viernes, octubre 2

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (24)

 por Heraclio ASTUDILLO-POMBO

Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con diversos santos y santas (14)  

Recuperación de reliquias de mártires y santos cordobeses (1)

Introducción  

Después de la definitiva reconquista cristiana de los últimos territorios peninsulares, más fuertemente islamizados y más intensamente aculturados por los "moros", a finales del siglo XV, los cristianos mozárabes y los repobladores llegados de territorios liberados de la dominación musulmana, en siglos anteriores, sintieron la imperiosa necesidad espiritual y la obligación moral de recuperar la anterior normalidad religiosa, perdida durante la larga ocupación y dominación musulmana.

Ese movimiento social-religioso se materializó en diversas zonas de Andalucía, presentando unas peculiaridades muy especialmente en la región de Córdoba, debido a su gran número de mártires. Durante los siglos XVI y XVII los católicos de la región cordobesa, sintieron la necesidad urgente de recuperar los restos ausentes de los mártires locales, ejecutados en la época romana (s. IV), los cuales eran bien conocidos, muy apreciados y muy venerados como santos, antes de la invasión islámica. La jerarquía eclesiástica y el pueblo llano consideraron que la recuperación de las reliquias de los santos y mártires cordobeses, debía ser uno de los primeros pasos en la recristianización del territorio cordobés y andaluz recién arrebatado a los mahometanos. Pero también se impusieron como una misión piadosa importante la recuperación de los restos mortales de muchos otros mártires anónimos, ejecutados por los gobernantes musulmanes durante el periodo de dominio mahometano o muertos en enfrentamientos armados al oponerse, frontalmente, a la islamización forzosa. 

Los católicos cordobeses iniciaron en el siglo XVI, mantuvieron durante el XVII, e incluso prologaron durante el s. XVIII, una larga campaña popular de búsqueda y recuperación de supuestos vestigios óseos humanos de antiguos mártires. Tal vez el inicio de aquel proceso de activismo religioso y social tuvo como inspiración e impulso los escritos apologéticos de dos antiguos "activistas" religiosos: Eulogio de Córdoba, (800-859) y Álbaro de Córdoba (800-861). Sus escritos enaltecían la valentía de los mártires al enfrentarse, pacíficamente, a los dominadores musulmanes, en la época del emirato cordobés (S. IX), enalteciendo el valor  espiritual del sacrificio personal y la función promocional del martirio como un medio rápido, aunque aterrador y doloroso, de poder desprenderse del cuerpo mortal para alcanzar la gloria eterna celestial. Eulogio registró una lista de mártires mozárabes que en poco tiempo fueron declarados santos, a todos los efectos, por la Iglesia. Los restos de todos ellos se conservarían y venerarían en la iglesia de san Pedro, hasta que el inminente peligro de su robo o destrucción, por parte de los gobernantes musulmanes, aconsejó su ocultamiento en el subsuelo de la base de una torre de aquella basílica.

El objetivo de la campaña popular de búsqueda y recuperación de huesos de mártires, consistía en tratar de recuperar, con urgencia, unas antiguas reliquias óseas que, supuestamente, habrían pertenecido a cristianos asesinados por los "paganos" por defender las creencias y prácticas cristiana, de forma pacífica. Reliquias robadas por los "moros" de unos mártires, confirmados como santos, muchos siglos antes, en tiempos preislámicos, cristianos ejecutados por los paganos romanos o por los invasores bárbaros. También los restos que habrían pertenecido a cristianos asesinados por los "moros", en tiempos mucho más cercanos, por defender las creencias y prácticas cristiana, de forma pacífica o violenta. Los huesos de todos aquellos mártires que murieron torturados o asesinados por haberse negado a renegar de su religión cristiana, unos conocidos y otros, completamente, anónimos, debían ser encontrados, recuperados y depositados en los lugares apropiados a su distinto estatus religioso, unos restituidos en las iglesias correspondientes donde fueron venerados y los otros en los osarios más cercanos. 


Si nos olvidamos de que este grabado antiguo representa la ciudad de Toledo, y sus alrededores, e imaginamos que no conocemos, en detalle, el paisaje de la ciudad de Córdoba, podríamos imaginar que el pequeño grupo de personas que, aparece representado a la derecha del grabado, está explorando el terreno a la búsqueda de huesos sagrados que poder rescatar y trasladar al lugar adecuado, de acuerdo con su categoría. Imagen: 
https://dialnet.unirioja.es/recursos/imagen?entidad=EJEMPLAR&tipo_contenido=90&ejemplar=337578

Durante los dos siglos dedicados a la larga campaña de rescate popular de reliquias de mártires, se pretendía lograr localizar y recuperar las reliquias de algunos santos mártires de tiempos "antiguos", bien conocidos y muy venerados por una gran cantidad de devotos andaluces y cordobeses, cuyas reliquias habían sido robadas de los templos cristianos en los que se veneraban, por los musulmanes, quienes las hicieron desaparecer, enterrándolas o arrojándolas en ciertos lugares despoblados, de la periferia rural o natural. Con la finalidad de que sus devotos no pudieran seguir rindiéndole culto y acabaran por olvidarlas, pues los sacrílegos ladrones creían que les resultaría mucho más fácil conseguir islamizar a los cristianos de los territorios conquistados, una vez hubieran sido despojados de sus templos, convertidos en mezquitas, de sus clérigos, encarcelados o muertos, desposeídos de las imágenes de sus santos, destruidas, de sus reliquias, desaparecidas y de sus ritos religiosos, prohibidos. 

Las búsquedas y rescates populares de restos óseos sagrados, asociados a santos "mártires" conocidos y venerados se produjeron, inicialmente, de forma sistemática y orientada por el testimonio de algunos testigos, involuntarios, o de arrepentidos implicados en su desaparición, pero también se produjeron algunos hallazgos de manera casual, por señales celestiales que señalaban su ubicación y permitieron su localización, a veces, mientras se practicaban labores rurales cotidianas, en campo abierto: laboreo agrícola, excavación o limpieza de pozos, pastoreo, caza, pesca, ir a lavar ropa en el río, recolección de frutos silvestres y de leña muerta, etc. 

La finalidad principal de la recolecta ósea de los supuestos "huesos de mártires" anónimos, era la de poder depositar aquellos sagrados "huesos de cristianos", sacrificados por los moros en lugares apropiados para el reposo eterno de sus almas, donde pudieran recibir atenciones dirigidas a su conservación y veneración. Los restos de los mártires anónimos, por supuesto santos, al ser de identidad desconocida se fueron depositando en los amplios osarios, monacales o conventuales, donde también se guardaba huesos de los antiguos miembros de la comunidad religiosa desalojados de sus tumbas primitivas para su reutilización. Los osarios eran considerados tumbas secundarias, en las que se acumulaban, conservaban y exponían huesos humanos de religiosos y cristianos, a los que se prestaba cierta atención religiosa, realizándose oficios litúrgicos, específicos para difuntos, y manifestando respeto social en visitas piadosas anuales.

Aspecto de una zona del osario parroquial, medieval, de la iglesia de Notre-Dame de Boulogne-sur-Mer (Pas-de-Calais) en Francia. En este caso particular, los huesos muestran bastante desorden, no han sido ordenados de manera estética como en aquellos otros que reciben muchas visitas. Imagen: https://journals.openedition.org/archeomed/41932?lang=en

En los casos de recuperación de supuestos restos óseos de santos bien conocidos y muy venerados, los huesos hallados fueron devueltos a los diversos templos parroquiales, conventos, monasterios o ermitas, si no habían sido destruidos por los mahometanos, en donde habían sido venerados en la época anterior a la invasión, ocupación y dominación musulmana. 

Aspecto de un conjunto ordenado de numerosos fragmentos óseos humanos, grandes y pequeños, que datan de enterramientos de los siglos XII al XV, hallados excavando en la segunda cripta de la Catedral de Palencia, bajo la capilla de San Isidro. Durante las obras de rehabilitación de 2023. Se muestran dispuestos para su estudio antropológico, forense, por personal experto en este tipo de investigación. Imagen: https://www.elnortedecastilla.es/palencia/alumnos-cuatro-paises-analizan-20000-fragmentos-oseos-20250618071033-nt.html

Mediante la práctica de las diferentes actividades "hagiosteofílicas", realizadas en el campo o en los osarios, los católicos más piadosos, procuraban resultar gratos a Dios, al poner en práctica dos de las catorce "Obras de Misericordia": "Enterrar o dar sepultura a los muertos" (7ª O.M. corporal) y "Rogar a Dios por los vivos y difuntos." (7ª O.M. espiritual). De esta manera, mediante la realización de estas acciones piadosas individuales o grupales, esperaban ganar y acumular méritos espirituales, ante los ojos de Dios.

La mentalidad de la gente de aquella época parece concordar con el contenido del siguiente párrafo, escrito por el profesor Francisco Núñez Roldán: "En los siglos XVI y XVII, Dios estaba en todas partes y ocupaba todas las horas de las personas. Todo se hacía en su nombre y sucedía por su voluntad. Nada de lo humano le era  ajeno. Nada de lo divino le era extraño. Todo era religión."

"Huesos de santo" y/o "huesos de mártir" 

Durante los tiempos finales de la Edad Media (ss. XIV), durante la época del Renacimiento (ss. XV-XVI), e incluso durante la el Barroco (ss. XVII) en los territorios cristianos de sur de la Península ibérica, existía la firme creencia popular de que los fragmentos de hueso o los huesos completos, de tamaño y aspecto semejantes a los huesos humano que eran hallados en el campo abierto, enterrados o semienterrados, en estado "petrificado", pertenecían a humanos muertos en " tiempos antiguos". Tales supuestos se basaban en sus características morfológicas humanoides y en su mayor dureza, pesadez y, a veces, con la presencia de costras o rellenos minerales. Además, según fuera su tamaño, eran atribuidos a cristianos de diferentes edades: niños, adolescentes o adultos. Se daba como hecho cierto que habían muerto, violentamente en campo abierto o que sus restos mortales había sido trasladados y arrojados a eses lugar, por los moros, para evitar su localización, recogida, veneración e imitación por parte de otros cristianos. En cualquier caso, había sido asesinados por los invasores mahometanos, a causa de no haber querido renunciar a sus creencias y prácticas religiosas cristianas.  


Reproducción mural, en azulejos cerámicos
, del conocido cuadro del artista Ángel María de Barcía que pintó en 1870. Representa a los santos mártires más conocidos de Córdoba. Monumento conmemorativo colocado en el Antiguo Patio del Seminario, en 1925, hoy transformado en residencia o Casa Sacerdotal, de Córdoba.   Imagen: https://retabloceramico.org/wp-content/uploads/2023/02/03338-1.jpg 

Tras la reconquista cristiana del territorio, en la zona peninsular cordobesa (ss. XVI-XVII), las personas más piadosas, impulsadas por el afán de ganar méritos espirituales que les facilitasen su acceso a la Gloria eterna, influenciadas por sermones o lecturas clericales que relataban la valentía y compromiso de los cristianos andaluces martirizados y ajusticiados por los moros, cuyos restos mortales habían sido destruidos u ocultados por sus verdugos, participaron en activas campañas de búsqueda y recogida de huesos supuestamente humanos. Personas aisladas o pequeños grupos, influidas por sus aspiraciones celestiales, influenciadas por el discurso eclesiástico e inspiradas por las evidencias osteológicas, antes comentadas, se dedicaron a practicar una curiosa actividad piadosa, popular, consistente en salir al campo a buscar y recoger aquellos huesos anónimos, de aspecto vagamente o claramente humano, hallados en su tiempo festivo o mientras realizaban labores diversas en campo abierto, para llevarlos hasta algún lugar apropiado para su recepción y conservación, donde poder depositarlos. 

Podríamos imaginar que este anciano está intentando descubrir a quién pudo pertenecer este cráneo, mediante la inspiración divina, la reflexión personal y la documentación en textos religiosos antiguos. Este cuadro, fechado en el primer tercio del siglo XVI, es atribuido al pintor flamenco Joos van Cleve (c. 1485 – c. 1540), esta pintura sobre tabla ha sido identificada por los especialistas como una representación de San Jerónimo. Imagen: https://www.museosdetenerife.org/blog/articulo-de-divulgacion-algo-mas-que-un-indolente-anciano-jugueteando-con-un-craneo-por-jose-manuel-padrino-barrera/

Aquellos restos óseos, de apariencia humana, que fueron hallados, en campo abierto, tras una búsqueda minuciosa o de manera casual, que no fueron señalados signos celestiales ni manifestaron señales extraordinarias, se les denominaba, popularmente, "hueso de mártir". Cuando el hueso o huesos, de apariencia humana, eran hallados en circunstancias muy especiales, consideradas extraordinarias, o manifestaban propiedades extraordinarias, como luminiscencia o desprendían un olor perfumado, se les denominaba, popularmente, "hueso de santo". Los huesos de la primera clase estaban destinados a los osarios, pues no manifestaban virtudes que dieran a entender que tenían poderes sobrenaturales. Los de la segunda clase, solían ser acogidos en conventos y ermitas, a la espera de que se manifestase, milagrosamente, a qué santa persona habían pertenecido aquellos huesos.

Retablo barroco de la capilla de los Santos Mártires de Córdoba, en la iglesia de San Pedro de Córdoba, donde se hallaron sus reliquias enterradas en la base de una torre, en 1575. En el centro, por encima del sagrario, una artística urna barroca de plata, del siglo XVIII, contiene las reliquias óseas, muy fragmentarias, de 26 personas, de ambos sexos, con dos cronologías. Restos de supuestos mártires antiguos de la época romana, imperial, o visigótica y de mártires menos antiguos,  de la época musulmana califal. Autor de la fotografía: Lancastermerrin88 octubre de 2009. Imagen: Wikipedia:   https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retablo_de_la_capilla_de_los_Santos_M%C3%A1rtires._Iglesia_de_San_Pedro_de_C%C3%B3rdoba.JPG

Como quizás haya podido intuir el/la lector/a perspicaz, reflexivo/a o experimentado/a, no siempre es fácil reconocer la verdadera identidad de ciertos tipos de huesos, "de apariencia humana" con una total certeza, especialmente cuando están incompletos y cuando no se es un experto, con amplia experiencia, en anatomía osteológica comparada. Especialmente cuando son fragmentos o son muy pequeños. Existen pequeños detalles, que son muy importantes indicadores, que pueden ser ignorados y pasados por alto por observadores no entrenados en tales actividades de comparación o por interpretadores, no expertos, que además pueda resultar excesivamente optimistas, confiados, crédulos o demasiado competitivo en su misión rescatadora de huesos sagrados. En tales circunstancias, con frecuencia, el error de identificación está casi asegurado, con un margen de acierto muy variable. 

Parece posible que, involuntariamente e inconscientemente, pudieran haber sido recogidos, por error, algunos huesos de fauna fósil o contemporánea que por falta de control o de revisión experta, hubieran podido acabar depositados en osarios parroquiales, conventuales o monacales, resultando mezclados con huesos humanos. Menos probable es que ese tipo de huesos hubiese podido alcanzar, directamente o indirectamente, el ingreso en los "reliquiarios" conventuales o monacales, donde podrían haber acabado incorporados en los relicarios personales de ciertos santos o santas "con nombre y apellido" conocido y por tanto siendo venerados como huesos humanos de personajes sagrados.

Algunos casos ibéricos de reliquias óseas, no humanas, que formaron parte de relicarios de santos venerados en diversos santuarios

Por el conocimiento personal de algunos casos de reliquias óseas, de naturaleza no humana, que se incorporaron en relicarios de determinados santos que pudieron ser conocidos, años atrás, que fueron publicados en este blog, en 2014, se ha podido comprobar que algunos huesos fósiles de diversos animales vertebrados, prehistóricos, pasaron a ser incorporados en los osarios conventuales y desde esos depósitos habrían pasado a formar parte de algunos relicarios dedicados a la veneración de algunos santos. Este fue el caso de dos huesos de animales prehistóricos: una falange de bisonte estepario y una "fúrcula" de ave, indeterminada, que formaban parte de dos conjuntos de huesos humanos contenidos en sendos relicarios. El primer hueso fósil, de un bóvido pleistoceno, dentro de un relicario correspondientes a un santo innominado y el segundo hueso fósil, de un ave, dentro de un relicario correspondientes a una santa, también innominada. Ambos contenedores de restos humanos sagrados formaban parte de la colección de relicarios de santos y santas del convento y santuario de Ntra. Sra. de la Caridad, en la localidad toledana de Illescas (Astudillo 2014 a y b), Tales vestigios zoológicos, fósiles, fueron conservados y venerados, como si se tratara de auténticos restos corporales de personas humanas, consideradas santa o sagradas. Por consiguiente, conservados y expuestos a la veneración popular en el interior de sendos recipientes artísticos, los respectivos relicarios. Es muy posible que aunque, en realidad, se tratara de falsas reliquias, no había intención de fraude, sino el resultado de gran un error de interpretación y atribución, como resultado de la total incompetencia como experto identificador de restos humanos de la persona encargada de certificar su autenticidad. En opinión del profesor Emiliano Aguirre, de haberse podido llevar a cabo un estudio científico pormenorizado de toda la colección de relicarios de aquel convento, posiblemente, habrían aparecido más huesos fósiles santificados por el error de identificación. Desafortunadamente, no se pudo llevar a término ese viejo proyecto del profesor Aguirre.

Otro caso ibérico, mucho más conocido, por los interesados en las falsas reliquias católicas, es el de las reliquias óseas de san Cristóbal, el legendario santo, supuestamente, gigante, cuyos molares, vértebras o fragmentos de costillas y de mandíbula, atribuidas al santo gigante, en realidad, su verdadero origen estaría en el cuerpo de algún proboscidio prehistórico o de una ballena contemporánea. 

Continuará próximamente

lunes, septiembre 21

Decimonoveno Aniversario del blog FFI

 El pasado 30 de agosto se cumplió el DECIMONOVENO ANIVERSARIO del blog FOLKLORE DE LOS FÓSILES IBÉRICOS (30 de agosto de 2007 - 30 de agosto de 2026)  

Parece que fue anteayer cuando, ya hace un año, se repasó someramente la aventura bloguera, vivida por el equipo multidisciplinar unipersonal que la inició hace ahora 19 años. Se mencionaron algunos de los desafíos que fueron superados, también algunos de los logros alcanzados y algunos de los desencuentros existentes en las relaciones asimétricas, establecidas entre el blog y los visitantes, ocasionales o habituales. 
Si algún/a visitante novat@ siente una gran curiosidad por conocer todo aquello que se expuso, o algún otr@ habitual quiere recordar aquello que se manifestó, pueden saciar su curiosidad o refrescar la memoria siguiendo los siguientes vínculos: 
1ª parte: https://folklore-fosiles-ibericos.blogspot.com/2025/09/decimoctavo-aniversario-del-blog-ffi-1.html 
2ª parte:  https://folklore-fosiles-ibericos.blogspot.com/2025/09/decimoctavo-aniversario-del-blog-ffi-2.html

Una sencilla corona vegetal y tres estrellas es una condecoración que no está nada mal para recompensar un esfuerzo de 19 años
Imagen: https://i.pinimg.com/736x/96/6e/55/966e5539731d5c5832f3545c57d7e918.jpg

Como ya anunció el equipo multidisciplinar unipersonal que mantiene vivo este bloc, en las dos entradas conmemorativas del 18º aniversario, publicadas en septiembre y octubre del pasado año, la humilde pretensión es conseguir continuar manteniendo el blog FFI en las mismas condiciones de productividad, originalidad y regularidad que se ha alcanzado en la actualidad. Fijándose como probable fecha, aproximada, de fin del recorrido bloguero diciembre de 2027, habiendo alcanzado y superado los  20 años de edad o antigüedad, habiendo celebrado el 20º aniversario. 

Tal vez no sea posible realizar una clausura abrupta del blog, en la fecha prevista, puesto que se pretende vaciar el máximo de contenidos totalmente acabados en forma de entradas suficientemente interesantes y listas para ser publicadas. Que por algún motivo imprevisto, aún pudieran estar en la cola de publicación próxima, en la fecha de cierre y  que no hubieran podido salir la luz cuando estaba previsto. O aquellas otras de gran novedad que se hayan generado, recientemente y cuyo contenido por relevancia y novedad pudieran resultar superinteresantes para l@s segidores/as regulares del blog FFI.

Persona mayor consultando libros y tomando notas. Imagen: https://elements.envato.com/es/close-up-shot-of-senior-old-man-in-glasses-holding-T689G2M

Llegados a esto punto del discurso, como un servidor ya es bastante mayor y en su práctica docente ya conoció y experimentó como funciona la dinámica de grupos y, además, consciente de haber  insistido, lo suficiente, sobre los mismos puntos de luces y sombras del recorrido vital del blog en las anteriores conmemoraciones anuales, hoy no va a insistirse de nuevo sobre ello, para no alargar más, innecesariamente, el discurso conmemorativo. Que es bien sabido que tod@s estamos muy ocupados, de manera que quiero favorecer la posibilidad de puedan irse a realizar actividades alternativas, más prioritarias y así puedan aprovechar mejor su tiempo personal, no laboral, invirtiéndolo en ocupaciones verdaderamente provechosas y mejor consideradas.

viernes, agosto 21

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (23)

por Heraclio ASTUDILLO-POMBO

Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con diversos santos y santas (13)  

Introducción

Se prosigue con la presentación de aquellos fósiles ibéricos vinculados por la religiosidad popular con diversos santos y santas, por motivos variopintos, muchos de ellos tan subjetivos como discutibles, pero la mentalidad popular y la tradición, con frecuencia, defienden y pretenden justificar aquello que es injustificable desde un punto de vista racional. En la entrada de hoy se presenta dos tipos de fósiles ibéricos, relacionados por la fantasía popular con un santo anónimo o con varios santos inconcretos.

Sobre unos extraños “dientes de santo” usados, antaño, en Linares (Jaén, Andalucía), con propósitos sanitarios

Los llamados, popularmente, “dientes de santo” en Linares (Jaén), a pesar de su precisa denominación, sin embargo, no eran los dientes de ningún personaje humano, sacralizado por la Iglesia o por la religiosidad popular. En realidad, se trataba de los dientes fósiles de ciertos peces marinos cartilaginosos de tiempos prehistóricos, concretamente, eran los despojos fosilizados de algunos escualos o tiburones que, hace entre 23 y 5,3 millones de años, habían habitado el mar que, entonces, recubría estas tierras, hoy emergidas. 

Estos antiguos dientes acostumbran a ser los únicos despojos corporales de ese tipo de peces marinos, que pueden conservarse por fosilización. En la actualidad, igual que sucedía antiguamente, pueden ser hallados incluidos en cierto tipo de materiales geológicos sedimentarios del Mioceno marino. Concretamente en las arcillas marinas o margas, existentes en la localidad jienense, donde este tipo de fósiles podían ser hallados, casualmente, con relativa frecuencia, cuando se realizaba una búsqueda persistente y concienzuda de este tipo de objetos supersticiosos. 

Arriba, derecha: Aspecto de un diente fósil del tiburón de la especie Isurus hastalis. Antigüedad: 11- 15 millones de años (Mioceno). El ejemplar mostrado en la fotografía procede de California (USA)  

Imagen: Origen mineral   https://www.origenmineral.com/producto/diente-isurus-hastalis

Abajo, izquierda: Aspecto de un diente fósil del tiburón de la especie Otodus obliquus de gran tamaño, que vivió durante el Paleoceno y el Eoceno, hace entre 45 y 55 millones de años. Procedencia: Khourigba, Marruecos. Imagen: https://cartagenero.es/doo/

Según nos informó el profesor Eladio Liñán "Los géneros de seláceos cuyos restos resultan más abundantes en las arcillas miocenas de Linares, son Isurus y Lamna" [Otodus], y por tanto, sus dientes serían los hallazgos dentarios más frecuentes. Su recolección nutriría la confección artesanal del amuleto denominado "diente de santo". Un sencillo objeto mágico-protector destinado a proteger la formación dental de los habitantes más pequeños de la localidad y sus alrededores. Una práctica popular supersticiosa que se mantuvo vigente hasta mediados del siglo XX.

Reconstrucción hipotética del aspecto que el tiburón Isurus hastalis pudo haber tenido en vida. Ilustración de Lutz Andrés. Imagen: https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSebwk-PYumNCzzWbOBkkjb4PtUWR-oc2--ai1QzLUAfq7VozaTw7jFUww&s=10

Reconstrucción hipotética del aspecto que el tiburón Otodus obliquus, ancestro del megalodón  pudo haber tenido en vida. Ilustración de Brawniac. Imagen: https://cults3d.com/es/modelo-3d/arte/otodus-obliquus-prehistoric-shark-ancestor-of-megalodon?srsltid=AfmBOoo9LcTHTnDqWGDZPJt10tZM0CdujrT1ES8NV-FYqhS4s90kVMU5

La creencia popular atribuía virtudes sobrenaturales a estos dientes fosilizados, hallados semienterrados en la arcilla del campo o limpios y visibles sobre les depresiones del terreno, después de resultar lavados y arrastrados por la lluvia intensa. Posiblemente, sus virtudes se debían a una atribución popular de tipo histórico-religioso, suponiéndole un origen humano impersonal, pues no estaban vinculados con ningún santo en particular. Muy  probablemente se relacionaban con la dentadura de algún cristiano martirizado, en la antigüedad, por los paganos y que, por tal motivo, se había conservado prodigiosamente. Debido a esta serie de atribuciones populares y supuestas virtudes benéficas se usaron como amuletos protectores de tipo sanitario, utilizándose con la finalidad de acelerar la formación de la primera dentición en los niños pequeños. 

Aspecto de un amuleto infantil, usado como protector contra el mal de ojo, confeccionado con un diente fósil de escualo engarzado en plata y sujeto a una cadenilla y anilla del mismo metal. Seguramente, tal disposición era para poder ser llevado colgando del cuello o sujeto a la ropa
Imagen: Alarcón Román, Concha, Catálogo de Amuletos del Museo del Pueblo Español, 1987.

Para conseguir los efectos deseados, los niños más pequeños los llevaban colgados del cuello, mediante un cordoncito o cadenita, o bien, contenidos en el interior de una bolsita-escapulario de tela, suspendida del cuello, procedimiento más efectivo para evitar erosiones, punciones o cortes en la sensible piel de l@s niñ@s portadores, causados por los bodes afilados o las puntas agudas de los dientes fósiles de tiburón.   
 
Bolsita escapulario de tela, de forma rectangular, con cordón para colgar del cuello Imagen: Todo coleccion:   https://cloud10.todocoleccion.online/antiguedades/tc/2022/07/06/14/348842010_427461315.jpg

Los adultos que promovían este tipo de uso supersticioso de los dientes  fósiles de tiburón, actuaban impulsados por su mentalidad mágica, el convencimiento personal de que era un objeto virtuoso y la fe ciega religiosa de que por efecto de su influencia milagrosa, los dientes de leche del niño o niña, portador de aquella supuesta reliquia aparecerían con rapidez, sin molestias y con gran perfección, como resultado del influjo benéfico y milagroso, favorable, de aquellos prodigiosos “dientes de santo” que llevaba colgados al cuello.

Al intentar relacionar el objeto natural con su nombre popular, nos pareció que no tenía ningún sentido, que tal denominación era muy inapropiada, pues no tenía ninguna semejanza con un diente humano. Pero se intentó resituar el "problema" de la aparente incoherencia de la denominación, teniendo en cuenta, ahora,  que el principio de analogía o semejanza es el más ampliamente utilizado en la interpretación e identificación popular de restos fósiles. Se exploró esta posibilidad, forzando las posibles similitudes existentes entre el fósil y el diente de un humano. Se descartaron los dientes con más de una raíz, molares y premolares y los caninos por tener dos extremos agudos. Quedaron los dientes incisivos, que además son los primeros dientes de leche que brotan en la dentadura infantil, como los que presentaban una menor disimilitud con los dientes de tiburón, fósiles.

Aspecto de los cuatro tipos de dientes que constituyen la dentadura humana 
https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQdcrVelCpG0dVqwrjodk9dAvCAsgNqJKS7W1SHZ0RO-A&s=10

Si se comparan las tres imágenes dentales, mostradas más arriba, puede llegar a encontrarse una cierta semejanza básica en la forma general entre sendos tipos de dientes. Tanto los dos dientes de tiburón como el incisivo humano son triangulares, con un extremo agudo y el opuesto recto o cóncavo. Tal vez, estas mínimas similitudes en la forma general, habrían sido suficientes para establecer relaciones de parentesco y de simpatía prodigiosa que habrían podido influir en la interpretación y atribución popular, atribuyendo un origen antropogénico e inspirando el uso sanitario popular a los dientes fósiles de tiburón hallados en el campo. Considerándolos un objeto milagroso, capaz de potenciar, muy favorablemente, la formación y perfección de la primera dentición infantil. 

Aspecto de un diente incisivo humano, completo, siendo visibles sus dos partes, arriba la "raíz" ósea, marfileña, que, en condiciones normales no resulta visible por permanecer oculta en el correspondiente alveolo dentario del maxilar  correspondiente y, abajo, la corona, de color blanco, reluciente, por estar recubierta del esmalte protector blanco, esta parte del diente es la que, normalmente,  resulta visible, por ser externa. 
Imagen: Recorte de captura de pantalla: https://es.123rf.com/photo_6204329_dientes-de-typodont-precisa-aparecen-aislado-en-negro-estos-dientes-anat%C3%B3micamente-son.html

Hemos tenido que suponer que, antiguamente, quizá a finales de la Edad Media y durante el Renacimiento existieron ideas y creencias que favorecieron la asimilación de los dientes fósiles de tiburón como un posibles tipo de dientes humanos. La interpretación popular de este tipo particular de restos paleontológicos, en clave humana, habría sido posible bajo los efecto de la supervivencia o la recuperación renacentista de antiguas creencias míticas grecorromanas, basadas en la antigua "Teoría de las tres edades del mundo", según la cual, en nuestro mundo, antes de existir los humanos comunes, habían existido  los héroes y antes de que éstos ocupasen el mundo, lo habían ocupado los dioses, o/y de la "Teoría de las cinco edades de la humanidad". Ambas teorías míticas aseguraban que con el paso de los siglos el mundo había ido envejecimiento y, en consecuencia, perdiendo vigor, capacidad generativa y regenerativa, de tal manera que las sucesivas generaciones de seres vivientes que lo había habitado habrían ido degenerando, empequeñeciendo en dimensiones y debilitándose en salud, fortaleza y longevidad. 

Desde esta singular perspectiva ideológica, hubiera podido llegar a creerse que los dientes de los humanos de la antigüedad, pudieron haber tenido un aspecto y tamaño, muy diferentes a los dientes de los humanos modernos, contemporáneos. Desde estos peculiares supuestos, sería perfectamente posible, razonable y válido , para la mentalidad popular de siglos pasados, que unos, supuestos, antiguos dientes de cristianos, mártires y, por tanto, santos, que podían hallarse esparcidos en el campo, supuestamente, donde habrían sido torturados y asesinados, pudieran tener un aspecto tan extraño y diferente, comparados, con los dientes de las personas de la época moderna. Esa idea ancestral, podría haber sido aceptada, conservada y transmitida de generación en generación, durante los siglos posteriores, manteniéndose viva la idea y la costumbre de su uso amuletico entre las personas de las clases populares, iletradas, supersticiosas y crédulas, hasta tiempos muy recientes... 

Hoy día, gracias a la ciencia paleontológica, podríamos afirmar con toda rotundidad que los santos propietarios de aquellos dientes prodigiosos fueron los mártires castulonenses san Isuro y san Otodo.

Fuentes

- Liñán Guijarro, Eladio (1998). Los fósiles y el pensamiento paleontológico: La interpretación de los fósiles. Discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias de Zaragoza, 30 de noviembre de 1998 (p.10)

Liñán Guijarro, Eladio (2004 ). Fósiles, mitos y leyendas: Criptopaleontología. Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas (p. 183-189): https://storage.e.jimdo.com/file/8e9ae09a-96ce-45c0-b1de-c12e5c3c3785/BRAC-146-18.pdf

- Liñán Guijarro, Eladio (2009). Comunicación personal, via e-mail, del 21 de diciembre del 2009.

- Padilla Cerón, Andrés (2017). Milagros y santos de los siglos XVI-XVII en la villa de Linares: Recopilación y análisis crítico. En, Linares en el Largo siglo de su Independencia (1450-1650). Natalio Camarero Solana (coord.). Linares: Centro de Estudios Linarenses.

domingo, agosto 9

Arqueoetnopaleontología (21)

  por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, inducibles gracias a la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología moderna (18)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Sexta parte) 

Introducción

Se prosigue con la presentación, en formato "digest" y en versión traducida al castellano, del artículo "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence"  (https://www.ugr.es/~grupo179/pdf/Cortes%20Sanchez%202020.pdf), originalmente publicado en la revista Quaternary Science Reviews, 250, en el año 2020. Dada su enorme transcendencia e interés, desde nuestro personal punto de vista, para el estudio, comprensión y conocimiento etnopaleontológico de las culturas locales de la antigüedad remota, para el ámbito geográfico de la península ibérica.

Sus autores fueron Miguel Cortes-Sánchez, María D. Simón-Vallejo, José-Carmelo Corral, María del Carmen Lozano-Francisco, José Luis Vera-Peláez, Francisco J. Jiménez-Espejo, Antonio García-Alix, Carmen de las Heras, Rafael Martínez Sánchez, María Dolores Bretones García, Ignacio Barandiaran-Maestu y Arturo Morales-Muniz.

Hay que advertir al lector/a nuev@ en eta blog que pudiera desconoce esta advertencia inicial, repetida en anteriores ocasiones, en que se ha tratado sobre "arqueoetnopaleontología" ibérica que, también, en esta ocasión, tal como ha venido sucediendo en todas las entradas anteriores, cuyo contenido trataba sobre esta misma temática, que el contenido de esta entrada también se basa en una selección de aquellas partes del texto original, consultado, por quien escribe, que en su opinión personal, están especialmente relacionados con los objetivos específicos del blog Folklore de los Fósiles Ibéricos. Y, por tanto, podrían resultar más relevantes e inspiradoras para nuestr@s lectores/as. El texto original, previamente, seleccionado y traducido, luego ha sido reconstruido, con muy escasas modificaciones del contenido y del estilo originales. Las pocas modificaciones introducidas se han hecho con la finalidad de mejorar la comprensión de determinados conceptos, de una cierta complejidad, por parte de aquell@s de nuestros lectores/as que no estén familiarizados con la temática arqueológica ni paleontológica y sus terminología especializada.

En caso de necesitar aclaraciones, textuales o gráficas, se recomienda al lector7a, acudir al texto original clicando en este vínculo:  "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence" 

A continuación se prosiguen con la presentación de los hallazgos, documentados, de fósiles en entornos arqueológicos ibéricos, por orden decreciente de antigüedad.

4.1.2. Neolítico

Los primeros registros, confirmados, de fósiles neolíticos proceden de sitios arqueológicos portugueses, siendo unos dientes de tiburón hallados en el interior de unos silos de la necrópolis del Neolítico Tardío-Edad del Cobre Temprano de Aljezur (Algarve) (Fig. 12B, Tabla 2). Estos registros incluyen un diente del extinto tiburón tigre Galeocerdo aduncus (Agassiz, 1843), otro del tiburón comadreja Hemipristis serra y otros dos del lamniforme Otodus  (Megaselachus) megalodon (Cardoso y Antunes, 1995).

En España, de esta época histórica, se han citado dos dientes de tiburón, a los que se hace referencia indistintamente como Isurus sp. o como Hisurus (sic)   hastalis. 

Imagen: Útiles y adornos en materias duras de animales vertebrados de Los Castillejos (Montefrío, España)   https://www.researchgate.net/publication/336137520_Utiles_y_adornos_en_materias_duras_de_animales_vertebrados_de_Los_Castillejos_Montefrio_Espana#fullTextFileContent

Estos dos ejemplares que fueron recuperados en los niveles del Neolítico Temprano (MF612348) y del Neolítico Tardío (MF64694) de las excavaciones de 1991 y 1994 en el yacimiento de Los Castillejos, en Montefrío, Granada (Pau y Camara, 2019: 71, 81). Si bien la poca calidad de las imágenes, estudiadas, no permitieron efectuar una identificación demasiado fiable, seguramente. los autores se debían referir al género Cosmopolitodus según la taxonomía actualizada (Cappetta, 2012). 

Además de los 57 escafópodos, anteriormente, mencionados los informes de los sitios arqueológicos neolíticos españoles, también refieren la presencia de 33 moluscos fósiles, indeterminados. algunos de los cuales no son fósiles (Tabla S2). En el caso del sitio de La Bernarda, en Rojales, Alicante, estos supuestos moluscos incluyen “un cefalópodo fósil…” y tres almejas fósiles Glycymeris sp. (Pascual, 1998: tabla 6).  Ese supuesto estado fósil de los ejemplares mencionados también sería el de los 20 berberechos (familia Cardiidae) y los 7 caracoles (Strombus sp., hoy Persististrombus sp.) hallados en la Cova de les Cendres, en Alicante, uno de estos últimos ejemplares, fue usado como un yunque de percusión. El autor del informe correspondiente no aportó ninguna prueba para sustentar sus afirmaciones del estado fósil de todos estos especímenes (Pascual, 2009). 

Discos para cuentas en proceso de acabado, realizados con fragmentos de valva de Cardium, hallados en diversos niveles del Neolítico I. Las fabricación de cuentas discoidales a partir de conchas de cardiidos es un hecho bien documentado en un buen número de yacimientos distribuidos por todo el litoral mediterráneo peninsular, Alto Aragón y sur de Portugal.  Imagen: https://www.marqalicante.com/contenido/publicaciones/pub_75.pdf

Este mismo inconveniente se puede aplicar también a dos gasterópodos de géneros no especificados, de las cuevas de Benamer y del Tossal de les Basses, en  Alicante (Barciela, 2011; Lujan, 2016).


Tabla 2
Fósiles reportados en yacimientos arqueológicos ibéricos (negrita: hallazgos reportados por primera vez en este artículo), NISP (Número de especímenes identificados). (*): artículos publicados confirmados para esta revisión).
Los códigos fósiles son los siguientes: MM (Gran mamífero), SH (Diente de tiburón), GA (Gasterópodo), BI (Bivalvo), SC (Escafópodo), CR (Crinoideo), OT (Otro), IC (Icnofósil). Los códigos de referencia son los siguientes:
(1) Este artículo, (2) Alvarez (2011) , (3) Alvarez y Avezuela (2013) , (4) Pericot (1942), Soler (1990), 2015, (5) Avezuela y Alvarez (2012) , (6) Bernaldo et al. (2006), (7)
Corchon y Ortega (2017), (8) Barciela (2011), (9) Álvarez et al. (2003), (10) Luján y Rosser (2013), (11) Cardoso y Antunes (1995), (12) Cardoso y Guerreiro (2002), (13)
Pau y Camara (2019), Altamirano (2014) (14) Pascual (1993), 15), Varela (2002), (16) Thomas (2014) (con referencias), (17) Schuhmacher et al. (2013), (18) Obermaier (1924),
(19) García (1980), (20) Cardoso y Carreira (2003), (21) Barciela et al. (2012), (22) Barciela (2006), (23) Barciela (2015), (24) Schuhmacher y Cardoso (2007), (25) Driesch
et al. (1985), (26) Navarro (1982), (27) Martínez y Vera (2014), (28) Cardoso y Boaventura (2011), (29) Caceres et al. (2019), (30) Gonçalves et al. (2018). ARRIBA (superior
Paleolítico), N (Neolítico).

4.1.3. Edad del Cobre

En la Edad del Cobre Ibérica (Fig. 12C, Tabla 2), conocida en otros lugares como el periodo  Calcolítico, la presencia de restos fósiles en los sitios arqueológicos se vuelven más frecuente, debido a la presencia recurrente de objetos de marfil, realizados a partir de colmillos de elefantes antiguos: Elephas antiquus. Este tipo de marfil fósil ha sido reportado en los sitios arqueológicos del Camino de las Yeseras, Leceia, Señorío de Guzmán y Matarrubilla, Los Algarves y Los Millares (Schuhmacher et al., 2013; Liesau y Moreno, 2013; Schuhmacher y Cardoso, 2007; Almagro y Arribas, 1963 ).

Difícilmente puede considerarse como una simple coincidencia el hecho de que, precisamente, sea en este momento cuando los objetos elaborados con marfil de elefantes modernos, ya sea de elefante asiático o de elefante africano,  aparezcan por primera vez en los sitios arqueológicos ibéricos. Estos hallazgos ponen en evidencia la existencia de ciertos vínculos comerciales con culturas del Mediterráneo oriental y del norte de África. 
La distribución de los objetos arqueológicos elaborados con marfil de elefantes modernos se ajusta a un patrón geográfico que contrasta, claramente, con el patrón de la distribución geográfica de los objetos elaborados con marfil fósil de elefante antiguo prehistórico. Se ha comprobado que los objetos arqueológicos elaborados con marfil de colmillos del elefante indio han sido documentado principalmente en sitios del sureste de Iberia, mientras que los de marfil de su pariente africano, se han recuperado, principalmente, en sitios portugueses, viéndose que el río Guadalquivir constituye una especie de frontera, en la distribución geográfica entre ambos tipos de marfil moderno.
Mientras que en el caso de los objetos arqueológicos elaborados con marfil fósil, no se ha documentado tal segregación espacial o geográfica. En cambio, se encuentra una clara correlación entre la distancia de un sitio arqueológico dado a los afloramientos paleontológicos donde se encuentra el marfil fósil y la presencia/abundancia de marfil fósil en ese sitio arqueológico (Fig.10, Banerjee et al., 2012; Schuhmacher et al., 2013). 
La presencia de objetos de marfil fósil (Elephas antiquus) en un sitio arqueológico no es un hecho trivial. Durante el periodo de la cultura del vaso campaniforme, se comprueba que la mitad de los objetos ejecutados en marfil elefantino provienen de colmillos de especímenes fósiles (Schuhmacher y Cardoso, 2007). Se ha considerado que este hecho reflejaría un aumento en la demanda de este tipo de material valioso, pero también en el hecho de que, cuando el marfil fósil se empapa o humedece en agua, resulta ser un material que es más fácil de trabajar que el marfil reciente procedente de colmillos de elefantes modernos (Christensen, 1999: 176).

En las sociedades de la Edad del Cobre, los datos arqueológicos también apuntan a la existencia de un vínculo estrecho entre la presencia de objetos de marfil y el desarrollo de la metalurgia, situación cultural que fomentó un aumento en el número y tipos de artículos manufacturados. Más intrigante resulta el hecho de que los objetos de el marfil fósil se concentraron en los sitios arqueológicos de bajo rango, incluidas las comunidades campesinas, mientras que los objetos de marfil reciente predominan en las comunidades sociales de alto estatus (Fig. 12C). 

Tal vez la apariencia y la novedad del nuevo material, le aportó a este nuevo marfil mayor aprecio social y por tanto mayor valor, situación que habría encarecido su precio, impidiendo su posesión a los grupos sociales de menor estatus. 

Diversas muestras de marfil fósil siberiano procedente de mamut. Se puede apreciar que muestra un aspecto absolutamente muy diferente del típico aspecto del marfil de los elefantes modernos. Imagen: https://arcticantiques.com/cdn/shop/articles/ethical-fossil-mammoth-ivory.jpg?v=1732737989

El marfil reciente (de elefante) es de mayor calidad para ser tallado y pulido debido a su densidad uniforme y su color blanco cremoso, mientras que el marfil fósil (de mamut) tiene una estructura más frágil y una textura agrietada, con vetas minerales, cualidades que lo hace un material menos predecible que el marfil moderno.

En Portugal la Edad del Cobre es la época histórica del mayor apogeo de los objetos de naturaleza fósil  (Fig. 12C). Con la excepción de los reportados en el Dolmen de Soto (Obermaier, 1924), solo los sitios portugueses, en la costa de Extremadura, en particular las fosas comunes, presentan objetos consistentes en restos de crinoideos fósiles. Reportados con menor frecuencia en el interior del Alentejo y taxonómicamente indeterminados, los primeros hallazgos fueron documentados en Pedra do Douro (NMI ¼ 27) por Leisner y Schubart (1966).
Hallazgos posteriores aparecieron en Carasca (NMI ¼ 10), Cova da Moura (NMI ¼ 6), Lapa do Suao (NMI ¼ 1), el "tholoi" de Charrino (NMI ¼ 13), Sizandro (NMI ¼ 1) y Poço Velho (NMI ¼ 1) (Thomas, 2014), junto con un número no especificado de especímenes de Vila Nova de Sao Pedro (Valera, 2002) (Tabla 2). A excepción del sitio de Sizandro, en los demás sitios ni las descripciones ni las ilustraciones permiten confirmar la identificación taxonómica de los ejemplares. 

En los “tholoi” (1) de Charrino, por ejemplo, “… se encuentran tallos de crinoideos, enteros, sin trabajar, junto con cuentas terminadas de tallo de crinoideas lo que sugiere que los tallos de crinoideos fosilizados se usaban, esencialmente, ya fuera como cuentas cilíndricas individuales o como grupos de cuentas fusionadas, perforadas a semejanza de un lápiz, que una vez separadas o seccionadas servían para la producción de cuentas individuales” (Thomas, 2014: 192). 
La figura 99 de esta monografía muestra 28 supuestas cuentas elaboradas a partir de tallos de crinoideos, cuya morfología del tallo nos permitió confirmar la naturaleza columnaria de esos crinoideos. En la imagen se incluyen los 9 especímenes de la fila inferior, el último espécimen a la derecha en la fila superior y el antepenúltimo y último especímenes a la derecha en la fila central. Aunque las columnas aisladas no permiten una identificación taxonómica precisa, los únicos afloramientos fosilíferos que probablemente produzcan crinoideos en la Extremadura portuguesa son formaciones jurásicas donde el género Pentacrinus es frecuente (López, 1987).
Los depósitos jurásicos también representan una parte sustancial del sustrato geológico del Algarve y es por ello que los crinoideos del Dolmen de Soto pueden sugerir un contacto directo entre esta región y la de Andalucía occidental. 

En el pueblo calcolítico de Outeiro de Sao Mamede se ha reportado un equinodermo fósil, es el equinoideo regular del género Cidaris (Linnaeus 1758), que no resulta infrecuente en los afloramientos jurásicos de los alrededores de ese sitio arqueológico (Cardoso y Carreira, 2003).
El informe del yacimiento del Neolítico Tardío/Edad del Cobre de Fontainhas (Algarve) reportó el hallazgo de un espécimen del gasterópodo marino denominado cono gigante o c. mariposa, Conus pulcher Lightfoot, 1786, que actualmente aún vive en el Atlántico SE, (Pereira da Costa, 1867). La ilustración del ejemplar nos permitió reclasificarlo como Conus antiquus Lamarck, 1810, siendo, por tanto, una especie fósil del Tortoniense superior, mostrando un característico ápice plano y que se puede encontrar, por todo el Algarve, en los lechos sedimentarios de materiales del Mioceno. Los afloramientos paleontológicos que presentan esta especie de cono gigante, más cercanos al yacimiento de Fontainhas, son los de Foz de Rego y Cacela. 

La Edad del Cobre Ibérica proporciona los casos más antiguos y sorprendentes del uso de losas de piedra con icnofósiles como materiales de construcción en la arqueología europea (Cardoso y Boaventura, 2011). 
Castro (1961) fue el primero en llamar la atención sobre las losas de ortostato (2)  conteniendo icnofósiles de Thalassinoides sp.. Este tipo de icnofósiles recubrían las paredes interiores de los dólmenes (tumbas megalíticas) en la Extremadura portuguesa. En el sitio arqueológico de Anta da Estria, este tipo de losas se colocaron en el centro de la cámara funeraria, y  en el dólmen de Anta da Monte Abrao, en el corredor que conduce a dicha cámara funeraria. En ambos casos, se hace evidente que este tipo de icnofósiles tenían una función relevante como elemento funerario, simbólico y ritual, en la cultura de aquella zona y de aquella época. Se desconoce completamente cuál pudo ser su función y la finalidad de su utilización funeraria.

Parece evidente que las losas de areniscas calcáreas neógenas con icnofósiles de Ophiomorpha isp., Scolicia-Cardioichnus isp. y Gastrochaeonolites isp. fueron "elegidas deliberadamente para resaltar determinados aspectos decorativos o simbólicos concretos", en la construcción de los "tholoi" de Matarrubilla y La Pastora, ubicados en el megasitio arqueológico de Valencina (Cáceres et al., 2019). Las areniscas de La Pastora también presentaban conchas de ostras incrustadas y evidencias de marcas de "bioerosión" por la acción perforadora de “bivalvos litófagos” (sic) (Cáceres et al., 2019: 19). 

El estado fósil, o no, de los escafópodos ibéricos, publicados a menudo en los informes arqueológicos, sigue siendo polémico, debido a que no se justifican suficientemente las identificaciones de los ejemplares hallados (Tabla S2). Este es el caso del “fósil Dentalium” (el nombre de género aceptado, hoy, es Antalis) reportado de Los Millares y de la Cuesta del Negro (Almagro y Arribas, 1963; Camara, 2001). En el mar Mediterráneo, Antalis incluye dos especies vivientes y grandes con una concha robusta (A. vulgare y A. inaequicostatum) utilizadas como colgantes durante la Prehistoria. Aunque la morfología y el mayor tamaño sugieren que algunos de los ejemplares representados de Los Millares pueden ser fósiles. Esto también se aplica a los 67 especímenes reportados, en este sitio, como “Dentalium" o como "conos de piedra caliza”. 
En la fosa común del enterramiento de la Covacha de la Presa en Loja (Granada), se citan cinco Dentalium costatum (Sow, 1814), una especie fósil que no pertenece a la zona mediterránea (Carrasco et al., 1977). Seguramente, procedentes del trueque con grupos nómadas originarios de territorios aituados al sur del Mar del Norte.

También resulta polémico el estado fósil, o no, de seis supuestos escafópodos fósiles “… la mayoría de las veces las cuentas utilizadas son concha de escafópodos perforadas, pero por lo demás no han sido modificadas.  En la excavación de la Cova da Moura (Thomas, 2014) fueron reportadas una amplia variedad de especies del género Dentalium”. La sección circular del único espécimen representado, de ese sitio arqueológico, representa la morfología característica de un Antalis dentalis (Linnaeus, 1758), lo que pone en duda el supuesto estado fósil de otros escafópodos del mismo lote (Thomas, 2014: Fig. 36). Por último, en La Presa y Fuente Álamo de Alcalá la Real (Jaén), se mencionan el hallazgo de “escafópodos no especificados”.

Debido a la aportación de una información insuficiente, también surgen dudas sobre el estado fósil, o no, de otros tipos de moluscos. Estos casos incluyen los moluscos de la cueva del Cuchillo (ejemplares denominados “molusco fósil”), Loma del Tío Ginés (“dos conchas fosilizadas”), cueva de Mesa/Mera? (“concha perforada de los afloramientos fosilíferos de Capres”), El Argar (“concha fósil ”), Cuartillas (“conchas fósiles”) y La Bernarda (“anillos de concha de Cerastoderma fósil”) (Tabla S2). 
El fósil “Strombus” (hoy denominado Persististrombus) de Los Alcores (Sevilla) y de Les Jovades (Alicante), fue interpretado erróneamente como una especie reciente, contemporánea (García, 1980; Pascual, 1993).

Trece dientes fósiles de tiburón provenientes de diversos yacimientos de la Edad del Cobre (Tabla 3). 
La especie más común y la única registrada en España es Cosmopolitodus hastalis, citada originalmente como Lamnidae/Carchariidae en el Dolmen de Soto (Obermaier, 1924). La especie está confirmada en los yacimientos portugueses de Leceia y en el tholos de Marcela (Obermaier, 1924; Cardoso y Antunes, 1995) (Tabla 3). 
En Casal do Pardo, dos Isurus o Comopolitodus y un Hemipristis serra,  fueron citadas por Ruiz et al. (1997) ejemplares que podrían proceder, de manera muy probable, de afloramientos locales ricos en restos de tiburones, pertenecientes a la Formación Arenisca de Huelva, del Plioceno medio-bajo. 
Los Castillejos reportan un diente de Isurus sp. (número de catálogo MF186) procedente de las excavaciones de 1946 y de 1947 (Altamirano, 2014), y un segundo ejemplar (MF61860) de las excavaciones de 1991 y de 1994 (Pau y Camara, 2019). Este último es un diente casi completo con bordes cortantes dentados. En caso de que estos dientes no presenten daños debidos a agentes naturales, el espécimen necesita una reevaluación porque niel género Isurus ni el estrechamente relacionado Cosmopolitodus, presentan estrías dentales en los bordes. 
En el poblado prehistórico de Leceia (también conocido como Castro de Leceia) parece confirmarse el hallazgo de un diente del "tiburón comadreja": Hemipristis serra y otro de Otodus (Megaselachus) megalodon, y de dos dientes adicionales más de esta última especie, en la tumba megalítica del Dolmen de Nora.
En el caso de Vila Nova de Sao Pedro, es lamentable que no se proporcionasen detalles sobre la naturaleza fósil, o no, de dos dientes del tiburón toro Carcharias taurus (Rafinesque, 1810), ya que la especie aún vive en la actualidad en aguas costeras ibéricas (Cardoso y Antunes, 1995). Un último diente de tiburón fósil, fue reportado en la cueva de Los Tiestos (Tabla S2) pero que aún requiere confirmación, ya que a pedido de los investigadores, no se pudo encontrar el ejemplar solicitado.


4.1.4. Edad del Bronce

Durante la Edad del Bronce (Fig. 12D, Tabla 2) se reporta el uso de marfil fósil en Las Peñuelas, El Oficio y El Argar (Schuhmacher et al., 2013; Liesau y Moreno, 2013; Schuhmacher y Cardoso, 2007). 
Los dientes de tiburón, sin especificar si fósiles o recientes, fueron citados por primera vez en la cueva de Los Toyos (Siret y Siret, 1890). Driesch et al. ilustran un diente de  Cosmopolitodus hastalis de Fuente Álamo. (1985) y en La Pedrera, se reporta un diente, sin asignación taxonómica (Navarro, 1982). 
En Portugal, la tumba de Vale de Carvalho arrojó cinco dientes de Carcharias taurus, que es un aún taxón existente en la actualidad, y debido a esto, su supuesto estado fósil requeriría una confirmación (Cardoso y Antunes, 1995).  

Un diente de Isurus sp. (número de catálogo MF3280), reportado en un nivel de la Edad del Cobre en Los Castillejos (Altamirano, 2014: 35, Fig. 16), ahora, ha sido  reasignado a la Edad del Bronce Antiguo (Pau y Camara, 2019). Este espécimen es una corona incompleta que, cuando se confirme el estado fósil, debería pasar al género Cosmopolitodus. 

La especie aún existente del escafópodo Dentalium vulgare está reportada como fósil en Fuente Álamo, Cerro de la Encina y El Argar (Friesch, 1987: 104).

Diez yacimientos ibéricos reportan hallazgos de moluscos fósiles, de estatus dudoso. Entre ellos se incluyen los yacimientos neolíticos de La Draga (Glycymeris y/o Cerastoderma  glaucum), L'Avi (Strombus/Charonias), San Sadurni (“gasterópodo fósil” indet.), Costamar (Spondylus gaederopus Linnaeus, 1758), Quintanet (Glycymeris sp.), Barranquet (“1 ostra, 1 bivalvo, 1 concha y 8 fragmentos de concha”), Les Cendres (sic “discos de Cerastoderma fósil”) y Nerja (“molusco fósil”) (Tabla S2). 

De los 444 elementos paleozoológicos que el registro arqueológico ibérico ha arrojado hasta el momento actual, resulta que 245 son pequeños fragmentos cuyo estatus taxonómico y estado fósil, es difícil de reconocer y certificar (Tablas S3 y S4).
Los 199 ítems restantes, aproximadamente un tercio (NMI = 63), siguen siendo dudosos y 137 (de los cuales 13 fueron evaluados para este estudio) parecen válidos. 

A la luz de estos resultados, nuestros 143 fósiles detectados amplían sustancialmente el conjunto de datos ibéricos (+30% de los hallazgos publicados, +70% en caso de que se excluyan los fragmentos), aunque dicho aumento está lejos de ser homogéneo (Tabla S3).
De esta forma, sólo se añadieron 3 piezas a las colecciones de la Edad del Cobre, mientras que nuestras muestras del Magdaleniense y del Solutrense elevan significativamente tanto el número de yacimientos (el triple y el cuádruple, respectivamente) como de piezas (el 99% del Solutrense Ibérico). Los fósiles del Magdaleniense derivados de este estudio, exhiben un aumento de cinco veces) (Tabla S4).

El aumento también es significativo en el caso de los sitios arqueológicos del Neolítico (+25% para sitios y +20% para elementos), menos para el Gravetiense (+33% de sitios y elementos) y leve para la Edad del Bronce (~6% de sitios y elementos). ) (Tablas S3 y S4). 
Surgen diferencias sorprendentes cuando se compara el conjunto de datos publicado con nuestras muestras. Aunque el Neolítico parece repetirse como el período dominante en términos de elementos, su contribución disminuye drásticamente cuando se excluyen los fragmentos (~59% vs. 9%) (Tabla S4). 

La Edad del Cobre, como se ve, es el período dominante tanto en términos de sitios (42%) como de elementos (28,8%), más aún si se excluyen los fragmentos (~62%).
El Solutrense, junto con el resto del Paleolítico Superior, constituye un momento marginal, tanto en términos de yacimientos (1,6%) como de piezas (2%). Quizás más crucial sea el hecho de que el conjunto de datos ibéricos es testigo de un aumento de fósiles y de sitios arqueológicos a lo largo del tiempo. Esto coincide con una tendencia general en Iberia y en otros lugares de que los sitios arqueológicos se vuelvan más frecuentes a medida que nos acercamos a los tiempos recientes.

También surgen diferencias sorprendentes cuando se confrontan las contribuciones de los grupos faunísticos. Nuestras muestras carecen de crinoideos y de marfil, este último material minimiza la contribución de elementos procedentes de mamíferos en nuestras muestras en comparación con el registro ibérico (0,7% vs. ~13,6%). Nuestras muestras obtienen puntuaciones más bajas para los bivalvos (2,8% frente a ~10,1%), sin embargo, las frecuencias de los dientes de tiburón (9,1% frente a 6,3%) y las de gasterópodos (4,2% frente a ~4,5%) son similares. Sólo los escafópodos obtienen puntuaciones significativamente más altas en nuestras muestras (83,2% frente a 10,7%).
Aunque las contribuciones de los grupos en los conjuntos de datos publicados cambiarían si se excluyeran los fragmentos (Tabla S3), una búsqueda más rigurosa de fósiles en nuestro caso puede ayudar a explicar la abundancia de especímenes de pequeño tamaño en nuestro caso.


4.2. Uso y aprovisionamiento de fósiles

En relación a las fuente de origen del material paleontológico, y a excepción de los sitios de Peña de la Abuela y El Juyo, los fósiles reportados en este artículo, muy probablemente, podrían proceder de afloramientos ubicados en las cercanías de los sitios arqueológicos en los que se hallaron, es decir, a menos de 20 km y a menudo a ±2 km, (Tabla 4). Estos datos sugieren que el aprovisionamiento local de fósiles,  fue mucho más frecuente que el comercio, constituyendo la principal forma de obtener fósiles. 
El suministro de fósiles a nivel local/regional, se confirma cuando nuestros datos se comparan con los hallazgos publicados. Esto es más evidente en el caso del marfil fósil y de los crinoideos, pero también fue claro en el caso de los restos fósiles de los restantes grupos de organismos.
Como corolario, uno puede suponer que la variedad de fósiles encontrados en un sitio determinado, podría ser más un reflejo de la disponibilidad de fósiles que de la elección. De hecho, la dominancia de taxones marinos neógenos reportada en los sitios que hemos estudiado, simplemente refleja la contingencia de que la mayoría de ellos se agrupan a lo largo de las costas este y sur de España, lugares donde abundan esos fósiles. Aún así, el aprovisionamiento local puede tener implicaciones más amplias si los fósiles locales fueran seleccionados, preferentemente, como objetos marcadores o indicadores de identidad cultural, como se ha descrito para otros sitios europeos (Moreau, 2003; Vanhaeren et al., 2004; Bajnoczi et al., 2013).


Tabla 4 Procedencia bioestratigráfica de los fósiles estudiados en este artículo y sus presuntas áreas de fuente más cercanas


Para el caso de la Península Ibérica, esta es una cuestión que deberán abordar futuros estudios. Los fósiles transportados a largas distancias suelen tener implicaciones más amplias. Este sería el caso de la concha de la torre (Turritella turris) de la cueva del Juyo. De hecho, en el norte de Bélgica, el Magdaleniense constituye el único período en el que los fósiles de Turritella están documentados en el registro arqueológico (Moreau, 2003).
Se considera que la presencia de estos fósiles señalaría la expansión hacia el norte de una tradición cultural anteriormente restringida al sur de Bélgica (Otte, 1990; Straus y Otte, 1996). ¿Podría considerarse que el espécimen de El Juyo indicaría una expansión equivalente de las tradiciones culturales de los cazadores-recolectores franceses del suroeste de Francia hacia latitudes más meridionales?

La mayoría de las conchas de los moluscos y de los dientes de tiburón de las muestras de nuestro estudio constituían adornos, estando documentado el uso de herramientas para manipularlas, sólo en dos casos, el candil de ostras de La Pileta y el yunque de dientes de elefante de El Pirulejo. Por tal razón, se podría suponer que tanto las sociedades cazadoras-recolectoras como las primeras agrarias valoraban los fósiles, más por razones simbólicas, ya sean para usos ornamentales, funerarios o como marcadores de identidad cultural, que por razones utilitarias o prácticas. Esta hipótesis parece validada gracias a los hallazgos publicados. En este caso, sobre los fósiles sólo se han documentado usos simbólicos, tanto ornamentales como funerarios. Aún así, dado que al momento de escribir este artículo, la mayoría de los registros publicados permanecen mudos en cuanto a su función; Se necesitan investigaciones futuras para confirmar la tendencia de uso social.


5. Conclusiones
 
En este artículo, además de ampliar significativamente el registro fósil en contexto arqueológico ibérico, se ofrece una visión crítica de los hallazgos publicados anteriormente. Al hacerlo, surgieron ideas sobre indicios relacionados con cuestiones sociales y culturales que los fósiles pueden ayudar a abordar, sobre las cuales las faunas contemporáneas convencionales no aportan información. Estas cuestiones incluyen aspectos sociales relacionados con la movilidad geográfica, la estratificación social y el comercio a larga distancia, y también sobre cuestiones ideológicas que abordan la identidad colectiva y las prácticas funerarias, cuestiones tan cruciales para alcanzar una comprensión más fiel de las sociedades del pasado. Como es el caso del uso de los fósiles en paleontología, en la arqueología se podría intentar utilizar la presencia de ciertos fósiles como “guías” para profundizar en las cuestiones sociales mencionadas, pero sólo cuando se disponga de evidencia abundante, de buena calidad y bien contextualizada. No reconocer esa relevancia social y cultural hará que persista la noción arcaica de “los fósiles como trivialidades” arqueológicas, lo que obstaculizará los estudios rigurosos sobre este tema.

Desde un punto de vista estrictamente cuantitativo, los fósiles constituyen una fracción menor de los objetos naturales encontrados en los yacimientos arqueológicos. Pero la inercia de “cuanto más, mejor”, materializada en la tendencia a otorgar importancia a los elementos en términos exclusivamente cuantitativos, es en sí misma un resultado de un estrecho enfoque procesualista, típico de la arqueología decimonónica, que se aplica con mejor criterio al ámbito económico, es decir, las actividades productivas. En los ámbitos social e ideológico, la frecuencia de ocurrencia no tiene por qué equivaler a mayor “importancia” sino a mayor "proximidad" o mayor "facilidad de aprovisionamiento". Pero de hecho, muy a menudo ocurre lo contrario de estos supuestos.

Dado que los fósiles son elementos de nula importancia en términos de subsistencia humana, necesitamos enmarcar su estudio únicamente en términos de significado social e ideológico, ámbitos donde la cuantificación es mucho menos importante que la contextualización. 
Para enmarcar la búsqueda, es necesario ser consciente de que la identificación taxonómica de los ejemplares fósiles hallados en contexto arqueológico es la piedra angular sobre la que descansa el edificio interpretativo. Como afirman acertadamente Reitz y Wing (2008: ix): “las interpretaciones teóricas no son mejores que los métodos utilizados para desarrollar datos de respaldo. Es tan necesario estar bien fundamentado en los conceptos básicos como guiarse por una buena teoría”. De hecho, la identificación de restos fósiles es mucho más difícil de lograr que la identificación de los restos de las faunas modernas, entre otras cosas, porque los arqueozoólogos no han sido formados y capacitados para trabajar con ese tipo de restos.

También resulta desafiante a la comprensión de su funcionalidad y su valor informativo se reduce enormemente cuando se descontextualizan de su entorno inmediato, como suele suceder en el caso de las excavaciones en los depósitos arqueológicos, sin aplicar criterios paleontológicos. En estas circunstancias, ninguna única colección de referencia ni ningún especialista serán suficientes para identificar e interpretar. Se requiere colaboración y algún conocimiento sobre los fósiles que se pueden encontrar en el área donde se va a realizar la excavación. Por humilde que sea, esta obviedad es probablemente el principal mensaje que debemos tener en cuenta.


Notas 

(1) Dolmen de corredor: Sepulcro de tipo megalítico compuesto de una cámara sepulcral central, de forma poligonal, circular, etc. y un corredor ("dromos") que conduce hasta ella y bien diferenciado de ésta. Su tipología es variada, los más simples fueron construidos con grandes bloques de piedra. Los soportantes verticales y los cobertores subhorizontales.
Muy semejantes a ellos serían los Tholoi, que se diferencian de los dólmenes de corredor por el uso de mampostería para construir falsas cúpulas sobre la cámara sepulcral. Son monumentos típicos en la zona de Huelva, sur de Portugal, Almería y Granada.

(2) Ortostato: bloque o losa vertical, adornada o no, que forma la hilada inferior de un muro. En un dolmen neolítico, los ortostatos forman parcial o totalmente las paredes del monumento funerario megalítico y soportan las losas de la cobertera.  https://es.wikipedia.org/wiki/Ortostato

Otras fuentes

- Castrillo Jiménez, Carlos (2020). Revisión de la distribución geográfica del marfil y su valor de uso en la Península Ibérica desde comienzos del tercer milenio hasta el Bronce Reciente.  Arqueología y Territorio, 17, pp. 51-62  https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7702254.pdf 
- Pascual Benito, Josep Lluís (2017) "El utillaje en materia dura animal, los adornos y otros objetos simbólicos de la Cova de les Cendres" en La Cova de les Cendres.  Joan Bernabeu Aubán y Lluís Molina Balaguer (eds.). MARQ. Museo Arqueológico Provincial de Alicante. Serie Mayor, núm. 6 (111-121):   https://www.marqalicante.com/contenido/publicaciones/pub_75.pdf