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martes, mayo 21

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (9)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universitat de Lleida.

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español


FÓSILES JACOBEOS EN CASTILLA-LA MANCHA (2).

El caso que hoy se presenta fue conocido, por el autor del blog, casualmente en 2015, en la entrada cruziana de la Wikipedia en español, mucho más tarde que los otros casos de fósiles jacobeos castellano-manchegos, que fueron dados a conocer, en este blog, en enero de 2008. La falya de datos al respecto, primero, y el extravío temporal, del archivo que contenía la información y alguna imagen, fueron lass causas del retraso en su publicación.

La espada de Santiago de Villarrubia de los Ojos del Río Guadiana (Ciudad Real)

Hasta hace muy pocos años, en Villarrubia de los Ojos del Río Guadiana (Ciudad Real), en el cerro de San Cristóbal y a escasos metros de la ermita del mismo nombre, había una gran losa de piedra que mostraba unas curiosa figura, vagamente, cruciforme. Se trataba de un par de cruzianas muy grandes y visibles, con una disposición particular, que las asemejaba a una cruz. Antaño, en la localidad manchega, aquellas cruzianas de aspecto, vagamente, cruciforme eran conocidas con el nombre de "la Espada de Santiago". 

No se ha podido rescatar del olvido popular, ninguna leyenda popular que de manera escueta e ingenua intentara explicar la razón de su presencia en el lugar o la causa sobrenatural responsable de la formación prodigiosa de aquella figura que parecía estar esculpida en la piedra. Solamente se sabe, por la denominación que le impusieron los habitantes de siglos pasados que la mentalidad popular asoció aquella figura con el santo Patrón de España.

Debemos imaginar que, tal vez la mentalidad popular local, buscando explicación a aquella figura, hubiera buscado referencias en la mitología religiosa ibérica en la que habría podido inspirarse. Hay varias leyendas que asocian la presencia de conchas de peregrino fósiles con la evidencia de que Santiago Apóstol había pasado por el lugar, pue ese tipo de concha era su insignia de peregrino evangelizador de las antiguas gentes paganas de la península. 

Otros tipos de conchas fósiles se interpretaron como las marcas de las pisadas dejadas por su caballo blanco, prodigioso saltador de montañas, cuando "aterrizaba" sobre el terreno, de camino hacia alguna batalla en la debía intervenir para ayudar a algunos ejércitos cristianos que estaban en inferioridad de condiciones en alguna batalla contra los invasores moros... 

Santiago a caballo blandiendo una larga espada; sobre grupo de moros vencidos tendidos a sus pies. Resplandor desde el cielo. Debajo del tít. figura escrito: "El Exmo. Sor. Arzobispo de Santiago ha concedido 80 días de Indulgencia rezando un padre nuestro". Inscripciones: SANTIAGO APOSTOL : Patron de España / Est. Boix lo grabó ; A. Guerrero lo dibujó. Fecha de estampación: [ca. 1795-1830]
https://www.academiacolecciones.com/estampas/inventario.php?id=GR-1541

Se nos ocurre que habría sido posible que algún lugareño carismático e imaginativo, inspirado por las marcas prodigiosas antes comentadas, atribuyera el origen de aquella figura cruciforme, en relieve, existente sobre aquella losa de piedra, a la marca dejada por la espada de Santiago Apóstol, al depositarla sobre la roca, para descansar durante una de sus misiones guerreras. Probablemente, diría que "Santiago matamoros", la versión guerrera del santo evangelizador, yendo de camino a, o de regreso de, alguna batalla contra los moros, paró en aquel cerro manchego. Sin embargo, a pesar de llegar montado a lomos de su fabuloso caballo saltador-volador no quedaron impresas, en la roca, las marcas de sus cascos. Habiendo parado en aquel lugar para descansar del ajetreado viaje y del cansancio de la dura batalla contra los sarracenos, descargó del cinto su grande y pesada espada que depositó en aquel lugar. Cuando el santo hubo descansado y decidió remprender su viaje, recogió su espada, montó su caballo y prosiguió su viaje. Pero tras su visita quedó la marca prodigiosa de su espada, estampada milagrosamente sobre aquella roca.

Aspecto de una roca con cruzianas existente en el cerro de San Cristóbal. La gran cantidad de líquenes y musgo que aprovechan par vi  vir las depresiones de la piedra, dificulta la visualización de los icnofósiles, creados por el paso de trilobites cuando esta roca era sedimento blando en el fondo de un mar paleozoico. Fotografía enviada por Víctor M. Luna Muñoz (2018)

Algunos habitantes mayores de la localidad manchega comentan que, en los tiempos de su niñez, la gran losa de piedra con la marca de la espada de Santiago estaba junto a la ermita de San Cristóbal, lugar donde la habían visto siempre, cuando subían a la citada ermita.

En la actualidad y desde hace unos pocos años la losa de piedra con la cruziana legendaria ya no se encuentra en su lugar tradicional, del que despareció misteriosamente. Desconocemos la causa o motivo de su remoción de su antiguo emplazamiento. Lo que se sabe es que no ha desaparecido físicamente, pues ha podido ser localizada en su nuevo emplazamiento. 

La piedra fosilífera de la ermita de san Cristóbal (siglo XVI) ahora está colocada verticalmente, sujeta con cemento, a la derecha de la base de las escaleras del "parador", parece ser que esta denominación se refiere al complejo turístico denominado "El Mirador de la Mancha", situado en la ladera del cerro de San Cristóbal, cerca de la ermita y junto a la senda que conduce a la citada ermita de San Cristóbal.

Aspecto actual de la losa con la marca de la espada de Santiago, ahora invisibilizada por una capa gruesa de pintura blanca, en su actual ubicación. Nuestro informante AM ha dibujado sobre la imagen la posición aproximada de las dos cruzianas cruzadas que dieron origen a una denominación popular mítico-legendaria. Imagen: @anilmanchego

Se desconoce, también, el motivo por el que se ha hecho desaparecer, visualmente, bajo una gruesa capa de pintura blanca la figura de las dos cruzianas cruzadas que dieron origen a una antigua interpretación y denominación popular de resonancias legendarias.

Debe suponerse que el cambio de ubicación de la roca que contiene los fósiles legendarios, fue realizado, conforme a derecho y legalmente, con permiso del Ayuntamiento de la localidad manchega y el visto bueno del Servicio de Patrimonio de Castilla la Mancha, pues el objeto trasladado no es una piedra cualquiera, sin historia ni identidad sino un símbolo de antiguas tradiciones locales....

Detalle de la superficie de "la piedra de San Cristobal" en el que se puede apreciar  con mucha dificultad el relieve cruciforme determinado por las dos cruzianas. Apariencia que inspiró una denominación. Imagen: @anilmanchego

Lo que más sorprende al ver la roca, en la actualidad, es que su antiguo aspecto natural haya sido desfigurado, gravemente, ocultando los fósiles que dieron origen a su denominación y tal vez ciertas creencias y tradiciones populares locales. ¿Se ha pretendido ocultar su identidad y anular su personalidad, ocultando los fósiles bajo una gruesa capa de pintura blanca?

También, parece ser que las curvaturas de la cruziana vertical, según algunos lugareños, hacía que su aspecto se asemejara a un alfanje, o espada mora, por lo que algunos la llamaban "la Espada del Rey Moro". Se desconoce si se creó algún relato legendario en apoyo de esta opción interpretativa.

El cerro de San Cristóbal en Villarrubia de los Ojos es un mirador natural excepcional, situado a solo 1 km del pueblo, es famoso en la comarca por ofrecer desde su cima o desde el balcón de la ermita, las mejores vistas de la llanura manchega. Desde su cima se contempla la llanura, los humedales y el entorno del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.


Fuentes  

Zamora Soria, Francisco (2011)Las cruzianas y la cultura popular. Wikipedia.   http://es.wikipedia.org/wiki/Cruziana

Zamora Soria, Francisco (2024)  comentario en X de @Franzaso del 5 mayo de 2024

Anónimo (2024) comentarios e imágenes en X de @anilmanchego del 5 y 6 mayo de 2024

Luna Muñoz, Víctor M. (2018). Información e imagen víe e-mail23/02/2018. Responsable de la  Biblioteca Pública Municipal “Francisco Gómez-Porro” (Villarrubia de los Ojos)

lunes, noviembre 15

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (14)

por Heraclio ASTUDILLO POMBO. Universitat de Lleida.

Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con diversos santos y santas (4)


Las "piedras de santa Fe", en Orgañá (Lleida) 


Introducción 

Orgañá (cat. Organyà) es un municipio de la comarca leridana del Alt Urgell, situado a unos 558 m de altitud snmm, en el valle del Segre, entre las poblaciones de Oliana y la Seo de Urgel. Limita con el río Segre, a levante, y con la sierra de Sant Joan, a poniente. La cercana e imponente montaña de Santa Fe, con su ermita homónima en la cima, está situada en el extremo oriental de la sierra de Sant Joan y se alza majestuosa sobre el pueblo de Organyà, con su cima a 1207 m. Desde la cima del monte de Santa Fe o desde el cerro donde se halla la ermita, se domina una extensa panorámica sobre los valles de Cabó y del Segre, con las parcelas de los campos de cultivo del fondo de valle, formando un mosaico con todas las tonalidades del verde y las laderas de la gran multitud de montañas y sierras que conforman la compleja orografía de esta zona pre-pirinaica, recubiertas de densas zonas boscosas.

Antigua tarjeta postal mostrando una vista general de la localidad leridana de Orgañá, población ribereña del río Segre. 
A sus espaldas la impresionante mole del Monte de santa Fe y a sus pies las riberas del río Segre. Fotografía tomada hacia 1910
Imagen: Blog de J. M. Mir 

La "vida y milagros" de santa Fe de Orgañá, co-patrona de la localidad, cuando eran relatados por los habitantes de mayor edad, incluía algunos episodios legendarios, hoy increíbles, pero que fueron aceptados o tolerados por  la mentalidad mágica y la enorme credulidad propias de las comunidades rurales, en tiempos pasados, por contener algunos detalles bien adaptados a la realidad geológica y geográfica locales. 
Si se comparan la "vida y milagros" de la santa "leridana" con las de la versión original, la santa francesa, "Sainte Foy d'Agen",  se puede ver que existen algunas diferencias narrativas muy notables. Según las leyendas frsncesas la santa era una jovencísima doncella aquitana que murió mártir, a la edad de 13 años, por no querer renunciar a su religión cristiana, según recogen sus biografías oficiales, por otra parte altamente sospechosas de ser más una leyenda piadosa que una realidad histórica

El crepúsculo de la Edad de Oro de los santos legendarios, comenzó en la época de la Ilustración, con el ascenso al poder de obispos y cardenales racionalistas, que fueron eliminando del santoral oficial de la Iglesia católica a muchos de aquellos antiguos personajes legendarios. Se revisaron documentos históricos antiguos, comprobando que la existencia de ciertos santos y santas era más que dudosa y que su biografía estaba plagada de hechos que resultaban increíbles y milagros imposibles. 
Sin embargo, la religiosidad popular, especialmente en localidades del medio rural, con santuarios consagrados a su veneración, siguieron manteniendo vivo su culto, celebrando su festividad religiosa y su fiesta profana, acudiendo devotamente a sus santuarios, en los días estipulados, tal como habían estado haciendo sus ancestros de siglos anteriores.

Aspecto del sombrío interior de la pequeña iglesia de la ermita de santa Fe de Orgañá, cuya existencia está documentada ya en el año 1075. Es un pequeño y austero edificio religioso de una sola nave, de forma rectangular, bastante alargado por la parte de levante, probablemente por una reforma de ampliación realizada en 1880. El lunes de la Segunda Pascua se celebra anualmente la Romería de Santa Fe,  un encuentro festivo religioso en honor de santa Fe, co-patrona de la población, congregándose en la ermita y su entorno decenas de devotos.
Habitualmente, en la trama de los relatos biográficos de los santos y santas, se incluían milagros sorprendentes y portentos varios, realizados por el protagonista de la narración, para demostrar que eran personas que estaban bajo la protección de Dios, quien los había dotado de capacidades sobrehumanas, que manifestaban en ciertas ocasiones. En algunas localidades existían lugares que conservaban pruebas testimoniales de la veracidad del relato hagiográfico. Con frecuencia estaban relacionadas con elementos del paisaje y muy a menudo con componentes del medio geológico, este es el caso de las denominadas "pedres de santa Fe", que se pueden encontrar en las laderas de la parte alta de aquella montaña sagrada... y de muchas otras de las sierras de los alrededores.


Santa Fe de Agen (Francia) y Santa Fe de Orgañá (España)

Según el Santoral Católico Romano, santa Fe de Agen era una joven doncella de 13 años que sufrió martirio, en tiempos del emperador romano Maximiano (s. IV), en la localidad galo-romana de Agen, su ciudad natal. En la región de Aquitania, en el sur de Francia, entre Tolosa y Burdeos. Todo ello por no querer renunciar a su religión cristiana. El martirio de esta joven mártir, consistió según cuenta su biografía, en un intento fallido de asarla viva sobre una gran parrilla de bronce, por los verdugos romanos. Viendo que no conseguían su propósito y, siendo de familia noble y ciudadanía romana, concluyeron con la decapitación por espada. En ningún momento de biografía oficial se habla de intento de lapidación por parte de los paganos.

La leyenda de la vida y milagros de Santa Fe, se hizo extraordinariamente popular en la Edad Media y el culto a santa Fe estaba muy extendido por toda Europa en esa época, gracias a la difusión de su "vida y milagros" que hacían los peregrinos devotos de la santa que seguían el Camino de Santiago. En Cataluña, es posible que fuese un culto traído desde Francia por los ocupantes carolingios que constituyeron y defendieron los condados de la Marca hispánica, a fines del siglo VIII, con el apoyo de la población autóctona de las montañas, en los primeros tiempos de la Reconquista de los reinos cristianos del norte peninsular, contra los invasores mahometanos y sus colaboradores hispanos convertidos al Islam.  

La ermita de santa Fe de Orgañá aparece mencionada en dos documentos del siglo XI, el primero es un documento de donación, del año 1075, en el que Guitard Isarn dio a su esposa Gebelina diversas propiedades en el valle de Cabó, cuyo límite, por poniente, era "Sancta Fide vel in roca de Fenestras". El segundo documento es el acta de consagración de la iglesia de Santa María de Organyà, del año 1090, en el que entre los diversos bienes confirmados de esta iglesia parroquial, consta la propiedad de la ermita de Santa Fe.

Imagen renacentista de "sainte Foy" en metal plateado y dorado, posiblemente un relicario gótico, que representa a la santa virgen y mártir. Aparece dotada con todos los atributos iconográficos de su martirio: la corona de la gloria celestial, la palma del martirio, la parrilla de la tortura por el fuego y la espada de su ejecución por decapitación. Monasterio de Conques (Francia)
Imagen: El testigo fiel

Según un antiguo relato popular tradicional, Santa Fe de Orgañá era una muchacha joven, piadosa, caritativa y virtuosa que, en los primeros tiempos del cristianismo, había vivido en la localidad leridana de Orgañá (Organyà), rodeada de convecinos paganos que la criticaban y recriminaban por su fe cristiana. Para apartarse de las malas influencias morales y de la enemistad de sus muchos vecinos paganos, la joven Fe se fue a hacer vida de ermitaña, en lo más alto de una montaña muy cercana que hoy es conocida como "la Montaña de santa Fé". Recluida en la naturaleza y refugiada en una pequeña y sencilla cabaña, se dedicaba a la oración, la penitencia y la contemplación
En varias ocasiones los paganos habían ascendido hasta su zona de retiro para recriminarle su fe cristiana y exigirle que retornara al paganismo. Como ella se negaba a seguir consejos o sus exigencias, los paganos furiosos la apedreaban sin compasión para matarla, pero ni una sola de aquellas piedras paganas lograban lastimarla, porque antes que aquellas piedras pudieran tocar su cuerpo, la santa las atrapaba al vuelo, hábilmente con sus manos. Cuando las dejaba caer al suelo, todas aquellas piedras habían adquirido la forma del interior de su puño y llevaban impresa la marca de sus cinco dedos. 
Como estas visitas se repitieron varias veces, el terreno de los alrededores de su cabaña quedó cubierto de esta clase de piedras transformadas milagrosamente por la santa, razón por la que son llamadas "pedres de santa Fe"

Aspecto exterior del conjunto formado por la ermita de santa Fe de Orgañá y la antigua casa del ermitaño, en la cima de la montaña de santa Fe. Fotografía de autor desconocido: Amics del Museu Geològic del Seminari de Barcelona.                                              Imagen: Les excursions de Verdaguer al Pirineu (II)   

Finalmente, hartos los paganos de los malabarismos de la santa consiguieron que fuera condenada y ejecutada por decapitación con espada. 
Siglos más tarde, tras su muerte y canonización, los habitantes del pueblo, ya todos ellos cristianizados y arrepentidos del crimen de sus antepasados paganos, construyeron una ermita en su honor, en el lugar donde la santa tuvo su primitivo eremitorio, ese santuario hoy es conocido como la ermita de "Santa Fe d'Organyà". 


Las "piedras de santa Fe" de Orgañá en la literatura popular

La primera referencia escrita a las curiosas "pedres de santa Fe" de Orgañá la hizo el famoso poeta  Mosén Jacinto Verdaguer, un sacerdote, literato y excursionista catalán, quien cuando las vio, durante una visita al santuario, las reconoció como erizos fósiles. Tal cosa sucedió durante el verano de 1883. Ese año, Verdaguer realizaba una segunda y más larga travesía por el Pirineo para ambientar más sólidamente los paisajes que constituían los escenarios de los diversos episodios de su futura novela, titulada "Canigó". El viaje realizado a pie o en caballería le ocupa desde el 3 de julio al 7 de septiembre, iniciado en el Conflent (Francia) y continuada por las tierras de la Cerdaña, el Cadí, el Alto Urgell, el Pallars Jussà, el valle de Boí, el valle de Aran, l'Ariège (Francia), desde donde sube a la Pica de Estats, y pasa a Andorra. 
En el transcurso de este largo viaje turístico, etnográfico y literario, al pasar por la localidad de Orgañá, el 26 de julio de 1883, Mossén Cinto Verdaguer conoció la leyenda popular de "Les Pedres de santa Fe".  Estp sucedió cuando Verdaguer subió a la cima de la montaña para visitar la ermita de Santa Fe, fue acompañado y guiado por el vicario parroquial mosén Colom. Cerca de la ermita, Verdaguer recogió, de boca de su acompañante, una creencia popular   tradicional propia de aquella localidad, asociada a cierto tipo de fósiles que se encuentran en el entorno de la ermita, escribiendo la siguiente nota en su cuaderno de viaje: 
"En  [la montaña de] Santa Fe se encuentran castañas de mar petrificadas [erizos de mar fósiles], donde la gente cree ver grabados los dedos de la santa [surcos ambulacrales]; y dicen que son las piedras que le tiraban y que ella retenía al vuelo, estampando en ellas su hermosa manecita. En esa actitud está representada en una pobre y sencilla escultura a un lado del altar mayor, y, en el otro, en el acto de ser degollada. [Tales esculturas fueron destruidas por el fuego durante la pasada guerra civil (1936-1939), sin haber quedado testimonio gráfico alguno de su apariencia]"

Cubierta de un número e
xtraordinario de la revista ilustrada barcelonesa, ÁLBUM SALÓN, de contenido artístico-literario. Dedicado a la figura de Jacinto Verdaguer, con motivo del reciente fallecimiento del popular clérigo, famoso literato y admirado poeta catalán. Aparece fotografiado en plena madurez y, dentro del círculo, en su juventud. 
Fotografía original de Esplugas.
Imagen: Hemeroteca digital BNE.

Es de suponer que la invención de una narración  legendaria, basada en la interpretación y creencia popular citada anteriormente, resultaría muy útil para explicar o recordar a los oyentes de cualquier edad, la causa sobrenatural de la abundante presencia de aquellas extrañas piedras, en las laderas de las partes altas de aquella montaña sagrada y derredor del la ermita. Posiblemente el autor del relato legendario fue algún clérigo creativo o algún laico devoto que ideó y difundió la narración de un hecho tan prodigioso en tiempos muy anteriores a la visita de Verdaguer, y muy propensos a la invención de relatos maravillosos, tal cosa quizás sucedió durante el siglo XVII o XVIII. 

Posteriormente, otros narradores catalanes, conocedores de la existencia de los fósiles y de las interpretaciones legendarias populares, han tratado el asunto en sus publicaciones. De entre todos ellos hay que destacar a Pep Coll (Josep Coll Martí) un prolífico y popular narrador  pallarés, excursionista, docente de secundaria y conferenciante.  
En 1994, publicaba en su libro Muntanyes mig maleïdes, una de las varias versiones populares existentes en la memoria colectiva de las personas más mayores, recogida años antes en una visita a la localidad. 
"La leyenda cuenta que santa Carránima, santa Fe y santa Pelaia, eran tres santas hermanas que de jóvenes habían vivido las tres juntas en el mismo pueblo [Orgañá]. Eran mujeres pecadoras y de mala vida. 
Un día la gente del pueblo, harta de tanto vicio y tantos saraos, las fueron a buscar a su casa y, a pedradas, las expulsaron del pueblo. Las tres hermanas huyeron hacia el bosque para ocultarse y protegerse de la lluvia de piedras de sus perseguidores. Una vez solas, muy arrepentidas de los muchos pecados de su vida anterior, decidieron retirarse para hacer penitencia durante todo lo que les quedara de vida, como no querían estar separadas porque habían vivido siempre juntas, pero debían estar aisladas para no distraerse durante su nueva vida de oración y penitencia, se construyeron una ermita [un eremitorio] en lo alto de cada una de las tres montañas cercanas, así se podían ver desde lejos y se hacían algo de compañía en su soledad.
Aún hoy, por aquellas sierras, se encuentran piedras con una especie de cruz de cinco brazos iguales, grabada. Se dice que esas marcas son los dedos de las jóvenes cuando cogían al vuelo las rocas que les arrojaban los vecinos del pueblo que las perseguían."

Aspecto de una de las llamadas, "pedres de santa Fe" de las que se pueden hallar en las inmediaciones de la ermita dedicada a santa Fe. En realidad, generalmente, se trata de ejemplares fósiles de erizos de mar del género Micraster. Este ejemplar muestra numerosas manchas ferruginosas (icnofósiles), correspondientes a marcas postmortem, de asentamiento dejadas por animales marinos epífitos, del grupo de los balanos o "bellotas de mar" que utilizaron el caparazón vacío del erizo como soporte de fijación. Fotografía original de Isabel Benet Gascón, 
Imagen: Centre Excurs. Àliga BCN

El mismo autor, en 1997, en otro libro titulado Viatge al Pirineu fantàstic, mostraba otra versión de la leyenda popular, muy diferente de la anterior.
"Cuenta la crónica popular que cuando los verdugos apedreaban a santa Fe, ella pillaba al vuelo, con sus manos, las piedras que le lanzaban, sin que le hicieran ningún daño, y luego las dejaba caer al suelo. 
Le arrojaron tantas piedras, que estas sierras se quedaron bien sembradas de ellas y todavía hoy se pueden recoger a espuertas. Son unas piedras redondeadas, en forma de panecillo, con las marcas de los cinco deditos de la santa grabados encima. Antiguamente en Organyà las llamaban “piedras de santa Fe”, ahora todo el mundo las llama fósiles."


La verdadera naturaleza de las "piedras de santa Fe" de Orgañá

Las calizas de la sierra de Santa Fe (Cretácico superior) forman un relieve alargado, de color blanquecino, que se puede reconocer fácilmente en la topografía del terreno. Esos materiales calcáreo consistentes que formas crestas culminales, descansan sobre materiales más blandos: las margas del valle de Cabó, que pertenecen al Cretácico inferior. En conjunto, las calizas de Santa Fe forman un sinclinal, o sea, una estructura de plegamiento de forma cóncava, en cuyo núcleo aun se conserva una pequeña cantidad de margas azules. Son precisamente estos últimos materiales, blandos y disgregables, los que contienen abundantes fósiles, entre los que destacan, por tamaño y abundancia, los restos de equínidos (erizos de mar), y los de rudistas, un tipo de moluscos con forma de cucurucho, dos clases de animales marinos que habitaban en los fondos marinos. en ambientes litorales de arrecife.


A la izquierda, la parte alta de la montaña de santa Fe, con la ermita de la santa coronándola. Las calizas de la Fm. Santa Fe de Orgañá
(Cretácico superior) constituyen el relieve más abrupto y dominante en ese territorio montañoso, mientras que las margas (Cretácico inferior) constituyen las laderas boscosas de la sierra y el pedestal de las mencionadas calizas. 


Hoy día casi todos los habitantes adultos de la localidad de Organyà saben que esas extrañas piedras, en forma de panecillos con unas marcas características, que se hallan en los alrededores del santuario, son en realidad erizos fósiles, pero hace más de 70 años, ningún lugareño sabía nada sobre su verdadera naturaleza paleontológica y sí sobre su origen legendario. 
Desde el punto de vista científico, se trata de ejemplares de erizos marinos de diversos tamaños, correspondientes a diversos géneros de equínidos cretácicos, mayoritariamente pertenecientes al género Micraster
Según información proporcionada por el Dr. Jaume Gallemí, paleontólogo especialista en equínidos fósiles, conservador de la sección de Paleontología del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y que años atrás, para la realización de su tesis doctoral, estudió esta zona. Podrían tratarse de ejemplares de las especies Micraster brevis, Micraster heberti, Micraster laxoporus y/o Micraster matheroni, pero mayoritariamente se trataría de ejemplares de la especie M. brevis, por ser la más frecuente en el lugar.

Aspecto de un  ejemplar de Micraster brevis, del Cretácico (Santoniense), visto por su zona dorsal, procedente de un lugar indeterminado de la provincia de Lérida. Obsérvese la forma acorazonada de su contorno y la marca en forma de cruz que determina la distribución y profundidad características de los cinco surcos ambulacrales en este género de erizos marinos fósiles. Ambas características morfológicas han dado pie a numerosas interpretaciones populares muy imaginativas y a relatos muy fantasiosos.

Sin excluir la posibilidad de que bajo este nombre popular también pudieran haberse incluido algunos ejemplares de Cardiaster integer, Echinocorys gr. scutata y hasta de Hirudocidaris corbaricus. Ya que estos géneros y especies de equínidos fósiles, también han sido hallados en la zona comprendida entre la montaña de Santa Fe y la de Espiés. 
Todas estas clases de erizos fósiles vivieron hace entre 86 y 89 millones de años, durante el Cretácico superior, entre el periodo Coniaciense superior y el Santoniense inferior. Tal cosa sucedía cuando los materiales pétreos (margas) que forman ciertos estratos de este terreno montañoso que ahora los contienen, eran entonces sedimentos submarinos del fondo del océano Tetis, en los que estos animales marinos de vida bentónica pululaban, viviendo escasamente enterrados en el lodo.

Y aún existe otra posibilidad más, el Ayuntamiento de Organyà el 8 de agosto de 2020 colocó  un panel informativo, para rendir homenaje a la figura de Mn. Jacinto Verdaguer, en el mirador de Coll Marí, a 913 metros de altitud, en el camino que conduce al santuario de santa Fe.

Aspecto del contenido gráfico y textual del panel informativo, para visitantes, colocado en el mirador de Coll Marí por el ayuntamiento de Orgañá. 

  
Al final del documento  informativo, se dice que las "castañas de mar" que citaba Mn. Cinto, en 1883, eran un tipo de erizos marinos fósiles llamados Hemiaster subtilis.
[Mecaster subtilis, del Cretácico superior: Cenomaniense medio-Turoniense medio] . No se cita fuente alguna, para esta identificación paleontológica.


Otros casos legendarios muy semejantes

Aquellas personas que son seguidoras fieles de este blog y además gocen de buena memoria, tal vez la transformación milagrosa de unas piedras vulgares en unas piedras muy curiosas y nada vulgares, lanzadas por un grupo de perseguidores paganos contra un santo cristiano en fuga, quizá les ha hecho recordar los casos de las "piedras" de san Elías de Narbaja (Álava), las de san Esteban de Salvatierra (Álava) o las de Sandailli de Oñate (Guipúzcoa). En todos los casos, también se trataba de ejemplares de equínidos del género Micraster.  Tal vez la explicación radique en que fueron interpretaciones aportadas por ocupantes temporales o/y por emigrantes repobladores, procedentes del sur de Francia, llegados cuando empezó la Reconquista.


Unas "pedres de santa Fe" de Orgañá, no canónicas

Se ha encontrado una referencia documental (
Vallverdú, 1976: 85) en la que el probable nombre popular de aquellos fósiles, no mencionado por el autor, el narrador Josep Vallverdú Aixalà, parece no coincidir  con el tipo de fósiles asociados al intento de lapidación de la santa, mencionados en las otras referencias documentales y orales halladas. El texto dice lo siguiente:
«Santa Fe es una bella y joven mártir, venerada también en el Rosellón, que murió lapidada [error, oficialmente, murió decapitada]. En la montaña de Santa Fe, en la ermita y por todo el camino de Montanissell, hay pequeños fósiles, caracolitos muy bellos, y se dice que son las piedras con las que fue golpeada la joven mártir».
Se desconoce si los "hermosos caracolitos" mencionados por Vallverdú, pudieran ser en realidad fósiles de gasterópodos marinos o de cefalópodos (ammonites).
Esta información que refleja una creencia anómala o discordante, podría ser un indicio de que quizás para algunas personas de la localidad, cualquier clase de fósil, hallado cerca del santuario, podría haber sido interpretado como producto de una transformación milagrosa, relacionada con la patrona del mismo... o no.


Agradecimientos

Al Dr. Jaume Gallemí Paulet, por su buena predisposición a colaborar con el autor en la clarificación de cuestiones de equínidos fósiles.


Fuentes

- Anònimo. Santa Fe, mártir.  El Testigo Fiel. https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3647
- Anònimo (2018). Les excursions de Verdaguer al Pirineu (II). Amics del Museu Geològic del Seminari de Barcelona. 18 de septiembre de 2018  https://museugeologic.blogspot.com/2018/09/ventus-les-excursions-de-verdaguer-al_18.html?showComment=1628459921991#c6192031417187520089
- Anònimo (2020). Organyà renova l'espai de Coll Marí i ret homenatge a Jacint Verdaguer. FB Ajuntament Organyà, 08/08/2020
- Astudillo Pombo, Heracli (2013). Figols d'Organyà (Lleida): "La Casa dels Fòssils" o "Ca'l Fantic". Fósiles usados como ornamentación arquitectónica (6). Folklore de los fosiles ibéricos, 02/09/2013
- Coll i
 Martí, Pep (1994) Muntanyes (mig) Maleïdes. Empúries, Barcelona. 
- Coll i Martí, Pep (1997Viatge al Pirineu fantàstic. Columna Edicions. Barcelona 
- Gallemí Paulet, Jaume (1992). Los Yacimientos con equinidos del cretácico superior del prepirineo de la provincia de Lleida. (Tesis)   https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/32162/TJGP2de2.pdf?sequence=2&isAllowed=y y https://ddd.uab.cat/pub/tesis/2011/hdl_10803_32162/TJGP2de2.pdf
- Gallemí Paulet, Jaume (2021) Comunicación personal del 18/08/2021
- Garolera i Carbonell, Narcís (1992). Jacint Verdaguer. Excursions i Viatges (III). Ed. Barcino. Barcelona. 
- Martin Closas, Carles (2003). Llegendes i noms populars dels fòssils a Catalunya. NPQ  nº 413 (pp. 30-33) Col·legi Oficial de Químics de Catalunya
- Roma i Casanovas, Francesc (2009). Les pedres de Santa Fe. Petjades, Footprints, Empreintes, Huellas, una geografia mítica poc estudiada 
- Vallverdú, J. & T. Sirera (1976.). Els rius de Lleida. Ed. Destino. Barcelona.  

domingo, septiembre 18

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (10)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Universitat de Lleida



Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con la Virgen María, la Madre de Dios o con Nuestra Señora (7)




SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL MONTE TORO (MENORCA)



En el centro geográfico de la isla de Menorca, se alza una montaña de altura muy modesta denominad "Monte Toro", nombre que recibe porque según una leyenda exist en su cumbre un feroz toro que custodiaba la cima de la montaña, impidiendo que nadie alcanzara la cumbre. Este monte con sus 357 m. de altitud es la mayor elevación del terreno de la isla de Menorca, por lo que en días limpios y claros, desde su cumbre se puede divisar la mayoría del paisaje terrestre y marino de la isla, así como muchas de las poblaciones y caseríos y viceversa, el monte es visible desde casi cualquier lugar de la isla y de sus costas.

Panorámica de una parte de la isla de Menorca, tomada desde el mirador del Monte Toro.
Imagen: albolm911


En la cima del mencionado monte existe un santuario en el que se venera, desde la época de la reconquista de la isla a los ocupantes sarracenos, una antigua imagen de estilo gótico que representa a la Virgen María como Madre de Dios, con el Niño Jesús sentado sobre su brazo izquierdo. A a sus pies, en su lado derecho, aparece postrado un minúsculo toro que parece estar mirando a la Madre de Dios con mucha devoción. Según los historiadores del arte, esa imagen fue llevada a Menorca durante la conquista de la isla a los moros, por las tropas del rey Alfonso III de Aragón, en 1287. Resultando ser la imagen religiosa mejor conservada y más antigua de la isla de Menorca. 


La imagen de la Virgen del Toro, según una antigua estampa religiosa es una talla en madera, policromada, realizada entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Con el feroz toro legendario postrado, sumiso, a sus pies.
Imagen: Leyenda del Monte Toro (Menorca)


Esta antigua imagen de la Madre de Dios es la patrona protectora de la isla de Menorca, por lo que siempre ha gozado de gran devoción entre todos los creyentes que han habitado la isla de Menorca.
Cuenta la leyenda popular que cuando la isla fue invadida por los moros el año 903, la santa imagen fue ocultada por los cristianos en el interior de una pequeña cueva que existía en la cima de la montaña, para proteger la imagen de la destrucción que los fanáticos invasores, iconoclastas reconocidos pretendían llevar a término. Esa cueva legendaria aún puede verse hoy en día en el interior de una de las capillas laterales del actual santuario de la "Mare de Déu del Toro". 
Según la misma leyenda popular, tras la reconquista cristiana de la isla de Menorca, la imagen pudo ser recuperada gracias a la intervención milagrosa de un prodigioso toro que habitaba en la cima donde actuaba como custodio protector de de la imagen. El anteriormente feroz toro guió a los monjes del primitivo convento que había al pie de la montaña hasta la cima del monte, a través de la espesa vegetación y de las impenetrables peñas de la montaña, algunas de las que rompió con sus cuernos para abrir paso a la comitiva procesional (Pas des Bou), hasta la entrada de la cuevecilla de la que surgía una un haz de brillante luz, delante de la que se postró respetuosamente. 


Marcas en las rocas atribuidas a los pies de la Virgen María

En algunos lugares de las vertientes del Monte Toro, por los que pasaba el antiguo camino que ascendía hacia el santuario de la Virgen del Toro, la superficie de las rocas aparece salpicada de unas curiosas marcas, constituidas por conjuntos de finas líneas radiales que en algunos casos muestran un fondo ligeramente más oscuro. Antiguamente y hasta mediados del siglo XX, las gentes sencillas de los pueblos de los alrededores y muy devotas de la patrona del santuario, denominaban a cada una de esa marcas, en lenguaje menorquín, "petjada de la Mare de Déu", es decir, "pisada de la Madre de Dios". 


Muestra de mano, de la denominada "piedra del Toro", una caliza dolomítica del Triásico medio, en la que se ven conchas y fragmentos de valvas de Daonella lommeli incrustadas. Estas fueron las antaño denominadas "petjada de la Mare de Déu"
Imagen: Josep Quintana Cardona

Si se busca alguna semejanza  entre la forma de las marcas en la roca y la de un pie humano o celestial, no se encuentra ninguna similitud. La justificación popular lo explica diciendo que no son las impresiones directas de las huellas de los pies de la Virgen sino que se trata de una especie de "chispazos", "llamaradas" o "fogonazos". Tales marcas radiales presentes en la roca cuyo verdadero origen resultaba incomprensible e inexplicable para la gente común, fueron atribuidas a la descarga de una cierta clase de "rayos" o "chorros de luz" surgidos de los santos pies de la Virgen del Toro al hacer contacto con la superficie de aquellas peñas. 
Se suponían que el milagroso fenómeno habían quedado "petrificados" sobre las rocas por voluntad divina, con la finalidad de que su contemplación pudiera servir a los humanos de prueba o testimonio del portentoso paso de la Virgen del Toro por aquel lugar. 



Interpretación científica del fenómeno

En realidad, las marcas atribuidas a las emisiones energéticas de los pies de la Virgen del Toro, corresponderían a la parte externa de unas valvas incrustadas de una especie de moluscos lamelibranquios marinos o a las impresiones dejadas por esas mismas superficies sobre la matriz pétrea. Las marcas milagrosas eran las valvas y las "improntas" o "moldes externos", fosilizados de un tipo particular de bivalvos marinos prehistóricos. Según los científicos que han estudiado estos restos fósiles, pertenecerían a ejemplares de la especie Daonella lommeli (Wissmann, 1841). Una especie de moluscos lamelibranquios con la concha casi plana, con estrechas costillas y surcos de distribución radial, formando grupos o haces, separados por surcos más profundos, que habitó esta zona durante el Triásico medio, (más conocido anteriormente como Muschelkalk), cuando los materiales que ahora constituyen esta montaña, entonces formaban capas de sedimentos en el fondo de un océano llamado Tetis. !Hace de esto, nada más y nada menos que entre 228 y 245 m. a. ¡  


Aspecto de una valva de Daonella lommeli del Triásico medio,  limpia de sedimentos y bien conservada, según un dibujo ilustrativo aparecido en la obra de Carl Hermann Credner, Elemente der Geologie (2 vols.) 1872. 
Imagen: Geovirtual

En el monte Toro, las conchas fosilizadas de Daonella lommeli que hace algunos pocos siglos dieron lugar a la interpretación mítica antes comentada, solamente aparecen  en aquellos materiales que corresponden al nivel denominado Ladiniense superior.   A los científicos estas y todas las demás conchas fósiles que encuentran sobre el terreno, les sirven como marcadores cronoestratigráficos, como testimonios de relaciones paleogeográficas y como indicadores de condiciones paleoecológicas particulares que les permiten realizar interpretaciones mucho más complejas que suelen resultar mucho más incomprensibles e increíbles que las sencillas interpretaciones míticas y explicaciones milagrosas.

Aspecto de la "impronta" dejada por una valva entera de Daonella lommeli, sobre el antiguo sedimento litificado de la denominada "piedra de Alcover", una dolomía de color ocre amarillento, de grano muy fino y finamente estratificada. Ejemplar procedente del yacimiento de Alcover-Mon-Ral (Sierra de Prades, Tarragona), expuesta en el Museu Geològic del Seminari de Barcelona
Imagen: Museu Virtual


Debido a la estrecha distribución radiada de las costillas y surcos de la superficie externa de las valvas de esta especie de bivalvos y de sus improntas, al ser percibidas dispersas sobre la superficie rocosa, daban la impresión visual de que la superficie de piedra estaba salpicada de pequeñas marcas causadas por pequeñas explosiones o impactos de origen misterioso...



Algunas otras explicaciones míticas populares 

Antiguamente, al menos, existieron dos ingenuas versiones explicativas populares que pretendían precisar más aún sobre "porqué y cuando" se habían originado aquellas curiosas "marcas petrificadas" atribuidas al paso de la Virgen del Toro sobre algunas de las rocas que eran visibles en ciertos lugares del Monte Toro. 
Según una de las dos versiones, las marcas eran las huellas dejadas por los "rayos" que habían salido de los pies de la Madre de Dios, cuando después de llegar a la isla de Menorca, tuvo que ascender andando, por su propio pie, por las faldas de la montaña, yendo de camino para ir a instalarse en lo alto del monte, en la que fue su primera casa, una pequeña ermita, construida allí donde actualmente se encuentra el santuario de la Virgen del Toro.
Según la otra versión popular explicativa del mismo fenómeno,  resulta que cuando la Virgen se aburría de estar encerrada en el interior de las cuatro paredes del templo, salía a pasear por los alrededores para poder distraerse contemplando, desde su atalaya montañosa, el hermoso paisaje isleño y también para interesarse por sus fieles devotos, observando sus actividades, preocupaciones y tribulaciones. Allí donde la Virgen había estado contemplando el paisaje y puesto sus celestiales pies, durante sus paseos recreativos y contemplativos, era donde aparecían aquellas marcas indicadoras de su actividad itinerante.

Panorámica de una parte de la isla de Menorca, a la izquierda el pueblo de Es Mercadal y a la derecha la silueta del Monte Toro, en cuya cima está el santuario de la patrona de toda la isla y cuyas vertientes, según la leyenda, eran su atalaya benefactora.
Imagen: Toni Pons Barro




Antiguos usos populares de tipo supersticioso

La vida humana en el medio rural insular de las Baleares, siglos o décadas atrás, no fue nada fácil, por eso resulta comprensible y nada extraño que las gentes más crédulas e ignorantes y las más necesitadas de ayuda divina para resolver las dificultades de sus vidas cotidianas, de la isla, pudieran llegar a imaginarse que aquellas figuras grabadas en algunas de las rocas del monte sagrado y que creían "marcas celestiales marianas", pudieran estar cargadas de alguna clase de energía benéfica y de virtudes protectoras. 
En los casos de medicina popular supersticiosa, vinculada con la religiosidad popular, son comunes las prácticas basadas en la magia simpática, en la que se da por seguro que la proximidad, el contacto o la ingestión de ciertos objetos considerados "auténticas reliquias" de santos, como eran el caso de aquellas "señales celestiales petrificadas", éstas podrían beneficiar a los devotos de la Virgen del Toro, que las usasen con mucha fe, de alguna manera que resultara favorable a la satisfacción de sus necesidades materiales o espirituales. 

Reproducción de un pliego con los Gozos de la Virgen del Toro. En su versos cantados durante el día de su patronazgo, el 8 de mayo, se enumeran las grandes cualidades benefactoras que esta advocación ejerce sobre sus fieles devotos menorquines.
Imagen: Goigs de la Mare de Déu del Toro

 
Se conocen algunos usos supersticiosos populares, tradicionales, asociados a las supuestas "reliquias marianas" arrancadas de la roca viva o recogidas de los derrubios, desprendidas de forma natural, por los peregrinos y romeros que ascendían al santuario de la Virgen del Toro, para venerar su imagen e implorar su ayuda. 
Fragmentos de las piedras del Toro, con valvas o impresiones de valvas de Daonella lommeli, fueron usadas como amuletos protectores de la integridad de las personas y de los bienes de su propiedad, contra los efectos de desgracias de orígenes diversos. 
Como defensa contra temporales y salvaguarda contra naufragios del barcos y sus ocupantes, como defensa contra incendio de viviendas o muerte por impacto de rayo, como defensa contra ataques de plagas y destrozos de granizadas sobre futuras cosechas, como defensa contra la corrupción de alimentos y de bebidas, almacenadas en despensas y bodegas, etc.

Antiguamente y hasta mediados del siglo XX, algunos isleños creían que las extrañas marcas dejadas por los pies de la Virgen del Toro sobre algunas roca de la montaña de su santuario, tenían propiedades mágico-curativas. Esta creencia supersticiosa motivó que las utilizaran como remedio para el tratamiento de todo tipo de problemas sanitarios, se usaron internamente, en forma de polvos obtenidos por raspadura e ingeridos dispersos en algún liquido y, también, externamente como ingredientes de emplastos. 

Se da la casualidad de que, antiguamente, los habitantes "ladinos" de la zona italiana alpina de Trentino-Alto Adigio y Véneto, en la zona montañosa de las Dolomitas, también consideraban a este mismo tipo de conchas fósiles como un tipo de objetos cargados de energía positiva, pues se creían que eran una forma mágica de "petrificación" de los "rayos de luz del sol naciente". Por este motivo se consideraba a los fósiles de Daonella lommeli, como objetos de efecto protector o portadores de la "buena suerte".




Fuentes:


- Anónimo. Santuario de la Virgen del Toro. Wikipedia.
- Casasnovas, Andrés. 1931. Leyendas menorquinas: La Virgen de Monte Toro. Ilustración Católica, Nº 22. La Hormiga de oro. Barcelona p. 352-353 (28/05/1931)
- Llompart, C., Obrador, A., Rosell, J. 1979. «Geologia de Menorca». Vidal, J. M. (dir.): Enciclopèdia de Menorca. Vol. I (Geografia Física). Maó: Obra Cultural Balear de Menorca, p. 3-83.
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- Mas, G., Astudillo, H., Quintana, J. , Obrador, A. 2014. «Etnopaleontonímia balear. Recull de noms populars de fòssils de les Illes Balears», Estudis Romànics, 36, (pp. 131-164) 

- Moll Marquès, Marc. (2003): Medicina popular menorquina, segles XVI-XXI. Plantes, animals, minerals i altres modalitats curatives. Palma de Mallorca. Edicions Documenta Balear. 238 pp.
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- Rosell, Joan & Llompart, Carme. 2002. El naixement d’una illa: Menorca. Guia de geologia pràctica. Maó. Institut Menorquí d'Estudis. Moncada i Reixac, Impressió i relligat Dacs, Indústria Gràfica, S.A.
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- Wachtler, Michael. Fossilien der Dolomiten mit Erklärungsweisen aus der Mythologie. DoloMythos. Das größte Dolomitenmuseum