jueves, abril 30

Sobre los diversos y extraños nombres de los fósiles (3).

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Sobre las diversas nomenclaturas utilizadas para la denominación de los fósiles (3ª parte) 

CRÓNICA DE UNA PÉRDIDA LINGÜÍSTICA, RECIENTE, EN EL PATRIMONIO ETNOGRÁFICO ESPAÑOL

En la actualidad, los fósiles ibéricos estudiados por la ciencia y recogidos por el lenguaje común, pueden llegar a gozar de hasta, tres o cuatro tipos de denominaciones distintas: un nombre científico (de uso universal), un nombre común (de uso supraregional), algún nombre vulgarizado (de uso regional) y diversos nombres vulgares (de uso local), y hemos dicho "pueden", porque bastantes de ellos, en la actualidad, han perdido sus viejos nombres vulgares ancestrales y no disponen de ningún nombre común. Además, a veces, tampoco disponen ni de ningún nombre vulgarizado que pueda ser una alternativa para dotar de nombre común a ciertos fósiles interesantes, por algún motivo, para los cuales no se puede pretender y esperar que los nombres científicos, sean una opción válida, pues resultan demasiado exóticos para el lenguaje y la gente común

Uno de los oficios más antiguos que permite recorrer el territorio parsimoniosamente, descubriendo sus "secretos" naturales
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Una de las razones de la perdida reciente de una gran parte del léxico naturalista, popular, español, usado para denominar los distintos tipos de seres que constituían el entorno natura, incluidos los nombres vulgares de los fósiles, debe buscarse en el éxodo creciente de los habitantes del campo hacia las ciudades. Este desplazamiento geográfico desde los pequeños núcleos rurales de población, iniciado en la época inmediata de la posguerra civil, del siglo pasado, por motivos políticos y económicos que, luego, se fue acelerando y generalizando, con el inicio de la re-industrialización de las regiones desvastadas por la guerra y del auge del turismo, en ciertas comarcas del país. 
Una gran parte de la población rural española, la más pobre o la que tenía mayores inquietudes o expectativas culturales, tuvieron que desplazarse, desde sus localidades o comarcas originarias, hacia las ciudades de las zonas más industrializadas o mejor dotadas de servicios educativos, lugares que, generalmente, no sólo estaban bastante alejadas geográficamente sino que, además, también estaban alejadas culturalmente, con lo que los nombres de muchas cosas de la naturaleza, no tenían utilidad en el medio urbano o suburbano, entre ellas los nombres de los fósiles, ya que fuera de su contexto social, cultural y territorial, originales, en la vida práctica y social, dejaron de tener  utilidad léxica por lo que fueron perdiendo importancia, paulatinamente y dejando de tener sentido y significado, por la falta de uso y cayendo, finalmente, en el olvido. 

  Al trasladarse a ciudades en regiones lejanas, los emigrantes pobres, no sólo tuvieron que renunciar a su entorno propio sociocultural, sino que para adaptarse a su nuevo medio, también tuvieron que abandonar la mayor parte de su antigua cultura rural. 
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Pero hoy día observamos, en las zonas rurales cuya población no se ha visto afectada por los procesos de emigración que hemos comentado, que los nombres vulgares tradicionales de los fósiles, también se han perdido. En este caso las causas deben buscarse en el efecto modernizador de la escolarización obligatoria y de la divulgación científica, ejercida por los medios de comunicación de masas. Comprobamos que la mayoría de la población, reconoce que muchas “piedras”, con características muy particulares, en realidad son "fósiles" e incluso que muchas personas de una cierta edad, usan, apropiadamente, los "nombres cultos" o "nombres científicos vulgarizados", de los fósiles más comunes, denominaciones tales como: amonites, belenites, numulites, pisadas de dinosaurio, etc. 
Pero, al mismo tiempo, desconocen o ignoran los nombres vulgares tradicionales que poseían, hace cuarenta o cincuenta años, esos mismos fósiles. Posiblemente, una de las causas principales de este olvido, sea que, con frecuencia, los nombres populares aparecían lastrados por adjetivos legendarios o estaban vinculados a creencias o usos, considerados supersticiosos. 
Ambas circunstancias casan mal con la idea de progreso cultural propio de la modernidad, de manera que en la década de 1960, en que había un gran afan de modernización cultural (pero también religiosa y política) este tipo de nombres tradicionales, pasaron a la categoría de léxico rural, totalmente acientífico y completamente anticuado que debía ser abandonado y olvidado con la mayor rapidez posible, en la mayoría de los casos, sin que folcloristas, etnógrafos y filólogos, tuviesen tiempo de conocerlos, estudiarlos y registrarlos.



LA ETNOPALEONTONIMIA Y LA BÚSQUEDA DE LOS NOMBRES VULGARES, TRADICIONALES, DE LOS FÓSILES.


Si, en la actualidad, el investigador etnopaleontológico quiere conocer algunos aspectos culturales asociados a algunos de los fósiles, de un lugar determinado, como pueden ser los datos de interés filológico (nombres vulgares y variantes, topónimos inducidos, fraseología, uso toponímico, etc.) o de interés etnográfico (creencias, leyendas, costumbres, usos, etc.), a parte de las consultas documentales convencionales, de artículos y libros especializados, también deberá recurrir a buscar a los más viejos de la localidad, para contactar con ellos acompañado por algún intermediario local que rebaje los niveles de natural desconfianza hacia los forasteros preguntones que parecen interesarse "demasiado" por sus costumbres. 
 
Pequeño grupo de ancianos, típico de un entorno rural. Hoy día son los únicos depositarios de las antiguas costumbres del lugar y cuya memoria, a veces, conserva información acumulada que puede alcanzar hasta los dos siglos anteriores. Si el
visitante forastero les cae bien, quizá estarán dispuestos a entablar conversación para informarle sobre algunos aspectos particulares sobre nombres o usos y costumbres, propios del siglo XIX y XX, que eran típicos de la localidad.
Imagen: 2 bp blog 

Desarrollados los niveles de empatía suficientes (mínimos), entre los informantes y el investigador, deberá aprestarse a hurgar en su memoria, mediante un interrogatorio más o menos hábil, basado en un cuestionario abierto, sabiendo que obtendrá unos resultados que no siempre satisfacen las expectativas del estudioso, pues en unas ocasiones, las fuentes orales ocultan los nombres vulgares, por estar asociados con creencias y prácticas que consideran demasiado "primitivas" o "privadas", de las que muchos de los lugareños se avergüenzan por considerarlas indicadoras de atraso cultural, la solución puede estar en alpliar el nivel de empatía o el número de informantes. 

Desgraciadamente, en otras ocasiones, la causa de la falta de datos no es la vergüenza a divulgar unas costumbres o creencias que se consideran síntoma de atraso e incultura, sino los estragos de la vejez. En algunas ocasiones la carcoma de la senilidad, puede haber devorado grandes retazos de los recuerdos de l@s informantes, incluso, buena parte de sus recuerdos de infancia y juventud, en los que se conservaban los nombres vulgares antiguos de los fósiles, juntamente con otros conocimientos de interés lingüístico y etnográfico, como son las leyendas y los usos asociados. Tal vez, hemos llegado demasiado tarde, cuando la mayor parte del patrimonio ya se ha desvanecido en el olvido.


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