domingo, marzo 2

El rayo y los fósiles ibéricos (2)


por Heraclio Astudillo Pombo. UdL.

Fósiles ibéricos vinculados, con el rayo, por el folklore español (2)

Antiguas creencias, resistente al paso del tiempo y muy extendidas, en la Península ibérica


"PIEDRAS DE RAYO", EN NAVARRA (1ª parte)


Las "piedras de Santiago"

En la cultura popular de esta comunidad autónoma existió una fuerte vinculación de los erizos de mar fósiles de los géneros Micraster y Echinocorys, con el fenómeno meteorológico del rayo. Vinculación ya citada en el capítulo dedicado a los fósiles jacobeos de Navarra, reunidos bajo el título de "Piedras de Santiago" de la comarca de La Sacana, al tratar de su vinculación popular con Santiago Apóstol. Tales fósiles eran conocidos entre los habitantes de muchos lugares de esta comarca del noroeste de Navarra como “Santiago arriak”, es decir, piedras de Santiago, aunque en ciertas localidades, también eran conocidos con otros nombres ligeramente diferentes. Así en el valle de la Burunda, en las localidades de Bakaikoa e Iturmendi se les conocía como "Santiyo arriya", mientras que en Etxarri Aranaz, se referían a ellos como “Santiyo arri” y como "Santiyo arriya".

En su momento, también comentamos sobre estos fósiles, que en esa comarca se usaron como amuletos protectores contra la fulminación, por lo que si tomamos en cuenta su uso popular, además de su motivación onomástica, se hace patente que el folklore navarro había vinculado estos fósiles también con el rayo.

Muchos de los nombres que, en euskera, se daban al rayo, tales como: ozpinarri, ozpiñarri, ozkarri, ortzarri, oneztarri y tximistarri ponen de manifiesto la antiquísima creencia de que el rayo era guiado o transportaba en su punta una piedra, pues el sufijo -arri, presente en todos los nombres mencionados, significa piedra. Por otra parte, los prefijos: oz, ortz o ezt hacen referencia al nombre de una divinidad celeste, tronante y relampagueante, existente en la antigua mitología vasca: el dios vascón Oz.

Terrorifico efecto de un rayo cayendo a tierra, en un terreno llano, después de pasar a través de un árbol solitario que ha servido de objeto natural para descarga una parte de la elevada tensión eléctrica de una nube tormentosa
Imagen: http://feralon.blogspot.es/img/RAYO.JPG

Si traducimos, literalmente, los diversos nombres con que los vasco denominaban al rayo, nos encontramremos con que el significado en castellano, sería: piedra de Oz, piedra del cielo, piedra del relámpago, piedra del rayo, etc.

El arraigo de la creencia en que, verdaderamente, existen piedras que caen del cielo, en la cultura popular del medio rural, de las zonas navarras de lengua y tradición euskérica,  posiblemente, impulsase a sus habitantes a intentar localizar alguna de las "piedras de rayo" caídas en su entorno natural. Se suponía que este tipo de piedras celestiales debían ser reconocibles por ciertas características, típicas de su categoría, que debían mostrar de forma visible para hacerse reconocibles por los humanos. Los equinoideos fósiles, tan abundantes en esta zona, reunían algunas extrañas propiedades, inexistentes en otras clases vulgares de piedras, que los hacían acreedores a la interpretación y consideración popular como autenticas “piedras de rayo”.  Su aspecto era muy extraño, de formas redondeadas, a veces en forma de corazón, con una superficie muy lisa y llena de puntitos, verrugas, etc. que además presentan una marcas, en forma de flor de cinco pétalos o de estrella de cinco puntas que en algunos casos, eran percibidas como depresiones en forma de cruz de cuatro o de cinco brazos.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores, del sistema ambulacral, en el dorso de este erizo de mar fósil, del género Micraster. La percepción de una cruz sobre una "piedra rara",  habría sido causa suficiente para que este tipo de fósiles fuesen identificado, por la gente común, como una "piedra celestial, bendita" por estar marcada con el signo de la cruz, el signo de Cristo.
Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm


También hemos podido constatar, que en una zona, relativamente pequeña, del noroeste navarro, unos mismos tipos de fósiles, conservando los mismos atributos sobrenaturales y usos populares semejantes, eran conocidos con muchos otros nombres que no estaban vinculados con Santiago Apóstol. La motivación de esos nombres parece señalar hacia creencias populares implícitas, bastante específicas y posiblemente muy antiguas. Sobre nuevos nombres y creencias ancestrales navarras, asociadas a los erizos de mar fósiles y sus localidades, trataremos a continuación.

Aspecto de tres ejemplares de Echinocorys vulgaris (Holasteridae). En vista superior-lateral. Cretácico Superior, Santoniense
Imagen: http://www.primigenius.com/shop/foto/FS%203723.jpg


El uso que se daba a este tipo de piedras de rayo, en la zona estudiada, era el mismo en todas partes. Con el fín de alejar las tormentas que eran las portadoras de los rayos, estos fósiles eran expuestos en los alfeizares de las ventanas y así proteger a los edificios del impacto destructor y del incendio. Los transeuntes que debían permanecer a la intemperie, incluso en caso de tormenta, los llevaban en el bolsillo o en el zurrón, convencidos de que así estaban protegidos de la muerte por fulminación, pues había la creencia de que este tipo de piedras poseían la virtud de alejar la caída del rayo de las inmediaciones de donde hubiera una de ellas.


- Los “calbarros” y “galbarros” de diversas localidades del noroeste de Navarra (valles de las Améscoas).
- Los “calvarros” de Aranarache y Zudaire (valle de Améscoa Alta), Ekala y San Martín (valle de Améscoa Baja). 
- Los “calvarris” de Eulate (valle de Améscoa Alta) y los “calvorros” de Galdeano (Valle de Allin).

Hasta mediados del siglo XX, todos los nombres citados en el título de este apartado, se usaban para nombrar a los fósiles de erizos de mar, del Cretácico superior, contenidos en margas del Santoniense Superior, baste abundantes en algunas zonas navarras. Estos nombres se daba, mayoritariamente, a los fósiles de Micraster coranginum que eran los más abundantes, aúnque a veces, también se daba a otras especies indeterminadas (Micraster sp.) y, también, aúnque mucho más raramente, a los erizos de mar fósiles de la especie Echinocorys vulgaris y a otras indeterminadas del mismo género (Echinocorys sp.)

Estos nombres populares, de orígen vasco, quizás puedan proceder de la fusión y contracción de dos palabras euskaras: kalpar (cast. calva) y arri (cast. piedra) para dar una nueva palabra: calparri que, luego, evolucionaría hasta calbarri y a partir de aquí aparecerían todos los demás derivados dialectales: calvarri, calbarro, calvarro, galbarro y calvorro.
En el supuesto de que la etimología que hemos propuesto sea acertada, el significado “piedra calva” debería hacer referencia alguna característica importante de este tipo de fósiles.

La primera posibilidad de motivación onomástica, sería que dicho nombre estuviera motivado por un tipo de uso particular de este tipo de fósiles, como proyectil en un juego o deporte popular tradicional de origen pastoril: "el juego de la calva", idea a la que nos remite lo que dice Pedro Argandoña Ochandorena (1994) en la p. 85 de su artículo “Leyendas y cuentos de Lezaun (Navarra)”, publicado en Zainak. Cuadernos de
Sección. Antropología-Etnografía, nº 11. (71-118) :
"Cualquier piedra de forma redondeada se llama "calva", y también se conocía con ese nombre un juego que consistía en tirar piedras redondas (calvas) a otra piedra rectangular colocada verticalmente, en equilibrio, sobre el suelo, para hacerla caer.
También en las Amescoas se practicó el “juego de la calva”, zona en donde llaman "calvarris" a los fósiles de erizos de mar de forma redondeada, nombre etimológicamente derivado de calva."


De tal manera que la denominación calvarri , en mi opinión, podría derivar de la fusión de dos palabras "calva" y "arri", con el significado de "piedra de (jugar a la) calva"

Imagen mostrando los instrumentos necesarios para jugar a "calva", un juego tradicional ibérico, de lanzamiento y puntería, típico de zonas rurales de gran parte de España. Detrás de los objetivos,  del lanzamiento de "la calva", está un anciano sosteniendo una piedra redondeada "la calva". En este caso particular, se muestran los objetos usados en Trébago (Soria), se puede apreciar que son algo distintos de los que Pedro Argandoña describe como los que fueron usados en las comarcas navarras de las Amescoas.

Una segunda posibilidad de motivación onomástica, podría ser la semejanza de los cantos rodados y en particular la de los erizos de mar, con la parte cerrada de las calaveras: la caja craneana de los cráneos humanos, la parte que la anatomía denomina calvaria, nombre del cual deriva la palabra calavera.
Por tanto, no hay que descartar la posibilidad de que este nombre popular pudiera estar motivado por la analogía observada, entre este tipo de fósiles de aspecto abovedado, redondeado, liso y blanquecino con la calvaria del craneo humano, de aspecto parecido.


Aspecto de un fósil de Micraster coranginum, en vista lateral, comparese con el aspecto de la caja craneana de la calavera que se muestra en la imagen siguiente. Foto de Santiago Araguz.
Imagen 1:
http://www.araguz.com/pp46//showphoto.php?photo=5052&password=&sort=1&cat=533


Aspecto de un cráneo humano, en vista lateral. Observese la semejanza entre la caja craneana o calvaria del cráneo y el aspecto del Micraster coranginum, en vista lateral, representado en la imagen anterior.
Imagen 2: http://www.ucm.es/info/museoana/images/Colecciones/1079l250.jpg

Seguramente, pueda resultar demasiado aventurado, atreverse a plantear que la supuesta motivación anatómica del nombre del fósil, también pudiera sugerir la existencia de una antiquísima relación de tipo simbólico, entre estos fósiles y el culto a los cráneos de los antepasados, que se practicó en diversas zonas de Europa, durante siglos, desde el Paleolítico superior hasta la Edad del Hierro e incluso en épocas posteriores, de donde podríamos suponer una posible primitiva vinculación, de este tipo de fósiles con el culto a los muertos. Hipótesis que no debe ser descartada, de entrada, si tomamos en consideración que la arqueología ha encontrado en muchos enterramientos prehistóricos e históricos, en diversas zonas europeas de influencia céltica, los restos humanos acompañados de erizos fósiles. Esto demuestra que los cadáveres humanos se enterraban acompañados de equinoideos fósiles, esta costumbre antigua ha sido certificada, en muchas ocasiones por la Arqueología, aunque aún no ha sido explicada de forma satisfactoria, la motivación de este rito primitivo.

Grabado de la época victoriana representando el hallazgo arqueológico y paleontológico, realizado por Worthington George Smith, en 1887. Al excavar un enterramiento prehistórico de la primera Edad del Bronce, en Dunstable Downs (Gran Bretaña), se encontró los esqueletos de una mujer y un niño pequeño que aparecían rodeados, ritualmente, por cerca de 200 fósiles de erizos de mar, la mayoría de ellos del género Micraster sp., y unos pocos del género Echinocorys sp., ambos tipos de equinoideos son del Cretácico.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola! Soy Maribel, de Santiago de Compostela. Mi abuelo Salvador era de Eulate, un pueblo navarro de la Sierra de Urbasa. En mi casa siempre hubo "calvarris", pues él y sus hermanos los recogían cuando era pequeñon en esa sierra. Pero lo que me contaban sobre su origen era diferente a lo que tú estás relatando en tu blog, a ver qué te parece: él me decía que la leyenda era que los pobladores de la zona arrojaron piedras a no sé qué santo, y cuando estas rozaban su piel caían al suelo con la cruz marcada. Él y todos su hermanos fallecieron hace algún tiempo, pero la verdad es que siempre creí que lo de "calvarri" venía de "calvario", de martirio del santo de la leyenda...
Puedes contestarme a: maricampanas@gmail.com
Gracias!