domingo, abril 19

Sobre los diversos y extraños nombres de los fósiles (2).

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL



Sobre las diversas nomenclaturas utilizadas para la denominación de los fósiles. (2ª parte) 

SOBRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DE LOS NOMBRES ASIGNADOS A LOS FÓSILES.
 

Nombres populares, nombres cultos y nombres científicos

El interés humano por ciertos tipos de fósiles que como ya hemos mencionado antes, se debe remontar a tiempos antiquísimos y a personas de diversa categoría social, debe haber determinado que las denominaciones de los fósiles hayan sido realizadas por personas pertenecientes a distintas capas sociales, circunstancias que habrían podido determinar que los distintos nombres que fueron impuestos a un mismo tipo de fósil, reflejaran las creencias o usos asociados al mismo y la amplitud de conocimientos que poseía su denominador original. 



Nombres vulgares o etnopaleontónimos

Los nombres de fósiles que han sido creados por personas "del pueblo" que poseían escasos o nulos conocimientos eruditos y que para denominarlos se basaban en aspectos de tipo morfológico, legendario, utilitario o topográfico, se dice que son "nombres vulgares". 

Los pastores en su divagar pausado, por extensos territorios, han tenido la oportunidad de poder encontrar, observar, relacionar y denominar multitud de elementos presentes en la naturaleza. Puede tratarse de seres vegetales o animales u objetos minerales, pero también de objetos arqueológicos
Imagen: El Buen Pastor
 
Se trata de una categoría que integra todas las denominaciones usadas para nombrar a ciertas clases de fósiles que han sido creadas por "el vulgo", también se les llama "nombres populares" y se caracterizan porque han sido creados, usando la lengua vulgar y los criterios clasificatorios del pueblo "llano". Nosotros, a esta clase de denominaciones creadas por personas "ingenuas" e ignorantes. respecto de los conocimientos científicos, los denominamos etnopaleontónimos



Nombres eruditos y nombres científicos o paleontónimos

Algunas personas que poseían una gran cantidad de conocimientos eruditos, se interesaron por la naturaleza en general y por la geología en particular, llegaron a descubrir ciertos tipos o géneros de fósiles que no disponían de un denominación "de categoría" por lo que decidieron ponerles un nombre de categoría. Los nombres de fósiles que fueron creados por por personas "con estudios", podían estar basados en aspectos de tipo morfológico, utilitario, histórico, pseudohistórico, filológico o mítico. Para darles categoría se compusieron utilizando dos lenguas que no eran utilizadas ni conocidas por la plebe, el latín y/o el griego, construyendo nombre mediante palabras o combinaciones de ellas procedentes de las citadas lenguas. por eso se dice que son "nombres cultos", también se les llama "nombres eruditos".  Ambas adjetivaciones hacen referencia al hecho de que se trata de nombres que han sido creados por personas "cultivadas", es decir, con estudios, generalmente, pertenecientes a las élites sociales y, por tanto, poseedoras de amplios conocimientos.

Retrato de Domínique Villars ( 1745-1814,), un erudito francés que fue botánico, pteridólogo, micólogo,y algólogo .
Imagen: Wikipedia 


Los nombres de fósiles que han sido creados por personas que eran poseedoras de una gran cantidad de conocimientos de tipo naturalista (biológico y geológico) y que estaban basados en razonamientos de tipo morfológico, anatómico (anatomía comparada), se dicen que son "nombres científicos" pues han sido creados por personas dedicadas al estudio racionalista y científico de la naturaleza. Fueron creados, usando ciertas normas taxonómicas, determinadas convenciones lingüísticas y las lenguas de mayor prestigio social en el momento de sus origenes, el siglo XVIII, el griego y el latín. Los verdaderos nombres científicos de fósiles empiezan a aparecer durante el siglo XVIII
Nosotros, a esta clase de denominaciones creadas por personas "sabias"  los denominamos paleontónimos 


Retrato de Carl Nilsson Linæus, (1707- 1778) científico, naturalista y botánico sueco que fue el creador de la moderna nomenclatura científica o binomial, realizando el primer tratado sobre la clasificación y denominación científica de los tres Reinos de la Naturaleza.
Imagen: Wikipedia 



Interpretaciones cultas, científicas y populares, de un mismo tipo de objetos fueron las razones para denominar un mismo tipo de fósiles, de forma distinta

Tomemos como ejemplo a estudiar, unas singulares piedras alargadas, lisas, de sección más o menos circular y estructura interna radiada que cuando se presentan, más o menos enteras, muestran uno de los extremos puntiagudo y el otro recto. Las más pequeñas son semejantes a una clavija, punta o clavo. Las medianas se asemejan a una punta cilíndrica de flecha o dardo y las mayores, a una punta de javalina o de lanza. 
También hay otros autores, que les han encontrado parecido con penes, con dedos índices de humanos o de otros seres imaginarios, también con candelas espectrales, cigarros diabólicos, balas, etc. En el caso particular, de algunos tipos de rostros de forma espatulada, se les ha encontrado parecido con dedos pulgares humanos y con otros objetos. Estas semejanzas y la capacidad de fabulación humana, han dado origen a diversos nombres más o menos descriptivos que se les han sido aplicado en diversos lugares geográficos y épocas históricas.



A modo de ejemplo: la perspectiva culta o científica al interpretar  los rostros fosilizados de belemnites

Aspecto externo de cinco ejemplares de rostros fosilizados de Acrocoelites tripartitus, procedentes del Toarciense inferior (Jurásico inferior) de Francia.
Imagen: Jurfossil 


En el siglo I, Plinio "El Viejo" en el lapidario, contenido en Historia Natural, en el libro 37, párrafo 61, menciona este tipo de piedras como "lapis Dactylus Idaeus", es decir la "piedra dedo de (emonte) Ida".

En el siglo VI, Isidoro de Sevilla, en el lapidario, contenido en Las Etimologias, 16.14.392, menciona una piedra interesante por sus supuestas virtudes medicinales, llamadas "lapis idaeus dactylus", es decir la "piedra de (emonte) Ida dedo " el nombre y usos fueron tomados del lapidario de Plinio El Viejo.

En el siglo XVI, en 1546, Georgius Agricola (Georg Bauer), en Sobre la naturaleza de los fósiles, en realidad era un tratado de mineralogía, menciona la misma piedra dándoles un nuevo nombre creado por él mismo: "lapis belemnites", es decir la "piedra con forma de dardo". 

En 1565, Conrad Gesner en Sobre los fósiles, las piedras y las gemas asocia, por primera vez en un libro, una imagen concreta al nombre del "lapis belemnites" y de otras "piedras figuradas", con lo que a partir de este momento y gracias a esta obra habrá menos confusiones entre nombre cultos y objeto fósiles.


Ilustración del libro de Gesner, en la que aparecen representados, diversos fragmentos de rostros fosilizados de belemnites


En el siglo XVII, en 1664, Boetius (Anselmus Boëtius de Boodt) en El Joyero perfecto o Historia de las gemas, el último gran lapidario de occidente, menciona que el "lapis belemnites" que está dotado de ciertas virtudes y diversos usos medicinales, también es conocido en Europa como "ceraunites", "coracias", "corybantes", "dactylus idaeus" y "lincurius". 

En 1678, Martin Lister, en una carta a la Royal Society de Londres, denomina a los belemnites "Lapides turbinati non spirati". 

En el siglo XVIII, en 1747 Carlos Linneo, en su "Sistema de la Naturaleza" ya no cita a los belemnites como una piedra con propiedades especiales y usos medicinales, sino como los restos petrificados de un tipo de animales marinos indeterminados, formando parte del Reino Mineralia y como parte del grupo de los denominados "Helmintolithus" o "petrificaciones con forma de gusano" y constituyendo un género zoológico fósil, concretamente, el de los Belemnites

En 1754, fray José Torrubia, uno de los padres fundadores de la paleontología española, en una carta a la Société Géologique de France, informa que ha encontrado Belemnites en España. 
En esta breve sucesión histórica, podemos ver como las denominaciones eruditas o nombres cultos de un tipo de fósiles, con el paso del tiempo ha ido pasando por una serie de cambios, para finalmente, dar lugar a la formación de un antiguo nombre científico genérico: Belemnites, denominación científica que actualmente ya casi no está vigente, pero que ha dado origen, en diversos idiomas, a un nombre común: belemnites y cuyo prefijo "belemn-" ha sido utilizado para crear además del mencionado y popular Belemnites, otros varios nombres científicos genéricos: Belemnella, Belemnitella, Belemnopsis, etc., en los que poder reubicar a una gran parte de los que antiguamente constituían el género Belemnites.


La perspectiva popular al interpretar el mismo tipo de objeto

Simultáneamente, al proceso histórico y lingüístico, antes relatados, la gente del pueblo llano ya había estado creando y usando diversos nombres alternativos, para nombrar a aquellas mismas "piedras" tan atípicas. La mayoría de las denominación populares se han ido perdiendo para la posteridad, puesto que casi nunca han sido registradas en ningún documentos escritos. A pesar de tener todas las condiciones en contra, conocemos unos pocos nombres vulgares, por aparecer recogidos en diversos documentos escritos y publicados en los últimos cinco siglos o por haberse conservado, como "fósiles lingüísticos" en el léxico del lenguaje rural. 

Diversos ejemplares de belemnites, de diferente tamaño, incluídos en el mismo fragmento de roca. Fotografía original de Paul Marx
Imagen: Belemniten


Sabemos que hasta mediados del siglo pasado, en una gran parte de España, a los diversos tipos de belemnites, se les conocía por el nombre vulgar de "balas de moro" (Andalucía, Aragón, Castilla-León), "balas de piedra" (Alicante), "balines" (Zaragoza), "dientes de ballena" (Guadalajara), “lapiceros” (Guadalajara y Teruel), "pitones" (Guadalajara), "lápices de cantero", "puros petrificados", etc. y en zonas catalanoparlantes como "bales de moro" (Cataluña, Baleares y Valencia) y "puntes de fletxa" (Mallorca). También sabemos que con anterioridad, se las había conocido como “bordones” o “bordones de Santiago”,hierros de lanza” (La Rioja) o como “Santiagoren erromeroen pordoi arri” y “Santiyago’ren bordoi-makil-puskaren arri” (Guipúzcoa) y también como "puntas de rayo" o "piedras de rayo" en diversas zonas castellanohablantes y como "pedres de llamp", en las zonas catalanófonas.


Continuará

sábado, abril 4

El registro fósil, recogido y explicado por la literatura popular (1).

por Heraclio Astudillo Pombo, DMACS, UdL


Introducción al estudio de las leyendas populares de tipo etiológico, con fundamentación o contenido de origen paleontológico


Como resulta que en el mes de abril, en el día 23 se celebrará la fiesta conmemorativa de la existencia del libro, de la literatura y de la lectura como bienes culturales, tanto a nivel regional como nacional y mundial, queremos unirnos a estas conmemoraciones presentando, precisamente, una temática nueva, la vinculación de los fósiles con la literatura de tipo no científico o viceversa, por medio de una narración de tipo legendario.
Con ello queremos mostrar otro de los diversos ámbitos de la cultura humana que también han sido permeables a la presencia de fósiles en el territorio de los narradores. Es el ámbito de las narraciones de origen popular o literatura oral, a pesar de que con frecuencia luego son recogidas y versionadas por la literatura culta. En nuestro caso, dado nuestros objetivos y contexto específicos particulares, vamos a mostrar narraciones semi-fantásticas ya que mezclan en su trama argumental elementos literarios verdaderos y elementos imaginarios. Son los denominados relatos legendarios, un tipo de relato de origen popular, creados con una clara finalidad didáctica, de tipo moralizante, en las que se combinan componentes inventados con componentes reales propios del lugar, extraídos del contexto histórico o del entorno geográfico. 

Se trata de un tipo particular de narraciones, caracterizadas por que en su trama narrativa que es, fundamentalmente, imaginaria y fabulosa, incorporan algunos elementos realistas, que pueden ser de tipo histórico (hechos o personajes auténticos) o/y de tipo geográfico (lugares o elementos naturales o artificiales,  reales), que son característicos del entorno social, temporal y natural en el que transcurre la narración. Estos elementos reales que a veces son protagonistas y, a veces; forman parte del escenario, dentro de la trama del relato, adquieren un nivel de importancia nada desdeñable, dada su función testimonial y su valor como prueba, demostrativa, de la verosimilitud de los hechos relatados. La inclusión de los elementos realistas, en el relato fabuloso dotan a los hechos narrados, de una gran fiabilidad y por tanto aumentan su credibilidad, pues este tipo de narración, siempre se presenta como supuestamente verídicas.

Con el título genérico de Leyendas, póstumamente, se publicó en 1871 una colección de narraciones legendarias breves, recogidas y recreadas por el poeta español Gustavo Adolfo Bécquer. Con una de las mejores prosas del siglo XIX español, el sentimiento y la visión romántica logran en las Leyendas becquerianas un nuevo ritmo expresivo, consiguiendo un gran éxito de lectores. Situación que ayudo a que el género legendario adquiriese mayor categoría literaria y mejor consideración por escritores y lectores.

En el caso particular de las leyendas de tipo etiológico o leyendas explicativas del origen, se trata de un tipo de relatos legendarios, cuya finalidad es la de intentar explicar, de manera comprensible y aceptable para el “vulgo” y de forma coherente con la tradición mítica local, las supuestas causas originarias de ciertos hechos raros, inexplicables o sorprendentes, para los cuales no se disponía de ninguna explicación conocida,  anteriormente. En estas narraciones explicativas o justificativas siempre se intentan justificar la existencia de ciertos hechos reales, visibles en el medio o recordados por la comunidad. Ya se trate de sucesos históricos acontecidos o de elementos presentes en el entorno social o en el medio geográfico, se supone que sucedieron en unas circunstancias originarias “anormales” o extraordinarias, de tipo fabuloso, milagroso o mágico, y ello fue posible por  medio de la intervención de un personaje legendario o mítico dotado con capacidades sobrehumanas.

El estudio de este tipo de relatos, pone de manifiesto, como las personas con escasa cultura naturalista y racionalista y poca capacidad lógica y crítica, tienen tendencia a realizar interpretaciones fabulosas, ya que son poseedoras de una cultura mítica, de base arracionalista, sobrenaturalista y mágica. Características típicas de las sociedades primitivas, atrasadas y crédulas, propias de la época pre-científica. Tendiendo a reaccionar ante ciertos hechos, sorprendentes e inexplicables para ellas , por resultarles desconocidos, recurriendo a las explicaciones de tipo mítico (causas mágicas o milagrosas), puesto que conciben el mundo real, social y natural, en el que viven, como un sistema regido por fuerzas sobrenaturales, en el que son posibles las apariciones e intervenciones de seres extraordinarios y las apariciones o transformaciones prodigiosas.

Ese mismo tipo de sucesos o elementos, a pesar de su rareza o dificultad de interpretación y encaje en los esquemas explicativos y mentales del momento, para las personas dotadas con una mentalidad racionalista y lógica naturalista, pertenecientes a entornos de “cultura científica”, serían considerados como productos de procesos totalmente naturales, cuya existencia no requiere de situaciones o sucesos sobrenaturales ni de la intervención de seres o poderes extraordinarios.

Un tipo de sucesos que, por su propia compleja naturaleza, resultaron muy difícilmente comprensibles para la mentalidad pre-ilustrada fue el de la fosilización de restos de animales y plantas, asimilados popularmente como "unos seres que habían sido petrificados por alguien en unas determinadas circunstancias, por algún motivo causal". Con frecuencia la "petrificación" se asociaba con la ejecución de un castigo ejemplar aplicado a alguien que había cometido algún acto contrario a las normas religiosas de la comunidad o realizado por alguna persona cuya conducta no era apropiada a las normas sociales. El paso siguiente era elaborar una narración para transmitir los hechos supuestos y la idea de castigo ejemplarizante a los demás miembros de la comunidad y a las futuras generaciones para que resultase conocido, ejemplarizante y memorable.
Un caso muy conocido y extendido por toda Europa, es el de ciertas especies de Nummulites asociados unos grandes y planos con monedas y otros pequeños y biconvexos con lentejas, petrificadas milagrosamente para castigar a ciertas personas o colectivos, dando origen a nombres vulgares caracteristicos y a las correspondientes leyendas etiológicas explicativas.


La “Leyenda de "la Encantá" o de "la Encantada" del Cabezo Soler, de Rojales (Alicante) (1ª parte)

Presentamos hoy, como primera muestra, de este tipo de relatos populares, una versión de una leyenda alicantina muy conocida en la comarca del Bajo Segura, que ha sido seleccionada por que su trama incorpora una “microleyenda” etiológica, es decir contiene un microrrelato que pretende explicar de forma fantástica el origen de unos hechos naturales, consistentes en la presencia de diversos restos de vertebrados marinos fósiles, en un monte existente en el termino municipal de Rojales.

El motivo desencadenante de que hayamos iniciado esta nueva sección temática en el blog y de que hayamos elaborado esta entrada, fue el descubrimiento de dos elementos informativos, que resultaron cruciales para despertar mi interés y aportar una serie de datos básicos pero fundamentales y necesarios para iniciar la correspondiente investigación etnopaleontológica. 
El primero de los descubrimientos mencionados fue conocer la existencia y el contenido del panel informativo nº VIII, titulado: Paleontología y leyenda popular. Los monstruos mitológicos de ''La Encantá ", panel mural existente en Sala II o Sala temática del Plioceno, en el Museo Arqueológico-Paleontológico Municipal de Rojales.
El segundo descubrimiento fue el hallazgo en Internet, durante una búsqueda dirigida a reunir datos relacionados con el asunto, de un artículo anónimo titulado: Paleontología y folklore popular: los monstruos mitológicos de Rojales (Alicante), cuyo texto, más extenso, coincidía con el contenido del mencionado panel informativo del Museo Arqueológico-Paleontológico Municipal de Rojales. Realizadas algunas averiguaciones, comparaciones y pesquisas en la Red, la autoría del mencionado artículo anónimo fue atribuida a Joaquín Sendra Sáez, paleontólogo responsable de la dirección científica, de los gráficos y de los textos de las exposiciones de las dos salas de Paleontología, del mencionado museo rojaleño

En esta narración, conocida como la “Leyenda de la Encantá” del Cabezo Soler, a la vez que pretende justificar la validez y funcionalidad de un sistema de creencias irracional, según el cual el funcionamiento del mundo natural está determinado por fuerzas y poderes sobrenaturales, afirmándose que la magia forma parte de la “realidad cotidiana” y que ella es la causa de ciertos “prodigios o maravillas” observables sobre el terreno, los cuales son a la vez, la demostración de que tales sucesos son posibles y reales, y que se han producido en ciertos lugares y en otras épocas, cuando se dieron determinadas condiciones.

Aspecto vulgar del cerro del "Cabezo Soler" de Rojales, en la actualidad, visto desde la distancia. Una visita al lugar, en compañía de un arqueólogo o/y de un paleontólogo, ayudará a percibir la realidad de una forma muy enriquecedora y a descubrir detalles históricos muy interesantes.

En este caso concreto, se puede comprobar que el microrrelato etiológico popular que presentamos, ha tenido una clara motivación paleontológica, pues en esta versión de la “Leyenda de la Encantá” de Rojales (Alicante), vemos como la variante, del relato legendario básico (huída de una pareja de amantes mixta, musulmana-cristiana, maldición de l a pareja por el progenitor, desaparición por encantamiento de personas y riquezas que van a parar al mundo subterráneo, monstruosa serpiente guardiana de tesoros subterráneos, medianoche de san Juan propicia para romper encantamientos, etc.), incorpora la descripción de una serie de monstruos subterráneos, cuyos huesos, como prueba de la veracidad del relato, pueden observarse dispersos por distintos puntos de las laderas del cerro. Algunas características corporales de estos monstruos legendarios, permite adivinar que esas bestias fabulosas, están inspiradas en algunos componentes del registro fósil local que es conocido desde antiguo por los lugareños, a partir de los sucesivos hallazgos, en el terreno, de diversos restos esqueléticos pertenecientes a diferentes tipos de vertebrados acuáticos, marinos y continentales, del Pleistoceno.

Según los estudiosos del tema, se trataría de una leyenda de época post-musulmana, posiblemente, creada hacia el siglo XIII y que desde entonces se ha ido transmitiendo, oralmente, de generación en generación, hasta nuestros días.
En mi opinión, es muy posible que el microrrelato centrado en los monstruos subterráneos cuyos huesos petrificados podían verse en las laderas del cerro, sea de época musulmana pues hay que saber que en la cultura tuareg y otras parecidas, de pueblos nómadas de todo el norte de África, existen diversas leyendas que citan la presencia en el desierto, de "serpientes petrificadas" o de sus restos petrificados y no hay que olvidar que la mayoría de los conquistadores de Al-Aldalus, procedían de esa zona geográfica. Debemos recordar que desde el siglo XIX hasta el momento presente, los paleontólogos han ido descubriendo, en estas zonas, los restos esqueléticos, de diversos tipos de ballenas primitivas que comprenden formas del Mioceno hasta el Plioceno y también de diversos tipos de dinosaurios mesozoicos. Cuando las enormes vértebras fosilizadas, de ambos tipos de animales, aparecen alineadas y medio enterradas en la arena, en algunos remotos lugares áridos, adquieren un claro aspecto pétreo y serpentiforme, muy propicio a generar leyendas sobre la existencia de "enormes serpientes que fueron petrificadas" y cuyos restos permanecen como testimonio del portento.
Pero, podría ser que la leyenda tuviera su origen histórico, en una época anterior, pues ya los griegos y romanos atribuían interpretaciones míticas a los huesos de vertebrados fosilizados que se descubrían, en su tiempo, por toda el área mediteránea (para conocer en profundidad y con todo tipo de detalles, consúltese la excelente obra de la historiadora y folklorista de la época grecorromana Adrienne Mayor, titulada El secreto de las ánforas. Lo que los griegos y los romanos sabían de la prehistoria, que es la versión española del muy famoso y bien valorado The First Fossil Hunters.

Lo que sí es cierto, es que la leyenda de época cristiana, lo que hace es recoger diversas leyendas musulmanas, pre-existentes, muy tópicas que luego son aglutinadas alrededor de un motivo central en esa leyenda, constituido por los huesos petrificados (fosilizados) que es, precisamente, la parte que acaba aportando más originalidad y credibilidad al conjunto de la leyenda, global, resultante.

En tiempos recientes, la versión oral del primitivo relato popular, ha sido reestructurada y reescrita por diversos autores, dando lugar diversas versiones literarias, de la primitiva leyenda tradicional. De tal manera que en la actualidad, además de las múltiples versiones orales que pueden recogerse por toda la comarca, el relato legendario también puede encontrarse en forma de novela (la Encantada), o como obra teatral (“La noche de la Encantá” de Salvador García Aguilar, 1998) y como una película de mediometraje (“La Leyenda de la Encantá”, producido por Rafa Gimeno & Paco Mora en 2002). En todas ellas se relata la historia de una princesa mora que, desde el tiempo de los moros, permanece encantada y prisionera de la magia negra, en el interior de un palacio subterráneo, existente en el interior del Cabezo Soler. 

Representación gráfica, infantilizada, de una “princesa árabe”, con aspecto de seductora odalisca, imagen que quizás no esté muy alejada de la representación mental que del personaje legendario, se hacía la población masculina de Rojales.
Ilustración de la artista chilena, Lucía Rodríguez.
Imagen:  http://www2.luciarodriguez.cl/?page_id=319%E3%80%88=es

Además, se cuenta que, cada cien años, durante la noche de San Juan, la princesa mora se aparece en algún lugar elevado del cerro para ser desencantada por algún mozo noble y valiente que deberá llevarla en brazos hasta el río. Si consigue llegar con ella, sin haberla tenido que descargarla hasta el río Segura, para que pueda remojarse los pies, en sus aguas, de esta manera y en ese momento se romperá el encantamiento que la mantiene aprisionada bajo tierra desde hace cientos de años y ofrecerá su mano y su inmensa fortuna al bravo mozo.

La versión que presentamos aquí, es una de las muchas versiones orales que existen en Rojales y que circulan por toda la comarca del Bajo Segura. La hemos elegido, precisamente, porque incluye y describe, diversos monstruos infernales, algunas de cuyas características resultan muy interesantes desde el punto de vista etnopaleontológico, pues nos permiten hacer una interpretación etiológica y paleontológica del relato.

El escenario del legendario relato, es un modesto cerro de aspecto vulgar, existente en las inmediaciones del núcleo urbano de Rojales, que es conocido entre sus habitantes por el nombre de “el Cabezo" o "el Cabecico" "Soler”, por cuya base discurre el curso del río Segura y en cuyas partes altas, se han encontrado diversos restos arquitectónicos en forma de ruinas antiguas.

Aspecto crepuscular, del cerro del "Cabezo Soler" en la actualidad, en cuya cima, según la leyenda, estuvo levantado antiguamente el castillo y el palacio de los moros que luego pasaron mágicamente a su interior. 

Según se cuenta en esta leyenda popular, en tiempos de la ocupación árabe de esta población, habría existido una rica e importante fortaleza musulmana. En la parte palaciega de la cual, vivía el emir que dominaba la comarca, con su bella y joven hija, a la cual, había sido prometida en matrimonio, por su padre a otro viejo emir que gobernaba una taifa vecina, para conseguir una alianza contra los cristianos que asediaban su frontera. Aunque al principio la princesa mora aceptó la decisión de su padre, cuando ya faltaban pocos días para la boda, la joven princesa decidió cambiar su destino y fugarse con su amante secreto, un joven cristiano, aprovechando la oscuridad de la noche, el 23 de junio. Pero el emir fue avisado, por una sirvienta, de los planes de fuga de su hija, con un cristiano.

Pintura iraní del siglo XIX, representando al emperador persa Shah Fath Ali Shah (1797-1835) el aspecto del regio personaje muy bien podría aproximarse a la imagen ideal que los aldeanos del Bajo Segura se imaginaban que podía haber tenido el poderosos y rico emir moro de la fortaleza del cabezo Soler.


Afrentado por la conducta irrespetuosa e irresponsable de su hija y más enfurecido aún, por la osadía del seductor cristiano, el moro decidió castigar a los dos amantes con la muerte. La noche prevista para la fuga, el emir les esperó escondido, en la orilla del río Segura, en el lugar donde realizaban sus citas amorosas y desde donde debían partir hacia tierras cristianas. Cuando la pareja estuvo reunida, el viejo emir salió, por sorpresa, de su escondite con su alfanje dispuesto para asestar dos golpes mortales, pero el joven cristiano se revolvió con rapidez e hirió, mortalmente, con su espada al moro al que no había reconocido. 
Mientras el emir estaba agonizando, lanzó un conjuro maléfico, maldiciendo a su hija y a su amante e instantáneamente, por arte de magia negra, desaparecieron de este mundo la pareja de amantes, la rica fortaleza de la cima de “el Cabezo Soler”, con todos los vasallos y riquezas que había dentro de ella.

Cuenta la misma leyenda que el encantamiento del emir podrá ser roto, una vez cada cien años, en la medianoche de la Noche de san Juan, si coincide que el día del año apropiado y desconocido, algún joven muy noble, valiente, fuerte y astuto, se atreve a ascender hasta la cima del Cabezo Soler, y sea capaz de descubrir como penetrar en el mundo subterráneo. Para llegar hasta el lugar del interior del cerro de “el Cabezo Soler”, donde se encuentra la fortaleza, llena de tesoros y riquezas en la que reside prisionera la princesa mora que quedó encantada para siempre. Luego el valiente joven, deberá buscar y encontrar, dentro de la fortaleza, a la princesa y luego cargarla en brazos, burlando la vigilancia de unos horribles monstruos que tratarán de impedir la fuga y lograr descender, con ella a cuesta, hasta el río Segura, sin que en ningún momento los pies de La Encantada toquen el suelo, para que pueda remojar sus pies en las aguas del río, en el lugar donde su padre murió. Entonces el conjuro del emir quedará roto. Quedando desencantada la princesa y tan agradecida a su liberador, que querrá recompensarle haciéndole su esposo y compartiendo con él todos los tesoros que hay en la fortaleza y poniendo a su servicio, a todos sus vasallos.

Ilustración histórica representando el aspecto de un grupo de guerreros moros, pertenecientes a de diversos tipos de tropas musulmanas del siglo IX. Coetáneos de los que se suponía que estuvieron al servicio del emir, residente en la fortaleza mágica del Cabecico Soler .
Ilustración del maestro británico, Angus McBride.http://dbahispano.blogspot.com/2009/03/la-conquista-arabe-y-el-califato-omeya.html

Pero la misión de rescatar a la princesa no resultará nada fácil, pues el mozo liberador deberá enfrentarse a una serie de seres monstruosos que a pesar de ser habitantes del subsuelo, pueden salir a la superficie, mientras sea de noche, para continuar la persecución de los fugitivos, para impedir que alcancen el agua salvadora. Se trata de unas extrañas criaturas entre las que cabe destacar a unas “serpientes gigantes”, algunas de ellas con dos cabezas, también hay unos feroces “perros voladores”, pues están dotados con alas, además hay unos “gigantescos lagartos” y unas “arañas gigantes”.

Grabado alemán antiguo, de época renacentista (s. XVI), representando el encuentro en el monte con una terrible serpiente gigante que persigue a una mujer, mientras un hombre maldice al animal 

Afortunadamente para los humanos, estos seres infernales, habitantes del mundo subterráneo, tienen un punto débil, ya que no pueden abandonar el inframundo porque no soportar el contacto de la luz del sol y muy especialmente, la del amanecer del día de San Juan. Si son alcanzados por los primeros rayos del sol, caen fulminados instantáneamente y sus cuerpos se desintegran en pocos minutos, quedando de ellos, solamente, sus huesos “petrificados”, muchos de los cuales aún están a la vista, en las laderas del cerro, para quien quiera ir a verlos.

Según cuenta alguna versión de la misma leyenda. Hace ya muchos años, hacia finales del siglo XIX, un joven de Rojales que se creía suficientemente valiente, fuerte y astuto, y que quería hacerse rico, famoso y poderoso, de  la noche a la mañana, liberando a la princesa de su encantamiento. Subió la noche de San Juan hasta la cima de “el Cabezo Soler” y al sonar las campanadas de la medianoche, en cierto lugar, aparecieron en el suelo unas cintas de colores, que sólo aparecen en la noche de san Juan, cada cien años. Tiró de ellas y el suelo se abrió bajo sus pies, repentinamente, cayendo en “el otro mundo”.
El mozo de rojales fue descubierto, al día siguiente, en la ribera del río Segura, de bruces contra el suelo, con las ropas rasgadas, y el cuerpo completamente ensangrentado y cubierto de arañazos, cuando le preguntaron sobre la causa de su estado, apenas recordaba nada y parecía haber había envejecido, de la noche a la mañana, pues su cara estaba llena de arrugas y sus cabellos habían encanecido.

Semanas más tarde, ya más restituido de su aventura y habiendo recuperado la memoria, el joven relató que al tirar de las cintas de colores la tierra se abrió bajo sus pies, al tiempo que un enorme fogonazo de luz iluminó todo el cerro, fogonazo que los vecinos aseguraron que fue visto desde el pueblo. Acto seguido se encontró frente a un castillo, cuyas puertas se abrieron, de par en par para él, dentro del cual vio una extraña procesión de moros y cristianos que escoltaba a la bella princesa encantada. La princesa reconoció al joven como quien venía del mundo exterior a librarla de su condena y le pidió a gritos que la llevase en brazos hasta el río Segura, para poder mojar en él sus pies y así conseguir romper el hechizo que le había lanzado su padre y que la mantenía prisionera bajo tierra. El joven se apoderó de la princesa y huyó con ella a grandes zancadas, llevándola en brazos, descendió del Cabezo Soler, atravesando la espesura del monte, mientras era hostigado por serpientes gigantes, perros con alas y otros bichos terrorífico y repugnantes, cuando ya estaban a punto de alcanzar las aguas salvadoras, del río Segura, se le apareció el fantasma del emir, armado y furioso, el joven para poder enfrentarse con el fantasma del emir, se vio obligando a dejar a la princesa en el suelo, pero al instante se truncó la ruptura del maleficio y todo, princesa, monstruos y emir, desaparecieron instantáneamente, para volver al interior del cerro, mientras el joven perdía el conocimiento y caía a tierra.

Antiguamente, muchas familias de Rojales, tras contar la leyenda de la Encantá del cerro Soler al forastero, aseguraban que el último mozo que había intentado desencantar a la Encantada, que aparecía en el relato narrado, era un antepasado suyo y que por eso conocen los detalles del relato.

Continuará próximamente

jueves, marzo 26

El registro fósil en la toponimia (2).

por Heraclio Astudillo Pombo, DMACS-UdL.


EL REGISTRO FÓSIL "LOCAL", REFLEJADO EN CIERTOS TOPÓNIMOS ESPAÑOLES (2ª parte).

Características toponímicas de los etnopaleontotopónimos españoles

Toponimia menor
Los topónimos españoles de motivación paleontológica o paleontotopónimos,  en su gran mayoría, pertenecen a la categoría de la toponimia menor, es decir los nombres de lugar asociados a elementos geográficos de dimensiones modestas o pequeñas, p. e. "fuente de las Lentejas ", "barranco de los Fósiles", "cueva del Rinoceronte", "laguna de los los Huesos", etc. Raramente pertenecen a la categoría de la toponimia mediana, p. e. "sierra de las Caracolas", "valle de los dinosaurios", etc. y sólo muy excepcionalmente a la categoría de la toponimia  mayor, p.e. "costa de los Dinosaurios". 
Debido a que los nombres de lugar motivados por la presencia de determinadas clases de fósiles, casi siempre, se refieren a entidades geográficas y topográficas de dimensiones  reales, sociales y culturales bastante modestas solo son conocidos y usados por la población local. Por este motivo raramente aparecen recogidos en la cartografía ni en los nomenclátores oficiales, pero sí en las listas topo-onomásticas correspondientes a la toponimia municipal o comarcal.

Toponimia descriptiva
La totalidad de paleontotopónimos españoles son de tipo descriptivo, pues intentan reflejar la singularidad del lugar, por el elemento que lo diferencia del entorno circundante, en este caso la personalidad paisajística les viene determinada por la presencia de fósiles o de un tipo de fósiles en particular.
La categoría de los topónimos paleontológicos españoles, es de tipo realista o analógico, pues está basada en la semejanza o parecido de los fósiles, existentes en ese lugar, con ciertos objetos naturales o artificiales que resultan muy familiares en ese entorno socionatural, p. e. las las conchas de los caracoles de tierra, de las caracolas de mar, las semillas de las lentejas, o del grano de trigo, los huesos de personas o de animales, la forma alada de las mariposas, el perfil de aves, forma de troncos, ramas, monedas, balas, etc.
P. e: "barranco de los Fósiles", "barranco de las palomitas", "cementerio de los Burros",   "camino de las Moneditas", "barranco de los Dinerillos", "fuente de las Lentejas ".

Toponimia no normalizada
La mayoría de los topónimos españoles de motivación paleontológica, pertenecen a la categoría de los topónimos no normalizados, pues son de creación y uso, básicamente, popular y local.  Por este motivo los etnopaleontotopónimos raramente aparecen recogidos en la cartografía oficial ni en los nomenclátores oficiales, pero sí en las listas topo-onomásticas correspondientes a la toponimia municipal o comarcal.
Tan sólo una pequeñísima parte de los topónimos españoles de motivación paleontológica pertenecen a la toponimia oficial, puesto que han sido establecidos por una autoridad competente, siguiendo un procedimiento administrativo apropiado y por haber sido publicados oficialmente por algún medio oficial de comunicación de la administración pública (Boletines oficiales, nomenclátores de poblaciones, cartografía oficial, etc.).

Toponimia moderna
Los paleontotopónimos que podríamos considerar tradicionales por su gran antigüedad son bastante minoritarios, pues son muy pocos los de origen previsiblemente antiguo. La mayoría de los etnopaleontotopónimos españoles parecen ser de creación bastante reciente (s. XIX-XXI). P. e.: "Torralba de los Huesos", "barranco de la Azabachera", "collado de las Lentejas", "cerro de las Balas", "solana del Caracolar", "calera de los Caracoles", "cueva de las Estrellitas",  etc.


Toponimia fabulosa o legendaria
En ciertas ocasiones la denominación de un lugar se vincula con sucesos de tipo pseudohistóricos o totalmente imaginarios, pues se supone que la presencia de los fósiles ha sido la causada por la intervención de un personaje sobrehumano, p. e. el paso de ciertos santos o de sus caballerías, ciertos hechos milagrosos, determinados castigos divinos, una inundación diluviana, batallas de moros y cristianos, caídas de rayos, prodigios diabólicos, akelarres, etc. p.e.: "cerro de las Brujas", "pisada del caballo de Santiago", "salto de Roldán", "fuente de los Huesos", "cementerio de los Moros", "camino de las Patadas del Diablo", "cueva del Dragón" 

Toponimia histórica o científica
En mucha menor medida, la denominación de un lugar se debe a razones de tipo histórico y científico, p. e. presencia de restos de determinadas especies comunes, hallazgos memorables de restos paleontológicos, exploración o explotación de recursos naturales de origen orgánico (quimiofósiles), etc., p.e.: "Villanueva del Río y de las Minas" de carbón, de lignito, de azabache, "sima del Elefante", "cueva del Rinoceronte", "cueva de los Osos"


Clasificación de los paleontotopónimos, seguida en este trabajo


En este trabajo, hemos clasificado los topónimos españoles de motivación paleontológica, siguiendo el sistema taxonómico utilizado por el Centro Nacional de Información Geográfica, para la expresión de la toponímia en el Mapa Topográfico Nacional a escala 1:25.000 que toma en consideración las siguientes clases de entidades geográficas básicas:

Clase 1- POBLACIONES Y CONSTRUCCIONES

Clase 2- COMUNICACIONES Y TRANSPORTE
Clase 3- OROGRAFÍA
Clase 4- HIDROGRAFÍA CONTINENTAL
Clase 5- HIDROGRAFÍA MARÍTIMA Y COSTA


Recordatorio

De los más de dos centenares de topónimos españoles, de motivación paleontológica, que llevamos recogidos, hasta el día de hoy, y que han sido extraídos de la toponimia de todas las provincias y comunidades españolas, mostraremos a modo de ejemplos de sus respectivas clases toponímicas, sólo una pequeña selección de paleontotopónimos escogidos de los etnopaleontopónimos españoles recolectados y registrados por quien escribe.
Recordemos que denominamos paleontotopónimos los nombres de lugar relacionados con fósiles que tienen un origen, más o menos moderno y han surgido en un entorno culto. Por el contrario, los nombres de lugar relacionados con fósiles que tienen un origen "relativamente" antiguo y han surgido en entornos populares los denominamos etnopaleontotopónimos.

Categoría 1: NÚCLEOS DE POBLACIONES Y CONSTRUCCIONES AISLADAS. (1)

1.1- Núcleos de población:

- "Casas de Palomitas"

Nombre de un caserío del municipio de Villarluengo, en el Maestrazgo turolense (Teruel), el topónimo está motivado por la abundancia de fósiles de rinconelas, un tipo de braquiópodos, con abundantes pliegues en la concha (surcos y costillas), en los alrededores de este pequeño núcleo humano, estos fósiles del Jurásico, eran 
llamados palomitas por los  lugareños de la comarca, debido a que puestos de una determinada manera, su perfil se asemejaba a la silueta de esta clase de aves.

- "Peranera"

Nombre de un pequeño caserío agregado antiguamente al municipio de Malpás y actualmente al de Pont de Suert (Pallars Sobirá, Lleida), el topónimo de 
pequeño núcleo humano está motivado por la coloración negruzca del promontorio rocoso donde se asienta el caserío.
El nombre del lugar, Peranera, significa Piedra Negra, en clara alusión a la coloración oscura de las rocas del lugar, con un alto contenido de materia orgánica por estar situado junto a un afloramiento de hulla antracitosa (quimiofósil), del periodo Carbonífero, de edad Estefaniense inferior y Estefaniense superior, cuyos materiales carboníferos aparecen dispuesta en estratos casi verticales.

- Torralba "de los Huesos"

Forma popular de referirse al pueblo de Torralba del Moral (Soria), por parte de los habitantes de los pueblos de sus alrededores. Esta expresión popular que fue usada, sobre todo, durante la primera mitad del siglo XX se mantuvo en uso hasta mediados de siglo.

Depósito temporal de los materiales expuestos en el Palacio de Villa Huerta del Marqués de Cerralbo del yacimiento de Torralba, en Torralba del Moral (Miño de Medinaceli, Soria). Hacia 1911. Archivo Cabré. IPHE. Ministerio de Cultura.

 Imagen:  http://http://www.blogger.com/www.mintramadrid.es/pdf/2-85-123.pdf

El nacimiento del curioso topónimo popular estuvo motivado por el hallazgo, a principios del siglo XX, de una gran cantidad de grandes huesos fósiles enterrados en un cerro próximo. Se trataba sobre todo de huesos de elefantes antiguos (Palaeoloxodon antiquus), del Paleolítico inferior, que vivieron en esta zona hace unos 350 000 años. Fueron descubiertos, casualmente, los restos de unos 50 individuos, cuando se excavó una enorme zanja para colocar las vías del ferrocarril. En las excavaciones posteriores se extrajo una enorme cantidad de huesos que se acumularon y clasificaron en un almacén. Fue la visión de tantos huesos lo que impulsó a los comarcanos a aplicarle este nuevo nombre a la localidad de Torralba.


- Villanueva del Río y Minas (Sevilla)

Nombre de una localidad minera, el topónimo fue motivado por la explotación del carbón de una pequeña cuenca carbonífera, se trataba 
de carbón de hulla (quimiofósil) de edad Westfaliense, existente en el término municipal de Villanueva del Río.

Castillete del Pozo 5 y chimenea de la central termoeléctrica de las minas de carbón de hulla de la localidad minera sevillana de Villanueva del Río y Minas.
Imagen: Wikipedia

Cuando en 1890, se abrieron las minas, acudió una gran cantidad de hombres para trabajar en la nueva mina. Al principio se formó un campamento minero que luego se transformó en una aldea y finalmente en un pueblo conocido como La Mina, por haberse formado en torno la mina de carbón. Ambas localidades estaban separadas por el río Huéznar y cuando algunos años más tarde ambos asentamientos se unificaron y sus nombres también se fusionaron para dar el nombre actual.
Esta localidad, también se ha sido conocida, como Villanueva de las Minas (de carbón) o Minas la Reunión (por la unificación de los dos núcleos humanos.