miércoles, julio 30

Grandes huesos fósiles y gigantes imaginarios (2)

Por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Los gigantes en los mitos y en la literatura de la antigüedad y en la perspectiva paleontológica (2ª parte)
 
Introducción.
La perspectiva mítica y legendaria (2)
Cuando casualmente se hallaban grandes huesos enterrados o en superficie, en unas condiciones de ignorancia total sobre las verdaderas explicaciones, la solución más fácil, más familiar y más recomendable era la de recurrir a los consabidos huesos y dientes de gigantes. 
Aunque se hubieran intentado una comparación razonable, como en todos los casos se trataba de especies de la fauna prehistórica, extinguidas hacía muchos miles o millones de años, no podía hallárseles ninguna correspondencia, comparable, con la fauna cuaternaria, post-glacial, típica del lugar y el momento histórico del lugar del hallazgo, tanto si éste se había producido varios siglos antes o después del nacimiento de Cristo.

Huesos de la pata de un gran animal prehistórico, expuestos en un moderno museo. En la antigüedad se interpretaron como pertenecientes a la pierna de un tipo de gigantes malvados y de los que las leyendas populares, contaban que habían pertenecido a la pierna de uno de los perversos gigantes, que había llegado, por mar, hasta la localidad en donde se encontraron, en tiempos antiguos. En realidad, se trataba de una de las extremidades posteriores de un mastodonte del Plioceno.
Imagen: Las Noticias

Pero la imaginación humana y la capacidad de fabulación de la gente común, pueden suplir la falta de datos osteológicos y de conocimientos anatómicos y paleontológicos, improvisando de forma instantánea, alguna explicación imaginaria que proporcione una respuesta simple, asequible y satisfactoria, a cualquier cuestión verdaderamente compleja que, en ese momento histórico y/o lugar geográfico, pudiera resultar insoluble por la vía del raciocinio, de la lógica científica y de la interpretación objetiva de los datos resultantes de la observación directa. 

Dibujo moderno, representando una escena extraída de la fábula mitológica, griega, que relata como Ulises y sus hombres, fueron sorprendidos por el cíclope Polifemo, dentro de la cueva, en la que él moraba y en la que guardaba su ganado y sus provisiones, mientras la saqueaban.
Imagen: Arrukero 

La solución fácil y rápida, incluso instantánea, a cualquier enigma puede lograrse recurriendo la tradición mítica y a determinados relatos fabulosos de la comunidad cultural a la que el interpretador pertenece, de manera que la respuesta hallada, inevitablemente, tenderá a ser de tipo irracional, mítico y fabuloso. Al ser posible aplicar un procedimiento de interpretación tan elemental, por la mayoría de la gente, hace algunos cientos o miles de años, al descubrirse grandes hueso, sólo se era capaz de imaginar que se hallaba ante los restos de algún gigante. 

Además muchos relatos míticos, incluídos en textos de tipo pseudohistórico, pseudogeográficos y, hasta, religioso que estaban avalados por autores prestigiosos, oráculos y profetas, famosos, afirmaban que en épocas pretéritas o en lugares remotos, la existencia de diversas razas de gigantes había sido un hecho real constatado por testimonios fiables. Incluso los viajeros, mercaderes, escritores, militares y geógrafos que habían estado en distintos lugares de la cuenca mediterránea, contaban que determinados gigantes míticos habían residido, antiguamente, o estaban sepultados en diversos lugares de diferentes países de Europa, el próximo Oriente y el norte de África, porque sus grandes huesos que ellos habían visto, daban testimonio de ello. 

"Ulises en la cueva de Polifemo", representación artística, de una escena sacada de la fabula mitológica de Homero, pintada por Jakob Jordaens (1593-1678), en la que relata como la astucia de Ulises le permitió salvar la vida de sus hombres y la suya propia, al conseguir burlar a un gigante, monóculo,  previamente cegado 
Imagen: Mitos. Odisea 

La existencia de gigantes parecía ser un hecho cierto y generalizado, pues su restos óseos, corporales, aparecían desperdigados por toda la cuenca mediterránea y casi todos estaban asociados a personajes monstruosos que habían perecido a causa de distintas catástrofes causadas por las divinidades para exterminarlos o en dramáticos enfrentamientos con distintos héroes mitológicos o legendarios, muchos de llos también eran gigantes y que casi siempre los habían acabado venciendo a los gigantes malos, haciendo uso de la astucia.


La perspectiva racionalista

A partir de inicios del siglo XIX, especialmente, a partir de la publicación de la primera edición, en 1817, del tratado enciclopedico sobre zoología y paleontologíase de Geroges Cuvier, "El Reino animal clasificado a partir de su organización anatómica", se supo con certeza que casi todos los grandes huesos que se atribuyeron a distintos gigantes humanoides, en realidad, habían pertenecido a grandes vertebrados terrestres o marinos que habían vivido hacía millones de años y que, casualmente, se habían conservado por un proceso natural, denominado fosilización. 
La aplicación de los modernos conocimientos de anatomía comparada, a los grandes huesos encontrados en ciertos lugares, permitieron conocer que los supuestos restos óseos de gigantes, en realidad correspondían a los restos de grandes mamíferos terrestres o marinos, terciarios o cuaternarios. Más raramente, se descubrió que algunos grandes huesos, pertenecían grandes reptiles mesozoicos. 

Ilustración del libro ”Mundus Subterraneus” del jesuita Athanasius Kircher (1601-1680), en el que el autor defendía la existencia de gigantes. En base a la existencia de grandes huesos y a las enseñanzas bíblicas. 
A la izquierda, se muestra el supuesto aspecto antropomorfo de un gigante, cuyos restos fueron hallados por Boccacio y otros, dentro de una caverna, cercana a la ciudad de Trapani y cuyo cráneo tenía un volumen de 200 cubos. 
A la derecha, distintos tipos de gigantes, para comparar su gran tamaño, con el de un hombre común, representado por la figura más pequeña de todas.
Imagen: Dijitalimaj 

En los hallazgos europeos, hubo dos épocas históricas de descubrimiento e interpretación, de los grandes huesos, llamados de forma genérica "huesos de gigante". La primera corresponde al sur de Europa y comprende desde los tiempos más remotos hasta la antigüedad clásica, especialmente, en relación a la mitología griega y luego a su heredera la greco-romana. La segunda época, corresponde a la mayor parte de la Europa, cristianizada, en las urbes del sur a partir del siglo IV y luego, de forma más generalizada, a partir del del siglo XI.
En ambos casos, existieron importantes fuentes de referencia que contribuyeron a inducir a error a cuantas personas intentaron interpretar los hallazgos de grandes huesos, de una forma simplista, es decir de la manera más tradicional y convencional, buscando la respuesta en la tradición.
La supuesta fiabilidad de tales fuentes, orales o documentales, derivaba de la respetabilidad que se otorgaba a sus autores, profetas, viajeros, exploradores y eruditos antiguos o contemporáneos, de tal manera que la veracidad de lo que revelaban o relataban sus escritos no se ponía en duda y, por lo tanto, sus informaciones tuvieron una gran influencia social y cultural, desde la Antigüedad clásica hasta finales del Renacimiento, sólo con la llegada de la Ilustración fue posible comenzar a iluminar la oscuridad mental y empezar a disipar la superstición y la ignorancia creada, cultivada y acumulada durante milenios.


Moderno fotomontaje "engaña-bobos", usado con la intención de demostrar mediante el engaño visual, la irrefutable existencia de antiguos gigantes míticos, mencionados en los escritos bíblicos. La falta de sentido crítico y la credulidad del espectador favorecen el engaño. 
Imagen: Gigante biblico  

El primer tipo de fuentes de referencia, antiguas, usadas para clasificar e identificar los grandes huesos descubiertos, lo constituyeron los relatos puramente míticos y legendarios, que, en la Antigüedad clásica, estaban contenidos en los relatos de la Mitología griega y grecorromana.

A partir de la cristianización de los antiguos territorios del imperio romano, desde el siglo IV al XI, correspondiendo con la Baja y Alta Edad Media hasta finales del Renacimiento, al concluir el siglo XVII, a las antiguas fuentes clásicas griegas y grecorromanas, las más tradicionales, se vinieron a sumar un segundo tipo de fuentes de referencia, los relatos míticos de origen oriental, contenidos en los diversos Libros que constituyen el Antiguo Testamento de la Biblia, extraídos de los antiguos relatos del Próximo oriente y de Oriente medio, acumulados por los israelitas a lo largo de sus migraciones, en su sagrada Torá. 


Un ejemplar, de una antigua biblia, en cuyo texto se cita la existencia de gigantes, en varias decenas de versículos
Imagen: Biblia


Ambos tipos de relatos, míticos, cada uno en su contexto histórico y cultural y debido a su mayor o menor vinculación, directa, con la religión, ya fuera la pagana, en el primer caso y la cristiana, en el segundo, tuvieron una enorme influencia sobre el desarrollo del pensamiento humano de su tiempo, a la hora de intentar interpretar el origen de los grandes huesos que fueran hallados sobre el terreno, a la intemperie, extraídos del fondo del mar o de los ríos, enganchados en las redes de pesca o descubiertos al realizar excavaciones, mineras, arquitectónicas o canalizaciones.
 

sábado, julio 26

Grandes huesos fósiles y gigantes imaginarios (1)

Por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Los gigantes en los mitos y en la literatura de la antigüedad y en la literatura paleontológica (1ª parte)


Introducción.

La perspectiva mítica y legendaria (1)

La creencia en gigantes fue una antiquísima herencia cultural que se mantuvo vigente, hasta finales del siglo XVII, entre muchas personas que participaban de los conocimientos y creencias, propios de las culturas cultas europeas y que resistió hasta mediados del siglo XIX, entre las personas que participaban de los conocimientos y creencias, propioslas culturas populares. Este tipo de creencia, aparecida hace miles de años, ha ido generando, durante los siglos, posteriores, multitud de narraciones míticas, infinidad de relatos extraordinarios, incontables cuentos maravillosos y centenares de leyendas populares. 
En tales narraciones aparecen como co-protagonistas o como simples personajes secundarios de la trama narrativa, unas criaturas más o menos humanoides, de talla y fuerza descomunales, en general más salvajes, malvados y sanguinarios que inteligentes, pues suelen ser vencidos por ciertos héroes humanos. 
En general, los gigantes han tenido un papel muy destacado como enemigos de los humanos y de sus dioses.
Ilustración de Arthur Rackham para la obra de Flora Annie Steel, Cuentos ingleses de hadas, se ha representado a un gigante ladrón, saqueando el ganado a unos pobres y atemorizados aldeanos que, aterrorizados, se ocultan o huyen despavoridos ante su malvada presencia. El episodio representado pertenece al cuento popular inglés "Jack el matagigantes "
Libro editado en 1918, en Nueva York, por Macmillan Company. 

El origen de la creencia humana en humanoides de gran tamaño, que es una creencia universal e intemporal, con bastante probabilidad, debe estar relacionado con dos tipos de hechos y circunstancias particulares, muy comunes, en diversos lugares y en tiempos históricos diferentes. 

Las del primer tipo debieron ser los múltiples descubrimientos de diversos tipos construcciones, levantadas con enormes bloques de piedra, razón por la que se les denominó modernamente megalíticas (grandes piedras), tal apariencia sobrehumana debió inducir a creer que debían haber sido talladas y levantadas por gigantes, razón por la que se les denominó ciclópeas ( de cíclope).

Las del segundo tipo, debieron ser los hallazgos, casuales o intencionados, de restos óseos de muy grandes dimensiones que indujeron a creer que debieran pertenecer a seres gigantescos de tamaño sobrehumano.

Como los hallazgos de este tipo de construcciones pétreas y de restos óseos de grandes dimensiones se produjeron, a lo largo de todos los tiempos, antiguos, y en todos los continentes, no es extraño, que la mentalidad humana, primitiva o precientífica, creara unos personajes en consonancia con sus creencias y sus observaciones. 
La mitología y el folklore de casi todas las culturas, de casi todos los continentes del mundo, y de todas las épocas históricas, ha recogido y conservado muchas de aquellas primitivas concepciones sobrenaturalistas, imaginadas por personas supersticiosas para dar respuesta a preguntas inquietantes y osamentas misteriosas. Las explicaciones míticas o legendarias aparecieron de forma "natural" al intentar encontrar una explicación satisfactoria para imaginar quiénes habían podido levantar aquellas construcciones con grandísimos bloques y a quiénes pudieron haber pertenecido aquello enormes huesos. 

Ilustración de una fábula germánica. representando, en primer plano, un gigante constructor, cargando una gran  piedra.
Imagen: http://www.lernkiosk.ch/p41000638.html

La falta de conocimientos arquitectónicos, arqueológicos y paleontológicos, de los que carecían aquellas personas, con los que poder entender, racionalmente, aquellos hechos observados, en distintos lugares y en distintas ocasiones, condujo a la lógica asociación de ambos tipos de observaciones. Mediante la invención de una teoría explicativa, sencilla y global, que permitiera relacionar ambos fenómenos, las antiquísimas construcciones ciclópeas, de origen ignorado, y los grandes huesos de naturaleza desconocida. 

Las construcciones con grandes piedras, solían estar en lugares deshabitados y los habitantes de las zonas más próximas, ya habían inventado leyendas fabulosas al respecto, uns constructores de raza gigante o unos magos poderosos, protegían tesoros escondidos y contenían peligros imaginarios, etc. 

En otros lugares aparecían grandes o grandísimos huesos, unas veces enterrados y otras desenterrados, por ciertas fuerzas de la naturaleza, como eran terremotos y inundaciones violentas, más raramente aparecían al cavar los campos cultivados o al excavar el suelo para construir canales, fundamentar murallas o crear habitáculos subterráneos. Como en el caso anterior los habitantes del lugar inventaron leyendas explicativas protagonizadas por dioses,  y humanos gigantes, enfrentados a monstruos gigantescos.

La relación entre las construcciones con grandes bloques de piedra y las grandes osamentas, fue la solución ideal y definitiva para dar respuesta a la existencia de ambos elementos, las grandes piedras fueron manejadas por gigantes, cuyas osamentas enormes eran el testimonio de su existencia y viceversa. 
A partir de la forma y dimensiones de los huesos, encontrados en los diversos lugares, y de su mayor o menor semejanza con huesos humanos, fueron atribuidos a seres de aspecto, más o menos, humanoide, mientras los grandes huesos que no se asemejaban a los humanos, fueron atribuidos a seres terroríficos de aspecto monstruoso y cuando los huesos encontrados reunían ambas características,  fueron atribuidos a seres de aspecto antropo-zoomorfo.

Restos de una muralla ciclópea, existente en Ibros, población cercana a Baeza (Jaén), construidas con enormes bloques de piedra, por los íberos o celtíberos que habitaban el lugar, el siglo I a.d.C.. Esta muralla también tiene su leyenda de gigantes constructores.
Compárese el tamaño de las piedras, de la muralla, con el del vehículo todo-terreno que aparece al fondo del callejón. Fotografía de Ginés Villacarrillo. 
Imagen: http://ginescomo.blogspot.com.es/2005_11_01_archive.html

El hallazgo de restos óseos gigantescos, únicos residuos esqueléticos de los grandes animales terrestres y marinos que habían vivido en la prehistoria y que se habían conservado, fosilizados, muy raramente, consistió en esqueletos más o menos completos y articulados. Mayoritariamente, lo que se encontraba, por lo general, fueron verdaderos revoltijos de huesos, generalmente, formados por algunos huesos largos, ya fuesen de las extremidades, anteriores o posteriores, junto con parte de los costillares y algunos huesos cortos, consistentes en trozos de columna vertebral o grupos de vértebras sueltas, a veces, se encontraron algunos dientes dispersos y muy raramente, fragmentos de cráneos y trozos de mandíbula. Todo ese "rompecabezas" anatómico, en la antigüedad, resultaba imposible de ensamblar y por tanto de interpretar, lucidamente, es decir con racionalidad.
 
Dibujo moderno realizado a partir de una escultura griega, en relieve, esculpida en el muro de una construcción, en ruinas. Representando a Zeus, dios olímpico. luchando contra los gigantes, obsérvese que en dos de ellos todo su cuerpo es humano, y un tercero tiene piernas serpentiformes
Imagen: http://mythologica.fr/grec/geant.htm

Hasta finales del siglo XVIII o principios del XIX, según el nivel de avance de la cultura de las gentes más sabias que habitaban el lugar del hallazgo, resultaba imposible, conseguir identificar, correctamente, los restos esqueléticos hallados, pues en casi todas las ocasiones que alguien se lo propuso, no disponía de suficientes conocimientos anatómicos e históricos para lograrlo. 

Para dificultar aún más la interpretación,, generalmente, se trataba de restos esqueléticos incompletos y fragmentados que pertenecían a animales prehistóricos, pertenecientes a género y especies que estaban extinguidas desde hacía muchos miles de años o, incluso, algunos millones. Esas circunstancias tan particulares determinaron que cualquier hueso encontrado, resultase desconocido y, además, totalmente incomparable con los huesos de cualquier género de animal, contemporáneo, que pudiese ser conocido época.
En la antigüedad, las "reliquias óseas" halladas,  nunca resultaban fácilmente clasificables y, muy difícilmente identificables, por lo que poderlas atribuir, con más o menos certeza, a algún género o alguna especie animal, de entre aquellas que eran conocidas en ese momento histórico, que no eran muchas, pues se viajaba a lugares no muy lejanos y muchos continentes estaban por explorar y alguno por descubrir.

Vista cenital de un yacimiento paleontológico, mostrando un revoltijo de huesos de un proboscidio prehistórico. Como éste, podría haber sido el verdadero aspecto de lo que antiguamente se creyó que era el "esqueleto, desordenado, de un gigante", dentro de su "sepulcro". Pero, en realidad, los amasijo de huesos de este tipo procedentes de diversos tipos de proboscidios fósiles, tales como mastodontesmamuts, dinoterios y elefantes “normales” y elefantes “enanos”, fueron los que más contribuyeron a generar multitud de mitos y leyendas, sobre huesos de gigantes y sepulturas de gigantes, en el folklore europeo más antiguo.

Imagen: http://img253.imageshack.us/img253/2606/skeletonyb3.jpg
 
Tales condiciones, ambientales y culturales tan, extremadamente, restrictivas hicieron que casi nadie, ni siquiera los cirujanos y médicos de la antigüedad, que podían tener unos conocimientos anatómicos humanos, más o menos, buenos, pero que eran poco expertos en anatomía esquelética zoológica y, menos aún, en anatomía comparada pudieran intuir quienes eran sus verdaderos poseedores. Por ese motivo, en las diversas ocasiones en que tuvieron que certificar la naturaleza animal, sobrehumana o monstruosa de unos grandes huesos, hallados casualmente, tuvieron que basarse en la mucha o poca semejanza de los huesos hallados, con los huesos humanos y que acabaran los atribuyéndolos, sin mucho acierto, a restos óseos de auténticos gigantes de la antigüedad.