jueves, febrero 14

El rayo y los fósiles ibéricos (1)

Por Heraclio Astudillo Pombo. UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo por el folklore español 


Algunos antecedentes histórico-culturales, de unas creencias supersticiosas, muy arraigadas en la sociedad rural ibérica



Sobre la divinización del rayo en la antigua Europa

La destrucción causada por el impacto del rayo, precedido por el fulgor, de su trazado en el cielo o seguido del fragor de los truenos y el resplandor de los relámpagos, ha generado en nuestra especie, y en otras muchas de mamíferos, un temor instintivo que facilmente puede transformarse en terror incontrolable, especialmente cuando un rayo impacta sobre el terreno cercano.

Impresionante y pavorosa imagen de la caida e impacto de un rayo sobre algún lugar, más o menos, próximo. La luz cegadora, el estruendo espantoso y, sobre todo, la destrucción causada al caer sobre el objeto o ser, afectados, debió causar terror en las personas situadas en lugares cercanos, en un tiempo en que no se conocían sus causas naturales, ni las formas para evirar su impacto "fulminante"
 
Si repasamos la cultura mitologica de todas las culturas europeas, antiguas, podemos observar que divinizaron y personificaron, las incontrolables y temidas fuerza de la naturaleza, antes citadas: rayos, truenos y relámpagos, debido a su salvajes comportamiento y a sus temibles consecuencias las relacionaron con dioses o diosas que las generaban, dirigían y controlaban, sobre el mundo terrestre. Como el peligro procedía del cielo tormentoso, convirtieron las nubes tempestuosas, en carro, asiento o residencia de divinidades mitológicas, celestes, con capacidades meteorologicas, para así poder negociar con ellas y, de esta manera, conseguir propiciar sus qualidades sobrenaturales, haciendo disminuir los efectos destructivos y aumentar los efectos más favorables para la agricultura, la ganadería y la seguridad de las personas y sus pertenencias.

Con la finalidad de influir sobre los espíritus divinos administradores del agua que fertiliza los pastos que engordan a los rebaños, que hace crecer las cosechas y que permite fluir las fuentes, circunstancias que aseguran la prosperidad de sus devotos adoradores. Pero también para evitar sufrir los efectos de su cólera pues conocen las consecuencias que sobre los humanos tiene su irritación divina, manifestada con el temible lenguaje de los truenos, los relámpagos y los rayos.

Vemos como todas las antiguas mitologías y las religiones primitivas, de todos los continentes, siempre han considerado al rayo, el trueno y el relámpago como temibles manifestaciones de la indignación divina. También vemos que esas divinidades terribles, para vengarse de los agravios humanos, usan un arma arrojadiza, con la que golpean a aquellos que se atrevan a ofenderlos quebantando sus normas, lanzandosela desde el cielo .

Estatuilla de bronce, del dios griego Zeus tronante, señor de la lluvia y del viento, del trueno y del rayo, representado en actitud de lanzar un rayo sobre sus enemigos, tal vez los gigantes o quizás algunos humanos infieles. Procedente del yacimiento de Dodona (Grecia) realizada a inicios del s. V aC. Stadtliche Museum, Berlin (Alemania)
Imagen: http://classics.uc.edu/~johnson/myth/zeus_images/zeus3.jpg

También podemos darnos cuenta que fueron las antiguas culturas agrarias y pastoriles las que colocaron a las divinidades tronantes, poseedoras del don de la lluvia y del castigo del rayo, entre las más importantes de sus respectivos olimpos míticos.
Posteriormente, con las sucesivas oleadas migratorias, comerciales e invasoras, fueron llegando las diferentes creencias de los extranjeros y los cultos y a otras tradiciones, asociadas a las diversas divinidades meteorológicas, hasta las distintas regiones de la primitiva península ibérica. Podía tratarse de mitos y prácticas religiosas y supersticiosas, de procedencia céltica, romana, etrusca, helenica, fenicia, caucásica, urálica, cartaginesa, germánica, escandinava y aún de otras culturas más lejanas, com el Medio Oriente, asmiladas por griegos y romanos.

Estatuilla de bronce del dios escandinavo Thor, señor de la lluvia, del trueno y del rayo. Representado sentado, en actitud meditabunda mientras sujeta su martillo mágico Mjolnir, productor de truenos y rayos. Probablemente del siglo X. Encontrada en una granja en Akureyri en Islandia. Imagen reproducida por cortesía del Museo Nacional de Islandia, Reykjavik.
Imagen: http://www.windows.ucar.edu/tour/link=/mythology/thor_thunder.html&edu=high


Sobre la cristianización del rayo en la Península ibérica

Hacia el siglo XI o XII, concluida la Reconquista de la mayor parte de la península se produce la definitiva y efectiva cristianización de casi toda la península ibérica, las antiguas divinidades paganas de la lluvia, del trueno y del rayo que hasta entonces habían sido veneradas, en algunos lugares, por las sociedades rurales, irán desapareciendo ante el empuje de los monjes misioneros y la exclusividad de culto que exige el dios cristiamo.
La cristianización de las antiguas costumbres religiosas y creencias mitológicas se produce al transferir los atributos meteorológicos típicos de las primitivas divinidades paganas a Dios Padre Todopoderoso y, en menor medida, a determinados santos y santas cristianos. En aquellos casos en que las divinidades paganas y sus cultos antiguos, no puedan ser asimiladas por la nueva religión, entonces, serán demonizadas y pasarán convertirse en malos espíritus de diversa categoría: diablos, espectros o brujas, responsables de las desgracias y calamidades, causadas a los cristianos, por odio a su adoración de Dios.

Reproducción de una estatua romana del dios Júpiter, esculpida en mármol blanco, representado sosteniendo el fuego celestial en su mano derecha, de forma triunfal, como símbolo de su poder destructor o fertilizador de pastos y cultivos.
Imagen: http://www.theplatelady.com/figurines7/6820.jpg

Con la cristianización de la sociedad rural ibérica, las creencias y prácticas religiosas las antiguas religiones paganas, se convirtieron y pervivieron, en la cultura popular, en forma de creencias y prácticas supersticiosas, algunas de las cuales se han conservado hasta nuestros días.

Las llamadas "puntas de rayo" o "piedras de rayo", en la península ibérica, llamadas en otras culturas "piedras del trueno", son un tipo de piedras, que en la mayoría de los casos y desde la antigüedad hasta tiempos recientes, han sido identificadas por los prehistoriadores y arqueólogos como hachas prehistóricas de piedra, talladas o pulimentadas hace miles de años, generalmente de silex, cuarzo o cuarcita, materiales dotados de la particular propiedad de desprender chispas cuando se le golpea, característica que sirvió para vincular a estos objetos con el fuego celestial.

Grupo de hachas, neolíticas, de piedra pulimentada, a las que los labriegos y pastores que las encontraban, casualmente, ya fuera en la superficie o enterradas,  les daban el nombre de "piedra de rayo", hasta no hace muchos años. Las recogían y las conservaban para darles un uso protector, como preventivo contra las descargas del rayo.
De forma muy ocasional y local, los proyectiles celestes no han sido identificados, por la cultura popular española, con hachas de piedra prehistóricas, sino con diversos tipos de fósiles, los más frecuentes de los cuales fueron los erizos de mar, los belemnites y los dientes de tiburón, aunque también se llegó a relacionar con el rayo, algun tipo de braquiópodo.

Según la mentalidad popular, las supuestas piedras que guiaban el rayo hasta su objetivo, también podían servir para alejarlo de ciertos lugares, si eran recogidas después de transcurridos más de siete años desde su impacto terrestre y colocadas en ellos. De manera que hasta tiempos tan recientes como la década de los años seteinta, del pasado siglo XX, fueron usadas en entornos rurales como poderosos amuletos protectores, capaces de alejar la caída del fuego del cielo y el impacto de las piedras celestes.


Fuentes:

-Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing.
- Kunz, George Frederick. 1997. The Magic of Jewels and Charms. Mineola, NY. Dover Publications.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. ORD & SAG, 14. Udgivet af Institut for Jysk Sprog og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)

lunes, febrero 4

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (8)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (8)


FÓSILES JACOBEOS EN CASTILLA-LEÓN.

En esta comunidad autónoma solo se ha podido encontrar una única referencia a la vinculación de cierto tipo de fósiles con Santiago Apóstol, por mediación de su legendario caballo. Se trata de un lugar remoto de la provincia de León.

Encrinitas contra las influencias malignas

En la zona de Lumajo, pequeña localidad perteneciente al municipio de Villablino, en la provincia de León, comarca de Laciana, los habitantes de mayor
 edad decían que sus padres decían que las marcas redondas, en relieve, [son los artejos pedunculares de crinoideos devónicos] que son visibles en la superficie de algunas rocas de la localidad [las encrinitas] eran las marcas dejadas por las "pisadas del caballo de Santiago". Antiguamente, como consecuencia de este supuesto origen prodigioso, se había creído que las rocas [encrinitas]  que contenían ese tipo de huellas equinas resultaban benéficas. Ese tipo de marcas imaginarias prodigiosas, por su origen celestial y milagroso tendría un cierto carácter mágico-religioso protector. 
Como consecuencia de esta creencia popular se solía poner alguna pieza de roca encrinita, bloque o losa, incrustada en los muros de piedra de las construcciones que protegían alguna propiedad considerada valiosa (corrales de ganado, gallineros, graneros, etc.) y, también,  en las fachadas de las viviendas humanas. Se ubicaban, habitualmente, al lado o sobre las puertas principales de entrada, puesto que se suponía que gozaban de virtud repelente contra toda influencia maligna. Su finalidad era alejar a posibles enemigos reales que quisieran entrar (ladrones, animales depredadores y plagas del ganado estabulado, plagas domésticas, rayos causantes de incendios, etc.) o enemigos imaginarios (brujas, fantasmas, malos espíritus, diablos, etc). Creyendo disponer de un elemento mágico-religioso protector que evitaría la penetración del mal y sus perjuicios en todo aquello que conservaran en el interior de los edificios "asegurados" por el poder milagroso de Santiago Apóstol... y su caballo volador.

Fragmento de roca encrinita incluido en un muro de piedra seca, colocado justamente junto a la cancela de hierro forjado que cierra la puerta de entada a la finca. 
Se desconoce si la ubicación de esta pieza de encrinita en el muro, es producto de una casualidad o, en el tiempo en que se colocó, tuvo alguna finalidad protectora de tipo defensivo. 
Imagen: Asociación Aragonito Azul
 
En la actualidad, parece ser que aún se sigue haciendo uso de la roca encrinita como elemento de ornamentación arquitectónica, pero solamente con finalidades puramente decorativas. La abusiva extracción moderna de este tipo de roca ha causado alarma y preocupación entre los vecinos. Tanto es así que la Junta Vecinal ha tenido que poner carteles informativos, en los distintos yacimientos que hay en el término del pueblo, prohibiendo "sacar roca" de esos lugares. Los carteles van dirigidos a los potenciales recolectores locales y a los "expoliadores" forasteros.

Abrevaderos salutíferos

Aún disponemos de otra información curiosa e intrigante sobre el antiguo uso leonés de la roca encrinita en el medio rural. En este caso nos fue proporcionada por otro informante leonés. Hace referencia a una antigua práctica popular, relacionada con la protección del ganado y la creencia no racional que la sustentaba, que quizás también podría estar vinculada con la interpretación popular de su interpretación como la marca equina prodigiosa que se ha presentado previamente. 
"Únicamente en la comarca de Babia, he visto personalmente, y me comentó alguna persona mayor, que antaño los abrevaderos donde bebían los animales domésticos los hacían con un tipo particular de roca. Antiguamente se utilizaba encrinita (roca caliza griotte y roca caliza de crinoideos), ya que antiguamente se creía que ese tipo particular de piedra era capaz de purificar el agua que contenía y que bebían los animales, por lo que se creía que este tipo de piedra ayudaba protegerlos de enfermedades y a mantenerlos sanos."

Aspecto de un antiguo abrevadero monolítico, ligeramente rectangular (82 cm. x 58-cm.), tallado y excavado en un bloque de piedra. Imagen: Anticuable. https://www.anticuable.com/products/pilon-rectangular-de-piedra-caliza-82-cm-x-58-cm 

Aunque el informante
 de mi informante no hizo ninguna alusión al prodigioso caballo de Santiago ni a su santo jinete, ni a ningún personaje sagrado, legendario o sobrehumano, como responsables de la virtud de aquel tipo particular de roca, es lógico imaginar que la supuesta virtud purificadora de ese tipo de roca, debería estar motivada por alguna causa particular o personaje causante, más o menos extraordinarios. Un detalle fundamental para conocer y entender el origen de la virtud de aquel tipo de piedra, que el informante de mi informante, quizás no se atrevió a manifestar, tal vez por falta de confianza o exceso de prudencia, ante el forastero que se interesaba tanto por aquel asunto tan localista.

Aspecto de la superficie natural, meteorizada, de una caliza de crinoideos o encrinita, en la que predominan, claramente, los restos de este tipo de equinodermos. Cuando este tipo de roca se cincela o se corta, en la superficie fresca la calcita que constituye los restos esqueléticos forma unas bonitas figuras geométricas, de color claro, que destacan sobre el fondo algo más oscuro, resaltando de forma bien visible. Imagen: http://fr.academic.ru/dic.nsf/frwiki/585238


A modo de conclusiones provisionales:

La cultura popular española, parece haber estado vinculando, durante siglos, diversas clases de fósiles con Santiago El Mayor, patrón de las Españas, y con su portentoso caballo volador. Seguramente tal proceso de vinculación se ha debido producir con posterioridad al inicio de la devoción popular al santo (siglo IX), probablemente el proceso se iniciaría coincidiendo con la etapa de máxima popularidad del santo (siglo XI) para empezar a decaer con la difusión de las ideas ilustradas (siglo XVIII), y acabar por desaparecer a finales del siglo XIX, momento en que la influencia racionalista y naturalista de la ciencia paleontológica ya se debía hacer notar en la mentalidad de una gran parte de la sociedad española, incluso en las zonas rurales, y de la interpretación que se hacía de los fósiles.



Sobre las motivaciones de vinculación.

El hecho que motivó a establecer una relación entre ciertas marcas en las rocas y objetos pétreos con un determinado personaje sagrado y su caballo, posiblemente, se desencadenó debido a que ambos, caballero y caballo, eran extraordinariamente afamados, entre las clases populares de la península. La popularidad de ambos era debida a la difusión y al impacto social, previos, de tres mitos fundacionales de la cultura cristiana medieval:

- el hallazgo de la tumba de Santi Yago (=Santiago), en el finisterre gallego;
- los viajes del apóstol peregrino, dedicado incansablemente a la evangelización de la población pagana de Hispania
- y las oportunas apariciones, milagrosas, del aguerrido caballero, manejando una espada fulminadora de moros, cabalgando sobre un ágil y portentoso caballo, capaz de saltar montes y valles. Estas prodigiosas intervenciones militares del santo que habían contribuido, decisivamente, al éxito de la Reconquista, especialmente, en sus etapas iniciales.

Representación pictórica de Santiago Matamoros, a lomos de su caballo blanco, abatiendo sarracenos. Códice español de 1550.

Los tres mitos jacobeos fundamentales, mencionados anteriormente, se verían reforzados con la invención de diversas leyendas etiológicas locales, cuya veracidad y credibilidad se sustentaba sobre la existencia de pruebas materiales, de naturaleza pétrea y de origen milagroso o maravilloso. Las evidencias del paso del apóstol eran unas “piedras figuradas” representando diversos atributos del santo y unas marcas en las rocas, dejadas por las pisadas de su caballo. Todas las leyendas explicativas, lógicamente se generaron en diversos lugares de España, en los que existían determinadas clases de fósiles, y , además, por los que según la tradición oral discurrían distintas rutas evangelizadoras o estaban próximos a lugares donde se habían producido apariciones guerreras.

Fósiles y leyendas jacobeas sobre un sustrato de imaginativa credulidad y religiosidad populares, favorecían los intereses clericales de expansión del cristianismo entre grandes masas de población rural, que aún se mantenían paganas y entre a otras que habían sido islamizadas en los últimos siglos.
Al vincularse un espacio determinado, aquel que contiene piedras marcadas con los símbolos jacobeos, con un personaje sagrado para el cristianismo, el espacio vinculado deviene sagrado y cristianizado, convirtiéndose de esa manera, el espacio y los fósiles que contiene, que originalmente eran naturales, en un lugar i objetos culturales capaces de transmitir, pasivamente y durante siglos, un mensaje religioso, cristianizante y moralizante, con poder de ifluencia sobre todas aquellas personas de su entorno que conocen la correspondiente leyenda hagiológica y etiológica que explica el origen milagroso de aquellas piedras o de aquellas marcas en la roca.

Grabado popular, representando a Santiago Apostol ataviado con el característico hábito del peregrino del Camino de Santiago, mostrando todos los elementos propios del atuendo: bordón, calabaza, vieiras, zurrón, capa, sombrero, etc., posiblemente impreso en el siglo XVIII.
Imagen: Saint James the Great 


Sobre los mecanismos psicológicos de asimilación.

La vinculación de los fósiles somáticos con Santiago y de las icnitas con el caballo de Santiago, parece ser que siempre se estableció, guiándose, fundamentalmente y según los casos, por el principio de analogía y por el principio de causalidad.


En el caso de la asociación de ciertos fósiles con Santiago Apóstol, la tradición popular ha utilizado el principio de analogía para vincular con el santo algunas “piedras figuradas” que por sus formas características se asemejaban a alguno de los objetos propios del atuendo de Santiago peregrino, en esta categoría entrarían todos aquellos fósiles con aspecto de vieira (bivalvos pectínidos), con aspecto de calabaza vinatera (gasterópodos) y con aspecto de bordón (cefalópodos belemnítidos) .
El principio de causalidad se habría aplicado para asociar con Santiago ciertas “piedras marcadas” (fósiles) semejantes a proyectiles (equinoideos) y que no podían ser asociadas de otra manera. Aunque aquí, posiblemente lo que tenemos, es un proceso encubierto de substitución de una deidad pagana por un santo cristiano.

En el caso de la asociación tradicional de ciertos fósiles con el caballo de Santiago Apóstol, la cultura popular también ha seguido los mismos principios, mencionados anteriormente. El principio de analogía se ha empleado para relacionar, con el prodigioso caballo de santiago, ciertas marcas que resultaban inexplicables para la mentalidad, campesina o erudita, de la época, que en ciertos lugares, aparecian aisladas y en otros formando rastros y que resultaban bien visibles en la superficie de algunas rocas.

Cuando las marcas eran de forma, claramente o vagamente, circular, semicircular u ovalada: como es el caso de la valva opercular de un bivalvo rudista (Requienia), las impresiones o moldes externos de valvas de pectínidos y las marcas de pisada de dinosaurios (icnitas verdaderas: huellas y subhuellas de saurópodos. o bien, dinoturbaciones de toda clase de dinosaurios, ya fuesen ornitópodos, saurópodos o terópodos) y que por tanto se parecían a una pisada de caballo.
En cambio, para vincular con el legendario caballo de Santiago las marcas de pisadas tridáctilas, debido a que por su forma atípica no podía aplicárseles el principio semejanza, se les debió aplicar el principio de causalidad, quizás, teniendo en cuenta el principio de proximidad, a las marcas típicamente “equinas” que aparecían en los mismos lugares.

Rastros de huellas redondeadas u ovaladas, de un tipo semejante a las de la fotografía, impresas en las rocas de edad jurásica o cretácica y que son características del desplazamiento de dinosaurios saurópodos, antiguamente, fueron atribuidos por pastores y campesinos, españoles, en pasados siglos a las pisadas del fabuloso caballo de Santiago.
Imagen: Palaeojura 


Sobre la antigüedad de los nombres populares.

Un indicador de la mayor antigüedad de las denominaciones populares de ciertos fósiles, quizás nos lo proporcione la inclusión del termino piedra en las denominaciones castellanas y arri en las euskaras, pues nos permite suponer que en ellas subyace una creencia muy antigua, según la cual los fósiles se originarían de las entrañas de la Tierra de manera prodigiosa e instantánea.
Podríamos suponer, con cierto fundamento, que las denominaciones populares de fósiles que no incluyen el término piedra, son más modernas y que en ellas subyace la idea de que se trata de restos "petrificados" de seres muy antiguos, posiblemente "antediluvianos".

Un caso especial que indicaría una gran antigüedad, sería el de los erizos fósiles (Micraster) vinculados con Santiago, en Navarra y en el País Vasco, pues tal asociación podría denotar una posible asimilación cristianizadora de alguna antiquísima deidad pagana, de tipo celeste y meteorológico, vinculada con el poder crear tormentas y descargar rayos (Urzi), con la cual, los antiguos navarros y vascos, habrían vinculados los fósiles de los erizos de mar. En tiempos más recientes, al haberlos usado como amuletos protectores de la caída del rayo, estaba claro que los consideraban como "piedras de rayo" verdaderas, lanzadas desde el cielo por algun espíritu maligno (Aidegaxto). Tenemos pruebas de que un hecho cultural de parecida naturaleza y función social, ya se dio en la antigüedad entre los daneses, en relación a otros tipos de erizos fósiles, a los que la cultura popular consideró como proyectiles lanzados por el dios Thor que luego se convertían en amuleto.


Sobre la distribución geográfica.

A la vista de los datos de que disponemos, en la actualidad, parece ser que la costumbre de vincular, directamente, con Santiago a ciertos objetos que supuestamente habían caído con el rayo o, indirectamente, a través de las marcas pretendidamente dejadas por las pisadas de su caballo, estuvo muy influida por creencias míticas paganas, cristianizadas, dando origen creencias y prácticas cristianas supersticiosas.
Simultáneamente, la necesidad de dar nombre a ciertos objetos raros (fósiles), relacionados con el rayo y santiago o con el caballo y sus pisadas, generó los diversos etnopaleontónimos o nombres populares de fósiles que se han mostrado en entradas anteriores).
La tendencia a asociar fósiles con Santiago o con su caballo, parece estar más extendida en la mitad norte y noreste de la península que en la zona sur, quizá por ser las primeras áreas geográficas ligadas a los primeros tiempos de expansión de los condados cristianos y las primeras guerras contra los "moros", bajo la protección del santo y su caballo, para reconquistar el territorio perdido en los últimos siglos.
La distribución geográfica quizás también esté condicionada por la mayor concentración de rutas jacobeas, generadoras de leyendas piadosas de predicación cristianizadora y de leyendas de intervención bélica, en momentos clave del inicio del proceso de la Reconquista, en esas zonas de España que eran las fronteras norteñas de las taifas musulmanas de Al Andalus.



Sobre la biodiversidad paleontológica.

Curiosamente, sólo tres grupos zoológicos: el de los moluscos (bivalvos, gasterópodos y cefalópodos, ), el de los equinodermos (erizos de mar) y el de los vertebrados (dinosaurios), han han contribuido con su presencia, en ciertos lugares, al proceso de generación de las diversas leyendas etiológicas jacobeas. Estos mismos fósiles, al recibir su denominación popular, muestran la motivación legendaria que subyace en su nombre popular, tanto si se trata de fósiles corporales o somatofósiles (restos duros) e icnofósiles (huellas de actividad) que han sido asociados por la tradición popular española, con Santiago Apóstol o con su legendario caballo.




Fuentes:

- Barandiarán, José Miguel de. 1984. Diccionario de mitología vasca. San Sebastián. Txertoa.
-Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing.
- Roma, Francesc. 2000. Els Pirineus maleïts. Natura, cultura i economia moral en les societats dites tradicionals. Barcelona, Alta Fulla.
- Roma, Francesc. 2002. Llegendes de la natura. Itineraris pel nostre patrimoni cultural. Tarragona, Edicions El Mèdol.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. A er ett ræj i Torrenvejr – for a haar en Torrenstien i æ Lomm! ORD & SAG, 14 Udgivet af Institut for Jysk Sprog- og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)
- Vaello López, Jacinto, 2008. Comunicación personal del 13/01/2008, via e-mail
- Vicente Casado, José 2008. Comunicación personal del 20/01/2008, via e-mail
 

domingo, enero 27

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (7)

por Heraclio Astudillo Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (7)


FÓSILES JACOBEOS EN CATALUNYA.

En algunas zonas de Catalunya, en las que aparecen fósiles de bivalvos pectínidos, de distintos géneros, generalmente prtenecientes a los géneros Chlamys, Pecten, Pseudopecten y otros semejantes, correspondientes a diversas eras geológicas, tradicionalmente, se les han dado nombres populares, en catalán, que hacen referencia a su relación con el Santo Apóstol: “petxines de sant Jaume”, es decir: pechinas o conchas san Jaime y también “petxines de peregrí” o “petxines de pelegrí”, o sea pechinas o conchas de peregrino.



Las "conchas de peregrino” del cerro del castillo de Orís (Barcelona).

En el cerro del castillo que hay en la villa de Orís, situada en la comarca de Osona (Barcelona), según cuentan sus habitantes, "desde siempre" se conocen unas conchas "petrificadas" a las que los paisanos llaman, en catalán, “petxines de peregrí” o “petxines de pelegrí” , es decir, pechinas o conchas de peregrino.
El erudito barcelonés Pere Serra i Postius, en un opúsculo redactado en 1745 que trataba sobre curiosidades del mundo natural, en el principado de Cataluña, titulado “Las siete maravillas raras de la naturaleza del principado de Cataluña”, señala como un hecho muy poco común, en su opinión, la presencia de "unas conchas petrificadas que se encuentran en la montaña del castillo de Orís, que son como aquellas que llevan, en el sombrero y en la esclavina, los romeros y pelegrinos. " 

También señala, Pere Serra i Postius, en el mismo escrito, que este hecho tan poco corriente, también era conocido por otros autores anteriores a él, como Fray Juan Gaspar Roig y Jalpi, que fue Cronista Real de todos los reinos de la corona de Aragón.
Fray Juan Gaspar Roig y Jalpi, en una de sus crónicas de 1735, titulada “Noticias de Cataluña”, señalaba que “en 1715 pudo ver, con sus propios ojos, un manuscrito de Luís de Valencià- un celebre jurisconsulto del siglo XVIII-, en el que dicho autor interpretaba la presencia de las conchas, de la montaña del castillo de Orís, como una señal divina del paso del apóstol Santiago por aquellas tierras”.

También cita Pere Serra i Postius, en el citado escrito de 1745 que "Joseph Bru, quien poseía un ejemplar de aquel tipo de conchas, en 1690, le había hecho, similares referencias, a las de Luís de Valencià, sobre el origen prodigiosos de aquellos fósiles del castillo de Orís ".

Según el estudio llevado a cabo sobre el terreno, por el geólogo Antonio Abad García, las conchas de peregrino del cerro del castillo de Orís, posiblemente corresponden a valvas fósiles, sueltas o desarticuladas de lamelibranquios de la especie Chlamys biarritzensis. (Bartoniense, Eoceno Medio)

Aspecto de dos valvas, de distinto tamaño, de fósiles de Chlamys biarritzensis. Foto de Ernesto Santidrián.



Las “conchas de sant Jaime”, del el rio Flamisell, en el Congost d'Erinyà.

El Congost d’Erinyà es un corto desfiladero abierto por el paso del rio Flamisell, al erosionar las calizas de la sierra de Sant Gervàs que etaá situado en el límite territorial entre los municipios de Conca de Dalt y  de Senterada, en la comarca del Pallars Jussà (Lleida). Gracias a la existencia de ese cañón fluvial, desde antiguo, ha existido la posibilidad de comunicación entre la zona de la Vall Fosca y la de la Conca de Tremp.  Antiguamente, los viajeros que frecuentaban este paso natural contaban que se podían encontrar unas curiosísimas piedras con forma de concha marina, en el cauce del río Flamisell, parecidas a las llamadas, popularmente, "conchas de Santiago". A las que las gentes de la zona llamaban "petxines de Sant Jaume", es decir, pechinas o conchas de san Jaime, sinónimo de Santiago.
En realidad, no se parecen demasiado a las conchas de peregrino pues se trata de unas conchas fósiles de la especie Neithea striatocostata, del Cretácico (Santoniense-Maastrichtiense). Unas conchas que poco tienen que ver con el aspecto típico de los pectíndos que usaban los peregrinos de Santiago como emblema.
Actualmente, el yacimiento en el que, antiguamente, se podían hallar este tipo de fósiles, con cierta facilidad, está practicamente agotado. Desconocemos si el expolio de yacimiento se realizó con fines religioso-supersticiosos o con fines de comercialización económica.
Estos restos fosilizados pertenecían a valvas de un tipo particular de pectínidos que habitaron en esta zona, cuando hace ochenta y cinco millones de años, este territorio estuvo cubierto por el mar, durante el Santoniense y el Campaniense, en el Cretácico Superior.

Aspecto de una petxina de sant Jaume (Neithea striatocostata) del Congost d’Erinyà, en el Pallars Jussà, prov. de Lleida.
Imagen:

Se trataba de unos fósiles desprendidos de una capa de caliza margosa que aflora solamente en ese punto del lecho del río Flamicell. La erosión fluvial fue quien hizo accesible el pequeño yaciniento de fósiles a los viajeros que pasando junto al curso de agua, se cercaban quizás a abrevar a sus monturas o beber ellos mismos.




FÓSILES JACOBEOS EN COMUNIDAD VALENCIANA

- Las Conchas Peregrinas de Bicorp (Valencia)

En los márgenes del río Cazuma, que estan excavados en rocas calizas mesozoicas, se puede observar una gran variedad de fósiles incrustados, pero en donde son más abundantes, es en el tramo llamado de "el charco de los Morteros". Antiguamente, en la llamada "poza de las Conchas" podían apreciarse numerosas “conchas peregrinas” de diversos tamaños, precisamente, fue la bundancia de este tipo de pectínidos fósiles el hecho que inspiró a las gentes de Bicorp a imponer el hidrónimo que denomina a este lugar del cauce del río Cazuma. Desgraciadamente, la recolecta indiscriminada de fósiles, en tiempos recientes, ha hecho que en la actualidad las “conchas peregrinas” resulten ser una rareza, en el lugar al que dieron nombre en el pasado.



FÓSILES JACOBEOS EN ANDALUCÍA

- Las "Conchas de Peregrino" de Montefrío (Granada)

En las areniscas de la localidad granadina de Montefrío, unas calcarenitas bioclásticas, se suelen encontrar unas "conchas" a las que los naturales del lugar, denominan “conchas de peregrino”. Se trata de valvas, derechas e izquierdas, desarticuladas, de un pectínido del género Flabellipecten sp., del Tortoniense (Mioceno Superior) que aparecen incluidas en las rocas antes citadas.
Aspecto de una valva derecha de Flabellipecten sp., de Montefrío (Granada), del Mioceno Superior (Tortoniense)

Aunque desconocemos si existió alguna leyenda popular que vinculase la presencia de este tipo de fósiles con el paso del apóstol Santiago, por ese lugar, es muy probable que así fuera, puesto que esta creencia popular estuvo muy extendida por las zonas rurales de casi toda la península, desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX.


FÓSILES JACOBEOS EN LAS ISLAS BALEARES

- Las "Conchas de san Jaime", de Menorca.

En el sur de Menorca, a las conchas 
fósiles del bivalvo pectínido Pecten jacobeus que se podían encontrar incluídas en las rocas del Mioceno superior, tanto si estaban completas con el par de valvas juntas como si eran las valvas individuales, desarticuladas, popularmente, se las conocía por el nombre menorquín de "escopinya de sant Jaume" (cast. concha de san Jaime). Esta denominación está totalmente justificada, por tratarse de la misma especie que, tradicionalmente, han usado todos los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela y de las que se proveían al iniciar su periplo ibérico, para dar a conocer su condición de peregrino de Santiago. Cuando la peregrinación se iniciaba desde cualquiera de los diversos puertos de mar de las costas mediterráneas, en cuyo fondo marino también viven esta especie de bivalvos, pues se creía que por ser un símbolo de Santiago atraían la protección del santo hacia sus portadores la cual se convertía en buena suerte hacia los caminantes, durante todo el tiempo que duraba su viaje. 

 Aspecto de la valva superior o derecha, de una concha fósil de Pecten jacobeus
Imagen:  Educa Rex

Los peregrinos cuando regresaban de su viaje a Santiago de Galicia, portaban en su atuendo de forma bien visible alguna concha de vieira. El motivo de esta costumbre es que eran consideradas como una prueba de su llegada a la ciudad santa y de haber concluido con éxito su peregrinación. pero en este caso, se trataba de unas conchas de igual aspecto pero de mayor tamaño, por pertenecer a ejemplares de la especie atlántica del mismo género zoológico, ya que se trataba del Pectem maximus.



Fuentes:

- Abad García, Antonio. Paleotaxodonta y Pteriomorphia del eoceno del margen sur de la depresión central catalana. Tesis doctoral.


- Asociación Macizo del Caroig. Ruta Cazuma-Gola de Lucino (P.R.V- 234) www.caroig.com/conoce/rutas/cazuma.htm
- González-Donoso, J.M. , Rodríguez-Fernández, J., Serrano, F. & Vera, J.A. 1980. Precisiones estratigráficas sobre la discordancia intratortonense de Montefrio (Granada). Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Sección Geológica, 78, p. 101-111
- Quintana Cardona, Josep. 2004. "Els fòssils marins del Miocè superior" en Historia Natural del Migjorn de Menorca. El medi físic i l'influx humà. Fornós, Joan J.; Obrador, Antoni; Rosselló, Vicenç M. (ed.) Maó. Monografies Soc. Hist. Nat. Balears, nº 11. Institut Menorquí d'Estudis (IME), p.102.
- Rivas, G., Rosell, J., Llompart, C., Berástegui, X., Nagtegaal P. & Mañas, D. ITINERARI II: Salàs de Pallars ·Congost d’Erinyà ·La Figuereta ·Collegats. 2006 Any de la geologia al Pallars. Consell Comarcal del Pallars Jussà
http://www.pallarsjussa.net/imatges/Geologia%202006%20Itinerari%20II.pdf
-vv.aa. Els bivalves, in Registre fòssil, vol. 15 de la Historia Natural dels Països Catalans. Barcelona. Enciclopedia Catalana. 1988. (272-286)


viernes, enero 11

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (6)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universitat de Lleida.


Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español  (6)


FÓSILES JACOBEOS EN CASTILLA-LA MANCHA.

En diversas zonas de la comunidad castellano-manchega, en las que tradicionalmente han aparecido bivalvos fósiles de diverso géneros de pectinidos que se asemejaban a la concha de peregrino atlántica (Pecten maximus) o la especie mediterranea (Pecten jacobeus), este tipo de fósiles han sido asociados con Santiago Apóstol. Esta vinculación queda de manifiesto por la motivación que ha orientado la nomenclatura popular usada, tradicionalmente, para denominarlos.
Los nombres más comunmente usados para estetipo de fósiles han sido "conchas de Santiago" y "conchas de peregrino", pero también se han usado “conchas santas” y, a veces, "conchas del peregrino de Santiago".



Las "Conchas Santas", "Conchas de Santiago" o "Conchas del peregrino" del Señorio de Molina de Aragón (Guadalajara).

Fray José Torrubia (siglo XVIII ) recolectó, describió y representó gráficamente distintos ejemplares de bivalvos pectínidos, del Jurásico Inferior, hallados en diversas localidades del Señorío de Molina de Aragón (Guadalajara ), en su obra "Aparato para la Historia Natural Española".Torrubia denomina a esos pectínidos fósiles usando los nombres vulgares por los que eran conocidos, en aquella época, por las gentes del lugar, aportando de esta manera algunas denominaciones populares: "Conchas Santas", "Conchas de Santiago" o "Conchas de peregrino".

En los comentarios a la lámina V del "Aparato para la Historia Natural Española", dice Torrubia : "Las Conchas Santas hállanse en abundancia en los campos de Anchuela".

Las figuras 1, 2 y 5, de dicha lámina V, según la interpretación que de ellas ha hecho el paleontólogo J. Bernad, de la Facultad de Ciencias Geológicas e Instituto de Geología Económica, CSIC-UCM, de Madrid, podrían corresponder a Pseudopecten (Pecten) aequivalvis , mientras que la figura 3 de dicha lámina V, podría pertenecer a Aequipecten (Pecten, Pseudopecten) priscus, ambas del Jurásico Inferior o Lías.

Aspecto de una concha santa, de Guadalajara, en este caso se trata de un fósil bastante deteriorado de Pseudopecten (Pecten) aequivalvis. Jurásico (Lias), pues le faltan las características "orejuelas", típicas de los pectínidos. 
Imagen: Collection

En los comentarios a la lámina VIII, de la misma obra citada, Torrubia escribe "... en el pueblo de Concha (Guadalajara) se ven en las calles infinitos de estos “cuerpos marinos” dentro de los peñascos, lo cual puede advertir cualquiera que siga aquel camino".
 

Aspecto de otro tipo de concha santa, de Guadalajara, en este caso se trata de un fósil de Pseudopecten (Pecten, Aequipecten) priscus . Jurásico (Lias).

Las figuras 1 y 2, de la lámina citada, representan sendos fósiles de bivalbos pectínidos que también son denominados por Torrubia "Conchas Santas", los cuales según la interpretación hecha por el paleontólogo J. Bernad, de la Universidad Complutense de Madrid, podrían ser fósiles de Pseudopecten aequivalvis.

En el siglo XVIII, aún era una creencia piadosa muy extendida, entre las gentes de cualquier estatus social, poco cultivadas, y por tanto poco versadas en los resultados más recientes de los estudios de la Geología de la época, que la presencia de conchas fósiles de Pectinidos en algunos terrenos era un indicio seguro y una señal divina clara del paso por dichos terrenos del Apóstol Santiago, ya hubiese sido vivo, durante sus correrías apostólicas o bien después de su muerte, en sus viajes relámpago, para enfrentarse a los “moros” en diversos hechos bélicos, el más conocido de todos, el de la batalla de Clavijo, en tierras riojanas.

Según lo extraído de los textos contenidos en el Liber Sancti Jacobi y en el Codex Calixtinus (I, XVII) por los investigadores Moralejo, S., C. Torres, y J. Feo, se desprende que la concha de Santiago (Pecten maximus) que obtenían los peregrinos a finalizar su viaje en Compostela fue considerado un amuleto:
Se cuenta que siempre que la melodía de la concha de Santiago, que suelen llevar consigo los peregrinos, resuena en los oídos de las gentes, se aumenta en ellas la devoción de la fe, se rechazan lejos todas las insidias del enemigo; el fragor de las granizadas, la agitación de las borrascas, el ímpetu de las tempestades se suavizan en truenos de fiesta; los soplos de los vientos se contienen saludable y moderadamente; las fuerzas del aire se abaten.

Es posible que antiguamente, se hiciesen extensivas las supuestas virtudes de las conchas de Santiago modernas, a las conchas fosilizadas, por lo que no sería improbable que este tipo de fósiles, hubiesen sido usados como amuletos protectores contra las incertidumbres e inseguridades del viajero. Especialmente cuando el viaje se realizaba con propósitos religiosos. Puesto que siendo este tipo de piedras un objeto prodigioso que que representaba al Santo Apóstol, el cual se había caracterizado por acudir en socorro de sus más devotos cristianos españoles y también por ser patrón de todos los peregrinos que seguían su camino, de ida o de vuelta, de Compostela, por lo tanto, alguna virtud debía poseer.



Las "Conchas de Santiago" de la Serranía de Cuenca.

En El Cubillo (Cuenca), los lugareños, llaman "Conchas de Santiago" a las valvas fósiles de unos bivalvos pectinidos, indeterminados, que se hallan en el terreno de la parte superior de un altiplano, conocido como La Muela de el Cubillo.



Fuentes:

- Daniels, R. P. Geografía y geología de El Cubillo (Cuenca) http://www.geocities.com/BourbonStreet/Square/2024/elcubillo/geo.htm
- Goy, A. & Rodrigo, A. 1999. (con la colaboración de J. Bernad, M.J. Comas Rengifo y F. García Joral). Excursión: Tras las huellas de Torrubia (1698 - 1761) por el Señorío de Molina. XXV Jornadas de Paleontología. Museo Geominero. 29-30 de octubre.
- Moralejo, S., C. Torres, y J. Feo. 1951. "De lo que significa la concha de Santiago", en Liber Sancti Jacobi; Codex Calixtinus. Santiago de Compostela. Pp. 205-206 http://www.humnet.ucla.edu/santiago/shell.html
- Torrubia, J. 1754. Aparato para la Historia Natural Española. Edición facsímil coordinada por Gutiérrez-Marco, J.C., de la publicada en 1754, que además contiene una introducción y una parte de la traducción alemana y las láminas, editadas en 1773) Madrid. CSIC-Sociedad Española de Paleontología.

viernes, enero 4

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (5)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (5)


FÓSILES JACOBEOS EN CANTABRIA.

Las “huellas del caballo de Santiago” en San Vicente de la Barquera.

En el municipio de San Vicente de la Barquera, en Cantabria, se daba el nombre de “huellas del caballo de Santiago” a unas figuras de forma redondeada o algo ovalada que existían en las rocas de los alrededores de una cavidad subterránea formada por el hundimiento cárstico del terreno calizo, llamada popularmente "Cueva del Cúlebre".  Esta cavidad legendaria está situada muy cerca del antiguo camino que iba desde la pequeña localidad de Santillán hasta la cima del monte Boria, por lo que es muy conocida de las personas que transitaban por camino existente sobre el borde de los acantilados situados sobre la pequeña localidad de Santillán.

Aspecto de la entrada al interior de la llamada "cueva del Cúlebre" de Santillán, una cavidad cárstica vulgar, convertida por la imaginación popular en legendaria guarida del mítico dragón serpentiforme o Cúlebre de Santillán.
Imagen: Senda de los acantilados de San Vicente de la Barquera(Monte Boria)

Aquellas figuras de pezuña de caballo que aparecían impresas en la roca y que la tradición popular creía, antaño, que eran las marcas dejadas por el paso del caballo de Santiago, hacía cientos de años,  cuando el santo acudió a aquel lugar cabalgando para salvar a una doncella cristiana que estaba a punto de ser devorada por el Cúlebre de Santillán, una especie de dragón autóctono, resulta ser que, en realidad,  según revelaron los estudios de los paleontólogos, solamente eran una parte de un tipo muy particular de conchas de moluscos fósiles prehistóricos.

Las supuestas huellas de pisadas dejadas por el caballo de Santiago” eran las valvas superiores o valvas operculares de un tipo de extraños moluscos bivalvos lamelibranquios, considerados atípicos o anómalos, por tener ambas valvas de formas y tamaños muy distintas entre sí, sin la simetría característica de los bivalvos "normales". Este tipo de moluscos bivalvos "anormales" constituyen el grupo llamado de los rudistas, y en este caso particular, pertenecen al género Requienia sp., del Cretácico inferior (Aptiense).

Ingeniosos sistema de visualización simultánea de tres diversos aspectos de un único ejemplar de Requienia ammonia, mediante un sencillo montaje con dos espejos, dispuestos formando un ángulo de 90º. Esta particular disposición de los dos espejos permite observar y fotografiar un mismo fósil, simultáneamente, por 3 diferentes lados o puntos de vista. De esta manera podemos observar el curioso aspecto general de un fósil de Requienia ammonia que, aunque se trata de un molusco bivalvo o lamelibranquio, permite darnos cuenta que tiene dos valvas de formas y tamaños muy dispares. Esta morfología tan particular y característica, le da un aspecto más semejante al de un molusco gasterópodo que al de un bivalvo.
En primer plano y en la parte inferior del fósil se puede observar el aspecto característico de la valva superior o valva opercular, que es la parte del fósil que con su forma semejante a la base del casco de un équido, dio origen a la leyenda de la visita de Santiago al lugar y a la de las huellas de las pisadas dejadas por el paso de su caballo.
Imagen:
http://www.3d-fossils.com/photos/fossils/requienia_ammonia.jpg

Hoy en día, las prodigiosas pisadas del caballo de Santiago, de San Vicente de la Barquera son mucho más difíciles de encontrar que hace un siglo, ya que ahora estos fósiles no son tan abundantes como antiguamente. No por causa de la erosión natural sino por efecto de la recolección abusiva que algunos coleccionistas aficionados y recolectores profesionales, han estado haciendo de ellos, especialmente, durante los últimos cincuenta años, para nutrir el comercio estatal y europeo de compra-venta fósiles, cada vez más floreciente.

Representación medieval del aspecto imaginado de un cuélebre asturiano, monstruo reptiliano mitológico, con idéntico aspecto e iguales funciones a las del cúlebre cantábrico. Bajorrelieve existente en la pared de la Iglesia de San Meteriu de Sietes, en Villaviciosa (Asturias), esculpido el año 1555.
Fotografía de Ástur Paredes. Imagen tomada de El Gran Libro de la Mitología Asturiana. de Xuan Xosé Sanchez Vicente & Xesús Cañedo Valle. Editorial Trabe. Oviedo. 2003.


La leyenda del Cúlebre de Santillán

En los acantilados próximos a San Vicente de la Barquera, en la sierra de Santillán cerca del Monte Boria y no lejos de la playa de La Fuente, existe una cueva donde, antiguamente, se decía que vivía el Cúlebre. Según la tradición oral, era un monstruo tan enorme que mientras la cabeza del Cúlebre asomaba por la cueva de su nombre, la punta de su cola salía por la fuente de Cuarengos, en el núcleo de Santillán. Creían los vecinos del lugar que el agua que manaba por aquella fuente, llegaba desde aquella cueva, a través del conducto que había perforado en la roca la cola del Cúlebre, tales se creía que eran sus enormes dimensiones.

Se decía que el Cúlebre era un malvado dragón con forma de culebrón con alas de murciélago que salía de vez en cuando de su cueva para ir a alimentarse y cuando lo hacía asolaba las cosechas y los rebaños de las villas cercanas: Llanes, Val de San Vicente, San Vicente de la Barquera y Comillas. 
Este monstruo estaba emparentado con otros grandes dragones de otras tierras. Como estos, tiene una sola cabeza y una enorme boca con terribles dientes por la que expulsa fuego y azufre. Sus ojos tienen el color de ascuas ardientes. Todo su cuerpo está cubierto de escamas y en su espalda posee unas pequeñas alas de murciélago que le permiten volar.

Se contaba que el Cúlebre tras varios siglos de rapiña había perdido parte de sus antiguos terribles poderes. Esto sucede sobre todo la noche de San Juan cuando se dice que fallan los encantamientos. Sin embargo según se cantaba, la noche de San Bartolomé salía de su cueva con sus poderes acrecentados, provocando tempestades, asolando campos y rebaños y desatando el terror entre las tranquilas gentes de aquella comarca.

Cuenta la leyenda que el durante un tiempo el Cúlebre exigía a los lugareños una doncella virgen cada mes para devorarla, como tributo a su poder maligno, cambio de la cual respetaría sus sus cosechas y ganado.  
El día que había que alimentar al monstruo se organizaba un sorteo en el que participaban todas las familias de la comarca con hijas doncellas. En el sorteo, cada padre tenía que coger, a ciegas, una piedra del interior de una bolsa, todas eran blancas, menos una que era negra. Cuando el padres sacaba la piedra negra, la muchacha se desmayaba en los brazos de su madre, luego la llevaban a la entrada de la cueva y al poco tiempo salía el monstruo de su agujero y la devoraba.

Sin embargo, sucedió un día que una de las doncellas condenadas por aquel infame sorteo no se resignó a sufrir un destino tan ingrato e invocó al Apóstol Santiago para que la salvara de tan cruel muerte. Inmediatamente apareció el santo Apóstol Santiago montando su caballo blanco y le clavó su espada al monstruo que no cayó muerto al instante, sino que herido en el pecho, retrocedió soltando una llamarada y nube de azufre por la boca y retorciéndose, se metió en lo más profundo de la cueva para no volver a salir nunca más a pedir tributo a las gentes. 
Dejando el caballo de Santiago la señal de sus herraduras frente a la entrada de aquella caverna abierta sobre los acantilados de Santillán, como testimonio de su visita a aquel lugar y deuda de gratitud de las gentes de la comarca con su amo y caballero Santiago.
Todavía hoy día, aún puede ver las marcas del paso del caballo frente a la Cueva del Cúlebre, en Santillán quien visite ese lugar...


Fuentes:

- García Lomas, Adriano. 1987. Mitología y costumbres de la Cantabria montañesa. Santander, edición del autor, pp. 250-251.
- Pedrosa, José Manuel. 2000. Huellas legendarias sobre las rocas: Tradiciones orales y Mitología Comparada. Revista de Folklore, 238, Caja España-Fundación Joaquín Díaz, p. 111-118

lunes, diciembre 31

Agradecimientos a colaboradores y lectores del 2007

Balance de fin de año

Hoy 31 de diciembre, finaliza el año 2007, en primero en el que se ha reiniciado la exposición y comunicación pública de nuestro trabajo de investigación sobre folclore paleontológico español y portugués, iniciado de forma sistemática hace tres años. 
Queremos aprovechar la oportunidad que brinda el hecho de que finalice el ciclo anual para hacer el balance anual de resultados conseguidos durante este periodo de tiempo. También para agradecer las ayudas recibidas, en forma de informaciones breves cuyos datos nos han permitido seguir adentrándonos en el campo del conocimiento del folclore paleontológico ibérico. 
Aunque muy modestas las aportaciones de los colaboradores ocasionales y escasos los lectores fieles, la situación y sus tendencias nos animan a seguir perseverando en la exploración de un territorio cultural aparentemente virgen para otr@s investigadores/as. Confiando en seguir descubriendo nuevos datos curiosos, localizar nuevas fuentes documentales raras y conectar con nuevos informantes y lo que es más difícil, todavía, poder seguir descubriendo, consultando y contrastando, los datos que van acumulándose en nuestros archivos. 
Proseguir nuestros estudios etnopaleontológicos sobre la cultura popular española y portuguesa se está convirtiendo en un reto que a pesar de ser dificil, está resultando altamente estimulante y enormemente ilusionante.
Queremos dar las gracias a los lectores y lectoras que visitan este blog y leen sus contenidos y muy especialmente a aquell@s que nos dejan algún comentario con el que nos ayudan a encontrar nueva información, a mejorar la apariencia, o, simplemente, nos animan a perseverar en nuestro, nada fácil, empeño.
También queremos agradecer a todas las personas que nos han aportado algún dato su generosidad y solidaridad porque sin su colaboración personal, la existencia presente o pasada de muchas "cosas" no se habrían podido descubrir, ni dar a conocer, ni publicar en estas páginas virtuales.
A unos y otros, a todos vosotros, os deseamos que paséis unas muy ¡Felices, emotivas, saludables productivas y reparadoras fiestas de finalización del año viejo y de inicio del año nuevo!

Nuestra interpretación, particular, del dibujo y el texto de esta imagen, es que podría representar nuestro proyecto, a través de la metáfora del nadador que se lanza con impulso, ilusión e inconsciencia sobre una atractiva, luminosa y deslumbrante superficie para bucear en su desconocido interior
Imagen: Felicidades



COLABORACIONES del 2007:

- Anónimo Webmaster de www.luzaga.com, de Luzaga (Guadalajara)
- Concepción Suárez, Xulio, filologo, toponomista, Catedrático de I.E.S.B. en Pola de Lena y miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos.
- Pérez-Lorente, Félix, paleontólogo, Universidad de La Rioja, Logroño (La Rioja).
- Soler-Gijón, Rodrigo, paleontólogo del Museum fuer Naturkunde der Humboldt-Universitaet zu Berlin, Sektion Palaeontologie, Berlin, GERMANY