domingo, junio 22

Paleontología Cultural y Etnopaleontología (1)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL


La Paleontología Cultural. ¿Qué es y qué pretende llegar a ser?

Paleontología Cultural es la denominación que hemos creado y utilizamos para designar una nueva área de estudio humanístico-paleontológico, centrada sobre la consideración de los fósiles como objetos naturales, pero con funciones culturales, eminentemente sociales. Esta concepción no estrictamente científica, está caracterizada por una serie de objetos, objetivos, métodos de estudio y resultados de los mismos que son tan específicos que la diferencian, claramente, de otras áreas de conocimiento y disciplinas académicas, más o menos próximas con las que está relacionada.

OBJETO:

Son objeto de investigación, propios de la Paleontología cultural, las distintas formas de asimilación social, del hecho natural paleontológico de la fosilización, del fenómeno paleontológico, de naturaleza no racionalistas y no científicas que han sido generadas por la cultura humana.

Exlibris de la abadesa santa Hilda, representando la creencia medieval de que los amonites que se encuentran en los alrededores de la abadía, en los acantilados de Whitby, fueron primero serpientes venenosas que la santa decapitó y luego se petrificaron milagrosamente
Imagen: National Museums Scotland

Así mismo, también, son objeto de investigación, específicos de la Paleontología cultural, las diferentes influencias socio-culturales de origen paleontológico y las diversas relaciones de tipo extracientífico, que se hayan podido establecer con todo tipo de fosilizaciones. 

El estudio de las relaciones e influencias paleontológicas que se hayan podido manifestar, en cualquier lugar, época y tipo de sociedad, se hará a través de los diversos productos culturales, pertenecientes a alguna de las categorías siguientes: productos inmateriales (ideas) o/y productos materiales (objetos)  
que hayan podido conservarse, hasta el tiempo presente, para que sea posible su estudio científico y que formen parte del patrimonio cultural humano, ya sea el de categoría intangible (ideas), así como el de tipo tangible (objetos).


El artefacto humano, conocido, más antiguo, realizado mediante la manipulación de un fósil, es un fragmento de trilobites perforado hace unos 25.000 años, para ser usado como colgante, posiblemente como amuleto, encontrado en la excavación de un antiguo asentamiento de gentes de cultura Cromagnon, una cueva denominada, debido a este descubrimiento, "Grotte du Trilobite", en la población de Arcy-sur-Cure,  departemento "de Yonne (Francia).
Son objetivos fundamentales, de la Paleontología cultural, poder llegar a conocer, estudiar y divulgar la mayor cantidad posible de influencias, de toda índole, que los distintos tipos de fósiles han ejercido, sobre la cultura humana, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Excluyéndose, expresamente, las influencias de tipo científico que los componentes del registro fósil, hayan podido deteminar sobre el conocimiento y actividades humanas.

En la heráldica civil, también existen influencias paleontológicas, por ejemplo, en la parte inferior del escudo del St Hilda's College de la Oxford University, aparece representado un amonites, en forma de serpiente espiralada, aludiendo la transformación legendaria
Imagen: http://www.juniorgeo.co.uk/index.php?category=4&sub_category=8


MÉTODO DE TRABAJO:

El método de
trabajo de la Paleontología cultural, en estas etapas iniciales y de forma provisional, es intuitivo y empírico, pues consiste, en buscar, identificar, localizar, registrar, clasificar e interpretar cualquiera de los diferentes productos o artefactos culturales que hayan podido resultar como consecuencia de la asimilación cultural arracionalista o acientífica, de ciertos hechos paleontológicos típicos, con independencia de si se trata de productos de la cultura erudita o de la cultura popular y de si se han producido en tiempos antiguos, modernos o contemporáneos.

Algunos elaboradores de vino, franceses, incorporan gráficamente en sus etiquetas o/y en el nombre de sus vinos, alusiones a la fauna fósil que existe en el suelo sobre el que crecen sus viñas
Imagen: http://www.brionnais.fr/terroir_Jean-Claude_Berthillot

Provisionalmente, y por razones de dificultades de accesibilidad a la información y limitaciones de capacidad y disponibilidad de personal investigador, la Paleontología cultural, preferentemente, deberá limitarse a investigar sobre las producciones, relaciones e influencias que se han dado en las sociedades contemporáneas y más concretamente, centrada sobre la cultura popular, de tipo tradicional (folclore) y actual (cultura de masas). 

En el futuro, cuando las actuales circunstancias limitantes, hayan mejorado, los equipos investigadores podremos permitirnos ser mucho más ambiciosos en nuestros proyectos y más eficientes en la obtención de resultados.


RESULTADOS:

Los resultados iniciales de los estudios de la Paleontología cultural, nos han permitido conocer mejor las diversas clases de relaciones típicas que se han establecido, a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo, entre algunas sociedades humanas concretas y ciertos tipos de fósiles. Así mismo nos han permitido conocer mejor las influencias sociales y culturales, particulares, ejercidas por distintos hechos paleontológicos típicos así como las consecuencias que, este tipo de relaciones, entre humanos y fósiles, han

tenido para el enriquecimiento del patrimonio humano, tanto de tipo material como inmaterial.

Una de las primeras figuras de dinosaurio que se instalaron en Enciso, hacia 1998, junto a la ruta de las icnitas, realizada con gran ilusión por gente del pueblo, pero con poco parecido con el animal real
Imagen: http://www.hernandezrabal.com/espana/rioja/enciso.htm

Esta nueva área de conocimiento, al tener un objeto de estudio y unos objetivos tan amplios, ha de ser concebida, necesariamente, como una disciplina de contornos bastante difusos e intrincados, pues ha surgido como producto de la confluéncia e integración de múltiples y variados conocimientos humanos.

Básicamente, la Paleontología Cultural se produce por la confluencia o síntesis de cuatro tipos de conocimientos, en torno al registro fósil:

- Conocimientos etnológicos: creencias arracionales y de sentido común, costumbres tradicionales y usos populares: juguetes, amuletos, remedios, adornos, emblemas, figuras heráldicas etc.

- Conocimientos literarios: narraciones legendarias explicativas o leyendas etiológicas, poesías, canciones, fórmulas,

- Conocimientos lingüísticos o filológicos: nombres vulgares, variantes, distribución geográfica, etc., y nombres propios de lugar o topónimos, de motivación paleontológica, etimología, etc.

- Conocimientos paleontológicos: nombres científicos, taxonomía, cronología, tipo de fosilización, etc.

De manera que, desde la perspectiva integradora de la Paleontología Cultural, la Etnología, la Filología y la Paleontología se convierten en sus principales "ciencias colaboradoras o auxiliares".

De lo anteriormente explicado, se infiere que la Paleontología Cultural, como nueva área de estudio, de síntetis, nace conceptual y metodológicamente, muy compleja y funcionalmente bastante inexperta, razones por la cuales, lógicamente, debe partirse de planteamientos de investigación basados en el enfoque multidisciplinar sobre los casos particulares y el desarrollo cooperativo y interdisciplinar de los proyectos de estudio, aplicados a lugares y casos concretos.

Tampoco deben ver los paleontólogos, etnólogos y filólogos a la Paleontología Cultural como una advenediza competidora de sus bien consolidadas disciplinas académicas, sino como una joven y, potencialmente, valiosa colaboradora, capaz de proporcionar innovadoras perspectivas de estudio o de aportar datos que pueden resultar muy útiles para el progreso de todas ellas.

Más detalladamente, podriamos ver que los conocimientos específicos de la Paleontología Cultural, provienen de la integración o fusión de multiples campos del conocimento y de la creatividad humana. Constituyen sus fuentes de inspiración, de información y de acción:
- las Ciencias Naturales (Biología, Zoología, Botánica, Geología, Paleontología, Paleoecología, Tafonomía, etc.);
- las Ciencias Aplicadas (Agricultura, Ganadería, Industria, Minería, Pesca, Topografía, Cartografía, etc.); 
- las Ciencias de la Salud y de la Farmacia (Medicina, Farmacia, Veterinaria, Farmacología, etc.); 
- las Ciencias Sociales (Antropología, Arqueología, Economía, Etnografía, Etnología, Filosofía, Geografía, Historia, Historia de las ideas y de las creencias, Lingüística, Psicología, Sociología, etc.) ;
- las Bellas Artes (Arquitectura, Cinematografía, Danza, Escultura, Literatura, Música y Pintura);
- las Artes Aplicadas y Decorativas (Decoración, Diseño, Ilustración, Heráldica, Filatelia, Historieta gráfica, Artesanias diversas, etc.);

Pileta de lavabo inspirada en la impronta dejada por un molde interno de la concha de un ammonite, al desprenderse de la roca matriz 
Imagen:

Tipos de influjos culturales ejercidos por fósiles.

Disponemos de diversos tipos de pruebas y de abundantes datos que les dan verosimilitud (arqueológicos, onomàsticos, toponímicos, etnológicos, literarios, pictoricos, heraldicos, numismático, filatélicos, cinematográficos, etc.) que nos permiten no sólo sugerir o afirmar, sino también demostrar que, desde tiempos remotísimos hasta la actualidad, distintas clases de fósiles han ejercido diferentes tipos de influencias sobre muy distintas sociedades y muy variadas culturas humanas.

Si analizamos las influencias ejercidas sobre la cultura humana, por distintos tipos de fósiles podemos darnos cuenta que pertenecen a dos categorías, pues mientras algunas clases de fósiles han contribuido, en ciertos grupos humanos, a generar cultura de tipo material (producción de objetos), otras clases de fósiles o los mismos, en otras épocas o sobre otro tipo de sociedades, han contribuido a inspirar cultura no material (concepción de ideas).

Así nos encontramos con que las diversas clases de fósiles que han contribuido a generar CULTURA MATERIAL, pueden haber constituido, ellos mismos, objetos sencillos, completos, o partes componentes de objetos, más o menos, complejos, y también han contribuido a proporcionar substancias o materiales muy variados, implicados en diversas actividades y que han sido usados como:

- objetos, de propiedad colectiva o particular, con muy diversas funciones sociales: función ornamental, comercial, ritual, apotropaica, etc.,
- materiales o substancias de uso ordinario: uso artesanal, doméstico, decorativo, económico, medicinal, etc.,

- substancias o materiales de uso extraordinario: mágico, religioso, amulético, talismánico, etc.,

 En Nepal y norte de la India, ciertos nódulos de una caliza negra que en su interior contienen amonites, llamadas Sligramas o Salagrams y que sólo se encuentran en el valle de Gandaki, son considerados piedras divinas, creadas por el dios Vishnu por lo que se las coloca en pequeños santuarios domésticos, donde se las venera devotamente
Imagen:  http://crystal-yantra.com/?p=284

En todos los casos en los que los fósiles han constituido objetos o materiales de interés, útiles para realizar diversas actividades sociales o personales, de tipo material y espiritual, en diferentes situaciones de la vida cotidiana, constatamos que han ejercido unas influencias colectivas más o menos importantes, según las culturas y los momentos históricos que tomemos en consideración.

También podemos constatar que aquellos tipos de fósiles que han ejercido influjos sobre la CULTURA NO MATERIAL, pueden haber contribuido a inspirar y modelar diversas ideas en la mente humana de individuos pertenecientes a ámbitos socioculturales muy variados. La observación reflexiva o trascendente de los fósiles, en diversos lugares y épocas ha:

- inspirado interpretaciones y concepciones particulares del mundo físico: existencia de seres y sucesos míticos, indicios de procesos naturales y secuenciación de cadenas de sucesos naturales, etc.,

- despertado o afianzado creencias espirituales o religiosas: acciones de seres sobrenaturales y sucesos extraordinarios,

- servido para idear valores sociales: de tipo económico, legal, estético, psicológico, etc.,

- motivado la creación y perfeccionamiento de procedimientos científicos y tecnológicos: de tipo conceptual, metodológico, etc.,

- inspirado modelos para crear y desarrollar sistemas de comunicación simbólica: de tipo estético, lingüístico, científico, matemático, etc.,

Recreación lúdica de belemnites, tejidos a mano, con hilo de lana, para ser usados como juguete o como decoración infantil

Influencias, todas ellas, según las sociedades y momentos históricos considerados, de una importancia variable para el desarrollo del pensamiento filosófico, estético, religioso, científico, económico, tecnológico, etc..

Aspectos principales del estudio de las relaciones humanas, de tipo no científico, con los fósiles, tomados en consideración por la Paleontología Cultural .

El estudio, por parte del paleontólogo cultural, de las variadas relaciones de tipo no científico, que se han dado, y aún se dan, entre algunos fósiles y la sociedad humana, puede plantearse y resolverse teniendo en cuenta distintos aspectos particulares del hecho etnográfico-paleontolólogico que es conveniente plantearse y necesario conocer:

- Aspectos históricos o cronológicos: pretende establecer la ubicación cronológica y distribuir temporalmente el significado, las funciones y usos culturales de determinados fósiles, a lo largo de todo el tiempo humano documentado o sólo, en determinados periodos históricos muy concretos.

- Aspectos geográficos o espaciales: pretende localizar y distribuir, espacialmente, el significado, función y uso cultural de ciertos fósiles, en las diversas regiones naturales del mundo, o sólo en determinados grandes territorios geográficos, como son grandes estados o confederaciones de estados, de pequeña o mediana extensión.

El uso funerario de erizos fósiles en Europa, durante la Edad del Hierro final o del Bronce inicial, está asociado a la migración, dispersión y distribución geográfica de pueblos de cultura céltica, por diversos lugares del continente y de las islas

- Aspectos étnicos: pretende recopilar e interpretar el significado, función y uso cultural de determinados fósiles, en las diversas regiones culturales del globo, o sólo en determinadas comunidades étnicas o nacionales.

- Aspectos genéticos y evolutivos: pretende descubrir, en la tradición humana en general, o sólo en el seno de determinadas sociedades, cual es el origen y explicar la transformación con el paso del tiempo, del significado, la función y el uso cultural de determinados tipos de fósiles.

La aplicación de los estudios de la Paleontología cultural, se hace sobre grupos sociales y ámbitos geográficos muy amplios, pues se trata de constatar generalidades. en las relaciones entre personas y fósiles. Aquí están algunos ejemplos:

- ¿Qué tipos o especies de fósiles son parte de la cultura popular o no científica de Europa?
- ¿Cuáles son los países europeos que han incluidos en su cultura popular, algún género o especie de erizos de mar fósiles?
- ¿Cuáles son las regiones ibéricas que han incluido en su cultura popular algún género o especies de conchas fósiles de moluscos, gasterópodos y/o bivalvos?
- ¿Qué regiones de Europa han usado o usan, belemnites fósiles como remedio en su medicina popular?
- ¿Qué poblaciones europeas han utilizado algunos tipos de fósiles como motivo heráldicos en sus blasones municipales?
- Etc., etc. ...


La Etnopaleontología o Etnología paleontológica ¿Qué es y que pretende ser?


Etnopaleontología, es un nuevo término (neologismo) con el que pretendemos denominar una nueva área de estudio, que constituye una subárea dentro de la Paleontología Cultural, y que hace referencia a la recopilación, estudio e interpretación de las concepciones, funciones y costumbres populares y/o tradicionales que caracterizan las relaciones de las gentes de una comunidad humana particular, homogénea culturalmente, con algunos de los fósiles existentes en su entorno natural (fósiles autóctonos) y/o entorno cultural (fósiles alóctonos), en el contexto sociocultural de un determinado periodo histórico y territorio geográfico.

La asociación de los numulites con santa Lucía y su uso popular como amuleto protector de la vista o como remedio para extraer cuerpos extraños que se han introducido, accidentalmente, en el ojo, solamente se da en Cataluña 

La Etnopaleontología es considerada, en la mente del autor de este artículo, como la hermana menor de la Etnozoología y de la Etnobotánica, no por sus menores aspiraciones, sino por su actual situación, de menor desarrollo conceptual y procedimental, debidos a su inmadurez, muy lógica por su enorme juventud y por la falta de cultivadores que con sus experiencias, puntos de vista y debates, vayan dotándola de los procedimientos y contenidos específicos y de la madurez necesaria, para poder equipararse a sus "hermanas mayores" y para resultar útil a la sociedad, al ayudar a la gente a comprender su presente y su pasado.

Creemos y esperamos que el desarrollo y consolidación de la Etnopaleontología, ha de contribuir a clarificar y completar el conocimiento sistematizado de la interpretación y concepción popular del mundo natural, perspectiva académica iniciada ya hace décadas por las otras dos etnociencias hermanas de la Etnopaleontología, en cuyos objetivos, métodos y planteamientos generales, actualmente muy desarrollados, se ha inspirado el autor de la propuesta de definición y delimitación de esta nueva área de estudio. Pues fue con el estudio y cultivo de la Etnozoología y de la Etnobotánica donde, hace ya bastantes años, se inició en el estudio del folklore de la Naturaleza y descubrió la existencia de otros aspectos etnográficos complementarios, relacionados con el registro fósil de seres viviente que habitaron nuestro mundo en tiempos remotísimos.

Continuará






domingo, mayo 18

El rayo y los fósiles ibéricos (6)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español



A modo de conclusiones provisionales:

La cultura tradicional y popular, ibéricas, al igual que la de muchas otras zonas de Europa y de los demás continentes, parece haber estado vinculando, durante bastantes siglos, algunas clases de fósiles con el temido fenómeno atmosférico del rayo.
Como muchas otras creencias, narraciones y usos populares relacionadas con los fósiles que la tradición ha ido adaptando, conservando y transmitiendo hasta tiempos muy recientes, en este caso como en otros, en realidad, se trata de residuos degradados de antiquísimos mitos y de viejos cultos religiosos a los fenómenos de la naturaleza que resultan más impresionantes por vitales o temibles para la vida humana y uno de estos fenómenos terroríficos es la caída del rayo.



Sobre la antigüedad de las costumbres que vinculan ciertos fósiles con el rayo.

La gran antigüedad de muchas de estas creencias naturalista de tipo arracional, de ciertos usos supersticiosos y de narraciones explicativas, mágicas o legendarias que vinculan al rayo con algunos tipos de fósiles, se pone de manifiesto cuando se comparan las tradiciones más modernas y recientes con sus equivalentes de la antigüedad y se observa y compara cuantos elementos comunes, comparten ambos tipos de costumbres.

También existen algunos indicios de tipo arqueológico, de que este tipo de creencias y usos supersticiosos relativos a algunos tipos de fósiles son muy antiguos por haber sido detectados en los ajuares funerarios o lugares de habitación, de diversos sitios arqueológicos, europeos, que han sido estudiados en los dos últimos siglos. Este tipo ubicación indicaría que los vínculos culturales y rituales, con ciertos tipos de fósiles, se remontan a la prehistoria, datandose los más antiguos en el Paleolítico.

También, existen indicios antiguos, más recientes, consistentes en textos de tipo epigráfico y en la interpretación de diversas inscripciones de la Antigüedad Clásica, griega, romana y greco-romana que aluden a ciertas piedras, en realidad se trata de fósiles, supuestamente, procedentes del cielo y relacionados con divinidades del rayo.


Lápida romana con un texto inscrito en la superficie de la piedra
Imagen: http://es.123rf.com/photo_12017723
 
Así mismo, otro indicio de la gran antigüedad de este tipo costumbres, lo constituye la enorme extensión geográfica de esta clase de vinculación supersticiosa, pues se han hallado costumbres y creencias relacionadas en todos los continentes, del mundo, en los que es posible recoger abundantes pruebas arqueológicas y etnográficas.

Cuando se analiza la relación con la mitología de los nombres populares de ciertos fósiles, queda claro que desde la antigüedad hasta la cristianización o la islamización de los habitantes de los territorios de muy diversas partes de Europa, los mismos tipos de fósiles fueron asociados, por distintas culturas, a los mismos fenómenos meteorológicos: el rayo, el relámpago y el trueno. Estos fenómenos naturales, previamente, habían sido personificados con el aspecto humanosde y los atributos sobrehumanos, típicos de determinadas divinidades celestes, generalmente, masculinas.

Las divinidades meteorológicas siempre han tenido una gran relevancia en los respectivos panteones religiosos y acreedoras de gran veneración por ser patronos de la vitalidad y multiplicación de vegetación silvestre y de la faunala salvaje y, también de la agricultura y la ganadería.


Cosecha perdida por culpa de la sequía, será causa de ruina económica y de falta de alimentos
Imagen: http://www.prensalibre.com/economia/impacto-sequia-agricultura

La importancia las divinidades meteorológicas, provenía de que eran las administradoras de la lluvia, la nieve, el granizo, el viento y cuando su voluntad era favorable a los intereses humanos, los fenómenos meteorológicos resultaban beneficos la fecundidad de los campos y de fertilidad de humanos y animales, determinantes de buena salud, abundancia de alimento y posibilidad de almacenar alimento para las estaciones desfavorables.

Las divinidades que administraban el rayo eran las patronas de la guerra, de los guerreros y de los artesanos constructores de armas, por tener un caracter agresivo, violento y vengativo, además eran poseedoras de un arma temible, el terrible rayo, un arma incendiaria, destructora, y mortífera que siempre ha aterrorizado a los humanos.

Aunque divinidades, dotadas de nombres distintos por las distintas culturas antiguas: Zeus para los griegos, Júpiter para los romanos, Thor para los escandinavos, Donar para los germanos, Taranis para los celtas, Perún para los eslavos, Perkunas para los bálticos, etc., todos ellos mantenían y compartían atribuciones y funciones muy semejantes.

Representación artística de una creencia mítica muy antigua, sobre un supuesto origen celestial de los belemnites y de otros fósiles, vinculados con el rayo y con las divinidades que lo controlaban. Esta creencia se ha mantenido “fosilizada” en la denominación popular: thunderstones (literalmente piedras de Thor o p. del trueno) y thunderbolts (literalmente clavijas de Thor o c. del trueno)

Durante siglos estos dioses protagonizaron muchas narraciones míticas y cultos religiosos, en las sociedades paganas politeísta, de la antigüedad, pues al haber sido imaginadas extraordinariamente poderosas y altamente influyentes sobre la calidad de vida y el bienestar humanos, o los resultados de la guerra, gozaron de una gran veneración y amplio culto en la antigüedad. Pero al igual que ha pasado con otras muchas costumbres populares de tipo naturalista y origen pagano, de base supersticiosa, con la cristianización de la sociedad se adaptaron al nuevo contexto cultural-religioso, siendo en parte asimiladas y desnaturalizadas y en parte destruidas y olvidadas.

La aparición y persistencia de este tipo de creencias irracionales y de las practicas supersticiosas asociadas, se mantuvo mientras la mentalidad humana fue, predominantemente de tipo mágico-religioso, la economía mayoritariamente rural y la sociedad básicamente analfabeta, pero cuando esta situación empezó a cambiar, a partir del siglo XVIII, con la difusión y la aplicación de las ideas ilustradas y la extensión de la Revolución Industrial, estas viejas tradiciones populares empezaron a debilitarse, con el auge del racionalismo ilustrado, aplicado a todas las actividades humanas, para acabar desapareciendo, primero en las ciudades, a finales del siglo XIX, pero persistiendo en las zonas rurales hasta a mediados de del siglo XX.
La influencia racionalista y naturalista de la ciencia y la filosofía naturales explicando el verdadero origen de los fósiles y los avances de la medicina moderna, debieron hacer mella en la mentalidad tradicional y popular de una gran parte de la sociedad española y portuguesa, de manera que las interpretaciones más arracionales y fantasiosas de los fósiles, que se originaron y mantuvieron en siglos anteriores, en el transcurso del siglo XX dejaron de tener sentido y desaparecieron de la vida cotidiana, para dar paso a nuevas interpretaciones de tipo científico.... o pseudocientífico.



Sobre las primitivas motivaciones para vincular algunos fósiles con el rayo.

Aunque para una mentalidad mágica todo es posible, para que ciertas piedras sean asociadas con lo sobrenatural, deberán cumplir algunas reglas básicas, como pueden ser que tales tipos de piedras vayan acompañados de ciertos signos explícitos que indiquen su relación con lo sobrenatural.
La vinculación puede manifestarse por diversos tipos de señales, tales como la semejanza de formas (analogía formal), señales tales como el momento de su aparición (visibilidad) inmediatamente después de un episodio de truenos y relámpagos (causalidad), o el hecho de poseer alguna virtud, tal como desprender fuego (chispas) al ser golpeado (analogía funcional). Tales señales características debieron servir , inicialmente, para establecer la vinculación de ciertos tipos de piedras (fósiles) con el rayo y el trueno, por lo que la asociación entre ambos tipos de hechos, se estableció guiándose, fundamentalmente, por el principio de analogía, en unos casos: forma de arma arrojadiza y/o capacidad de producir fuego. Mientras que en otros casos, el vinculo se estableció ateniéndose al principio de causalidad: la aparición a continuación de un episodio de truenos, rayos y relámpagos.

Se han puesto de manifiesta hasta tres tipos de motivaciones distintas y no excluyentes que pudieran haberse dado en la antigüedad para vincular a unos determinados tipos de piedras (fósiles) con el rayo, el relámpago y el trueno, los fenómenos más impresionantes que acompañaban a las tormentas, y temibles por su capacidad de atemorización y por su poder de destrucción.

La primera motivación podría derivar de la circunstancia de que en diversas zonas europeas, debido a las particulares condiciones locales de fosilización, abundaban (y aún abundan) los fósiles de erizos y belemnites que se han conservado en sílex o pedernal, materia que tiene la rara cualidad de desprender chispas cuando se la percute. Por esa misma propiedad al pedernal y al cuarzo también se les relacionó en la antigüedad con el rayo y se les llamó piedra de rayo. De donde podríamos deducir que fue la intrigante capacidad de producir chispas la que habría inducido a creer que ciertos tipos de piedras (silíceas), estaban vinculadas con el fuego, en sus distintas formas: el que cae del cielo (el del rayo), el que mantiene a la família (el del hogar y el campamento) o del que brota del subsuelo (el del magma).


Posteriormente, con la emigración de clanes o individuos portadores de estas creencias hacia otros territorios, la vinculación de tipo regional (zonas escandinavas, bálticas y
 centroeuropeas), se habría hecho extensiva a otras piedras que aunque careciesen de
la capacidad para desprender chispas, por estar constituidas de otro material no silíceo, en cambio, tenían el mismo aspecto (zonas mediterráneas).

Molde interno de equinoideo, constituido por pedernal, acumulado dentro del caparazón de un pequeño erizo de mar, durante el proceso de fosilización (diagénesis)
Imagen: http://www.discoveringfossils.co.uk/flintech.jpg


La segunda motivación podría deberse al hecho de que ciertos tipos de fósiles fueran bastante parecidos a determinados tipos de armas de mano o arrojadizas, de uso corriente en la época prehistórica y antigua, tales como proyectiles de honda (fósiles de formas esferoidales), puntas de jabalina, dardo, venablo o azagaya (fósiles de formas cilindro-cónicos), hachas de mano y cuchillos de pedernal (fósiles de formas triangulares), etc. En este caso el factor desencadenante de la vinculación habría sido el parecido de las formas de los fósiles con el de las armas citadas anteriormente, habiéndosele atribuido a los fósiles la misma función ofensiva, arrojadiza y vulnerante que las armas a las que se asemejaban, pero usadas, supuestamente, por unas manos sobrehumanas, las de ciertos dioses, genios y espíritus tronantes, residentes en el aire y en las nubes que se sentían ofendidas por la conducta de los humanos a loa cuales castigaban.

Representación de un peltasta, soldado mercenario de la infantería romana, especializado en el lanzamiento de jabalinas sobre las tropas enemigas.
Imagen:
http://img.photobucket.com/albums/v245/shumate/P-2.jpg

Una tercera motivación podría ser debida a una interpretación demasiado simplista de la mayor visibilidad de los fósiles, sobre el terreno, tras los episodios de fuertes chaparrones de lluvia torrencial, frecuentemente asociados a impresionantes tormentas, caracterizadas por la manifestación de fenómenos eléctricos, acústicos y luminosos. Al haberse interpretado el afloramiento natural de los fósiles, no como una consecuencia natural de la erosión de los sedimentos o del lavado del suelo que los cubrían, por los fuertes aguaceros, sino como una aparición prodigiosa, debida a la precipitación o lanzamiento desde el cielo, por la mano de la divinidad irritada con los humanos, pues desde antiguo el trueno ha sido, considerado como la voz iracunda de la divinidad del cielo y el rayo como una forma de castigo, cuyo poder mortífero, destructor e incendiario residía en la piedra que formaba su punta, desde esta concepción mítica resultaba bastante lógico pensar que los fósiles se habían precipitado acompañando a los rayos o los truenos que se habían producido, durante el episodio tormentoso, ocurrido previamente.

Los rostros fosilizados de belemnites, liberados por los temporales de lluvia, de su cubierta de sedimentos margosos, destacan sobre el terreno.
Imagen: http://www.discoveringfossils.co.uk/seatown_fossil_24.jpg

Para los fósiles hallados en épocas de calma meteorológica o de sequía, se disponía de otra explicación mágica: se trataba de piedras de rayo que habían retornado a la superficie, tras siete años enterradas, pues según esa leyenda explicativa todas las piedras del rayo cuando chocaban con la superficie del terreno, lo hacían con tanta furia, que penetraban en el suelo, hasta 7 (varas, codos, metros, etc.) de profundidad y a partir de ese momento empezaban a ascender hacia la superficie, a razón de 1 (vara, codo, etc.) por año. De manera que al cabo de 7 años de la caída, volvían a estar de nuevo en la superficie, dispuestas a ser recogidas por las nubes bajas (niebla) o a ascender hacia las nubes de tormenta impulsadas por una fuerza sobrenatural, para una vez alcanzada la nube repetir un nuevo ciclo de caída, enterramiento, ascensos y caída.

Sobre la antigüedad de los nombres populares de los fósiles.
El indicador de la mayor antigüedad de ciertas denominaciones populares, aplicadas a ciertos fósiles, es que éstos estén vinculados con determinadas divinidades paganas, características de la época precristiana, pues como sabemos por documentos antiguos que así lo confirman, la cristianización de la península ibérica se inicia con el siglo IV dC. También sabemos que el proceso de progresiva cristianización de la población peninsular se interrumpe, e incluso se invierte, durante la islamización progresiva, iniciada con el siglo VIII dC. Sabemos que hacia el siglo X, se reinicia el proceso de cristianización en el noroeste peninsular, al iniciarse el proceso de la Reconquista cristiana de los territorios islamizados. Y casi concluye, entre los siglos XIII y XIV, tras el final de la Reconquista, militar y territorial, que no cultural y religiosa pues quedaron importantes comunidades de moriscos en el levante y sur peninsular, la mayoría de los cuales serían expulsados por oponerse a ser asimilados y una minoría asimilados.
De manera que podemos suponer que todos los nombres populares de fósiles que están relacionados con divinidades paganas precristianas, todos ellos usados en las zonas de cultura de influencia euskérica (País Vasco y Navarra) deben ser muy antiguos, posiblemente anteriores a la romanización. Por el contrario, aquellos nombres vinculados con el Dios, los santos y las santas cristianas o con sus enemigos, el diablo y las brujas, deben corresponder al amplio intervalo de cristianización de la península, que abarcaría desde el s. IV al XIV o incluso de aparición en épocas posteriores, s. XV al XIX.


Sobre la interpretación de los nombres populares.

A partir de los distintos nombres populares asignados a los distintos tipos de piedras del rayo, en las diversas regiones peninsulares, se puede deducir, como ciertos objetos totalmente naturales, puede ser interpretados como sobrenaturales y ser considerados como objetos totalmente extraordinarios, al ser relacionado, primeramente, con la acción de una divinidad pagana celeste y posteriormente con la acción de la única y suprema divinidad cristiana, o con buenos espíritus (Santiago Apóstol, santa Lucía) o con espíritus infernales (el diablo y las brujas).
De los nombres populares, también se pueden deducir, algunas creencias antiguas sobre el supuesto origen sobrenatural de algunos tipos de piedras (fósiles) o algunas antiguas creencias sobre sus propiedades extraordinarias, tales como la virtud para alejar la caída del rayo, o la presencia de malos espíritus, de los lugares que presiden y de las personas que las portan.
Además, de los nombres populares se pueden deducir algunos de sus usos populares más comunes y tradicionales, más extendidos y arraigados, como sería su utilización como amuleto protector contra la caída del rayo, contra el mal de ojo y el embrujamiento y su supuesto uso como proyectil en tiempos de antiguas guerras.


Sobre la biodiversidad paleontológica de las piedras de rayo.

Al parecer, desde la más remota antigüedad, sólo los restos fosilizados de cuatro grupos zoológicos han contribuido con su aspecto y presencia, en determinados lugares, al proceso de inspirar la creación de productos culturales de diversas categorías. 
Entre los invertebrados, serían los rostros fosilizados de moluscos cefalópodos (belemnites, ortocerátidos y endocerátidos), los caparazones y moldes internos de los equinodermos (erizos de mar), las valvas articuladas y moldes internos de los braquiópodos (rinconelas y terebrátulas) y entre los vertebrados, los dientes fosilizados de los peces cartilaginosos (seláceos o tiburones). 

Los productos culturales surgidos a partir de las interpretaciones fabulosas de los restos fósiles de determinados organismos vivientes, consistirían en la aparición de distintas creencias imaginarias y supersticiosas sobre su formación o sobre sus supuestas virtudes maravillosas y extraordinarias. La invención de narraciones fantásticas o leyendas explicativas para justificar su origen sobrenatural, así como a la práctica de ciertos usos o rituales como forma de consolidación de diversas tradiciones y costumbres populares, consistentes en los diversos usos protectores de tipo preventivo y/o curativo u otros usos seculares prácticos, p.e. como objetos ornamentales o inspiradores de diseños gráficos decorativos.


Fuentes:
- Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing. 
- Oakley, Kenneth. P. 1985. Decorative and Symbolic Uses of Fossils. Oxford University Press.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. ORD & SAG, 14. Udgivet af Institut for Jysk Sprog og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)
- vv.aa. 1992. Piedras de rayo. Historia Universal Planeta. Barcelona. Editorial Planeta.

sábado, abril 19

El rayo y los fósiles ibéricos (5)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español

Una antigua creencia, resistente al paso del tiempo y muy extendida, en la Península ibérica (4)


Las "Piedras de rayo", paleontológicas, en otras zonas ibéricas

En la mayor parte de España igual que sucedió en el resto de Europa, desde la antigüedad hasta mediados del siglo XX se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma mayoritaria y casi exclusiva, a todo tipo de hachas de piedra, prehistóricas, las mismas que los antiguos habían llamado ceraunias, pero también, a las puntas de flecha de pedernal (piedras de centella) e incluso a fragmentos de sílex, procedentes de talleres prehistóricos o de la fabricación moderna de "dientes" de trillos, relativamente, modernos.

Aunque mucho más raramente y bastante localmente, también fueron identificados como las piedras que se suponían caídas del cielo, durante las tronadas, acompañando al rayo, ciertos tipos de fósiles, de aspecto aerodinámico, de forma alargada y de extremo agudo (belemnites) o de forma aplanada, punta aguda y de bordes afilados (dientes fósiles de tiburón) y constituidos por un material masivo y contundente (piedra, pedernal, etc.).
Ambos tipos de morfología, aguda o redondeada, que caracterizaba ciertas clases de objetos condujeron a unas identificaciones que se basaban en antiquísimas creencias religiosas que situaban en el cielo, a divinidades meteorológicas las cuales disponían de armas arrojadizas (flechas, dardos o martillos) que podían lanzar sobre sus enemigos terrestres, como castigo o venganza. Se ha podido comprobar que este tipo de creencias ha existido, hasta tiempos relativamente recientes, en gran parte de África, América, Asia, Europa y Oceanía, es por esa razon que, en todos estos continentes, las piedras talladas en la prehistoria para ser usadas como hachas reales o rituales o ciertos tipos de piedras especiales (fósiles) que se encontraban sobre el terreno, eran consideradas como auténticas “piedras del rayo”.

En 1565 el naturalista, médico y polígrafo suizo, Jakob Gesner (1516-1563) publicó en Zurich un libro titulado “De omni rerum fossilium genere, gemmis, lapidibus, metallis, et huiusmodi”..., en el que describía todo tipo de objetos naturales y artificiales que habían sido encontrados enterrados o sobre la superficie del terreno. En uno de los apartados del libro cataloga y describe como piedras supuestamente caídas del cielo a muy diversos objetos que además son ilustrados gráficamente, entre los que se pueden reconocer, ciertos artefactos prehistóricos (hachas y puntas de flecha) y algunos fósiles (erizos de mar, belemnites, dientes de tiburón, placas y fragmentos columnares de crinoideos, etc.)

Ilustración de la obra de Gesner citada, representando objetos pétreos supuestamente celestes, en la que, a la izquierda, se pueden apreciar 4 fragmentos de belemnites y a la derecha, arriba y abajo placas (asterias) y fragmentos columnares de dos tipos de crinoideos fósiles, arriba de sección circular y abajo estrellada 
Imagen:  http://fossils.edwardtbabinski.us/belemnites_crinoid.gif


Del contenido de esta publicación se puede deducir que en el siglo XVI estaba muy extendida la creencia, incluso entre las clases cultas europeas, de que ciertos objetos (fósiles) caían del cielo y que algunos de ellos lo hacían transportados por el rayo. Estas creencias erroneas se conservaron durante mucho más tiempo entre las clases populares europeas, alcanzando hasta principios o mediados del siglo XX.


Algunas otras “piedra del rayo”, paleontológicas, comunes, en muchas comarcas de la España caliza.

Posiblemente, el nombre popular, más comúnmente usado hasta principios del siglo XX, en toda España y en toda Europa, para referirse a los rostros fosilizados de belemnites que, con cierta frecuencia, se encuentran en los terrenos del Jurásico y del Cretácico, haya sido el de “piedra del rayo”. Las características externas de este tipo de fósiles, coincidían a la perfección con las que se le suponían a las típicas flechas o puntas del rayo: ser de materia pétrea, de superficie lisa y de punta aguda.
Con los belemnites pasó lo mismo que con otros tipos de piedras vinculadas con el rayo, ya citados anteriormente (erizos de mar y braquiópodos fósiles) y también fueron usados como amuletos protectores contra el impacto del rayo, porque la creencia popular en su capacidad para repeler a las demás piedras de su especie, cuando éstas descendían desde el cielo con furia destructiva y mortífera, estaba muy generalizada en la población rural, mayoritaria en España, hasta la década de 1950.

Con la finalidad de alejar la caída de rayos, los belemnites fueron colocados en las zonas mas altas de las techumbres, empotrados en los muros exteriores de los edificios, adosados a las campanas de los hogares de las cocinas o llevados encima por todo tipo de transeúntes, incluidos los animales de carga y los que guiaban los rebaños.



PIEDRAS DEL RAYO EN ANDALUCÍA

Las “puntas de rayo” de las Sierras Subbéticas cordobesas.


En el sur de la provincia de Córdoba, en la comarca de las Sierras Subbéticas, aún se pueden encontrar unas piedras con una forma muy característica, más o menos, semejante a la de un proyectil de fusil, a las que hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, los campesinos llamaban “puntas de rayo”.

Aspecto de varios rostros de belemnites jurásicos, procedentes de la Sierra de San Pedro, de Alcalá la Real (Jaén) considerados por la tradición popular como auténticas “piedras del rayo”.

De aquellas piedras se decía que habían llegado hasta el suelo acompañando al rayo y esta explicación popular y tradicional de su presencia en el lugar, era para ellos mucho creíble que cualquier otra explicación racionalista. Difícilmente hubieran podido aceptar como creíble que en realidad aquellas piedras eran una parte, fosilizada, del esqueleto interno de unos animales marinos que vivieron en mares del Mesozoico, en tiempos del Jurásico al Cretácico, que fueron bastante parecidos, externamente, a los calamares actuales. 

Representación artística del aspecto externo de un grupo de belemnites, nadando en las aguas de un mar jurásico
Imagen:  Belemnites

 Aquellas piedras a las que las personas cultas denominaban, genéricamente, belemnites, cuyo significado literal era el de piedras en forma de dardo, en vida del animal, tuvierona una estructura y una función, muy semejantes a las del "jibión" que aparece en el interior de las sepias actuales, pesar de tener una forma muy diferente.


Aspecto de diversos tipos de puntas de rayo típicas de las sierras subbéticas. 
En primer lugar, las correspondientes a rostros fosilizados del género Acrocoelites sp.,
Imagen: Belemnites 
  
Como los géneros de belemnites que son más frecuentes en las Sierras Subbéticas son: Acrocoelites, Hastites, Belemnitella, Hibolites y Duvalia, hemos de suponer que serían estos géneros de fósiles, los que de forma genérica, hasta principios o mediados del siglo XX, e incluso más tarde, habrían sido conocidas, entre las gentes rústicas de la comarca, con el nombre de "puntas de rayo".
  Aspecto de un rostro de belemnites correspondiente al género Hibolites sp.

Aspecto de un rostro de belemnites, correspondiente al género Duvalia sp.. 





PIEDRAS DEL RAYO EN CATALUNYA


Las “piedras de rayo” del Prepirineo de Lleida.

En las sierras que se extienden en paralelo, al sur de la cordillera de los Pirineos, existentes en las comarcas de la Noguera y del Pallars Jussà, afloran materiales margosos y calizos del jurásico marino que contienen un tipo de piedras, curiosas por su aspecto. Tienen forma de balas de fusil o de cigarro habano y diferentes tamaños, los lugareños de estas comarcas las denominaban, antiguamente, “pedres de llamp” (cast. “piedras de rayo”), pues las creían caídas de las nubes en aquellas ocasiones en que se formaban tormentas de truenos y relámpagos cuando descargaban algunos rayos. 
En realidad se trataba de un tipo de fósiles, procedentes de la fosilización de una parte del esqueleto interno de unos animales marinos parecidos a los calamares actuales, los llamados belemnites.

Como sucedió por esa misma época, en muchos otros lugares, con otras clases de piedras y fósiles relacionados con el rayo, en las comarcas catalanas mencionadas, los belemnites también fueron usados como amuletos protectores con la finalidad de alejar la caída de rayos del entorno de los lugares en los que estos objetos mágicos habían sido  ubicados. De esta manera se confiaba en que se podía evitar  la destrucción, el incendio o la muerte de que era portador el rayo en su caída desde la nube. 

Como en algunos casos ya comentados anteriormente, en realidad, las "piedras" llamadas en las comarcas leridanas de la Noguera y del Pallars Jussà,  “pedres de llamp” eran "rostros" fosilizados de diversas especies de belemnites. Las especies más frecuentes en estas dos zonas son: Atractites sanmigueli, Acrocoelites unisulcatus, Belemnites paxillosus y Passalotheutys sp. Por lo tanto debemos suponer que serían estas cuatro especies las que de forma genérica, hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, las que habrían sido conocidas, entre las gentes "sin estudios" de aquellas comarcas, con el nombre de “pedres de llamp” y utilizadas crédulamente como piedras mágicas protectoras frente al rayo.

Aspecto de tres “pedres de llamp” , típicas de las sierras nogerencas y pallaresas, correspondientes a rostros fosilizados de la especie Belemnites paxillosus 
Imagen: Belemnites 

En la Cataluña rural, antiguamente, las piedras de rayo de cualquier clase, tanto si se trataba de hachas, cuchillos, puntas de flecha prehistóricas de pedernal como si se trataba de fósiles belemnites, además de cómo amuletos protectores contra el rayo, también se usaron en medicina popular, como remedio para cortar las diarreas, sumergiéndolas en el contenido herviente de las ollas puestas al fuego, durante la elaboración de las sopas o de las gachas que debía comer el enfermo.

También se creía que si se pasaban por el lomo del ganado vacuno, se podía prevenir que padeciesen de unas lesiones en la piel causadas por una dolencia denominada "encueramiento". Además se confiaba en que si eran puestas en el nidal de una gallina clueca, cuando estaba empollando, estas piedras favorecían la eclosión de pollitos sanos y de todos los huevos.

Si te apetece practicar, durante un ratito, un alocado rodeo sobre un belemnites virtual, australiano, sin el más mínimo riesgo de sufrir un revolcón, deberás "clicar" aquí 
Imagen: Rodeo 



Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore portugués.


En la mayor parte de Portugal de igual manera que sucedió en España, normalmente, se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma casi exclusiva, a las hachas de piedra pulida, prehistóricas, pero a pesar de eso, muy localmente, esa misma denominación también incluyó a un cierto tipo de fósiles, de forma alargada y más o menos puntiaguda: los rostros fosilizados de cefalópodos, paleozoicos, y los dientes fosilizados tiburón, miocenos, pertenecientes a diversos géneros.


Las "piedras de rayo" portuguesas, de la zona septentrional. 

En la pequeña localidad de Canelas, situada en el Distrito de Aveiro y agregada al municipio de Arouca, antiguamente, se denominaba "faíscas", nombre portugués equivalente a chispas, centellas o rayos, en castellano, a unos objetos aplastados, de forma cónica, tronco-cónica o redondeada de un color rojo intenso, rojizo-amarillento y aspecto térreo o de color dorado, con brillo metálico y muy relucientes que a veces, resultaba chispeantes. Esos raros objetos aparecían incluidos, sólo, en las pizarras ordovícicas, ampliamente, usadas en la región para construcción de muros y techado de los edificios.
Ese tipo de inclusiones que en realidad eran los restos fósiles de endoceratoideos ortocerátidos y ortocéridos, deformados por los procesos de metamorfismo, solamente, se hallaban en algunas de las superficies de exfoliación, más frescas, de las pizarras, en las que contrastando con el color ocuro casi negro de las pizarras, aparecían mostrando un aspecto extraordinario. La apariencia tan inusual de estos objetos fue la principal razón, por la que los paisanos las interpretaban como chispas caidas de las nubes, en los días de tormenta, que habían quedado atrapadas en el interior de la piedra que constituía la pizarra.

Las maravillosas "faiscas", en realidad, sólo eran "simples" rostros limonitizados o piritizados, de antiquísimos moluscos cefalópodos, nautiloideos, de tipo endoceratoideos y ortocerátitidos, que habían vivido durante el Oretaniano 
(Ordovícico Medio) portugués y cuyos cadáveres al descomponerse sobre el fondo, dejaban sus rostros como testimonio que iban siendo recubiertos por limo marino.

Aspecto del enorme molde externo, dejado por el rostro piritizado, de un gigantesco ortocerátido. El rostro hoy ha desaparecido por limonitación y erosión-disolución posterior de la limonita. Pertenece al genero Cameroceras sp., un cefalópodo, nautiloideo de concha recta, del Ordovícico Medio (470 MA), ejemplar procedente de Canelas, Arouca, Portugal. Fotografía de Sergio
Imagen: Cameroceras


Las "piedras de rayo", portuguesas, de la zona central y meridional
.

Antiguamente, en la región de Lisboa y en la península de Setúbal, en el centro de Portugal y también en el sur, en la región del Algarve, los dientes fósiles de tiburón que eran buscados y encontrados en los terrenos miocénicos, tradicionalmente, fueron considerados como auténticas y verdaderas “piedras de rayo”, siendo conocidos y denominados por los pobladores de las zonas portuguesas, antes mencionadas, como “pedras-do-raio” o “pedras de raio”.

Aspecto de un amuleto infantil, usado como protector contra el mal de ojo, confeccionado con un diente fósil de escualo engarzado en plata y sujeto a una cadenilla y anilla del mismo metal. Seguramente, tal disposición era para poder ser llevado colgando del cuello o de la ropa
Imagen: Alarcón Román, Concha, Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español, 1987


Como a los dientes fósiles de tiburón, antiguamente, se les creía piedras aéreas se suponía que debían estar dotadas de "virtud". Se las creía poseedoras de una enorme energía por haber estado en contacto con el temible rayo, y, además, debido a su forma aguda, se las creía capaces de efectos defensivos-ofensivos, contra ahojeadores y encantamientos. 

Hasta mediados del siglo XX se usaron para prevenir hechizos y para repeler el "mal de ojo" causado por ciertas personas que tenían la capacidad de "fascinar", es decir de causar cierto tipo de mal, a distancia, mediante sus “malas miradas”. Para protegerse del "mal de ojo" y de sus perversos efectos, la gente los buscaba con ainco, en el campo y en las tierras cultivadas, donde se los recogía reverencialmente, para luego confeccionar amuletos protectores con ellas, supuestamente, muy efectivos contra embrujamientos procedentes de los aojadores.

Como se sabía que las personas más susceptibles, a las enfermedades eran los niños pequeños, se acostumbraba a colgarles del cuello, los dientes fósiles de tiburones, miocénicos, con la finalidad de que su salud estuviera protegida contra los efectos de los encantamientos causados por el “mal de ojo”. 
En las zonas rurales, de Portugal, el uso apotropaico de este tipo de dientes fósiles, se mantuvo hasta épocas, relativamente, muy recientes.
Los dientes fósiles de tiburón, utilizados como amuleto, en la mitad inferior de Portugal, correspondían a diversas especies de escualos miocenos, tales como: Carcharias taurus, Carcharocles megalodon, Galeocerdo aduncus, Hemipristis serra, Isurus hastalis y otras que no han podido ser identificadas.

Aspecto de diversas “pedras-do-raio” correspondientes a dientes fósiles de Isurus hastalis
Imagen: CEP Alcalá


Fuentes:

- Abreu, A. & J. C. Gutiérrez-Marco (Eds.), 2006, Trilobites gigantes das ardósias de Canelas (Arouca), Madrid, Ardósias Valério & Figueiredo, Lda.
- Alarcón Román, Concha, 1987. Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español,
- Amades Gelats, Joan. 1951. “Piedras de virtud”. Revista de dialectología y tradiciones populares, VII, 1. Madrid. Pàg. 84-131.
- Calzada, S. 1981. Niveles de Braquiópodos del Lias de Camarasa (Lérida). Cuadernos de Geologia, 10, p. 197-211. Granada.
- De Galdo, Manuel. 1856. Manual de historia natural. Madrid. Imprenta de José Rodriguez , p.487
- Institut d’Estudis Catalans. 1997. Diccionari de Geologia, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, - Nuñez de Taboada, Melchor Manuel. 1859. Diccionario de Francés-Español y Español-Francés. París. Rey y Belhatte Libreros-Edtores. Página 93.
- Sá, Artur A. & Gutiérrez-Marco, Juan Carlos 2009 Cefalópodos del Ordovícico Medio de la Formación Valongo, norte de Portugal, GEOGACETA, 47, X (9-12)
http://www.sociedadgeologica.es/archivos/geogacetas/geo47/art03.pdf
- Valério, Manuel, de Ardósias Valério & Figueiredo, de Canelas. Comunicación personal.
- Varela Gomes, Màrio. 2002. "O dente fóssil (Glossopetra) en A necrópole visigótica do Poço dos Mouros (Silves)". Revista portuguesa de arqueologia, Vol. 5, Nº. 2, pags. 339-391
- Vega, Manuel. Belemnites (Subclase Coleoidea) de las sierras Subbéticas cordobesas. http://es.geocities.com/paleontofilo/belemnites.htm