Más datos arrojan las investigaciones realizadas sobre la probable adquisición del marfil utilizado. La reconstrucción de las cadenas operativas para la elaboración de las cuentas y colgantes realizados a partir de esta materia prima proveniente de los yacimientos auriñacienses del Valle de Castelmerle indicarían que los últimos estadios de su elaboración se producirían en el propio yacimiento. Sin embargo, la ausencia de las fases iniciales de trabajo del marfil y de evidencias de la caza del mamut podrían indicar, tal como apunta R. White (1989), que dicho material tal vez procedía de otros territorios (en este caso, del territorio alemán) y que llegaría a los yacimientos de La Dordoña mediante intercambios. Sin embargo, el que no existan evidencias de la caza del mamut, no tiene porqué indicar que no existiese este animal en esa región. Tal vez no fue cazado, tal como argumentan J.C. Castal et al. (2005) a la hora de hablar de los yacimientos del SO de Francia en el Solutrense, y aquello que aprovecharon de estos animales, una vez que fallecían, fueron sus colmillos, puesto que era un material de gran valor.
En el caso del yacimiento magdaleniense de Gönnersdorf, pero también de Andernach-Martinsberg y Oelknitz, hay abundantes evidencias de la utilización del marfil del mamut como materia prima para la creación de objetos de adorno-colgantes, puntas de proyectil, estatuillas y varillas, mientras que los restos óseos son escasos; la datación de un fémur completo de Gönnersdorf, es 1500 años más antigua que la de las ocupaciones del sitio al aire libre, por este motivo los investigadores han sugerido la posibilidad de recolección de restos de defensas fósiles de mamut, en las cercanías del yacimiento (Gaudzinski et al. 2005).
En el caso de los restos de marfil, la materia prima, también pudo obtenerse recogiéndolo en estado subfósil y haber sido trabajada en el propio yacimiento, o tal vez fueron el resultado de intercambios con grupos de cazadores-recolectores de otros territorios, situados mucho más al NW del yacimiento arqueológico en el que se encontró.
Materias primas de origen mineral
Las primeras evidencias de la utilización de objetos de adorno-colgantes realizados en materias primas de origen mineral se documentan a comienzos del Paleolítico Superior, al igual que las diferentes materias primas animales comentadas más arriba. Se cita la existencia de rocas organógenas (azabache y ámbar), ígneas (lava), metamórficas (cuarcita, esquisto), sedimentarias (caliza, goetita, arenisca, yeso). Se perforaron cantos rodados recogidos fundamentalmente en las terrazas fluviales (cuarcita, esquisto, etc.); a veces por poseer perforaciones naturales. También están presentes fragmentos de rocas y minerales tallados, a los que posteriormente se les aplica la abrasión y el pulimento y se les dota de un orificio (cuentas elaboradas en caliza, en ámbar, en azabache, etc.). En el Mesolítico también se utilizan materias primas de origen mineral para elaborar colgantes, pero en mucha menor medida; destacan las piezas elaboradas a partir de cantos rodados y en marfil (Lám. XIV).
Las rocas organógenas.
La elaboración de cuentas en azabache se conoce desde comienzos del Paleolítico Superior, pero es en el Magdaleniense (fases media y superior-final) cuando existe un mayor número de evidencias. Se citan, por ejemplo, en el Auriñaciense de Brassempouy, en el Gravetiense de Mainz Linsenberg, en el Solutrense de Las Caldas y en el Magdaleniense de Gönnersdorf (Lám. XV). Después de este último periodo, se desconoce su trabajo hasta las fases recientes del Neolítico (Álvarez Fernández, E., 2004).
Por lo que respeta al ámbar, ocurre exactamente lo contrario. La documentación de objetos de adorno-colgantes en esta materia prima durante el Paleolítico Superior es escasa (en el Solutrense de Cova Rosa, en el Magdaleniense de Farincourt y de Isturitz, en el Hamburgiense de Meiendorf), frente al uso frecuente durante el Mesolítico (p. e., En Gøngehusvej 7) ya los periodos posteriores (Álvarez Fernández et al. 2005).
Conclusiones
Las primeras evidencias de la aparición de los objetos de adorno-colgantes en el territorio europeo se remonta con seguridad a comienzos del Paleolítico Superior inicial y fueron fabricadas por el Hombre anatómicamente moderno (Homo sapiens sapiens). En el Paleolítico Medio, ni se han documentado piezas perforadas de forma intencional, ni fragmentadas en el proceso de su elaboración.
El análisis estratigráfico e industrial de determinados niveles arqueológicos con “industrias de transición” del Paleolítico Medio al Paleolítico Superior (Chatelperroniense, Blattspitzen Gruppen, Uluziense y Bachokiriense) en los que se han documentado piezas perforadas, hace que pongamos en duda su contexto estratigráfico (mezclas de materiales arqueológicos de estos niveles con otros suprayacentes, adscritos ya al Paleolítico Superior, ya a momentos posteriores) (Tesis doctoral de Álvarez Fernández 2006).
Ya desde el Auriñaciense se conoce un gran número de objetos de adorno-colgantes elaborados en un amplio elenco de materias primas. Éstas serán utilizadas por los grupos de cazadores recolectores a lo largo de los diferentes periodos durante toda la secuencia del Paleolítico Superior.
Así, se usan diferentes conchas de moluscos marinos recientes, de origen atlántico y mediterráneo, gasterópodos, bivalvos y escafópodos. Se cree que se trata de trata de conchas recogidas en las playas, que casi siempre carecen de valor alimentario por lo que se hace evidente que se recogen con fines ornamentales, identitarios o mágicos. Se advierte ya desde este periodo una selección de las especies teniendo en cuenta la variedad de formas (globosas como la Familia Naticidae, tubulares como Antalis sp., etc.) y de colores (rojo como H. sanguineum, amarillo como Turritella sp., etc.) existentes en la naturaleza.
Las conchas de gasterópodos fluviales y terrestres se utilizan en mucha menor medida.
También se transforman en objetos de adorno-colgantes diferentes tipos de dientes procedentes de una gran variedad de animales, principalmente artiodáctilos, y en menor medida canívoros y perisodáctilos. Se advierte una selección de determinadas piezas dentales, dependiendo de la especie animal, prefiriéndose los caninos y los incisivos (ciervo, caballo, carnívoros, etc.).
Otras materias primas de origen animal utilizadas desde el Auriñaciense son el hueso, el asta y el marfil de mamut.
Por último, se fabrican colgantes a partir de diversas materias primas de origen mineral, como son rocas organógenas de origen vegetal como son el azabache y el ámbar), rocas sedimentarias (yesos, arenisca) y rocas metamórficas (esquistos), etc.
Desde comienzos del Paleolítico Superior también están documentadas las primeras evidencias de la puesta en suspensión de diferentes conchas fósiles de gasterópodos, bivalvos y escafópodos (dentalios), también de fósiles como belemnites, amonites, erizos de mar, poliperos, etc.).
El estudio de estos materiales arqueológicos ha permitido el reconocimiento de contactos entre los grupos de cazadores recolectores ubicados a muchos kilómetros de distancia. Dichos contactos ya existen desde comienzos del Paleolítico Superior. Esto es indudable en el caso de determinados tipos de conchas de origen marino (atlánticas y mediterráneas) presentes en yacimientos situados en el interior del continente europeo. En algunos casos se encuentran en sitios situados hasta 800 km. de distancia del mar.
En el caso del resto de materias primas de origen animal (dientes, hueso, asta y marfil de mamut) posiblemente se obtendrían a través de la caza de los animales o se recogerían a partir de carcasas de animales hallados muertos o de restos óseos abandonados por grandes carnívoros.
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