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martes, mayo 25

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (2)

por Heraclio ASTUDILLO POMBO. Dep. MACS, UdL.


Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular, española, con Dios, Jesucristo o con la Trinidad.


Como ya comentamos, en la introducción a este capítulo, publicada en diciembre del 2009, las razones que puede haber tenido la tradición popular, española, para vincular a un cierto tipo de fósiles, con una determinada advocación del santoral católico, pueden ser muy variadas y, a veces, hasta pueden resultar chocantes para la mentalidad de la gente actual, pero en ningún caso se puede afirmar que resultan arbitrarias, pues siempre hay alguna causa justificada, razonable que permite establecer algún tipo de relación entre el fósil y su nombre popular.

En esta segunda entrega, vamos a presentar los casos de fósiles ibéricos, a los que la tradición popular española, ha relacionado mediante leyendas con Dios, con Jesucristo o con la Trinidad que hasta el momento presente, hemos podido encontrar y recopilar.



1- Fósiles asociados con Dios Padre.


1.1. Piedras de cuando Dios apedreaba a los impíos, desde el cielo...

En algunas localidades de los valles navarros de Arakil y de la Burunda, valles que forman parte de la comarca euskaldún de La Barranca o de Sacana (eusk. Sakana), a los fósiles de erizos de mar de los géneros Micraster sp. y Echinocorys sp., del Cretácico superior que se hallaban en el campo, hasta hace pocos años, mediados del siglo pasado, les daban el nombre popular, en euskera, “Jainkoaren arriya” o “Jangoikoen arriya” es decir "piedra de dios" o "piedra de dios del cielo". Generalmente, se trataba de fósiles de la especie Micraster coranginum que era la más abundante.

Existía la creencia popular de que caían del cielo, durante las tormentas, como materialización de los truenos y de los rayos. Y en tiempos anteriores se creyó que eran lanzados por un ser divino para castigar a los impíos que infringían sus normas.
También existía la creencia popular de que la sorprendente marca con aspecto de cruz deprimida que, este tipo de piedras, presentaban en la parte más abombada, en realidad era la depresión determinada por 4 de los surcos más profundos del sistema ambulacral, era una marca sagrada que había sido impresa por el supremo creador, para que mediante este signo característico, los buenos cristianos pudieran reconocer, fácilmente, este tipo de "piedras virtuosas", es decir dotadas por Dios con propiedades extraordinarias y pudieran servirse de ellas como protección contra rayos y centellas.

Aspecto acorazonado, típico, de un Micraster coranginum, en esta imagen, debido a la iluminación, se aprecia muy bien la marca en forma de cruz característica, origen de muchas leyendas y usos populares.
Imagen: Hontza museo

En la comarca de la Sacana, sus habitantes estaban tan convencidos del extraordinario efecto protector, de estas piedras celestes, contra la caida de rayos y centellas, que fueron usados, durante siglos como amuletos de protección contra los impactos de los rayos. Este uso apotropáico, posiblemente milerario, se mantuvo vivo hasta la década de los setenta, del siglo pasado, manteniéndose expuestos en los tejados y alfeizares de las ventanas, de casas y bordas, por su propietarios, fósiles de erizos de mar cretácicos, para preservarlas de la destrucción y del incendio, causados por rayos y centellas. También eran llevados, encima, por campesinos y pastores u otras gentes que debían transitar por descampado, para prevenir la muerte por fulminación, durante las tormentas electricas.



2- Fósiles asociados con Dios Hijo: Jesús, Cristo o Jesucristo


2.1. "Piedras de los judíos", alaveses, de cuando  quisieron matar a Cristo, a pedradas.



En la localidad de Salvatierra-Agurain (Álava), hasta mediados del siglo pasado, a los erizos de mar fósiles del genero Micraster sp. y, muy especialmente, a los de la especie M. coranginum, se les daba el nombre popular de “matacristos” o “piedra matacristo”, como sinónimo de "piedra de judío". Este nombre popular iba asociado a una supuesta actitud asesina y anticristiana de las gentes de religión judía, pues existía la creencia popular, de que este tipo de "piedras", señaladas, milagrosamente, con una marca en forma de cruz deprimida, en su parte más abombada, eran las mismas piedras que, bastantes siglos atrás, habían sido lanzadas por los malvados y odiosos judíos, contra Cristo, con la pérfida intención de matarlo. Tal suceso legendario según creían algunos había ocurrido muchos siglos atrás, cuando el Hijo de Dios, había pasado por aquel mismo lugar, predicando el Evangelio. Según otros, el imaginario lanzamiento de piedras habría sucedido cuando estando Jesucristo ya clavado en la cruz, los malvados judíos quisieron rematarlo a pedradas...

Ilustración, extraída de un códice medieval, depositado en la Bibliothèque Nationale de France, representando el martirio de san Esteban, por medio de lapidación, a manos de un grupo de malvados judíos. Se ha representado a un pacífico santo cristiano, indefenso, que
 mientras está orando piadosamente, arrodillado dando la espalda a sus verdugos, es apedreado sin piedad.
Posiblemente, una conducta similar a la que se representa en esta escena, pero teniendo a Jesús como protagonista, fue lo que debieron imaginarse los lugareños alaveses, para explicarse las raras concentraciones de extrañas "piedras con cruz" que existían en algunos lugares.
Imagen: Le Martyre de Saint Etienne. 

La presencia de este tipo de fósiles, en ciertos lugares de Álava, siglos atrás, dio lugar, no sólo, a leyendas sobre diversas situaciones en las que se produjeron intentos de lapidación de Jesucristo por los judíos de la localidad, por ejemplo cuando pasó por el lugar predicando, o de camino hacia el monte Calvario o cuando ya estaba clavado en la cruz, en ese mismo monte... de la Palestina histórica. También dió lugar a un tipo de "seudogentilicio" despectivo que se aplicaba a todos los habitantes originarios de aquellas localidades, en cuyo término municipal existían yacimientos de este tipo de fósiles, a los que de esta manera se les relacionaba como descendientes o emparentados de la "raza maldita".

Ilustración comparativa, mostrando el aspecto característico y muy semejante, a simple vista, de los caparazones de dos especies muy próximas, del género Micraster. Micraster coranginum (izquierda) y Micraster cortestudinarium (derecha). Representados en vista lateral (arriba), superior (en medio) e inferior (abajo).
Imagen: Ian West

Hasta hace, relativamente, muy pocos años, en la década de los años cincuenta, a los habitantes de Elvillar, Galarreta, Garayo, Heredia y Torre, los habitantes de los pueblos de los alredores, les apodaban despectivamente “judíos”, no porque se tratase de localidades en las que históricamente se hubiera concentrado una numerosa comunidad hebrea, sino porque en su territorio abundaba fósiles de "micraster", a los que por tradición popular, se creía que eran las piedras transformadas, milagroamente, en infalibles pruebas pétreas, de la perversidad de los judíos y de que en aquel mismo lugar, se había producido el intento de lapidación del Hijo de Dios.

Posiblemente, la razón para asociar este tipo de fósiles con Jesucristo y con los judíos, en Álava, se deba a que en Palestina, existen erizos fósiles muy semejantes a los alaveses, a los que en la Edad Media, se les asoció la leyenda que aseguraba que su origen estaba en la transformación milagrosa de las vulgares piedras que los judíos, de Jerusalém, habían arrojado a Cristo, mientras estaba clavado en la cruz, en la colina de el Calvario. Los cruzados y los peregrinos que visitaron Tierra Santa se trajeron a Europa estas historias y este tipo de piedras.



2.2. "Huellas de asno", de cuando Cristo pasó por la Rioja, montado en una burra...

Antaño, en alguna localidad de La Rioja, ahora desconocida, se conocía a un rastro de icnitas o huellas de pisadas de dinosaurio, como las "pisadas de la burra de Cristo", pues según tradición popular, se creía que aquellas marcas habían quedado, milagrosamente, impresas sobre la superficie de roca, porque Jesucristo pasó por aquel lugar, siglos atrás, cabalgando una burra, cuando fue a predicar el evangelio, a los entonces paganos habitantes de aquella localidad.

Aspecto de una rastrillada de icnitas de saurópodo, impresa en una superficie rocosa. Hasta cierto punto, bastante semejante a la que podría haber dejado impresa en barro blando, el paso de una caballería.
Imagen: Dinosoria


Si, antiguamente, una rastrillada de icnitas dinosaurianas pudo ser confundida con marcas de pisadas dejadas, por el paso de un asno, es que dichas marcas, muy probablemente, fueron dejadas por el paso de algún ejemplar juvenil de dinosaurio saurópodo que debido a su corta edad tenía un tamaño pequeño y por la forma característica de sus pies y manos, habría dejado un tipo de huellas muy características, de forma más o menos, semilunar u ovalada(manos) y, más o menos, ovaladas o circulares (pies). Huellas que en un contexto social, altamente religioso y escasamente historiado, habria dado lugar a una leyenda sagrada.

Aunque la mención a estas icnitas aparecen recogida en distintas publicaciones, los responsables de las mismas no recuerdan la ubicación concreta y, hasta el momento nadie ha sabido darme razón de su localización geográfica concreta, más allá de que estaban en algún lugar, ahora olvidado, de La Rioja.

Imagen pictórica, representando a Jesucristo, acompañado de sus discípulos, entrando en Jerusalén el domingo de ramos. Cavalgándose sobre una burra a la que acompaña su pollino. 
Pintura de Duccio di Buoninsegna, de 1308-1311.  Tempera sobre madera estucada. Museo dell’Opera del Duomo, Siena 
Imagen: Web Gallery of Art


Según opinión del paleoicnologo riojano Félix Perez-Lorente, el asunto podría ser el resultado de la invención de algún paisano o de la confusión de algún periodista, pues él que se ha movido mucho y durante muchos años, por todas las zonas riojanas con icnitas, no recuerda haber oído mentar nunca, estas icnitas. Con el paso del tiempo, la información periodística, se habría ido extendiendo por diferentes medios de comunicación españoles, al irse reproduciendo la información, sin haber sido contrastada, previamente.


3- Fósiles asociados con la Trinidad cristiana, formada por la tríada: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.


3.1. "Piedrecitas que alejaban el rayo", generadas por el terreno de una montaña navarra, bendecida por la presencia de la ermita de la Trinidad


Hasta hace pocos años, los habitantes de los pueblos de los valles que rodean al monte Erga, montaña situada en el noroeste de Navarra, zona tradicionalmente vascófona, por su proximidad y apertura a las tierras guipuzcoanas, cuando ascendían, en procesión, hasta la ermita de la Trinidad, en el día que el municipio tenían asignado para rendirle culto a la santísima Trinidad, recogían, devotamente, un tipo de piedrecillas de formas extrañas que se podían encontrar, en algunos lugares, del camino que, partiendo desde Aguinaga, ascendía hasta la ermita.

Derecha. Aspecto de una concha fosilizada de Rhynchonella decorata, del Jurasico medio, en vista superior (arriba) y lateral (abajo).
Imagen: Wardsci


Estas curiosas y raras piedrecillas eran denominadas por los romeros Hirutasun Santuaren arriak”, es decir, “piedras de la santísima Trinidad”, posiblemente, el nombre popular hacía alusión al lugar de procedencia de aquellas piedrecitas, el monte del santuario (ermita) de la Trinidad. La devota recolecta de tales piedrecitas sagradas se hacía con la finalidad de usarlas, posteriormente, como amuletos protectores contra la descarga del rayo, en donde ellas estuvieran presentes.


Izquierda. Aspecto de un ejemplar de Zeilleria (Cincta) numismalis, del Liásico, en vista superior . 

En realidad, las piedras sagradas y protectoras que recogían los romeros, sólo eran fósiles de braquiópodos jurásicos, un tipo correspondía a ejemplares de la especie Rhynchonella decorata y las otras a ejemplares de la especie Zeilleria (Cincta) numismalis, cuyos yacimientos afloraban, naturalmente, en ciertos puntos del terreno situados, junto a la ruta que seguían la romería.



Fuentes:

- Aguirre, José.1922. Actas de la 86ª Sesión de de la Junta de Gobierno del Museo Municipal (actual Museo de san Telmo) de San Sebastián, celebradas el día 19 de Diciembre. http://www.museosantelmo.com/archivo_digital/libros_actas_st/1919-1933/word/1922-12-19.doc
- Astudillo Pombo, Heraclio. 2009. Sobre los diversos y extraños nombres de los fósiles (1). Folklore de los fósiles ibéricos, febrero. http://folklore-fosiles-ibericos.blogspot.com/2009_02_01_archive.html
- Astudillo Pombo, Heraclio. 2008. Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español (3). Folklore de los fósiles ibéricos, marzo. http://folklore-fosiles-ibericos.blogspot.com/2008/03/fsiles-ibricos-vinculados-con-el-rayo_08.html
- Baráibar Zumárraga, Federico. 1903. Vocabulario de palabras usadas en Álava y no incluídas en el diccionario de la Real Academia Española (decimotercia edición) o que lo están en otras acepciones o como anticuadas. Madrid. Establecimiento Tipográfico de Jaime Ratés (Sucesor de P. Núñez) Plaza de San Javier, núm. 6. https://archive.org/details/vocabulariodepal00baruoft
- Baráibar Zumárraga, Federico. 1908. Nombres vulgares de animales y de plantas usados en Álava y no incluidos en el «Diccionario de la Real Academia Española» (Décimatercia edición) Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural», Junio de 1908) Madrid, Fortanet. 1908 (p. 280-298)
- Barandiarán, José Miguel de. 1972. “arri-bedeinkatuak”, en Diccionario ilustrado de Mitología Vasca, en La Gran Enciclopedia Vasca. Tomo VII. Biblioteca de la Gran Enciclopedia Vasca. Bilbao, (p. 333-580).
- Canudo Sanagustín, José Ignacio & Cuenca Bescós, Gloria. 1999. Paleoicnología de dinosaurios, en el suplemento Dinosaurios, de El Heraldo de Aragón (p. 4-5) http://www.aragosaurus.com/secciones/ined_tos/trabaj/CanudoyCuencaBescosicnitasdinosaurios_1999.pdf
- Leizaola Calvo, Fermín. 1991. Fósiles utilizados como protectores y otras creencias en torno a ellos. Zainak, 8, Cuadernos de Antropología-Etnografía. Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 1991, p. 59-66 www.eusko-ikaskuntza.org/fr/publicaciones/colecciones/cuadernos/articulo.php?o=11044
- Leizaola Calvo, Fermín. 1999. Símbolos mágico religiosos en el mundo rural de Euskal Herria. Zainak, 18. Cuadernos de Antropología-Etnografía, San Sebastián, Eusko Ikaskuntza, 1999 (p 195-217) Símbolos mágico religiosos en el mundo rural de Euskal Herria http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/zainak/18/18195217.pdf
- López de Guereñu, Gerardo. 1958. Voces alavesas. Euskera, número especial, Euskaltzaindia, Bilbao. (p. 309). Reedición de 1998.
- Perez-Lorente, Félix, comunicación personal del 14 de febrero de 2008,
- vv.aa.1999 Diccionario Euskaldunak de Etnografía Vasca. vol.2, (p. 628) Ed. Etor-Ostoa. Lasarte/Oria. Gipuzkoa. Euskadi.

sábado, marzo 8

El rayo y los fósiles ibéricos (3)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo por el folklore español (2)

Una antigua creencia, resistente al paso del tiempo y muy extendida, en la Península ibérica (3)

 
LAS PIEDRAS DEL RAYO EN NAVARRA (2ª parte)

- Las "cantellas", "centellas" o/y "ramaskilluak" del Valle de Araquil.


En Urrizola, en el valle de Arakil, a los fósiles de Micraster coranginum que eran los más abundantes, se les daban tres nombre distintos: cantellas, centellas y ramaskilluak, aúnque a veces, estos nombres también se daba a otras especies indeterminadas de micraster: Micraster sp. y, en menor medida, a los fósiles de Echinocorys vulgaris y de Echinocorys sp. por ser mucho más raros.

El nombre “cantella” es muy probable que se trate de una deformación del término "centella", pues este nombre también se usaba en la misma zona para nombrar a este tipo de fósiles, siendo de uso mucho más común y absolutamente congruente con el uso popular que se le daba a este tipo de fósiles, como amuletos protectores contra la caída del rayo y contra la muerte por fulminación. Por lo tanto, ambas denominaciones manifiestan la creencia implicita de que se trataba de un tipo de piedras aéreas, de las que se suponían que acompañaban al rayo o a la centella en su caída desde la nube de tormenta.
 
Como en otros casos, la denominación popular de este tipo de "piedras" tan extrañas y raras, pondría de manifiesto la creencia arcaica de que tal tipo de "piedras" forzosamente debería tener un origen no terrenal. Por este motivo se les asignó un origen supuestamente aéreo, afirmando que se formarían durante los fenómenos tempestuosos, y acompañarían al rayo en su descenso hasta la tierra. Por lo tanto, este tipo de fósiles ponen de manifiesto la existencia de una clara y directa vinculación popular con el fenómeno meteorológico del rayo y con su poder incendiario y destructivo.
Imagen: Micraster 

El significado y la etimología del nombre popular vasconavarro "ramaskillu" o "ramaskillua", hasta mayo del 2010 nos resultaban un misterio insondable, a pesar de los diversos contactos establecidos con euskaldunes, es decir vasco-hablantes, y los muchos esfuerzos que habíamos realizado, para descifrar su significado literal. Afortunadamente, el contacto, vía correo electrónico, con Jose Luis Erdozia Mauleon, doctor en filología vasca y autor del "Sakanako Hiztegi Dialektologikoa", es decir, "Diccionario Dialectológico de la Comarca de Sakana", publicado el año 2004 por Nafarroako Gobernua & Euskaltzaindia, nos aportó la luz necesaria para esclarecer el antiguo enigma, pues me contesto lo siguiente:  ...."no se me ocurre otra posibilidad que la de la metátesis de consonantes del término "marraskilluak" (caracoles/as), que derivaría en "rramaskilluak", donde la consonante vibrante inicial no se duplica al escribirla, resultando "ramaskilluak"

Quizá los lectores puntillosos y los buenos observadores, bien ilustrados por las excelentes láminas de libros modernos, podrán argumentar que los caparazones fósiles de los erizos que hemos citados, no se parecen mucho o nada a las conchas de caracoles, ya sean éstos de tierra o de mar, pero existen ciertos géneros de caracoles con conchas de forma muy globosas, como son el caracol marino Natica sp. o el caracol terrestre "de huerta" (Helix aspersa) que, hasta cierto punto, se les podrían asemejar un poco.

Aspecto globoso de la concha del caracol de huerta, contemporáneo, del género Helix.
Imagen: http://vidaprimitiva.com/foro/viewtopic.php?f=44&t=408

Además, hace 200 o 300 años, cuando se les pudo dar el nombre vulgar, la gente corriente no estaba tan ilustrada, ni tan viajada, como puede suceder en la actualidad. Es posible que dada la falta de referentes, reales o gráficos, para gentes de tierra adentro, de aquella época, a nadie se le ocurriría pensar que aquellas piedras pudieran tener alguna relación con los erizos de mar. Además, el hecho de que en algunos lugares, junto con los caparazones petrificados de erizos, también aparecen algunas conchas, claramente, espiraladas con el aspecto típico de verdaderos caracoles y otras conchas, típicas, de bivalvos, quizá por esa relación de aparición conjunta se les habría considerado como "conchas" o "caparazones" y asociados a caracoles.

 Aspecto globoso de la concha de caracol de mar contemporáneo, del género Natica
Imagen:  http://www.jaxshells.org/nael.htm

 Por todo lo argumentado, creemos que el origen del nombre "ramaskilluak" podría ser el resultado de una generalización indiscriminada...y quizá intencionada, pues así podría servir a los clérigos para demostrar a los campesinos del Valle de Arakil, unas pruebas materiales de la supuesta veracidad, irrefutables, de la existencia y efectos del relato bíblico del Diluvio universal.

Pero como se les daba el mismo tipo de uso amulético y con la misma finalidad preventiva o repelente del rayo, que a los que recibían otros nombres muy distintos, esto nos permite suponer que, a pesar del nombre popular, mantenían su vinculación con creencias populares supersticiosas muy antiguas, seguramente precristianas, que nos indican que, implícitamente, se les consideraba como piedras de chispas o piedras de centella, caídas del cielo. (Este término ha sido actualizado en mayo del 2010)


- Las “piedras de bruja” del valle de Ergoyena.
 
En Lizarraga, en el valle de Ergoyena, los fósiles de Micraster coranginum, muy abundantes en la zona, eran conocidos, en euskera, con tres nombres: “sorgin arri”, “sorgin arria” y “sorrin arria”, nombres que, como en casos anteriores, también se aplicaban a los fósiles de Micraster sp. y a los de Echinocorys sp., que eran menos frecuentes.
A pesar del distinto nombre, los fósiles eran usados de la misma manera y con los mismos fines que en los casos citados anteriormente.

Los nombres sorgin arri”, “sorgin arria”, es decir “piedra/s de bruja” quizás haga referencia al uso amulético protector que se les daba antiguamente para conjurar las temidas tormentas portadoras de rayos y granizo, las cuales, antiguamente, se creían que eran conducidas por brujas o brujos que cabalgaban sobre las las nubes contra las cuales tendrían un supuesto efecto repelente, haciendo que se alejaran del lugar en el que estaban expuestas, a la vista, sobre alfeizares de ventanas o tejados. 
Pero también nos podría señalar que durante la cristianización de la zona no se consiguió la identificación y asimilación de URTZ, ORTZ u OST divinidad meteorológica antigua con el dios supremo de la nueva religión. Razón por la que se optó por favorecer la asimilación degradatoria de la antigua divinidad pagana, de forma que el “Urtz señor de los cielos” pasaría ser convertido en una “simple” bruja malvada conductora de tormentas terrorificas y de efectos destructivos.

Grabado del siglo XIX, representando a dos brujas conduciendo una tormenta, mientras van cabalgando sobre una escoba voladora.


Si tomamos en cuenta para el nombre sorgin dos etimologías y significados distintos, propuestos por algunos folkloristas y filógos vascos, vemos que en ambos casos el nombre tiene relación con la suerte.
En el caso de que sorgin procediera de la contracción de sorte + -gin, significando: "echadora de suertes", podría señalar hacia el posible uso, de este tipo de fósiles, en antiguos rituales mágicos, efectuados por hechiceras para conocer el futuro de las personas que iban a consultarlas sobre este asunto y saber si serían afortunadas o desafortunadas. 

Pero el nombre sorgin también podria proceder de la contracción de sor- + -gin, con el significado “creadora de suerte”, en este caso, el nombre podría señalar sobre el uso de este tipo de fósiles en antiguos rituales mágicos, efectuados por hechiceras con la finalidad de conjurar la mala suerte, o atraer la buena fortuna, hacia ciertos lugares o personas que se considerarían poco afortunados o perseguidos por la desgracia.

Los cinco surcos ambulacrales, que presenta el caparazón del erizo de mar fósil, pudieran haber sido identificados, en tiempos anteriores a la cristianización, con el signo pagano de la pentalfa o pentafolia, razón por la cual, tras la cristianización, el fósil se asoció a las brujas puesto que eran las representantes de la religión antigua
Imagen: Micraster 

En diversos lugares de Dinamarca y Alemania, se han recogido algunos nombres populares equivalentes que hacen referencia a costumbres y antiguos usos populares del mismo tipo de los anteriormente citados, aúnque estuvieran relacionados con otros generos distintos de erizos de mar fósiles.

El nombre “sorrin arria”, de uso mucho menos común que los otros dos, que han sido citados anteriormente, derivaría posiblemente, por la corrupción del nombre más común: "sorgin arria".


- Las “piedras de Dios” o “piedras del Señor del cielo” del Valle de Araquil.

En Urdiaín, en el Valle de Araquil, los fósiles de Micraster coranginum, muy abundantes en la zona, eran conocidos entre los lugareños con los nombres de “Jainkoaren arriya” y de “Jangoikoen arriya”, es decir “piedra de Dios” o “piedra del Señor del cielo”. Como en casos anteriores, también se habían aplicado a otros erizos de mar fósiles menos comunes, como Micraster sp. y Echinocorys sp.
Este nombre, según comenta J. M. de Barandiarán, parece remitirnos hasta una antigua divinidad vasca llamada In, equivalente en atributos y funciones a otra deidad prerromana, de los primitivos vascos, deidad responsable de diversos fenomenos celestes y meteorológicos, que era llamada Urtz, Ortz u Ost, según recoge la mitología euskérica.

Muy posiblemente esta deidad pagana, habría sido asimilada por el dios cristiano tras la cristianización de la comarca, y dado origen a la palabra Inko, nombre con el que en algunas regiones del país vasco se nombraba a Dios.

Representación del siglo XIII en el que se ve a Cristo como diseñador y creador del Universo. Tesoro de la Catedral de Toledo
Imagen: http://catedu.es/matematicas_mundo/ARTE/pantocrator.jpg

El nombre dado a los fósiles parece señalar que tras la cristianización de esta zona montañosa, las "piedras" de imaginaria procedencia celestial debieron desvincularse de las antiguas divinidades meteorológicas paganas In, Urtz, Ortz u Ost y se asociaron a la nueva divinidad cristiana Inko.

El aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral del Micraster coranginum, habría servido para identificar estas depresiones del fósil con una señal divina y a las piedras que portaban el signo de Cristo, como piedras virtuosas.
Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm

Una posible justificación para romper con la tradición de la religión antigua, podría ser que sobre la parte más abombada o superior de la "piedra", era bien visible la marca representativa de la nueva religión: una cruz de cuatro brazos. En realidad eran cinco depresiones alargadas, formadas por  los cinco surcos ambulacrales, pero cuatro de ellos resultan más visibles por lo cual era fácil ver una cruz, el símbolo del todopoderoso dios de los cristianos.

- Las “piedras de santa Lucía” del Valle de Allín.

En Aramendia, Galdeano y Muneta, en el Valle de Allín, los fósiles de Micraster coranginum, muy abundantes en esa zona, eran conocidos entre los lugareños, como “Piedras de santa Lucía” y también como “Santa Lutziaren arriak”.
Como en casos anteriores, ocasionalmente, estos mismos nombres habían sido aplicado a otros equinoideos fósiles, menos frecuentes, Micraster sp. y Echinocorys vulgaris.

Pintura de Domenico di Pace Beccafumi (s. XVI), representando a santa Lucía de Siracusa, con sus atributos de mártir: un par de ojos sobre una fuente y una espada.
Imagen: Saint_Lucy 

En algunas zonas del País Vasco, al rayo se le llamaba literalmente: “luz o resplandor del (Señor del) cielo”, y también “luz del (Señor del) trueno”, incluyendo tales denominaciones la presencia de un prefijo que hace referencia a una antigua divinidad pagana: In, Urtz, Ortz u Ost, señor de los fenomenos celestes y meteorológicos. Este hecho pone de manifiesto que en la antigüedad existía una vinculación de causalidad entre el fenómeno meteorológico y unas antiguas y temibles divinidades celestes, causante de rayos y truenos, deidades paganas que, posiblemente, en esta zona, tras la cristianización debieron acabar siendo asimiladas y substituidas por la santa cristiana que es la patrona protectora de la luz del cielo, santa Lucía. 

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral del Micraster coranginum, razón por la cual la mentalidad popular habría identificado el fósil como una piedra bendita pues estaba marcada con el signo de Cristo.

Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm

La vinculación de la santa con la protección de la luz solar es la razón por la que en la tradición cristiana, su fiesta se celebró muy cerca del 21 de diciembre, momento del solsticio invernal, un periodo del ciclo anual que, en la antiguedad, se consideraba muy crítico, pues entonces se creía en la lucha permanente entre las fuerzas del mal, de la oscuridad y de la muerte contra las fuerzas del bien, de la luz y de la vida, fuerzas que en esa época del año parecían estar en peligro, ante el empuje de sus contrarias. La misión de la santa era proteger la luz y el calor del sol, y por tanto la vida, pues ante el empuje de las fuerzas del mal los días se iban acortando y las noches se iban alargando y el frío se iba haciendo cada vez más fuerte.


Las "piedras de Santiago" de la comarca de La Barranca, en euskera, La Sakana.


A los fósiles de erizos de mar de los géneros Micraster sp. y Echinocorys sp., del Cretácico superior, generalmente se trataba de la especie Micraster coranginum, la más abundante de todas en esa zona, se las denominaba, en euskera, "santikuarri", es decir, "piedra de Santiago", en castellano.
Como en muchos de los casos citados anteriormente, se la recogía y trataba respetuosamente, poniéndosela en lugares elevados de la casa familiar, para protegerla contra la caída de rayos. Tal uso era debido a su asociación con Santiago Zebedeo, el apóstol apodado "hijo del trueno"

Del nombre popular de esta "piedra", podemos deducir que se la creería capaz de alejar "el mal" derivado de las tormentas más terrorificas y destructivas, también es posible que pudiera estar vinculada con algún hecho hagiográfico-legendario que actualmente desconocemos.
De su uso, se puede deducir, con toda claridad, que se la creía dotada de "la virtud" de alejar el impacto del rayo y por tanto poseedora de la capacidad antifulminaria.


domingo, marzo 2

El rayo y los fósiles ibéricos (2)


por Heraclio Astudillo Pombo. UdL.

Fósiles ibéricos vinculados, con el rayo, por el folklore español (2)

Antiguas creencias, resistente al paso del tiempo y muy extendidas, en la Península ibérica


"PIEDRAS DE RAYO", EN NAVARRA (1ª parte)


Las "piedras de Santiago"

En la cultura popular de esta comunidad autónoma existió una fuerte vinculación de los erizos de mar fósiles de los géneros Micraster y Echinocorys, con el fenómeno meteorológico del rayo. Vinculación ya citada en el capítulo dedicado a los fósiles jacobeos de Navarra, reunidos bajo el título de "Piedras de Santiago" de la comarca de La Sacana, al tratar de su vinculación popular con Santiago Apóstol. Tales fósiles eran conocidos entre los habitantes de muchos lugares de esta comarca del noroeste de Navarra como “Santiago arriak”, es decir, piedras de Santiago, aunque en ciertas localidades, también eran conocidos con otros nombres ligeramente diferentes. Así en el valle de la Burunda, en las localidades de Bakaikoa e Iturmendi se les conocía como "Santiyo arriya", mientras que en Etxarri Aranaz, se referían a ellos como “Santiyo arri” y como "Santiyo arriya".

En su momento, también comentamos sobre estos fósiles, que en esa comarca se usaron como amuletos protectores contra la fulminación, por lo que si tomamos en cuenta su uso popular, además de su motivación onomástica, se hace patente que el folklore navarro había vinculado estos fósiles también con el rayo.

Muchos de los nombres que, en euskera, se daban al rayo, tales como: ozpinarri, ozpiñarri, ozkarri, ortzarri, oneztarri y tximistarri ponen de manifiesto la antiquísima creencia de que el rayo era guiado o transportaba en su punta una piedra, pues el sufijo -arri, presente en todos los nombres mencionados, significa piedra. Por otra parte, los prefijos: oz, ortz o ezt hacen referencia al nombre de una divinidad celeste, tronante y relampagueante, existente en la antigua mitología vasca: el dios vascón Oz.

Terrorifico efecto de un rayo cayendo a tierra, en un terreno llano, después de pasar a través de un árbol solitario que ha servido de objeto natural para descarga una parte de la elevada tensión eléctrica de una nube tormentosa
Imagen: http://feralon.blogspot.es/img/RAYO.JPG

Si traducimos, literalmente, los diversos nombres con que los vasco denominaban al rayo, nos encontramremos con que el significado en castellano, sería: piedra de Oz, piedra del cielo, piedra del relámpago, piedra del rayo, etc.

El arraigo de la creencia en que, verdaderamente, existen piedras que caen del cielo, en la cultura popular del medio rural, de las zonas navarras de lengua y tradición euskérica,  posiblemente, impulsase a sus habitantes a intentar localizar alguna de las "piedras de rayo" caídas en su entorno natural. Se suponía que este tipo de piedras celestiales debían ser reconocibles por ciertas características, típicas de su categoría, que debían mostrar de forma visible para hacerse reconocibles por los humanos. Los equinoideos fósiles, tan abundantes en esta zona, reunían algunas extrañas propiedades, inexistentes en otras clases vulgares de piedras, que los hacían acreedores a la interpretación y consideración popular como autenticas “piedras de rayo”.  Su aspecto era muy extraño, de formas redondeadas, a veces en forma de corazón, con una superficie muy lisa y llena de puntitos, verrugas, etc. que además presentan una marcas, en forma de flor de cinco pétalos o de estrella de cinco puntas que en algunos casos, eran percibidas como depresiones en forma de cruz de cuatro o de cinco brazos.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores, del sistema ambulacral, en el dorso de este erizo de mar fósil, del género Micraster. La percepción de una cruz sobre una "piedra rara",  habría sido causa suficiente para que este tipo de fósiles fuesen identificado, por la gente común, como una "piedra celestial, bendita" por estar marcada con el signo de la cruz, el signo de Cristo.
Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm


También hemos podido constatar, que en una zona, relativamente pequeña, del noroeste navarro, unos mismos tipos de fósiles, conservando los mismos atributos sobrenaturales y usos populares semejantes, eran conocidos con muchos otros nombres que no estaban vinculados con Santiago Apóstol. La motivación de esos nombres parece señalar hacia creencias populares implícitas, bastante específicas y posiblemente muy antiguas. Sobre nuevos nombres y creencias ancestrales navarras, asociadas a los erizos de mar fósiles y sus localidades, trataremos a continuación.

Aspecto de tres ejemplares de Echinocorys vulgaris (Holasteridae). En vista superior-lateral. Cretácico Superior, Santoniense
Imagen: http://www.primigenius.com/shop/foto/FS%203723.jpg


El uso que se daba a este tipo de piedras de rayo, en la zona estudiada, era el mismo en todas partes. Con el fín de alejar las tormentas que eran las portadoras de los rayos, estos fósiles eran expuestos en los alfeizares de las ventanas y así proteger a los edificios del impacto destructor y del incendio. Los transeuntes que debían permanecer a la intemperie, incluso en caso de tormenta, los llevaban en el bolsillo o en el zurrón, convencidos de que así estaban protegidos de la muerte por fulminación, pues había la creencia de que este tipo de piedras poseían la virtud de alejar la caída del rayo de las inmediaciones de donde hubiera una de ellas.


- Los “calbarros” y “galbarros” de diversas localidades del noroeste de Navarra (valles de las Améscoas).
- Los “calvarros” de Aranarache y Zudaire (valle de Améscoa Alta), Ekala y San Martín (valle de Améscoa Baja). 
- Los “calvarris” de Eulate (valle de Améscoa Alta) y los “calvorros” de Galdeano (Valle de Allin).

Hasta mediados del siglo XX, todos los nombres citados en el título de este apartado, se usaban para nombrar a los fósiles de erizos de mar, del Cretácico superior, contenidos en margas del Santoniense Superior, baste abundantes en algunas zonas navarras. Estos nombres se daba, mayoritariamente, a los fósiles de Micraster coranginum que eran los más abundantes, aúnque a veces, también se daba a otras especies indeterminadas (Micraster sp.) y, también, aúnque mucho más raramente, a los erizos de mar fósiles de la especie Echinocorys vulgaris y a otras indeterminadas del mismo género (Echinocorys sp.)

Estos nombres populares, de orígen vasco, quizás puedan proceder de la fusión y contracción de dos palabras euskaras: kalpar (cast. calva) y arri (cast. piedra) para dar una nueva palabra: calparri que, luego, evolucionaría hasta calbarri y a partir de aquí aparecerían todos los demás derivados dialectales: calvarri, calbarro, calvarro, galbarro y calvorro.
En el supuesto de que la etimología que hemos propuesto sea acertada, el significado “piedra calva” debería hacer referencia alguna característica importante de este tipo de fósiles.

La primera posibilidad de motivación onomástica, sería que dicho nombre estuviera motivado por un tipo de uso particular de este tipo de fósiles, como proyectil en un juego o deporte popular tradicional de origen pastoril: "el juego de la calva", idea a la que nos remite lo que dice Pedro Argandoña Ochandorena (1994) en la p. 85 de su artículo “Leyendas y cuentos de Lezaun (Navarra)”, publicado en Zainak. Cuadernos de
Sección. Antropología-Etnografía, nº 11. (71-118) :
"Cualquier piedra de forma redondeada se llama "calva", y también se conocía con ese nombre un juego que consistía en tirar piedras redondas (calvas) a otra piedra rectangular colocada verticalmente, en equilibrio, sobre el suelo, para hacerla caer.
También en las Amescoas se practicó el “juego de la calva”, zona en donde llaman "calvarris" a los fósiles de erizos de mar de forma redondeada, nombre etimológicamente derivado de calva."


De tal manera que la denominación calvarri , en mi opinión, podría derivar de la fusión de dos palabras "calva" y "arri", con el significado de "piedra de (jugar a la) calva"

Imagen mostrando los instrumentos necesarios para jugar a "calva", un juego tradicional ibérico, de lanzamiento y puntería, típico de zonas rurales de gran parte de España. Detrás de los objetivos,  del lanzamiento de "la calva", está un anciano sosteniendo una piedra redondeada "la calva". En este caso particular, se muestran los objetos usados en Trébago (Soria), se puede apreciar que son algo distintos de los que Pedro Argandoña describe como los que fueron usados en las comarcas navarras de las Amescoas.

Una segunda posibilidad de motivación onomástica, podría ser la semejanza de los cantos rodados y en particular la de los erizos de mar, con la parte cerrada de las calaveras: la caja craneana de los cráneos humanos, la parte que la anatomía denomina calvaria, nombre del cual deriva la palabra calavera.
Por tanto, no hay que descartar la posibilidad de que este nombre popular pudiera estar motivado por la analogía observada, entre este tipo de fósiles de aspecto abovedado, redondeado, liso y blanquecino con la calvaria del craneo humano, de aspecto parecido.


Aspecto de un fósil de Micraster coranginum, en vista lateral, comparese con el aspecto de la caja craneana de la calavera que se muestra en la imagen siguiente. Foto de Santiago Araguz.
Imagen 1:
http://www.araguz.com/pp46//showphoto.php?photo=5052&password=&sort=1&cat=533


Aspecto de un cráneo humano, en vista lateral. Observese la semejanza entre la caja craneana o calvaria del cráneo y el aspecto del Micraster coranginum, en vista lateral, representado en la imagen anterior.
Imagen 2: http://www.ucm.es/info/museoana/images/Colecciones/1079l250.jpg

Seguramente, pueda resultar demasiado aventurado, atreverse a plantear que la supuesta motivación anatómica del nombre del fósil, también pudiera sugerir la existencia de una antiquísima relación de tipo simbólico, entre estos fósiles y el culto a los cráneos de los antepasados, que se practicó en diversas zonas de Europa, durante siglos, desde el Paleolítico superior hasta la Edad del Hierro e incluso en épocas posteriores, de donde podríamos suponer una posible primitiva vinculación, de este tipo de fósiles con el culto a los muertos. Hipótesis que no debe ser descartada, de entrada, si tomamos en consideración que la arqueología ha encontrado en muchos enterramientos prehistóricos e históricos, en diversas zonas europeas de influencia céltica, los restos humanos acompañados de erizos fósiles. Esto demuestra que los cadáveres humanos se enterraban acompañados de equinoideos fósiles, esta costumbre antigua ha sido certificada, en muchas ocasiones por la Arqueología, aunque aún no ha sido explicada de forma satisfactoria, la motivación de este rito primitivo.

Grabado de la época victoriana representando el hallazgo arqueológico y paleontológico, realizado por Worthington George Smith, en 1887. Al excavar un enterramiento prehistórico de la primera Edad del Bronce, en Dunstable Downs (Gran Bretaña), se encontró los esqueletos de una mujer y un niño pequeño que aparecían rodeados, ritualmente, por cerca de 200 fósiles de erizos de mar, la mayoría de ellos del género Micraster sp., y unos pocos del género Echinocorys sp., ambos tipos de equinoideos son del Cretácico.



domingo, septiembre 30

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (1)

Por Heraclio Astudillo Pombo. Universitat de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados por el folklore español con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo (1)


Introducción: los fósiles asociados a Santiago en el imaginario popular ibérico.
 

La mentalidad mágica, generalizada, en la mayoría de la población rural española, hasta bien avanzado el siglo XIX, producto de una elevada y amplia religiosidad acompañada de una escasa alfabetización, unidas a la falta de explicación conocida al hecho de la fosilización de los restos de los seres vivos de tiempos pretéritos, estimularon a la gente común a usar la imaginación y la fabulación para comprender ellos mismos o para explicar a otros, ciertos fenómenos que inicialmente les resultaban sorprendentes, y que dejados sin explicación, resultaban fuertemente inquietantes. Por todas  las razones anteriormente apuntadas los fósiles, desde la antigüedad, frecuentemente se han interpretado como marcas o señales sagradas, en otras ocasiones se han considerado como proyectiles celestiales, piedras caídas del cielo para castigar a los malos cristianos, y antes de la cristianización, para castigar a los malos paganos. 
En determinados lugares se acostumbró a asociar la presencia de ciertos fósiles con prodigios milagrosos, tales como la presencia de seres celestiales, considerarlos como testimonios de santas apariciones, enfrentamientos y petrificaciones milagrosas o, más raramente, diabólicas.


Representación de Santiago "matamoros", cabalgando sobre su portentoso caballo blanco, en un códice medieval.
Imagen: Expolio 

Por otra parte, en toda la península ibérica a partir de la Reconquista, Santiago Apóstol fue el santo más carismático, por haber participado en diversas batallas en las que ayudó a las tropas cristianas a vencer a los moros. 

Según la tradición evangélica Santiago Apóstol había sido apodado por el mismo Jesucristo “Hijo del Trueno”, según dicen debido a su impetuosidad. Algunos autores consideran que el sobrenombre que le impuso Jesús es la razón por la cual no es de extrañar que Santiago Apóstol sea el protagonista de muchos hechos legendarios y portentosos que están relacionados con los fósiles, en todo el territorio español. Concretamente se le ha relacionado con algunos tipos de fósiles que debido a ciertas características visibles que presentaban, fueron interpretados en unos casos como auténticas  "piedras de rayo" o "puntas del trueno" y en otros como "piedras cristianas" usadas como proyectiles contra los moros, sobre todo, en Navarra y el País Vasco, pero también con aquellos fósiles que por su forma se podía asociar con los emblemas típicos de la  peregrinación de Santiago Zebedeo al Finisterre gallego. Finalmente hay que hacer mención de que también se asociaron algunos fósiles con el caballo de Santiago.




FÓSILES JACOBEOS EN EL PAÍS VASCO (1).

Las pisadas del caballo de Santiago, en Santiagomendi de Astigarraga.


Ciertas marcas y concavidades que tienen una forma semejante y el tamaño aproximados, característicos de la huella dejada por la pisada de una cavallería, existentes en las rocas, en algunas zonas de la montaña de Santiago-mendi (cast. Monte de Santiago), situado en Astigarraga, (Guipúzcoa), hacia 1950 eran denominadas por los naturales del país, en euskara,Aita Santiago’ren zaldiak egin zituen perra-arrastoak”, es decir “huellas de herradura que hizo el caballo de Santiago”. Tal denominación popular de los grandes fósiles de pectínidos erosionados provenía de una antigua interpretación legendaria. Pues se creyó que estas marcas habían sido producidas por los cascos del caballo volador de Santiago, cuando el santo pasó, cavalgando a lomos de su caballo, camino de Galícia, según unos, y camino de la batalla de Clavijo, según otros, dando grandes saltos sobre las cimas de algunos montes que había en el itinerario seguido.
En realidad, las supuestas huellas de pisadas del caballo de Santiago corresponderían a los moldes externos o concavidades impresas sobre la piedra, dejadas por el exterior de las conchas fósiles de unos grandes bivalvos marinos del genero Pseudopecten (Pecten) aequivalvis, que vivieron en el Liásico (Mesozoico). Estas conchas fósiles son muy parecidas a las conocidas “conchas de peregrino” o “vieiras” que durante siglos han formado parte del atuendo de los "peregrinos de Santiago" que iban o volvían de Santiago de Compostela, pero como también se asemejan a la silueta de la base de un casco caballar, su presencia en los alrededores de la ermita de Santiago, estimularon la fantasía humana a asociarlas con el paso de un caballo mítico.

Aspecto de un fósil de Pecten, en su matriz de roca, obsérvese que existe un cierto grado de semejanza entre la forma de la concha y la base del casco de un caballo.
Imagen: Geologie


En unas leyendas, el santo jinete aparece viajando vivo, predicando pacíficamente el evangelio, yendo de camino hacia Compostela, en Galicia, mientras que en otras leyendas, el santo jinete aparece como el belicoso “matamoros”, que había bajado del cielo después de muerto, a lomos de su caballo, para ayudar a las tropas cristianas en la batalla de Clavijo, en la Rioja.


Las “piedras de Santiago” de Andoaín (Guipúzcoa).

En los terrenos cretácicos de Alava, Guipuzcoa y Navarra es frecuente ver fósiles de erizo de mar de la especie Micraster coranguinum, de los cuales se decía en Andoain (Guipuzcoa) que eran los proyectiles que había utilizado Santiago, en las guerras contra los moros, con los cuales se suponía que los había bombardeado desde el cielo hasta conseguir expulsarlos de esa zona de España. 
Por el motivo de creerlos asociados a un santo y a hechos milagrosos los mencionados erizos fósiles recibían de los naturales del lugar, el nombre genérico de “Arri-bedeinkatuak”, es decir “piedras benditas”, por el hecho de haber sido tocadas o movilizadas por el santo contra los enemigos de la cristiandad, y el nombre particular de "Santiagoren arria", es decir "piedras de Santiago" o el de "Santiago Matamorosen arriak", es decir "piedras de Santiago Matamoros".

Este tipo de "piedras" cuando se las hallaba casualmente al cavar la tierra los agricultores, se procuraba no dañarlas con las herramientas al extraerlas. Era costumbre, buscarlas y recogerlas en el día del santo, pues se creía que estaban más repletas de virtud, para ser usadas, posteriormente, como amuleto protector contra el impacto del temido rayo. Era tradicional que este tipo de "piedras benditas" debido a su virtud específica, fueran llevadas encima por todas aquellas personas que debían permanecer a la intemperie, durante los episodios de las tormentas, con abundantes truenos y rayos: pastores, leñadores, arrieros, campesinos, marineros, etc., para alejar al rayo de sus personas.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral de este erizo de mar, fósil, por esta razón, este tipo de fósil habría sido identificado como una "piedra bendita", por la creencia de que estaba marcada con la cruz, el signo de Cristo.
Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm



Este tipo de piedras benditas también, fueron expuestas en lugares inaccesibles o ocultos del exterior de los edificios y construcciones rurales, tales como viviendas, establos, graneros y pajares, e incluso sobre ciertos árboles que resultaban muy apreciados por sus propietarios, para evitar que el rayo cayera sobre ellos, causando su destrucción o incendio y los perjuicios subsiguientes.



FÓSILES JACOBEOS EN NAVARRA (1)


 
Las "conchas de peregrinos" de piedra, de Santiago de Lokiz.

En los alredores de la ermita de Santiago de Lokiz, la más famosa de todas las existentes en los valles de Amezkoa y Lana, abundan los fósiles de pectinidos, del genero Pseudopecten aequivalvis

Aspecto de un fósil de Pseudopecten aequivalvis, con la típica forma de la popular "concha de peregrino", "vieira" o "concha de Santiago"
Imagen: szukajas


Según los relatos orales, transmitidos de generación en generación en esa zona, su presencia se debe a que Santiago Apóstol pasó por esos montes desolados, hace siglos, en el transcurso de su larga ruta hacia Galicia y que esa es la razón por la que de forma prodigiosa, aparecieron por allí numerosas "Conchas de Peregrinos" de piedra, para dejar testimonio del paso del santo por esos lugares. Esas conchas de piedra de peregrino de piedra que se creía que aparecieron milagrosamente por donde el santo peregrino iba pasando, son llamadas por los naturales de la zona "Erromesen Maskor" es decir "Conchas de Peregrinos".



Las "piedras de Santiago" de la comarca de La Sakana o de La Barranca.

Son un tipo de piedras muy abombadas y de forma ovalada-acorazonada, su denominación manifiesta una clarísima vinculación popular con Santiago Apóstol. Entre los habitantes de muy diversas localidades de esta comarca del noroeste de Navarra, los erizos de mar fósiles, eran conocidos por el nombre de “Santiago arriak”, es decir "piedras de Santiago". La comarca de La Sacana, es una depresión formada por la confluencia de distintos valles que está situada entre las sierras de Santiago de Lokiz, de Urbasa y de Andia que, a su vez, se halla subdividida en diversos pequeños valles, en cuyas localidades este tipo des fósiles, seguían manteniendo su vinculación con Santiago, pero eran conocidos con nombres ligeramente diferentes. Así, en el valle de la Burunda, en las localidades de Bakaikoa e Iturmendi se les conocía como "Santiyo arriya", mientras que en Etxarri Aranaz, se referían a ellos como “Santiyo arri” y como "Santiyo arriya", en algunas localidades de la zona, aún no determinadas, también se las conocía como "Santikuarri". Todas estas denominaciones, expresadas en las diversas variantes locales del euskera, significaban exactamente lo mismo: "piedra de Santiago".

Estas curiosas y raras piedras, eran, en realidad, fósiles de erizos de mar, del Cretácico Superior, en general, se trataba de ejemplares bastante bien conservados de Micraster coranginum y más raramente de Micraster sp. y de Echinocorys sp.
Era creencia popular muy extendida en la zona que este tipo de piedras habían caído del cielo durante las tormentas, acompañando a los truenos y que eran el mismo rayo materializado en piedra, es decir, que se las tomaba por auténticas "piedras de rayo".

La marca deprimida de aspecto cruciforme, que dibujan los 4 surcos más largos del sistema ambulacral, en la parte superior del caparazón del erizo, fue interpretada como un signo o marca divina en forma de cruz, impuesta milagrosamente por el contacto con la mano del santo. De esta manera los buenos cristianos podían reconocer por estar marcadas con el símbolo de la cruz a aquellas piedras que desde el cielo el santo había lanzado contra los moros impíos y así poder beneficiarse los cristianos de su virtud milagrosa, usándolo como amuleto protector, con efectos repelente del temible rayo.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores del sistema ambulacral del erizo de mar fósil, razón por la cual este tipo de fósil habría sido interpretado como una piedra con "virtud", por estar marcada con el signo de Cristo.
Imagen: Hontza Museoa


Antiguamente, este tipo de piedras eran recogidas, con gran alegría y respeto, por los campesinos, pues se tenía la creencia que las lanzaba Santiago y que, con ellas, las casas que las guardaban y las personas que eran portadoras, estaban protegidas contra el impacto de las temidas "ozpingarriak", o sea, unas imaginarias "piedras del cielo" a las que se creía que eran  las portadoras de la muerte y del fuego que venía del cielo tormentoso. Por esa creencia, eran colocadas en los alféizares de las ventanas, como poderosos amuletos capaces de alejar las tormentas de aterradores truenos, las pedregadas del granizo y, sobre todo, desviar la trayectoria de los mortíferos, destructivos e incendiarios rayos.

Desde la Edad Media hasta el siglo XIX, en las zonas rurales del norte de España, se decía, y se creía, que los truenos los producian los cascos del caballo del apóstol, al chocar sobre las nubes y que los rayos eran proyectiles lanzados por el mismísimo Santiago contra los malos cristianos y los enemigos de Cristo, para aniquilarlos.

En el noroeste de Navarra, hasta mediados del siglo XX, los fósiles de Micraster, sobre todo, y también los de Echinocorys fueron usados como amuletos de protección contra los rayos, siendo expuestos en los alfeizares de las ventanas de las casas, o llevados encima por la gente que, habitualmente, debía transitar por descampados, tales como arrieros, campesinos, leñadores y pastores, con la finalidad de protegerse de la muerte por fulminación.


Fuentes:


- Barandiarán, José Miguel de, "Arri-bedeinkatuak", en Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco. Editorial Auñamendi Estornés Lasa Hnos. Zarautz.
- Erdozia Mauleon, Jose Luis. 2004. Sakanako Hiztegi Dialektologikoa. Nafarroako Gobernua & Euskaltzaindia.
- Laborde, Manuel & de Lecuona, Manuel. Santiago-Mendi, de Astigarraga (Nota geológico-artística). Munibe. Crónica de Historia Natural, 1954, p. 50-56
- Leizaola Calvo, Fermín. Fósiles utilizados como protectores y otras creencias en torno a ellos. Zainak. Cuadernos de Antropología-Etnografía. Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 1991, p. 59-66.
- Leizaola, Fermín. Símbolos mágico-religiosos en el mundo rural de Euskal Herria. Zainak. Cuadernos de Antropología-Etnografía, Donostia-San Sebastián: Eusko Ikaskuntza, 1999. p. 195-217.
- Kilden, Pette. Fosilak, saldu ala museoetan gorde? Lurraren zientziak: Paleontologia, Elhuyar Zientzia eta Teknika. 152. 2000/03/01. Elhuyar Fundazioa - Eskubide Guztiak Erreserbatuta.
- vv. aa.1999. Diccionario Euskaldunak de Etnografía Vasca. vol. 2. Ed. Etor-Ostoa. Lasarte/Oria. Gipuzkoa. Euskadi.