En la mayor parte de España igual que sucedió en el resto de Europa, desde la antigüedad hasta mediados del siglo XX se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma mayoritaria y casi exclusiva, a todo tipo de hachas de piedra, prehistóricas, las mismas que los antiguos habían llamado ceraunias, pero también, a las puntas de flecha de pedernal (piedras de centella) e incluso a fragmentos de sílex, procedentes de talleres prehistóricos o de la fabricación moderna de "dientes" de trillos, relativamente, modernos.
Aunque mucho más raramente y bastante localmente, también fueron identificados como las piedras que se suponían caídas del cielo, durante las tronadas, acompañando al rayo, ciertos tipos de fósiles, de aspecto aerodinámico, de forma alargada y de extremo agudo (belemnites) o de forma aplanada, punta aguda y de bordes afilados (dientes fósiles de tiburón) y constituidos por un material masivo y contundente (piedra, pedernal, etc.).
Ambos tipos de morfología, aguda o redondeada, que caracterizaba ciertas clases de objetos condujeron a unas identificaciones que se basaban en antiquísimas creencias religiosas que situaban en el cielo, a divinidades meteorológicas las cuales disponían de armas arrojadizas (flechas, dardos o martillos) que podían lanzar sobre sus enemigos terrestres, como castigo o venganza. Se ha podido comprobar que este tipo de creencias ha existido, hasta tiempos relativamente recientes, en gran parte de África, América, Asia, Europa y Oceanía, es por esa razon que, en todos estos continentes, las piedras talladas en la prehistoria para ser usadas como hachas reales o rituales o ciertos tipos de piedras especiales (fósiles) que se encontraban sobre el terreno, eran consideradas como auténticas “piedras del rayo”.
En 1565 el naturalista, médico y polígrafo suizo, Jakob Gesner (1516-1563) publicó en Zurich un libro titulado “De omni rerum fossilium genere, gemmis, lapidibus, metallis, et huiusmodi”..., en el que describía todo tipo de objetos naturales y artificiales que habían sido encontrados enterrados o sobre la superficie del terreno. En uno de los apartados del libro cataloga y describe como piedras supuestamente caídas del cielo a muy diversos objetos que además son ilustrados gráficamente, entre los que se pueden reconocer, ciertos artefactos prehistóricos (hachas y puntas de flecha) y algunos fósiles (erizos de mar, belemnites, dientes de tiburón, placas y fragmentos columnares de crinoideos, etc.)

Ilustración de la obra de Gesner citada, representando objetos pétreos supuestamente celestes, en la que, a la izquierda, se pueden apreciar 4 fragmentos de belemnites y a la derecha, arriba y abajo placas (asterias) y fragmentos columnares de dos tipos de crinoideos fósiles, arriba de sección circular y abajo estrellada
http://fossils.edwardtbabinski.us/belemnites_crinoid.gif
Del contenido de esta publicación se puede deducir que en el siglo XVI estaba muy extendida la creencia, incluso entre las clases cultas europeas, de que ciertos objetos (fósiles) caían del cielo y que algunos de ellos lo hacían transportados por el rayo. Estas creencias erroneas se conservaron durante mucho más tiempo entre las clases populares europeas, alcanzando hasta principios o mediados del siglo XX.
Algunas “piedra del rayo”, comunes, en muchas comarcas de la España caliza.
Posiblemente, el nombre popular, más comúnmente usado hasta principios del siglo XX, en toda España y en toda Europa, para referirse a los rostros fosilizados de belemnites que, con cierta frecuencia, se encuentran en los terrenos del Jurásico y del Cretácico, haya sido el de “piedra del rayo”. Las características externas de este tipo de fósiles, coincidían a la perfección con las que se le suponían a las típicas flechas o puntas del rayo: ser de materia pétrea, de superficie lisa y de punta aguda.
Con los belemnites pasó lo mismo que con otros tipos de piedras vinculadas con el rayo, ya citados anteriormente (erizos de mar y braquiópodos fósiles) y también fueron usados como amuletos protectores contra el impacto del rayo, porque la creencia popular en su capacidad para repeler a las demás piedras de su especie, cuando éstas descendían desde el cielo con furia destructiva y mortífera, estaba muy generalizada en la población rural, mayoritaria en España, hasta la década de 1950.
Con la finalidad de alejar la caída de rayos, los belemnites fueron colocados en las zonas mas altas de las techumbres, empotrados en los muros exteriores de los edificios, adosados a las campanas de los hogares de las cocinas o llevados encima por todo tipo de transeúntes, incluidos los animales de carga y los que guiaban los rebaños.

Aspecto de varios rostros de belemnites jurásicos, procedentes de la Sierra de San Pedro, de Alcalá la Real (Jaén) considerados por la tradición popular como auténticas “piedras del rayo”.
Imagen: http://alcalageologica.webcindario.com/photogallery/fosiles/belemnites.jpg
ANDALUCÍA
Las “puntas de rayo” de las Sierras Subbéticas cordobesas.
En el sur de la provincia de Córdoba, en la comarca de las Sierras Subbéticas, aún se encuentran unas piedras con una forma muy característica, más o menos semejante a la de un proyectil de fusil, a las que hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, los campesinos llamaban “puntas de rayo”. De ellas se decía que habían llegado hasta el suelo acompañando al rayo y esta explicación popular y tradicional de su presencia en el lugar, era para ellos mucho creíble que cualquier otra explicación racionalista. Difícilmente hubieran podido aceptar como creíble que en realidad aquellas piedras eran una parte, fosilizada, del esqueleto interno de unos animales marinos que vivieron en mares del Mesozoico,
en tiempos del Jurásico al Cretácico, que fueron bastante parecidos, externamente, a los calamares actuales. Las piedras a las que las personas cultas denominaban genéricamente belemnites, significando piedras en forma de dardo, tuvieron en vida del animal, a pesar de tener una forma muy diferente, una estructura y función muy semejantes a las del jibión de las sepias actuales.Representación artística del aspecto externo de un grupo de Belemnites. nadando en las aguas de un mar jurásico
Imagen:http://www.abc.net.au/science/ozfossil/ageofreptiles/eromanga/imghtml/belemnites_2.htm
Como los géneros de belemnites más frecuentes en las Sierras Subbéticas son: Acrocoelites, Hastites, Belemnitella, Hibolites y Duvalia, hemos de suponer que serían estas especies fósiles las que de forma genérica y hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, habrían sido conocidas, entre las gentes de la comarca, como "puntas de rayo".

Aspecto de diversos tipos de puntas de rayo típicas de las sierras subbéticas. En primer lugar las correspondientes a rostros fosilizados de Acrocoelites sp., en segundo lugar, las correspondientes a rostros de Hibolites sp. y, en tercer lugar, las correspondientes a rostros de Duvalia sp..
Imágenes:
1:
http://www.mnhn.lu/recherche/paleo/belem_minette_detail.asp?DetailID=15.2: http://es.geocities.com/paleontofilo/0044_hibolites_jaculoides.jpg
3: http://idata.over-blog.com/0/28/02/25/belemnites/Duvalia-dilatata-1.jpg

CATALUNYA
Las “piedras de rayo” del Prepirineo de Lleida.
En las sierras que se extienden en paralelo y al sur de la cordillera de los Pirineos, por las comarcas de la Noguera y del Pallars Jussà, afloran materiales margosos y calizos del jurásico marino que contienen un tipo de piedras, curiosas por su aspecto de balas de fusil o de cigarro habano, a las que los campesinos de estas comarcas denominaban, antiguamente, “pedres de llamp” (cast. “piedras de rayo”), pues las creían caídas de las nubes en las ocasiones en que se formaban tormentas que descargaban rayos.
Como sucedió, en muchos otros lugares, con otras clases de piedras relacionadas con el rayo, en estas comarcas catalans, los belemnites también fueron usados como amuletos protectores para alejar la destrucción o la muerte de que era portador el rayo en su caida, del entorno de los lugares en los que eran ubicados.

Como en los casos anteriores, en realidad, las llamadas “pedres de llamp” en las comarcas leridanas de la Noguera y del Pallars Jussà, eran rostros fosilizados de diversas especies de belemnites, los más frecuentes en estas zonas son: Atractites sanmigueli, Acrocoelites unisulcatus, Belemnites paxillosus y Passalotheutys sp.
Aspecto de tres “pedres de llamp” , típicas de las sierras nogerencas y pallaresas, correspondientes a rostros fosilizados de Belemnites paxillosus
Imagen: http://www.etab.ac-caen.fr/discip/geologie/fossiles/CollFossiles/2Pliensbachien/cephalopodes/1.html
En la Cataluña rural, antiguamente, las piedras de rayo, además de cómo amuletos protectores contra el rayo, también se usaron en medicina popular, como remedio para cortar las diarreas, sumergiéndolas en las ollas durante la elaboración de las sopas o de las gachas que debía comer el enfermo.
También se creía que si se pasaban por el lomo del ganado vacuno se prevenía que padeciesen de encueramiento y que si eran puestas en el nidal de una gallina clueca, cuando estaba empollando, favorecían la eclosión de todos los huevos.
http://emvergeoning.com/wp-content/uploads/2007/06/rodeo_1.gifSi te apetece practicar, durante un ratito, un alocado rodeo sobre un belemnites australiano virtual, sin el más mínimo riesgo de sufrir un revolcón, deberás clicar sobre el siguiente enlace: http://www.abc.net.au/science/ozfossil/ageofreptiles/3d/3d_squid.htm
ALGUNAS PIEDRAS DE RAYO DEL FOLKLORE PORTUGUÉS
En la mayor parte de Portugal tal como sucedió en España, se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma casi exclusiva, a las hachas de piedra, prehistóricas, pero localmente, esta denominación también incluyó a un ciertos tipos de fósiles: los rostros fosilizados de cefalópodos paleozoicos y los dientes fosilizados de tiburón.
Las piedras de rayo portuguesas, de la zona septentrional.
En la localidad de Canelas, agregada al municipio de Arouca que actualmente es muy famosa, en todo el mundo, por el reciente hallazgo de unas inusaules concentraciones de increibles trilobites gigantes, antiguamente, se denominaba "faíscas", equivalente portugués de chispas, centellas o rayos, en castellano, a unos objetos aplastados, de forma cónica, tronco-cónica o redondeada que aparecían incluidos, en las pizarras ordovícicas, usadas ampliamente en la región, para construcción y techado de los edificios.
Esas inclusiones (fósiles de endoceratoideos ortocerátidos y ortocéridos, deformados por los procesos de metamorfismo) , solamente, se hallaban en algunas de las superficies de exfoliación más frescas de las pizarras, en las que aparecían mostrando un aspecto extraordinario: objetos de color rojo intenso a rojizo-amarillento y aspecto térreo o de color dorado, con brillo metálico y muy relucientes, a veces chispeantes. Esta apariencia fue la razón por la que la gente del país las interpretaba como chispas caidas de las nubes, en los días de tormenta, que habían quedado atrapadas en el interior de la piedra.
En realidad, se trataba de "simples" rostros limonitizados o piritizados, de moluscos cefalópodos, nautiloideos, de tipo endoceratoideos y ortocerátitidos, del Oretaniano (Ordovícico Medio) .

Aspecto del molde externo del rostro de un gigantesco Cameroceras sp. (Nautiloideo de concha recta) del Ordovícico Medio (470 MA), procedente de Canelas, Arouca, Portugal.
Fotografía de Sergio
Imagen: http://2.bp.blogspot.com/_8GcOnvpmv1E/Rp11AWKB2YI/AAAAAAAAAOk/rppy852arIY/s320/cameroceras.jpg
Las piedras de rayo portuguesas, de la zona central y meridonal.
En la región de Lisboa y en la península de Setúbal, en el cento de Portugal y también en el sur, en la región del Algarve, los dientes fósiles de tiburón que eran encontrados en los terrenos miocénicos, fueron considerados, tradicionalmente, como “piedras de rayo” verdaderas, siendo conocidos y denominados por los pobladores de esasa zonas como “pedras-do-raio” o “pedras de raio”.
Como se les creía piedras dotadas de virtud, por haber estado en contacto con el temible rayo y debido a su forma aguda, se usaron para deshacer hechizos y para neutralizar las “malas miradas” de las personas que tenían capacidad de fascinar, por esa razón se les buscaba en el campo y se les recogía, para confeccionar con ellas amuletos protectores contra embrujamientos y aojadores.
Aspecto de un amuleto infantil, usado como protector contra el mal de ojo, confeccionado con un diente fósil de escualo y plata.Imagen: Alarcón Román, Concha, Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español, 1987
Como las personas más susceptibles a este tipo de malas influencias eran los niños, los dientes fósiles de tiburones miocénicos se colgaban del cuello de los niños, para protegerlos de los efectos de los encantamientos y del “mal de ojo”. En las zonas rurales, el uso apotropaico de este tipo de fósiles, se ha mantenido hasta épocas muy recientes.
Los dientes fósiles utilizados correspondían a diversas especies de escualos, tales como: Carcharias taurus, Carcharocles megalodon, Galeocerdo aduncus, Hemipristis serra, Isurus hastalis y otras no identificadas.

Aspecto de diversas “pedras-do-raio” correspondientes a dientes fósiles de Isurus hastalis
Imagen:
http://www.redes-cepalcala.org/ciencias1/Images5/fosiles/isurus_hastalis.jpg
Fuentes:
- Abreu, A. & J. C. Gutiérrez-Marco (Eds.), 2006, Trilobites gigantes das ardósias de Canelas (Arouca), Madrid, Ardósias Valério & Figueiredo, Lda.
- Alarcón Román, Concha, 1987. Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español,
- Amades Gelats, Joan. 1951. “Piedras de virtud”. Revista de dialectología y tradiciones populares, VII, 1. Madrid. Pàg. 84-131.
- Calzada, S. 1981. Niveles de Braquiópodos del Lias de Camarasa (Lérida). Cuadernos de Geologia, 10, p. 197-211. Granada.
- De Galdo, Manuel. 1856. Manual de historia natural. Madrid. Imprenta de José Rodriguez , p.487
- Institut d’Estudis Catalans. 1997. Diccionari de Geologia, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, - Nuñez de Taboada, Melchor Manuel. 1859. Diccionario de Francés-Español y Español-Francés. París. Rey y Belhatte Libreros-Edtores. Página 93.
- Sá, Artur A. & Gutiérrez-Marco, Juan Carlos 2009 Cefalópodos del Ordovícico Medio de la Formación Valongo, norte de Portugal, GEOGACETA, 47, X (9-12)
http://www.sociedadgeologica.es/archivos/geogacetas/geo47/art03.pdf
- Valério, Manuel, de Ardósias Valério & Figueiredo, de Canelas. Comunicación personal.- Varela Gomes, Màrio. 2002. "O dente fóssil (Glossopetra) en A necrópole visigótica do Poço dos Mouros (Silves)". Revista portuguesa de arqueologia, Vol. 5, Nº. 2, pags. 339-391
- Vega, Manuel. Belemnites (Subclase Coleoidea) de las sierras Subbéticas cordobesas. http://es.geocities.com/paleontofilo/belemnites.htm
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada