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sábado, mayo 2

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (15)


Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Universitat de Lleida


Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con algunos santos y santas del panteón católico (5)



Las "piedras de santa Catalina" del convento de Badaya, en Trespuentes, Álava (País Vasco) (Parte 3)



Recapitulación

Se sigue desembrollando el hilo de la madeja que constituye la evolución histórica, arquitectónica, religiosa y estnopaleontológica del complejo monástico alavés del convento de santa Catalina de Badaya. Monasterio ubicado en un lugar recóndito de la sierra brava de Badaya, que a lo largo de su historia cobijó a comunidades de monjes de dos órdenes religiosas distintas, con un protagonismo muy diferente en la propagación de la mítica sagrada asociada a los erizos fósiles del género Micraster, que òdían hallarse en los alrededores del monasterio en que habitaban.



Segunda fase: palacio residencial e iglesia (finales del s. XIV) 


Posteriormente, con el retroceso de los invasores musulmanes, hacia el sur de la Península ibérica y el proceso de progresiva pacificación del territorio, los propietarios de la antigua casa fuerte y torre defensiva, debieron realizar unas grandes obras de reforma arquitectónica para conseguir ampliar los primitivos reducidos espacios castrenses y  mejorar las funciones de las limitadas instalaciones de uso militar, para adaptarlas a unas nuevas funciones domésticas, las estancias cómodas y prolongadas de los señores feudales y su recreación señorial, contemplativa o cinegética, en el medio natural. 
Para poder  disponer de mayor amplitud y gozar de más comodidades, los señores de Iruña tubieron que reformar profundamente la vieja casa fuerte, dando origen a la casa fortificada palacio propiedad de los Martínez de Iruña

Es muy posible que con la primera reforma y ampliación arquitectónica de los antiguos espacios dedicados a usos militares defensivos, también hubieran podido resultar bastante modificadas las primitivas estructuras arquitectónicas de la primitiva ermita románica y primer santuario de santa Catalina de Alejandría. Estos cambios  debieron suceder hacia mediados o finales del siglos XIV.  


Reconstrucción digital del conjunto arquitectónico formado por la casa palacio y de la iglesia aneja, propiedad de los señores de Iruña, vistos desde el lado Este. Al fondo la fachada Este del palacio, a la derecha parte de la fachada Sur de la iglesia y santuario de santa Catalina. Trabajo realizada por el arquitecto Daniel Luengas Carreño.
Imagen: Askegi, 10. 2016


El  nuevo santuario, debido a su mayor capacidad de acogida y a la pacificación de la zona, podría haber pasado de un uso semi-privado a otro semi-público. Por lo tanto durante esta segunda etapa histórica, con unas condiciones más favorables, seguramente habría aumentado la masa de devotos que acudìan a rendir  culto de veneración a la imagen de santa Catalina, en su santuario de Badaya. Simultáneamente crecería el número de personas conocedoras del fenómeno prodigioso (paleontológico) y muchas de las cuales se encargarían de de recolectar alguna  de las "maravillosas piedras sagradas", que aparecían en el entorno de la casa-palacio de los Iruña y de la iglesia-santuario aneja.


Bloque diagrama representando el estado de edificación del terreno durante la segunda fase de ocupación. Se ha construido un palacio anejo y se ha transformado la pequeña ermita en una iglesia mucho mayor
Imagen: Cortesía de Daniel Luengas Carreño

El "boom" del fenómeno de grupos de romeros que acudían al santuario de Badaia en la festividad de la santa y en otras fechas señaladas, relacionadas con ella, se iniciaría hacia finales del siglo XVI, con la instalación de una comunidad religiosa agustina, algo más numerosa hacia finales del siglo anterior, la posterior transformación en noviciado y la implicación cada vez  más activa de esta Orden religiosa en la difusión social del fenómeno prodigioso (paleontológico) que sucedía en derredor de su convento. Materializándose tal difusión a travé de una creciente publicación de libros durante los siglos XVII y XVIII, en los que se informaba a los lectores de la existencia en aquel lugar sagrado de un prodigio  natural de origen milagroso, en el entorno de aquel convento agustiniano, libros que aparecieron en latín y en varias lenguas vernáculas de diversos países de Europa y alguno de las Américas españolas, católicas. La masa social de conocedores del fenómeno paleontológico, se habría ampliado exponencialmente y el  proceso de difusión se habría acelerado enormemente,  al ser presentado como un fenómeno natural prodigioso, sucedido con la finalidad de manifestar la satisfacción divina por el asentamiento de una comunidad agustina en aquel agreste y solitario lugar de la sierra de Badaya.


Tercera fase: ampliación del palacio con un nuevo edificio para instalar el convento jeronimiano (principios del s. XV)

La tercera etapa histórica de veneración de santa Catalina, coincidiría con una leve reforma  de las transformadas y ampliadas antiguas casa fuerte y torre de vigilancia de los Martínez de Iruña, para convertirla en un austero y modesto convento, apto para acoger a una pequeña comunidad de frailes ermitaños de la Orden de los jerónimos, que ocuparon el edificio durante buena parte del siglo XV (1413- 1472). En los inicios del siglo XV, no fue necesario ampliar las dimensiones de la iglesia señorial, santuario de santa Catalina, pues tenía capacidad suficiente para acoger a la reducida comunidad de frailes ermitaños  jerónimos o a la masa de fieles, devotos de santa Catalina, que acudiesen a las celebraciones religiosas que allí se organizaban en honor de la santa

Reconstrucción digital de la ampliación del conjunto arquitectónico señorial, mediante el añadido conventual, consistente en un nuevo edificio de dos plantas en forma de L que delimitaba un espacio interior central cerrado, vacío y descubierto
Vista de la fachada Este del convento jeronimiano, cuya comunidad religiosa se encargaba de las actividades religiosas del santuario de santa Catalina. En primer término terrenos de la huerta monástica.  Trabajo realizada por el arquitecto Daniel Luengas Carreño.
Imagen: Askegi, 10. 2016

A principios del siglo XV, posiblemente, se aceleraría el proceso de conocimiento, asimilación cultural y veneración social de las llamadas popularmente piedras de santa Catalina de Badaya, en realidad ejemplares fósiles de erizos marinos de las especies Micraster coranginum, Micraster brevis y Micraster sp. que podían encontrarse en los alrededores del santuario de Badaya. Simultáneamente se habría ido ampliando el territorio comarcal, provincial o supraprovincial, afectado por su interpretación milagrosa y uso mágico-religioso. Tal proceso social habría sido favorecido por el atractivo renovado del lugar reforzado por la ampliación del primitivo santuario semi-privado, ahora transformado en iglesia, por los Martinez de Iruña, señores feudales del lugar y por la instalación de una pequeña comunidad de frailes ermitaños de la Orden de S. Jerónimo. Comunidad religiosa que se ocupaban de mantener en aquel santuario las actividades de culto religioso, propias de su orden y las dedicadas a la santa alejandrina, posiblemente también organizarían otras abiertas a los devotos seglares, a pesar de ser de clausura , con la finalidad de captar fondos con los que poder mantenerse en aquel lugar.


Bloque diagrama representando el estado de edificación del terreno durante la tercera fase de ocupación. Se han construidos dos edificios dispuestos en forma de L que delimitan un gran patio central. Se instala la comunidad de frailes géronimos.
Imagen: Cortesía de Daniel Luengas Carreño  


En esta tercera época histórica del reformado santuario cataliniano de la sierra de Badaya, probablemente debieron incrementarse las actividades de culto religioso, tanto en intensidad como en frecuencia, con la finalidad de recoger más donativos de los fieles con que sufragar parte de las necesidades de la comunidad religiosa. En consecuencia debió seguir aumentando la masa social de fieles devotos de la santa que acudían a su santuario y por lo tanto, también aumentaría el número de recolectores de piedras de santa Catalina. La búsqueda y recolecta de aquellas "piedras sagradas" se habría concentrado por todos aquellos lugares de los alrededores de aquel primer convento. Especialmente en aquellos más cercanos al santuario de santa Catalina, ya que los supersticiosos recolectores atribuían como causa de la presencia maravillosa de aquellas "piedras", de su forma prodigiosa y de su virtuosidad milagrosa, al hecho de haberse "criado" en el interior del terreno, en las proximidades de aquel templo, santuario dedicado al culto de la memoria y de la imagen de la santa alejandrina. 


Cuarta fase: primera ampliación del convento jeronimiano y construcción de un claustro, para transformarlo en monasterio agustiniano (finales del s. XV)

Hacia el año de 1490, al principio de la cuarta etapa histórica del santuario de santa Catalina de Badaya, se habría producido una gran remodelación y transformación del limitado convento jeronimiano que habían estado ocupando los agustinos desde su instalación en 1474. Ya que había que ampliar su capacidad y mejorar sus servicios e instalaciones ya que los superiores habían decidido instalar un noviciado, por lo que debería acoger una comunidad mucho mayor. Además también se amplió el edificio de la iglesia conventual y se aumentó el número de altares, con sus correspondientes capillas e imágenes patronales, siendo el más importante el dedicado a santa Catalina de Alejandría. 


Reconstrucción digital de la ampliación del anterior convento jeronimiano, al cual se le habría añadido una planta más de altura
Vista de la fachada Este del convento agustiniano, cuya comunidad religiosa se encargaba de las actividades religiosas del santuario de santa Catalina. En primer término terrenos de la huerta monástica. Trabajo realizada por el arquitecto Daniel Luengas Carreño.
Imagen: Askegi, 10. 2016


Paralelamente y de forma proporcional habría evolucionado el proceso de búsqueda y recolección de buenos ejemplares de las prodigiosas "piedras de santa Catalina de Badaya. Pues sabemos por algún autor que en el caso de poder escoger entre varios ejemplares, se prefería recolectar aquellas piedras "bien efigiadas", en las que fueran "bien visibles los emblemas de san Agustín: el corazón y el de santa Catalina: la rueda".

Bloque diagrama representando el estado de edificación del terreno durante la cuarta fase de ocupación. Se ha recrecido, verticalmente y ampliado horizontalmente uno de los edificios de la primitiva L, el que corresponde a la fachada Este. Se construye un claustro de dos plantas en el patio interior. Se instala la nueva comunidad de frailes y novicios agustinos
Imagen: Cortesía de Daniel Luengas Carreño

Es de suponer que tales modificaciones arquitectónicas y organizativas, debieron favorecer el aumento de las actividades religiosas y que estas promovieran la atracción de devotos.
 juntamente con la multiplicación de noticias e informaciones fabulosas, sobre la naturaleza prodigiosa de aquellas piedras maravillosas que iban apareciendo en numerosas publicaciones europeas y americanas, seguramente atrajeron la atención muchas personas supersticiosas o devotas, residentes en algunos lugares bastante alejados, hacia aquel lugar prodigioso y hacia aquellas piedras maravillosas.


Quinta fase: segunda ampliación del convento agustiniano (finales del s. XVI)


Se produce una nueva ampliación del convento, para dar acogida a un noviciado de la Orden de san Agustín y a una comunidad de frailes algo mayor, ampliada con los profesores y tutores de los jóvenes novicios.

Bloque diagrama representando el estado de edificación del terreno durante la quinta fase de ocupación.
Imagen: Cortesía de Daniel Luengas Carreño

Aumenta el número de publicaciones 
europeas que multiplican las informaciones fabulosas, sobre la naturaleza maravillosas  de aquellas extrañas "piedras" que iban apareciendo prodigiosamente en los alrededores del convento agustiniano. Tales noticias seguramente atrajeron la atención de muchas personas supersticiosas o devotas, residentes en la Península o en algunos lugares de países bastante alejados, hacia aquel lugar prodigioso y hacia aquellas "piedras" maravillosas cuyas cualidades mágico-religiosas las hacían bastante atractivas.


Sexta fase: abandono forzado del convento agustiniano (finales del s. XVIII a principios del s. XIX)


La desamortización española fue un largo proceso histórico, económico y social, iniciado a finales del siglo XVIII con la denominada «Desamortización de Godoy» en 1798, aunque hubo un antecedente en el reinado de Carlos III de España, proceso político y legislativo que fue cerrado ya bien entrado el siglo XX (16 de diciembre de 1924). 

Consistió en poner en el mercado y hacer adquiribles mediante una subasta pública, previa expropiación forzosa, de todas aquellas tierras y bienes inmobiliarios que, hasta entonces, no se podían enajenar legalmente (vender, hipotecar o ceder) y que se encontraban en poder de las llamadas «manos muertas» o entidades improductivas, es decir, la Iglesia católica y las órdenes religiosas que según los legisladores los habían acumulado "inmerecidamente o gratuitamente", por ser las habituales beneficiarias de donaciones penitenciales, testamentarias y abintestatos (1). También los llamados baldíos y las tierras comunales de los municipios que no se explotaban agrícolamente, pero que aportaban alguna clase de recurso natural que aprovechado convenientemente servían de complemento para la precaria economía de los vecinos más pobres. 
Dicho con las palabras de Francisco Tomás y Valiente, la desamortización española presentó «las características siguientes: apropiación por parte del Estado y por decisión unilateral suya, de bienes inmuebles pertenecientes a «manos muertas»; seguida de la venta de los mismos y asignación del importe obtenido con las ventas, a la amortización de los títulos de la deuda pública» emitida por el Estado para financiar sus gastos de cara a cubrir la deuda acumulada en la etapa política anterior. La finalidad prioritaria de las desamortizaciones habidas en España fue conseguir unos ingresos extraordinarios con los que hacer frente a la enorme deuda contraída.
Asimismo se pretendió acrecentar la riqueza nacional, al crear una burguesía y una clase media de labradores que fuesen propietarios de las parcelas que cultivaban, favoreciendo así la creación de unas condiciones económicas de tipo liberal capitalista (privatización, sistema financiero fuerte) para que el Estado pudiera recaudar más y mejores impuestos.
En otros países sucedió un fenómeno de características más o menos parecidas

En el siglo XIX, el gobierno del conde de Toreno, presidente del Consejo de Ministros de,   aprobó la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica del 25 de julio de 1835, por la que se suprimían todos los conventos en los que no hubiera al menos doce religiosos profesos, los novicios no contaban.​ 
Tras la dimisión del conde de Toreno, en septiembre de 1835, pasó a ser presidente del Consejo de Ministros, Mendizábal (Juan de Dios Álvarez Méndez) . 
El 11 de octubre de 1835 se decretó la supresión de todos los monasterios de todas las órdenes monacales y militares. 
Los siguientes decretos serían, simplemente, un desarrollo del Decreto del 11 de octubre de 1835. El 19 de febrero de 1836 se decretó la venta de los bienes inmuebles de todos aquellos monasterios suprimidos y expropiados y el 8 de marzo de 1836 se amplió la supresión a todos los monasterios y congregaciones de varones. 
El Reglamento del 24 de marzo de 1836 especificaba todos los cometidos de las juntas diocesanas encargadas de cerrar los conventos y monasterios y, en general, de todo lo necesario para la aplicación del Decreto del 8 marzo que solo afectaba a las propiedades de Órdenes masculinas.



Ruinas del complejo monástico de santa Catalina de Badaya, según una fotografía antigua de autor desconocido, realizada hacia finales del siglo XIX. Fondo Bernardo Estornés Lasa
Imagen: Auñamendi Eusko Entziklopedia

Con el abandono de la comunidad religiosa ocupante del convento, desde hacía más de tres siglos y medio, desapareció buena parte del activo propagandismo oficial y del soporte religioso, a una antigua superstición popular, vinculada a los erizos fósiles del género Micraster, asociados a santa Catalina de Badaya, desde hacía siglos. 
Las tradiciones y costumbres populares, asociadas a los erizos fósiles del género Micraster del monasterio de santa Catalina de Badaya, empezaron a languidecer y a irse minorizando entre los habitantes de la comarca y los de comarcas circundantes, empezando por irse  abandonando su práctica regular y siguiendo por irse olvidando su significado y su trascendencia. De manera que a mediados del siglo XX poca gente adulta de las localidades próximas, preguntada por el tema se acordaba de aquellas piedras de santa Catalina, tan famosas y respetadas antaño. (2)

En la actualidad, pocas personas saben que Don Camilo José Cela, premio Nobel de Literatura en 1989, contribuyó en 1952 a refrescar el recuerdo de la existencia esta clase de  piedras, entre sus lectores, al citarlas en el libro titulado Del Miño al Bidasoa, publicado en 1952 por la editorial barcelonesa Noguer. 
En el libro, basado en las vivencias y documentación utilizada por el propio autor, se narra el viaje de un vagabundo que se desplaza a pie desde la zona del río Miño hasta la del río Bidasoa. Cuando el itinerario del personaje protagonista transcurre por la provincia de Álava y llega a la localidad de Trespuentes, se cita a esta clase de piedras y se añaden unos pocos detalles sobre ellas.


Notas

(1) Abintestato es un término jurídico que proviene del latín y que deriva de la palabra ab intestato que significa sin testamento. 
Según la Real Academia Española el abintestato es el procedimiento judicial por el que se adjudica la herencia o bienes de una persona fallecida, que al morir no deja testamento, a un determinado beneficiario.

(2) Si alguien estuviera interesad@ en conocer más detalles sobre esta clase de piedras prodigiosas y su influencia social o la influencia que tuvieron las publicaciones impresas, en su su conocimiento y difusión, por toda Europa, puede consultarse el siguiente articulo:
Algunos aspectos históricos, paleontológicos y etnopaleontológicos relacionados con las "piedras de santa Catalina" (Micraster coranginum) de Badaya (Álava, España)

miércoles, octubre 16

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (13)

Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Universitat de Lleida

Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con algunos santos y santas del panteón católico (3)


Las "piedras de santa Catalina" del convento de Badaya, en Trespuentes, Álava (País Vasco) (3ª parte) 


Evolución histórica y social de las creencias y prácticas populares supersticiosas, asociadas a las "piedras de santa Catalina" del monasterio de Badaya (Álava) (Parte 1)


Introducción

Sobre las antaño famosas "piedras de santa Catalina" de Badaya (Micraster coranginum), se trató con bastante detalle y de una manera global en este mismo blog en la entrada publicada el 18 de noviembre de 2018. Hoy se va a continuar, con el mismo asunto pero profundizando en algunos aspectos históricos, sociológicos, arqueológicos y geológicos muy interesantes desde nuestro punto de vista. Que se han considerado como una información complementaria de conocimiento muy conveniente, que permite situar mejor y valorar más objetivamente el fenómeno de las "piedras de santa Catalina" de Badaya, dentro de sus contextos histórico, cultural y geográfico, particulares. En una futura y próxima entrada, se espera poder concluir este capítulo extra, de ampliación de los canocimientos fundamentales sobre las antaño populares "piedras de santa Catalina".


Aspecto de una de las llamadas popularmente "piedras de santa Catalina" (Micraster coranginum), con su típica forma acorazonada y sus cinco surcos radiales, que según como se iluminen, solo resultan visibles 4 por lo que se ve más claramente una marca en  forma de cruz.
Imagen: Natural History Museum of London



Primera etapa histórica (s. XIII-XIV)

El inicio del proceso de asimilación social y cultural de aquellos erizos fósiles del género Micraster que podían observarse en un determinado lugar de la Sierra de Badaya (Álava), tiene que seguir al descubrimiento del fenómeno paleontológico de su presencia sobre el terreno y al de su interpretación sobrenaturalista por considerar que la causa de la formación de aquel tipo de "piedras" tenía que ser sobrenatural, debido a su extraño y llamativo aspecto
Aquellas primeras etapas de sorprendente descubrimiento y de interpretación fabulosa de aquel fenómeno paleontológico, luego irían seguidas del proceso social de asociación mágico-religiosa o hagiográfica con un determinado personaje sagrado. En este caso concreto, se optó por relacionarlas con santa Catalina de Alejandríala santa más importante de la iglesia católica, en aquella época medieval.
Seguidamente se iniciaría el proceso de aprovechamiento o de utilización social de aquellas extrañas "piedras" (erizos fósiles), con finalidades de uso supersticioso de tipo protector o benéfico. Pues tratándose de un tipo de "piedras de origen prodigioso" o de "formación maravillosa", supuestamente "localizadas" y "marcadas" por la voluntad divina y vinculadas con santa Catalina de Alejandría, se suponía que estarían cargadas de alguna clase de"fuerza ", "virtud" o "poder mágico", de efectos milagrosos por lo que serían capaces de ejercer algún tipo de efecto protector sobre su entorno físico o sanador sobre su entorno  social. 
Si se estima oportuno, para conocer detalles sobre este aspecto, véase: "Algunos usos supersticiosos conocidos, de las piedras de santa Catalina de Badaya", información contenida en la entrada publicada el 18 de noviembre de 2018.

Según la opinión de algunos autores que las citaron en sus escritos, este tipo de "piedras" habrían aparecido de una manera brusca, espontánea e instantánea en aquel lugar, la mayoría de ellos incluso fijaban una fecha concreta para el inicio del portento geológico, la de 1474. Fecha que correspondería con el recambio de órdenes religiosas, responsables del mantenimiento del culto a santa Catalina en su santuario de Badaya. Según otros autores, el prodigio se produjo con la llegada de los nuevos ocupantes religiosos, al convento  abandonado, pocos años antes (1471), por la comunidad precedente de frailes jeronimianos, (O.S.H.), ahora sustituidos por un grupo de frailes agustinianos (O.S.A.) 

Según la opinión de otros autores, aquel tipo de "piedras" se habían estado formando desde siempre, lentamente en el interior de las rocas de una montaña de aquel lugar, situada junto al convento de santa Catalina de Badaya. Dentro de las laderas, aquel tipo de piedras, iban  creciendo y madurando lentamente, hasta que cuando habían completado su proceso de crecimiento y maduración, finalmente afloraban y se desprendían. Constituyendo su formación y presencia, en aquel preciso lugar de la sierra de Badaya, una señal natural que expresaba la voluntad divina: la petición de construcción de un santuario dedicado al culto de santa Catalina de Alejandría en aquel punto

Se muestra a Santa Catalina de Alejandría, dominando toda la composición. La rodean los objetos con que la santa fue torturada, representando un ideal de dulzura y tranquilidad femenina, pero no como una joven aristocrática, sino como una sencilla muchacha de pueblo. Obra de Caravaggio, óleo sobre lienzo (1597-1598), expuesto en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. 
Imagen: Wikipedia

Además de la vinculación directamente establecida con la santa Virgen y Mártir alejandrina, por evidentes motivos de una gran proximidad geográfica al inicial y primitivo santuario de santa Catalina de Alejandría, en aquel lugar de la sierra de Badaya, se habría establecido una segunda causa de vinculación indirecta, basada en la interpretación de ciertos aspectos morfológicos característicos de aquel tipo de piedras. 
Debido a la forma acorazonada de esta clase de "piedras", basándose en la antigua y popular "teoría de las signaturas", se creía que esta característica tenía una clara función simbólica que serviría para manifestar de forma visible su extraordinario amor místico a Jesucristo, pues este tipo de sentimiento, entonces igual que ahora, se creía que surgía en el corazón humano.
Además, estas piedras presentaban en el dorso unas serie de marcas radiales que fueron interpretadas como una representación prodigiosa, de origen natural, de los radios de la rueda martirial, el instrumento usado por sus verdugos paganos para torturar a esta santa. 


Primera fase: construcción de la casa-fuerte y torre de vigilancia de los señores de Iruña (finales del s. XIII- inicios del s. XIV)

Suponemos que la invención de todas estas interpretaciones fantasioso-simbólicas partiendo de las características morfológicas naturales antes mencionadas de los ejemplares de Micrasterforzosamente tienen que estar ligadas al proceso de construcción en la sierra de Badaya del primer edificio importante de la zona. La importancia local de la casa-fuerte y torre de vigilancia del señor de Iruña, se debía a su función defensiva y a la relevancia social de su propietario, se habría visto aumentada al ser edificada coincidiendo con un lugar  en donde abundaba este tipo de fósiles, 
Esta fase constructiva, puramente militar, tuvo que ser anterior y previa la fase de construcción religiosa en la que se levantó el primer santuario dedicado al culto de santa Catalina de Alejandría, en la sierra de Badaya. 
Algunos autores antiguos, precisamente argumentaban que fue la abundante presencia de este tipo de "piedras marcadas" en aquel lugar de la sierra de Badaya, aquello que determinó la construcción de un santuario dedicado a santa Catalina en aquel lugar. Pues afirman que  algunas personas del lugar, con cierta autoridad moral y conocimientos en iconografía religiosa,  interpretaron aquella acumulación de "piedras señaladas" como "una señal del cielo" o como un "mandato divino" que le recomendaba/solicitaba a los hombres, y a él en particular como propietario feudal de aquel lugar, que iniciaran, en aquel punto preciso de la sierra de Badaya, la construcción de un santuario dedicado al culto de aquella santa Virgen y Mártir. Probablemente el intérprete de los designios divinos debió ser algún consejero religioso o capellán del señor Martínez de Iruña. 
Este hecho, real o imaginario, no estaría en contradicción con lo que se ha dicho anteriormente: primero se construyó el edificio con fines militares y luego de pasar un tiempo, se construyó el edificio con fines religiosos o espirituales. En nuestra opinión personal, creemos que tal cosa se habría podido realizar fácilmente y con pocos gastos,  aprovechando una parte del patio de armas, para reconvertirla en una pequeña capilla, de uso privado, dedicada al culto y a la veneración de una pequeña imagen de santa Catalina de Alejandría.
Por lo tanto, suponemos que las primeras relaciones sociales y culturales, de tipo religioso y supersticioso, establecidas con los erizos fósiles del género Micraster, existentes en aquella zona de la sierra de Badaya, en el mismo lugar en donde posteriormente a principios del siglo XV se construiría el primer monasterio de Badaya, debieron iniciarse hacia finales del siglo XIII principios XIV. Probablemente, tal hecho debió coincidir con la construcción de una casa fuerte defensiva que estaba asociada a una torre de vigilancia. Este conjunto era un elemental complejo arquitectónico para uso militar, construido en aquel lugar con la finalidad de vigilar la Llanada alavesa y el Llano de Vitoria, pero también para proteger aquel lugar contra la penetración de pequeños grupos enemigos. Aquel lugar había sido elegido por sus características topográficas favorables. La primera era su altitud y posición geográfica, las cuales le permitían disponer de una buena visibilidad sobre la lejana Llanada alavesa, para poder observar si allí producían movimientos de tropas. La segunda característica estratégica interesante era que justo por allí pasaba un antiguo camino de origen romano, usado para atravesar la sierra de Badaya, por lo que aquel lugar era un punto delicado en las condiciones de seguridad que ofrecía la muralla natural constituida por la sierra de Badaya. 


Posible aspecto de la casa fuerte-torre de defensa, en el momento de su construcción, según una reconstrucción digital, realizada por el arquitecto Daniel Luengas Carreño (UPV/EHU) basada en el estudio de algunas antiguas estructuras arquitectónicas conservadas en los muros de las ruinas actuales del antiguo convento de santa Catalina de Badaya
Imagen: Askegi, 10. 2016

Probablemente el proceso de difusión sociocultural del fenómeno etnopaleontológico de la sierra de Badaya, consistente en la interpretación popular de tipo fantasioso y supersticioso, para justificar la presencia en aquel lugar de aquellas extrañas"piedras" (los erizos fósiles) para justificar la causa de que tuvieran una forma tan característica y particular. Igualmente se habría iniciado entonces la asociación de creencias supersticiosas con aquellas extrañas"piedras", atribuyéndoseles unas supuestas virtudes mágicas. En sus inicios, aquel fenómeno sociocultural, debió tener una amplitud social muy reducida y una escasa extensión geográfica, que con el transcurso de los años y el paso de transeúntes, en uno u otro sentido, por aquel lugar, se habría ido ampliando de manera muy lenta. Por ello
suponemos que el conocimiento de las "piedras prodigiosas", inicialmente, solamente abarcaría a la tropa de la pequeña guarnición en la casa fuerte-torre de vigilancia, a la población que residía en las aldeas más próximos al lugar, que utilizaran el camino situado junto a la torre de vigilancia y la pequeña ermita de santa Catalina, aneja, cuya imagen presidía el santuario y ejercía el patronazgo sobre todo aquel lugar. 


Grupo de soldados medievales, situados en un altozano, observando algún lugar lejano, para detectar la presencia o movimiento de tropas, amiga o enemigas
Imagen: Wikipedia

Entre los conocedores del fenómeno también podrían incluirse a algunos de los transeúntes de aquel camino, de procedencia o destino mucho más lejanos,  que se veían obligados por algunas circunstancias particulares a tener que pasar por aquel lugar
Sería muy probable que más de un transeúnte ocasional, casualmente, por ser más observador o porque alguna de aquellas "piedras" hubiese rodado hasta el borde del camino, hubieran podido ver y recoger alguna de aquellas extrañas "piedras acorazonadas" . 
Probablemente aquellas "piedras" resultarían más visibles y más abundantes después de haberse producido algún episodio de fuertes lluvias o tras el paso de densos rebaños de ovinos, por las laderas situadas sobre el camino. Es posible que aquellos transeúntes "afortunados" por el hallazgo de alguna de aquellas raras "piedras", quizás hubieran preguntado por ellas a los componentes de la guarnición militar allí instalados, estimulado por su sorpresa o por su curiosidad, pues supondría que aquellos soldados lugareños estarían familiarizados con ellas y conocerían detalles.  

El camino rural secundario que pasaba junto a la torre de vigilancia y la ermita, era un antiguo camino de origen romano que permitía atravesar la barrera orográfica que representaba la sierra de Badaya, en ambos sentidos. Ya fuera partiendo desde cualquiera de las poblaciones más próximas de la Llanada alavesa, que viajaban en dirección norte. Después de haber atravesado la sierra, el camino se bifurcaba, dirigiéndose uno de los dos ramales hacia el valle de Cuartango, mientras que el otro se dirigía hacia el Noroeste, muy probablemente, con destino al puente de La Encontrada, construcción que le permitiría cruzar el río Baya, en un punto cercano a Abornicano. La segunda opción era seguir el mismo itinerario, en sentido inverso, en dirección a Vitoria y la Llanada.

Imagen de santa Catalina de Alejandría, supuestamente procedente del santuario del monasterio agustiniano, trasladada cuando se clausuró el convento por efecto de la Desamortización. Representación en la que aparece coronada, sujetando en su mano derecha la palma del martirio y en su mano izquierda la rueda de cuchillas del tormento.
Imagen: Archivo 

La primera etapa histórica de veneración de la imagen de santa Catalina y de las raras "piedras" a ella asociadas, ha de coincidir con la consagración en la sierra de Badaya de su primitivo, minúsculo y austero santuario, de estilo románico, integrado en un enclave militar, durante los siglos XIII-XIV. Esta época histórica  coincide con el final de los enfrentamientos contra las tropas musulmanas instaladas un poco más al sur, pues el proceso de reconquista cristiana de aquel territorio, estaba forzando el retroceso de los invasores musulmanes, más hacia el sur. Simultáneamente también existían tensiones militares entre el reino de Castilla y el reino de Navarra, con motivo de ciertas disputas territoriales, sobre la propiedad de ciertas poblaciones, castillos y territorios fronterizos existentes en aquella zona alavesa.

En documentos de tiempos recientes (siglos XIX-XX) se recoge la creencia popular tradicional existente en territorios vascoparlantes de que este tipo de erizos fósiles del convento de santa Catalina de Badaya, eran considerados como un tipo particular de "piedras sagradas", pues se referían a ellas como "piedras benditas", eran llamadas en euskera "Harri-Bedeinkatuak". Tal creencia y tal nombre, populares vascos, seguramente derivaban del hecho de conocer su existencia/procedencia en el entorno físico del primer santuario, construido en aquella región, para rendirle culto religioso a una santa muy importante: santa Catalina de Alejandría, Virgen y Mártir, gran patrona de la Iglesia católica medieval, junto con san Agustín obispo de Hipona.



Sobre la primera ermita y la primera imagen de santa Catalina de Alejandría, en la sierra de Badaya

El inicio de la recolecta popular de fósiles de Micraster, entre los siglos XI y XIV, se tuvo que deber al hecho de que este tipo de fósiles fueron identificados como una clase de "piedras marcadas" o "signadas", con alguna finalidad concreta por voluntad divina, con unos signos bien visibles que eran reconocibles como los símbolos o atributos iconográficos típicos de santa Catalina de Alejandría. 
La asociación de aquel tipo de "piedras" con la santa alejandrina, virgen y mártir, se hizo por dos motivos que resultaban bastante "evidentes". El primero, era que tenían una forma acorazonada, interpretada en clave sobrenatural milagrosa como que la piedra expresaba simbólicamente el extraordinario amor místico que santa Catalina de Alejandría había sentido hacia Jesucristo. Incluso existió otra leyenda, según la cual durante una visión mística, se le apareció Jesucristo niño, en brazos de su Madre la Virgen María y le entregó un anillo de compromiso divino de contraer "Desposorios místicos" o "Esponsales místicos"  con ella, por este motivo cuenta la leyenda devocional que cuando su padre le transmitió la petición de su mano de algunos nobles pretendientes, ella le dijo que no podía aceptar por que ya estaba comprometida con otro pretendiente mucho más noble, sabio y poderoso que aquellos.  
El segundo motivo "evidente" de vinculación con santa Catalina de Alejandría era que aquellas piedras de forma simbólica y formación prodigiosas, mostraban inscrito en su superficie un diseño radial, en forma de cruz de 4 o 5 brazos, interpretado como una representación del símbolo o atributo iconográfico de santa Catalina de Alejandría, Virgen y Mártir: la rueda del martirio, con la que la habían torturado los paganos
Según algunos autores, esta interpretación sobrenatural y la vinculación con la santa, fueron motivos suficientes para "entender" que era voluntad de Dios que se levantase un santuario dedicado a aquella santa en aquel lugar.


Bloque diagrama representando el estado de edificación del terreno, durante la primera fase de ocupación humana del lugar (s. XIII-XIV): La casa fuerte y torre de vigilancia con un patio de armas anejo. 
Según nuestra opinión personal, la primera ermita dedicada al culto de santa Catalina, se habría podido ubicar en el primitivo patio de armas de la torre de vigilancia, pues era fácil y barato reconvertir aquel espacio militar amurallado, en una pequeña iglesia, dedicada al culto de santa Catalina de Alejandría de uso privado o semiprivado.
Imagen: Cortesía de Daniel Luengas Carreño. Arquitecto

Por lo tanto, suponemos que las primeras búsquedas de aquellas "piedras de santa Catalina" debieron producirse entre los siglos XIII y XIV, coincidiendo con la consagración  del primer santuario, siendo recolectadas en los alrededores de aquella ermita románica, aneja a la torre de vigilancia, que fue el primer santuario construido con la finalidad de rendir culto de veneración a santa Catalina de Alejandría, por medio de la primera representación escultórica, una talla en madera o piedra de estilo románico, como correspondería  en esa época histórica. 

De aquella ermita primigenia, actualmente se desconoce todo lo referente a ella, su ubicación exacta, si era anterior a la construcción de la casa-torre medieval o si fue construida por los primeros señores feudales de Iruña, quienes habrían pagado a su costa la construcción del santuario anejo a la casa fortificada y a la torre de vigilancia. Siendo señor y  propietario del lugar es lo más lógico y probable. Este ancestro medieval, de los Señores Martínez de Iruña, que fueron patronos fundadores del futuro monasterio y santuario de santa Catalina, custodiado por monjes jeronimianos, construido entre 1405 y 1411, se anticiparon a sus descendientes algunos años, en realizar un tipo de obra piadosa mucho más sencilla y austera, quizás con fines religiosos semejantes, tal vez penitenciales o votivos

Aquel primer santuario levantada en la sierra de Badaya, consagrado al culto de santa Catalina de Alejandría, al estar asociado a una torre destinada a la vigilancia y a la defensa militar, debió ser de uso privado o semiprivado y de dimensiones muy modestas. Posiblemente, por motivos de seguridad y protección del contenido sagrado, debió estar integrado, total o parcialmente, al edificio de la casa fortificada y torre de defensa, complejo precursor de la casa fortificada propiedad de los Martínez de Iruña, señores feudales y propietarios de todos aquellos terrenos conquistados a los "moros". 


















Dibujo original de Jaime Díez Morlán, representando idealmente el aspecto del paisaje densamente boscoso de la zona de la sierra de Badaya, tal como debía ser hacia en el siglo XIII-XIV. En la zona central-derecha se ha representado la hoyada y el resalte rocoso sobre el que posteriormente se construiría la casa-fuerte y torre de vigilancia del señor de Iruña, localidad que aparece al fondo a la izquierda, rodeada por un meandro del curso del río Bayas.
Imagen: Sierra Brava, Santa Catalina de Badaya. Equipo Atalaya

                                                                                                                                                                    El edificio de la torre-vivienda fortificada, había sido levantado en aquel lugar de la sierra de Badaya, precisamente para la vigilancia y defensa militar de aquel lugar por ser de gran importancia estratégica. Debido a su posición topográfica por allí pasaba un camino que atravesaba la sierra de Badaya, siendo una zona de fácil penetración donde se debía impedir el paso a las tropas enemigas, musulmanas o cristianas y, además debido a su posición geográfica, tenía muy buenas vistas sobre el llano de Vitoria, desde donde podían llegar las tropas enemigas, permitiendo la vigilancia permanente de la guarnición de la torre, avisar tropas de refuerzo para prevenir un ataque por sorpresa. 
Sus gruesos muros y pequeños y estrechos ventanales (saeteras) debían proteger y albergar sin grandes comodidades y poco espacio disponible, si llegaba la ocasión, al señor de Iruña y a la pequeña tropa que de forma permanente actuaría como una guarnición de observación, más propiamente, que con funciones defensivas. Pero que, en caso de necesidad, quedarían resguardados tras sus muros. Protegidos temporalmente de las acciones violentas generadas por las incursiones bélicas de las tropas sarracenas o de otros reinos cristianos beligerantes, procedentes de sus asentamientos en el llano vitoriano




Continuará