por Heraclio ASTUDILLO-POMBO
Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con diversos santos y santas (14)
Recuperación de reliquias de mártires y santos cordobeses (1)
Introducción
Después de la definitiva reconquista cristiana de los últimos territorios peninsulares, más fuertemente islamizados y más intensamente aculturados por los "moros", a finales del siglo XV, los cristianos mozárabes y los repobladores llegados de territorios liberados de la dominación musulmana, en siglos anteriores, sintieron la imperiosa necesidad espiritual y la obligación moral de recuperar la anterior normalidad religiosa, perdida durante la larga ocupación y dominación musulmana.
Ese movimiento social-religioso se materializó en diversas zonas de Andalucía, presentando unas peculiaridades muy especialmente en la región de Córdoba, debido a su gran número de mártires. Durante los siglos XVI y XVII los católicos de la región cordobesa, sintieron la necesidad urgente de recuperar los restos ausentes de los mártires locales, ejecutados en la época romana (s. IV), los cuales eran bien conocidos, muy apreciados y muy venerados como santos, antes de la invasión islámica. La jerarquía eclesiástica y el pueblo llano consideraron que la recuperación de las reliquias de los santos y mártires cordobeses, debía ser uno de los primeros pasos en la recristianización del territorio cordobés y andaluz recién arrebatado a los mahometanos. Pero también se impusieron como una misión piadosa importante la recuperación de los restos mortales de muchos otros mártires anónimos, ejecutados por los gobernantes musulmanes durante el periodo de dominio mahometano o muertos en enfrentamientos armados al oponerse, frontalmente, a la islamización forzosa.
Los católicos cordobeses iniciaron en el siglo XVI, mantuvieron durante el XVII, e incluso prologaron durante el s. XVIII, una larga campaña popular de búsqueda y recuperación de supuestos vestigios óseos humanos de antiguos mártires. Tal vez el inicio de aquel proceso de activismo religioso y social tuvo como inspiración e impulso los escritos apologéticos de dos antiguos "activistas" religiosos: Eulogio de Córdoba, (800-859) y Álbaro de Córdoba (800-861). Sus escritos enaltecían la valentía de los mártires al enfrentarse, pacíficamente, a los dominadores musulmanes, en la época del emirato cordobés (S. IX), enalteciendo el valor espiritual del sacrificio personal y la función promocional del martirio como un medio rápido, aunque aterrador y doloroso, de poder desprenderse del cuerpo mortal para alcanzar la gloria eterna celestial. Eulogio registró una lista de mártires mozárabes que en poco tiempo fueron declarados santos, a todos los efectos, por la Iglesia. Los restos de todos ellos se conservarían y venerarían en la iglesia de san Pedro, hasta que el inminente peligro de su robo o destrucción, por parte de los gobernantes musulmanes, aconsejó su ocultamiento en el subsuelo de la base de una torre de aquella basílica.
El objetivo de la campaña popular de búsqueda y recuperación de huesos de mártires, consistía en tratar de recuperar, con urgencia, unas antiguas reliquias óseas que, supuestamente, habrían pertenecido a cristianos asesinados por los "paganos" por defender las creencias y prácticas cristiana, de forma pacífica. Reliquias robadas por los "moros" de unos mártires, confirmados como santos, muchos siglos antes, en tiempos preislámicos, cristianos ejecutados por los paganos romanos o por los invasores bárbaros. También los restos que habrían pertenecido a cristianos asesinados por los "moros", en tiempos mucho más cercanos, por defender las creencias y prácticas cristiana, de forma pacífica o violenta. Los huesos de todos aquellos mártires que murieron torturados o asesinados por haberse negado a renegar de su religión cristiana, unos conocidos y otros, completamente, anónimos, debían ser encontrados, recuperados y depositados en los lugares apropiados a su distinto estatus religioso, unos restituidos en las iglesias correspondientes donde fueron venerados y los otros en los osarios más cercanos.
Si nos olvidamos de que este grabado antiguo representa la ciudad de Toledo, y sus alrededores, e imaginamos que no conocemos, en detalle, el paisaje de la ciudad de Córdoba, podríamos imaginar que el pequeño grupo de personas que, aparece representado a la derecha del grabado, está explorando el terreno a la búsqueda de huesos sagrados que poder rescatar y trasladar al lugar adecuado, de acuerdo con su categoría. Imagen: https://dialnet.unirioja.es/recursos/imagen?entidad=EJEMPLAR&tipo_contenido=90&ejemplar=337578
Durante los dos siglos dedicados a la larga campaña de rescate popular de reliquias de mártires, se pretendía lograr localizar y recuperar las reliquias de algunos santos mártires de tiempos "antiguos", bien conocidos y muy venerados por una gran cantidad de devotos andaluces y cordobeses, cuyas reliquias habían sido robadas de los templos cristianos en los que se veneraban, por los musulmanes, quienes las hicieron desaparecer, enterrándolas o arrojándolas en ciertos lugares despoblados, de la periferia rural o natural. Con la finalidad de que sus devotos no pudieran seguir rindiéndole culto y acabaran por olvidarlas, pues los sacrílegos ladrones creían que les resultaría mucho más fácil conseguir islamizar a los cristianos de los territorios conquistados, una vez hubieran sido despojados de sus templos, convertidos en mezquitas, de sus clérigos, encarcelados o muertos, desposeídos de las imágenes de sus santos, destruidas, de sus reliquias, desaparecidas y de sus ritos religiosos, prohibidos.
Las búsquedas y rescates populares de restos óseos sagrados, asociados a santos "mártires" conocidos y venerados se produjeron, inicialmente, de forma sistemática y orientada por el testimonio de algunos testigos, involuntarios, o de arrepentidos implicados en su desaparición, pero también se produjeron algunos hallazgos de manera casual, por señales celestiales que señalaban su ubicación y permitieron su localización, a veces, mientras se practicaban labores rurales cotidianas, en campo abierto: laboreo agrícola, excavación o limpieza de pozos, pastoreo, caza, pesca, ir a lavar ropa en el río, recolección de frutos silvestres y de leña muerta, etc.
La finalidad principal de la recolecta ósea de los supuestos "huesos de mártires" anónimos, era la de poder depositar aquellos sagrados "huesos de cristianos", sacrificados por los moros en lugares apropiados para el reposo eterno de sus almas, donde pudieran recibir atenciones dirigidas a su conservación y veneración. Los restos de los mártires anónimos, por supuesto santos, al ser de identidad desconocida se fueron depositando en los amplios osarios, monacales o conventuales, donde también se guardaba huesos de los antiguos miembros de la comunidad religiosa desalojados de sus tumbas primitivas para su reutilización. Los osarios eran considerados tumbas secundarias, en las que se acumulaban, conservaban y exponían huesos humanos de religiosos y cristianos, a los que se prestaba cierta atención religiosa, realizándose oficios litúrgicos, específicos para difuntos, y manifestando respeto social en visitas piadosas anuales.
Aspecto de una zona del osario parroquial, medieval, de la iglesia de Notre-Dame de Boulogne-sur-Mer (Pas-de-Calais) en Francia. En este caso particular, los huesos muestran bastante desorden, no han sido ordenados de manera estética como en aquellos otros que reciben muchas visitas. Imagen: https://journals.openedition.org/archeomed/41932?lang=en
En los casos de recuperación de supuestos restos óseos de santos bien conocidos y muy venerados, los huesos hallados fueron devueltos a los diversos templos parroquiales, conventos, monasterios o ermitas, si no habían sido destruidos por los mahometanos, en donde habían sido venerados en la época anterior a la invasión, ocupación y dominación musulmana.
Aspecto de un conjunto ordenado de numerosos fragmentos óseos humanos, grandes y pequeños, que datan de enterramientos de los siglos XII al XV, hallados excavando en la segunda cripta de la Catedral de Palencia, bajo la capilla de San Isidro. Durante las obras de rehabilitación de 2023. Se muestran dispuestos para su estudio antropológico, forense, por personal experto en este tipo de investigación. Imagen: https://www.elnortedecastilla.es/palencia/alumnos-cuatro-paises-analizan-20000-fragmentos-oseos-20250618071033-nt.html
Mediante la práctica de las diferentes actividades "hagiosteofílicas", realizadas en el campo o en los osarios, los católicos más piadosos, procuraban resultar gratos a Dios, al poner en práctica dos de las catorce "Obras de Misericordia": "Enterrar o dar sepultura a los muertos" (7ª O.M. corporal) y "Rogar a Dios por los vivos y difuntos." (7ª O.M. espiritual). De esta manera, mediante la realización de estas acciones piadosas individuales o grupales, esperaban ganar y acumular méritos espirituales, ante los ojos de Dios.
La mentalidad de la gente de aquella época parece concordar con el contenido del siguiente párrafo, escrito por el profesor Francisco Núñez Roldán: "En los siglos XVI y XVII, Dios estaba en todas partes y ocupaba todas las horas de las personas. Todo se hacía en su nombre y sucedía por su voluntad. Nada de lo humano le era ajeno. Nada de lo divino le era extraño. Todo era religión."
"Huesos de santo" y/o "huesos de mártir"
Durante los tiempos finales de la Edad Media (ss. XIV), durante la época del Renacimiento (ss. XV-XVI), e incluso durante la el Barroco (ss. XVII) en los territorios cristianos de sur de la Península ibérica, existía la firme creencia popular de que los fragmentos de hueso o los huesos completos, de tamaño y aspecto semejantes a los huesos humano que eran hallados en el campo abierto, enterrados o semienterrados, en estado "petrificado", pertenecían a humanos muertos en " tiempos antiguos". Tales supuestos se basaban en sus características morfológicas humanoides y en su mayor dureza, pesadez y, a veces, con la presencia de costras o rellenos minerales. Además, según fuera su tamaño, eran atribuidos a cristianos de diferentes edades: niños, adolescentes o adultos. Se daba como hecho cierto que habían muerto, violentamente en campo abierto o que sus restos mortales había sido trasladados y arrojados a eses lugar, por los moros, para evitar su localización, recogida, veneración e imitación por parte de otros cristianos. En cualquier caso, había sido asesinados por los invasores mahometanos, a causa de no haber querido renunciar a sus creencias y prácticas religiosas cristianas.
Reproducción mural, en azulejos cerámicos, del conocido cuadro del artista Ángel María de Barcía que pintó en 1870. Representa a los santos mártires más conocidos de Córdoba. Monumento conmemorativo colocado en el Antiguo Patio del Seminario, en 1925, hoy transformado en residencia o Casa Sacerdotal, de Córdoba. Imagen: https://retabloceramico.org/wp-content/uploads/2023/02/03338-1.jpg
Tras la reconquista cristiana del territorio, en la zona peninsular cordobesa (ss. XVI-XVII), las personas más piadosas, impulsadas por el afán de ganar méritos espirituales que les facilitasen su acceso a la Gloria eterna, influenciadas por sermones o lecturas clericales que relataban la valentía y compromiso de los cristianos andaluces martirizados y ajusticiados por los moros, cuyos restos mortales habían sido destruidos u ocultados por sus verdugos, participaron en activas campañas de búsqueda y recogida de huesos supuestamente humanos. Personas aisladas o pequeños grupos, influidas por sus aspiraciones celestiales, influenciadas por el discurso eclesiástico e inspiradas por las evidencias osteológicas, antes comentadas, se dedicaron a practicar una curiosa actividad piadosa, popular, consistente en salir al campo a buscar y recoger aquellos huesos anónimos, de aspecto vagamente o claramente humano, hallados en su tiempo festivo o mientras realizaban labores diversas en campo abierto, para llevarlos hasta algún lugar apropiado para su recepción y conservación, donde poder depositarlos.
Podríamos imaginar que este anciano está intentando descubrir a quién pudo pertenecer este cráneo, mediante la inspiración divina, la reflexión personal y la documentación en textos religiosos antiguos. Este cuadro, fechado en el primer tercio del siglo XVI, es atribuido al pintor flamenco Joos van Cleve (c. 1485 – c. 1540), esta pintura sobre tabla ha sido identificada por los especialistas como una representación de San Jerónimo. Imagen: https://www.museosdetenerife.org/blog/articulo-de-divulgacion-algo-mas-que-un-indolente-anciano-jugueteando-con-un-craneo-por-jose-manuel-padrino-barrera/
Aquellos restos óseos, de apariencia humana, que fueron hallados, en campo abierto, tras una búsqueda minuciosa o de manera casual, que no fueron señalados signos celestiales ni manifestaron señales extraordinarias, se les denominaba, popularmente, "hueso de mártir". Cuando el hueso o huesos, de apariencia humana, eran hallados en circunstancias muy especiales, consideradas extraordinarias, o manifestaban propiedades extraordinarias, como luminiscencia o desprendían un olor perfumado, se les denominaba, popularmente, "hueso de santo". Los huesos de la primera clase estaban destinados a los osarios, pues no manifestaban virtudes que dieran a entender que tenían poderes sobrenaturales. Los de la segunda clase, solían ser acogidos en conventos y ermitas, a la espera de que se manifestase, milagrosamente, a qué santa persona habían pertenecido aquellos huesos.
Retablo barroco de la capilla de los Santos Mártires de Córdoba, en la iglesia de San Pedro de Córdoba, donde se hallaron sus reliquias enterradas en la base de una torre, en 1575. En el centro, por encima del sagrario, una artística urna barroca de plata, del siglo XVIII, contiene las reliquias óseas, muy fragmentarias, de 26 personas, de ambos sexos, con dos cronologías. Restos de supuestos mártires antiguos de la época romana, imperial, o visigótica y de mártires menos antiguos, de la época musulmana califal. Autor de la fotografía: Lancastermerrin88 octubre de 2009. Imagen: Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Retablo_de_la_capilla_de_los_Santos_M%C3%A1rtires._Iglesia_de_San_Pedro_de_C%C3%B3rdoba.JPG
Como quizás haya podido intuir el/la lector/a perspicaz, reflexivo/a o experimentado/a, no siempre es fácil reconocer la verdadera identidad de ciertos tipos de huesos, "de apariencia humana" con una total certeza, especialmente cuando están incompletos y cuando no se es un experto, con amplia experiencia, en anatomía osteológica comparada. Especialmente cuando son fragmentos o son muy pequeños. Existen pequeños detalles, que son muy importantes indicadores, que pueden ser ignorados y pasados por alto por observadores no entrenados en tales actividades de comparación o por interpretadores, no expertos, que además pueda resultar excesivamente optimistas, confiados, crédulos o demasiado competitivo en su misión rescatadora de huesos sagrados. En tales circunstancias, con frecuencia, el error de identificación está casi asegurado, con un margen de acierto muy variable.
Parece posible que, involuntariamente e inconscientemente, pudieran haber sido recogidos, por error, algunos huesos de fauna fósil o contemporánea que por falta de control o de revisión experta, hubieran podido acabar depositados en osarios parroquiales, conventuales o monacales, resultando mezclados con huesos humanos. Menos probable es que ese tipo de huesos hubiese podido alcanzar, directamente o indirectamente, el ingreso en los "reliquiarios" conventuales o monacales, donde podrían haber acabado incorporados en los relicarios personales de ciertos santos o santas "con nombre y apellido" conocido y por tanto siendo venerados como huesos humanos de personajes sagrados.
Algunos casos ibéricos de reliquias óseas, no humanas, que formaron parte de relicarios de santos venerados en diversos santuarios
Por el conocimiento personal de algunos casos de reliquias óseas, de naturaleza no humana, que se incorporaron en relicarios de determinados santos que pudieron ser conocidos, años atrás, que fueron publicados en este blog, en 2014, se ha podido comprobar que algunos huesos fósiles de diversos animales vertebrados, prehistóricos, pasaron a ser incorporados en los osarios conventuales y desde esos depósitos habrían pasado a formar parte de algunos relicarios dedicados a la veneración de algunos santos. Este fue el caso de dos huesos de animales prehistóricos: una falange de bisonte estepario y una "fúrcula" de ave, indeterminada, que formaban parte de dos conjuntos de huesos humanos contenidos en sendos relicarios. El primer hueso fósil, de un bóvido pleistoceno, dentro de un relicario correspondientes a un santo innominado y el segundo hueso fósil, de un ave, dentro de un relicario correspondientes a una santa, también innominada. Ambos contenedores de restos humanos sagrados formaban parte de la colección de relicarios de santos y santas del convento y santuario de Ntra. Sra. de la Caridad, en la localidad toledana de Illescas (Astudillo 2014 a y b), Tales vestigios zoológicos, fósiles, fueron conservados y venerados, como si se tratara de auténticos restos corporales de personas humanas, consideradas santa o sagradas. Por consiguiente, conservados y expuestos a la veneración popular en el interior de sendos recipientes artísticos, los respectivos relicarios. Es muy posible que aunque, en realidad, se tratara de falsas reliquias, no había intención de fraude, sino el resultado de gran un error de interpretación y atribución, como resultado de la total incompetencia como experto identificador de restos humanos de la persona encargada de certificar su autenticidad. En opinión del profesor Emiliano Aguirre, de haberse podido llevar a cabo un estudio científico pormenorizado de toda la colección de relicarios de aquel convento, posiblemente, habrían aparecido más huesos fósiles santificados por el error de identificación. Desafortunadamente, no se pudo llevar a término ese viejo proyecto del profesor Aguirre.
Otro caso ibérico, mucho más conocido, por los interesados en las falsas reliquias católicas, es el de las reliquias óseas de san Cristóbal, el legendario santo, supuestamente, gigante, cuyos molares, vértebras o fragmentos de costillas y de mandíbula, atribuidas al santo gigante, en realidad, su verdadero origen estaría en el cuerpo de algún proboscidio prehistórico o de una ballena contemporánea.
Continuará próximamente
