domingo, agosto 9

Arqueoetnopaleontología (21)

  por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, inducibles gracias a la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología moderna (18)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Sexta parte) 

Introducción

Se prosigue con la presentación, en formato "digest" y en versión traducida al castellano, del artículo "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence"  (https://www.ugr.es/~grupo179/pdf/Cortes%20Sanchez%202020.pdf), originalmente publicado en la revista Quaternary Science Reviews, 250, en el año 2020. Dada su enorme transcendencia e interés, desde nuestro personal punto de vista, para el estudio, comprensión y conocimiento etnopaleontológico de las culturas locales de la antigüedad remota, para el ámbito geográfico de la península ibérica.

Sus autores fueron Miguel Cortes-Sánchez, María D. Simón-Vallejo, José-Carmelo Corral, María del Carmen Lozano-Francisco, José Luis Vera-Peláez, Francisco J. Jiménez-Espejo, Antonio García-Alix, Carmen de las Heras, Rafael Martínez Sánchez, María Dolores Bretones García, Ignacio Barandiaran-Maestu y Arturo Morales-Muniz.

Hay que advertir al lector/a nuev@ en eta blog que pudiera desconoce esta advertencia inicial, repetida en anteriores ocasiones, en que se ha tratado sobre "arqueoetnopaleontología" ibérica que, también, en esta ocasión, tal como ha venido sucediendo en todas las entradas anteriores, cuyo contenido trataba sobre esta misma temática, que el contenido de esta entrada también se basa en una selección de aquellas partes del texto original, consultado, por quien escribe, que en su opinión personal, están especialmente relacionados con los objetivos específicos del blog Folklore de los Fósiles Ibéricos. Y, por tanto, podrían resultar más relevantes e inspiradoras para nuestr@s lectores/as. El texto original, previamente, seleccionado y traducido, luego ha sido reconstruido, con muy escasas modificaciones del contenido y del estilo originales. Las pocas modificaciones introducidas se han hecho con la finalidad de mejorar la comprensión de determinados conceptos, de una cierta complejidad, por parte de aquell@s de nuestros lectores/as que no estén familiarizados con la temática arqueológica ni paleontológica y sus terminología especializada.

En caso de necesitar aclaraciones, textuales o gráficas, se recomienda al lector7a, acudir al texto original clicando en este vínculo:  "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence" 

A continuación se prosiguen con la presentación de los hallazgos, documentados, de fósiles en entornos arqueológicos ibéricos, por orden decreciente de antigüedad.

4.1.2. Neolítico

Los primeros registros, confirmados, de fósiles neolíticos proceden de sitios arqueológicos portugueses, siendo unos dientes de tiburón hallados en el interior de unos silos de la necrópolis del Neolítico Tardío-Edad del Cobre Temprano de Aljezur (Algarve) (Fig. 12B, Tabla 2). Estos registros incluyen un diente del extinto tiburón tigre Galeocerdo aduncus (Agassiz, 1843), otro del tiburón comadreja Hemipristis serra y otros dos del lamniforme Otodus  (Megaselachus) megalodon (Cardoso y Antunes, 1995).

En España, de esta época histórica, se han citado dos dientes de tiburón, a los que se hace referencia indistintamente como Isurus sp. o como Hisurus (sic)   hastalis. 

Imagen: Útiles y adornos en materias duras de animales vertebrados de Los Castillejos (Montefrío, España)   https://www.researchgate.net/publication/336137520_Utiles_y_adornos_en_materias_duras_de_animales_vertebrados_de_Los_Castillejos_Montefrio_Espana#fullTextFileContent

Estos dos ejemplares que fueron recuperados en los niveles del Neolítico Temprano (MF612348) y del Neolítico Tardío (MF64694) de las excavaciones de 1991 y 1994 en el yacimiento de Los Castillejos, en Montefrío, Granada (Pau y Camara, 2019: 71, 81). Si bien la poca calidad de las imágenes, estudiadas, no permitieron efectuar una identificación demasiado fiable, seguramente. los autores se debían referir al género Cosmopolitodus según la taxonomía actualizada (Cappetta, 2012). 

Además de los 57 escafópodos, anteriormente, mencionados los informes de los sitios arqueológicos neolíticos españoles, también refieren la presencia de 33 moluscos fósiles, indeterminados. algunos de los cuales no son fósiles (Tabla S2). En el caso del sitio de La Bernarda, en Rojales, Alicante, estos supuestos moluscos incluyen “un cefalópodo fósil…” y tres almejas fósiles Glycymeris sp. (Pascual, 1998: tabla 6).  Ese supuesto estado fósil de los ejemplares mencionados también sería el de los 20 berberechos (familia Cardiidae) y los 7 caracoles (Strombus sp., hoy Persististrombus sp.) hallados en la Cova de les Cendres, en Alicante, uno de estos últimos ejemplares, fue usado como un yunque de percusión. El autor del informe correspondiente no aportó ninguna prueba para sustentar sus afirmaciones del estado fósil de todos estos especímenes (Pascual, 2009). 

Discos para cuentas en proceso de acabado, realizados con fragmentos de valva de Cardium, hallados en diversos niveles del Neolítico I. Las fabricación de cuentas discoidales a partir de conchas de cardiidos es un hecho bien documentado en un buen número de yacimientos distribuidos por todo el litoral mediterráneo peninsular, Alto Aragón y sur de Portugal.  Imagen: https://www.marqalicante.com/contenido/publicaciones/pub_75.pdf

Este mismo inconveniente se puede aplicar también a dos gasterópodos de géneros no especificados, de las cuevas de Benamer y del Tossal de les Basses, en  Alicante (Barciela, 2011; Lujan, 2016).


Tabla 2
Fósiles reportados en yacimientos arqueológicos ibéricos (negrita: hallazgos reportados por primera vez en este artículo), NISP (Número de especímenes identificados). (*): artículos publicados confirmados para esta revisión).
Los códigos fósiles son los siguientes: MM (Gran mamífero), SH (Diente de tiburón), GA (Gasterópodo), BI (Bivalvo), SC (Escafópodo), CR (Crinoideo), OT (Otro), IC (Icnofósil). Los códigos de referencia son los siguientes:
(1) Este artículo, (2) Alvarez (2011) , (3) Alvarez y Avezuela (2013) , (4) Pericot (1942), Soler (1990), 2015, (5) Avezuela y Alvarez (2012) , (6) Bernaldo et al. (2006), (7)
Corchon y Ortega (2017), (8) Barciela (2011), (9) Álvarez et al. (2003), (10) Luján y Rosser (2013), (11) Cardoso y Antunes (1995), (12) Cardoso y Guerreiro (2002), (13)
Pau y Camara (2019), Altamirano (2014) (14) Pascual (1993), 15), Varela (2002), (16) Thomas (2014) (con referencias), (17) Schuhmacher et al. (2013), (18) Obermaier (1924),
(19) García (1980), (20) Cardoso y Carreira (2003), (21) Barciela et al. (2012), (22) Barciela (2006), (23) Barciela (2015), (24) Schuhmacher y Cardoso (2007), (25) Driesch
et al. (1985), (26) Navarro (1982), (27) Martínez y Vera (2014), (28) Cardoso y Boaventura (2011), (29) Caceres et al. (2019), (30) Gonçalves et al. (2018). ARRIBA (superior
Paleolítico), N (Neolítico).

4.1.3. Edad del Cobre

En la Edad del Cobre Ibérica (Fig. 12C, Tabla 2), conocida en otros lugares como el periodo  Calcolítico, la presencia de restos fósiles en los sitios arqueológicos se vuelven más frecuente, debido a la presencia recurrente de objetos de marfil, realizados a partir de colmillos de elefantes antiguos: Elephas antiquus. Este tipo de marfil fósil ha sido reportado en los sitios arqueológicos del Camino de las Yeseras, Leceia, Señorío de Guzmán y Matarrubilla, Los Algarves y Los Millares (Schuhmacher et al., 2013; Liesau y Moreno, 2013; Schuhmacher y Cardoso, 2007; Almagro y Arribas, 1963 ).

Difícilmente puede considerarse como una simple coincidencia el hecho de que, precisamente, sea en este momento cuando los objetos elaborados con marfil de elefantes modernos, ya sea de elefante asiático o de elefante africano,  aparezcan por primera vez en los sitios arqueológicos ibéricos. Estos hallazgos ponen en evidencia la existencia de ciertos vínculos comerciales con culturas del Mediterráneo oriental y del norte de África. 
La distribución de los objetos arqueológicos elaborados con marfil de elefantes modernos se ajusta a un patrón geográfico que contrasta, claramente, con el patrón de la distribución geográfica de los objetos elaborados con marfil fósil de elefante antiguo prehistórico. Se ha comprobado que los objetos arqueológicos elaborados con marfil de colmillos del elefante indio han sido documentado principalmente en sitios del sureste de Iberia, mientras que los de marfil de su pariente africano, se han recuperado, principalmente, en sitios portugueses, viéndose que el río Guadalquivir constituye una especie de frontera, en la distribución geográfica entre ambos tipos de marfil moderno.
Mientras que en el caso de los objetos arqueológicos elaborados con marfil fósil, no se ha documentado tal segregación espacial o geográfica. En cambio, se encuentra una clara correlación entre la distancia de un sitio arqueológico dado a los afloramientos paleontológicos donde se encuentra el marfil fósil y la presencia/abundancia de marfil fósil en ese sitio arqueológico (Fig.10, Banerjee et al., 2012; Schuhmacher et al., 2013). 
La presencia de objetos de marfil fósil (Elephas antiquus) en un sitio arqueológico no es un hecho trivial. Durante el periodo de la cultura del vaso campaniforme, se comprueba que la mitad de los objetos ejecutados en marfil elefantino provienen de colmillos de especímenes fósiles (Schuhmacher y Cardoso, 2007). Se ha considerado que este hecho reflejaría un aumento en la demanda de este tipo de material valioso, pero también en el hecho de que, cuando el marfil fósil se empapa o humedece en agua, resulta ser un material que es más fácil de trabajar que el marfil reciente procedente de colmillos de elefantes modernos (Christensen, 1999: 176).

En las sociedades de la Edad del Cobre, los datos arqueológicos también apuntan a la existencia de un vínculo estrecho entre la presencia de objetos de marfil y el desarrollo de la metalurgia, situación cultural que fomentó un aumento en el número y tipos de artículos manufacturados. Más intrigante resulta el hecho de que los objetos de el marfil fósil se concentraron en los sitios arqueológicos de bajo rango, incluidas las comunidades campesinas, mientras que los objetos de marfil reciente predominan en las comunidades sociales de alto estatus (Fig. 12C). 

Tal vez la apariencia y la novedad del nuevo material, le aportó a este nuevo marfil mayor aprecio social y por tanto mayor valor, situación que habría encarecido su precio, impidiendo su posesión a los grupos sociales de menor estatus. 

Diversas muestras de marfil fósil siberiano procedente de mamut. Se puede apreciar que muestra un aspecto absolutamente muy diferente del típico aspecto del marfil de los elefantes modernos. Imagen: https://arcticantiques.com/cdn/shop/articles/ethical-fossil-mammoth-ivory.jpg?v=1732737989

El marfil reciente (de elefante) es de mayor calidad para ser tallado y pulido debido a su densidad uniforme y su color blanco cremoso, mientras que el marfil fósil (de mamut) tiene una estructura más frágil y una textura agrietada, con vetas minerales, cualidades que lo hace un material menos predecible que el marfil moderno.

En Portugal la Edad del Cobre es la época histórica del mayor apogeo de los objetos de naturaleza fósil  (Fig. 12C). Con la excepción de los reportados en el Dolmen de Soto (Obermaier, 1924), solo los sitios portugueses, en la costa de Extremadura, en particular las fosas comunes, presentan objetos consistentes en restos de crinoideos fósiles. Reportados con menor frecuencia en el interior del Alentejo y taxonómicamente indeterminados, los primeros hallazgos fueron documentados en Pedra do Douro (NMI ¼ 27) por Leisner y Schubart (1966).
Hallazgos posteriores aparecieron en Carasca (NMI ¼ 10), Cova da Moura (NMI ¼ 6), Lapa do Suao (NMI ¼ 1), el "tholoi" de Charrino (NMI ¼ 13), Sizandro (NMI ¼ 1) y Poço Velho (NMI ¼ 1) (Thomas, 2014), junto con un número no especificado de especímenes de Vila Nova de Sao Pedro (Valera, 2002) (Tabla 2). A excepción del sitio de Sizandro, en los demás sitios ni las descripciones ni las ilustraciones permiten confirmar la identificación taxonómica de los ejemplares. 

En los “tholoi” (1) de Charrino, por ejemplo, “… se encuentran tallos de crinoideos, enteros, sin trabajar, junto con cuentas terminadas de tallo de crinoideas lo que sugiere que los tallos de crinoideos fosilizados se usaban, esencialmente, ya fuera como cuentas cilíndricas individuales o como grupos de cuentas fusionadas, perforadas a semejanza de un lápiz, que una vez separadas o seccionadas servían para la producción de cuentas individuales” (Thomas, 2014: 192). 
La figura 99 de esta monografía muestra 28 supuestas cuentas elaboradas a partir de tallos de crinoideos, cuya morfología del tallo nos permitió confirmar la naturaleza columnaria de esos crinoideos. En la imagen se incluyen los 9 especímenes de la fila inferior, el último espécimen a la derecha en la fila superior y el antepenúltimo y último especímenes a la derecha en la fila central. Aunque las columnas aisladas no permiten una identificación taxonómica precisa, los únicos afloramientos fosilíferos que probablemente produzcan crinoideos en la Extremadura portuguesa son formaciones jurásicas donde el género Pentacrinus es frecuente (López, 1987).
Los depósitos jurásicos también representan una parte sustancial del sustrato geológico del Algarve y es por ello que los crinoideos del Dolmen de Soto pueden sugerir un contacto directo entre esta región y la de Andalucía occidental. 

En el pueblo calcolítico de Outeiro de Sao Mamede se ha reportado un equinodermo fósil, es el equinoideo regular del género Cidaris (Linnaeus 1758), que no resulta infrecuente en los afloramientos jurásicos de los alrededores de ese sitio arqueológico (Cardoso y Carreira, 2003).
El informe del yacimiento del Neolítico Tardío/Edad del Cobre de Fontainhas (Algarve) reportó el hallazgo de un espécimen del gasterópodo marino denominado cono gigante o c. mariposa, Conus pulcher Lightfoot, 1786, que actualmente aún vive en el Atlántico SE, (Pereira da Costa, 1867). La ilustración del ejemplar nos permitió reclasificarlo como Conus antiquus Lamarck, 1810, siendo, por tanto, una especie fósil del Tortoniense superior, mostrando un característico ápice plano y que se puede encontrar, por todo el Algarve, en los lechos sedimentarios de materiales del Mioceno. Los afloramientos paleontológicos que presentan esta especie de cono gigante, más cercanos al yacimiento de Fontainhas, son los de Foz de Rego y Cacela. 

La Edad del Cobre Ibérica proporciona los casos más antiguos y sorprendentes del uso de losas de piedra con icnofósiles como materiales de construcción en la arqueología europea (Cardoso y Boaventura, 2011). 
Castro (1961) fue el primero en llamar la atención sobre las losas de ortostato (2)  conteniendo icnofósiles de Thalassinoides sp.. Este tipo de icnofósiles recubrían las paredes interiores de los dólmenes (tumbas megalíticas) en la Extremadura portuguesa. En el sitio arqueológico de Anta da Estria, este tipo de losas se colocaron en el centro de la cámara funeraria, y  en el dólmen de Anta da Monte Abrao, en el corredor que conduce a dicha cámara funeraria. En ambos casos, se hace evidente que este tipo de icnofósiles tenían una función relevante como elemento funerario, simbólico y ritual, en la cultura de aquella zona y de aquella época. Se desconoce completamente cuál pudo ser su función y la finalidad de su utilización funeraria.

Parece evidente que las losas de areniscas calcáreas neógenas con icnofósiles de Ophiomorpha isp., Scolicia-Cardioichnus isp. y Gastrochaeonolites isp. fueron "elegidas deliberadamente para resaltar determinados aspectos decorativos o simbólicos concretos", en la construcción de los "tholoi" de Matarrubilla y La Pastora, ubicados en el megasitio arqueológico de Valencina (Cáceres et al., 2019). Las areniscas de La Pastora también presentaban conchas de ostras incrustadas y evidencias de marcas de "bioerosión" por la acción perforadora de “bivalvos litófagos” (sic) (Cáceres et al., 2019: 19). 

El estado fósil, o no, de los escafópodos ibéricos, publicados a menudo en los informes arqueológicos, sigue siendo polémico, debido a que no se justifican suficientemente las identificaciones de los ejemplares hallados (Tabla S2). Este es el caso del “fósil Dentalium” (el nombre de género aceptado, hoy, es Antalis) reportado de Los Millares y de la Cuesta del Negro (Almagro y Arribas, 1963; Camara, 2001). En el mar Mediterráneo, Antalis incluye dos especies vivientes y grandes con una concha robusta (A. vulgare y A. inaequicostatum) utilizadas como colgantes durante la Prehistoria. Aunque la morfología y el mayor tamaño sugieren que algunos de los ejemplares representados de Los Millares pueden ser fósiles. Esto también se aplica a los 67 especímenes reportados, en este sitio, como “Dentalium" o como "conos de piedra caliza”. 
En la fosa común del enterramiento de la Covacha de la Presa en Loja (Granada), se citan cinco Dentalium costatum (Sow, 1814), una especie fósil que no pertenece a la zona mediterránea (Carrasco et al., 1977). Seguramente, procedentes del trueque con grupos nómadas originarios de territorios aituados al sur del Mar del Norte.

También resulta polémico el estado fósil, o no, de seis supuestos escafópodos fósiles “… la mayoría de las veces las cuentas utilizadas son concha de escafópodos perforadas, pero por lo demás no han sido modificadas.  En la excavación de la Cova da Moura (Thomas, 2014) fueron reportadas una amplia variedad de especies del género Dentalium”. La sección circular del único espécimen representado, de ese sitio arqueológico, representa la morfología característica de un Antalis dentalis (Linnaeus, 1758), lo que pone en duda el supuesto estado fósil de otros escafópodos del mismo lote (Thomas, 2014: Fig. 36). Por último, en La Presa y Fuente Álamo de Alcalá la Real (Jaén), se mencionan el hallazgo de “escafópodos no especificados”.

Debido a la aportación de una información insuficiente, también surgen dudas sobre el estado fósil, o no, de otros tipos de moluscos. Estos casos incluyen los moluscos de la cueva del Cuchillo (ejemplares denominados “molusco fósil”), Loma del Tío Ginés (“dos conchas fosilizadas”), cueva de Mesa/Mera? (“concha perforada de los afloramientos fosilíferos de Capres”), El Argar (“concha fósil ”), Cuartillas (“conchas fósiles”) y La Bernarda (“anillos de concha de Cerastoderma fósil”) (Tabla S2). 
El fósil “Strombus” (hoy denominado Persististrombus) de Los Alcores (Sevilla) y de Les Jovades (Alicante), fue interpretado erróneamente como una especie reciente, contemporánea (García, 1980; Pascual, 1993).

Trece dientes fósiles de tiburón provenientes de diversos yacimientos de la Edad del Cobre (Tabla 3). 
La especie más común y la única registrada en España es Cosmopolitodus hastalis, citada originalmente como Lamnidae/Carchariidae en el Dolmen de Soto (Obermaier, 1924). La especie está confirmada en los yacimientos portugueses de Leceia y en el tholos de Marcela (Obermaier, 1924; Cardoso y Antunes, 1995) (Tabla 3). 
En Casal do Pardo, dos Isurus o Comopolitodus y un Hemipristis serra,  fueron citadas por Ruiz et al. (1997) ejemplares que podrían proceder, de manera muy probable, de afloramientos locales ricos en restos de tiburones, pertenecientes a la Formación Arenisca de Huelva, del Plioceno medio-bajo. 
Los Castillejos reportan un diente de Isurus sp. (número de catálogo MF186) procedente de las excavaciones de 1946 y de 1947 (Altamirano, 2014), y un segundo ejemplar (MF61860) de las excavaciones de 1991 y de 1994 (Pau y Camara, 2019). Este último es un diente casi completo con bordes cortantes dentados. En caso de que estos dientes no presenten daños debidos a agentes naturales, el espécimen necesita una reevaluación porque niel género Isurus ni el estrechamente relacionado Cosmopolitodus, presentan estrías dentales en los bordes. 
En el poblado prehistórico de Leceia (también conocido como Castro de Leceia) parece confirmarse el hallazgo de un diente del "tiburón comadreja": Hemipristis serra y otro de Otodus (Megaselachus) megalodon, y de dos dientes adicionales más de esta última especie, en la tumba megalítica del Dolmen de Nora.
En el caso de Vila Nova de Sao Pedro, es lamentable que no se proporcionasen detalles sobre la naturaleza fósil, o no, de dos dientes del tiburón toro Carcharias taurus (Rafinesque, 1810), ya que la especie aún vive en la actualidad en aguas costeras ibéricas (Cardoso y Antunes, 1995). Un último diente de tiburón fósil, fue reportado en la cueva de Los Tiestos (Tabla S2) pero que aún requiere confirmación, ya que a pedido de los investigadores, no se pudo encontrar el ejemplar solicitado.


4.1.4. Edad del Bronce

Durante la Edad del Bronce (Fig. 12D, Tabla 2) se reporta el uso de marfil fósil en Las Peñuelas, El Oficio y El Argar (Schuhmacher et al., 2013; Liesau y Moreno, 2013; Schuhmacher y Cardoso, 2007). 
Los dientes de tiburón, sin especificar si fósiles o recientes, fueron citados por primera vez en la cueva de Los Toyos (Siret y Siret, 1890). Driesch et al. ilustran un diente de  Cosmopolitodus hastalis de Fuente Álamo. (1985) y en La Pedrera, se reporta un diente, sin asignación taxonómica (Navarro, 1982). 
En Portugal, la tumba de Vale de Carvalho arrojó cinco dientes de Carcharias taurus, que es un aún taxón existente en la actualidad, y debido a esto, su supuesto estado fósil requeriría una confirmación (Cardoso y Antunes, 1995).  

Un diente de Isurus sp. (número de catálogo MF3280), reportado en un nivel de la Edad del Cobre en Los Castillejos (Altamirano, 2014: 35, Fig. 16), ahora, ha sido  reasignado a la Edad del Bronce Antiguo (Pau y Camara, 2019). Este espécimen es una corona incompleta que, cuando se confirme el estado fósil, debería pasar al género Cosmopolitodus. 

La especie aún existente del escafópodo Dentalium vulgare está reportada como fósil en Fuente Álamo, Cerro de la Encina y El Argar (Friesch, 1987: 104).

Diez yacimientos ibéricos reportan hallazgos de moluscos fósiles, de estatus dudoso. Entre ellos se incluyen los yacimientos neolíticos de La Draga (Glycymeris y/o Cerastoderma  glaucum), L'Avi (Strombus/Charonias), San Sadurni (“gasterópodo fósil” indet.), Costamar (Spondylus gaederopus Linnaeus, 1758), Quintanet (Glycymeris sp.), Barranquet (“1 ostra, 1 bivalvo, 1 concha y 8 fragmentos de concha”), Les Cendres (sic “discos de Cerastoderma fósil”) y Nerja (“molusco fósil”) (Tabla S2). 

De los 444 elementos paleozoológicos que el registro arqueológico ibérico ha arrojado hasta el momento actual, resulta que 245 son pequeños fragmentos cuyo estatus taxonómico y estado fósil, es difícil de reconocer y certificar (Tablas S3 y S4).
Los 199 ítems restantes, aproximadamente un tercio (NMI = 63), siguen siendo dudosos y 137 (de los cuales 13 fueron evaluados para este estudio) parecen válidos. 

A la luz de estos resultados, nuestros 143 fósiles detectados amplían sustancialmente el conjunto de datos ibéricos (+30% de los hallazgos publicados, +70% en caso de que se excluyan los fragmentos), aunque dicho aumento está lejos de ser homogéneo (Tabla S3).
De esta forma, sólo se añadieron 3 piezas a las colecciones de la Edad del Cobre, mientras que nuestras muestras del Magdaleniense y del Solutrense elevan significativamente tanto el número de yacimientos (el triple y el cuádruple, respectivamente) como de piezas (el 99% del Solutrense Ibérico). Los fósiles del Magdaleniense derivados de este estudio, exhiben un aumento de cinco veces) (Tabla S4).

El aumento también es significativo en el caso de los sitios arqueológicos del Neolítico (+25% para sitios y +20% para elementos), menos para el Gravetiense (+33% de sitios y elementos) y leve para la Edad del Bronce (~6% de sitios y elementos). ) (Tablas S3 y S4). 
Surgen diferencias sorprendentes cuando se compara el conjunto de datos publicado con nuestras muestras. Aunque el Neolítico parece repetirse como el período dominante en términos de elementos, su contribución disminuye drásticamente cuando se excluyen los fragmentos (~59% vs. 9%) (Tabla S4). 

La Edad del Cobre, como se ve, es el período dominante tanto en términos de sitios (42%) como de elementos (28,8%), más aún si se excluyen los fragmentos (~62%).
El Solutrense, junto con el resto del Paleolítico Superior, constituye un momento marginal, tanto en términos de yacimientos (1,6%) como de piezas (2%). Quizás más crucial sea el hecho de que el conjunto de datos ibéricos es testigo de un aumento de fósiles y de sitios arqueológicos a lo largo del tiempo. Esto coincide con una tendencia general en Iberia y en otros lugares de que los sitios arqueológicos se vuelvan más frecuentes a medida que nos acercamos a los tiempos recientes.

También surgen diferencias sorprendentes cuando se confrontan las contribuciones de los grupos faunísticos. Nuestras muestras carecen de crinoideos y de marfil, este último material minimiza la contribución de elementos procedentes de mamíferos en nuestras muestras en comparación con el registro ibérico (0,7% vs. ~13,6%). Nuestras muestras obtienen puntuaciones más bajas para los bivalvos (2,8% frente a ~10,1%), sin embargo, las frecuencias de los dientes de tiburón (9,1% frente a 6,3%) y las de gasterópodos (4,2% frente a ~4,5%) son similares. Sólo los escafópodos obtienen puntuaciones significativamente más altas en nuestras muestras (83,2% frente a 10,7%).
Aunque las contribuciones de los grupos en los conjuntos de datos publicados cambiarían si se excluyeran los fragmentos (Tabla S3), una búsqueda más rigurosa de fósiles en nuestro caso puede ayudar a explicar la abundancia de especímenes de pequeño tamaño en nuestro caso.


4.2. Uso y aprovisionamiento de fósiles

En relación a las fuente de origen del material paleontológico, y a excepción de los sitios de Peña de la Abuela y El Juyo, los fósiles reportados en este artículo, muy probablemente, podrían proceder de afloramientos ubicados en las cercanías de los sitios arqueológicos en los que se hallaron, es decir, a menos de 20 km y a menudo a ±2 km, (Tabla 4). Estos datos sugieren que el aprovisionamiento local de fósiles,  fue mucho más frecuente que el comercio, constituyendo la principal forma de obtener fósiles. 
El suministro de fósiles a nivel local/regional, se confirma cuando nuestros datos se comparan con los hallazgos publicados. Esto es más evidente en el caso del marfil fósil y de los crinoideos, pero también fue claro en el caso de los restos fósiles de los restantes grupos de organismos.
Como corolario, uno puede suponer que la variedad de fósiles encontrados en un sitio determinado, podría ser más un reflejo de la disponibilidad de fósiles que de la elección. De hecho, la dominancia de taxones marinos neógenos reportada en los sitios que hemos estudiado, simplemente refleja la contingencia de que la mayoría de ellos se agrupan a lo largo de las costas este y sur de España, lugares donde abundan esos fósiles. Aún así, el aprovisionamiento local puede tener implicaciones más amplias si los fósiles locales fueran seleccionados, preferentemente, como objetos marcadores o indicadores de identidad cultural, como se ha descrito para otros sitios europeos (Moreau, 2003; Vanhaeren et al., 2004; Bajnoczi et al., 2013).


Tabla 4 Procedencia bioestratigráfica de los fósiles estudiados en este artículo y sus presuntas áreas de fuente más cercanas


Para el caso de la Península Ibérica, esta es una cuestión que deberán abordar futuros estudios. Los fósiles transportados a largas distancias suelen tener implicaciones más amplias. Este sería el caso de la concha de la torre (Turritella turris) de la cueva del Juyo. De hecho, en el norte de Bélgica, el Magdaleniense constituye el único período en el que los fósiles de Turritella están documentados en el registro arqueológico (Moreau, 2003).
Se considera que la presencia de estos fósiles señalaría la expansión hacia el norte de una tradición cultural anteriormente restringida al sur de Bélgica (Otte, 1990; Straus y Otte, 1996). ¿Podría considerarse que el espécimen de El Juyo indicaría una expansión equivalente de las tradiciones culturales de los cazadores-recolectores franceses del suroeste de Francia hacia latitudes más meridionales?

La mayoría de las conchas de los moluscos y de los dientes de tiburón de las muestras de nuestro estudio constituían adornos, estando documentado el uso de herramientas para manipularlas, sólo en dos casos, el candil de ostras de La Pileta y el yunque de dientes de elefante de El Pirulejo. Por tal razón, se podría suponer que tanto las sociedades cazadoras-recolectoras como las primeras agrarias valoraban los fósiles, más por razones simbólicas, ya sean para usos ornamentales, funerarios o como marcadores de identidad cultural, que por razones utilitarias o prácticas. Esta hipótesis parece validada gracias a los hallazgos publicados. En este caso, sobre los fósiles sólo se han documentado usos simbólicos, tanto ornamentales como funerarios. Aún así, dado que al momento de escribir este artículo, la mayoría de los registros publicados permanecen mudos en cuanto a su función; Se necesitan investigaciones futuras para confirmar la tendencia de uso social.


5. Conclusiones
 
En este artículo, además de ampliar significativamente el registro fósil en contexto arqueológico ibérico, se ofrece una visión crítica de los hallazgos publicados anteriormente. Al hacerlo, surgieron ideas sobre indicios relacionados con cuestiones sociales y culturales que los fósiles pueden ayudar a abordar, sobre las cuales las faunas contemporáneas convencionales no aportan información. Estas cuestiones incluyen aspectos sociales relacionados con la movilidad geográfica, la estratificación social y el comercio a larga distancia, y también sobre cuestiones ideológicas que abordan la identidad colectiva y las prácticas funerarias, cuestiones tan cruciales para alcanzar una comprensión más fiel de las sociedades del pasado. Como es el caso del uso de los fósiles en paleontología, en la arqueología se podría intentar utilizar la presencia de ciertos fósiles como “guías” para profundizar en las cuestiones sociales mencionadas, pero sólo cuando se disponga de evidencia abundante, de buena calidad y bien contextualizada. No reconocer esa relevancia social y cultural hará que persista la noción arcaica de “los fósiles como trivialidades” arqueológicas, lo que obstaculizará los estudios rigurosos sobre este tema.

Desde un punto de vista estrictamente cuantitativo, los fósiles constituyen una fracción menor de los objetos naturales encontrados en los yacimientos arqueológicos. Pero la inercia de “cuanto más, mejor”, materializada en la tendencia a otorgar importancia a los elementos en términos exclusivamente cuantitativos, es en sí misma un resultado de un estrecho enfoque procesualista, típico de la arqueología decimonónica, que se aplica con mejor criterio al ámbito económico, es decir, las actividades productivas. En los ámbitos social e ideológico, la frecuencia de ocurrencia no tiene por qué equivaler a mayor “importancia” sino a mayor "proximidad" o mayor "facilidad de aprovisionamiento". Pero de hecho, muy a menudo ocurre lo contrario de estos supuestos.

Dado que los fósiles son elementos de nula importancia en términos de subsistencia humana, necesitamos enmarcar su estudio únicamente en términos de significado social e ideológico, ámbitos donde la cuantificación es mucho menos importante que la contextualización. 
Para enmarcar la búsqueda, es necesario ser consciente de que la identificación taxonómica de los ejemplares fósiles hallados en contexto arqueológico es la piedra angular sobre la que descansa el edificio interpretativo. Como afirman acertadamente Reitz y Wing (2008: ix): “las interpretaciones teóricas no son mejores que los métodos utilizados para desarrollar datos de respaldo. Es tan necesario estar bien fundamentado en los conceptos básicos como guiarse por una buena teoría”. De hecho, la identificación de restos fósiles es mucho más difícil de lograr que la identificación de los restos de las faunas modernas, entre otras cosas, porque los arqueozoólogos no han sido formados y capacitados para trabajar con ese tipo de restos.

También resulta desafiante a la comprensión de su funcionalidad y su valor informativo se reduce enormemente cuando se descontextualizan de su entorno inmediato, como suele suceder en el caso de las excavaciones en los depósitos arqueológicos, sin aplicar criterios paleontológicos. En estas circunstancias, ninguna única colección de referencia ni ningún especialista serán suficientes para identificar e interpretar. Se requiere colaboración y algún conocimiento sobre los fósiles que se pueden encontrar en el área donde se va a realizar la excavación. Por humilde que sea, esta obviedad es probablemente el principal mensaje que debemos tener en cuenta.


Notas 

(1) Dolmen de corredor: Sepulcro de tipo megalítico compuesto de una cámara sepulcral central, de forma poligonal, circular, etc. y un corredor ("dromos") que conduce hasta ella y bien diferenciado de ésta. Su tipología es variada, los más simples fueron construidos con grandes bloques de piedra. Los soportantes verticales y los cobertores subhorizontales.
Muy semejantes a ellos serían los Tholoi, que se diferencian de los dólmenes de corredor por el uso de mampostería para construir falsas cúpulas sobre la cámara sepulcral. Son monumentos típicos en la zona de Huelva, sur de Portugal, Almería y Granada.

(2) Ortostato: bloque o losa vertical, adornada o no, que forma la hilada inferior de un muro. En un dolmen neolítico, los ortostatos forman parcial o totalmente las paredes del monumento funerario megalítico y soportan las losas de la cobertera.  https://es.wikipedia.org/wiki/Ortostato

Otras fuentes

- Castrillo Jiménez, Carlos (2020). Revisión de la distribución geográfica del marfil y su valor de uso en la Península Ibérica desde comienzos del tercer milenio hasta el Bronce Reciente.  Arqueología y Territorio, 17, pp. 51-62  https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7702254.pdf 
- Pascual Benito, Josep Lluís (2017) "El utillaje en materia dura animal, los adornos y otros objetos simbólicos de la Cova de les Cendres" en La Cova de les Cendres.  Joan Bernabeu Aubán y Lluís Molina Balaguer (eds.). MARQ. Museo Arqueológico Provincial de Alicante. Serie Mayor, núm. 6 (111-121):   https://www.marqalicante.com/contenido/publicaciones/pub_75.pdf

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