un corazón que este tipo de piedras habrían sido denominadas, popularmente, por los lugareños de la zona “piedras con figura de corazón” y también “corazoncitos de piedra” o, simplemente, “corazones”.


Molde interno de Ceratomyopsis sp. del Jurasico Medio, en vista lateral, que es el único punto de vista que le puede proporcionar el característico aspecto cordiforme.
Imagen: http://www.terra.es/personal5/museumfossi/pagina5.htm

Según la misma leyenda, citada anteriormente, las piedras con forma de corazón eran una manifestación del paternal y eterno afecto que Santiago Apóstol sentía por las gentes de aquella localidad riojana, por el hecho de haber sido las primeras personas entre todos los riojanos que le brindaron su hospitaldad, que escucharon los sermones moralizantes y las primeras que siguieron sus enseñanzas de evangelización, en definitiva su afecto era mayor por la gente del pueblo de Jubera, porque fueron sus primeros conversos, al cristianismo, en tierras de la Rioja.

Vista semifrontal del molde interno de Protocardia en la que no se puede apreciar la particular forma cardiaca de su perfil lateral, este parecido característico, debió ser la que indujo a los naturalista de la antigüedad, a denominar “bucardites” o “corazones de buey”, a fósiles de este tipo, de gran tamaño. este ejemplar procede del Aaleniense (Jurásico Medio)
Imagen: http://www.usefilm.com/image/763224.html

En realidad las piedras prodigiosas con figura de corazón, quizás pudieran ser moldes internos de lamelibranquios del Jurasico Medio a Superior, de conchas abombadas, tal vez de los géneros Ceratomyopsis o Protocardia, o de algún otro género con un aspecto cordiforme similar.


Ejemplares de Nucleata nucleata Braquiopodo de aspecto cordiforme del Oxfordiense, Jurásico Superior
Imagen: paleontofilo  

Aunque menos probable, las piedras con forma de corazón también podrian ser las conchas fósilizadas de braquiopodos del genero Nucleata.



Fuentes:

- Alonso, A. & Mas, R. 1990. El Jurásico superior marino en el Sector Demanda-Cameros (La Rioja– Soria). Cuadernos de Geología Ibérica, 14, Madrid.
- Delvene, G. & Fürsich, F. T. 2002. Catálogo de los bivalvos españoles del Jurásico Medio y Superior depositados en el Museo Geominero (IGME, Madrid).
Boletín Geológico y Minero, 113 (2): 199-210
- Risco, Manuel. 1781. Antigüedad de la Santa Iglesia de Calahorra, Cap. VIII de La España Sagrada, tomo XXXIII. Las antigüedades civiles y eclesiasticas de Calahorra. Impreso en Madrid por Pedro Marín.
- Ruiz Ortiz de Elguea, Hortensia. 1971. La devoción a Santiago de Jubera en la Edad Media. Berceo, 81. Logroño. Instituto de Estudios Riojanos, (pags. 101-110)

domingo, noviembre 18

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (3)

Por Heraclio Astudillo Pombo. UdL.

Fósiles ibéricos vinculados, por el folklore español, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo (3)


FÓSILES JACOBEOS EN LA RIOJA (2)


Las “pisadas”, “huellas” y “rastros" dejados por el paso del caballo de Santiago, en diferentes lugares de la Rioja.

En diversas localidades de la Rioja española, algunas rocas han mostrado unas extrañas y grandes marcas de forma redondeada, de media luna o de herradura e incluso tridáctilas que son conocidas desde antiguo por la población local. Desde la Edad Media hasta hace pocos años se atribuyeron al paso del caballo de Santiago por esos lugares. Hoy día, la población local y muchos visitantes saben que son huellas de pisadas de dinosaurios saurópodos, ornitópodos o terópodos. La divulgación sobre el verdadero origen de las viejas marcas se debe a la existencia de diversas rutas de turismo paleontológico que discurren actualmente por la cuenca alta de los ríos Cidacos, Linares y Alhama y por las cuencas medias de los ríos Leza, Iregua y Jubera. Se informa a los visitantes que son huellas que fueron impresas por el paso de diversas clase de dinosaurios juràsicos y cretácicos, fundamentalmente por saurópodos, hace más de 100 millones de años.

Las huellas de las rocas riojanas, mencionadas, han tenido que ser conocidas, desde muy antiguo, por los pastores, cazadores y campesinos que habitaban en los valles fluviales mencionados pero antiguamente nadie conocía su verdadero origen por lo que se interpretaron de forma mítica.
En siglos pasados, posiblemente, a partir del siglo XIII y como consecuencia de la gran influencia social, religiosa y cultural de la invención de la leyenda de la aparición milagrosa de “Santiago Matamoros”, en la famosa Batalla de Clavijo, tradicionalmente la gente de la comarca atribuía las marcas a "las huellas de las pisadas dejadas por el paso del caballo del Apóstol Santiago. Supuestamente el suceso se produjo cuando recorrió el camino que le llevó desde el cielo hasta la célebre y legendaria batalla contra los moros." La primera crónica que cita esta legendaria aparición fue narrada hacia 1243 por Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo.

Estatua del apóstol Santiago como caballero Matamoros. Montando un caballo blanco, vestido con una armadura y un sombrero de peregrino, y blandiendo una espada. El caballo salta por encima de moros caídos. En el museo de Santiago, Carrión de los Condes, Palencia, (España). Anteriormente estaba en el altar de una iglesia que formaba parte del Camino de Santiago.
Imagen: Wikipedia


Según una síntesis de las diversa versiones de la leyenda popular explicativa que han sido consultadas, "las marcas de forma redondeada, de media luna o de herradura y tridáctila, existentes en las rocas de diferentes lugares de La Rioja española, serían las marcas dejadas por la pezuña del caballo de Santiago Apóstol, cuando cargando al santo Patrón de España, bajaron ambos del cielo para dirigirse, a toda velocidad, hacia el castillo de Clavijo. Lugar a donde su santo amo quería llegar, a toda prisa, para auxiliar a las tropas cristianas del rey Ramiro I de Asturias quien, desesperado por la situació bélica, le había invocado en su ayuda, antes de empezar la temible batalla.
El ejercito cristiano se encontraban en una angustiosa situación, sitiado en el castillo de Clavijo, en el Monte Laturce, en inferioridad de condiciones, pues estaba rodeado por numerosas y bien pertrechadas tropas sarracenas."

La leyenda etiológica popular relata que "el milagroso caballo para llevar más velozmente a su santo jinete hasta el campo de batalla, fue dando grandísimos saltos sobre las laderas de los diversos montes que les separaban del lugar de Clavijo. Dejando impresas en las rocas de esos diversos y alejados lugares las marcas de sus “curiosas” pisadas, por esta razón las marcas aparecen impresas sobre una multitud de peñas en diferentes lugares. La tradición suponía que en cada uno de esos "lugares marcados" puso sus pies el caballo de Santiago cuando después de descender del cielo, tuvo que pasar brincando, aterrizando y tomando impulso sobre ellos, camino del castillo de Clavijo.

Imagen cavalleresca de Santiago matamoros espada en mano, ataviado como guerrero, montado sobre su fabuloso caballo blanco. El animal se ha representado encabritado o en actitud de iniciar un salto.
Escultura en madera policromada y papelón, de autor anónimo ¿sevillano? (S. XVIII ). Parroquia de San Juan Bautista. La Palma (Puntallana).  

En buena lógica racionalista, o para el simple sentido común, las huellas de pisadas dejadas por el caballo del santo Apóstol deberían ser semejantes a la forma del casco de cualquier caballo, tal como sucede en el caso de las supuestas pisadas del caballo de Santiago impresas en las rocas del monte de Santiagomendi de Astigarraga (Guipúzcoa), pero, sorprendentemente, en el caso de La Rioja no se cumple esta premisa lógica. En tierras riojanas las marcas llamadas popularmente “huellas” , “pisadas” o “rastros del caballo de Santiago” en raros casos y poquísimos lugares, acostumbraban a ser de la forma apropiada y típica de una autentica huella equina. Sólo en algunas pocas ocasiones nos encontraríamos con que las huellas de pisadas, atribuidas por la fantasía popular al caballo de Santiago, con que son unas concavidades, en forma de media luna, de óvalo o de trapezoide, siempre bastante más grandes que las que podría dejar un caballo de tamaño normal. Incomprensiblemente y con gran frecuencia vemos que las supuestas marcas equinas son unas huellas tridáctilas, de medianas a grandes dimensiones, absolutamente impropias de un caballo convencional.

Diversos rastros de huellas tridàctilas, dejadas por dinosaurios terópodos en el yacimiento de Los Cayos A (en Cornago, La Rioja)
Imagen: paleocameros




Interpretando la interpretación popular

Esta incongruencia entre la causa (el casco de caballo) y el efecto (la forma inapropiada) es lo que nos ha inducido a pensar que posiblemente, entre los siglos XI y XII, al principio del proceso de cristianización de aquellas marcas, solamente, se denominarían “pisadas” o “huellas del caballo de Santiago” a las depresiones, sobre lajas de roca que tuviesen un vago parecido a la marca dejada por la pezuña de un caballo, es decir a las marcas semilunares, redondeadas y ovaladas, pero es posible que con el paso del tiempo y por un proceso de mimetismo etiológico, la denominación original acabara haciendo extensiva a todo tipo de marcas “inexplicables”, existentes sobre las rocas de la comarca.

Este proceso de asimilación cultural legendaria, seguramente, fue posible gracias a algunas características favorables de la sociedad rural española de hace algunos siglos, en la que predominaba la credulidad milagrera, la mentalidad mágica y la lógica fabulosa. En el caso riojano, todo ello estaba sazonado con grandes dosis de fe en el patronazgo de Santiago, sobre aquellas tierras y desde la absoluta credulidad de que la leyenda de que Santiago había bajado del cielo y participado en la batalla de Clavijo, era un hecho histórico cierto tal como afirmaban las antigua crónicas eclesiásticas.
Por consiguiente el hecho de que un caballo tan singular como era el caballo celestial de Santiago, pudiese haber dejado marcas de pisadas anormales, no representaba ninguna contradicción insalvable para la credulidad popular católica. Puesto que si aquel caballo podía recorrer grandes distancias aéreas, brincando de peña en peña, no tenía por que dejar tras su paso, las marcas vulgares de un caballo común, y además, tratándose de un corcel volador, bien podría haber dejado impresas sobre las rocas, unas marcas semejantes a las que dejaría una gran ave, que como todo el mundo sabe, son huellas tridáctilas.

A pesar de las curiosas leyendas jacobeas explicativas que sobre el origen de las marcas de las rocas relataban los paisanos de la sierra de Cameros, hasta principios del siglo XX, los paleontólogos ya sabían desde finales del siglo XIX que tal tipo de marcas, no fueron impresas por un ser fantástico, sino por un tipo de animales "antediluvianos", bien distintos a un caballo volador y a los que los naturalistas denominaban genéricamente con el nombre de dinosaurios.

A la izquierda un sello cilíndrico de calcedonia (3,6 cm x 1.3 cm), de los siglos 14 al 13, antes de Cristo y a la derecha el modelado resultante de la impresión moderna sobre la superficie de arcilla blanda: relieve de caballo mítico volador, alado, con garras de ave y cuernosCultura asiria del norte de Mesopotamia, actualmente, Irán. 
Imagen. Metropolitan Museum New York.

Las marcas que los paisanos riojanos confundieron y creyeron durante siglos que eran las pisadas del caballo santo de Santiago, en realidad, eran icnitas, es decir, huellas fosilizadas de actividad biológica. En este caso particular, fueron impresas por el paso de diversas clases de dinosaurios, por este lugar, hace más de 100 millones de años, al desplazarse sobre un sustrato que, en aquel tiempo, era blando por tratarse del barro que formaba parte de las riberas pantanosas y los deltas de una gran llanura fluvio-lacustre que exitió desde el Jurásico superior (hace unos 140 millones de años) hasta el Cretácico inferior (hace aproximadamente 110 millones de años) en esa zona riojana.
Se trata pues de huellas o impresiones de pisadas dejadas por el paso de diversas especies de dinosaurios, muy difíciles de identificar de forma particular, incluso para los especialista o paleoicnólogos, pues muchas no son los suficientemente definidas y otras no pueden asignarse a un género o familia concreta.  Por la forma más o menos característica, sabemos que pertenecen a alguna especie de los tres grandes grupos de dinosaurios conocidos (Terópodos, Ornitópodos y Saurópodos) que, en vida, deambularon por esta zona española, desde el Jurásico Superior hasta el Cretácico Inferior, cuando este territorio era una llanura costera en la que abundaban las zonas pantanosas de inundación fluvial.

El paisaje de la Rioja, hace 120 millones de años, habría tenido un aspecto y unas condiciones ambientales semejantes a las representadas en esta imagen.
Imagen: pntic


Un tipo de huellas que pudiera haber dado origen a la leyenda de las marcas dejadas por el paso de un caballo prodigioso y en consecuencia a la denominación popular de las icnitas que ahora nos ocupan, pudieran haber sido, posiblemente, las huellas de las manos, y en menor medida de los pies, de jóvenes dinosaurios saurópodos, por sus característica formas respectivas, semilunares y ovaladas.

  Doble icnita de dinosaurio saurópodo, de aspecto vagamente equino. El sentido de la marcha es de derecha a izquierda, esto se deduce porque a la izquierda se puede apreciar la huella semilunar de la mano y a la derecha, la huella ovalada del pie. En rocas del Jurasico superior (Kimmeridgiense), de unos 152 millones de años de antigüedad.
Imagen: palaeojura


Otra posibilidad, quizás más plausible, sería que en los lugares donde abundan las huellas tridàctilas verdaderas y sus subhuellas, ambos tipos de huellas hubiesen sido destruidas por meteorización y erosión de la capa de roca que las contenía y solamente se hubiesen conservado las capas que contienen unas concavidades aún más imprecisas que las subhuellas, llamadas marcas de dinoturbación, que por su forma inconcreta y por el aspecto del rastro se podrían relacionar con el paso de un caballo por aquel lugar.

Finalmente, con el paso de los siglos, también acabarían siendo asimiladas por la misma leyenda, las demás huellas y subhuellas visiblemente tridàctilas, dejadas por las pisadas de dinosaurios terópodos y ornitópodos, a pesar de no tener ningún parecido con la huella dejada por un caballo común.

Rastro de pisadas de una cria de dinosaurio saurópodo, su típico desplazamiento cuadrúpedo ha dejado una pista de pisadas de aspecto caballar, en el que se aprecia la mezcla de huellas de manos y de pies. El sentido de la marcha es de arriba hacia abajo.
Icnitas sobre un estrato calizo del Jurásico Superior (Kimmeridgiense).
Imagenpalaeojura




Fuentes:

- Dinosaurios.net. Dinosaurios en España. Yacimientos de la Cuenca de Cameros.http://www.dinosaurios.net/ydm/ydmfs_cam.htm
- Equipo Paleocameros. PALEOICNOLOGÍA DE DINOSAURIOS DE CAMEROS http://www.igme.es/museo/paleocameros/investigacion/paleo/vertebrados/paleoicnologia/texto.htm 
- Fundación Patrimonio Paleontológico de La Rioja. Huellas de Dinosaurios en la Rioja
- Santidrián Castro, Ernesto. Las Icnitas de La Rioja. Ernesto y la Paleontología:
http://www.telefonica.net/web2/paleontologiaernesto/Icnofosiles/icnitasRioja.html