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lunes, mayo 23

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español y portugués (7)

Heraclio ASTUDILLO-POMBO, Dpto. MACS, Universitat de Lleida


"PIEDRAS DE RAYO", EN ARAGÓN 


Algunas "piedras de rayo", atípicas, usadas exclusivamente en el Pirineo Aragonés


La primera pista


Rastreando un día
en Internet, a principios del mes de enero del 2011, como en infinidad de ocasiones anteriores, buscando cualquier información que relacione a determinados tipos de fósiles del registro ibérico, con creencias, actividades o producciones materiales o inmateriales, de la cultura popular, de cualquier localidad y región española. Casualmente, me encontré con unas frases en la Biquipedia (la Wikipedia en lengua aragonesa) que, instantáneamente, me hicieron 'subir los niveles de adrenalina', pues por primera vez, me encontraba con una referencia escrita que hablaba de las "piedras de rayo", en Aragón, y que no las relacionaba con las consabidas hachas de piedra, neolíticas, ni con vulgares fragmentos de pedernal, prehistórico o contemporáneo, ni con trozos de cuarzo, sino ¡con fósiles! La información que me aportaba la Biquipedia, estaba directamente relacionadas con el campo de contenidos propio de mis investigaciones etnopaleontológicas y me señalaba, claramente, una nueva e interesante pista a seguir. Este hallazgo biquipédico, además de "alegrarme el día", me sirvió para iniciar un nuevo proceso de investigación etnopaleontologica, en paralelo a otros muchos que, en ese momento, se mantenía abiertos y en marcha, pero en esta ocasión, estaría orientado sobre el territorio y en el folclore paleontológico, aragonés.



El etnotexto en cuestión:


"Piedra de rayo.
Las piedras de rayos son piedras de tamaño zaborro que seguntes la creyenzia popular en l'Alto Aragón son puntas petrificatas de los rayos e representan talismans contra la suya caita. La chent enantes creyeba que los rayos lebaban unas piedras en la punta, e que quan caye un rayo las piedras tornan a salir ta la superfizie a lo cabo d'un tiempo. Las piedras consideratas piedras de rayo gosan estar fosils de gasteropodos con formas sozconicas u antigas piezas de pedreña entallatas como un trianglo u con una punta aguta. Las piezas de pedreña pueden estar estrals u puntas de lanza d'edat paleolitica, neolitica, u también aber formato parte d'un trillo.
Esta creyenzia puet tener radizes romanas, porque pa los romans un puesto on cayeba un rayo se consideraba seguro porque se consideraba no n'i cayería d'atro, esdebenindo un puesto sagrato.
En muitas cabanas de pastor bi ha una piedra de rayo soterrada a la puerta, ta protecher-se contra os rayos."


El remarcado de ciertas partes del texto, en negrita, es nuestro, para indicar qué partes de este etnotexto resultan ser más relevante para nuestra investigación etnopaleontológica y para señalar que eran cuestiones desconocidas para nosotros, antes de conocer este documento.


La segunda pista:


Después de buscar infructuosamente, nuevas informaciones relacionadas con la comentada y recogida anteriormente, decido mandarle un correo a mi amigo Rafel Vidaller, naturalista, antropólogo, filólogo y excelente persona, asentado en Sabiñánigo, capital de la comarca de Alto Gállego, persona que conoce muy bien la naturaleza y las tradiciones populares asociadas, de la zona pirenaica de la provincia de Huesca. En el correo le preguntaba, si alguna vez había oído hablar a las gentes del pirineo aragonés, sobre piedras de rayo en general o de este tipo de particular de "piedras-caracola" o "caracolas de piedra", pidiéndole su colaboración y su opinión sobre el asunto y adjuntándole una copia literal de la información encontrada en la Biquipedia.

A los pocos días, recibo un correo de contestación
, diciéndome:
"En cuanto he leído el apunte que me mandas, me he acordado de una imagen que había visto en el libro años atrás
y he ido a por él (autores Fernando Biarge & Ana Biarge (2000). Líbranos del mal. Creencias, Signos y Ritos Protectores en la zona pirenaica aragonesa. Uesca - edición de los autores), y me he encontrado con la página que te adjunto escaneada. De allí supongo que vienen las referencias de la biquipedia."

Efectivamente, en la imagen adjunta, la página del libro citado  escaneada, aparecen un par de detalles muy interesantes: la fotografía de un fósil de caracol marino, su nombre vulgar y su procedencia. ¡Eureka!

Página 163, del interesantísimo libro etnográfico Líbranos del mal. Creencias, Signos y Ritos Protectores en la zona pirenaica aragonesa, de Fernando y Ana Biarge. 
En la parte superior izquierda se puede apreciar la fotografía de un fósil, sobre la palma de la mano de su propietario y a su derecha un texto que da razón de la localidad: Merli y del nombre vulgar del fósil: Piedra de rayo.Imagen: Fotografía original de Fernando Biarge

 

Identificación taxonómica y procedencia geográfica

Ante mi incapacidad para asignarle al fósil un determinado género paleozoológico, a partir de una sola imagen, decido pedirle ayuda a un experto de la tierra y, con ese fin, mandarle un correo electrónico a mi amigo Ángel Gayúbar, periodista activo por todo el territorio provincial por ser corresponsal del Heraldo para la provincia de Huesca y experto paleontólogo amateur, asentado en Graus, población situada al sur de la comarca de la Ribagorza que es la zona a la que también,pertenece la localidad de Merli. Ángel es una gran persona y buen conocedor de muchos de los yacimientos paleontológicos y la fauna fósil, de toda la provincia de Huesca. En el correo le pregunto si le es posible hacer un diagnostico fiable sobre la imagen del fósil que le adjunto, que es la aparece en la página 163 del libro “Libranos del mal” de Fernando Biarge y Ana Biarge.

A las pocas horas,
Ángel Gayúbar me comenta lo siguiente:
“El fósil que aparece en la fotografía es un Clavilithes parisiensis, del Eoceno medio, aunque me parece que ese fósil, en concreto, por el tipo de fosilización que presenta, no creo que lo encontraran en la localidad de Merli, en el valle de Isábena, sino en el valle del Ésera, por la zona de la Puebla de Fantova.”
De manera que, según la opinión de
Ángel Gayúbar, parece ser que el fósil fotografiado en el libro de los Biarge fue recogido en un lugar no muy alejado, pero distinto hasta aquel otro en el que era usado
 y a donde había sido acarreado. 

Aspecto característico de la concha fósil de la caracola marina de la especie Clavilithes parisiensis, un gasterópodo del Eoceno marino (Luteciense) que, a pesar de su nombre específico parisiensis, también puede encontrarse en el Alto Aragón. 
El ejemplar de la izquierda, está entero, mientras que el de la derecha ha sido seccionado, a nivel del eje central, para que pueda apreciarse la estructura y la cavidad interna de la concha que en este caso está vacía, sin molde interno de relleno.
Los dos ejemplares de la fotografía, bien conservados,  proceden de la localidad de Damery, Depto. de Marne, Francia, estando expuestos en la sección de Paleontología del Museo de Historia Natural de París.
Imagen: Fotografía original de Michael Popp, alias "Kentuckiana Mike"


Ángel, también, me recomendaba que me pusiese en contacto con Fernando Biarge, el autor principal del libro, diciéndome para animarme que se trata de una persona abierta, encantadora y de amplia cultura que con toda seguridad sería receptivo a mis demandas de información. Para facilitarme el contacto, me proporcionaba el teléfono particular de Fernando, en Huesca.


Vamos, directamente, a la fuente original de la información


Tras un par de tentativas telefónicas, infructuosas, finalmente, al tercer intento pude establecer comunicación telefónica con Fernando Biarge , escritor, fotógrafo, editor, etnógrafo, pireneista, publicista y un largo etcétera, persona encantadora y conversador ameno, al que, tras mi presentación de rigor, inmediatamente le pregunté por el contexto etnográfico de la fotografía en cuestión, pues en el libro, eminentemente fotográfico, no decía, prácticamente nada.
La información, escrita en cursiva, que sigue a continuación, está extraída con gran fidelidad de una larga y amena conversación telefónica, mantenida
la mañana del 7 de febrero de 2011, con Fernando Biarge López, de Huesca, coautor junto con su hija Ana, del libro “Libranos del mal”. Creencias, signos y ritos protectores en la zona Pirenaica Aragonesa.

La “piedra de rayo” que aparece en la fotografía, de la página 163, del libro “Libranos del mal”, era propiedad de Casa Turmo, en la población de Merli, (un pueblecito muy pequeño que, actualmente, pertenece como agregado, al municipio de Isábena, en la comarca de Ribagorza, provincia de Huesca o Alto Aragón), cuyos propietarios me contaron que, antiguamente, la exponían en la repisa, de alguna ventana de la casa que habitaban, escogiendo la situada del lado por donde venía de camino la tormenta. Esa práctica se repetía siempre que se acercaban fuertes tormentas eléctricas, haciéndolo con el total convencimiento de que, procediendo de esta manera y mediante el poder de esta piedra, conseguían conjurar la maldad de la tormenta y la casa quedaba totalmente protegida, contra la posibilidad de que se produjera la descarga del rayo sobre ella.


Detalle de la página 163 del libro de Fernando y Ana Biarge, en el que se aprecia la "piedra de rayo" que les fue mostrada en la población de Merli (Huesca). Se puede apreciar la forma y dimensiones de este ejemplar, al parecer, representativo de toda una clase de objetos supersticiosos, utilizados en el medio rural pirenaico del Alto Aragón, para prevenir o disminuir la angustia humana, desencadenada por la aproximación de potentes tormentas, ante el riesgo y, sobre todo, por el temos a ser alcanzados por la descarga del rayo 

Imagen: Fotografía original de Fernando Biarge

Otro lugar en donde también era costumbre mantener expuestas, permanentemente, este tipo de piedras protectoras, era sobre la repisa de la campana de humos del hogar de leña, puesto que la chimenea, a la que estaba conectada la campana, era un lugar muy propenso a facilitar la entrada del rayo en las casas, cuando algún rayo se desprendía de la nube, durante las tormentas con grandes tronadas y caía a tierra.

Preguntado Fernando Biarge, sobre si conocía la existencia de alguna versión más pequeña de amuleto paleontológico, protector contra el impacto del rayo,
que pudiera ser transportado, permanentemente, por aquellas personas que, debido a su profesión se veían obligadas a pasar mucho tiempo a la intemperie, como podían ser los arrieros, pastores, labradores, leñadores, etc. Fernando me comentó:
"En esa misma zona me habían contado que el mismo tipo de "caracolas de piedra", pero de mucho menor tamaño, solían llevarse, dentro de un saquito de tela que se cosía en la parte más alta del interior del bolsillo del pantalón que es una zona sin utilidad y que además siempre queda libre, con la finalidad de que su portador estuviese, siempre, protegido de ser alcanzado por el rayo."

El relámpago asociado al trueno que son las dos formas de manifestación física, del rayo, chispa o descarga eléctrica, pueden llegar a infundir un temor supersticioso, en las gentes del medio rural, en donde, el comportamiento aparentemente caprichoso del fenómeno del impacto sobre árboles, peñas o construcciones y los accidente graves o mortales, por fulminación, de animales y personas, parecen inclinar a pensar que el rayo parece teener voluntad propia o que puede ser dirigido por ciertos seres malignos...
Imagen:
Rayos 


Preguntado sobre si conocía de la coexistencia, en el Alto Aragón,
de este tipo “piedras de rayo” con otros tipos como p. e. las hachas de piedra neolíticas, objetos artificiales que, más generalmente, constituyen el tipo de “piedras de rayo”, más comunes, más conocidas y más habitualmente utilizada, en el mundo rural español, Fernando me comentó que:

"En el Alto Aragón, las hachas de piedra pulida, prehistóricas, resultan ser muy escasas, al igual que las construcciones prehistóricas megalíticas, razón por la cual, quizá estas caracolas de piedra, podrían haber sustituido, en las zonas pirenaicas del Alto Aragón, a la hachas de piedra neolíticas que se usan en otras partes. Porque en la zona pirenaica, las hachas de piedra
deben resultar demasiado escasas, como para poder cubrir, ellas solas, toda la alta demanda popular, de amuletos protectores contra el rayo, en una zona montañosa, las tormentas eléctricas, aún siguen resultando, a veces, terribles, a menudo impresionantes y siempre temibles y en donde, antiguamente, se carecía de pararrayos para proteger las casas. En tales condiciones, sumamente inquietantes y angustiosas, poder disponer de algún tipo de amuleto protector, tal como eran las “piedras de rayo” , debía aportar algo de tranquilidad, a los ocupantes de las casas y a los transeúntes que podían disponer de una de estas piedras, por creerse que este tipo de objetos garantizaba seguridad, frente a la descarga del rayo, a la cual se suponía que alejaba."


Ante mi insistencia sobre la posibilidad de que las hachas de piedra, prehistóricas, pudieran compartir nombre y función amulética, con las "caracolas de piedra", Fernando Biarge se reafirma en lo dicho, poco antes, al comentar que:
"Durante las pesquisas de trabajo de campo, preparando el libro anteriormente comentado, me encontré con que
las únicas “piedras de rayo” que me habían enseñado los lugareños que aún guardaban este tipo de antiguos objetos supersticiosos, cuando les preguntaba por este tipo de amuleto, en todas las ocasiones, siempre le habían mostrado "caracolas de piedra” y nunca hachas prehistóricas, de piedra. Esto sucedió desde Hecho (en la comarca pirenaica de la Jacetania, la más occidental y que comparte frontera con Navarra), hasta Montanuy (en el extremo oriental de la comarca pirenaica de la Ribagorza, la más oriental y que
comparte frontera con Cataluña), pasando por Benasque (en el extremo occidental, de la misma comarca pirenaica de la Ribagorza), por lo tanto, parece evidente que en el Pirineo de Huesca, no se conocen otros tipos de piedras de rayo"  más que las "caracolas de piedra".

Cuando, nos despedimos le solicito permiso para reproducir nuestra conversación y las imágenes del libro, relativas a la "caracola de piedra" de Merli, que son de su propiedad, cosa que Fernando acepta, encantado, y que yo le agradezco cordialmente.




Intentando racionalizar una
singular elección popular 


Se me ocurre que quizá la forma de tornillo que les proporciona a estas piedras, el hecho de ser un molde interno de la cavidad interior de una concha de caracola marina, caracterizada por poseer una forma forma cónica o subcónica característica, juntamente con las espiras que muestran todas las conchas de los gasterópodos fósiles, da a este tipo particular de “piedras” un aspecto semejante a la punta de una barrena. Forma que las ayudaría a perforar y penetrar, con facilidad en el suelo, cuando impactan con él, empujadas por la fuerza del rayo que se supone que las acompaña desde la nube de tormenta, pudiendo alcanzar bastante profundidad, para luego invertir el proceso y comenzar a ascender hacia la superficie. Quizás la forma de punta barrena o de tornillo y el hecho de que se encontrase, sobre el terreno, recien lavado por los fuertes aguaceros, fueron las “señales”, que sirvieron para que se les atribuyera, antiguamente, a esta clase de piedras, su vinculación con el rayo y la capacidad de penetrar en el suelo y luego de ascender hasta la superficie, de la misma manera que es la forma de la punta de las barrenas la propiedad que les permite taladrar los materiales a que deben enfrentarse: madera, tierra o piedra.


Aspecto de una barrena, antigua, de carpintero, obsérvese la característica espiral o tirabuzón, en la punta de la herramienta que es la que le permite penetrar y avanzar, con relativa facilidad, a traves del material que debe perforar. La pieza pertenece a la Colección Etnológica de Teodoro Recio, en Blancas (Teruel).

Imagen: barrena
 

Fuentes:

- Anónimo.
Piedra de rayo (Aragón). Gran Enciclopedia Aragonesa http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=10173
- Benito Moliner, Manuel. 1992. Tormentas. Diario del Alto Aragón. p. 6, Domingo, 20 de septiembre de 1992;
- Biarge López, Aurelio. Piraces: 3. La Tumba de peña Semuro. La Nueva España, 30 de septiembre de 1972, p. 2
- Biarge López, Fernando &
Biarge Fernández-Vizarra, Ana. 2000. Libranos del mal. creencias, signos y ritos protectores en la zona Pirenaica Altoaragonesa. Huesca. Autores-editores.
- Biarge López,
Fernando. 2011. Comunicación personal, 7 de febrero de 2011
- Biquipedia.
Piedra de rayo (Alto Aragón) : http://an.wikipedia.org/wiki/Piedra_de_rayo

- Esteban Guillén, María Pilar. 2001. Inventario y Catalogación de la Colección Etnológica de Teodoro Recio, en Blancas (Teruel). Ediciones electrónicas del Servicio de Patrimonio Etnológico, Linguístico y Musical. Diputación General de Aragón: http://www.aragob.es/edycul/patrimo/etno/teorecio/portada.htm
- Gayúbar, Ángel. 2011. Comunicación personal, del 26 de enero de 2011
- Gutiérrez Lera, Chema 1999. Amuletos. Diario del Alto Aragón, página 6. Domingo. 11 de abril de 1999
- Ribas González, Félix A. 2000. Proteuzions maxicas e inscrizions en bellas parideras aragonesas. en 'Homenaje a Rafael Andolz'. Uesca, Instituto de Estudios Altoaragoneses, Instituto Aragonés de Antropología y Consello d'a Fabla Aragonesa.

- Vidaller Tricas, Rafel. 2011. Comunicación personal, del 20 de enero de 2011


domingo, mayo 18

El rayo y los fósiles ibéricos (6)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español



A modo de conclusiones provisionales:

La cultura tradicional y popular, ibéricas, al igual que la de muchas otras zonas de Europa y de los demás continentes, parece haber estado vinculando, durante bastantes siglos, algunas clases de fósiles con el temido fenómeno atmosférico del rayo.
Como muchas otras creencias, narraciones y usos populares relacionadas con los fósiles que la tradición ha ido adaptando, conservando y transmitiendo hasta tiempos muy recientes, en este caso como en otros, en realidad, se trata de residuos degradados de antiquísimos mitos y de viejos cultos religiosos a los fenómenos de la naturaleza que resultan más impresionantes por vitales o temibles para la vida humana y uno de estos fenómenos terroríficos es la caída del rayo.



Sobre la antigüedad de las costumbres que vinculan ciertos fósiles con el rayo.

La gran antigüedad de muchas de estas creencias naturalista de tipo arracional, de ciertos usos supersticiosos y de narraciones explicativas, mágicas o legendarias que vinculan al rayo con algunos tipos de fósiles, se pone de manifiesto cuando se comparan las tradiciones más modernas y recientes con sus equivalentes de la antigüedad y se observa y compara cuantos elementos comunes, comparten ambos tipos de costumbres.

También existen algunos indicios de tipo arqueológico, de que este tipo de creencias y usos supersticiosos relativos a algunos tipos de fósiles son muy antiguos por haber sido detectados en los ajuares funerarios o lugares de habitación, de diversos sitios arqueológicos, europeos, que han sido estudiados en los dos últimos siglos. Este tipo ubicación indicaría que los vínculos culturales y rituales, con ciertos tipos de fósiles, se remontan a la prehistoria, datandose los más antiguos en el Paleolítico.

También, existen indicios antiguos, más recientes, consistentes en textos de tipo epigráfico y en la interpretación de diversas inscripciones de la Antigüedad Clásica, griega, romana y greco-romana que aluden a ciertas piedras, en realidad se trata de fósiles, supuestamente, procedentes del cielo y relacionados con divinidades del rayo.


Lápida romana con un texto inscrito en la superficie de la piedra
Imagen: http://es.123rf.com/photo_12017723
 
Así mismo, otro indicio de la gran antigüedad de este tipo costumbres, lo constituye la enorme extensión geográfica de esta clase de vinculación supersticiosa, pues se han hallado costumbres y creencias relacionadas en todos los continentes, del mundo, en los que es posible recoger abundantes pruebas arqueológicas y etnográficas.

Cuando se analiza la relación con la mitología de los nombres populares de ciertos fósiles, queda claro que desde la antigüedad hasta la cristianización o la islamización de los habitantes de los territorios de muy diversas partes de Europa, los mismos tipos de fósiles fueron asociados, por distintas culturas, a los mismos fenómenos meteorológicos: el rayo, el relámpago y el trueno. Estos fenómenos naturales, previamente, habían sido personificados con el aspecto humanosde y los atributos sobrehumanos, típicos de determinadas divinidades celestes, generalmente, masculinas.

Las divinidades meteorológicas siempre han tenido una gran relevancia en los respectivos panteones religiosos y acreedoras de gran veneración por ser patronos de la vitalidad y multiplicación de vegetación silvestre y de la faunala salvaje y, también de la agricultura y la ganadería.


Cosecha perdida por culpa de la sequía, será causa de ruina económica y de falta de alimentos
Imagen: http://www.prensalibre.com/economia/impacto-sequia-agricultura

La importancia las divinidades meteorológicas, provenía de que eran las administradoras de la lluvia, la nieve, el granizo, el viento y cuando su voluntad era favorable a los intereses humanos, los fenómenos meteorológicos resultaban beneficos la fecundidad de los campos y de fertilidad de humanos y animales, determinantes de buena salud, abundancia de alimento y posibilidad de almacenar alimento para las estaciones desfavorables.

Las divinidades que administraban el rayo eran las patronas de la guerra, de los guerreros y de los artesanos constructores de armas, por tener un caracter agresivo, violento y vengativo, además eran poseedoras de un arma temible, el terrible rayo, un arma incendiaria, destructora, y mortífera que siempre ha aterrorizado a los humanos.

Aunque divinidades, dotadas de nombres distintos por las distintas culturas antiguas: Zeus para los griegos, Júpiter para los romanos, Thor para los escandinavos, Donar para los germanos, Taranis para los celtas, Perún para los eslavos, Perkunas para los bálticos, etc., todos ellos mantenían y compartían atribuciones y funciones muy semejantes.

Representación artística de una creencia mítica muy antigua, sobre un supuesto origen celestial de los belemnites y de otros fósiles, vinculados con el rayo y con las divinidades que lo controlaban. Esta creencia se ha mantenido “fosilizada” en la denominación popular: thunderstones (literalmente piedras de Thor o p. del trueno) y thunderbolts (literalmente clavijas de Thor o c. del trueno)

Durante siglos estos dioses protagonizaron muchas narraciones míticas y cultos religiosos, en las sociedades paganas politeísta, de la antigüedad, pues al haber sido imaginadas extraordinariamente poderosas y altamente influyentes sobre la calidad de vida y el bienestar humanos, o los resultados de la guerra, gozaron de una gran veneración y amplio culto en la antigüedad. Pero al igual que ha pasado con otras muchas costumbres populares de tipo naturalista y origen pagano, de base supersticiosa, con la cristianización de la sociedad se adaptaron al nuevo contexto cultural-religioso, siendo en parte asimiladas y desnaturalizadas y en parte destruidas y olvidadas.

La aparición y persistencia de este tipo de creencias irracionales y de las practicas supersticiosas asociadas, se mantuvo mientras la mentalidad humana fue, predominantemente de tipo mágico-religioso, la economía mayoritariamente rural y la sociedad básicamente analfabeta, pero cuando esta situación empezó a cambiar, a partir del siglo XVIII, con la difusión y la aplicación de las ideas ilustradas y la extensión de la Revolución Industrial, estas viejas tradiciones populares empezaron a debilitarse, con el auge del racionalismo ilustrado, aplicado a todas las actividades humanas, para acabar desapareciendo, primero en las ciudades, a finales del siglo XIX, pero persistiendo en las zonas rurales hasta a mediados de del siglo XX.
La influencia racionalista y naturalista de la ciencia y la filosofía naturales explicando el verdadero origen de los fósiles y los avances de la medicina moderna, debieron hacer mella en la mentalidad tradicional y popular de una gran parte de la sociedad española y portuguesa, de manera que las interpretaciones más arracionales y fantasiosas de los fósiles, que se originaron y mantuvieron en siglos anteriores, en el transcurso del siglo XX dejaron de tener sentido y desaparecieron de la vida cotidiana, para dar paso a nuevas interpretaciones de tipo científico.... o pseudocientífico.



Sobre las primitivas motivaciones para vincular algunos fósiles con el rayo.

Aunque para una mentalidad mágica todo es posible, para que ciertas piedras sean asociadas con lo sobrenatural, deberán cumplir algunas reglas básicas, como pueden ser que tales tipos de piedras vayan acompañados de ciertos signos explícitos que indiquen su relación con lo sobrenatural.
La vinculación puede manifestarse por diversos tipos de señales, tales como la semejanza de formas (analogía formal), señales tales como el momento de su aparición (visibilidad) inmediatamente después de un episodio de truenos y relámpagos (causalidad), o el hecho de poseer alguna virtud, tal como desprender fuego (chispas) al ser golpeado (analogía funcional). Tales señales características debieron servir , inicialmente, para establecer la vinculación de ciertos tipos de piedras (fósiles) con el rayo y el trueno, por lo que la asociación entre ambos tipos de hechos, se estableció guiándose, fundamentalmente, por el principio de analogía, en unos casos: forma de arma arrojadiza y/o capacidad de producir fuego. Mientras que en otros casos, el vinculo se estableció ateniéndose al principio de causalidad: la aparición a continuación de un episodio de truenos, rayos y relámpagos.

Se han puesto de manifiesta hasta tres tipos de motivaciones distintas y no excluyentes que pudieran haberse dado en la antigüedad para vincular a unos determinados tipos de piedras (fósiles) con el rayo, el relámpago y el trueno, los fenómenos más impresionantes que acompañaban a las tormentas, y temibles por su capacidad de atemorización y por su poder de destrucción.

La primera motivación podría derivar de la circunstancia de que en diversas zonas europeas, debido a las particulares condiciones locales de fosilización, abundaban (y aún abundan) los fósiles de erizos y belemnites que se han conservado en sílex o pedernal, materia que tiene la rara cualidad de desprender chispas cuando se la percute. Por esa misma propiedad al pedernal y al cuarzo también se les relacionó en la antigüedad con el rayo y se les llamó piedra de rayo. De donde podríamos deducir que fue la intrigante capacidad de producir chispas la que habría inducido a creer que ciertos tipos de piedras (silíceas), estaban vinculadas con el fuego, en sus distintas formas: el que cae del cielo (el del rayo), el que mantiene a la família (el del hogar y el campamento) o del que brota del subsuelo (el del magma).


Posteriormente, con la emigración de clanes o individuos portadores de estas creencias hacia otros territorios, la vinculación de tipo regional (zonas escandinavas, bálticas y
 centroeuropeas), se habría hecho extensiva a otras piedras que aunque careciesen de
la capacidad para desprender chispas, por estar constituidas de otro material no silíceo, en cambio, tenían el mismo aspecto (zonas mediterráneas).

Molde interno de equinoideo, constituido por pedernal, acumulado dentro del caparazón de un pequeño erizo de mar, durante el proceso de fosilización (diagénesis)
Imagen: http://www.discoveringfossils.co.uk/flintech.jpg


La segunda motivación podría deberse al hecho de que ciertos tipos de fósiles fueran bastante parecidos a determinados tipos de armas de mano o arrojadizas, de uso corriente en la época prehistórica y antigua, tales como proyectiles de honda (fósiles de formas esferoidales), puntas de jabalina, dardo, venablo o azagaya (fósiles de formas cilindro-cónicos), hachas de mano y cuchillos de pedernal (fósiles de formas triangulares), etc. En este caso el factor desencadenante de la vinculación habría sido el parecido de las formas de los fósiles con el de las armas citadas anteriormente, habiéndosele atribuido a los fósiles la misma función ofensiva, arrojadiza y vulnerante que las armas a las que se asemejaban, pero usadas, supuestamente, por unas manos sobrehumanas, las de ciertos dioses, genios y espíritus tronantes, residentes en el aire y en las nubes que se sentían ofendidas por la conducta de los humanos a loa cuales castigaban.

Representación de un peltasta, soldado mercenario de la infantería romana, especializado en el lanzamiento de jabalinas sobre las tropas enemigas.
Imagen:
http://img.photobucket.com/albums/v245/shumate/P-2.jpg

Una tercera motivación podría ser debida a una interpretación demasiado simplista de la mayor visibilidad de los fósiles, sobre el terreno, tras los episodios de fuertes chaparrones de lluvia torrencial, frecuentemente asociados a impresionantes tormentas, caracterizadas por la manifestación de fenómenos eléctricos, acústicos y luminosos. Al haberse interpretado el afloramiento natural de los fósiles, no como una consecuencia natural de la erosión de los sedimentos o del lavado del suelo que los cubrían, por los fuertes aguaceros, sino como una aparición prodigiosa, debida a la precipitación o lanzamiento desde el cielo, por la mano de la divinidad irritada con los humanos, pues desde antiguo el trueno ha sido, considerado como la voz iracunda de la divinidad del cielo y el rayo como una forma de castigo, cuyo poder mortífero, destructor e incendiario residía en la piedra que formaba su punta, desde esta concepción mítica resultaba bastante lógico pensar que los fósiles se habían precipitado acompañando a los rayos o los truenos que se habían producido, durante el episodio tormentoso, ocurrido previamente.

Los rostros fosilizados de belemnites, liberados por los temporales de lluvia, de su cubierta de sedimentos margosos, destacan sobre el terreno.
Imagen: http://www.discoveringfossils.co.uk/seatown_fossil_24.jpg

Para los fósiles hallados en épocas de calma meteorológica o de sequía, se disponía de otra explicación mágica: se trataba de piedras de rayo que habían retornado a la superficie, tras siete años enterradas, pues según esa leyenda explicativa todas las piedras del rayo cuando chocaban con la superficie del terreno, lo hacían con tanta furia, que penetraban en el suelo, hasta 7 (varas, codos, metros, etc.) de profundidad y a partir de ese momento empezaban a ascender hacia la superficie, a razón de 1 (vara, codo, etc.) por año. De manera que al cabo de 7 años de la caída, volvían a estar de nuevo en la superficie, dispuestas a ser recogidas por las nubes bajas (niebla) o a ascender hacia las nubes de tormenta impulsadas por una fuerza sobrenatural, para una vez alcanzada la nube repetir un nuevo ciclo de caída, enterramiento, ascensos y caída.

Sobre la antigüedad de los nombres populares de los fósiles.
El indicador de la mayor antigüedad de ciertas denominaciones populares, aplicadas a ciertos fósiles, es que éstos estén vinculados con determinadas divinidades paganas, características de la época precristiana, pues como sabemos por documentos antiguos que así lo confirman, la cristianización de la península ibérica se inicia con el siglo IV dC. También sabemos que el proceso de progresiva cristianización de la población peninsular se interrumpe, e incluso se invierte, durante la islamización progresiva, iniciada con el siglo VIII dC. Sabemos que hacia el siglo X, se reinicia el proceso de cristianización en el noroeste peninsular, al iniciarse el proceso de la Reconquista cristiana de los territorios islamizados. Y casi concluye, entre los siglos XIII y XIV, tras el final de la Reconquista, militar y territorial, que no cultural y religiosa pues quedaron importantes comunidades de moriscos en el levante y sur peninsular, la mayoría de los cuales serían expulsados por oponerse a ser asimilados y una minoría asimilados.
De manera que podemos suponer que todos los nombres populares de fósiles que están relacionados con divinidades paganas precristianas, todos ellos usados en las zonas de cultura de influencia euskérica (País Vasco y Navarra) deben ser muy antiguos, posiblemente anteriores a la romanización. Por el contrario, aquellos nombres vinculados con el Dios, los santos y las santas cristianas o con sus enemigos, el diablo y las brujas, deben corresponder al amplio intervalo de cristianización de la península, que abarcaría desde el s. IV al XIV o incluso de aparición en épocas posteriores, s. XV al XIX.


Sobre la interpretación de los nombres populares.

A partir de los distintos nombres populares asignados a los distintos tipos de piedras del rayo, en las diversas regiones peninsulares, se puede deducir, como ciertos objetos totalmente naturales, puede ser interpretados como sobrenaturales y ser considerados como objetos totalmente extraordinarios, al ser relacionado, primeramente, con la acción de una divinidad pagana celeste y posteriormente con la acción de la única y suprema divinidad cristiana, o con buenos espíritus (Santiago Apóstol, santa Lucía) o con espíritus infernales (el diablo y las brujas).
De los nombres populares, también se pueden deducir, algunas creencias antiguas sobre el supuesto origen sobrenatural de algunos tipos de piedras (fósiles) o algunas antiguas creencias sobre sus propiedades extraordinarias, tales como la virtud para alejar la caída del rayo, o la presencia de malos espíritus, de los lugares que presiden y de las personas que las portan.
Además, de los nombres populares se pueden deducir algunos de sus usos populares más comunes y tradicionales, más extendidos y arraigados, como sería su utilización como amuleto protector contra la caída del rayo, contra el mal de ojo y el embrujamiento y su supuesto uso como proyectil en tiempos de antiguas guerras.


Sobre la biodiversidad paleontológica de las piedras de rayo.

Al parecer, desde la más remota antigüedad, sólo los restos fosilizados de cuatro grupos zoológicos han contribuido con su aspecto y presencia, en determinados lugares, al proceso de inspirar la creación de productos culturales de diversas categorías. 
Entre los invertebrados, serían los rostros fosilizados de moluscos cefalópodos (belemnites, ortocerátidos y endocerátidos), los caparazones y moldes internos de los equinodermos (erizos de mar), las valvas articuladas y moldes internos de los braquiópodos (rinconelas y terebrátulas) y entre los vertebrados, los dientes fosilizados de los peces cartilaginosos (seláceos o tiburones). 

Los productos culturales surgidos a partir de las interpretaciones fabulosas de los restos fósiles de determinados organismos vivientes, consistirían en la aparición de distintas creencias imaginarias y supersticiosas sobre su formación o sobre sus supuestas virtudes maravillosas y extraordinarias. La invención de narraciones fantásticas o leyendas explicativas para justificar su origen sobrenatural, así como a la práctica de ciertos usos o rituales como forma de consolidación de diversas tradiciones y costumbres populares, consistentes en los diversos usos protectores de tipo preventivo y/o curativo u otros usos seculares prácticos, p.e. como objetos ornamentales o inspiradores de diseños gráficos decorativos.


Fuentes:
- Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing. 
- Oakley, Kenneth. P. 1985. Decorative and Symbolic Uses of Fossils. Oxford University Press.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. ORD & SAG, 14. Udgivet af Institut for Jysk Sprog og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)
- vv.aa. 1992. Piedras de rayo. Historia Universal Planeta. Barcelona. Editorial Planeta.

sábado, abril 19

El rayo y los fósiles ibéricos (5)

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore español

Una antigua creencia, resistente al paso del tiempo y muy extendida, en la Península ibérica (4)


Las "Piedras de rayo", paleontológicas, en otras zonas ibéricas

En la mayor parte de España igual que sucedió en el resto de Europa, desde la antigüedad hasta mediados del siglo XX se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma mayoritaria y casi exclusiva, a todo tipo de hachas de piedra, prehistóricas, las mismas que los antiguos habían llamado ceraunias, pero también, a las puntas de flecha de pedernal (piedras de centella) e incluso a fragmentos de sílex, procedentes de talleres prehistóricos o de la fabricación moderna de "dientes" de trillos, relativamente, modernos.

Aunque mucho más raramente y bastante localmente, también fueron identificados como las piedras que se suponían caídas del cielo, durante las tronadas, acompañando al rayo, ciertos tipos de fósiles, de aspecto aerodinámico, de forma alargada y de extremo agudo (belemnites) o de forma aplanada, punta aguda y de bordes afilados (dientes fósiles de tiburón) y constituidos por un material masivo y contundente (piedra, pedernal, etc.).
Ambos tipos de morfología, aguda o redondeada, que caracterizaba ciertas clases de objetos condujeron a unas identificaciones que se basaban en antiquísimas creencias religiosas que situaban en el cielo, a divinidades meteorológicas las cuales disponían de armas arrojadizas (flechas, dardos o martillos) que podían lanzar sobre sus enemigos terrestres, como castigo o venganza. Se ha podido comprobar que este tipo de creencias ha existido, hasta tiempos relativamente recientes, en gran parte de África, América, Asia, Europa y Oceanía, es por esa razon que, en todos estos continentes, las piedras talladas en la prehistoria para ser usadas como hachas reales o rituales o ciertos tipos de piedras especiales (fósiles) que se encontraban sobre el terreno, eran consideradas como auténticas “piedras del rayo”.

En 1565 el naturalista, médico y polígrafo suizo, Jakob Gesner (1516-1563) publicó en Zurich un libro titulado “De omni rerum fossilium genere, gemmis, lapidibus, metallis, et huiusmodi”..., en el que describía todo tipo de objetos naturales y artificiales que habían sido encontrados enterrados o sobre la superficie del terreno. En uno de los apartados del libro cataloga y describe como piedras supuestamente caídas del cielo a muy diversos objetos que además son ilustrados gráficamente, entre los que se pueden reconocer, ciertos artefactos prehistóricos (hachas y puntas de flecha) y algunos fósiles (erizos de mar, belemnites, dientes de tiburón, placas y fragmentos columnares de crinoideos, etc.)

Ilustración de la obra de Gesner citada, representando objetos pétreos supuestamente celestes, en la que, a la izquierda, se pueden apreciar 4 fragmentos de belemnites y a la derecha, arriba y abajo placas (asterias) y fragmentos columnares de dos tipos de crinoideos fósiles, arriba de sección circular y abajo estrellada 
Imagen:  http://fossils.edwardtbabinski.us/belemnites_crinoid.gif


Del contenido de esta publicación se puede deducir que en el siglo XVI estaba muy extendida la creencia, incluso entre las clases cultas europeas, de que ciertos objetos (fósiles) caían del cielo y que algunos de ellos lo hacían transportados por el rayo. Estas creencias erroneas se conservaron durante mucho más tiempo entre las clases populares europeas, alcanzando hasta principios o mediados del siglo XX.


Algunas otras “piedra del rayo”, paleontológicas, comunes, en muchas comarcas de la España caliza.

Posiblemente, el nombre popular, más comúnmente usado hasta principios del siglo XX, en toda España y en toda Europa, para referirse a los rostros fosilizados de belemnites que, con cierta frecuencia, se encuentran en los terrenos del Jurásico y del Cretácico, haya sido el de “piedra del rayo”. Las características externas de este tipo de fósiles, coincidían a la perfección con las que se le suponían a las típicas flechas o puntas del rayo: ser de materia pétrea, de superficie lisa y de punta aguda.
Con los belemnites pasó lo mismo que con otros tipos de piedras vinculadas con el rayo, ya citados anteriormente (erizos de mar y braquiópodos fósiles) y también fueron usados como amuletos protectores contra el impacto del rayo, porque la creencia popular en su capacidad para repeler a las demás piedras de su especie, cuando éstas descendían desde el cielo con furia destructiva y mortífera, estaba muy generalizada en la población rural, mayoritaria en España, hasta la década de 1950.

Con la finalidad de alejar la caída de rayos, los belemnites fueron colocados en las zonas mas altas de las techumbres, empotrados en los muros exteriores de los edificios, adosados a las campanas de los hogares de las cocinas o llevados encima por todo tipo de transeúntes, incluidos los animales de carga y los que guiaban los rebaños.



PIEDRAS DEL RAYO EN ANDALUCÍA

Las “puntas de rayo” de las Sierras Subbéticas cordobesas.


En el sur de la provincia de Córdoba, en la comarca de las Sierras Subbéticas, aún se pueden encontrar unas piedras con una forma muy característica, más o menos, semejante a la de un proyectil de fusil, a las que hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, los campesinos llamaban “puntas de rayo”.

Aspecto de varios rostros de belemnites jurásicos, procedentes de la Sierra de San Pedro, de Alcalá la Real (Jaén) considerados por la tradición popular como auténticas “piedras del rayo”.

De aquellas piedras se decía que habían llegado hasta el suelo acompañando al rayo y esta explicación popular y tradicional de su presencia en el lugar, era para ellos mucho creíble que cualquier otra explicación racionalista. Difícilmente hubieran podido aceptar como creíble que en realidad aquellas piedras eran una parte, fosilizada, del esqueleto interno de unos animales marinos que vivieron en mares del Mesozoico, en tiempos del Jurásico al Cretácico, que fueron bastante parecidos, externamente, a los calamares actuales. 

Representación artística del aspecto externo de un grupo de belemnites, nadando en las aguas de un mar jurásico
Imagen:  Belemnites

 Aquellas piedras a las que las personas cultas denominaban, genéricamente, belemnites, cuyo significado literal era el de piedras en forma de dardo, en vida del animal, tuvierona una estructura y una función, muy semejantes a las del "jibión" que aparece en el interior de las sepias actuales, pesar de tener una forma muy diferente.


Aspecto de diversos tipos de puntas de rayo típicas de las sierras subbéticas. 
En primer lugar, las correspondientes a rostros fosilizados del género Acrocoelites sp.,
Imagen: Belemnites 
  
Como los géneros de belemnites que son más frecuentes en las Sierras Subbéticas son: Acrocoelites, Hastites, Belemnitella, Hibolites y Duvalia, hemos de suponer que serían estos géneros de fósiles, los que de forma genérica, hasta principios o mediados del siglo XX, e incluso más tarde, habrían sido conocidas, entre las gentes rústicas de la comarca, con el nombre de "puntas de rayo".
  Aspecto de un rostro de belemnites correspondiente al género Hibolites sp.

Aspecto de un rostro de belemnites, correspondiente al género Duvalia sp.. 





PIEDRAS DEL RAYO EN CATALUNYA


Las “piedras de rayo” del Prepirineo de Lleida.

En las sierras que se extienden en paralelo, al sur de la cordillera de los Pirineos, existentes en las comarcas de la Noguera y del Pallars Jussà, afloran materiales margosos y calizos del jurásico marino que contienen un tipo de piedras, curiosas por su aspecto. Tienen forma de balas de fusil o de cigarro habano y diferentes tamaños, los lugareños de estas comarcas las denominaban, antiguamente, “pedres de llamp” (cast. “piedras de rayo”), pues las creían caídas de las nubes en aquellas ocasiones en que se formaban tormentas de truenos y relámpagos cuando descargaban algunos rayos. 
En realidad se trataba de un tipo de fósiles, procedentes de la fosilización de una parte del esqueleto interno de unos animales marinos parecidos a los calamares actuales, los llamados belemnites.

Como sucedió por esa misma época, en muchos otros lugares, con otras clases de piedras y fósiles relacionados con el rayo, en las comarcas catalanas mencionadas, los belemnites también fueron usados como amuletos protectores con la finalidad de alejar la caída de rayos del entorno de los lugares en los que estos objetos mágicos habían sido  ubicados. De esta manera se confiaba en que se podía evitar  la destrucción, el incendio o la muerte de que era portador el rayo en su caída desde la nube. 

Como en algunos casos ya comentados anteriormente, en realidad, las "piedras" llamadas en las comarcas leridanas de la Noguera y del Pallars Jussà,  “pedres de llamp” eran "rostros" fosilizados de diversas especies de belemnites. Las especies más frecuentes en estas dos zonas son: Atractites sanmigueli, Acrocoelites unisulcatus, Belemnites paxillosus y Passalotheutys sp. Por lo tanto debemos suponer que serían estas cuatro especies las que de forma genérica, hasta principios del siglo XX, e incluso más tarde, las que habrían sido conocidas, entre las gentes "sin estudios" de aquellas comarcas, con el nombre de “pedres de llamp” y utilizadas crédulamente como piedras mágicas protectoras frente al rayo.

Aspecto de tres “pedres de llamp” , típicas de las sierras nogerencas y pallaresas, correspondientes a rostros fosilizados de la especie Belemnites paxillosus 
Imagen: Belemnites 

En la Cataluña rural, antiguamente, las piedras de rayo de cualquier clase, tanto si se trataba de hachas, cuchillos, puntas de flecha prehistóricas de pedernal como si se trataba de fósiles belemnites, además de cómo amuletos protectores contra el rayo, también se usaron en medicina popular, como remedio para cortar las diarreas, sumergiéndolas en el contenido herviente de las ollas puestas al fuego, durante la elaboración de las sopas o de las gachas que debía comer el enfermo.

También se creía que si se pasaban por el lomo del ganado vacuno, se podía prevenir que padeciesen de unas lesiones en la piel causadas por una dolencia denominada "encueramiento". Además se confiaba en que si eran puestas en el nidal de una gallina clueca, cuando estaba empollando, estas piedras favorecían la eclosión de pollitos sanos y de todos los huevos.

Si te apetece practicar, durante un ratito, un alocado rodeo sobre un belemnites virtual, australiano, sin el más mínimo riesgo de sufrir un revolcón, deberás "clicar" aquí 
Imagen: Rodeo 



Fósiles ibéricos vinculados con el rayo, por el folklore portugués.


En la mayor parte de Portugal de igual manera que sucedió en España, normalmente, se aplicó la denominación “piedras del rayo”, de forma casi exclusiva, a las hachas de piedra pulida, prehistóricas, pero a pesar de eso, muy localmente, esa misma denominación también incluyó a un cierto tipo de fósiles, de forma alargada y más o menos puntiaguda: los rostros fosilizados de cefalópodos, paleozoicos, y los dientes fosilizados tiburón, miocenos, pertenecientes a diversos géneros.


Las "piedras de rayo" portuguesas, de la zona septentrional. 

En la pequeña localidad de Canelas, situada en el Distrito de Aveiro y agregada al municipio de Arouca, antiguamente, se denominaba "faíscas", nombre portugués equivalente a chispas, centellas o rayos, en castellano, a unos objetos aplastados, de forma cónica, tronco-cónica o redondeada de un color rojo intenso, rojizo-amarillento y aspecto térreo o de color dorado, con brillo metálico y muy relucientes que a veces, resultaba chispeantes. Esos raros objetos aparecían incluidos, sólo, en las pizarras ordovícicas, ampliamente, usadas en la región para construcción de muros y techado de los edificios.
Ese tipo de inclusiones que en realidad eran los restos fósiles de endoceratoideos ortocerátidos y ortocéridos, deformados por los procesos de metamorfismo, solamente, se hallaban en algunas de las superficies de exfoliación, más frescas, de las pizarras, en las que contrastando con el color ocuro casi negro de las pizarras, aparecían mostrando un aspecto extraordinario. La apariencia tan inusual de estos objetos fue la principal razón, por la que los paisanos las interpretaban como chispas caidas de las nubes, en los días de tormenta, que habían quedado atrapadas en el interior de la piedra que constituía la pizarra.

Las maravillosas "faiscas", en realidad, sólo eran "simples" rostros limonitizados o piritizados, de antiquísimos moluscos cefalópodos, nautiloideos, de tipo endoceratoideos y ortocerátitidos, que habían vivido durante el Oretaniano 
(Ordovícico Medio) portugués y cuyos cadáveres al descomponerse sobre el fondo, dejaban sus rostros como testimonio que iban siendo recubiertos por limo marino.

Aspecto del enorme molde externo, dejado por el rostro piritizado, de un gigantesco ortocerátido. El rostro hoy ha desaparecido por limonitación y erosión-disolución posterior de la limonita. Pertenece al genero Cameroceras sp., un cefalópodo, nautiloideo de concha recta, del Ordovícico Medio (470 MA), ejemplar procedente de Canelas, Arouca, Portugal. Fotografía de Sergio
Imagen: Cameroceras


Las "piedras de rayo", portuguesas, de la zona central y meridional
.

Antiguamente, en la región de Lisboa y en la península de Setúbal, en el centro de Portugal y también en el sur, en la región del Algarve, los dientes fósiles de tiburón que eran buscados y encontrados en los terrenos miocénicos, tradicionalmente, fueron considerados como auténticas y verdaderas “piedras de rayo”, siendo conocidos y denominados por los pobladores de las zonas portuguesas, antes mencionadas, como “pedras-do-raio” o “pedras de raio”.

Aspecto de un amuleto infantil, usado como protector contra el mal de ojo, confeccionado con un diente fósil de escualo engarzado en plata y sujeto a una cadenilla y anilla del mismo metal. Seguramente, tal disposición era para poder ser llevado colgando del cuello o de la ropa
Imagen: Alarcón Román, Concha, Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español, 1987


Como a los dientes fósiles de tiburón, antiguamente, se les creía piedras aéreas se suponía que debían estar dotadas de "virtud". Se las creía poseedoras de una enorme energía por haber estado en contacto con el temible rayo, y, además, debido a su forma aguda, se las creía capaces de efectos defensivos-ofensivos, contra ahojeadores y encantamientos. 

Hasta mediados del siglo XX se usaron para prevenir hechizos y para repeler el "mal de ojo" causado por ciertas personas que tenían la capacidad de "fascinar", es decir de causar cierto tipo de mal, a distancia, mediante sus “malas miradas”. Para protegerse del "mal de ojo" y de sus perversos efectos, la gente los buscaba con ainco, en el campo y en las tierras cultivadas, donde se los recogía reverencialmente, para luego confeccionar amuletos protectores con ellas, supuestamente, muy efectivos contra embrujamientos procedentes de los aojadores.

Como se sabía que las personas más susceptibles, a las enfermedades eran los niños pequeños, se acostumbraba a colgarles del cuello, los dientes fósiles de tiburones, miocénicos, con la finalidad de que su salud estuviera protegida contra los efectos de los encantamientos causados por el “mal de ojo”. 
En las zonas rurales, de Portugal, el uso apotropaico de este tipo de dientes fósiles, se mantuvo hasta épocas, relativamente, muy recientes.
Los dientes fósiles de tiburón, utilizados como amuleto, en la mitad inferior de Portugal, correspondían a diversas especies de escualos miocenos, tales como: Carcharias taurus, Carcharocles megalodon, Galeocerdo aduncus, Hemipristis serra, Isurus hastalis y otras que no han podido ser identificadas.

Aspecto de diversas “pedras-do-raio” correspondientes a dientes fósiles de Isurus hastalis
Imagen: CEP Alcalá


Fuentes:

- Abreu, A. & J. C. Gutiérrez-Marco (Eds.), 2006, Trilobites gigantes das ardósias de Canelas (Arouca), Madrid, Ardósias Valério & Figueiredo, Lda.
- Alarcón Román, Concha, 1987. Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español,
- Amades Gelats, Joan. 1951. “Piedras de virtud”. Revista de dialectología y tradiciones populares, VII, 1. Madrid. Pàg. 84-131.
- Calzada, S. 1981. Niveles de Braquiópodos del Lias de Camarasa (Lérida). Cuadernos de Geologia, 10, p. 197-211. Granada.
- De Galdo, Manuel. 1856. Manual de historia natural. Madrid. Imprenta de José Rodriguez , p.487
- Institut d’Estudis Catalans. 1997. Diccionari de Geologia, Barcelona, Enciclopèdia Catalana, - Nuñez de Taboada, Melchor Manuel. 1859. Diccionario de Francés-Español y Español-Francés. París. Rey y Belhatte Libreros-Edtores. Página 93.
- Sá, Artur A. & Gutiérrez-Marco, Juan Carlos 2009 Cefalópodos del Ordovícico Medio de la Formación Valongo, norte de Portugal, GEOGACETA, 47, X (9-12)
http://www.sociedadgeologica.es/archivos/geogacetas/geo47/art03.pdf
- Valério, Manuel, de Ardósias Valério & Figueiredo, de Canelas. Comunicación personal.
- Varela Gomes, Màrio. 2002. "O dente fóssil (Glossopetra) en A necrópole visigótica do Poço dos Mouros (Silves)". Revista portuguesa de arqueologia, Vol. 5, Nº. 2, pags. 339-391
- Vega, Manuel. Belemnites (Subclase Coleoidea) de las sierras Subbéticas cordobesas. http://es.geocities.com/paleontofilo/belemnites.htm