por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL.
3- Los nombres vulgares de fósiles comunes pueden resultar totalmente "opacos" fuera de su ámbito lingüístico.
Ciertos nombres vulgares al resultar incomprensibles para personas de culturas lingüísticamente alejadas, pudieron parecer denominaciones absolutamente arbitrarias, al carecer de cualquier significado. Además, al no poderse establecer relaciones pnemotécnicas fundamentada sobre características morfológicas, ni poder asociarse con hechos o personajes legendarios conocidos, tal categoría de denominaciones vulgares resultarían difíciles de memorizar y recordar. Tales nombres, al resultar carentes de cualquier sentido fuera de su zona lingüística original, podrían parecer "inútiles", razón por la cual invertir algún esfuerzo en su memorización podrían resultar difícilmente justificable, para los viajeros forasteros que ocasionalmente pudiesen entrar en contacto con este tipo de nombres populares. Los nombres sin significado, habrían tenido tendencia a no ser aprendidos correctamente y a ser olvidados con facilidad, circunstancias que no habría favorecido su expansión territorial y que los habría mantenido acantonados en su áreas lingüística original y en su periferia geográfica más inmediata.
Esta circunstancia se habría dado para algunas de las denominaciones vulgares de fósiles, creadas en algunas de las lenguas ibéricas minoritarias y muy especialmente para los nombres de raíz no latina, como el euskara o para los nombres asimilados de lenguas extranjeras como el inglés o el alemán. Sólo en algunos casos, podrían resulta algo problemáticos algunos nombres vulgares, creados usando lenguas ibéricas minoritarias románicas y sus dialectos (aragonés, asturiano, balear, catalán, gallego, leonés, portugués, valenciano, etc.), pues en estos casos, al estar más o menos relacionados con el castellano, la lengua mayoritaria o dominante, en la mayoría de los casos, su grado de opacidad sería mucho menor o inexistente que las primeramente citadas.
El primer grupo de nombres totalmente opacos, fuera de los territorios vascófonos de España y Francia, conocidos como "Euskal Herria", sería el caso de todos los nombres vulgares de fósiles generados en euskera. Un buen ejemplo de esto, serían los múltiples nombres usados para denominar a los muy comunes fósiles de erizos de mar de la especie Micraster coranginum, en Guipúzcoa y en ciertas zonas euskaldunes de Navarra.
Ya hemos tratado en la primera parte de este artículo, sobre la enorme variabilidad de la nomenclatura popular que ha sido usada en las dos zonas euskaldunes mencionadas, para referirse a una misma clase de fósiles, por lo que no volveremos a repetir aquí lo ya tratado allí.

Un ejemplar de Micraster coranginum con su característica forma acorazonada y su marca en forma de cruz, ambas características han contribuido a que la mentalidad popular generara, antiguamente, diversas leyendas y creencias populares y a adjudicarle nombres congruentes con las mismas.
Imagen: http://www.primigenius.com/shop/index.php?p=object.php&table=echinoids&id=358
Lo único que sí volveremos a repetir aquí, es que del análisis de la motivación onomástica de muchas de aquellas denominaciones vulgares, se desprende que existió una clara motivación mítica, religiosa y legendaria, pues en muchísimos casos se pone de manifiesto que por alguna razón desconocida, hoy sólo intuida o deducida, debió establecerse una vinculación entre este tipo de equinoideos fósiles y ciertos seres superiores capaces de situarse en las nubes, ya fuesen seres sobrenaturales: Dios, Jesucristo, diversos santos y santas o, al menos, seres sobrehumanos: brujas.
Un segundo ejemplo de nombres populares pertenecientes a este grupo, totalmente opacos fuera de su territorio lingüístico, sería el caso de las “Hirutasun Santuaren arriak” (cast. “piedras de la santísima Trinidad”) de Aguinaga de Iza (Navarra), también mencionados anteriormente, puesto que se aplicaba indistintamente a los ejemplares fósiles de dos tipos distintos de braquiópodos, a los de la especie Rhynchonella decorata, del Jurásico superior y a los de Zeilleria (Cincta) numismalis, del Jurásico medio. Ambos tipos de fósiles se recogían en lugares próximos, en unos afloramientos situados junto al camino
que desde Aguinaga asciende hacia la ermita de la Trinidad, situada cerca de la cima del monte de Erga (Navarra).Seis ejemplares de Rhynchonella decorata, uno de los tipos de fósiles sagrados del monte Erga, que reciben, en euskera el nombre de “Hirutasun Santuaren arriak”
Si, en este caso particular, analizamos la posible motivación onomástica, vemos que las dos primeras palabras, del nombre vulgar tricompuesto, aluden a su vinculación con lo sagrado, ya se trate de una triple entidad divina (la Trinidad) o señale el lugar sagrado de procedencia (el terreno del monte donde está ubicada la ermita). La vinculación de proximidad física con una entidad o espacio sagrados, según la mentalidad mágica popular, habría dotado a estas piedras de ciertas virtudes especiales particulares, concretamente el poder de repeler la caída de rayos en su proximidad. La tercera palabra, del nombre vulgar tricompuesto, alude a una propiedad, relativamente, inusual y maravillosa para una concha, el hecho de estar "petrificada" o ser de naturaleza pétrea (piedras).
El segundo grupo de nombres totalmente opacos, de uso común, pero sin un significado o sentido "claro", por opacidad lingüística, sería el caso de algunos nombres, procedentes de la vulgarización de ciertos nombre genéricos, de tipo erudito o científico. Se trataría de ciertos nombres comunes, derivados de sus correspondientes nombres cultos y científicos que, inicialmente, habían sido creados para el uso exclusivo de los estudiosos de la Paleontología, pero que, posteriormente, habrían sido "contagiados" a la población autóctona de algunas localidades ricas en fósiles por los propios paleontólogos que las visitaban asiduamente y entablaban contacto y conversaban con la población local. Otra vía de penetración de este tipo de nombres, en el lenguaje vulgar, habrían sido los artículos publicados por la prensa escrita desde tiempos pretéritos de este medio de comunicación.
Este tipo de nombres latinizados o helenizados, forzosamente, habían de resultar absolutamente indescifrables, para la gente común, por el mero hecho de que los nombres cultos y científicos de los seres vivos o de sus restos fosilizados, se había acordado que debían ser generados en latín o estar latinizados, pero además, muchos de ellos tienen raíces griegas. Debido a que las lenguas clásicas, griego y latín, en tiempos modernos ya eran "lenguas muertas", ya hacía mucho tiempo que su vocabulario había quedado fuera del ámbito de uso lingüístico normal y natural de la población corriente. Por lo que los nombres de este tipo, suelen carecer de cualquier significado para la población común o "vulgo".
De la misma manera que la mayoría de los nombres científicos suelen resultar totalmente incomprensibles y faltos de significado para la gente corriente, sucede lo mismo con la mayoría de los paleontólogos modernos, por su total desconocimiento del griego y del latín. No obstante, los paleontólogos son el único colectivo social que en la actualidad sigue estando motivado para crear y memorizar este tipo de nombres. Los paleontólogos son las únicas personas capaces de utilizar, correctamente, los nombres científicos de los fósiles, tanto para identificar ciertos ejemplares como para referirse a determinadas especies.
Ejemplos de esta clase de denominaciones populares opacas que en la mayoría de los casos, más bien parece tratarse de variedades de nombres vulgarizados, derivadas de los correspondiente nombres de géneros biológicos, podrían ser: numulitas, numulites y numulitos, derivados del nombre científico Nummulites; de forma semejante, amonitas, amonites, amonitos y ammonites, habrían derivado de Ammonites; este sería también el caso de belemites, belemitas, belemitos, belenitas y belenites, derivados de Belemnites.

Aspecto, externo, de un molde interno de la concha de un ammonites de gran tamaño, del Jurásico.
imagen: http://www.minas.upm.es/inicio/Museo%20Historico/paleonto.htm
En tercer y último lugar, presentaremos como ejemplo de nombres opacos, algunos nombres de origen extranjero, pues nos han llegado rumores bien fundamentados, pero aún no confirmados, de que en en ciertas zonas de Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Cataluña y Vascongadas, caracterizadas por haber sustentado una intensa actividad minera, iniciada con capital extranjero, en el siglo XVII y mantenida hasta principios del XX, los mineros habrían usado, ciertos nombres populares extraños que derivarían de los nombres vulgares usados por los ingenieros de minas, ingleses o alemanes que dirigían los trabajos de esas explotaciones mineras. Al parecer los nombres extranjeros, en su versión más o menos castellanizada, habrían sido asimilados por la población autóctona de las localidades mineras, como nombre vulgar, al no existir en ese momento histórico y localidad ninguna denominación vulgar en la lengua española como alternativa local.
Aunque de momento no hemos podido localizar, ni rescatar ningún ejemplo concreto de este tipo de nombres populares "exogenos", debemos imaginarnos que los nombres de este tipo derivarían de del sonido de la palabra original extranjera, castellanizado por los mineros que las usaban. Los nombres de este grupo podrían ser de un tipo semejante a algunos que hemos inventado para ilustrar un hecho lingüístico del que, por desgracia, aún no disponemos de ninguna "prueba" feaciente y concreta....pero "estamos en ello". Uno de estos nombres imaginados podría ser zandarboul, derivado del inglés "thunderbolt", otro podría ser esneiquestoun, derivado del inglés "snakestone" o "snake-stone", los derivados del alemán podrían ser algo parecido a judenestein, derivado del alemán "Judenstein", bonifaciosfenig derivado del alemán "Bonifatiuspfennige", o esteresteine, derivado del alemán "Sternsteine" etc.. (¡Atención! Recordamos e insistimos en que todos los nombres anteriores, supuestamente creados por mineros españoles, són una pura invención, imaginada con una función puramente ejemplar y exclusivamente ilustrativa)

Aspecto externo de cinco ejemplares de rostros fosilizados de belemnites, un fósil muy común en los terrenos jurásicos españoles, a los que en diversas zonas del Reino unido en las que también abundan, se les ha denominado "thunderbolt" (cast. "puntas del trueno").
Imagen: http://www.geocities.com/jurfossil/bel6.jpg
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