domingo, marzo 2

El rayo y los fósiles ibéricos (2)


por Heraclio Astudillo Pombo. UdL.

Fósiles ibéricos vinculados, con el rayo, por el folklore español (2)

Antiguas creencias, resistente al paso del tiempo y muy extendidas, en la Península ibérica


"PIEDRAS DE RAYO", EN NAVARRA (1ª parte)


Las "piedras de Santiago"

En la cultura popular de esta comunidad autónoma existió una fuerte vinculación de los erizos de mar fósiles de los géneros Micraster y Echinocorys, con el fenómeno meteorológico del rayo. Vinculación ya citada en el capítulo dedicado a los fósiles jacobeos de Navarra, reunidos bajo el título de "Piedras de Santiago" de la comarca de La Sacana, al tratar de su vinculación popular con Santiago Apóstol. Tales fósiles eran conocidos entre los habitantes de muchos lugares de esta comarca del noroeste de Navarra como “Santiago arriak”, es decir, piedras de Santiago, aunque en ciertas localidades, también eran conocidos con otros nombres ligeramente diferentes. Así en el valle de la Burunda, en las localidades de Bakaikoa e Iturmendi se les conocía como "Santiyo arriya", mientras que en Etxarri Aranaz, se referían a ellos como “Santiyo arri” y como "Santiyo arriya".

En su momento, también comentamos sobre estos fósiles, que en esa comarca se usaron como amuletos protectores contra la fulminación, por lo que si tomamos en cuenta su uso popular, además de su motivación onomástica, se hace patente que el folklore navarro había vinculado estos fósiles también con el rayo.

Muchos de los nombres que, en euskera, se daban al rayo, tales como: ozpinarri, ozpiñarri, ozkarri, ortzarri, oneztarri y tximistarri ponen de manifiesto la antiquísima creencia de que el rayo era guiado o transportaba en su punta una piedra, pues el sufijo -arri, presente en todos los nombres mencionados, significa piedra. Por otra parte, los prefijos: oz, ortz o ezt hacen referencia al nombre de una divinidad celeste, tronante y relampagueante, existente en la antigua mitología vasca: el dios vascón Oz.

Terrorifico efecto de un rayo cayendo a tierra, en un terreno llano, después de pasar a través de un árbol solitario que ha servido de objeto natural para descarga una parte de la elevada tensión eléctrica acumulada en el interior de una nube tormentosa
Imagen: http://feralon.blogspot.es/img/RAYO.JPG

Si traducimos, literalmente, los diversos nombres con que los vasco denominaban al rayo, nos encontramremos con que el significado en castellano, sería: piedra de Oz, piedra del cielo, piedra del relámpago, piedra del rayo, etc.

El arraigo de la creencia en que, verdaderamente, existen piedras que caen del cielo, en la cultura popular del medio rural, de las zonas navarras de lengua y tradición euskérica,  posiblemente, impulsase a sus habitantes a intentar localizar alguna de las "piedras de rayo" caídas en su entorno natural. Se suponía que este tipo de piedras celestiales debían ser reconocibles por ciertas características, típicas de su categoría, que debían mostrar de forma visible para hacerse reconocibles por los humanos. Los equinoideos fósiles, tan abundantes en esta zona, reunían algunas extrañas propiedades, inexistentes en otras clases vulgares de piedras, que los hacían acreedores a la interpretación y consideración popular como autenticas “piedras de rayo”.  Su aspecto era muy extraño, de formas redondeadas, a veces en forma de corazón, con una superficie muy lisa y llena de puntitos, verrugas, etc. que además presentan una marcas, en forma de flor de cinco pétalos o de estrella de cinco puntas que en algunos casos, eran percibidas como depresiones en forma de cruz de cuatro o de cinco brazos.

Obsérvese el aspecto cruciforme de los cuatro surcos mayores, del sistema ambulacral, en el dorso de este erizo de mar fósil, del género Micraster. La percepción de una cruz sobre una "piedra rara",  habría sido causa suficiente para que este tipo de fósiles fuesen identificado, por la gente común, como una "piedra celestial, bendita" por estar marcada con el signo de la cruz, el signo de Cristo.
Imagen: http://www.hontzamuseoa.com/7-Paleonto.htm


También hemos podido constatar, que en una zona, relativamente pequeña, del noroeste navarro, unos mismos tipos de fósiles, conservando los mismos atributos sobrenaturales y usos populares semejantes, eran conocidos con muchos otros nombres que no estaban vinculados con Santiago Apóstol. La motivación de esos nombres parece señalar hacia creencias populares implícitas, bastante específicas y posiblemente muy antiguas. Sobre nuevos nombres y creencias ancestrales navarras, asociadas a los erizos de mar fósiles y sus localidades, trataremos a continuación.

Aspecto de tres ejemplares de Echinocorys vulgaris (Holasteridae). En vista superior-lateral. Cretácico Superior, Santoniense
Imagen: http://www.primigenius.com/shop/foto/FS%203723.jpg


El uso que se daba a este tipo de piedras de rayo, en la zona estudiada, era el mismo en todas partes. Con el fín de alejar las tormentas que eran las portadoras de los rayos, estos fósiles eran expuestos en los alfeizares de las ventanas y así proteger a los edificios del impacto destructor y del incendio. Los transeuntes que debían permanecer a la intemperie, incluso en caso de tormenta, los llevaban en el bolsillo o en el zurrón, convencidos de que así estaban protegidos de la muerte por fulminación, pues había la creencia de que este tipo de piedras poseían la virtud de alejar la caída del rayo de las inmediaciones de donde hubiera una de ellas.


- Los “calbarros” y “galbarros” de diversas localidades del noroeste de Navarra (valles de las Améscoas).
- Los “calvarros” de Aranarache y Zudaire (valle de Améscoa Alta), Ekala y San Martín (valle de Améscoa Baja). 
- Los “calvarris” de Eulate (valle de Améscoa Alta) y los “calvorros” de Galdeano (Valle de Allin).

Hasta mediados del siglo XX, todos los nombres citados en el título de este apartado, se usaban para nombrar a los fósiles de erizos de mar, del Cretácico superior, contenidos en margas del Santoniense Superior, baste abundantes en algunas zonas navarras. Estos nombres se daba, mayoritariamente, a los fósiles de Micraster coranginum que eran los más abundantes, aúnque a veces, también se daba a otras especies indeterminadas (Micraster sp.) y, también, aúnque mucho más raramente, a los erizos de mar fósiles de la especie Echinocorys vulgaris y a otras indeterminadas del mismo género (Echinocorys sp.)

Estos nombres populares, de orígen vasco, quizás puedan proceder de la fusión y contracción de dos palabras euskaras: kalpar (cast. calva) y arri (cast. piedra) para dar una nueva palabra: calparri que, luego, evolucionaría hasta calbarri y a partir de aquí aparecerían todos los demás derivados dialectales: calvarri, calbarro, calvarro, galbarro y calvorro.
En el supuesto de que la etimología que hemos propuesto sea acertada, el significado “piedra calva” debería hacer referencia alguna característica importante de este tipo de fósiles.

La primera posibilidad de motivación onomástica, sería que dicho nombre estuviera motivado por un tipo de uso particular de este tipo de fósiles, como proyectil en un juego o deporte popular tradicional de origen pastoril: "el juego de la calva", idea a la que nos remite lo que dice Pedro Argandoña Ochandorena (1994) en la p. 85 de su artículo “Leyendas y cuentos de Lezaun (Navarra)”, publicado en Zainak. Cuadernos de
Sección. Antropología-Etnografía, nº 11. (71-118) :
"Cualquier piedra de forma redondeada se llama "calva", y también se conocía con ese nombre un juego que consistía en tirar piedras redondas (calvas) a otra piedra rectangular colocada verticalmente, en equilibrio, sobre el suelo, para hacerla caer.
También en las Amescoas se practicó el “juego de la calva”, zona en donde llaman "calvarris" a los fósiles de erizos de mar de forma redondeada, nombre etimológicamente derivado de calva."


De tal manera que la denominación calvarri , en mi opinión, podría derivar de la fusión de dos palabras "calva" y "arri", con el significado de "piedra de (jugar a la) calva"

Imagen mostrando los instrumentos necesarios para jugar a "calva", un juego tradicional ibérico, de lanzamiento y puntería, típico de zonas rurales de gran parte de España. Detrás de los objetivos,  del lanzamiento de "la calva", está un anciano sosteniendo una piedra redondeada "la calva". En este caso particular, se muestran los objetos usados en Trébago (Soria), se puede apreciar que son algo distintos de los que Pedro Argandoña describe como los que fueron usados en las comarcas navarras de las Amescoas.

Una segunda posibilidad de motivación onomástica, podría ser la semejanza de los cantos rodados y en particular la de los erizos de mar, con la parte cerrada de las calaveras: la caja craneana de los cráneos humanos, la parte que la anatomía denomina calvaria, nombre del cual deriva la palabra calavera.
Por tanto, no hay que descartar la posibilidad de que este nombre popular pudiera estar motivado por la analogía observada, entre este tipo de fósiles de aspecto abovedado, redondeado, liso y blanquecino con la calvaria del craneo humano, de aspecto parecido.


Aspecto de un fósil de Micraster coranginum, en vista lateral, comparese con el aspecto de la caja craneana de la calavera que se muestra en la imagen siguiente. Foto de Santiago Araguz.
Imagen 1:
http://www.araguz.com/pp46//showphoto.php?photo=5052&password=&sort=1&cat=533


Aspecto de un cráneo humano, en vista lateral. Observese la semejanza entre la caja craneana o calvaria del cráneo y el aspecto del Micraster coranginum, en vista lateral, representado en la imagen anterior.
Imagen 2: http://www.ucm.es/info/museoana/images/Colecciones/1079l250.jpg

Seguramente, pueda resultar demasiado aventurado, atreverse a plantear que la supuesta motivación anatómica del nombre del fósil, también pudiera sugerir la existencia de una antiquísima relación de tipo simbólico, entre estos fósiles y el culto a los cráneos de los antepasados, que se practicó en diversas zonas de Europa, durante siglos, desde el Paleolítico superior hasta la Edad del Hierro e incluso en épocas posteriores, de donde podríamos suponer una posible primitiva vinculación, de este tipo de fósiles con el culto a los muertos. Hipótesis que no debe ser descartada, de entrada, si tomamos en consideración que la arqueología ha encontrado en muchos enterramientos prehistóricos e históricos, en diversas zonas europeas de influencia céltica, los restos humanos acompañados de erizos fósiles. Esto demuestra que los cadáveres humanos se enterraban acompañados de equinoideos fósiles, esta costumbre antigua ha sido certificada, en muchas ocasiones por la Arqueología, aunque aún no ha sido explicada de forma satisfactoria, la motivación de este rito primitivo.

Grabado de la época victoriana representando el hallazgo arqueológico y paleontológico, realizado por Worthington George Smith, en 1887. Al excavar un enterramiento prehistórico de la primera Edad del Bronce, en Dunstable Downs (Gran Bretaña), se encontró los esqueletos de una mujer y un niño pequeño que aparecían rodeados, ritualmente, por cerca de 200 fósiles de erizos de mar, la mayoría de ellos del género Micraster sp., y unos pocos del género Echinocorys sp., ambos tipos de equinoideos son del Cretácico.
Imagen
http://www.themodernantiquarian.com/site/67/ 



jueves, febrero 14

El rayo y los fósiles ibéricos (1)

Por Heraclio Astudillo Pombo. UdL

Fósiles ibéricos vinculados con el rayo por el folklore español 


Algunos antecedentes histórico-culturales, de unas creencias supersticiosas, muy arraigadas en la sociedad rural ibérica



Sobre la divinización del rayo en la antigua Europa

La destrucción causada por el impacto del rayo, precedido por el fulgor, de su trazado en el cielo o seguido del fragor de los truenos y el resplandor de los relámpagos, ha generado en nuestra especie, y en otras muchas de mamíferos, un temor instintivo que facilmente puede transformarse en terror incontrolable, especialmente cuando un rayo impacta sobre el terreno cercano.

Impresionante y pavorosa imagen de la caida e impacto de un rayo sobre algún lugar, más o menos, próximo. La luz cegadora, el estruendo espantoso y, sobre todo, la destrucción causada al caer sobre el objeto o ser, afectados, debió causar terror en las personas situadas en lugares cercanos, en un tiempo en que no se conocían sus causas naturales, ni las formas para evirar su impacto "fulminante"
 
Si repasamos la cultura mitologica de todas las culturas europeas, antiguas, podemos observar que divinizaron y personificaron, las incontrolables y temidas fuerza de la naturaleza, antes citadas: rayos, truenos y relámpagos, debido a su salvajes comportamiento y a sus temibles consecuencias las relacionaron con dioses o diosas que las generaban, dirigían y controlaban, sobre el mundo terrestre. Como el peligro procedía del cielo tormentoso, convirtieron las nubes tempestuosas, en carro, asiento o residencia de divinidades mitológicas, celestes, con capacidades meteorologicas, para así poder negociar con ellas y, de esta manera, conseguir propiciar sus qualidades sobrenaturales, haciendo disminuir los efectos destructivos y aumentar los efectos más favorables para la agricultura, la ganadería y la seguridad de las personas y sus pertenencias.

Con la finalidad de influir sobre los espíritus divinos administradores del agua que fertiliza los pastos que engordan a los rebaños, que hace crecer las cosechas y que permite fluir las fuentes, circunstancias que aseguran la prosperidad de sus devotos adoradores. Pero también para evitar sufrir los efectos de su cólera pues conocen las consecuencias que sobre los humanos tiene su irritación divina, manifestada con el temible lenguaje de los truenos, los relámpagos y los rayos.

Vemos como todas las antiguas mitologías y las religiones primitivas, de todos los continentes, siempre han considerado al rayo, el trueno y el relámpago como temibles manifestaciones de la indignación divina. También vemos que esas divinidades terribles, para vengarse de los agravios humanos, usan un arma arrojadiza, con la que golpean a aquellos que se atrevan a ofenderlos quebantando sus normas, lanzandosela desde el cielo .

Estatuilla de bronce, del dios griego Zeus tronante, señor de la lluvia y del viento, del trueno y del rayo, representado en actitud de lanzar un rayo sobre sus enemigos, tal vez los gigantes o quizás algunos humanos infieles. Procedente del yacimiento de Dodona (Grecia) realizada a inicios del s. V aC. Stadtliche Museum, Berlin (Alemania)
Imagen: http://classics.uc.edu/~johnson/myth/zeus_images/zeus3.jpg

También podemos darnos cuenta que fueron las antiguas culturas agrarias y pastoriles las que colocaron a las divinidades tronantes, poseedoras del don de la lluvia y del castigo del rayo, entre las más importantes de sus respectivos olimpos míticos.
Posteriormente, con las sucesivas oleadas migratorias, comerciales e invasoras, fueron llegando las diferentes creencias de los extranjeros y los cultos y a otras tradiciones, asociadas a las diversas divinidades meteorológicas, hasta las distintas regiones de la primitiva península ibérica. Podía tratarse de mitos y prácticas religiosas y supersticiosas, de procedencia céltica, romana, etrusca, helenica, fenicia, caucásica, urálica, cartaginesa, germánica, escandinava y aún de otras culturas más lejanas, com el Medio Oriente, asmiladas por griegos y romanos.

Estatuilla de bronce del dios escandinavo Thor, señor de la lluvia, del trueno y del rayo. Representado sentado, en actitud meditabunda mientras sujeta su martillo mágico Mjolnir, productor de truenos y rayos. Probablemente del siglo X. Encontrada en una granja en Akureyri en Islandia. Imagen reproducida por cortesía del Museo Nacional de Islandia, Reykjavik.
Imagen: http://www.windows.ucar.edu/tour/link=/mythology/thor_thunder.html&edu=high


Sobre la cristianización del rayo en la Península ibérica

Hacia el siglo XI o XII, concluida la Reconquista de la mayor parte de la península se produce la definitiva y efectiva cristianización de casi toda la península ibérica, las antiguas divinidades paganas de la lluvia, del trueno y del rayo que hasta entonces habían sido veneradas, en algunos lugares, por las sociedades rurales, irán desapareciendo ante el empuje de los monjes misioneros y la exclusividad de culto que exige el dios cristiamo.
La cristianización de las antiguas costumbres religiosas y creencias mitológicas se produce al transferir los atributos meteorológicos típicos de las primitivas divinidades paganas a Dios Padre Todopoderoso y, en menor medida, a determinados santos y santas cristianos. En aquellos casos en que las divinidades paganas y sus cultos antiguos, no puedan ser asimiladas por la nueva religión, entonces, serán demonizadas y pasarán convertirse en malos espíritus de diversa categoría: diablos, espectros o brujas, responsables de las desgracias y calamidades, causadas a los cristianos, por odio a su adoración de Dios.

Reproducción de una estatua romana del dios Júpiter, esculpida en mármol blanco, representado sosteniendo el fuego celestial en su mano derecha, de forma triunfal, como símbolo de su poder destructor o fertilizador de pastos y cultivos.
Imagen: http://www.theplatelady.com/figurines7/6820.jpg

Con la cristianización de la sociedad rural ibérica, las creencias y prácticas religiosas las antiguas religiones paganas, se convirtieron y pervivieron, en la cultura popular, en forma de creencias y prácticas supersticiosas, algunas de las cuales se han conservado hasta nuestros días.

Las llamadas "puntas de rayo" o "piedras de rayo", en la península ibérica, llamadas en otras culturas "piedras del trueno", son un tipo de piedras, que en la mayoría de los casos y desde la antigüedad hasta tiempos recientes, han sido identificadas por los prehistoriadores y arqueólogos como hachas prehistóricas de piedra, talladas o pulimentadas hace miles de años, generalmente de silex, cuarzo o cuarcita, materiales dotados de la particular propiedad de desprender chispas cuando se le golpea, característica que sirvió para vincular a estos objetos con el fuego celestial.

Grupo de hachas, neolíticas, de piedra pulimentada, a las que los labriegos y pastores que las encontraban, casualmente, ya fuera en la superficie o enterradas,  les daban el nombre de "piedra de rayo", hasta no hace muchos años. Las recogían y las conservaban para darles un uso protector, como preventivo contra las descargas del rayo.
De forma muy ocasional y local, los proyectiles celestes no han sido identificados, por la cultura popular española, con hachas de piedra prehistóricas, sino con diversos tipos de fósiles, los más frecuentes de los cuales fueron los erizos de mar, los belemnites y los dientes de tiburón, aunque también se llegó a relacionar con el rayo, algun tipo de braquiópodo.

Según la mentalidad popular, las supuestas piedras que guiaban el rayo hasta su objetivo, también podían servir para alejarlo de ciertos lugares, si eran recogidas después de transcurridos más de siete años desde su impacto terrestre y colocadas en ellos. De manera que hasta tiempos tan recientes como la década de los años seteinta, del pasado siglo XX, fueron usadas en entornos rurales como poderosos amuletos protectores, capaces de alejar la caída del fuego del cielo y el impacto de las piedras celestes.


Fuentes:

-Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing.
- Kunz, George Frederick. 1997. The Magic of Jewels and Charms. Mineola, NY. Dover Publications.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. ORD & SAG, 14. Udgivet af Institut for Jysk Sprog og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)

lunes, febrero 4

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (8)

por Heraclio Astudillo-Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (8)


FÓSILES JACOBEOS EN CASTILLA-LEÓN.

En esta comunidad autónoma solo se ha podido encontrar una única referencia a la vinculación de cierto tipo de fósiles con Santiago Apóstol, por mediación de su legendario caballo. Se trata de un lugar remoto de la provincia de León.

Encrinitas contra las influencias malignas

En la zona de Lumajo, pequeña localidad perteneciente al municipio de Villablino, en la provincia de León, comarca de Laciana, los habitantes de mayor
 edad decían que sus padres decían que las marcas redondas, en relieve, [son los artejos pedunculares de crinoideos devónicos] que son visibles en la superficie de algunas rocas de la localidad [las encrinitas] eran las marcas dejadas por las "pisadas del caballo de Santiago". Antiguamente, como consecuencia de este supuesto origen prodigioso, se había creído que las rocas [encrinitas]  que contenían ese tipo de huellas equinas resultaban benéficas. Ese tipo de marcas imaginarias prodigiosas, por su origen celestial y milagroso tendría un cierto carácter mágico-religioso protector. 
Como consecuencia de esta creencia popular se solía poner alguna pieza de roca encrinita, bloque o losa, incrustada en los muros de piedra de las construcciones que protegían alguna propiedad considerada valiosa (corrales de ganado, gallineros, graneros, etc.) y, también,  en las fachadas de las viviendas humanas. Se ubicaban, habitualmente, al lado o sobre las puertas principales de entrada, puesto que se suponía que gozaban de virtud repelente contra toda influencia maligna. Su finalidad era alejar a posibles enemigos reales que quisieran entrar (ladrones, animales depredadores y plagas del ganado estabulado, plagas domésticas, rayos causantes de incendios, etc.) o enemigos imaginarios (brujas, fantasmas, malos espíritus, diablos, etc). Creyendo disponer de un elemento mágico-religioso protector que evitaría la penetración del mal y sus perjuicios en todo aquello que conservaran en el interior de los edificios "asegurados" por el poder milagroso de Santiago Apóstol... y su caballo volador.

Fragmento de roca encrinita incluido en un muro de piedra seca, colocado justamente junto a la cancela de hierro forjado que cierra la puerta de entada a la finca. 
Se desconoce si la ubicación de esta pieza de encrinita en el muro, es producto de una casualidad o, en el tiempo en que se colocó, tuvo alguna finalidad protectora de tipo defensivo. 
Imagen: Asociación Aragonito Azul
 
En la actualidad, parece ser que aún se sigue haciendo uso de la roca encrinita como elemento de ornamentación arquitectónica, pero solamente con finalidades puramente decorativas. La abusiva extracción moderna de este tipo de roca ha causado alarma y preocupación entre los vecinos. Tanto es así que la Junta Vecinal ha tenido que poner carteles informativos, en los distintos yacimientos que hay en el término del pueblo, prohibiendo "sacar roca" de esos lugares. Los carteles van dirigidos a los potenciales recolectores locales y a los "expoliadores" forasteros.

Abrevaderos salutíferos

Aún disponemos de otra información curiosa e intrigante sobre el antiguo uso leonés de la roca encrinita en el medio rural. En este caso nos fue proporcionada por otro informante leonés. Hace referencia a una antigua práctica popular, relacionada con la protección del ganado y la creencia no racional que la sustentaba, que quizás también podría estar vinculada con la interpretación popular de su interpretación como la marca equina prodigiosa que se ha presentado previamente
"Únicamente en la comarca de Babia, he visto personalmente, y me comentó alguna persona mayor, que antaño los abrevaderos donde bebían los animales domésticos los hacían con un tipo particular de roca. Antiguamente se utilizaba encrinita (roca caliza griotte y roca caliza de crinoideos), ya que antiguamente se creía que ese tipo particular de piedra era capaz de purificar el agua que contenía y que bebían los animales, por lo que se creía que este tipo de piedra ayudaba protegerlos de enfermedades y a mantenerlos sanos."

Aspecto de un antiguo abrevadero monolítico, ligeramente rectangular (82 cm. x 58-cm.), tallado y excavado en un bloque de piedra. Imagen: Anticuable. https://www.anticuable.com/products/pilon-rectangular-de-piedra-caliza-82-cm-x-58-cm 

Aunque el informante
 de mi informante no hizo ninguna alusión al prodigioso caballo de Santiago ni a su santo jinete, ni a ningún personaje sagrado, legendario o sobrehumano, como responsables de la virtud de aquel tipo particular de roca, es lógico imaginar que la supuesta virtud purificadora de ese tipo de roca, debería estar motivada por alguna causa particular o personaje causante, más o menos extraordinarios. Un detalle fundamental para conocer y entender el origen de la virtud de aquel tipo de piedra, que el informante de mi informante, quizás no se atrevió a manifestar, tal vez por falta de confianza o exceso de prudencia, ante el forastero que se interesaba tanto por aquel asunto tan localista.

Aspecto de la superficie natural, meteorizada, de una caliza de crinoideos o encrinita, en la que predominan, claramente, los restos de este tipo de equinodermos. Cuando este tipo de roca se cincela o se corta, en la superficie fresca la calcita que constituye los restos esqueléticos forma unas bonitas figuras geométricas, de color claro, que destacan sobre el fondo algo más oscuro, resaltando de forma bien visible. Imagen: http://fr.academic.ru/dic.nsf/frwiki/585238


A modo de conclusiones provisionales:

La cultura popular española, parece haber estado vinculando, durante siglos, diversas clases de fósiles con Santiago El Mayor, patrón de las Españas, y con su portentoso caballo volador. Seguramente tal proceso de vinculación se ha debido producir con posterioridad al inicio de la devoción popular al santo (siglo IX), probablemente el proceso se iniciaría coincidiendo con la etapa de máxima popularidad del santo (siglo XI) para empezar a decaer con la difusión de las ideas ilustradas (siglo XVIII), y acabar por desaparecer a finales del siglo XIX, momento en que la influencia racionalista y naturalista de la ciencia paleontológica ya se debía hacer notar en la mentalidad de una gran parte de la sociedad española, incluso en las zonas rurales, y de la interpretación que se hacía de los fósiles.



Sobre las motivaciones de vinculación.

El hecho que motivó a establecer una relación entre ciertas marcas en las rocas y objetos pétreos con un determinado personaje sagrado y su caballo, posiblemente, se desencadenó debido a que ambos, caballero y caballo, eran extraordinariamente afamados, entre las clases populares de la península. La popularidad de ambos era debida a la difusión y al impacto social, previos, de tres mitos fundacionales de la cultura cristiana medieval:

- el hallazgo de la tumba de Santi Yago (=Santiago), en el finisterre gallego;
- los viajes del apóstol peregrino, dedicado incansablemente a la evangelización de la población pagana de Hispania
- y las oportunas apariciones, milagrosas, del aguerrido caballero, manejando una espada fulminadora de moros, cabalgando sobre un ágil y portentoso caballo, capaz de saltar montes y valles. Estas prodigiosas intervenciones militares del santo que habían contribuido, decisivamente, al éxito de la Reconquista, especialmente, en sus etapas iniciales.

Representación pictórica de Santiago Matamoros, a lomos de su caballo blanco, abatiendo sarracenos. Códice español de 1550.

Los tres mitos jacobeos fundamentales, mencionados anteriormente, se verían reforzados con la invención de diversas leyendas etiológicas locales, cuya veracidad y credibilidad se sustentaba sobre la existencia de pruebas materiales, de naturaleza pétrea y de origen milagroso o maravilloso. Las evidencias del paso del apóstol eran unas “piedras figuradas” representando diversos atributos del santo y unas marcas en las rocas, dejadas por las pisadas de su caballo. Todas las leyendas explicativas, lógicamente se generaron en diversos lugares de España, en los que existían determinadas clases de fósiles, y , además, por los que según la tradición oral discurrían distintas rutas evangelizadoras o estaban próximos a lugares donde se habían producido apariciones guerreras.

Fósiles y leyendas jacobeas sobre un sustrato de imaginativa credulidad y religiosidad populares, favorecían los intereses clericales de expansión del cristianismo entre grandes masas de población rural, que aún se mantenían paganas y entre a otras que habían sido islamizadas en los últimos siglos.
Al vincularse un espacio determinado, aquel que contiene piedras marcadas con los símbolos jacobeos, con un personaje sagrado para el cristianismo, el espacio vinculado deviene sagrado y cristianizado, convirtiéndose de esa manera, el espacio y los fósiles que contiene, que originalmente eran naturales, en un lugar i objetos culturales capaces de transmitir, pasivamente y durante siglos, un mensaje religioso, cristianizante y moralizante, con poder de ifluencia sobre todas aquellas personas de su entorno que conocen la correspondiente leyenda hagiológica y etiológica que explica el origen milagroso de aquellas piedras o de aquellas marcas en la roca.

Grabado popular, representando a Santiago Apostol ataviado con el característico hábito del peregrino del Camino de Santiago, mostrando todos los elementos propios del atuendo: bordón, calabaza, vieiras, zurrón, capa, sombrero, etc., posiblemente impreso en el siglo XVIII.
Imagen: Saint James the Great 


Sobre los mecanismos psicológicos de asimilación.

La vinculación de los fósiles somáticos con Santiago y de las icnitas con el caballo de Santiago, parece ser que siempre se estableció, guiándose, fundamentalmente y según los casos, por el principio de analogía y por el principio de causalidad.


En el caso de la asociación de ciertos fósiles con Santiago Apóstol, la tradición popular ha utilizado el principio de analogía para vincular con el santo algunas “piedras figuradas” que por sus formas características se asemejaban a alguno de los objetos propios del atuendo de Santiago peregrino, en esta categoría entrarían todos aquellos fósiles con aspecto de vieira (bivalvos pectínidos), con aspecto de calabaza vinatera (gasterópodos) y con aspecto de bordón (cefalópodos belemnítidos) .
El principio de causalidad se habría aplicado para asociar con Santiago ciertas “piedras marcadas” (fósiles) semejantes a proyectiles (equinoideos) y que no podían ser asociadas de otra manera. Aunque aquí, posiblemente lo que tenemos, es un proceso encubierto de substitución de una deidad pagana por un santo cristiano.

En el caso de la asociación tradicional de ciertos fósiles con el caballo de Santiago Apóstol, la cultura popular también ha seguido los mismos principios, mencionados anteriormente. El principio de analogía se ha empleado para relacionar, con el prodigioso caballo de santiago, ciertas marcas que resultaban inexplicables para la mentalidad, campesina o erudita, de la época, que en ciertos lugares, aparecian aisladas y en otros formando rastros y que resultaban bien visibles en la superficie de algunas rocas.

Cuando las marcas eran de forma, claramente o vagamente, circular, semicircular u ovalada: como es el caso de la valva opercular de un bivalvo rudista (Requienia), las impresiones o moldes externos de valvas de pectínidos y las marcas de pisada de dinosaurios (icnitas verdaderas: huellas y subhuellas de saurópodos. o bien, dinoturbaciones de toda clase de dinosaurios, ya fuesen ornitópodos, saurópodos o terópodos) y que por tanto se parecían a una pisada de caballo.
En cambio, para vincular con el legendario caballo de Santiago las marcas de pisadas tridáctilas, debido a que por su forma atípica no podía aplicárseles el principio semejanza, se les debió aplicar el principio de causalidad, quizás, teniendo en cuenta el principio de proximidad, a las marcas típicamente “equinas” que aparecían en los mismos lugares.

Rastros de huellas redondeadas u ovaladas, de un tipo semejante a las de la fotografía, impresas en las rocas de edad jurásica o cretácica y que son características del desplazamiento de dinosaurios saurópodos, antiguamente, fueron atribuidos por pastores y campesinos, españoles, en pasados siglos a las pisadas del fabuloso caballo de Santiago.
Imagen: Palaeojura 


Sobre la antigüedad de los nombres populares.

Un indicador de la mayor antigüedad de las denominaciones populares de ciertos fósiles, quizás nos lo proporcione la inclusión del termino piedra en las denominaciones castellanas y arri en las euskaras, pues nos permite suponer que en ellas subyace una creencia muy antigua, según la cual los fósiles se originarían de las entrañas de la Tierra de manera prodigiosa e instantánea.
Podríamos suponer, con cierto fundamento, que las denominaciones populares de fósiles que no incluyen el término piedra, son más modernas y que en ellas subyace la idea de que se trata de restos "petrificados" de seres muy antiguos, posiblemente "antediluvianos".

Un caso especial que indicaría una gran antigüedad, sería el de los erizos fósiles (Micraster) vinculados con Santiago, en Navarra y en el País Vasco, pues tal asociación podría denotar una posible asimilación cristianizadora de alguna antiquísima deidad pagana, de tipo celeste y meteorológico, vinculada con el poder crear tormentas y descargar rayos (Urzi), con la cual, los antiguos navarros y vascos, habrían vinculados los fósiles de los erizos de mar. En tiempos más recientes, al haberlos usado como amuletos protectores de la caída del rayo, estaba claro que los consideraban como "piedras de rayo" verdaderas, lanzadas desde el cielo por algun espíritu maligno (Aidegaxto). Tenemos pruebas de que un hecho cultural de parecida naturaleza y función social, ya se dio en la antigüedad entre los daneses, en relación a otros tipos de erizos fósiles, a los que la cultura popular consideró como proyectiles lanzados por el dios Thor que luego se convertían en amuleto.


Sobre la distribución geográfica.

A la vista de los datos de que disponemos, en la actualidad, parece ser que la costumbre de vincular, directamente, con Santiago a ciertos objetos que supuestamente habían caído con el rayo o, indirectamente, a través de las marcas pretendidamente dejadas por las pisadas de su caballo, estuvo muy influida por creencias míticas paganas, cristianizadas, dando origen creencias y prácticas cristianas supersticiosas.
Simultáneamente, la necesidad de dar nombre a ciertos objetos raros (fósiles), relacionados con el rayo y santiago o con el caballo y sus pisadas, generó los diversos etnopaleontónimos o nombres populares de fósiles que se han mostrado en entradas anteriores).
La tendencia a asociar fósiles con Santiago o con su caballo, parece estar más extendida en la mitad norte y noreste de la península que en la zona sur, quizá por ser las primeras áreas geográficas ligadas a los primeros tiempos de expansión de los condados cristianos y las primeras guerras contra los "moros", bajo la protección del santo y su caballo, para reconquistar el territorio perdido en los últimos siglos.
La distribución geográfica quizás también esté condicionada por la mayor concentración de rutas jacobeas, generadoras de leyendas piadosas de predicación cristianizadora y de leyendas de intervención bélica, en momentos clave del inicio del proceso de la Reconquista, en esas zonas de España que eran las fronteras norteñas de las taifas musulmanas de Al Andalus.



Sobre la biodiversidad paleontológica.

Curiosamente, sólo tres grupos zoológicos: el de los moluscos (bivalvos, gasterópodos y cefalópodos, ), el de los equinodermos (erizos de mar) y el de los vertebrados (dinosaurios), han han contribuido con su presencia, en ciertos lugares, al proceso de generación de las diversas leyendas etiológicas jacobeas. Estos mismos fósiles, al recibir su denominación popular, muestran la motivación legendaria que subyace en su nombre popular, tanto si se trata de fósiles corporales o somatofósiles (restos duros) e icnofósiles (huellas de actividad) que han sido asociados por la tradición popular española, con Santiago Apóstol o con su legendario caballo.




Fuentes:

- Barandiarán, José Miguel de. 1984. Diccionario de mitología vasca. San Sebastián. Txertoa.
-Blinkenberg, Christopher. 1987. The Thunderweapon in religion and Folklore. A study in comparative archaelogy. New Rochelle. Caratzas Publishing.
- Roma, Francesc. 2000. Els Pirineus maleïts. Natura, cultura i economia moral en les societats dites tradicionals. Barcelona, Alta Fulla.
- Roma, Francesc. 2002. Llegendes de la natura. Itineraris pel nostre patrimoni cultural. Tarragona, Edicions El Mèdol.
- Sørensen, Viggo. 1994. Lidt om echinittens brug og navne. A er ett ræj i Torrenvejr – for a haar en Torrenstien i æ Lomm! ORD & SAG, 14 Udgivet af Institut for Jysk Sprog- og Kulturforskning (Aarhus Universitet) december 1994. (pp. 43-54)
- Vaello López, Jacinto, 2008. Comunicación personal del 13/01/2008, via e-mail
- Vicente Casado, José 2008. Comunicación personal del 20/01/2008, via e-mail
 

domingo, enero 27

Santiago Apóstol y los fósiles ibéricos (7)

por Heraclio Astudillo Pombo. Universidad de Lleida

Fósiles ibéricos vinculados, con Santiago apóstol o/y con su legendario caballo, por el folklore español (7)


FÓSILES JACOBEOS EN CATALUNYA.

En algunas zonas de Catalunya, en las que aparecen fósiles de bivalvos pectínidos, de distintos géneros, generalmente prtenecientes a los géneros Chlamys, Pecten, Pseudopecten y otros semejantes, correspondientes a diversas eras geológicas, tradicionalmente, se les han dado nombres populares, en catalán, que hacen referencia a su relación con el Santo Apóstol: “petxines de sant Jaume”, es decir: pechinas o conchas san Jaime y también “petxines de peregrí” o “petxines de pelegrí”, o sea pechinas o conchas de peregrino.



Las "conchas de peregrino” del cerro del castillo de Orís (Barcelona).

En el cerro del castillo que hay en la villa de Orís, situada en la comarca de Osona (Barcelona), según cuentan sus habitantes, "desde siempre" se conocen unas conchas "petrificadas" a las que los paisanos llaman, en catalán, “petxines de peregrí” o “petxines de pelegrí” , es decir, pechinas o conchas de peregrino.
El erudito barcelonés Pere Serra i Postius, en un opúsculo redactado en 1745 que trataba sobre curiosidades del mundo natural, en el principado de Cataluña, titulado “Las siete maravillas raras de la naturaleza del principado de Cataluña”, señala como un hecho muy poco común, en su opinión, la presencia de "unas conchas petrificadas que se encuentran en la montaña del castillo de Orís, que son como aquellas que llevan, en el sombrero y en la esclavina, los romeros y pelegrinos. " 

También señala, Pere Serra i Postius, en el mismo escrito, que este hecho tan poco corriente, también era conocido por otros autores anteriores a él, como Fray Juan Gaspar Roig y Jalpi, que fue Cronista Real de todos los reinos de la corona de Aragón.
Fray Juan Gaspar Roig y Jalpi, en una de sus crónicas de 1735, titulada “Noticias de Cataluña”, señalaba que “en 1715 pudo ver, con sus propios ojos, un manuscrito de Luís de Valencià- un celebre jurisconsulto del siglo XVIII-, en el que dicho autor interpretaba la presencia de las conchas, de la montaña del castillo de Orís, como una señal divina del paso del apóstol Santiago por aquellas tierras”.

También cita Pere Serra i Postius, en el citado escrito de 1745 que "Joseph Bru, quien poseía un ejemplar de aquel tipo de conchas, en 1690, le había hecho, similares referencias, a las de Luís de Valencià, sobre el origen prodigiosos de aquellos fósiles del castillo de Orís ".

Según el estudio llevado a cabo sobre el terreno, por el geólogo Antonio Abad García, las conchas de peregrino del cerro del castillo de Orís, posiblemente corresponden a valvas fósiles, sueltas o desarticuladas de lamelibranquios de la especie Chlamys biarritzensis. (Bartoniense, Eoceno Medio)

Aspecto de dos valvas, de distinto tamaño, de fósiles de Chlamys biarritzensis. Foto de Ernesto Santidrián.



Las “conchas de sant Jaime”, del el rio Flamisell, en el Congost d'Erinyà.

El Congost d’Erinyà es un corto desfiladero abierto por el paso del rio Flamisell, al erosionar las calizas de la sierra de Sant Gervàs que etaá situado en el límite territorial entre los municipios de Conca de Dalt y  de Senterada, en la comarca del Pallars Jussà (Lleida). Gracias a la existencia de ese cañón fluvial, desde antiguo, ha existido la posibilidad de comunicación entre la zona de la Vall Fosca y la de la Conca de Tremp.  Antiguamente, los viajeros que frecuentaban este paso natural contaban que se podían encontrar unas curiosísimas piedras con forma de concha marina, en el cauce del río Flamisell, parecidas a las llamadas, popularmente, "conchas de Santiago". A las que las gentes de la zona llamaban "petxines de Sant Jaume", es decir, pechinas o conchas de san Jaime, sinónimo de Santiago.
En realidad, no se parecen demasiado a las conchas de peregrino pues se trata de unas conchas fósiles de la especie Neithea striatocostata, del Cretácico (Santoniense-Maastrichtiense). Unas conchas que poco tienen que ver con el aspecto típico de los pectíndos que usaban los peregrinos de Santiago como emblema.
Actualmente, el yacimiento en el que, antiguamente, se podían hallar este tipo de fósiles, con cierta facilidad, está practicamente agotado. Desconocemos si el expolio de yacimiento se realizó con fines religioso-supersticiosos o con fines de comercialización económica.
Estos restos fosilizados pertenecían a valvas de un tipo particular de pectínidos que habitaron en esta zona, cuando hace ochenta y cinco millones de años, este territorio estuvo cubierto por el mar, durante el Santoniense y el Campaniense, en el Cretácico Superior.

Aspecto de una petxina de sant Jaume (Neithea striatocostata) del Congost d’Erinyà, en el Pallars Jussà, prov. de Lleida.
Imagen:

Se trataba de unos fósiles desprendidos de una capa de caliza margosa que aflora solamente en ese punto del lecho del río Flamicell. La erosión fluvial fue quien hizo accesible el pequeño yaciniento de fósiles a los viajeros que pasando junto al curso de agua, se cercaban quizás a abrevar a sus monturas o beber ellos mismos.




FÓSILES JACOBEOS EN COMUNIDAD VALENCIANA

- Las Conchas Peregrinas de Bicorp (Valencia)

En los márgenes del río Cazuma, que estan excavados en rocas calizas mesozoicas, se puede observar una gran variedad de fósiles incrustados, pero en donde son más abundantes, es en el tramo llamado de "el charco de los Morteros". Antiguamente, en la llamada "poza de las Conchas" podían apreciarse numerosas “conchas peregrinas” de diversos tamaños, precisamente, fue la bundancia de este tipo de pectínidos fósiles el hecho que inspiró a las gentes de Bicorp a imponer el hidrónimo que denomina a este lugar del cauce del río Cazuma. Desgraciadamente, la recolecta indiscriminada de fósiles, en tiempos recientes, ha hecho que en la actualidad las “conchas peregrinas” resulten ser una rareza, en el lugar al que dieron nombre en el pasado.



FÓSILES JACOBEOS EN ANDALUCÍA

- Las "Conchas de Peregrino" de Montefrío (Granada)

En las areniscas de la localidad granadina de Montefrío, unas calcarenitas bioclásticas, se suelen encontrar unas "conchas" a las que los naturales del lugar, denominan “conchas de peregrino”. Se trata de valvas, derechas e izquierdas, desarticuladas, de un pectínido del género Flabellipecten sp., del Tortoniense (Mioceno Superior) que aparecen incluidas en las rocas antes citadas.
Aspecto de una valva derecha de Flabellipecten sp., de Montefrío (Granada), del Mioceno Superior (Tortoniense)

Aunque desconocemos si existió alguna leyenda popular que vinculase la presencia de este tipo de fósiles con el paso del apóstol Santiago, por ese lugar, es muy probable que así fuera, puesto que esta creencia popular estuvo muy extendida por las zonas rurales de casi toda la península, desde la Edad Media hasta mediados del siglo XX.


FÓSILES JACOBEOS EN LAS ISLAS BALEARES

- Las "Conchas de san Jaime", de Menorca.

En el sur de Menorca, a las conchas 
fósiles del bivalvo pectínido Pecten jacobeus que se podían encontrar incluídas en las rocas del Mioceno superior, tanto si estaban completas con el par de valvas juntas como si eran las valvas individuales, desarticuladas, popularmente, se las conocía por el nombre menorquín de "escopinya de sant Jaume" (cast. concha de san Jaime). Esta denominación está totalmente justificada, por tratarse de la misma especie que, tradicionalmente, han usado todos los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela y de las que se proveían al iniciar su periplo ibérico, para dar a conocer su condición de peregrino de Santiago. Cuando la peregrinación se iniciaba desde cualquiera de los diversos puertos de mar de las costas mediterráneas, en cuyo fondo marino también viven esta especie de bivalvos, pues se creía que por ser un símbolo de Santiago atraían la protección del santo hacia sus portadores la cual se convertía en buena suerte hacia los caminantes, durante todo el tiempo que duraba su viaje. 

 Aspecto de la valva superior o derecha, de una concha fósil de Pecten jacobeus
Imagen:  Educa Rex

Los peregrinos cuando regresaban de su viaje a Santiago de Galicia, portaban en su atuendo de forma bien visible alguna concha de vieira. El motivo de esta costumbre es que eran consideradas como una prueba de su llegada a la ciudad santa y de haber concluido con éxito su peregrinación. pero en este caso, se trataba de unas conchas de igual aspecto pero de mayor tamaño, por pertenecer a ejemplares de la especie atlántica del mismo género zoológico, ya que se trataba del Pectem maximus.



Fuentes:

- Abad García, Antonio. Paleotaxodonta y Pteriomorphia del eoceno del margen sur de la depresión central catalana. Tesis doctoral.


- Asociación Macizo del Caroig. Ruta Cazuma-Gola de Lucino (P.R.V- 234) www.caroig.com/conoce/rutas/cazuma.htm
- González-Donoso, J.M. , Rodríguez-Fernández, J., Serrano, F. & Vera, J.A. 1980. Precisiones estratigráficas sobre la discordancia intratortonense de Montefrio (Granada). Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Sección Geológica, 78, p. 101-111
- Quintana Cardona, Josep. 2004. "Els fòssils marins del Miocè superior" en Historia Natural del Migjorn de Menorca. El medi físic i l'influx humà. Fornós, Joan J.; Obrador, Antoni; Rosselló, Vicenç M. (ed.) Maó. Monografies Soc. Hist. Nat. Balears, nº 11. Institut Menorquí d'Estudis (IME), p.102.
- Rivas, G., Rosell, J., Llompart, C., Berástegui, X., Nagtegaal P. & Mañas, D. ITINERARI II: Salàs de Pallars ·Congost d’Erinyà ·La Figuereta ·Collegats. 2006 Any de la geologia al Pallars. Consell Comarcal del Pallars Jussà
http://www.pallarsjussa.net/imatges/Geologia%202006%20Itinerari%20II.pdf
-vv.aa. Els bivalves, in Registre fòssil, vol. 15 de la Historia Natural dels Països Catalans. Barcelona. Enciclopedia Catalana. 1988. (272-286)