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viernes, marzo 14

Arqueoetnopaleontología (20)

 por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, inducibles gracias a la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología moderna (17)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Quinta parte)   


Introducción

Se prosigue con la presentación, en formato "digest" y en versión traducida al castellano, del artículo "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence"originalmente publicado en inglés en la revista Quaternary Science Reviews 250, en el año  2020. Dada su enorme transcendencia, desde nuestro punto de vista, para el estudio y conocimiento etnopaleontológico de las culturas locales de la antigüedad, en el ámbito de la península ibérica. 

Sus autores fueron Miguel Cortes-Sánchez, María D. Simón-Vallejo, José-Carmelo Corral, María del Carmen Lozano-Francisco, José Luis Vera-PeláezFrancisco J. Jiménez-Espejo, Antonio García-Alix, Carmen de las HerasRafael Martínez Sánchez, María Dolores Bretones García, Ignacio Barandiaran-Maestu y Arturo Morales-Muniz.

Hay que advertir al lector/a que desconoce esta advertencia, repetida en anteriores ocasiones, que como ha venido sucediendo en todas las entradas anteriores, cuyo contenido trataba sobre  temática arqueopaleontológica, el contenido de esta entrada también se basa en una selección de aquellas partes del texto original, consultado, que en nuestra opinión, estén especialmente relacionados con los objetivos específicos del blog Folklore de los Fósiles Ibéricos y podrían resultar más relevantes para nuestr@s lectores/as. El texto seleccionado previamente, luego ha sido reconstruido, con muy escasas modificaciones de contenido y de estilo originales. Las pocas modificaciones introducidas se han hecho con la finalidad de mejorar la comprensión de determinados conceptos, de cierta complejidad, por parte de aquell@s de nuestros lectores/as que no estén habituad@s o especializad@s en temática arqueológica ni paleontológica. Los comentarios personales aparecen en forma de párrafos escritos en letra cursiva.


3. Resultados (Cuarta parte/Continuación)  

Los diversos yacimientos revisados en la investigación arqueopaleontológica colectiva, se muestran ordenados cronológicamente, de mayor a menor antigüedad.

3.3. Otros yacimientos neolíticos con fósiles

3.3.1. El Tossal de les Basses y Les Jovades (Alicante)

Los trabajos publicados sobre el estudio arqueológico de dos yacimientos valencianos en cuevas neolíticas, 
registran dos casos de hallazgo de especímenes de caracolas marinas fósiles de mediano a gran tamaño. Corresponden al estudio arqueológico del Tossal de les Basses (Lujan y Rosser, 2013: Fig. 4.3), un cerro en la zona de la  Albufereta de Alicante, del IV milenio a.n.e. y al estudio arqueológico del poblado neolítico de Les Jovades (Pascual, 1993: 86, Fig. 6.3), en Cocentaina, (Alicante), del III milenio a.n.e.. 
Sus respectivos autores informan del hallazgo de una concha de caracola marina en ambos yacimiento, que identifican como pertenecientes al género contemporáneo "Strombus" o Srombus sp. La buena calidad de las representaciones de ambos ejemplares, en las ilustraciones de las respectivas publicaciones, permitió a los especialistas en paleomalacología identificar las verdadera identidad de ambas conchas, resultando en ambos casos como inequívocamente correspondientes a la especie Persististrombus latus (Gmelin, 1791).

Ejemplar fósil de la caracola marina de la especie Persististrombus latus (Gmelin, 1791), del Pleistoceno superior (117.000 a.), hallada en el Camp de Tir de Palma, Isla de Mallorca, (Islas Baleares),  Col. José Juárez Ruiz.
Imagen: Gastropoda Stromboidea: 
http://www.stromboidea.de/?n=Species.PersististrombusLatus 

Se trata de una especie fósil registrada, por primera, vez en los depósitos del periodo Tirreniano (1). Esta especie llegó a persistir hasta el Pleistoceno, coincidiendo sus últimos registros más recientes con el último periodo interglaciar (ca. 80000 a. a.n.e.). 
Se requieren nuevos estudios para determinar la procedencia geográfica de ambos ejemplares arqueológicos, para poder localizar sus yacimientos menos lejanos, en donde la especie aparezca como fósil autóctono. 
Se desconoce la función de uso, personal o social, que pudo haber tenido este tipo de gran caracola marina fósil, hace entre 5000 y 6000 años, en la cultura local de aquella época, en cada una de ambas comunidades sociales, relativamente cercanas en el tiempo y en el espacio. Parece ser que, en la antigüedad, las conchas marinas, fósiles o no, que formaban parte de los ajuares funerarios estaban relacionadas con la satisfacción de las necesidades del difunto, en la vida de ultratumba... 

3.4. Sitios arqueológicos de la Edad del Cobre, con fósiles

La Edad del Cobre es un periodo cultural de enorme dinamismo social y pujanza económica que se desarrolló durante, aproximadamente, un milenio, entre los años 3200 y el 2200 antes de nuestra era. Durante ese extenso periodo de tiempo se produjeron diferentes innovaciones culturales que supusieron un importante desarrollo de la complejidad social de aquella época.

3.4.1. Tumba 5-Señorío de Guzmán, en Castilleja de Guzmán (Sevilla) 

En el mega-sitio arqueológico de Valencina de la Concepción - Castilleja de Guzmán (Sevilla), existe la denominada Tumba 5, del Calcolítico, en el Sector denominado Hacienda Divina Pastora-Urbanización Señorío de Guzmán

Entre el ajuar funerario documentado en este sitio, se halló un collar hecho de guijarros perforados y conchas contemporáneas de cauríes (Trivia sp.). La particularidad paleontológica del collar era que incluía un gran fragmento de un gran escafópodo que, originalmente, fue identificado como Dentalium por López et al. (2015)

Fig. 6B: collar del Señorío de Guzmán / Tumba-5; la concha fósil de escafópodo (Pi), situada abajo en el centro, corresponde a un ejemplar de la especie Paradentalium  inaequale

El análisis reciente realizado por especialistas en paleomalacología permitió comprobar que, en realidad, el ejemplar corresponde a una concha fósil de un escafópodo de la especie  Paradentalium  inaequale (Fig. 6B, Pi). 

Un estudio del ejemplar, en curso en el año 2019, debía poder determinar su más probable procedencia geográfica, localizando el lugar donde yacía como fósil autóctono. 

Como en otras muchas ocasiones, actualmente se desconoce si la función del fósil y de los demás elementos que componían el collar, tenían una finalidad común y ordinaria, como un objeto meramente ornamental o si pudo tener una finalidad extraordinaria de tipo espiritual o psicológico, al habérsele atribuido algunas capacidades protectoras de índole mágica, por alguna razón que hoy nos resulta desconocida. 


3.4.2. El Oficio, Cuevas del Almanzora, Almería

El Oficio es un yacimiento arqueológico argárico situado en la pedanía de Grima, en el municipio de  Cuevas del Almanzora, Almería, España. Se levanta sobre la cima y las laderas de un cabezo de 235 m de altura y de difícil acceso, ubicado en el norte de Sierra Almagrera, zona rica en metales. En su base hay dos pequeñas ramblas y tres fuentes naturales. El mar está a cinco km al E.

Miguel Cortes-Sánchez, uno de los autores del reciente estudio multidisciplinar de revisión de restos zoológicos antiguos hallados en contextos arqueológicos descubrió en una pulsera que actualmente se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, varias cuentas de fragmentos de conchas de escafópodos, que atrajeron su atención (Fig. 6C: Pi, Ps). Los ejemplares  formaban parte de una pulsera compuesta de cuentas compuestas de materiales diferentes: concha, hueso, serpentina y cobre. 

Fig. 6 C: collar con fragmentos de conchas de escafópodos fósiles y cuentas de piedra y metal de El Oficio. Identificación de las especies de escafópodos fósiles:  Paradentalium inaequale (Pi);  P. sexangulum (Ps:). Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Esta pulsera (Fig. 6C) con el número de inventario MAN-C1276, en los fondos del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, fue reportada e ilustrada por primera vez por Siret y Siret, a finales del siglo XIX (1890: Fig. 63). 

El estudio reciente de la pulsera por especialistas en paleomalacología reveló la presencia de tres cuentas consistentes en fragmentos de conchas de escafópodos fósiles, consistentes en dos especímenes de  Paradentalium sexangulum y uno de P. inaequale. Un estudio en curso en 2019 debería determinar el lugar menos lejano como su lugar de procedencia como fósil autóctono.

Se desconoce la función específica que cumplían las conchas fósiles de escafópodos en la constitución del collar, si era de tipo ornamental, apotropáico o signalético...

3.4.3. Cueva sepulcral de Los Alcores,  Caravaca de la Cruz (Murcia) 

En la excavación de la Cueva sepulcral eneolítica de “Los Alcores”, en Caravaca de la Cruz (Murcia), se halló una gran caracola marina identificada como Srombus sp., una especie contemporánea (García, 1980). El estudio reciente del mismo espécimen, realizado por  especialistas en paleomalacología permitió comprobar que el ejemplar estaba en estado fósil y que pertenecía, en realidad, a la especie Persististrombus latus (Gmelin, 1791).

Parece ser que, en la antigüedad, las conchas marinas, fósiles o no, que formaban parte de los ajuares funerarios, estaban relacionadas con la satisfacción de las necesidades del difunto, en la vida de ultratumba... 

3.4.4. Otros sitios de la Edad del Cobre, con fósiles

Dos sitios de la Edad del Cobre con fósiles son Campo Real, con dos especímenes de  Paradentalium sexangulum noe (SI / PC / 56A / 1. Casa Museo Bonsor), y Casal do Pardo (Gonçalves et al., 2018), donde se recuperaron un Pecten maximus y tres dientes de tiburón. Estos últimos fueron identificados originalmente como tiburón azul: Prionace, pero la buena calidad de las ilustraciones nos permitió identificar a dos de ellos como pertenecientes a Isurus (o Cosmopolitodus) sp. y Hemipristis serra (Agassiz, 1843).
Como ya se ha mencionado en ocasiones anteriores, hoy día se desconoce cuál pudo ser la funcionalidad de estos fósiles en el contexto social y cultural de la comunidad que los valoraba positivamente.

3.5. Observaciones finales

Nuestra colección de 143 ejemplares está dominada por restos de escafópodos (83,2%), con un aporte anecdótico de restos de mamíferos (0,7%), que son los únicos fósiles de origen continental , y con aportes secundarios de dientes de tiburones (9,1%), restos de gasterópodos (4,2%) y de bivalvos. (2,8%) (Cuadro S3). 

En términos de pertenencia a períodos culturalesel Solutrense, que representa aprox. el 39,6% de los elementos paleontológicos y el 17% de los sitios arqueológicos y el Neolítico  que representa aprox. el 40% de los elementos paleontológicos y el 21,7% de los sitios  arqueológicos, constituyen la mayor parte de los registros arqueológicos, mientras que todos los demás períodos histórico-culturales son secundarios, cuando no son anecdóticos (Tabla S4).

Tomando los datos al pie de la letra, no se detecta ninguna tendencia temporal en términos de elementos paleontológicos o sitios arqueológicos que aumenten con el paso del tiempo, ya que sus contribuciones parecen fluctuar a lo largo de la secuencia temporal. Aún así, este fenómeno requeriría un análisis más detallado, dado que no solo los períodos paleolíticos son significativamente más duraderos (entre 5 y 12 ka) que los de épocas posteriores (1 e 2.8 ka), sino también porque los fenómenos probabilísticos, como ha sido el hallazgo de un collar con fósiles, puede sesgar mucho las muestras cuando son pequeñas.


4. Discusión

4.1. Fósiles en el registro arqueológico ibérico

En la literatura se detectaron un total de 490 fósiles de 62 sitios ibéricos adicionales y se compararon con nuestros registros (143 fósiles y 20 sitios). Ese proceso tomó varios años debido a las dificultades para localizar fuentes y especímenes (Tablas 2 y S2). Los registros publicados, que representan 82 sitios y 100 depósitos, van desde el Gravetiense hasta la Edad del Bronce (~ 34e4 ca ka BP).

Su ubicación geográfica y los elementos registrados en ellos aparecen en la Tabla S1 y la Fig. 12. 
Combinado, nuestro estudio ha elevado el registro ibérico de fósiles arqueológicos en más de un 20% en términos de sitios y en un ~ 24% (~ 40% cuando los fragmentos están excluidos) en términos de artículos. 
A pesar de que nuestra investigación se basó en en el uso de protocolos sólidos, la serendipia (azar favorable) también jugó un cierto papel, al final el factor decisivo en el proceso de localización de determinados elementos fue el ejercicio de aplicar el principio de que "un investigador/a consigue encontrar aquello que busca, una vez que ha aprendido qué es aquello que debe buscar ''. 
Este aumento sustancial en el números de hallazgos sugiere que las búsquedas equivalentes, realizadas en otros períodos históricos y "contextos culturales" deberían producir un aumento, igualmente significativo, en el hallazgo de registros.

4.1.1. Paleolítico superior

Hasta el momento de la investigación (2020) no se ha registrado la presencia de fósiles en los depósitos del Auriñaciense ibérico. 
Los fósiles gravetienses son escasos y están restringidos a los sitios arqueológicos cántabros (norte de España) (Fig. 12, Tabla 2). Estos restos fósiles incluyen tres gasterópodos marinos. Se trata de caracoles de tipo nerita, de la especie Neritina picta (Ferussac, 1823), procedentes de la cueva de Aitzbitarte III (Nivel III) y un cuarto ejemplar procedente del nivel E de La Garma (Álvarez, 2011; Álvarez y Avezuela, 2013). Tales ejemplares arqueológicos, de caracoles fósiles fueron perforados artificialmente, presumiblemente, para permitir que su propietario pudiera llevarlo colgando, ya fuese como ornamentación o símbolo de estatus personal o como un signo de identificación grupal o tribal. Se informa que todos esos ejemplares provienen de depósitos del Mioceno medio-bajo, los más próximos en la cuenca de Aquitania (Francia), (Álvarez y Avezuela, 2013). Los ejemplares del sitio de Aitzbitarte no pudieron ser estudiados directamente, pues no se pudieron encontrar, a pedido de los investigadores.
 
Además de los dientes fósiles de tiburones de Parpalló y de Aitzbitarte IV (secciones 3.3 y 3.6), otro diente de tiburón fósil solutrense es el de Otodus (Megaselachus) megalodon (Agassiz, 1843) encontrado en Higueral de Valleja (Cuadro 3). Este espécimen que no ha sido representado en ninguna parte, presentaba en sus bordes, originalmente dentados  "Claros rastros de su uso instrumental, en forma de bordes desgastados (Giles et al., 2012: 42), tal vez como herramienta cortante, punzante o raspadora.

La mayoría de los invertebrados fósiles de Solutrense que alberga el Museo de Altamira, muy posiblemente, podrían provenir de ciertos estratos de lugares cercanos, del Cretácico superior.
Breuil y Obermaier (1935: 207) informaron que las "espinas de Cidaris" halladas en la cueva de Altamira "en los niveles del Solutreano, posiblemente provenían, por desprendimiento natural, de la roca de las paredes de la cueva." Curiosamente, el estudio geocartográfico más reciente de la cueva de Altamira, no logró detectar ningún fósil, ni sus rastros, en las paredes de la cueva. Por esta razón, debe suponerse que los invertebrados fósiles de Solutrense que alberga el Museo de Altamira (es decir, 18 espinas de cidáridos [ANMRC-CE04172], dos caparazones de equinoideos de Holectypidae [ANMCR-CE00935] y un molde interno de braquiópodo de Rhynchonellidae [ANMCR-CE00933]), posiblemente provendrían de ciertos estratos del Cretácico superior, de lugares cercanos.

Fig. 12. Distribución de los yacimientos ibéricos con fósiles de animales. (A) Paleolítico superior-Epipaleolítico; (B) Neolítico; (C) Edad del Cobre; (D) Edad del Bronce.
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Finalmente, se ha descrito un fósil de cefalópodo marino de tipo nautiloideo (Mesozoico-Cenozoico) [ANMCR-CE01478], pero su procedencia geográfica y estratigráfica siguen sin estar claras. Aunque algunos de estos ejemplares inéditos están bellamente ilustrados en una publicación, (http://ceres.mcu.es/), al no haber podido estudiar los ejemplares, 
directamente, nos obliga a dejar su estatus taxonómico poco preciso, pudiendo determinar su identificación, únicamente, a nivel de familia zoológica.

Restos fósiles de megafauna, el Magdaleniense es el único período del Paleolítico Superior donde están documentados los resto fósiles de grandes mamíferos. Además del elefante de El Pirulejo (Elephas antiquus) (sección 3.9), el hueso no especificado de un rinoceronte del género Stephanorhinus fue recuperado en un nivel del Magdaleniense Superior en la cueva de El Castillo y 14C/AMS data de ~ 36.2 cal ka BP.
Este hueso posiblemente fue hallado en el campo y recogido: "... como un objeto especial, tal vez como un trofeo" (Bernaldo et al., 2006: 457). En el nivel IIIA de la cueva de Gorham, Gibraltar, se recuperó el fragmento de un molar superior de un rinoceronte de estepa Dicerorhinus cf. hemitoechus (Falconer, 1868), un sinónimo inválido de Stephanorhinus hemitoechus (Falconer, 1868) (Riquelme et al., 2011).
Dado que los restos óseo de la especie se encuentran en las brechas fosilíferas del Pleistoceno medio-superior de Gibraltar y en los depósitos musterianos de las cuevas de Gorham y Genista y que presumiblemente se extinguió alrededor de 40 ka AP, por lo tanto, el hallazgo debe representar un estado fósil (Currant et al., 2012). Aún así, dada la estrecha ventana temporal que existe entre el Magdaleniense y la extinción, postulada, de la especie, se requeriría una fecha absoluta precisa o un análisis geoquímico para certificar la certeza del estado fósil de este espécimen más allá de toda duda.

Los fósiles de invertebrados magdalenienses, publicados anteriormente, incluyen una amonita de Parpalló (actualmente, en paradero  desconocido) y un fragmento de coral de la cueva de Las Caldas que se había trabajado en forma de colgante (Pericot, 1942; Corchon y Ortega, 2017).

Invertebrados fósiles inéditos del Paleolítico superior son reportados por González y Freeman (2015: 42) en el contexto funerario del "Santuario de la mascara" del Magdaleniense Inferior (ca. 14 cal ka) de El Juyo, donde mencionaron “… una colección de moluscos marinos del Cretácico que normalmente están incrustados en las paredes de piedra caliza de esta cueva y que por sus caprichosas formas debieron llamar la atención de los cazadores de El Juyo.
En el restringido espacio de las tumbas se recogieron 21 de estos elementos ”. En este mismo santuario González y Freeman (2015: 53) también informaron del hallazgo de “fósiles (algunos de muy gran tamaño)… en un pozo de cimentación. De estos, dos braquiópodos del género Rhynchonella, que por el momento deberían dejarse con más seguridad solamente al nivel de la Orden (es decir, Rhynchonellida) y que se encuentran depositados en el Museo de Altamira pero que carecen de números de catálogo. El Museo de Altamira alberga dos ejemplares adicionales, inéditos, de este mismo tipo de braquiópodo procedentes de los niveles del Magdaleniense Superior Final, hallados en la cueva de La Pila y que también carecen de números de catálogo (Gutiérrez et al., 2000). Al no haber podido tener acceso directo a ninguno de estos 25 especímenes, debemos dejar abiertos la mayoría de los problemas relacionados con ellos.


Notas 

(1) Tirreniano. Periodo geológico de la serie marina del Pleistoceno, de la era Neozoica, (Tirreno de Issel, 1914), siguiendo a los periodos Calabrés y Siciliano, con estratos de caracoles (Strombus) y con fauna que incluye algunas especies senegalesas y por tanto con la impronta de un clima cálido. 

viernes, enero 17

Arqueoetnopaleontología (19)

 por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, inducibles gracias a la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología moderna (17)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Cuarta parte)

Inroducción

Se prosigue con la presentación, en formato "digest" y en su versión traducida al castellano, del artículo originalmente publicado en la revista Quaternary Science Reviews 250, en el año  2020, titulado:  "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence". Dada su enorme transcendencia, desde nuestro punto de vista, para el estudio, comprensión y conocimiento, etnopaleontológico, de las culturas locales de la antigüedad, en la península ibérica.


3. Resultados (Tercera parte)

Los diversos yacimientos revisados en la investigación colectiva se muestran ordenados, cronológicamente, de mayor a menor antigüedad.


3.3. Yacimientos neolíticos con fósiles

El Neolítico (del griego νεός neós 'nuevo' y λιθικός lithikós 'de piedra') es el último de los períodos de la Edad de Piedra (herramientas de piedra). El Neolítico es el periodo de la Prehistoria donde aparecen las primeras estrategias económicas de tipo agrícola y ganadero. En el Neolítico se produce la sedentarización del ser humano al no tener que seguir la migración de sus presas. La agricultura y la ganadería garantizan la provisión de alimentos, y se construyen los primeros asentamientos permanentes. Se pasa de una «economía depredadora» (cazadores/recolectores) a una economía productora a causa de la revolución agrícola y ganadera.


Cueva Hedionda-IV, en Casares (Málaga)

El Sistema Subterráneo de las simas Hediondas se halla en el término municipal de Casares, en la Sierra de la Utrera (Málaga). Está formado por los subsistemas H-I, H-II, H-III y H-IV.
El sector 8 de la Hedionda-IV, conjuntamente con restos orgánicos y de cerámica, se produjo el hallazgo de un diente fósil de tiburón de 29 mm de largo x 25 mm de ancho (Fig. 11A).
 
Las perforaciones que presenta en la raíz, por su aspecto, probablemente se hicieron con un taladro o un barrenador de piedra. Tal manipulación sugiere que se hizo para poder ser suspendido del cuello o las extremidades o para ser cosido al vestido u otros elementos complementarios. Se ignora si este diente fósil de tiburón fue recolectado y manipulado para ser dedicado a un uso personal puramente ornamental o a la protección mágica del portador. O tal vez se mostraba públicamente como una señal de estatus social o como un indicador de pertenencia a un grupo particular, con unas actividades muy específicas, dentro de su comunidad.

Fig. 11 A. Fósil de la cueva Hedionda-IV. Diente de tiburón de la especie Cosmopolitodus hastalis en vista lingual, doblemente perforado para poderlo colgar mediante un sistema de suspensión. 
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Aunque la pieza estaba levemente erosionada, no había rastros de manipulación en la corona que no presentaba bordes dentados ni cúspides accesorias. Esta morfología dental particular coincide con la de la dentición típica de la especie Cosmopolitodus hastalis.
En la provincia de Málaga, la presencia de fósiles de la especie C. hastalis solamente está documentada en afloramientos del Plioceno (Bauza et al., 1963).
 
En este caso particular, los dientes fósiles de Cosmopolitodus hastalis aparecen en un afloramiento del Zancleano (1) de la cuenca de Manilva, yacimiento situado a menos de 1 km. de la Cueva Hedionda - IV. Con toda seguridad este es el lugar de procedencia del fósil manipulado de C. hastalis hallado en Hedionda - IV.

El segundo fósil hallado en el mismo contexto arqueológico, fue una valva inferior (es decir, la valva izquierda) de una ostra del tipo denominado "ostra de cuchara" por su uso común. Se trata dela especie Neopycnodonte cochlear (Poli, 1795). Los restos fósiles de este tipo de bivalvo están documentados en la costa malagueña, desde el Mioceno, pero todavía prospera en la actualidad en el Atlántico NE y Mediterráneo (Lozano, 1999; Poppe y Gotto, 1993). La concha alargada de esta especie tiene un diámetro umbopaleal de 73 mm y un diámetro anteroposterior de 47 mm. 
En el ejemplar arqueológico se observó que además de las superficies pulidas de la concha, por causas naturales o artificiales, los análisis de ciertas trazas particulares revelaron la existencia de modificaciones de las superficies que apuntaban como causa el uso humano de alguna herramienta con una finalidad específica.

Fig. 11 B. Fósil de la cueva Hedionda-IV. Tres fotografías de la valva izquierda de la ostra Neopycnodonte cochlear, en vistas, de izquierda a derecha, interna, de perfil y externa.
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Esas trazas especiales incluyen muescas de percusión en sus márgenes derecho e izquierdo y un picoteo intensivo de la superficie dorsal (Fig. 11B). Aparentemente, estas marcas tendrían como objetivo poder ensamblar y asegurar el ejemplar fósil en un mango. Desde un punto de vista funcional, aquella ostra podría haber servido como pequeño recipiente, para trasvasar alguna substancia, de un recipiente a la boca, presumiblemente el fósil habría sido usado como cuchara, es decir se trataría de un útil doméstico de uso ordinario, cotidiano. Aunque no puede excluirse un uso no ordinario, por ejemplo, relacionado con ceremonias religiosas o rituales mágicos.
La naturaleza fósil de aquella valva de una especie de ostra que aún mantiene poblaciones vivientes en la actualidad, se presuponía por sus hábitos biológicos, acostumbra a vivir en aguas profundas (rango batimétrico: 600-500 m., Van Rooij et al., 2010; Wisshak et al., 2010), circunstancia que impediría su recolección prehistórica de ejemplares contemporáneos. Y, además, porque en el afloramiento de la cuenca de Manilva, en donde se han hallado dientes del tiburón Cosmopolitodus hastalis, también son frecuentes las valvas de las "ostras cuchara", presentando una coloración muy similar a la de este ejemplar arqueológico. Por lo tanto, presumiblemente, su procedencia y edad sería las mismas.


Peña de la Abuela, en Ambrona (Soria)

La Peña de la Abuela es el curioso nombre popular dado por su aspecto y dimensiones a un túmulo funerario que cubría un enterramiento prehistórico, que fue identificado y luego excavado a la entrada de un pequeño caserío rural, cerca de la localidad de Ambrona, municipio de la provincia de Soria. 

El nuevo estudio realizado, recientemente, a la colección de moluscos escafópodos extraídos del yacimiento mencionado reveló la presencia de 154 fragmentos de conchas de la especie  Paradentalium sexangulum, que una vez estudiados indicaron que representaban los restos de no menos de 23 individuos o ejemplares diferentes, hallados en aquel depósito arqueológico del Neolítico Medio (V milenio antes de Cristo). De todos esos ejemplares, ocho de las conchas presentaban claras indicaciones de procesamiento manipulativo, posiblemente con finalidades de adaptar las conchas a un uso ornamental personal.
La presencia de restos fósiles de esta especie está documentada en las cuencas mediterráneas y meridionales ibéricas, desde el Tortoniano de Portugal hasta el Zancleano-Astiano, aunque la especie es ajena a esa región geográfica, lo cual indicaría un transporte desde su área natural de procedencia. De hecho, las fuentes más cercanas de este tipo de fósiles se encuentran en Cataluña, en la cuenca del Baix Llobregat, a unos 450 km de distancia (Álvarez et al., 2003). Por tanto los ejemplares fósiles recientemente hallados en un contexto arqueológico bastante lejano de su fuente natural de origen, luego estudiados e identificados, en la prehistoria, debían ser muy apreciados y valiosos, puesto que debieron ser recolectados y luego transportados a una gran distancia. Este largo transporte nos permite suponer alguna finalidad de uso no ordinaria ni popular, quizás reservada a ciertas élites sociales de aquella zona y época que eran quienes únicamente podrían pagar el precio que suponía su adquisición y posesión.
  

Cueva de El Tesoro, en Torremolinos (Málaga)

La cueva de El Tesoro, hoy desaparecida, estaba situada en la Punta de la Reina, en Torremolinos, en el lugar conocido como Castillo de Santa Clara. La cueva fue excavada en el siglo XIX por D. Eduardo J. Navarro, presidente de la Academia Malagueña de Ciencias, entre 1888 y 1891, y por D. Eduardo Palanca Asensi, dueño de la finca rural y del cortijo de aquel lugar. Se trataba de una pequeña cueva sepulcral, de época neolítica, en donde aparecieron una veintena de enterramientos con sus respectivos ajuares funerarios.

D. Eduardo J. Navarro reportó la presencia de conchas fósiles de "colmillo marino" (escafópodos), que desde el punto de vista historiográfico, son las conchas de escafópodos que constituyen el registro arqueológico más antiguo de piezas fósiles, trabajadas en la prehistoria ibérica para transformarlas en ornamentos personales y uno de los registros más antiguos de Europa (Navarro, 1884). 
Esta colección de porciones de conchas de escafópodos fósiles formaba parte de un collar del sexto al séptimo milenio, antes de nuestra era, que además incorporaba algunas cuentas de piedra. Ese collar prehistórico, reconstruido recientemente, se encuentra depositado en el Museo de Altamira (ANMRC-Número de inventario 00492) y se le pudo localizar tras una búsqueda exhaustiva en la literatura (Fig. 6E).

Fig. 6 E. Fragmentos de conchas fósiles de escafópodos de la cueva del Tesoro (4-18). Identificación taxonómica de los diferentes ejemplares: Paradentalium sexangulum
 (4 a 10, 12 a 14, 16 a 18) y  P. inaequale (11 y 15) 

A pesar de la fragmentación y la modificación antrópica, 17 de los 26 ejemplares que se trabajaron como cuentas de collar, aún conservaban el perímetro poligonal exterior, necesario para el correcto diagnóstico de muchos escafópodos fósiles ibéricos. Aunque originalmente todos fueron identificados erróneamente (Navarro, 1884) como pertenecientes a la especie Dentalium elephantinum L., 1758, actualmente viviviente en el océano Indo-Pacífico.  Nuestros análisis reconocieron a 15 fragmentos como pertenecientes a Paradentalium sexangulum y otros 11 fragmentos que representan a P. inaequale (de estos últimos, 9 son fragmentos discoidales pequeños). Dado que todos los discos obtenidos a partir de la concha de un colmillo de mar fósil, tenían un diámetro idéntico, y en los escafópodos el ancho de la concha va aumentando desde el ápice hasta la base, cada cuenta discoidal debe representar el fragmento de una concha de un individuo diferente. Esta meticulosa búsqueda de uniformidad en las cuentas discoidales del collar de conchas de escafópodos, es sin lugar a dudas, el primer caso documentado en los sitios arqueológicos ibéricos. Un estudio que estaba en curso en el año 2019, debía determinar, próximamente, la procedencia geográfica de aquellas conchas fósiles. Desafortunadamente, se desconoce cual fue el resultado de ese estudio.


Notas aclaratorias  

Como ha sucedido en todas las entradas anteriores, cuyo contenido trataba sobre esta misma temática arqueopaleontológica, el contenido de ésta también se basa en una selección de aquellas partes del texto original consultado que en nuestra opinión podían resultar más relevantes para nuestros lectores y más relacionados con los objetivos específicos del blog Folklore de los Fósiles Ibéricos. Dicha selección luego ha sido reconstituida en un nuevo texto, con muy escasas modificaciones de contenido y de estilo, siempre realizadas con la finalidad de mejorar la comprensión de ciertos conceptos complejos, por parte de aquell@s lectores/as que pudieran no están habituad@s o no especializad@s en arqueología ni en paleontología.

(1) El Zancliense o Zancleano es la edad y piso inferior de la época y serie del Plioceno. Se extiende de 5,332 ± 0,02 Ma (millones de años atrás) hasta 3,6 ± 0,005 Ma. Le precede la edad Mesiniense de la época miocena y le sigue el Plioceno.

domingo, enero 21

Arqueoetnopaleontología (18)

 por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología (17)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Tercera parte)

Recapitulación

En el año 2020 se publicó un interesante e importante trabajo colectivo, resultado de la colaboración entre arqueólogos y naturalistas, especialistas en zoología, paleontología y geología. Era un planteamiento relativamente novedoso en nuestro país, por inhabitual y por falta de tradiciónSe había aplicado un planteamiento de enfoque pluridisciplinar, el estudio se realizaba de forma colaborativa, siendo los resultados individuales parciales y complementarios, necesitando de una puesta en común y un encaje finales. Aquella experiencia demostró ser muy necesaria como metodología de trabajo y, a la vez, tremendamente enriquecedora, a nivel individual, para tod@s l@s participantes. Fue un planteamiento investigador colaborativo en el que se partía desde una perspectiva multidisciplinar y se aplicaba una metodología múltiple, alcanzando finalmente unos resultados transdisciplinares. Este fue un enfoque y una metodología que algunos investigadores, de áreas de conocimiento híbridas, venimos reclamando y aplicando desde hace bastantes años para temas tan complejos, olvidados e inexplorados como lo son los de este tipo, a caballo entre varias disciplinas propias de las ciencias sociales y de las ciencias naturales. 

El trabajo colectivo inicialmente mencionado se titulaba "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence"resultó muy importante tanto por la magnitud de la muestra revisada como por la luz que aportan os resultados obtenidos. Durante los cinco años previos a la publicación, habían participado en el desarrollo de aquel trabajo colectivo y colaborativo, doce investigadores pertenecientes a ocho instituciones universitarias y a cuatro organismos de investigación, situados en muy diversos lugares de España. El coordinador del grupo fue Miguel Cortes-Sánchez, catedrático del Departamento de Prehistoria y Arqueología, de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla. 

Introducción

En la entrada de hoy se da continuidad al tema iniciado en la entrada anterior, publicada el 15 de julio de 2023exponiendo algunas de las notables dificultades que presenta la identificación paleontológica, para los no especialistas, de algunos ejemplares de origen biológico hallados en contextos arqueológicos, así como algunos de los errores más habituales cometidos por la arqueología tradicional y también algunos casos detectados en los estudios y fondos museísticos de algunos yacimientos arqueológicos ibéricos que fueron revisados en la  investigación publicada en 2020 y que empezó a darse a conocer en el blog en 2022, para difundir su conocimiento a aquell@s de nuestr@s seguidores y seguidoras que pudieran no conocerla. 

3. Resultados (Segunda parte)

Los diversos yacimientos arqueológicos que fueron revisados en el transcurso de la investigación colectiva mencionada se muestran ordenados, cronológicamente, de mayor a menor antigüedad.

Yacimientos arqueológicos del Paleolítico Superior (2)

La cueva del Rascaño o de Rascaño, en Miera (Cantabria)

La cueva del Rascaño o de Rascaño (sin. Rescaño) se encuentra en el valle del río Miera, en el pueblo de Mirones, ayuntamiento de Miera, provincia de Cantabria

Las excavaciones de 1974 en un depósito "magdaleniense arcaico” (sic) (nivel 5: 19,7 cal ka = 19.700 años BP) arrojaron como resultado paleontológico un diente de tiburón fósil (número de inventario ANMRC CE11599) (Figs. 7.13-16).El mencionado espécimen (HWD: 25x10x4 mm.) fue reportado, por primera vez, por González y Barandiarán (1981: 101) quienes en el inventario de la excavación, entre los demás objetos excavados, mencionaron “tiburón” sin añadir más especificaciones. 

Posteriormente Corcón (1986: 337) se  refiere a "un simple diente de tiburón ¿colgante? ¿no trabajado?" sin destacar su intensa abrasión y su peculiar coloración verdosa. No existen marcas naturales especiales o características artificiales particulares que puedan ayudar a dilucidar cuál pudo haber sido la función social de este fósil, cuando estuvo en manos humanas.

La mala conservación del ejemplar y la ausencia de caracteres útiles para el diagnóstico sistemático no permite la identificación por debajo del nivel taxonómico del Orden (Lamniformes indet.). El estado de identificación taxonómica tan imprecisa no permite muchas posibilidades de especulación sobre las posibles áreas geográficas de origen. Sin embargo, los afloramientos costeros del Campaniano de la bahía de Santander, a unos 20-25 km. de distancia de Rascaño, parecen ser la fuente de origen más probable de este espécimen (Fig. 8).

Cueva Rascaño: diente de Lamniformes indet. fotografiado en vistas mesial, labial, lingual y distal, CE11599. Vistas dentales de izquierda a derecha. Fotografías: A. Prada (Museo Nacional y Centro de Investigaciones de Altamira). 
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Este ejemplar, al igual que los dientes de tiburón de Altamira, exhibe una peculiar coloración verdosa, típica de los depósitos rocosos ricos en glauconita, formados en los márgenes continentales poco profundos del norte de Iberia, durante el Cretácico Superior (Corral, 2018). Dado que los materiales geológicos en los que está emplazada la cueva de Rascaño se formó en una facies urgoniana de la caliza marina apciana (Portero y Ramírez, 1978), se puede descartar la posibilidad de que el fósil hubiera podido caer al piso de la cueva, desprendido de la roca de la pared, incorporándose de forma natural al estrato o depósito arqueológico en cuyo interior fue hallado. Por lo tanto es lógico suponer que fue introducido en el interior de la cavidad por alguno de sus ocupantes humanos. Pero no disponemos de marcas u otros indicios que nos permitan suponerle alguna finalidad concreta a la introducción de este fósil en la caverna. Tampoco disponemos de indicios que nos permitan atribuir su presencia en el lugar a alguna intencionalidad determinada o si su presencia es el resultado de una simple pérdida o extravío involuntario.


Cueva del Juyo, en Camargo (Cantabria)

La cueva del Juyo se encuentra en el lugar de Igollo, perteneciente al ayuntamiento de Camargo, a unos 8. Km. de la ciudad de Santander. 
En relación a fósiles hallados en contexto arqueológico los arqueólogos excavadores reportaron 
el hallazgo de un único espécimen de concha de torrecilla fósil, Turritella turris (ANMRCCE54420, Fig. 9), incluida en el nivel 4 (17.1 ca. ka = 17100 años BP) (Barandiaran et al., 1985), juntamente con diversos ornamentos magdalenienses, comunes.
En el Atlántico europeo y Paratethys, la presencia de esta clase de conchas de torrecilla fósil varía desde el Aquitano hasta el Tortoniano. 
Este espécimen particular, de 35 mm de largo x 15 mm de ancho, fue intensamente desgastado externamente por algún agente natural, por lo que se perdió la mayor parte de la escultura externa de su concha. En el caparazón se observan ca. 5 verticilos o espiras, de contorno redondeado y profundamente excavados al nivel de la sutura; faltaban el vértice y las espiras iniciales de la concha. La escultura consistía en cordones espirales aplanados, equidistantes y ligeramente salientes, delgados y gruesos, alternados.
No existen afloramientos neógenos marinos en la región cantábrica ni en la vecina Meseta Alta. Las áreas de origen más cercanas de Turritella turris aparecen en las cuencas del suroeste francés de Aquitania, Dax y Adour (Fig. 8) en depósitos sedimentarios que van desde el Aquitaniano-Burdigaliano hasta el Tortoniano (Lozouet et al., 2001).

Fig. 8. Cuencas sedimentarias del norte de España y del oeste de Francia. Las flechas representan las rutas más directas que presumiblemente siguieron los turritélidos de El Juyo para llegar a esta cueva desde sus áreas de origen más cercanas (Mapa modificado de Lozouet, 2014).
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

En la Península ibérica, algo más más distantes del yacimiento de El Juyo, existen fuentes de origen potenciales en las localidades catalanas en que se encuentran afloramientos del Tortoniano y Burdigaliano-Langhiano. Sin embargo la escultura de la concha fósil del caracol de El Juyo coincide mejor con las características de la esculturas de la concha de los ejemplares franceses (Batllori, 1995; Navas et al., 1996). 

Fig. 9. Concha fósil perforada del gasterópodo Turritella turris en vista lateral procedente del contexto arqueológico de la cueva El Juyo. Se puede apreciar la perforación de la concha en la última espira, pero se desconoce cuál fue el agente perforante, en caso de ser humano, la finalidad pudo ser ornamental y/o mágica.
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Las relaciones históricas documentadas arqueológicamente entre la población de la región cantábrica y la del suroeste de Francia, durante la prehistoria (Sauvet et al., 2008; Tarrino, 2006 ), junto con la morfología coincidente de la concha de el Juyo, refuerzan la hipótesis de que esta concha fósil llegó al sitio arqueológico cántabro desde una de las tres cuencas francesas indicadas (Fig. 8). 
Se requiere un análisis en profundidad de la perforación de la concha, para determinar qué clase de agente pudo haber perforado el verticilo más externo, aunque la regularidad del borde de la perforación apunta a una probable acción humana, más que al posible efecto perforador de las rádulas de los caracoles depredadores (Fig. 9). Esta manipulación humana nos indicaría una acción con la finalidad del  ensartamiento de la pieza para suspenderla mediante un cordón pasante. Pero no sabemos si se hizo para dedicar el ejemplar a un uso de ornamentación corporal o indumentaria, si pudo servir para la identificación de una categoría social o, tal vez, para darle un uso mágico-protector, como amuleto portable.


Cueva de El Pirulejo, en Priego de Córdoba (Córdoba)

Consistente en una grieta existente en la base de un farallón rocoso, en la finca denominada El Pirulejo, situada a las afueras de la localidad de Priego de Córdoba, en las inmediaciones de la carretera comarcal de Priego a Almedinilla.

Hallado un molar de 86,5 mm de largo x 91,0 mm de ancho de un proboscidio, ejemplar ahora alojado en el Museo Histórico Municipal de Priego (número de inventario-2008/44), fue recuperado en el nivel P/2, fechado contextualmente en el magdaleniense final (14-13 ca. ka = 14000-13000 años BP) (Cortes et al., 2016b). Este M3 izquierdo procedente de un individuo senil, retenía cinco placas correspondientes a la porción central del diente, todas las cuales exhibían un marcado desgaste, debido al largo periodo de uso o edad del propietario (Fig. S1). 
Los bucles de esmalte presentaban senos loxodónticos claros, y el esmalte propiamente dicho estaba muy doblado (Fig. S1.2). El espesor del esmalte varía de 2,3 a 4,5 mm (media: 3,31 mm). Todas estas son características de diagnóstico son típicas del elefante de colmillos rectos o elefante antiguo, Elephas (Palaeoloxodon) antiquus (Falconer y Cautley, 1848).

Desde el punto de vista tafonómico, el molar presentaba una costra de carbonato que cubría parcialmente su superficie oclusal. Mostraba señales de haber sido fracturado,  intencionalmente, en sus extremos oral y aboral (Figs. S1.4); las fracturas son perfectamente perpendiculares a la superficie oclusal y presentan una coloración idéntica. Esto contrasta con las caras restantes y, por tanto, sugiere sincronicidad en esta manipulación. Las manchas ocre y los arañazos en las zonas de fracturas de molar, apuntan a su función utilitaria y uso de yunque (Cortes et al., 2016b). La presencia de termo-alteraciones y de carbón en la raíz y en las porciones inferiores de la pared bucal de la corona sugiere un contacto prolongado con una fuente de calor (Fig. S1.1).

Fig. 10. Ubicación de depósitos geológicos con presencia comprobada de restos óseos de  Elephas (Palaeoloxodon) antiquus y de sitios arqueológicos con evidencia de uso de marfil de esta especie de proboscidio.
(1) Llanera; (2) Silluca; (3) Buelna; (4) Castillo; (5) Torralba; (6) Ambrona; (7) Madrid; (8) Aranjuez; (9) Pinedo; (10) Cova Negra; (11) Bolomor; (12) Solana del Zamborino; (13) Angel; (14) Genil  (terrazas fluviales); (15) Guadalquivir (terrazas fluviales); (16) La Rinconada; (17) Guadalete (terrazas fluviales ); (18) Figueira Brava (Elephas o Mammuthus); (19) Foz de Enxarrique. 
Sitios de la Edad del Cobre con Elephas (Palaeoloxodon) antiquus remains; (20) Camino de las Yeseras; (21) Leceia; (22) Senorío de Guzmán; (23) Matarrubilla; (24) Los Algarbes 5; (25) Las  Peñuelas 9 e 10; (26) El Oficio; (27) Los Millares-7; (28) Santa Cruz; (29) Santo Antao do Tojal; (30) Casal do Campo; (31) Casal do Torcato; (32) Grutta da Furninha; (33) Algés; (34)  Meirinha; (35) Conínbriga; (36) Condeixa-a-Vehla; (37) Mealhada.
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

Las fechas obtenidas por datación U/Th proporcionaron un promedio de 185.15 ± 13 ka BP 185.150 ± 13000 años, correspondiente a MIS6 (Cortes et al., 2016b). La fecha se ajusta al rango convencional de 800 a 70 ka 800.000 a 70.000 años BP de una especie cuyos registros ibéricos más recientes datan de ca. 33 ka BP o 33000 años BP (Ros, 2010; Stuart, 2005). Por tal razón, aunque el estado fósil de nuestro espécimen parece válido, los hallazgos pregravettianos en depósitos arqueológicos requerirían una mejor datación absoluta para certificar el estado fósil del ejemplar (Martín, 1988; Stuart, 2005; Mol et al., 2007).
Los ocupantes magdalenienses de la cueva de El Pirulejo podrían haber recolectado este molar en cualquiera de los afloramientos del Cuaternario situados alrededor de la cueva (Fig. 10). Los restos de Elephas antiquus son frecuente en la mayoría de las localidades fósiles que salpican las cuencas del arco infrabético (Guadix, Solana de Zamborino y Loja) (Ros, 2010) y de las terrazas fluviales del río Guadalquivir (La Rinconada, Hornachuelos y Almodóvar del Río) (Made y Mazo, 2001), pudiendo haber sido recolectado en algún yacimiento próximo y transportado hasta la cueva, donde debía ser usado como yunque.


3.2. Yacimientos del Paleolítico superior al Neolítico (1)   

Cueva del Hoyo de la Mina, 

La Cueva Hoyo de la Mina fue un yacimiento arqueológico que se encontraba a 9 km de la ciudad de Málaga, concretamente en un macizo de caliza jurásica que recibía el nombre de Cantal Grande, cuyo tajo separaba esta del conjunto de yacimientos arqueológicos Complejo del Humo.  En ella se identificaron diversos niveles estratigráficos que comprenden desde el Paleolítico hasta el Neolítico. 
En relación al tema paleontológico se encontraron conchas de moluscos con funciones ornamentales, distribuidas a lo largo de la secuencia cronoestratigráfica del sitio. Entre ellas había las de 15 escafópodos fósiles que se usaron como perlas o cuentas, ensartadas por su cavidad interior, incluídas en los materiales de los niveles de edad magdaleniense, epipaleolítico y neolítico (Simon et al., 2005). En ese conjunto de conchas se han podido reconocer dos especies distintas, Paradentalium sexangulum y P. inaequale (Bronn, 1831).


Figura 6 (D). Aspecto de los tres fragmentos de conchas de escafópodos fósiles hallados en la excavación de la cueva Hoyo de la Mina. Los tres ejemplares pertenecían a la especie Paradentalium inaequale. Arriba, en vista cenital para poder apreciar la forma típica del perímetro externo de la concha. Debajo, en vista lateral, para apreciar la forma y el relieve
Imagen: "Fossils in Iberian prehistory: A review

La recolección de escafópodos fósiles, con fines ornamentales, entre los ocupantes de la cueva de El Hoyo de la Mina, se mantuvo durante milenios (Tabla 2). Aunque en el sur de Iberia ambas especies están documentadas desde el Tortoniano, P. sexangulum llega solo al Plioceno mientras que P. inaequale se extingue en el Piacenziano (Aguirre, 2000).
Estos fósiles son frecuentes en los depósitos de la cuenca del Almanzora, de edad mesiniana y también en las margas grises del periodo Alto Zancleano de las cuencas de Vélez-Málaga, Málaga, Mijas y Estepona (Vera et al., 1993; Vera y Lozano, 2004). Aunque en una prospección realizada en el área de 5 km2 alrededor de la cueva de El Hoyo de la Mina no pudo detectarse ningún afloramiento del Plioceno (Ferre et al., 2005), por tanto creemos que los lechos sedimentarios del Plioceno inferior de la costa de Málaga, tuvieron que ser las áreas de origen, más probables, de estos especímenes hallados en contexto arqueológico. Estos lechos van desde menos de 10 km (en la cuenca de Málaga) hasta ca.  20 km del sitio arqueológico (en la cuenca de Vélez-Málaga) (Fig.3; Aguirre, 1995, 2000; Aguirre et al., 2005). P. inaequale es frecuente en la cuenca de Vélez-Málaga pero desconocida en las cuencas de Mijas y Estepona. Si se tomaran proporciones similares de ambas especies en Hoyo de la Mina como un reflejo de las del área de origen, entonces la cuenca de Vélez-Málaga sería el lugar más probable de recolección de esos ejemplares de escafópodos (Vera et al., 1993; Vera y Lozano, 2004).

Notas informativas

1- Como ya ha ido sucediendo en las demás entradas anteriores dedicadas esta misma temática, la "arqueoetnopleontología", el contenido de ésta consiste en la fusión adaptada de una selección de aquellas partes del texto original consultado, que resultaban más relevantes en relación a los rigurosos objetivos divulgativos específicos del blog FFI. Resultando, por tanto, una reconstitución con muy escasas modificaciones de contenido y de estilo, siempre realizadas con fidelidad a los autores y con la finalidad de mejorar la comprensión de ciertos conceptos complejos, por parte de los lectores del blog que no siempre están suficientemente habituados o especializados en temáticas arqueologicas ni en paleontología.

2- Algunas referencias que aparecen en este texto resumido, pueden consultarse en el documento original citado inicialmente:   "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence" publicado en la revista Quaternary Science Reviews 250, en el año  2020.

Continuará

sábado, julio 15

Arqueoetnopaleontología (17)

por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología (17)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Segunda parte)

  

Recapitulación

En el año 2020 se publicó un interesante e importante trabajo colectivo, resultado de la colaboración entre arqueólogos y naturalistas, especialistas en zoología, paleontología y geología. Era un planteamiento relativamente novedoso en nuestro país, por inhabitual y por falta de tradiciónEn la realización del trabajo se había aplicado un planteamiento de enfoque pluridisciplinar, el estudio se había realizado de forma colaborativa, siendo los resultados individuales parciales y complementarios, necesitando de una puesta en común y un encaje finales. Fue una experiencia que demostró ser muy necesaria en este campo de estudios, como metodología de trabajo eficiente y que, a la vez, resultó tremendamente enriquecedora, a nivel individual, para todos l@s participantes. Un planteamiento investigador de este tipo, en el que se partía desde una perspectiva multidisciplinar, se aplicaba una metodología múltiple, alcanzando finalmente unos resultados transdisciplinares, es un enfoque y una metodología que algunos investigadores venimos reclamando y aplicando desde hace años para temas tan complejos como los de este tipo, a caballo entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. 

Ese trabajo colectivo titulado "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence"resulta muy importante tanto por la magnitud de la muestra revisada como por la luz que aportan los resultados obtenidos. Durante los cinco años previos a la publicación, habían participado en el desarrollo de aquel trabajo colectivo y colaborativo, doce investigadores pertenecientes a ocho instituciones universitarias y a cuatro organismos de investigación, situados en muy diversos lugares de España.

Introducción

En la entrada de hoy se da continuidad al tema iniciado en la entrada anterior, publicada el 13 de mayo de 2022exponiendo algunas de las notables dificultades que presenta la identificación paleontológica, para los no especialistas, de algunos ejemplares de origen biológico hallados en contextos arqueológicos, así como algunos de los errores más habituales cometidos por la arqueología tradicional y también algunos casos detectados en los estudios y fondos museísticos de algunos yacimientos arqueológicos ibéricos que han sido revisados en esta investigación que se ha empezado a dar a conocer a nuestros seguidores y seguidoras que pudieran no conocerla. 

Se advierte a los lectores que el contenido de esta nueva entrada dedicada al mismo tema e investigación particular que la entrada anterior, consiste en una selección de aquellas partes del texto original que por estar más relacionadas con los objetivos particulares del blog FFI, pueden interesar a nuestr@s seguidores/as. Luego el texto seleccionado del original en inglés, ha sido traducido al español. La versión castellana, publicada en el blog ha sido redactada con muy escasas modificaciones, siendo siempre fieles al espíritu del texto original y orientadas a mejorar la comprensión de ciertos conceptos complejos o especializados, por parte de aquell@s lectores/as no avezados ni especialistas en arqueología ni en paleontología.


Las dificultades de la arqueología, no especializada, en la identificación de algunos ejemplares

Contrariamente a la sabiduría académica establecida, con independencia del período y la región considerados, la presencia de fósiles en contextos arqueológicos constituyen un tema recurrente en la arqueología prehistórica. En la península de Iberia pueden invocarse varias causas para explicar la escasez de estudios arqueológicos sobre fósiles hallados en contextos  arqueológicos

La primera causa, es esencialmente estocástica, pues sostiene que esta situación ibérica particular, simplemente, refleja el mayor  número de sitios arqueológicos con fósiles disponibles para su estudio en otros países (Taborin, 1993; Eriksen, 2002; ver otras referencias en Álvarez, 2009; Boyadziev, 2008; Bar-Yosef et al., 2010; Dimitrijevic et al., 2010). 

Más intrigante es contemplar la posibilidad de que muchos fósiles existentes en contextos arqueológicos hayan pasado desapercibidos, hasta ahora, para los arqueólogos españoles. Un argumento convincente para respaldar tal propuesta es la gran cantidad de fósiles que nuestra búsqueda restringida a estudios anteriores, logró revelar en un puñado de sitios. La falta de fiabilidad de los registros publicados anteriormente es una de las principales razones para pensar que los fósiles han estado pasándose por alto, con regularidad. De hecho, muchos artículos publicados son cuestionables debido a un fallo sistemático para justificar el estado fósil y taxonómico de los ejemplares, y que un número sustancial de ellos no pudo encontrarse al ser solicitados para su revisión. 

Ambos problemas, simplemente, pueden reflejar una falta de comprensión de la relevancia de los fósiles para la investigación arqueológica, entre sus practicantes. El alcance de tal fracaso va más allá de categorías específicas y vínculos con la tradición humanista de la arqueología ibérica, donde los elementos naturales hallados en los contextos arqueológicos, no suelen ser un motivo de gran preocupación (restos de animales, vegetales, minerales y fósiles). En nuestra opinión, estos casos generan datos de valor científico cuestionable, lo que genera dudas sobre una fracción sustancial de las evidencias arqueológicas. Para abordar este asunto particular, en el futuro, se debería centrar la atención en la implementación de protocolos para reconocer evidencias paleontológicas en el inventario arqueológico y reportar datos de manera adecuada.

La correcta identificación de los ejemplares se encuentra en el centro mismo de este problema, y una primera cuestión es cómo reconocer el verdadero estado de los ejemplares fósiles, subfósiles o no fósiles. Este problema puede parecer trivial, pero para los fósiles no bien mineralizados u otros que no pertenecen a grupos fácilmente reconocibles, como por ejemplo, son los trilobites, ammonites, equínidos, crinoideos, bivalvos, braquiópodos, etc., se requiere un alto nivel de experiencia para lograr una interpretación correcta de algunas de las características visibles. 

El problema es aún más acuciante en los yacimientos arqueológicos, donde los fósiles son escasos, a menudo se encuentran aislados o han sido trabajados, fragmentados y desprovistos de cualquier contexto arqueológico y/o característica paleontológica típica

Pero las cosas se vuelven aún más complicadas cuando los fósiles recientes que son fenotípicamente indistinguibles de las especies contemporáneas existentes en la actualidad. Este sería el caso de los moluscos tirrenienses (Pleistoceno mediterráneo) en yacimientos del área del Mediterráneo, frecuentes en los afloramientos que salpican las costas ibéricas desde Cataluña hasta el Algarve. Estos fósiles son a menudo miembros de especies que aún son vivientes en la actualidad, por lo que parecen sorprendentemente "recientes" y, como veremos más adelante, son elementos de confusión, recurrentes en varios sitios arqueológicos de esta región. En ausencia de ciertas características discriminatorias como son el brillo, el peso, la bioerosión o las incrustaciones, y sin poder tener acceso a buenas colecciones de referencia, los analistas de ese tipo de ejemplares deben ser conscientes de que los especímenes que, a primera vista, consideran recientes, de hecho, podrían ser fósiles.

El hecho de no lograr las identificaciones adecuadas de los ejemplares arqueológicos de naturaleza orgánica, a menudo refleja la falta de contacto con paleontólogos o paleobiólogos. Esta deficiencia, eventualmente, se traduce en graves interpretaciones sistemáticas, cronológicamente erróneas, como sería considerar la presencia de conchas de caracol fósiles como una evidencia de la existencia de actividades humanas prehistóricas de pesca o recolección de conchas con fines alimentarios o la presencia de los dientes de tiburón, fósiles, como resultado de la pesca de este tipo de peces, con fines alimentarios (Russ, 2010; Lujan, 2016). 

En la mayor parte del material faunístico, la coloración de los ejemplares, por sí sola, puede no resultar decisiva para distinguir los restos fósiles de los recientes. De esta manera, el color verde distintivo de los dientes de tiburón de los depósitos ricos en residuos glauconíticos es una pista de que el diente es fósil, sin embargo, uno debe estar interesado en diferenciar estos tonos verdes de aquellos de los dientes recientes que han estado en contacto con óxidos de cobre (pigmentación por contaminación procedente de herramientas de este material en las proximidades). Lo mismo ocurre con los tonos negros producidos en unos casos por termoalteraciones por combustión (restos a menudo recientes) y en otros por impregnación de manganeso (resto fósil), o rojos resultantes del proceso de diagénesis/redox (resto fósil) vs. contacto con objetos de hierro en condiciones anaerobias (herramientas), etc.

Separar los restos fósiles de los restos recientes puede requerir ocasionalmente equipo y técnicas específicas. Este sería el caso de los isótopos de estroncio, solo reportados en escafópodos fósiles, y los análisis de microscopía electrónica que monitorean de manera no destructiva si el contenido de fluoruro en el esmalte de diente de tiburón (fluorapatito) es alto tanto en la raíz como en la corona (fósil) o solo en la corona (reciente) (Elderfield, 1986; Shackleton and Elderfield, 1990; Vanhaeren et al., 2004; Bajnoczi  et al., 2013; Lübke et al., 

Modernas instalaciones de microscopía electrónica para poder realizar observaciones de muestras preparadas, a grandísimo aumento y enorme resolución óptica.
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hipertextual  https://hipertextual.com/2014/08/microscopio-electronico

Para las polémicas cuentas del escafópodo “Dentalium” (ver discusión), la espectrometría FT-Raman sería una forma no invasiva de diferenciar rápidamente los que son reciente de aquellos que son fósiles. 2017).

La identificación a nivel taxonómico es mucho más desafiante dado el amplio espectro de grupos que alberga el registro fósil. Ningún analista se siente cómodo identificando especímenes cuya disparidad anatómica excede la variabilidad que conoce. 

Los icnofósiles, grupos cuyas diferencias morfológicas interespecíficas son sutiles, y los fragmentos, como suele ser el caso de los especímenes trabajados, son particularmente problemáticos (Cáceres et al., 2019; Vera y Lozano, 2004). Rara vez los especialistas pueden otorgar un estatus taxonómico a los fragmentos. La fragmentación plantea el problema del tamaño. Aunque el tamaño no es garantía de una identificación taxonómica correcta, el tamaño es a menudo un rasgo de diagnóstico útil. Incluso cuando se trata de especímenes completos, y más aún en el caso de diferencias sutiles entre taxones, el tamaño pequeño dicta el uso obligatorio de equipo óptico de aumento (Vera y Lozano, 2004).

En ocasiones la correcta identificación taxonómica de un ejemplar requiere de personal especializado y del uso de equipos sofisticados. Sucede cuando la ultraestructura del material o las pistas químicas permiten realizar un diagnóstico correcto del fósil, como es el caso del marfil (Schuhmacher et al., 2013).

Los escafópodos ejemplifican como pocos grupos zoológicos los problemas taxonómicos que nos hicieron difícil poder aceptar el estatus de fósil verdadero de muchos especímenes que aparecen en la literatura ibérica. Los problemas aquí van desde la falta de colecciones de referencia, hasta suposiciones no declaradas. Las conchas de "colmillo de mar" a menudo carecen de características llamativas que permitan diferenciarlas fácilmente. Pertenecen a gasterópodos pequeños y, a menudo, se han convertido en adornos personales, cosa que implica que la mayoría hayan sido más o menos alteradas. Añádase que el registro fósil del Neógeno Ibérico, con 24 especies de 9 géneros está muy diversificado (Paradentalium [5 especies], Fissidentalium [1 especie], Antalis [8 especies], Pseudoantalis [1 especie], Fustiarias [3 especies], Gadilina [1 especie], Entalina [1 especie], Pulsellum [1 especie]) y Cadulus [3 especies]). Viendo esta diversidad se comprende por qué los escafópodos fósiles son la pesadilla de un taxónomo no especializado en el grupo. Por estas razones, ningún arqueólogo pudo otorgar estatus, y mucho menos taxón, a muchos de los especímenes que encontrados y que luego estudiamos. 

Una muestra de fragmentos de cochas de escafópodos usadas con fines ornamentales, rituales, apotropaicos, identificativos, etc. por humanos prehistóricos y, modernamente, halladas en contextos arqueológicos correspondientes a diferentes lugares: (C) collar de escafópodos fósiles y cuentas de piedra procedente de El Oficio; (D) escafópodos de la cueva Hoyo de la Mina: (1-3) Paradentalium inaequale; (E) escafópodos de la cueva del Tesoro: (4-10, 12-14, 16-18) P. sexangulum, (11, 15) P. inaequale. Pi: P. inequale; Ps: P. sexangulum; (F);(F) P. sexangulum noe forma de Campo Real (19, Fotografía de Ana Gómez, Casa Museo Jorge Bonsor) 

Para complicar aún más el problema, el término  "Dentalium" se ha utilizado tradicionalmente en la arqueología ibérica en un sentido genérico y vago para referirse a cualquier tipo de "concha de colmillo marino", perteneciese o no a ese género zoológico. Sin embargo, el género Dentalium, aún existente en la actualidad, solo está presente en la región del Indo-Pacífico, por lo que todos los escafópodos mediterráneos que anteriormente habían sido identificados y etiquetados erróneamente como Dentalium, actualmente, se encuentran incluidos en el género Antalis

La mayoría de las especies de escafópodos ibéricos, tanto prehistóricas como actuales, son raras y bastante pequeñas, aunque los taxones del Mioceno y Plioceno eran en promedio más grandes que sus equivalentes del Pleistoceno. Dado que los antiguos recolectores se habían centrado, durante mucho tiempo, en buscar y recoger los especímenes más grandes, el número de especies que pueden aparecer en los sitios ibéricos está restringido a seis (es decir, los dos Paradentalium reportados en este documento (ver discusión) a los que se deben agregar cuatro especies de Antalis (A. fossile, A. inaequicostatus, A. dentalis y A. vulgare, de los cuales los dos últimos todavía habitan el mar Mediterráneo). 

Dado que todos los A. vulgare que encontramos eran modernos, incluso aún cuando están certificados taxonómicamente, el estado fósil de los escafópodos denominados , en la literatura ibérica “Dentalium”, “Dentalium sp.” y “D. vulgare fósil”, siempre requerirán confirmación por parte de un especialista en paleontología. Las conchas de los denominados vulgarmmente "colmillo de mar" también ejemplifican, como pocos otros grupos, la necesidad de que existan buenas colecciones de referencia para poder realizar comparaciones fiables. 

Una práctica arqueológica generalizada, y nada recomendable, es aquella que consiste en que en ausencia de las muestras de colecciones de referencia pertinentes, se realiza un arriesgado ejercicio de atribución intuitiva, hallando la mejor correspondencia con "lo que sea" que se encuentre a mano y presente semejanza. Esta práctica de identificación improvisada no es nueva. En efecto, creemos que así es como D. de Orueta y Aguirre, en el siglo XIX, llegó a identificar como Dentalium elephantinum las conchas de de escafópodos  de Paradentalium que E. J. Navarro le envió procedentes de la “Cueva del Tesoro” (Navarro, 1884). Casi 20 años después, el Revdo. R. A. Bullen siguió su ejemplo con las conchas de colmillos de mar que J. Bonsor le envió desde Campo Real, ejemplificando otro “principio” de identificación equivocado como fuera seguir los pasos de prestigiosos colegas (Bullen, 1905).

El uso de herramientas inapropiadas, como las guías de campo y las ilustraciones en la web, en lugar de otras fuentes más confiables (es decir, Steiner, 1997; Steiner y Kabat, 2001, 2004) complica aún más las cosas y, a menudo, resulta en la aparición de todo tipo de errores, como confundir tubos  de poliquetos serpúlidos con conchas de escafópodos.

Informar correctamente sobre el hallazgo de fósiles en un contexto arqueológico, requiere no solo especificar cómo se lograron las identificaciones de los ejemplares, sino también ilustrar el aspecto de los especímenes correctamente. Las buenas ilustraciones a menudo ofrecen una forma confiable de verificar la identificación de los ejemplares hallados. Aunque aquí la calidad gráfica es muy importante, obviamente, las consideraciones anatómicas son igualmente importantes a tener en cuenta. La tendencia a representar los escafópodos en vista lateral, por ejemplo, es una costumbre lamentable, porque solo la forma de los perímetros externo e interno del caparazón, cuando se ven en sección transversal, son realmente informativos desde el punto de vista taxonómico. 

Para el caso de los bivalvos, a menos que las muestras sean fácilmente reconocibles debido a ciertas características específicas típicas, se deben ilustrar las caras externa e interna de la valva para ver si existen incrustaciones, perforaciones, etc. (icnitas). Si no se hace así, es posible que los investigadores no puedan certificar la verdadera naturaleza fósil o subfósil de un espécimen determinado (por ejemplo, Bosch et al., 2011).


2. Materiales y métodos

2.1. Materiales

Los fósiles estudiados, que suman 156 (de ellos 143 estudiados por nosotros y 13 adicionales evaluados a partir de otras publicaciones; ver Tablas 1 y 2) proceden de múltiples fuentes de origen (han sido recuperados en 20 sitios arqueológicos diferentes). Todos ellos  fueron tomados en afloramientos geológicos y luego transportados hasta depósitos arqueológicos, con la única excepción de la cueva de Las Aguas (ver Resultados).
El conjunto de fósiles se pueden separar aún más en dos subgrupos:

i) Fósiles recuperados en nuestras excavaciones (por ejemplo, El Juyo, Hoyo de la Mina, Hedionda-IV) y excavaciones abordadas por proyectos de investigación en los que participaron algunos coautores (por ejemplo, La Pileta, El Pirulejo, Tesoro, Altamira, Rascaño, Campo Real ) y fósiles de colecciones de arqueofauna  que se nos pidió estudiar (por ejemplo, Aitzbitarte-IV, Peña de la Abuela).

ii) Evaluaciones de fósiles descritos en la literatura (por ejemplo, Las Aguas, Reclau Viver, Tossal de les Basses, Les Jovades, Los Alcores, Casal do Pardo) o realizadas a través de contactos personales con conservadores y excavadores (por ejemplo, Parpalló, El Oficio, Señorío de Guzmán). Cabe destacar que varios artículos de este último grupo no se pudieron encontrar a pedido nuestro y que otros, por diversas razones, no pudieron estudiarse debidamente; todos estos, solo se mencionan en la sección de revisión. 

2.2. Métodos 

Para determinar el estado fósil de los restos de proboscidios, seguimos a Osborn (1942) y Aguirre (1995). 
Los moluscos fósiles se identificaron siguiendo los criterios proporcionados por Lozano (1999), Vera et al. (1993) y Vera y Lozano (2004), junto con la colección de referencia de A. Morales que se encuentra en la Universidad Autónoma de Madrid. 
Los dientes de tiburón se compararon con el material recogido en parte por uno de los coautores (J.C.C.) que ahora se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de Álava. La terminología descriptiva y la nomenclatura taxonómica de los tiburones sigue a Cappetta (2012). 
Las medidas se tomaron con un calibre digital (error estimado ± 0,1 mm). Debido a la heterogeneidad para reportar fósiles en la literatura ibérica, se han considerado tanto el Número de Especímenes Identificados (NISP) como el Número Mínimo de Individuos (MNI) (Reitz y Wing, 2008). 
Los análisis tafonómicos y de uso-desgaste siguen a Taborin (1993). Un estereoscopio Nikon-SMZ-P00 permitió el estudio de los procesos de fabricación. Los criterios para definir las lámparas paleolíticas siguen a Beaune (1987).
La supuesta falta de sincronicidad de los elementos se exploró mediante los datos cronoestratigráficos publicados (véanse las referencias en el siguiente párrafo). Se obtuvieron dátos absolutos para el diente de elefante de El Pirulejo (U / Th) y la ostra de La Pileta, (14C / AMS) (Cortes et al., 2016a, b).
Las áreas de origen de los fósiles se exploraron mediante estudios de campo de sus alrededores de Hoyo de la Mina (5 km2), Hedionda-IV (800 m) y Tesoro (20 km2) (ver Ferrer et al., 2005; Vera y Lozano, 2007). Se utilizaron mapas geológicos del Servicio Geológico Español (IGME) y publicaciones de los yacimientos de La Pileta, Altamira, Rascaño, El Juyo, El Pirulejo, El Oficio, Los Alcores, Les Jovades y Tossal de les Basses (Aguirre, 1995; Aguirre et al., 2005; Cossmann y Peyrot, 1924; Glibert, 1945; Lozano, 1999; Vera y Lozano, 2004).


3. Resultados (Primera parte)

Los diversos yacimientos revisados en la investigación colectiva se muestran ordenados, cronológicamente, de mayor a menor antigüedad

Yacimientos arqueológicos del Paleolítico Superior

Cueva de la Pileta, en Benaoján, Málaga, (Andalucía) 

Una ostra común y una almeja agridulce, cuya naturaleza fósil había pasado desapercibida en la excavación de 1943, fueron identificados como fósiles por los investigadores tras la inspección de las colecciones de la sección de Arqueología del Museo de Málaga (Inventario número 232; Fig. 2.1 y 2.2). 

El primer fósil de La Pileta es una valva izquierda de ostra común (Ostrea edulis Linnaeus 1758)La datación por medio del análisis de 14C / AMS de la corteza estalagmítica que recubre la cara palial de la ostra, proporcionó una fecha de depósito en la cueva o edad de ca. 31,8 a 31,4  ka. BP, coincidente con el período gravetiano (Cortes et al., 2016a). Este espécimen es una valva casi completa de la ostra común .

En el sur de Iberia, la especie aparece por primera vez en los depósitos del periodo Langhiense-Serravalliense y llega hasta nuestros días (Lozano, 1999). El color amarillento y la textura de la costra de calcarenita que recubre este gran ejemplar (diámetro umbopallial: 178,8 mm, diámetro anteroposterior: 129,7 mm) (Fig. 2.2A) coinciden con los que muestran las ostras de los depósitos tortonianos de la cuenca de Ronda (Fig. .3).

Fig. 2.2. Bivalvos fósiles de La Pileta.Valva izquierda de Ostrea edulis en vistas externa (A), interna (B) e interna oblicua (C) y primer plano de la zona palial (D). 

Desde un punto de vista funcional, esta valva de ostra fue transformada en una lámpara de canal abierto, siendo el canal aquí la parte de la concha situada debajo de la cámara branquial justo debajo del sifón cloacal (Fig. 2.2). La muestra estudiada cumple tres de los criterios para calificarla como lámpara, a saber: (1) una marcada concavidad en la superficie interna de la válva ventral con trazas de termoalteración (Fig. 2.2C), (2) residuos orgánicos en la zona activa y bordes y (3) modelado intencional mediante extracciones con un martillo duro, modelando un mango para sostener el instrumento (Beaune, 1987).

Fig. 2.1. Bivalvos fósiles de La Pileta. Valva de Glycymeris bimaculata, valva en vista externa (A) e interna (B)

El segundo fósil de La Pileta es una valva incompleta de una gran almeja agridulce Glycymeris bimaculata (Poli, 1795) (Fig. 2.1). Los lechos locales del Neógeno-Cuaternario documentan que esta especie aún habita en aguas ibéricas desde el Mioceno (Lozano, 1999). El fósil no presenta rastros de manipulación humana, por lo que no se le puede atribuir ninguna posible función. Su color también coincide con el de los fósiles de las facies calcareníticas de los lechos tortonianos de la cuenca de Ronda (Fig. 3). Los rastros de bioerosión, visibles en el exterior del ejemplar, en este caso, causados por una esponja incrustante (género Entobia) (Fig. 2.1A), es otro rasgo distintivo de los fósiles de los lechos de la cuenca de Ronda. Estos depósitos marinos, que no se sabe que se encuentren a más de 15 km de La Pileta, son la fuente más cercana y probable de extracción de estos bivalvos (Cortes et al., 2016a).

La cueva de Las Aguas, en Novales  (Cantabria)

La cueva de Las Aguas fue descubierta en el año de 1909 por Hermilio Alcalde del Río. Este fósil fue utilizado durante el horizonte temporal de existencia del arte rupestre de tipo gravetiano, pero no procede de un nivel arqueológico concreto pues formaba parte de manera natural de las paredes de la caverna (Alcalde et al., 1911). También es el único fósil no transportado por humanos, descrito en este estudio. El espécimen se conserva incrustado en la pared de piedra caliza del periodo Aptiano superior, del interior de la cueva, y consiste en una sección transversal de un gran molusco rudista del género Pseudotoucasiadel Cretácico Inferior.

Arte rupestre sobre sustrato paleontológico, del Paleolítico superior, existente en el interior de la cueva de Las Aguas, en Novales Cantabria. El conjunto de puntos rojos se pintaron sobre una sección natural de un molusco rudistido de gran tamaño del género Pseudotoucasia (probablemente P. santanderensis) que afloraba naturalmente en la superficie de roca caliza de la pared de la caverna. Tal vez su forma particular pudo influir para que fuera aprovechado para darle algún significado simbólico o alguna función particular, al señalarlo mediante la serie de puntos rojos.  

El gran ejemplar fósil, incrustado en su roca matriz, estaba decorado con motivos de grandes puntos rojos, posiblemente para conseguir resaltarlo visualmente de los materiales de su entorno, por ser del mismo color de fondo que la roca de las paredes de la cámara funeraria de la cueva (Fig. 4). 

A pesar de su identificación taxonómica, pendiente de confirmación y autorización para su estudio, la especie más probable es Pseudotoucasia  santanderensis (Doubille, 1889), pues es una especie frecuente en las calizas urgonianas que afloran entre las localidades  de Comillas y Santander, muy cercanas al sitio arqueológico de la cueva de Las Aguas (Mengaud, 1920; Ramírez del Pozo y Portero, 1976).

Continuará