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martes, noviembre 28

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (21)

 por Heraclio ASTUDILLO POMBO. Dep. MACS, UdL.

Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con diversos santos y santas (11)

Fósiles relacionados con santa Lucía de Siracusa, en Navarra   

Introducción

Prosigue el tema dedicado a aquellos tipos de fósiles que la fantasía popular, por diversas razones subjetivas, ha vinculado con santa Lucía de Siracusa. En esta ocasión se trata de equínidos fósiles y de las interpretaciones, creencias y usos que antaño se les dio en una zona de Navarra.

Las “piedras de santa Lucía” del Valle de Allín (Navarra).
Antiguamente, en las localidades de Aramendia, Galdeano y Muneta, situadas en el Valle de Allín, en la comarca de Tierra Estella, los fósiles de los erizos de mar de la especie Micraster coranginum, muy abundantes en esa zona, donde eran conocidos con el nombre popular de “piedras de santa Lucía” y también como “Santa Lutziaren arriak”.

Aspecto del retablo "Santa Lucia e storie della sua vita", dedicado a santa Lucía de Siracusa, obra del artista Quirizio da Murano, pintor italiano del Renacimiento temprano, activo en Venecia entre 1460 y 1478. El retablo está expuesto en la Pinacoteca de la Accademia dei Concordi, en Rovigo (Italia). La imagen central muestra a la santa ricamente ataviada y con los atributos del martirio en sus manos. A derecha e izquierda, diversos episodios de su vida y su nartirio.
Imagen: Wikipedia

En la mitología vasca, Ortzi o Ostri, en vascuence, es el dios del cielo; el lugar donde se encuentra el sol, la luna y las estrellas, se forma la lluvia, el granizo, la nieve, el viento, el relámpago, el trueno, el rayo, el arco iris, etc.. Una variante de esta palabra, que aparece en el diccionario de Aymeric Picaud, se utilizaba para nombrar a dios en el siglo XII: Urtzi.

Antiguamente, en algunas zonas del País Vasco, al rayo se le había llamado “ortzi” literalmente: “luz o resplandor del (Señor del) cielo”, y también “luz del (Señor del) trueno”, residuo lingüístico de épocas históricas muy antiguas. Tales denominaciones incluyen la presencia de un prefijo que hacía referencia a una antigua divinidad pagana, venerada y temida en la época precristiana, denominada: "In", "Urtz", "Ortz" u "Ost". Tales nombres fueron usados por los "vascones" para nombrar al "Señor del cielo". Era el supuesto causante de la luminosidad del sol y de la luna, del fulgor del rayo (relámpgo) y del estruendo subsiguiente (trueno), era la divinidad dispensadora de los diversos fenómenos celestes y meteorológicos asociados a la luz y a las tormentas. 

Este hecho lingüistico pone de manifiesto que en la antigüedad existía una vinculación de causalidad entre la aparición de los fenómenos meteorológicos y la acción de una antigua, poderosa y temible divinidad celeste, causante de de la luz diurna, productor de lluvias, tempestades, granizo, rayos, relámpagos y truenos. Posiblemente, esta antigua deidad pagana, tras la cristianización de toda esta región debió acabar siendo asimilada, degradada y neutralizada, al ser transformada en un genio o espíritu meteorológico denominado "Aidegaxto", "Aide-Gaixto" u "Odei". Un personaje  maléfico y peligroso de la mitología vasca, puesto que se suponía que era el que lanzaba los rayos, producía el granizo y las lluvias torrenciales, soplaba los vientos huracanados, etc. motivos por los que fue relacionado con otros seres maléficos como el Diablo y las brujas. 

Con la instauración del cristianismo en la mayor parte del territorio y con el predominio social, el vacío dejado por la antigua divinidad pagana patrona de los fenómenos celestes y meteorológicos, fue llenado por santa Lucía de Siracusa, la santa cristiana que era la nueva patrona protectora de la luz del día, del brillo del sol y de la visión de personas y animales. Se trataba de un personaje femenino mítico, introducido en los territorios cristianizados por los clérigos de la Iglesia católica.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral visible en este ejemplar de Micraster coranginum, por este motivo la mentalidad popular habría identificado el fósil como una clase de 'piedra bendita', pues estaba marcada con el signo de la cruz, el signo Cristo.

En esta zona navarra ciertos tipos de "piedras" denominadas popularmente “piedras de santa Lucía” fueron usadas como objetos protectores contra la caída de rayos sobre edificaciones y personas. Con tal finalidad fueron colocadas sobre los tejados o los alféizares de las ventanas como defensa contra el impacto de rayos y centellas. Así mismo, las personas que tenían que permanecer a la intemperie mucho tiempo, por su oficio, las transportaban sobre su persona, para evitar morir fulminados. Este uso tan particular nos indica que los erizos fósiles habrían sido identificados con las llamadas "piedras del rayo", es decir, un tipo de piedras caídas del cielo, que descendían desde las nubes de tormenta, a gran velocidad y con gran fuerza, que bajaban acompañando al rayo en su caída.
En las zonas rurales, h
asta mediados del siglo XX, esta clase de piedras protectoras se usaron para defender viviendas, graneros, pajares, establos, cabañas de pastor, personas itinerantes, etc. contra el impacto del rayo y contra los estragos típicos causados, en vidas y bienes, por el denominado "fuego del cielo".

Fotografía tomada a principios del siglo XX, en una localidad del Reino Unido, en la que se pueden ver 10 ejemplares de erizos fósiles de la especie Echinocorys scutatus, alineados en el estrecho alfeizar de una ventana inglesa. Considerados como "piedras de la buena suerte" eran denominadas popularmente "lucky stones". Tal exposición se hacía con la finalidad de alejar de aquella vivienda, la "mala suerte" en general y la caída de rayos, en particular. Por medio de esta exposición de numerosas "piedras de rayo" se creía que se evitaba que algún rayo pudiera alcanzar esa casa, pues su presencia la protegía mágicamente.
Imagen: Herbert Toms, 1928.


Como esta santa cristiana, además, también estaba vinculada con la protección del brillo de la luz solar, por lo tanto también protegía el calor del astro rey, tan necesario para la salud como para la economía humana. Esta era la razón por la que, primitivamente su festividad religiosa se celebraba muy cerca del 21 de diciembre, momento del solsticio invernal, el día que marca un punto de inflexión en el ciclo anual del sol. Como en la antigüedad, ese momento se consideraba muy crítico y peligroso, pues se creía en la lucha permanente entre las fuerzas del mal, aliadas de la oscuridad y de la muerte contra las fuerzas del bien, aliadas de la luz y de la vida. Antiguamente, con el acortamiento progresivo del periodo luminoso diario y el enfriamiento del clima, se creía que en esa época del año las fuerzas del bien parecían estar perdiendo su enfrentamiento, corriendo grave peligro de colapso, ante el empuje victorioso de las fuerzas contrarias, el frío y la oscuridad.

La supuesta misión protectora de la santa consistía en ayudar al sol durante este periodo crítico en que parecía flojear, protegiendo la luz y el calor del sol, y por tanto colaborar en la protección de la vida, la productividad de los campos y la fertilidad de los rebaños. En esa época del año era evidente que los días se iban acortando y las noches se iban alargando y el frío se iba haciendo cada vez más intenso, estos hechos que parecían indicar que las fuerzas del mal le estaban ganando a las fuerzas del bien.

Se desconoce si las denominadas “piedras de santa Lucía” navarras, del valle de Allin, además de su función defensiva contra el impacto del rayo o el golpe del relámpago, tuvieron algún otro uso popular supersticioso, de tipo mágico-religioso, quizás relacionado con la prevención o el tratamiento de las deficiencias visuales.

En
 esta zona geográfica navarra, como en otros lugares ya comentados en ocasiones anteriores, además de los ejemplares de la especie Micraster coranginum que son la especie predominante, también se pueden encontrar con mucha menor abundancia otros tipos de equinoideos fósiles, como son Micraster brevis y Echinocorys vulgaris que a pesra de que resultan mucho menos frecuentes, también son visibles. A los ejemplares de esas otras especies también se les aplicaba el mismo nombre popular y por tanto se les atribuyó el mismo tipo de vinculación sagrada y en consecuencia la misma propiedad mágico-religiosa, la de ser objetos que repelían el rayo o que alejaban el lugar de su caída y los mismos usos como amuletos antifulminantes, por creer que se trataba de las supuestas "piedras de rayo".


Fuentes

- Anguita Jaén, José Mª (1999). BASCLI ET NA VARRI: LOS VASCOS DEL S. XII SEGÚN EL LIBER SANCTI IACOBI (Codex Calíxtinus), VELEIA, 16, 303-327, 1999 
https://ojs.ehu.eus/index.php/Veleia/article/download/24707/22079/98795
- Barandiaran, José M. (1996). Mitologia Vasca. Txertoa Ed.
- Barandiaran, José M. (1996). Ortzi,Urtzi, Ostri, Ostiri. Aunamendi Eusko Entziclopedia https://aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/eu/ortzi/ar-112424/.
- Leizaola Calvo, Fermín (1991). Fósiles utilizados como protectores y otras creencias en torno a ellos. Zainak, 8. Cuadernos de Antropología-Etnografía, p. 59-66.
- Leizaola Calvo, Fermín (1999). Símbolos mágico-religiosos en el mundo rural de Euskal Herria. Zainak. 18,  Cuadernos de Antropología-Etnografía, p. 195-217

jueves, julio 22

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (13)

Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Universitat de Lleida


Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con determinados santos y santas (3)


Las "piedras de san Esteban", en Salvatierra/Agurain (Álava) 


Introducción

En la entrada de hoy se va a tratar sobre dos tipos de piedras relacionadas con el mismo santo, san Esteban Mártir. Las denominadas "piedras de san Esteban" de Salvatierra, en Álava (País Vasco, España), y
las denominadas "piedras de san Esteban" de Tarascón, Provenza-Alpes-Costa Azul (Francia). Aunque en este blog solamente se trata sobre fósiles ibéricos, hoy se ha hecho una excepción al incluir un fósil francés. Ello se debe a cuatro coincidencias, pues en ambos casos:
- Se trataba de equínidos fósiles de forma acorazonada, ambos del Cretácico. 
- Se les denominaba de la misma manera, tanto en España como en Francia
- Se les creía directamente relacionadas con el martirio y causantes de la muerte del mismo personaje, san Esteban Mártir
- En la actualidad, tanto en España como en Francia, se sabe muy poca cosa sobre el folclore relacionado con ellas.


Las "piedras de san Esteban" españolas

Todo lo que se ha podido averiguar sobre esta clase de "piedras", consideradas en siglos pasados  de formación portentosa y cualidades prodigiosas, es muy escaso y bastante antiguo. La escasísima información que trata sobre ellas, procede del primer tercio del siglo XX, no habiéndose hallado nada más.

Según publicó Federico Baraibar, en sendas publicaciones de 1903 y 1908, dedicadas a tratar sobre el léxico naturalista alavés no recogido en el diccionario de la lengua castellana de su época, la causa por la que los habitantes de Salvatierra (Álava) utilizaban la curiosa denominación de "piedras de san Esteban" para denominar a cierto tipo de fósiles de erizos marinos se basaba en la existencia de una antigua creencia legendaria local. Los habitantes de esa localidad alavesa, suponían que la lapidación de San Esteban mártir había sido ejecutada por los judíos, utilizando esa clase de piedras como proyectiles.
Tales "piedras" supuestamente martiriales, consistían en ejemplares de equínidos fósiles del género Micraster, que los lugareños hallaban en los campos y laderas de aquella localidad alavesa. Mayoritariamente se trataría de ejemplares de las especies M. brevis y M. cor anginum, por ser los más frecuentes y abundantes en esa zona geográfica.

"Piedra de San Esteban [Salvatierra] s. f. Erizo fósil. Micraster brevis; M. cor anguinum Klein. Supone el vulgo que la lapidación de San Esteban se verificó con esta clase de piedras." (1903)

"Piedra de San Esteban—Erizo fósil— (Micraster cor anguinum Klein)" (1908)


Representación gráfica, moderna, de la ejecución de san Esteban, considerado un hereje por el judaísmo oficial de su tiempo (s. I), por medio del apedreamiento colectivo o lapidación. En tiempos bíblicos, entre los judíos, esta forma bárbara de ejecución era una costumbre aceptada socialmente. La víctima arrodillada en el suelo, aparece rodeada y a merced de sus fanáticos y sanguinarios ejecutores.
Imagen: FESTIVITA’ DI S.STEFANO

Algo muy semejante a lo mencionado por Baraibar, y posiblemente procedente de esa fuente, escribía el geólogo y paleontólogo Mariano Faura Sans, en 1921, en la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana Espasa

"Piedra de San EstebanNombre popular dado en Álava a ciertas piedras de forma ovoide, muy lisas y con una figura como de cruz en la parte superior que es la más convexa. En realidad se trata de fósiles de erizos de mar (equínidos) del género Micraster coranginumEl nombre popular deriva de que se creía que este tipo de piedras eran las que habían usado los judíos para lapidar al santo mártir."


Fantasía, credulidad y necesidad de protección

La interpretación popular de las características particulares de este tipo de equínidos fósiles que realizaban los habitantes
de Salvatierra, se basaba en una suposición legendaria, totalmente imaginaria y sin ningún fundamento geográfico ni histórico. Su formación se atribuía a que habían sufrido una transformación milagrosa, por el hecho de estar implicadas en el martirio y la muerte de san Esteban Mártir. Tan disparatada creencia popular, desde una perspectiva racionalista y un enfoque naturalista, resultaba que para nuestros ancestros era reforzada por el hecho de que esta clase de "piedras" atípicas, reunían una serie de características morfológicas que las hacía muy especiales e inusuales. Tenían la forma de un corazón y según el simbolismo iconográfico que se le atribuía a ese órgano humano, representaban el "amor místico" y haber sufrido el martirio mortal por defender la religión de Cristo, sería una gran demostración de amor a Dios y a su religión cristiana. 
Además, esta clase de "piedras" atípicas, en el lado convexo o superior, presentaban una marca central en forma de cruz (en realidad es de estrella de cinco brazos, pero uno es muy corto y no lo tenían en cuenta), que es el símbolo de Cristo, de su amor a la humanidad y de la religión cristiana.
Antiguamente, se habrían considerado ambas características, la forma cordiforme y la marca cruciforme, como exclusivas de este tipo de fósiles, y supuestamente como dos "señales divinas", cuya finalidad, se presuponía, era para que pudieran ser identificadas por los cristianos, como un tipo de piedras "muy especiales", puesto que habían sido "modeladas" y "marcadas" por la voluntad de Dios. Tales características servían para poner en evidencia su naturaleza sagrada, su origen sobrenatural y sus virtudes extraordinarias... y también para ayudar a los cristianos a que recordasen un episodio memorable y ejemplar de la Historia Sagrada cristiana: el martirio y muerte de Esteban por no querer renunciar a sus creencias religiosas cristianas.

Aspecto claramente acorazonado, típico de la especie, que muestra un ejemplar de Micraster coranginum,  del 
Cretácico superior. Además en esta imagen, debido a la iluminación, se aprecia muy bien la marca en forma de cruz que muchas personas creen ver en cuatro de los cinco surcos ambulacrales. Ambas características, forma acorazonada y marca cruciforme, son típicas de esta especie y han dado origen de muchas interpretaciones legendarias, creencias y usos populares en ciertas localidades de Álava, Guipúzcoa y Navarra.
Imagen: Hontza museo


Un topónimo interesante

Sabemos de la existencia de una antigua ermita consagrada al culto de San Esteban, en el término de Salvatierra/Agurain que fue conocida con el nombre de san Esteban de Paternina y que se mantuvo en pie hasta finales del siglo XVIII. Anteriormente había sido la iglesia parroquial de la antigua aldea de Paternina, pequeña localidad que había quedado despoblada en el siglo XVI.
Desconocemos si las llamadas "piedras de San Esteban" de Salvatierra/Agurain, pudieron  proceder del entorno  de la antigua ermita de san Esteban de Paternina, pudiendo haber adquirido su "envoltura cultural" al ser asimiladas por la mentalidad popular de siglos atrás y debido a su relativa proximidad al santuario consagrado al culto de San Esteban Mártir.


Demasiada oscuridad

En el caso de los erizos marinos fósiles del territorio de Salvatierra/Agurain, hasta el momento presente, tampoco ha podido llegar a conocerse si aquellos fósiles de Micraster que eran encontrados en los terrenos de la localidad alavesa y se vinculaban con el santo mártir, llegaron a ejercer algún tipo de influencia cultural en las costumbres populares, a parte de las léxicas y legendarias ya citadas. Nos referimos a influencias culturales de tipo mágico o supersticioso que hubieran podido favorecer la aparición de alguna otra creencia irracional, relacionada con algunas supuestas propiedades extraordinarias, aprovechables en beneficio individual o colectivo, que hubiera podido inspirar algún tipo de uso protector supersticioso (amuleto, remedio curativo). Todo ello inducido por el hecho de tratarse de una clase de piedras muy especiales, de formación prodigiosa, milagrosa en este caso particular, al estar relacionadas con el santuario dedicado a la advocación de san Esteban Mártir y también con la causa directa de su martirio y muerte. 


Un caso muy semejante en la Provenza francesa 

Resulta curioso que, antiguamente, en cierto territorio del sur de Francia, concretamente en una localidad de la Provenza, también se había relacionado una cierta clase de "piedras marcadas", pertenecientes a esta misma categoría zoológica (equínidos), con el martirio y muerte de san Esteban. Concretamente como las piedras usadas como proyectiles por los judíos para martirizar y dar muerte al santo, por el sistema de apedreamiento colectivo denominado ejecución por lapidación.  

Además, según escribió Frédéric Mistral, en su obra autobiográfica "MES ORIGINES. Mémoires et récits", publicada en 1906, cuando él era un muchacho adolescente, en la localidad de Tarascon, se denominaba a los erizos fósiles "pèiro de sant Estève", en provenzal, o "pierres de saint Étienne", en francés, es decir "piedras de san Esteban". Además cuenta que él y los muchachos internos en la abadía de saint Michel de Frigolet, reconvertida en internado, en sus ratos de ocio, buscaban y recogían aquellas piedras curiosas en los barrancos existentes en las faldas de "la Motatgnetta", por los alrededores de la antigua abadía de saint Michel de Frigolet. 
Iniciada la investigación geológica, estratigráfica y paleofaunística pertinentes, por quien escribe este trabajo, pudo llegar a saberse que muy probablemente se trataría de ejemplares de erizos fósiles del género Toxaster y más exactamente de ejemplares de las especies T. amplus y T. retusus, del Cretácico inferior.

Aspecto relativamente acorazonado, típico de la especie, que muestra un ejemplar de Toxaster retusus, del Cretácico inferior.
Este sería el aspecto que tendrían las denominadas "pierres de saint Étienne", en francés, o "pèiros de sant Estève", en provenzal.
Imagen:
NHM London

De momento, se desconoce si aquellos ejemplares de erizos marinos fósiles que, a mediados del siglo XIX, eran recogidos por los muchachos, luego les dieron algún uso particular, o si la diversión consistía en encontrarlos, reunirlos, competir en número, perfección o tamaño e intercambiarlos. También se desconoce si los adultos de la localidad, contemporáneos o sus ancestros de siglos anteriores, les habían atribuido alguna clase de virtudes maravillosas y, en consecuencia, les dieron usos supersticiosos específicos.

También se desconoce si una misma forma de denominación vulgar, para identificar dos tipo distintos de "piedras figuradas" de aspecto semejantecomunes en ambas zonas, surgió de manera casual e independiente. Siendo la vinculación con san Esteban Mártir una pura y simple coincidencia, o si el nombre aplicado a aquellas dos clases de "piedras" se originó en una de las dos localidades y fue trasladado hasta la otra, por población trashumante (pastores, arrieros), emigrantes temporales o clérigos. Es decir, si tal asociación y denominación era originaria de España o si procedía de Francia.


Patronazgos atribuidos a san Esteban mártir

Según la tradición de la Iglesia católica y la religiosidad popular, San Esteban es patrono de la ciudad de Roma, y de la población alavesa de Narvaja, lugar donde sus habitantes paganos, según cuenta la leyenda popular, hartos de sus sermones recriminatorios o propagandísticos expulsaron a pedradas a san Elías, tirándole, precisamente unas estrañas piedras que acabarían por recibir el nombre de "piedras de san Elías", que no eran otra cosa que ejemplares de Micraster fósiles (Si se desconoce el caso o flojea la memoria, es recomendable ver la entrada dedicada a estas piedras). 
En relación a los oficios, San Esteban es protector de los caballos y de los mozos de cuadra, de los cocheros de coches de caballos, de los canteros, de los albañiles, de los carpinteros,  de los tejedores, de los sastres y de los  toneleros. 
En relación a la salud humana, San Esteban es protector contra la obsesión, las formación interna de piedras o cálculos, la aparición de la pleuresía y los dolores de cabeza. También es abogado intercesor para pedirle una buena muerte. Su fiesta se celebra el 26 de diciembre.

Siempre que veo esta pintura renacentista de San Esteban Mártir (1476), obra del pintor italiano Carlo Crivelli (1435-1495), artista del Quattrocento, observo con atención las formas y las sombras de las tres piedras de apariencia ingrávida, esperando encontrar algún detalle que me permita afirmar que el pintor se inspiró o tomó como modelos a tres equínidos fósiles.
Imagen: Wikipedia

Se desconoce si este tipo de equínidos fósiles, debido a su vinculación con el martirio y muerte de san Esteban fueron utilizados antiguamente como amuletos protectores u objetos defensivos de tipo milagroso por los habitantes de Salvatierra /Agurain (Álava) o por los de Tarascon (Provenza). Pues en otros lugares, fósiles con un origen equivalente, fueron utilizados para defenderse contra las amenazas personales latentes en el entorno. Se les suponía objetos milagrosos capaces de anular los efectos perjudiciales que amenazaban a la integridad física y/o la salud personal o la conservación de sus bienes materiales y de las posesiones que constituían su medio de vida.


Justificando un origen milagroso para esta clase de piedras

Aunque no se ha podido encontrar ningún documento que contenga alguna explicación precisa, de origen popular, para la formación de las "piedras de San Esteban" españolas o para las "pierres de saint Étienne" francesas, antes mencionadas, conocemos algunos otros casos que, sl menos hipotéticamente, podrían llenar este vacío. 
Sabemos que en algunas leyendas tradicionales españolas, se atribuía la forma tan extraña como característica que presentaban ciertas clases de "piedras", relacionadas con determinados personajes del santoral católico, por la influencia milagrosa, con efecto transformador instantáneo. 
Se decía que la transformación de la piedra común en piedra especial, había sido causado por la poderosa influencia milagrosa que ejercía el cuerpo del santo, en si mismo y en su alrededor. La total transformación, instantánea y milagrosa, de las piedras vulgares lanzadas por sus enemigos, en otras de piedras de curioso aspecto (fósiles), se justificaba en unos casos por el "contacto directo" de aquellas piedras, inicialmente vulgares, con el cuerpo del personaje sagrado y en otros casos, por haber pasado a escasa distancia del mismo. Finalmente, en otras ocasiones, la transformación se justificaba por haber permanecido, durante un cierto tiempo, en su inmediata proximidad. 
Por medio de alguna de las tres "sencillas" y muy creíbles maneras, antes mencionadas, antiguamente, se explicaba cómo unas piedras originalmente vulgares y de aspecto común, se habían podido transformar en unas piedras con unas formas tan extrañas, como características. 
Además tales "piedras especiales" solían ir acompañadas de ciertas marcas, estampadas o esculpidas sobre su superficie que también eran interpretadas en clave mítica, atribuyéndoles un origen sobrenatural, siendo consideradas como auténticas señales divinas. 
Tal conjunto de características morfológicas típicas de aquella clase de "piedras especiales" y de naturaleza extraordinarias, parecía "certificar", claramente, un supuesto "origen "prodigioso-milagroso" para aquella clase de piedras. En España, en esta clase de piedras portentosas, predominan los equinodermos fósiles, ya se trate de equinoideos o de crinoideos.


Una última sorpresa

Federico Baraibar Zumárraga, en las dos obras antes mencionadas, recoge la existencia de un nombre sinónimo para las "piedras de san Esteban" que también se utilizaba en Salvatierra y su comarca: "matacristos".

Matacristos [Salvatierra] s. m. Erizo fósil. Micraster brevis, M. cor anginum. Dicen las gentes del campo que con esta clase de piedras hirieron los judíos a Jesús. De ahí el nombre. En la misma comarca "piedra de San Esteban" por igual creencia (1903), (p. 168)

Matacristos — Erizo fósil — (Micraster cor anguinum Klein).  Los campesinos dicen que con esta clase de piedras hirieron los judíos á Jesús. Por parecida leyenda llaman también á estos fósiles "piedras de San Esteban" ó "piedras de Santa Catalina". (1908) (p. 284)


Fuentes

- Anónimo. Base de données de la collection d'échinodermes fossiles du Muséum. Muséum national d'Histoire naturelle. Paris. 
- Anónimo (2016). ¿Quién era San Esteban? ¿Por qué se celebra el 26 de diciembre? LAS PROVINCIAS, 26/12/2016
- Baraibar Zumárraga, Federico. 1903. Vocabulario de palabras usadas en Álava y no incluídas en el diccionario de la Real Academia Española (decimotercia edición) o que lo están en otras acepciones o como anticuadas. Madrid. Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés (Sucesor de P. Núñez) Plaza de San Javier, núm. 6. (p. 203) 
- Baráibar Zumárraga, Federico. 1908. Nombres vulgares de animales y de plantas usados en Álava y no incluidos en el «Diccionario de la Real Academia Española»   (Décimatercia edición). Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural», Junio de 1908. Madrid, Fortanet. 1908 (p. 285)
Faura Sans, Mariano (1921). Piedra de San Esteban. Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-Americana Espasa, vol. 44. Espasa. Barcelona. (p. 660)
- Mistral, Frédéric (1879). "LOU TRESOR DOU FELIBRIGE" ou "DICTIONNAIRE PROVENÇAL-FRANCAIS" , T.2, (p. 522) 
- Mistral, Frédéric (1906). Moun espelido. Memòri e raconte/ Mes origines. Mémoires et récits Plon. Edición bilingüe provenzal-francés (p. 153)

jueves, junio 3

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (16)

Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Universitat de Lleida


Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con algunos santos y santas del panteón católico (4)



Las "piedras de santa Catalina" del convento de Badaya, en Trespuentes, Álava (País Vasco) (5ª y última parte)


Intentando dar respuesta a una serie de "enigmas santacatalinianos" pendientes de resolución

Propuesta de solución para el 1er. enigma: Hasta tres variedades de piedras de santa Catalina de Alejandría

Introducción

Además de las famosas piedras de santa Catalina de Badaya, de las cuales se ha tratado abundantemente, en diversas entradas anteriores, conocemos la existencia de otras dos variedades más, de esta curiosa clase de piedras legendarias relacionadas por la mentalidad popular con santa Catalina de Alejandría. Posiblemente ambas variedades proceden de algún lugar, hoy desconocido, del norte africano o de la periferia sinaítica, situado en algún punto del itinerario de las rutas de peregrinaje a Tierra Santa, que se iniciaban o finalizaban en el puerto de Alejandría. Estos lugares que antiguamente estuvieron relacionado con el aprovisionamiento de esta clase de extrañas piedras, consideradas supersticiosamente como reliquias milagrosas, a algunos de los millares de peregrinos cristianos que, procedentes del sur europeo, se desplazaban hasta algunos de los Santos Lugares de la antigua Palestina bíblica, para cumplir viejas promesas o para beneficiarse de indulgencias plenarias ofrecidas por diferentes papas de Roma.

A la izquierda, grabado realizada por el grabador francés Philip Borde que aparece en la página 264 del libro Martirologii Hispani (Tomus sextus) de Tamayo Salazar (Lión, 1659)  que acompañaba como ilustración el texto escrito por Juan Tamayo de Salazar. Se indicaba que "reproducía" el aspecto de una piedras de santa Catalina de Badaya que el autor tenía en su poder. Si se comparan las características que muestra esta representación gráfica "manipulada", con las de un ejemplar real de un erizo fósil de la especie Micraster coranginum, (imagen de la derecha) se puede ver claramente que hay una deformación tendenciosa del verdadero aspecto de un ejemplar de esta especie. Creemos que se hizo para exagerar la forma levemente acorazonada natural y, además, se aumentó el tamaño de la figura pentaestrellada que compone el sistema de surcos ambulacrales. Todo ello con la intención interesada de conseguir que la forma de la piedras se asemejase mucho a la de un corazón y que la prodigiosa figura inscrita se asemejase mucho a los 5 radios de una rueda del martirio.
Imagen 1: Martirologii Hispani . Imagen 2: Natural History Museum of London


La segunda variedad de piedras de santa Catalina  de Alejandría, descrita por Juan Tamayo de Salazar en 1659

Sabemos de su existencia por la brevísima descripción que hace de ellas el presbítero Juan Tamayo de Salazar, en un libro suyo, titulado Martirologii HispaniTomus Sextus et Ultimus (p. 264) impreso en Francia (Lion)  y publicado en 1659
Esa segunda variedad de piedras de santa Catalina, sería muy probablemente de procedencia exótica, tal como se ha comentado unas líneas más arriba, con un aspecto muy distinto al de las famosas piedras de Badaya
Este segundo tipo de piedras de santa Catalina, debían ser bastante comunes en su lugar de origen, pues según escribe Juan Tamayo de Salazar "se repartían a todos los devotos de la santa Virgen y Mártir, el día de su festividad, en la ciudad de Valencia" donde la santa tenía una iglesia dedicada a su culto desde principios del siglo XIII. 
No dice Tamayo si los devotos valencianos que las recibían en concepto de reliquias de la santa, habían depositado una limosna de cuantía mínima, previamente estipulada o si se repartían gratuitamente, a cargo de algún devoto adinerado de la santa que cumplía un voto de caridad pública, al que se había comprometido anteriormente.

Como previamente, Tamayo de Salazar ya había descrito y figurado las piedras de santa Catalina de Badaya y no dice que estas otras sean de la misma clase, parece lógico pensar que deben ser de origen, forma y aspecto muy diferente. Parecería obvio que debieron proceder de algún otro lugar que no era la sierra de Badaya, en el que serían adquiridas o recolectadas por alguna personas de toda confianza, encargada de tal misión con la finalidad de ser luego llevadas hasta la ciudad de Valencia, para ser repartidas a los devotos durante los actos religiosos de la festividad de la santa

Este segundo tipo de piedras de santa Catalina fueron mencionadas y descritas en la sección de “Cosas notables contenidas en el santoral del mes de noviembre”, en la subsección dedicada a "santa Catalina Virgen y Mártir". En donde se decía que aquel tipo particular de piedras de santa Catalina eran repartidas entre todos los devotos de la santa, por que las consideraban como verdaderas reliquias de la santa, en el transcurso de las ceremonias religiosas organizadas el día de su festividad, en la iglesia consagrada a su culto, en la ciudad de Valencia. 

Representación de santa Catalina de Alejandría, sujetando la rueda de cuchillas del martirio en su mano derecha. Detalle del retablo dedicado a santa Catalina y san Eloy, de autor desconocido, procedente de la antigua iglesia parroquial de Castellbò (Alt Urgell). Pintura de estilo medieval gótico, realizada en temple sobre tabla, de final del siglo XIV a principio del XV: hacia 1400.  Actualmente expuesta en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona.
Imagen: MNAC 

Tamayo de Salazar dice de ellas que eran como una representación de la rueda del martirio de santa CatalinaDe la interpretación del significado de la frase anterior, se podría llegar a pensar que tales piedras también podrían ser algún tipo de erizo marino fósil, diferentes de los ejemplares del género Micraster típicos de Badaya. 
Según nuestra hipótesis, esta otra clase de erizos fósiles repartidos en la ciudad de Valencia, deberían reunir una serie de características morfológicas particulares, para que el conjunto de su aspecto pudiera asemejarse suficientemente a una rueda cubierta de clavos punzantes. Deberían tener un caparazón de contorno circular y bastante aplastado, con la parte superior e inferior aplanada y dotados con grandes mamelones agudosPodrían ser varios los géneros y bastantes las especies de erizos marinos fósiles que cumplirían los requisitos morfológicos mínimos de semejanza formal.

Diferentes aspectos externos (1a, 1b, 1c, 1d), de una especie de erizo marino fósil del género Phymosoma. Fotografiado en vista superior, inferior y lateral
En nuestra opinión, esta especie podría ser una de las varias especies que cumplirían los requisitos mínimos necesarios para poder ser interpretadas, supersticiosamente, como una representación natural, pero maravillosa, de la rueda del martirio de santa Catalina de Alejandría, con sus numerosas cuchillas o clavos lacerantes.
Imagen: Al-Qot, G. & Abdulsamad, E. 2016 

Juan Tamayo, no aporta ningún detalles sobre las características de la clase de piedras de santa Catalina, repartidas en la iglesia de Valencia, quizás porque nunca las había visto y hablaba de ellas, solamente  de oídas, debido a lo cual  no conocería ni su aspecto ni su tamaño. Tampoco indica la procedencia geográfica de aquellas piedras, tal vez por que le era totalmente desconocida. 

Siendo, en aquella época, Valencia una gran ciudad mediterránea, con un puerto de mar importante y con un activo flujo de mercancías y de viajeros, hacia Alejandría y El Cairo,   entre otros lugares del norte de África. Sabemos que algunos de aquellos pasajeros viajaban para comerciar con Egipto y volver cargados de productos exóticos, mientras que otros lo hacían para peregrinar hacia Tierra Santa, pasando por el Monasterio de santa Catalina del monte Sinaí. 
Sabemos que en el Noreste de África y en la Península del Sinaí existen bastantes yacimientos paleontológicos, de edades jurásica, cretácica y paleocena, capaces de proporcionar en abundancia, el tipo de erizos fósiles con la forma apropiada para ser considerados "prodigiosas representaciones de la rueda de santa Catalina"
Dos lugares eran los candidatos a ser el lugar ideal de procedencia de aquellas piedras: Alejandría por ser la ciudad donde padeció el martirio y el monte Sinaí por ser el lugar donde los ángeles depositaron el cuerpo de la santa mártir y donde se le levantó un monasterio y santuario.
No sería nada extraño que aquellos erizos fósiles que se repartían en Valencia en memoria y honor de santa Catalina, a mediados del siglo XVII, pudieran proceder de algún lugar de los dos territorios antes mencionados... o de cualquier otro. 


La tercera variedad de piedras de santa Catalina de Alejandría, la descrita por el Infante D. Juan de Aragón en 1373

Recordemos que aún tenemos referencias ibéricas a una tercera variedad de piedras de santa Catalina que fue descritas muy brevemente, por el Infante D. Juan de Aragón, el futuro rey Juan I de Aragón, refiriéndose a ellas como una clase de piedras de santa Catalina, portadoras de flores. Esta referencia aparece recogida en el texto de una carta suya, fechada en el año 1373, dirigida al súbdito Bernat de sa Cot que se dirigía en peregrinación a Tierra Santa, partiendo desde Valencia y desembarcando en Alejandría, en donde debía comenzar su arriesgado periplo de peregrino hacia los Santos Lugares de la Palestina bíblica, después de haber atravesado el Mar Rojo y cruzado la Península del Sinaí, después de haber pasado por el importante monasterio sinaítico de santa Catalina. 
La procedencia geográfica de esta clase de piedras y su aspecto, hoy, ambas desconocidas, podría atribuirse a algún yacimiento situado en territorio egipcio, africano o sinaítico, cercano a las rutas de peregrinación a Tierra Santa más habituales.
En nuestra opinión, puramente intuitiva y totalmente especulativa, tal vez, podría tratarse de fósiles de erizos marinos de tipo clipeastérido, característicos del Mioceno

Aspecto de tres ejemplares de erizos marinos del género Clypeaster, procedentes de la localidad de Cessaniti (Calabria). A la izquierda representación en vista aboral o dorsal y a la derecha representación en vista oral o ventral. Los ejemplares 1 y 2 corresponden a la especie C. reidii y el nº 3 a C. scillae. Puede verse claramente que todos los ejemplares, en su zona dorsal, muestran un relieve en forma de "flor de cinco pétalos". Tal vez por este motivo, en la Edad Media, los devotos europeos de santa Catalina, se referían a ellos como "piedras de santa Catalina con flores"
Fotografía original de Franco Russo


Propuesta de solución para el 2º enigma: Ni rastro de referencias a la ubicación de la ermita primitiva ni de sus restos arquitectónicos 

Aunque algún autor "moderno" (siglo XVII) dice que, algunos años antes de que él lo  escribiera, se había levantado una pequeña ermita conmemorativa junto al huerto monacal, para celebrar el hallazgo casual de la imagen de santa Catalina, en aquel mismo lugar, por un cazador que le disparó un escopetazo al confundirla con una paloma, ninguno de los autores antiguos hace ninguna referencia a que la imagen de la santa que presidía la iglesia, primitivamente, hubiese sido hallada de manera semejante.
La historia legendaria del hallazgo de la imagen de la santa, semioculta encima de una rama de la copa de una encina, parece ser una leyenda de nueva creación, muy posterior al inicio de la devoción popular a la santa, en aquel lugar de la sierra de Badaya, pues es de suponer que alguna imagen suya debería presidir la primitiva ermita "castrense", acondicionada en el patio de armas de la casa fortificada de los señores de Iruña, hacia finales del siglo XIII o principios del siglo XIV.

La hipotética suposición personal de que la primitiva ermita de santa Catalina pudiera haber estado integrada en la arquitectura del primitivo complejo militar, formado por la torre de vigilancia y la casa fuerte de defensa, se basa en tres hechos históricos, debidamente reforzados por los correspondientes indicios. 
El primero, es que como los templos e imágenes religiosos, más sagrados para los cristianos, eran un objetivo de destrucción para los musulmanes más fanáticos, por lo tanto, la mejor manera de proteger un santuario y su contenido sagrado, era construirlo en el interior de un recinto fortificado. Condición que cumplía perfectamente el reaprovechamiento religioso del antiguo patio de armas de la casa fortificada, reconvertido en ermita.
El segundo hecho que permite plantear la misma suposición de un santuario integrado en el edificio militar, es que los arqueólogos y arquitectos modernos, que recientemente han estado buscando sus ruinas o marcas de cimentación, por todo el terreno de los alrededores de las ruinas del conjunto conventual agustiniano, usando los medios técnicos más sofisticados de hoy día, como son los georadares, no han podido hallar ni un solo indicio de su existencia, al memos como una construcción individual o independiente del conjunto monástico.
El tercer hecho, es el hallazgo de algunos enterramientos a bastante profundidad, en el subsuelo de la zona del coro, lo que ha hecho pensar a algún arqueólogo que la primera iglesia se construyó ampliando la ermita primitiva sobre el cementerio anejo... y justamente la zona del coro se corresponde con la ubicación de la primitiva casa-torre fortificada  


Esquema histórico-arquitectónico de las ruinas del complejo monacal de santa Catalina de Badaya. Los diferentes colores indican épocas históricas diferentes y funciones de uso distintas.
Imagen: Cortesía de Daniel Luengas Carreño. Arquitecto


El aumento del atractivo social y religioso del lugar, debió favorecer el incremento de las actividades religiosas de culto dedicadas a la santa alejandrina, tanto en intensidad como en frecuencia, por tanto aumentaría proporcionalmente la masa social de devotos recolectores de "piedras de santa Catalina", en los alrededores del convento agustiniano, progresivamente en lugares cada vez más alejados del santuario, debido al efecto extractivo del expolio religioso. La actividad devocional, de tipo tradicional y supersticioso, consistente en recoger buenos ejemplares fósiles de Micraster, cerca del monasterio de los frailes agustinos, se habría mantenido bien viva y activa, al menos durante cerca de tres siglos y medio (1490-1836), desde finales del s. XV hasta finales del primer tercio del siglo XIX  

Vista aérea de las ruinas del complejo conventual agustiniano, en la actualidad. 
En el lado derecho (N), los muros en forma de cruz latina invertida indican la situación de la  antigua iglesia en el complejo monástico-señorial, único  espacio dedicado al culto religioso. En uno de sus dos altares principales, se veneraba una imagen de santa Catalina, patrona del lugar. Suponemos que los 3 santuarios de santa Catalina, de dimensiones distintas y progresivamente crecientes, se fueron superponiendo, reutilizando y reformando esa misma zona del complejo monástico. 
Imagen: Hotel Dato

Propuesta de solución para el 3er. enigma: Posibles causas sociales que habrían podido favorecer la crisis, el declive, el abandono y el olvido de las ancestrales tradiciones religiosas populares, asociadas a los fósiles de erizos del género micraster, localizados en los alrededores del convento de santa Catalina de Badaya

Debido a la aplicación de la ley de Desamortización de Mendizabal, en 1835, se produce el cierre del convento, el desplazamiento de sus ocupantes y la expropiación de todas sus propiedades rústicas. Los monjes agustinos que lo ocupaban desde 1472, se vieron forzados a abandonarlo de forma definitiva e irreversible. Siendo trasladados los objetos e imágenes sagradas a diversas iglesias parroquiales de las poblaciones circundantes. 

Es muy posible que a partir de 1836, con el cierre de la iglesia del convento y cesar el culto institucional a la santa, cesara la celebración del culto popular por medio de las romerías tradicionales, procedentes de muchas localidades del entorno comarcal. Con el cese de la recolección ritual de las   piedras de santa Catalina, que debían ser recolectadas por los devotos en el transcurso de alguna romería, empezase a entrar en decadencia la veneración popular hacia este tipo de fósiles y las costumbres supersticiosas asociadas a ellos.

Aspecto de las ruinas del convento de santa Catalina de Badaya según refleja una fotografía de principios del siglo XX. COLECCIÓN: Bernardo Estornés Lasa
Imagen: Auñamendi Eusko Entziclopedia

Pero el cese abrupto de las romerías y del culto popular a la imagen de la santa, a partir de la expropiación de los bienes de la orden religiosa en 1835, quizás podría explicaría porqué en la actualidad, tras casi dos siglos de silencio y olvido, los habitantes de la zona ignoran casi completamente, el folclore paleontológico generado por las piedras de santa Catalina de Badaya, del que solo se conserva un recuerdo muy vago e impreciso.


Solicitud de colaboración informativa a l@s ciudadan@s alaveses y no alaveses

Desde esta tribuna se ruega encarecidamente a cualquier persona nativa de la comarca de Vitoria que conozca la existencia de alguna antigua costumbre alavesa, tradicional y popular, relacionada con las piedras de santa Catalina de Badaya, nos la haga saber por medio de un "comentario" enviado al blog o mediante un mensaje de correo electrónico, a la dirección que aparece en el ángulo superior del lateral derecho.

Igualmente estamos extraordinariamente interesados en conocer el aspecto que pudieron haber tenido los colgantes protectores, confeccionados por el herrero de Trespuentes, con pequeños ejemplares de las piedras de santa Catalina de Badaya, engarzadas en montura de plata. 
Si alguien pudiera conocer alguna persona que conservase en su poder, alguno de estos colgantes mencionados, ya sea como objeto de curiosidad o como una antigüedad, por haberlos encontrados en el fondo de un cajón, recibido como parte de una herencia familiar o haberlo  comprado como objeto de anticuario. Le agradeceríamos nos hiciese llegar algunas imágenes fotográficas. Pero si ello no fuera posible, también nos resultarían útiles unos buenos bosquejos gráficos. En el caso de no disponer de ejemplares de esas joyas, también nos servirían los bosquejos realizados de memoria, de aquellos antiguos colgantes familiares hoy desaparecidos, comentando los principales detalles. 
Toda esta valiosa información patrimonial nos la pueden hacer llegar como adjuntos de correo, mediante la dirección de correo electrónico, antes mencionada.

Si por fortuna alguien conoce el nombre y/o apellido del herrero-orfebre de Trespuentes o puede localizar en algún documento los años o década en los que este artesano estuvo realizando los colgantes protectores, y nos lo quisiera comunicar, su aportación sería una magnífica contribución a nuestra investigaciones y a la conservación de la historia cotidiana y del patrimonio inmaterial de la localidad.

A tod@s aquell@s corresponsales alaveses, dispuestos a colaborar con sus aportaciones para ayudarnos en nuestras investigaciones etnopaleontológicas alavesas, les agradecemos, de manera anticipada, su inestimable y generosa colaboración.


Agradecimientos

- Al Dr. Ugo Bazzotti, mi buen amigo mantuano, experto en Historia del Arte Medieval y Renacentista, estimulante promotor de mi participación en un proyecto editorial en Italia, aportando a dicha publicación un capítulo relacionado con las denominadas "piedras de santa Catalina" de Badaya.
- A Salvador Cuesta, mi buen amigo, corresponsal y colaborador vitoriano, laborioso, perseverante y eficiente, por los interesantes datos localizados, comentados y aportados y por las buenas reseñas bibliográficas proporcionadas.
- Al Dr. Georg Friebemi buen amigo austriaco, geólogo experto en Geología pintoresca alpina, por  haberse interesado, hace ya muchos años, por mis estudios de folclore paleontológico ibérico y europeo y muy especialmente por haberle recomendado al Dr. Ugo Bazzotti que reclamase mi asesoramiento experto, sobre el tema de las denominadas "piedras de santa Catalina" que él dedujo que eran las de Badaya.
- Al Dr. Daniel Luengas Carreño, arquitecto, por la información proporcionada sobre numerosos aspectos histórico-arquitectónicos del complejo monacal de santa Catalina" de Badaya.


Fuentes

- Abdehamid, M. & Al-Qott, G. (2001). Upper Cretaceous echinoids from Gebel El Hamra and Gebel El Minsherah, North Sinai, EgyptEarth Science Serv, vol 15 (p. 1-31)
- Anónimo. Desamortización española. Wikipedia
- Astudillo-Pombo, Heraclio (2019). Algunos aspectos históricos, paleontológicos y etnopaleontológicos relativos a las piedras de santa Catalina (Micraster coranginum) de Badaya, en Piccinelli, R., Shemek, D. & Tamassia, O. (Edit.). Itinera chartarum. 150 anni dell'Archivio di Stato di Mantova. Saggi in onore di Daniela Ferrari. Milán. Silvana Editoriale (pp. 233-244)
- Bazzotti, Ugo (2017). Comunicación personalvía e-mail, 15-06-2017
- Cela Trulock, C. J. (1952). Del Miño al Bidasoa. Notas de un vagabundaje. Barcelona.  Noguer (pp. 59-60; p. 72)
- Cuesta, Salvador (2018). Diversas comunicaciones personales, vía e-mail, a lo largo de 2018
- El-Qot, G.  & Abdulsamad, E (2016)Cenomanian-Turonian biostratigraphy of the Jardas Al Abid area, Al Jabal Al Akhdar, northeast Libya. Journal of African Earth Sciences 121. May. pp. 84-99
- El-Qot, G.; Fürsich, F.; Abdel-Gawad, G. & Ayoub-Hannaa, W. (2009). Taxonomy and palaeoecology of Cenomanian-Turonian (Upper Cretaceous) echinoids from eastern Sinai, EgyptBeringeria 40: 55-98
- Luengas Carreño, Daniel (2016). "Santa catalina de Badaia, de casa primitiva de los Iruña a convento." Askegi, 10, pp. 76-87.