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domingo, abril 19

Sobre los diversos y extraños nombres de los fósiles (2).

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL



Sobre las diversas nomenclaturas utilizadas para la denominación de los fósiles. (2ª parte) 

SOBRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DE LOS NOMBRES ASIGNADOS A LOS FÓSILES.
 

Nombres populares, nombres cultos y nombres científicos

El interés humano por ciertos tipos de fósiles que como ya hemos mencionado antes, se debe remontar a tiempos antiquísimos y a personas de diversa categoría social, debe haber determinado que las denominaciones de los fósiles hayan sido realizadas por personas pertenecientes a distintas capas sociales, circunstancias que habrían podido determinar que los distintos nombres que fueron impuestos a un mismo tipo de fósil, reflejaran las creencias o usos asociados al mismo y la amplitud de conocimientos que poseía su denominador original. 



Nombres vulgares o etnopaleontónimos

Los nombres de fósiles que han sido creados por personas "del pueblo" que poseían escasos o nulos conocimientos eruditos y que para denominarlos se basaban en aspectos de tipo morfológico, legendario, utilitario o topográfico, se dice que son "nombres vulgares". 

Los pastores en su divagar pausado, por extensos territorios, han tenido la oportunidad de poder encontrar, observar, relacionar y denominar multitud de elementos presentes en la naturaleza. Puede tratarse de seres vegetales o animales u objetos minerales, pero también de objetos arqueológicos
Imagen: El Buen Pastor
 
Se trata de una categoría que integra todas las denominaciones usadas para nombrar a ciertas clases de fósiles que han sido creadas por "el vulgo", también se les llama "nombres populares" y se caracterizan porque han sido creados, usando la lengua vulgar y los criterios clasificatorios del pueblo "llano". Nosotros, a esta clase de denominaciones creadas por personas "ingenuas" e ignorantes. respecto de los conocimientos científicos, los denominamos etnopaleontónimos



Nombres eruditos y nombres científicos o paleontónimos

Algunas personas que poseían una gran cantidad de conocimientos eruditos, se interesaron por la naturaleza en general y por la geología en particular, llegaron a descubrir ciertos tipos o géneros de fósiles que no disponían de un denominación "de categoría" por lo que decidieron ponerles un nombre de categoría. Los nombres de fósiles que fueron creados por por personas "con estudios", podían estar basados en aspectos de tipo morfológico, utilitario, histórico, pseudohistórico, filológico o mítico. Para darles categoría se compusieron utilizando dos lenguas que no eran utilizadas ni conocidas por la plebe, el latín y/o el griego, construyendo nombre mediante palabras o combinaciones de ellas procedentes de las citadas lenguas. por eso se dice que son "nombres cultos", también se les llama "nombres eruditos".  Ambas adjetivaciones hacen referencia al hecho de que se trata de nombres que han sido creados por personas "cultivadas", es decir, con estudios, generalmente, pertenecientes a las élites sociales y, por tanto, poseedoras de amplios conocimientos.

Retrato de Domínique Villars ( 1745-1814,), un erudito francés que fue botánico, pteridólogo, micólogo,y algólogo .
Imagen: Wikipedia 


Los nombres de fósiles que han sido creados por personas que eran poseedoras de una gran cantidad de conocimientos de tipo naturalista (biológico y geológico) y que estaban basados en razonamientos de tipo morfológico, anatómico (anatomía comparada), se dicen que son "nombres científicos" pues han sido creados por personas dedicadas al estudio racionalista y científico de la naturaleza. Fueron creados, usando ciertas normas taxonómicas, determinadas convenciones lingüísticas y las lenguas de mayor prestigio social en el momento de sus origenes, el siglo XVIII, el griego y el latín. Los verdaderos nombres científicos de fósiles empiezan a aparecer durante el siglo XVIII
Nosotros, a esta clase de denominaciones creadas por personas "sabias"  los denominamos paleontónimos 


Retrato de Carl Nilsson Linæus, (1707- 1778) científico, naturalista y botánico sueco que fue el creador de la moderna nomenclatura científica o binomial, realizando el primer tratado sobre la clasificación y denominación científica de los tres Reinos de la Naturaleza.
Imagen: Wikipedia 



Interpretaciones cultas, científicas y populares, de un mismo tipo de objetos fueron las razones para denominar un mismo tipo de fósiles, de forma distinta

Tomemos como ejemplo a estudiar, unas singulares piedras alargadas, lisas, de sección más o menos circular y estructura interna radiada que cuando se presentan, más o menos enteras, muestran uno de los extremos puntiagudo y el otro recto. Las más pequeñas son semejantes a una clavija, punta o clavo. Las medianas se asemejan a una punta cilíndrica de flecha o dardo y las mayores, a una punta de javalina o de lanza. 
También hay otros autores, que les han encontrado parecido con penes, con dedos índices de humanos o de otros seres imaginarios, también con candelas espectrales, cigarros diabólicos, balas, etc. En el caso particular, de algunos tipos de rostros de forma espatulada, se les ha encontrado parecido con dedos pulgares humanos y con otros objetos. Estas semejanzas y la capacidad de fabulación humana, han dado origen a diversos nombres más o menos descriptivos que se les han sido aplicado en diversos lugares geográficos y épocas históricas.



A modo de ejemplo: la perspectiva culta o científica al interpretar  los rostros fosilizados de belemnites

Aspecto externo de cinco ejemplares de rostros fosilizados de Acrocoelites tripartitus, procedentes del Toarciense inferior (Jurásico inferior) de Francia.
Imagen: Jurfossil 


En el siglo I, Plinio "El Viejo" en el lapidario, contenido en Historia Natural, en el libro 37, párrafo 61, menciona este tipo de piedras como "lapis Dactylus Idaeus", es decir la "piedra dedo de (emonte) Ida".

En el siglo VI, Isidoro de Sevilla, en el lapidario, contenido en Las Etimologias, 16.14.392, menciona una piedra interesante por sus supuestas virtudes medicinales, llamadas "lapis idaeus dactylus", es decir la "piedra de (emonte) Ida dedo " el nombre y usos fueron tomados del lapidario de Plinio El Viejo.

En el siglo XVI, en 1546, Georgius Agricola (Georg Bauer), en Sobre la naturaleza de los fósiles, en realidad era un tratado de mineralogía, menciona la misma piedra dándoles un nuevo nombre creado por él mismo: "lapis belemnites", es decir la "piedra con forma de dardo". 

En 1565, Conrad Gesner en Sobre los fósiles, las piedras y las gemas asocia, por primera vez en un libro, una imagen concreta al nombre del "lapis belemnites" y de otras "piedras figuradas", con lo que a partir de este momento y gracias a esta obra habrá menos confusiones entre nombre cultos y objeto fósiles.


Ilustración del libro de Gesner, en la que aparecen representados, diversos fragmentos de rostros fosilizados de belemnites


En el siglo XVII, en 1664, Boetius (Anselmus Boëtius de Boodt) en El Joyero perfecto o Historia de las gemas, el último gran lapidario de occidente, menciona que el "lapis belemnites" que está dotado de ciertas virtudes y diversos usos medicinales, también es conocido en Europa como "ceraunites", "coracias", "corybantes", "dactylus idaeus" y "lincurius". 

En 1678, Martin Lister, en una carta a la Royal Society de Londres, denomina a los belemnites "Lapides turbinati non spirati". 

En el siglo XVIII, en 1747 Carlos Linneo, en su "Sistema de la Naturaleza" ya no cita a los belemnites como una piedra con propiedades especiales y usos medicinales, sino como los restos petrificados de un tipo de animales marinos indeterminados, formando parte del Reino Mineralia y como parte del grupo de los denominados "Helmintolithus" o "petrificaciones con forma de gusano" y constituyendo un género zoológico fósil, concretamente, el de los Belemnites

En 1754, fray José Torrubia, uno de los padres fundadores de la paleontología española, en una carta a la Société Géologique de France, informa que ha encontrado Belemnites en España. 
En esta breve sucesión histórica, podemos ver como las denominaciones eruditas o nombres cultos de un tipo de fósiles, con el paso del tiempo ha ido pasando por una serie de cambios, para finalmente, dar lugar a la formación de un antiguo nombre científico genérico: Belemnites, denominación científica que actualmente ya casi no está vigente, pero que ha dado origen, en diversos idiomas, a un nombre común: belemnites y cuyo prefijo "belemn-" ha sido utilizado para crear además del mencionado y popular Belemnites, otros varios nombres científicos genéricos: Belemnella, Belemnitella, Belemnopsis, etc., en los que poder reubicar a una gran parte de los que antiguamente constituían el género Belemnites.


La perspectiva popular al interpretar el mismo tipo de objeto

Simultáneamente, al proceso histórico y lingüístico, antes relatados, la gente del pueblo llano ya había estado creando y usando diversos nombres alternativos, para nombrar a aquellas mismas "piedras" tan atípicas. La mayoría de las denominación populares se han ido perdiendo para la posteridad, puesto que casi nunca han sido registradas en ningún documentos escritos. A pesar de tener todas las condiciones en contra, conocemos unos pocos nombres vulgares, por aparecer recogidos en diversos documentos escritos y publicados en los últimos cinco siglos o por haberse conservado, como "fósiles lingüísticos" en el léxico del lenguaje rural. 

Diversos ejemplares de belemnites, de diferente tamaño, incluídos en el mismo fragmento de roca. Fotografía original de Paul Marx
Imagen: Belemniten


Sabemos que hasta mediados del siglo pasado, en una gran parte de España, a los diversos tipos de belemnites, se les conocía por el nombre vulgar de "balas de moro" (Andalucía, Aragón, Castilla-León), "balas de piedra" (Alicante), "balines" (Zaragoza), "dientes de ballena" (Guadalajara), “lapiceros” (Guadalajara y Teruel), "pitones" (Guadalajara), "lápices de cantero", "puros petrificados", etc. y en zonas catalanoparlantes como "bales de moro" (Cataluña, Baleares y Valencia) y "puntes de fletxa" (Mallorca). También sabemos que con anterioridad, se las había conocido como “bordones” o “bordones de Santiago”,hierros de lanza” (La Rioja) o como “Santiagoren erromeroen pordoi arri” y “Santiyago’ren bordoi-makil-puskaren arri” (Guipúzcoa) y también como "puntas de rayo" o "piedras de rayo" en diversas zonas castellanohablantes y como "pedres de llamp", en las zonas catalanófonas.


Continuará

sábado, abril 19

El rayo y los fósiles ibéricos (5)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español

Una antigua creencia, resistente al paso del tiempo y muy extendida, en la Península ibérica (4)


Las "Piedras de rayo", paleontológicas, en otras zonas ibéricas

En la mayor parte de España igual que sucedió en el resto de Europa, desde la antigüedad hasta mediados del siglo XX se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma mayoritaria y casi exclusiva, a todo tipo de hachas de piedra, prehistóricas, las mismas que los antiguos habían llamado ceraunias, pero también, a las puntas de flecha de pedernal (piedras de centella) e incluso a fragmentos de sílex, procedentes de talleres prehistóricos o de la fabricación moderna de "dientes" de trillos, relativamente, modernos.

Aunque mucho más raramente y bastante localmente, también fueron identificados como las piedras que se suponían caídas del cielo, durante las tronadas, acompañando al rayo, ciertos tipos de fósiles, de aspecto aerodinámico, de forma alargada y de extremo agudo (belemnites) o de forma aplanada, punta aguda y de bordes afilados (dientes fósiles de tiburón) y constituidos por un material masivo y contundente (piedra, pedernal, etc.).
Ambos tipos de morfología, aguda o redondeada, que caracterizaba ciertas clases de objetos condujeron a unas identificaciones que se basaban en antiquísimas creencias religiosas que situaban en el cielo, a divinidades meteorológicas las cuales disponían de armas arrojadizas (flechas, dardos o martillos) que podían lanzar sobre sus enemigos terrestres, como castigo o venganza. Se ha podido comprobar que este tipo de creencias ha existido, hasta tiempos relativamente recientes, en gran parte de África, América, Asia, Europa y Oceanía, es por esa razon que, en todos estos continentes, las piedras talladas en la prehistoria para ser usadas como hachas reales o rituales o ciertos tipos de piedras especiales (fósiles) que se encontraban sobre el terreno, eran consideradas como auténticas “piedras del rayo”.

En 1565 el naturalista, médico y polígrafo suizo, Jakob Gesner (1516-1563) publicó en Zurich un libro titulado “De omni rerum fossilium genere, gemmis, lapidibus, metallis, et huiusmodi”..., en el que describía todo tipo de objetos naturales y artificiales que habían sido encontrados enterrados o sobre la superficie del terreno. En uno de los apartados del libro cataloga y describe como piedras supuestamente caídas del cielo a muy diversos objetos que además son ilustrados gráficamente, entre los que se pueden reconocer, ciertos artefactos prehistóricos (hachas y puntas de flecha) y algunos fósiles (erizos de mar, belemnites, dientes de tiburón, placas y fragmentos columnares de crinoideos, etc.)

Ilustración de la obra de Gesner citada, representando objetos pétreos supuestamente celestes, en la que, a la izquierda, se pueden apreciar 4 fragmentos de belemnites y a la derecha, arriba y abajo placas (asterias) y fragmentos columnares de dos tipos de crinoideos fósiles, arriba de sección circular y abajo estrellada 
Imagen:  http://fossils.edwardtbabinski.us/belemnites_crinoid.gif


Del contenido de esta publicación se puede deducir que en el siglo XVI estaba muy extendida la creencia, incluso entre las clases cultas europeas, de que ciertos objetos (fósiles) caían del cielo y que algunos de ellos lo hacían transportados por el rayo. Estas creencias erroneas se conservaron durante mucho más tiempo entre las clases populares europeas, alcanzando hasta principios o mediados del siglo XX.


Algunas otras “piedra del rayo”, paleontológicas, comunes, en muchas comarcas de la España caliza.

Posiblemente, el nombre popular, más comúnmente usado hasta principios del siglo XX, en toda España y en toda Europa, para referirse a los rostros fosilizados de belemnites que, con cierta frecuencia, se encuentran en los terrenos del Jurásico y del Cretácico, haya sido el de “piedra del rayo”. Las características externas de este tipo de fósiles, coincidían a la perfección con las que se le suponían a las típicas flechas o puntas del rayo: ser de materia pétrea, de superficie lisa y de punta aguda.
Con los belemnites pasó lo mismo que con otros tipos de piedras vinculadas con el rayo, ya citados anteriormente (erizos de mar y braquiópodos fósiles) y también fueron usados como amuletos protectores contra el impacto del rayo, porque la creencia popular en su capacidad para repeler a las demás piedras de su especie, cuando éstas descendían desde el cielo con furia destructiva y mortífera, estaba muy generalizada en la población rural, mayoritaria en España, hasta la década de 1950.

Con la finalidad de alejar la caída de rayos, los belemnites fueron colocados en las zonas mas altas de las techumbres, empotrados en los muros exteriores de los edificios, adosados a las campanas de los hogares de las cocinas o llevados encima por todo tipo de transeúntes, incluidos los animales de carga y los que guiaban los rebaños.



PIEDRAS DEL RAYO EN ANDALUCÍA

Las “puntas de rayo” de las Sierras Subbéticas cordobesas.


En el sur de la provincia de Córdoba, en la comarca de las Sierras Subbéticas, aún se pueden encontrar unas piedras con una forma muy característica, más o menos, semejante a la de un proyectil de fusil, a las que hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, los campesinos llamaban “puntas de rayo”.

Aspecto de varios rostros de belemnites jurásicos, procedentes de la Sierra de San Pedro, de Alcalá la Real (Jaén) considerados por la tradición popular como auténticas “piedras del rayo”.

De aquellas piedras se decía que habían llegado hasta el suelo acompañando al rayo y esta explicación popular y tradicional de su presencia en el lugar, era para ellos mucho creíble que cualquier otra explicación racionalista. Difícilmente hubieran podido aceptar como creíble que en realidad aquellas piedras eran una parte, fosilizada, del esqueleto interno de unos animales marinos que vivieron en mares del Mesozoico, en tiempos del Jurásico al Cretácico, que fueron bastante parecidos, externamente, a los calamares actuales. 

Representación artística del aspecto externo de un grupo de belemnites, nadando en las aguas de un mar jurásico
Imagen:  Belemnites

 Aquellas piedras a las que las personas cultas denominaban, genéricamente, belemnites, cuyo significado literal era el de piedras en forma de dardo, en vida del animal, tuvierona una estructura y una función, muy semejantes a las del "jibión" que aparece en el interior de las sepias actuales, pesar de tener una forma muy diferente.


Aspecto de diversos tipos de puntas de rayo típicas de las sierras subbéticas. 
En primer lugar, las correspondientes a rostros fosilizados del género Acrocoelites sp.,
Imagen: Belemnites 
  
Como los géneros de belemnites que son más frecuentes en las Sierras Subbéticas son: Acrocoelites, Hastites, Belemnitella, Hibolites y Duvalia, hemos de suponer que serían estos géneros de fósiles, los que de forma genérica, hasta principios o mediados del siglo XX, e incluso más tarde, habrían sido conocidas, entre las gentes rústicas de la comarca, con el nombre de "puntas de rayo".
  Aspecto de un rostro de belemnites correspondiente al género Hibolites sp.

Aspecto de un rostro de belemnites, correspondiente al género Duvalia sp.. 





PIEDRAS DEL RAYO EN CATALUNYA


Las “piedras de rayo” del Prepirineo de Lleida.

En las sierras que se extienden en paralelo, al sur de la cordillera de los Pirineos, existentes en las comarcas de la Noguera y del Pallars Jussà, afloran materiales margosos y calizos del jurásico marino que contienen un tipo de piedras, curiosas por su aspecto. Tienen forma de balas de fusil o de cigarro habano y diferentes tamaños, los lugareños de estas comarcas las denominaban, antiguamente, “pedres de llamp” (cast. “piedras de rayo”), pues las creían caídas de las nubes en aquellas ocasiones en que se formaban tormentas de truenos y relámpagos cuando descargaban algunos rayos. 
En realidad se trataba de un tipo de fósiles, procedentes de la fosilización de una parte del esqueleto interno de unos animales marinos parecidos a los calamares actuales, los llamados belemnites.

Como sucedió por esa misma época, en muchos otros lugares, con otras clases de piedras y fósiles relacionados con el rayo, en las comarcas catalanas mencionadas, los belemnites también fueron usados como amuletos protectores con la finalidad de alejar la caída de rayos del entorno de los lugares en los que estos objetos mágicos habían sido  ubicados. De esta manera se confiaba en que se podía evitar  la destrucción, el incendio o la muerte de que era portador el rayo en su caída desde la nube. 

Como en algunos casos ya comentados anteriormente, en realidad, las "piedras" llamadas en las comarcas leridanas de la Noguera y del Pallars Jussà,  “pedres de llamp” eran "rostros" fosilizados de diversas especies de belemnites. Las especies más frecuentes en estas dos zonas son: Atractites sanmigueli, Acrocoelites unisulcatus, Belemnites paxillosus y Passalotheutys sp. Por lo tanto debemos suponer que serían estas cuatro especies las que de forma genérica, hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, las que habrían sido conocidas, entre las gentes "sin estudios" de aquellas comarcas, con el nombre de “pedres de llamp” y utilizadas crédulamente como piedras mágicas protectoras frente al rayo.

Aspecto de tres “pedres de llamp” , típicas de las sierras nogerencas y pallaresas, correspondientes a rostros fosilizados de la especie Belemnites paxillosus 
Imagen: Belemnites 

En la Cataluña rural, antiguamente, las piedras de rayo de cualquier clase, tanto si se trataba de hachas, cuchillos, puntas de flecha prehistóricas de pedernal como si se trataba de fósiles belemnites, además de cómo amuletos protectores contra el rayo, también se usaron en medicina popular, como remedio para cortar las diarreas, sumergiéndolas en el contenido herviente de las ollas puestas al fuego, durante la elaboración de las sopas o de las gachas que debía comer el enfermo.

También se creía que si se pasaban por el lomo del ganado vacuno, se podía prevenir que padeciesen de unas lesiones en la piel causadas por una dolencia denominada "encueramiento". Además se confiaba en que si eran puestas en el nidal de una gallina clueca, cuando estaba empollando, estas piedras favorecían la eclosión de pollitos sanos y de todos los huevos.

Si te apetece practicar, durante un ratito, un alocado rodeo sobre un belemnites virtual, australiano, sin el más mínimo riesgo de sufrir un revolcón, deberás "clicar" aquí 
Imagen: Rodeo 



Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore portugués.


En la mayor parte de Portugal de igual manera que sucedió en España, normalmente, se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma casi exclusiva, a las hachas de piedra pulida, prehistóricas, pero a pesar de eso, muy localmente, esa misma denominación también incluyó a un cierto tipo de fósiles, de forma alargada y más o menos puntiaguda: los rostros fosilizados de cefalópodos, paleozoicos, y los dientes fosilizados tiburón, miocenos, pertenecientes a diversos géneros.


Las "piedras de rayo" portuguesas, de la zona septentrional. 

En la pequeña localidad de Canelas, situada en el Distrito de Aveiro y agregada al municipio de Arouca, antiguamente, se denominaba "faíscas", nombre portugués equivalente a chispas, centellas o rayos, en castellano, a unos objetos aplastados, de forma cónica, tronco-cónica o redondeada de un color rojo intenso, rojizo-amarillento y aspecto térreo o de color dorado, con brillo metálico y muy relucientes que a veces, resultaba chispeantes. Esos raros objetos aparecían incluidos, sólo, en las pizarras ordovícicas, ampliamente, usadas en la región para construcción de muros y techado de los edificios.
Ese tipo de inclusiones que en realidad eran los restos fósiles de endoceratoideos ortocerátidos y ortocéridos, deformados por los procesos de metamorfismo, solamente, se hallaban en algunas de las superficies de exfoliación, más frescas, de las pizarras, en las que contrastando con el color ocuro casi negro de las pizarras, aparecían mostrando un aspecto extraordinario. La apariencia tan inusual de estos objetos fue la principal razón, por la que los paisanos las interpretaban como chispas caidas de las nubes, en los días de tormenta, que habían quedado atrapadas en el interior de la piedra que constituía la pizarra.

Las maravillosas "faiscas", en realidad, sólo eran "simples" rostros limonitizados o piritizados, de antiquísimos moluscos cefalópodos, nautiloideos, de tipo endoceratoideos y ortocerátitidos, que habían vivido durante el Oretaniano 
(Ordovícico Medio) portugués y cuyos cadáveres al descomponerse sobre el fondo, dejaban sus rostros como testimonio que iban siendo recubiertos por limo marino.

Aspecto del enorme molde externo, dejado por el rostro piritizado, de un gigantesco ortocerátido. El rostro hoy ha desaparecido por limonitación y erosión-disolución posterior de la limonita. Pertenece al genero Cameroceras sp., un cefalópodo, nautiloideo de concha recta, del Ordovícico Medio (470 MA), ejemplar procedente de Canelas, Arouca, Portugal. Fotografía de Sergio
Imagen: Cameroceras


Las "piedras de rayo", portuguesas, de la zona central y meridional
.

En la región de Lisboa y en la península de Setúbal, en el cento de Portugal y también en el sur, en la región del Algarve, los dientes fósiles de tiburón que eran encontrados en los terrenos miocénicos, tradicionalmente, fueron considerados como auténticas y verdaderas “piedras de rayo”, siendo conocidos y denominados por los pobladores de esasa zonas como “pedras-do-raio” o “pedras de raio”.


Aspecto de un amuleto infantil, usado como protector contra el mal de ojo, confeccionado con un diente fósil de escualo engarzado en plata.
Imagen: Alarcón Román, Concha, Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español, 1987


Como a los dientes fósiles de tiburón, antiguamente, se les creía piedras aéreas se suponía que debían estar dotadas de "virtud". Se las creía poseedoras de una enorme energía por haber estado en contacto con el temible rayo, y, además, debido a su forma aguda, se las creía capaces de efectos defensivos-ofensivos, contra ahojeadores y encantamientos. 

Hasta mediados del siglo XX se usaron para prevenir hechizos y para repeler el "mal de ojo" causado por ciertas personas que tenían la capacidad de "fascinar", es decir de causar cierto tipo de mal, a distancia, mediante sus “malas miradas”. Para protegerse del "mal de ojo" y de sus perversos efectos, la gente los buscaba con ainco, en el campo y en las tierras cultivadas, donde se los recogía reverencialmente, para luego confeccionar amuletos protectores con ellas, supuestamente, muy efectivos contra embrujamientos procedentes de los aojadores.

Como se sabía que las personas más susceptibles, a las enfermedades eran los niños pequeños, se acostumbraba a colgarles del cuello, los dientes fósiles de tiburones, miocénicos, con la finalidad de que su salud estuviera protegida contra los efectos de los encantamientos causados por el “mal de ojo”. 
En las zonas rurales, de Portugal, el uso apotropaico de este tipo de dientes fósiles, se mantuvo hasta épocas, relativamente, muy recientes.
Los dientes fósiles de tiburón, utilizados como amuleto, en la mitad inferior de Portugal, correspondían a diversas especies de escualos miocenos, tales como: Carcharias taurus, Carcharocles megalodon, Galeocerdo aduncus, Hemipristis serra, Isurus hastalis y otras que no han podido ser identificadas.

Aspecto de diversas “pedras-do-raio” correspondientes a dientes fósiles de Isurus hastalis
Imagen: CEP Alcalá




Fuentes:

- Abreu, A. & J. C. Gutiérrez-Marco (Eds.), 2006, Trilobites gigantes das ardósias de Canelas (Arouca), Madrid, Ardósias Valério & Figueiredo, Lda.
- Alarcón Román, Concha, 1987. Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español,
- Amades Gelats, Joan. 1951. “Piedras de virtud”. Revista de dialectología y tradiciones populares, VII, 1. Madrid. Pàg. 84-131.
- Calzada, S. 1981. Niveles de Braquiópodos del Lias de Camarasa (Lérida). Cuadernos de Geologia, 10, p. 197-211. Granada.
- De Galdo, Manuel. 1856. Manual de historia natural. Madrid. Imprenta de José Rodriguez , p.487
- Institut d’Estudis Catalans. 1997. Diccionari de Geologia, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, - Nuñez de Taboada, Melchor Manuel. 1859. Diccionario de Francés-Español y Español-Francés. París. Rey y Belhatte Libreros-Edtores. Página 93.
- Sá, Artur A. & Gutiérrez-Marco, Juan Carlos 2009 Cefalópodos del Ordovícico Medio de la Formación Valongo, norte de Portugal, GEOGACETA, 47, X (9-12)
http://www.sociedadgeologica.es/archivos/geogacetas/geo47/art03.pdf
- Valério, Manuel, de Ardósias Valério & Figueiredo, de Canelas. Comunicación personal.
- Varela Gomes, Màrio. 2002. "O dente fóssil (Glossopetra) en A necrópole visigótica do Poço dos Mouros (Silves)". Revista portuguesa de arqueologia, Vol. 5, Nº. 2, pags. 339-391
- Vega, Manuel. Belemnites (Subclase Coleoidea) de las sierras Subbéticas cordobesas. http://es.geocities.com/paleontofilo/belemnites.htm

lunes, octubre 15

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (2)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida.

Fósiles ibéricos vinculados, por el folklore español, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo (2)

FÓSILES JACOBEOS EN EL PAÍS VASCO (2).

Los “bordones de peregrino” de Santiago mendi, en Astigarraga (Guipúzcoa).

En la cumbre de la montaña de Santiago-mendi, en los alrededores de la ermita dedicada a Santiago Apóstol se encuentran unos robustos fósiles de belemnites de los generos Mesoteuthis bisulcata y Acrocoelites tripartitus, ambos del Jurásico Inferior (Toarciense – Aaleniense), a los que, antiguamente, en la comarca se les daba el nombre de “ Santiagoren erromeroen pordoi arri”, es decir “piedra bordón de los romeros de Santiago” o “Santiyago’ren bordoi-makil-puskaren arri”, es decir “piedra fragmento del bordón de Santiago”.

Tradicionalmente estos fósiles se interpretaron como objetos prodigiosos, generados por voluntad divina por las peñas de aquel monte, con la finalidad de dejar constancia del paso del santo por aquel lugar, cuando de camino a Galicia, estuvo predicando el evangelio en este lugar de Guipúzcoa. Además, estos símbolos pétreos del bordón jacobeo, también deberían servirle, en el futuro, de recordatorios a los guipuzcoanos de que el honor de ser cristianos se lo debían a Santiago, favor que podrían agradecer realizando una visita a su tumba, en Compostela.

Aspecto de la parte anterior, aguda, del rostro fosilizado de los robustos belemnites de Santiago-mendi de Astigarraga. Observese el parecido de ambos tipos de fósiles con la puntera de hierro, cónica, que caracterizaba el extremo inferior del bordón que usaban los caminantes que recorrían el Camino de Santiago.

En la imagen superior, un belemnites de la especie: Mesoteuthis bisulcata (15 cm)


En la imagen inferior, un belemnites de la especie: Acrocoelites tripartitus (7 cm)
Imagen 2: mnhn





Las veneras de Santiago-mendi, en Astigarraga (Guipúzcoa)

También en los alrededores de la misma ermita de Santiago, en la cumbre de Santiago-mendi, se hallaban unas piedras con forma de “veneras” o “conchas de Santiago”, cuya presencia en ese monte se explicaba de la misma manera y con la misma leyenda que en el caso de los belemnites citados anteriormente. Se partía del supuesto de que si ambos tipos de piedras (fósiles) aparecían juntas, y además ambas eran símbolos jacobeos, debían generado al mismo tiempo y de la misma manera, es decir por efecto de la milagrosa estancia del apóstol Santiago en la cumbre de la montaña predicando el evangelio a los guipuzcoanos de Astigarraga, cuando iba de camino a Galicia .
El nombre que se les daba en la comarca, ntiguamente, a este tipo de fósiles era “ Santiagoren erromeroen maskor arri”, es decir “piedra concha de los romeros de Santiago” o "Santiagoren maskor arri" es decir “piedra concha de Santiago” y también “Santiyago’ren txirlaren arri”, es decir “piedra concha de Santiago”.
Las curiosas piedras en forma de concha de Santigo, eran realmente fósiles de bivalvos del genero Pseudopecten aequivalvis, del del Jurásico Inferior (Sinemuriense – Pliensbachiense), las mismas conchas fósiles que habían dado origen a las concavidades en las rocas de la parte alta de la montaña de Santiago-mendi, marcas interpretadas popularmente como las pisadas del caballo de santiago.

Aspecto de un fósil de Pseudopecten aequivalvis, completo, con las dos valvas, forma juvenil de sólo 6 cm de longitud.
Imagen: pseudopecten

Otra leyenda contaba que al partir cualquier pedazo de roca de la montaña de Santiago-mendi de Astigarraga, por pequeño que éste fuese, siempre contenían en su interior alguno de los dos tipos de símbolos de Santiago: bordones o veneras de piedra.


A la atención de l@s lectores/as: desconocemos si, antiguamente, alguno o ambos de estos dos tipos de fósiles, vinculados por la tradición popular con el apóstol Santiago, habían tenido algun tipo de uso popular, en la comarca guipuzcoana. Por este motivo agradeceríamos enormemente que si algún/a lector/a tuviera cualquier tipo de información al respecto, nos la hiciera llegar vía correo electrónico, para darla a conocer y publicarla en este espacio.



FÓSILES JACOBEOS EN LA RIOJA (1)

Las piedras con figuras de “bordones” y de “hierros de lanza” de los alrededores de Jubera.

A los grandes y gruesos rostros de belemnites que se encontraban por los alrededores de la villa de Jubera, en la comarca de Logroño, antiguamente, se les llamaba popularmente “bordones” y “bordoncillos”cuando eran pequeños y delgados.
A las conchas y moldes internos de unos bivalvos les llamaban: “hierros de lanza”.
En ambos casos tal denominación popular era debida a su relativa semejanza con los objetos referidos.

Aspecto de uno de los grandes rostros de belemnites, que se han conservado enteros, constituyendo el tipo de fósiles llamados popularmente "bordón" o "bordón de Santiago"

En el primer caso, por su semejanza con la parte inferior del típico bastón, báculo o  bordón de los peregrinos: la puntera metálica, cónica, que servía al viajero para asegurar el paso en lugares de gran pendiente o para defenderse del ataque de perros y salteadores.
En el segundo caso, por su semejanza con la punta en forma de corazón de cierto tipo de lanzas con aletas que se usaban “en tiempo antiguos”, cuando eran vistas desde cierto punto de vista muy particular, lateralmente.

Molde interno de Ceratomyopsis sp., del Jurasico medio, en vista lateral, que es el único punto de vista que le puede proporcionar el característico aspecto cordiforme o de punta de lanza.
Imagen:
Ceratomyopsis 

Los grandes fósiles de belemnites que se asociaron con el báculo o bordón de Santiago peregrino, pertenecerían a los géneros Mesoteuthis bisulcata y Acrocoelites tripartitus, ambos eran del Jurásico Inferior, y en esta zona geográfica fueron, tradicionalmente interpretados como objetos de naturaleza prodigiosa.
Según una extendida creencia tradicional y popular, se decía que habían sido generados, instantáneamente y de forma milagrosa, por las peñas de aquel lugar tras la legendaria victoria contra los moros, de la Batalla de Clavijo. Según creencia o interpretación clerical su formación milagrosa se habría realizado con la finalidad de dejar pruebas materiales y bien visibles para las gentes de siglos futuros, de la primera aparición del Apóstol Santiago en un campo de batalla, para ayudar a los cristianos.
Según diversos apologistas, durante la Reconquista, el santo peregrino se apareció visible como caballero armado con una gran espada, montado sobre un caballo blanco y cortando cabezas de sarracenos, en varias ocasiones, coincidiendo con diversas batallas, por este motivo a Santiago Apóstol también se le conoció con el sobrenombre de Santiago “matamoros”. Con ocasión de "la segunda parte" de la batalla de Clavijo, Santiago bajó del cielo para animar al rey Ramiro I de Asturias a que no se rindiera, ni se retirara del enclave del castillo de Clavijo, pues con ayuda de Dios y su milagrosa y providencial intervención espada en mano, darían la vuelta a la catastrófica situación en que se encontraban los cristianos, en gran inferioridad de condiciones en su enfrentamiento con los numerosos ejércitos sarracenos, allí reunidos.

Según otra creencia legendaria popular, estas raras "piedras figuradas insignias de Santiago" habrían aparecido mucho tiempo antes de la batalla de Clavijo, justo tras la muerte del santo tras ser martirizado y decapitado en Palestina por orden de Herodes Agripa en el año 44. Según se decía, como muestra material y visible, del afecto que Santiago sentía por aquel país y su gente, puesto que cuando Santiago había estado predicando por la zona de La Rioja, los pobladores de Jubera habían acogido muy hospitalariamente  al santo y habían sido los primeros en convertirse a sus enseñanzas evangélicas. El santo habría querido dejar plasmada milagrosamente en piedra para recuerdo de futuras generaciones las buenas relaciones establecidas con el lugar y sus habitantes.

Según la moraleja clerical ambas creencias legendarias, la aparición milagrosa de estos símbolos de Santiago, de piedra, debería servir para que las futuras generaciones de cristianos riojanos no olvidaran nunca que eran deudores de Santiago Apóstol, por haber recibido sus antepasados un inmenso favor del santo al liberarlos del vasallaje y los impuestos a los invasores mahometanos, como el ominoso "impuesto de las 100 doncellas".
En el caso de la leyenda que vinculaba ciertos tipos de fósiles con una memorable victoria sobre los moros, enemigos de la fe cristiana, a pesar de ser mucho más numeroso y mejor armados, sirve para remarcar el hecho que sin la ayuda de Santiago en el combate de Clavijo, la liberación de aquella tierra y sus gentes nunca hubiera sido posible.
En el caso de la leyenda que vinculaba los fósiles con la conversión al cristianismo de los primeros riojanos, serviría para incidir en el importante hecho de haber sido los primeros habitantes de aquella zona, que recibieron el beneficio de la fe cristiana.

Representación artística del pintor Casado del Alisal (S.XIX) de Santiago “matamoros”, comandando la vanguardia de las tropas cristianas, en la batalla de Clavijo.
Óleo expuesto en San Francisco el Grande. Madrid.
Imagen: EDAD MEDIA


Las “piedras con figuras de veneras” y las “piedras con figura de herraduras de caballos" de los alrededores de Jubera.

Este tipo de piedras figuradas son fósiles de un tipo muy parecido al que ya hemos tratado, anteriormente, al hablar de los dos tipos de fósiles que existen en Santiagomendi de Astigarraga (Guipúzcoa), pero en este caso se trataría de bivalvos del Jurásico Superior (Oxfordiense) del género Chlamys y que han contribuido a generar el correspondiente folklore, muy semejante en ambos casos.

En el caso de las "piedras en forma de veneras", en unos casos se trataría de fósiles completos, cuya concha conservarían las dos valvas, o bien de fósiles constituidos por una sola valva, es decir por media concha y en otros casos se trataría de moldes internos constituidos por en el relleno de sedimento petrificado que reproducen las formas de la primitiva cavidad interna que quedaba delimitada por las dos valvas del molusco.

Aspecto de una piedra con “Marcas de Santiago”, que se creían impresas o moldeadas de forma prodigiosa en las rocas riojanas. Aspecto de tres fósiles de Chlamys sp. 
Foto original de Jose Manuel Sesma Moranas.


Aspecto de una “piedra con figura de venera”, se trata de un una concha completa, con sus dos valvas, o de un molde interno de Chlamys sp. 
Foto original de Jose Manuel Sesma Moranas. 
Imagen: http://www.espacionatural.com/4images/details.php?image_id=1173


En el caso de las llamadas "piedras con figura de herradura de caballo", seguramente la expresión popular, se referiría a depresiones o concavidades de la roca, de forma semejante a la marca del casco de un caballo, resultantes de las impresiones o huellas dejadas en la roca por la superficie exterior convexa de las valvas de Chlamys sp. , constituyendo improntas o moldes externos cóncavos, formados al desprenderse la concha fósil de la roca matriz.

Otra leyenda, también relaciona la presencia de “conchas de santiago” en los escudos de armas de muchos nobles del norte de la península, con el hecho de que se trataría de escudos de nobles que ese día participaron en la batalla de Clavijo, y habiendo quedado maravillados por la presencia del apóstol y luego por la aparición milagrosa de numerosas marcas de "conchas de Santiago" sobre las rocas y de piedras en forma de “conchas de peregrino”, en los alrededores del campo de batalla de Clavijo, decidieron que al ser aquellas piedras, claros símbolos de la intercesión de Santiago en favor de los combatientes cristianos, pues la intervención del santo protector les había dado la victoria cuando estaban a punto de ser vencidos, habrían decidido añadirlas a sus escudos nobiliarios como homenaje al santo y como emblema protector (amuleto) en futuros enfrentamientos con los paganos.

Mostramos aquí, solamente a modo de ejemplo ilustrativo de lo expuesto, un escudo nobiliario que incorpora en su diseño, tres veneras jacobeas, en este caso se trata del escudo de armas de los Lizarazu de Pamplona (Navarra).
Imagen: http://es.geocities.com/flizarazu/escudo.html

Al parecer de algunos autores modernos, un poderoso referente geogràfico que habría inspirado a algunos historiadores antiguos, 400 años más tarde de que sucediera la mítica batalla del rey Don Ramiro I y la legendaria aparición de Santiago “matamoros”, a ubicar en un lugar concreto del territorio riojano tales sucesos, habría sido la elevada concentración de “piedras figuradas”, que representaban diversos símbolos jacobeos, en algunas localidades riojanas del entorno del castillo de Clavijo, los cuales habrían sido interpretados, por la mentalidad de la época, como señales divinas de un hecho milagroso. De manera que se tomó la presencia de los fósiles de cefalópodos (belemnites) y de bivalvos pectinidos (Chlamys) como una evidencia clara y probatoria de que allí se había producido un hecho milagroso, supuestamente histórico y aññadiendo la consideración de la leyenda de la aparición de Santiago en Clavijo y su participación en la batalla, espada en mano, como un relato fidedigno, para afirmar que tales hechos bélicos y milagrosos, habían sucedido, realmente y exactamente en aquel lugar. Cosa que todos los historiadores actuales han descartado completamente.


Los “Bordones de santiago”, de Valgañón.

En otra localidad riojana de la comarca de La Rioja Alta, también se daba el nombre de bordones de santiago" a los belemnites, tal como queda de manifiesto en el texto escrito por Torrubia en la explicación de la figura 2 de la lámina II de su obra: Aparato para la Historia Natural Española, pues dice:
 "unas piedras belemitas o piedras dactylos que se encuentran en la villa de Balgañon [actualmente Valgañón], distante 3 leguas de Santo Domingo de la Calzada, a las que los naturales de ese lugar llaman “Bordones de santiago."



Fuentes:

- Castellá Ferrer, Mauro “Historia del Apóstol Santiago Zebedeo, Patrón y Capitán General de las Españas. Madrid, 1610.

- Laborde, Manuel & de Lecuona, Manuel. Santiago-Mendi, de Astigarraga (Nota geológico-artística). Munibe, Sociedad de Ciencias Naturales ARANZADI (San Sebastián).1954, p. 50-56

- Lekuona’tar Manuel. Erdiaroko Santiyago -bideak Gipuzkoa’n zear. (Caminos de Santiago guipúzcoanos abiertos en la Edad Media) MUNIBE Sociedad de Ciencias Naturales ARANZADI (San Sebastián) Ano XXIII. N 4. 1971. Páginas 543-548

- Martinez de Isasti, Lope “De la Religión y Cristiandad que ha habido y hay en la Provincia de Guipúzcoa”. cap. XVI del “Compendio Historial de la Muy Noble y Muy Leal provincia de Guipúzcoa” compuesto por el doctor don Lope de Isasti en el año 1625. Impreso en San Sebastián por Ignacio Ramón Baroja, 1850.

- Risco, Manuel. Antigüedad de la Santa Iglesia de Calahorra, Cap. VIII de La España Sagrada tomo XXXIII. Las antigüedades civiles y eclesiasticas de Calahorra. Impreso en Madrid en 1781 por Pedro Marín

- Ruiz Ortiz de Elguea, Hortensia. La devoción a Santiago de Jubera en la Edad Media. Berceo, 81. 1971 Logroño. Instituto de Estudios Riojanos, (pags. 101-110)

- Torrubia, José. Aparato para la Historia Natural Española. Edición facsímil de la publicada en 1754, coordinada por Gutiérrez-Marco, J.C., además contiene una introducción y una parte de la traducción alemana y las láminas, editadas en 1773) Madrid. CSIC-Sociedad Española de Paleontología.