miércoles, marzo 15

Arqueoetnopaleontología (8)

 por Heraclio Astudillo-Pombo. 

Universitat de Lleida. Dpt. Medi Ambient i Ciències del Sòl

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad o la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología (8) 

Fósiles utilizados como colgantes de adorno o protección, en Europa, durante el Paleolítico Superior y el Mesolítico


Introducción

En esta entrada nos centraremos en las diferentes materias primas naturales que los distintos grupos de cazadores-recolectores europeos del Paleolítico Superior y del Mesolítico, utilizaron para la elaboración de objetos colgantes usados con finalidades de adorno o de defensa mágica personal. El periodo temporal considerado en este trabajo abarcará entre ca. 37.000 BP y 6.000 BP o, lo que es lo mismo, ca. 40.000/39.000-5.000/4.700 ca BC. 

Se induce que un objeto arqueológico antiguo ha sido utilizado como colgante personal, porque manifiesta algún tipo de marcas características. Las más primitivas serían unas simples  incisiones o surcos superficiales que servirían par sujetar, firmemente el objeto, mediante ligaduras. Más tecnología requirieron los objetos que fueron perforados, para pasar por el orificio generado un cordón o tira de cuero.

Conchas fósiles de gasterópodos marinos, perforadas mediante punzonado, tal vez para constituir cuentas de collares y brazaletes. Con una antigüedad estimada de entre 90.000 y 100.000 años, constituyen el producto de sendos hallazgos arqueológicos en la Cueva de Skhul (Israel,) y en el Wadi Djebbana (Argelia), lugares muy alejados del mar y entre ellos. El material escogido y la técnica de perforación usada parecen apuntar al mismo tipo de cultura paleolítica que en aquella lejana época quizás ocupaba todo el sur del Mediterráneo. 

Imagen: Prehistoria e Historia Antigua

Se sabe por los resultados de las numerosas excavaciones arqueológicas realizadas durante los últimos dos siglos que desde los comienzos del Paleolítico Superior se utilizaron las conchas de moluscos marinos (fósiles y recientes) como objetos colgantes destinados únicamente al adorno corporal, tal vez a marcar nivel jerárquico, indicar estatus económico, señalar la pertenencia a un grupo tribal o quizás a la protección mágica, como amuletos. De todos los tipos de moluscos utilizados, parece ser que para la elaboración de este tipo de elementos de ornamentación personal, las conchas más utilizadas fueron las de los gasterópodos (caracoles) y las de los escafópodos (dentalios), pues resultan mucho más numerosos que los bivalvos, en el conjunto de las excavaciones realizadas. Las conchas de los moluscos fluviales y terrestres fueron de uso mucho más escaso, posiblemente debido a la menor vistosidad y menor resistencia de sus conchas, en comparación con las marinas.

Collar prehistórico elaborado con numerosas cuentas discoidales de conchas de bivalvos y conchas enteras de bivalvos, ejemplar expuesto en la Sala de Prehistoria del Museo Arqueológico de Alicante. 

Imagen: MARQ

Si nos centramos en el uso de fósiles como objetos utilizados para elaborar colgantes, podemos ver que desde comienzos del Paleolítico Superior se hizo un gran uso de las conchas de moluscos fósiles, principalmente del Eoceno y del Mioceno, perforadas o ligadas para transportarlas sobre las personas. Además de las conchas fósiles de moluscos, otros materiales de origen paleozoológico que se utilizaron fueron el marfil de las defensas de mamut y los dientes fósiles de tiburón. Entre los fósiles no corporales considerados por los arqueólogos como materias de origen mineral, se deben tener en cuenta dos "quimiofósiles" o "rocas orgánicas" como son el ámbar y el azabache, y también el lignito. 


Las conchas de moluscos fósiles

La utilización de gasterópodos fósiles como objetos de adorno-colgantes también se remonta al Paleolítico Superior antiguo. A pesar de que en determinados yacimientos del Paleolítico Medio ya existen ejemplos del acopio de conchas fósiles de diferentes especies, éstas nunca aparecen perforadas artificialmente, ni provistas de otras formas de suspensión (muescas, etc.) por lo tanto no fueron usadas como joyas, para adornarse, ni como amuletos, para protegerse con ellas.

La determinación de las fuentes de aprovisionamiento de estas conchas es difícil de señalar. Siempre se piensa que lo más probable por lógica operativa, es que se localizarían en los depósitos paleontológicos más cercanos al yacimiento arqueológico, pero esta idea intuitiva no tiene porqué ser cierta. Existen casos de ciertas especies fósiles, del mismo periodo geológico, que pueden encontrarse al mismo tiempo en diferentes yacimientos paleontológicos, ubicados en un territorio más o menos extenso alrededor del yacimiento arqueológico. Tal vez era más frecuentada la zona más alejada, por razones de aprovisionamiento de comida o por coincidir con itinerarios de rutas migratorias tribales...

También pudieron haber sido recogidos en determinados lugares, mucho más cercanos al yacimiento arqueológico, pero que en la actualidad resultan invisibles por estar ocultos (depósitos hoy sumergidos, enterrados por sedimentos cuaternarios, etc.). Es por ello que la información sobre la movilidad de los grupos de cazadores-recolectores prehistóricos que nos pueden aportar las conchas fósiles transformadas en objetos colgantes de adorno o defensa mágica, ha de ser manejada con cautela. 

Collar excavado en Dolni Vestonice, en Moravia (Rep. Checa), realizado hace unos 27.ooo años, con conchas fósiles, recogidas, posiblemente, en las cercanas colinas de calizas jurásicas, las cinco conchas de Cardium (berberechos), en la parte de abajo, podrían ser contemporáneas o recogidas al pasar en migración, por algún otro yacimiento más moderno, de edad eocena, miocena, pliocena, etc. Este tipo de objetos, no tenían que ser meramente ornamentales, podían constituir también un elemento de defensa mágica personal (amuleto)

Imagen: Dolniv pottery 

A tenor de los datos que poseemos, se utilizaron, conchas fundamentalmente del Eoceno y del Mioceno procedentes de depósitos documentados en diferentes regiones europeas: la Cuenca de Málaga (Cordillera Bética Occidental), la de Aquitania, las bocas del Ródano, las cuencas de París, de Mayenza, de Neuwied, de Steinheim, así como en la región de Schwabischen Alb, la Cuenca de Viena, la región checa de Badener Tegel, la Cuenca de Kyjov-Hodonin, etc. 

Dentro de las especies de moluscos fósiles eocenos utilizadas como objeto colgante, podemos citar, por ejemplo, Bayanea lactea, Cassidaria singularis y Ancillaria sp.; dentro de las miocenas, Pirenella plicata, Turritella terebralis y Tympanotonus margaritaceus.

En algunos casos, parece que no existen dudas de la aparición de ciertas especies en yacimientos arqueológicos muy alejados de los paleontológicos, como es el caso de los ejemplares de bivalvos oligocenos de Glycymeris sp. procedentes de los yacimientos 
gravetienses (Geissenklosterle y Hohle Fels) y magdalenienses (Hohlenstein y Hollenberg-Höhle 3), cuyo origen se señala en los depósitos de la Cuenca de Mayenza (Alemania) o de la Cuenca de París (Francia) a una distancia de entre 200 y 550 km. respectivamente.

También hay que destacar la presencia de caracoles fósiles de las especies dulceacuícolas   Gyraulus trochiformis y G. sulcatus procedentes de la Cuenca de Steinheim, en el Sur de Alemania, en yacimientos arqueológicos de cultura magdaleniense (Neuchatel-Monruz y Felsstäle) y mesolíticos (Bettelküche y Burghöhle-Dietfurt) situados, en algunos casos, a más de 100 km. de distancia de los depósitos paleontológicos de aprovisionamiento (Lám. VI).

Dos conchas de caracol dulceacuícola de la especie Gyraulus sulcatus, perforadas en la zona del ombligo, halladas en yacimientos arqueológicos de la Cuenca de Steinheim, en el Sur de Alemania

Imagen: Esteban Álvarez Fernández


Otras materias primas de origen animal: el marfil de defensas de mamut

Al igual que ocurría con algunas conchas, ya desde comienzos del Paleolítico Superior existen determinados tipos de dientes que han sido imitados en otras materias primas.  Destacan las réplicas de los caninos atróficos de ciervo replicados en hueso de mammut hallados en el Auriñaciense de Blanchard I, en el Gravetiense de Tarté, y en el Magdaleniense de La Garma A. También en en el Auriñaciense de Gatzarria, en el Gravetiense de Grub-Kranawetberg y en el Magdaleniense de La Marche.

 Más datos arrojan las investigaciones realizadas sobre la adquisición del marfil. La reconstrucción de las cadenas operativas para la elaboración de las cuentas y colgantes realizados a partir de esta materia prima proveniente de los yacimientos auriñacienses del Valle de Castelmerle indicarían que los últimos estadios de su elaboración se producirían en el propio yacimiento. Sin embargo, la ausencia de las fases iniciales de trabajo del marfil y de evidencias de la caza del mamut podrían indicar, tal como apunta R. White (1989), que dicho material tal vez procedía de otros territorios (en este caso, del territorio alemán) y que llegaría a los yacimientos de La Dordoña mediante intercambios. Sin embargo, el que no existan evidencias de la caza del mamut, no tiene porqué indicar que no existiese este animal en esa región. Tal vez no fue cazado, tal como argumentan J.C. Castal et al . (2005) a la hora de hablar de los yacimientos del SO de Francia en el Solutrense, y lo que aprovecharon de estos animales, una vez que fallecían, eran sus colmillos. 

En el caso del yacimiento magdaleniense de Gönnersdorf (pero también de Andernach-Martinsberg y Oelknitz) hay abundantes evidencias de la utilización del marfil del mamut como materia prima para la creación de objetos de adorno-colgantes, puntas de proyectil, estatuillas y varillas, mientras que los restos óseos de este animal son escasos. La datación de un fémur completo de mamut hallado en Gönnersdorf, es solo 1500 años más antigua que la de las ocupaciones humanas del sitio, al aire libre, por lo que hemos sugerido la posibilidad de recolección de restos de marfil fósil de mamut, posiblemente en las cercanías del yacimiento arqueológico (Gaudzinski et al. 2005). 

En el caso de las piezas de marfil de mamut, la materia prima necesaria, también pudo haberse obtenido recogiendo este material en estado subfósil y pudo haber sido trabajado en el propio yacimiento, o tal vez fueron el resultado de intercambios con grupos de cazadores recolectores de otros territorios situados mucho más al NW del yacimiento arqueológico.

En el Mesolítico también se utilizan materias primas de origen paleozoológico para elaborar colgantes, pero en mucha menor medida; destacando las cuentas para collares o pulseras  elaboradas a partir de marfil de mamut.

Materias primas de origen mineral: las rocas organógenas. 

Las primeras evidencias de la utilización de objetos de adorno-colgantes realizados en materias primas de origen mineral, se documenta a comienzos del Paleolítico Superior, al igual que las diferentes materias primas animales utilizadas con la misma finalidad.
Se trata de fragmentos de rocas y minerales "relativamente blandos" a los que después de ser tallados se les aplica la abrasión y el pulimento, para acabar formando objetos de figura esferoidal, a las que finalmente se les dota de incisiones para sujetarlas con ligaduras o se les practica un orificio, a través del cual pasar un filamento, como sistemas usados para la sujección y suspensión de cada uno de los elementos o del conjunto formado con ellos. En nuestro caso nos centraremos en las cuentas elaboradas con ámbar y con azabache o con carbón de la variedad lignito.

Aspecto primitivo de dos cuentas perforadas elaboradas con ámbar ibérico, de color rojizo, halladas en el sitio arqueológico de la Cova Rosa, en Ribadesella (Asturias).                                                                                                                                                      La elaboración de cuentas en azabache se conoce desde comienzos del Paleolítico Superior, pero es en el Magdaleniense (las fases media y superior-final) cuando existe un mayor número de evidencias de su uso. Se citan, por ejemplo, en el Auriñaciense de Brassempouy, en el Gravetiense de Mainz Linsenberg, en el Solutrense de Las Caldas (Asturias) y en el Magdaleniense de Gönnersdorf. Después de este último periodo, se desconoce su trabajo, hasta las fases recientes del Neolítico (Álvarez Fernández, E., 2004). 

Por lo que respeta al ámbar, ocurre exactamente lo contrario. La documentación de objetos de adorno-colgantes realizados en esta materia prima, durante el Paleolítico Superior es muy  escasa. Se cita en el Solutrense de Cova Rosa (Ribadesella, Asturias), en el Magdaleniense de Farincourt y de Isturitz y en el Hamburgiense de Meiendorf, frente al uso frecuente del ámbar  durante el Mesolítico (p. Ej., En Gøngehusvej 7) y en los periodos posteriores (Álvarez Fernández et al. 2005).


Comentarios personales

A pesar de que el arqueólogo, autor del trabajo, se refiere a los objetos hallados en las excavaciones como objetos de adorno colgantes, sin embargo opinamos que algunos de tales objetos colgantes pudieron haber tenido una función protectora o defensiva de tipo mágico. Nos basamos en la mentalidad arcaica y en los usos mágicos de cierto tipo de objetos por parte de los componentes de pueblos de cultura muy primitiva, contactados por viajeros, misioneros madereros, mineros o comerciantes durante el siglo XIX y principios del s. XX. Entre los cuales era muy común el uso de amuletos y talismanes colgantes, cuya finción era defenderlos de las amenazas invisibles latentes en su entorno, animales peligrosos, espíritus malvados, conjuros malévolos de chamanes o brujos, preparados para causar daño por encargo, etc..
Por lo tanto, preferimos suponer una doble función para los objetos colgantes, la protección y la ornamentción.

Fuentes

- Álvarez Fernández, Esteban (2008). Los colgantes de los grupos de cazadores recolectores en Europa: las materias primas y sus fuentes de aprovisionamiento. en Acercándonos al pasado. Prehistoria en 4 actos. Publicación en CD, Museo Arqueológico Nacional, Madrid.