viernes, mayo 13

Arqueoetnopaleontología (16)

 por Heraclio Astudillo-Pombo, Universitat de Lleida

Los usos sociales y funciones culturales de los fósiles en la antigüedad, la necesaria contribución y la imprescindible colaboración de la arqueología (16)

La revisión actual de la fauna fósil incluida en los antiguos hallazgos arqueológicos ibéricos ha permitido mejorar la identificación zoológica, la datación y la interpretación paleoetnológica (Primera parte)

  

Introducción

En el año 2020 se publicó un interesante e importante trabajo colectivo, resultado de la colaboración entre arqueólogos y naturalistas, especialistas en zoología, paleontología y geología. Era un planteamiento relativamente novedoso en nuestro país, por inhabitual y por falta de tradiciónSe había aplicado un planteamiento de enfoque pluridisciplinar, el estudio se realizaba de forma colaborativa, siendo los resultados individuales parciales y complementarios, necesitando de una puesta en común y un encaje finales. Fue una experiencia que demostró ser muy necesaria como metodología de trabajo y que, a la vez, resultó tremendamente enriquecedora, a nivel individual, para todos l@s participantes. Un planteamiento investigador de este tipo, en el que se partía desde una perspectiva multidisciplinar, se aplicaba una metodología múltiple, alcanzando finalmente unos resultados transdisciplinares, es un enfoque y una metodología que algunos investigadores venimos reclamando y aplicando desde hace años para temas tan complejos como los de este tipo, a caballo entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. 

Ese trabajo colectivo titulado "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence"resulta muy importante tanto por la magnitud de la muestra revisada como por la luz que aportan os resultados obtenidos. Durante los cinco años previos a la publicación, habían participado en el desarrollo de aquel trabajo colectivo y colaborativo, doce investigadores pertenecientes a ocho instituciones universitarias y a cuatro organismos de investigación, situados en muy diversos lugares de España. El coordinador del grupo fue Miguel Cortes-Sánchez, catedrático del Departamento de Prehistoria y Arqueología, de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla. Los demás investigadores participantes fueron María D. Simón-Vallejo, con la misma filiación académica que el coordinador; José-Carmelo Corral, del Museo de Ciencias Naturales de Álava; María del Carmen Lozano-Francisco, del Departamento de Ecología y Geología, Facultad de Ciencias. Universidad de Málaga; José Luis Vera-Peláez, del HUM-949/TELLUS Group-Universidad de Sevilla; Francisco J. Jiménez-Espejo, del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, CSIC-UGR, Armilla y del Research Institute for Marine Resources Utilization (Biogeochemistry Program), JAMSTEC, Yokosuka, (Japan); Antonio García-Alix del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, CSIC-UGR, Armilla y del Departamento de Estratigrafía y Paleontología, Universidad de Granadal; Carmen de las Heras del Departamento de Patrimonio / Investigación, Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, Cantabria; Rafael Martínez Sánchez del Departamento de Prehistoria y Arqueología, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Granada; María Dolores Bretones García del HUM-262/Group. Área de Prehistoria, Universidad de Córdoba; Ignacio Barandiaran-Maestu del Instituto de Ciencias de la Antigüedad, Universidad del País Vasco, UPV/EHU y Arturo Morales-Muñiz del  Laboratorio de Arqueozoología, Departamento de Biología. Universidad Autónoma de Madrid.

Cubierta de la revista Quaternary Science Reviews. Volumen  250, publicada el 15 de diciembre de 2020, en la que apareció publicado el articulo que se presenta hoy. "Fossils in Iberian prehistory: A review of the palaeozoological evidence" 
Imagen: ScienceDirect

La publicación presentaba una cuantiosa revisión de casos, realizada con un enfoque multidisciplinar. Se habían revisado 633 ejemplares correspondientes a diversos géneros de animales fósiles, recuperados en 83 yacimientos arqueológicos ibéricos ubicados en diferentes regiones de España y Portugal. Esos ejemplares habían sido recolectados e identificados durante numerosas campañas de excavación realizadas muchos años antes, en decenios o siglos anteriores. 

La realización de un trabajo de revisión de multitud de ejemplares fósiles procedentes de antiguos hallazgos arqueológicos en diversas regiones de España y Portugal, depositados en diferentes museos, implicaba una gran complejidad logística, pero auguraba resultados muy prometedores e interesantes. Su realización estaba motivada por que existía la seria presunción, tras varias constataciones, que años atrás, se habían realizado varias identificaciones taxonómicas erróneas y que se habían atribuido cronologías equivocadas, a bastantes especímenes faunísticos hallados en contextos arqueológicos. 

Uno de los resultados del nuevo estudio, mucho más detallado y utilizando medios tecnológicos mucho más modernos, había permitido identificar en algunos ejemplares claros indicios del uso prehistórico de instrumentos, aplicados para conseguir ciertas modificaciones de sus características naturales, orientadas a conseguir fines relacionados con ciertos usos específicos.

Vista latera y frontal, interna, de una misma valva fósil de ostra, de la especie Ostrea edulis, en la que se pudo apreciar que había sido levemente modificada, por su parte cóncava, interna, para insertar un cabo y poder utilizarla como una rudimentaria y primitiva lámpara de sebo. Objeto arqueológico recuperado en la Cueva de La Pileta, 
en Benaoján, Málaga. Cultura paleolítica.
Imagen: Universidad de Sevilla

Casi por primera vez en España, habían colaborado con los arqueólogos, en el estudio de los fósiles hallados en contextos arqueológicos, especialistas de otros campos, como paleontólogos,  paleozoólogos, geólogos, geoquímicos, etc. Además se aplicó un nuevo enfoque metodológico, más riguroso y un protocolo de actuación muy específico, en los casos en los que aparecieran fósiles en la excavación

Entre otras cosas, pudo concluirse que la mayoría de los fósiles hallados en niveles y contextos arqueológicos ibéricos, procedían de yacimientos paleontológicos ubicados en las cercanías de los sitios arqueológicos, en los que habían sido hallados y, solo, una minoría de los fósiles provenían de yacimientos bastante o muy alejados del lugar de depósito y hallazgo.
Los investigadores analizaron un total de 633 ejemplares arqueológicos de naturaleza paleozoológica, presuntamente fósiles, que incluyeron conchas de escafópodos y de varias clases de moluscos, dientes de tiburón y restos esqueléticos de varios géneros de mamíferos. Procedentes de 82 yacimientos arqueológicos diferentes, distribuidos en distintas regiones de la Península Ibérica. Incluían, concretamente, territorios de Andalucía, Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Comunidad Valenciana, Comunidad de Madrid, Murcia y País Vasco, de yacimientos en España, y del Alentejo, Algarve, Extremadura, Lisboa y Setúbal, de yacimientos en Portugal. 

A partir de los resultados obtenidos, también se ha podido demostrar que el estudio detallado de los fósiles, hallados en sitios arqueológicos, puede ser una herramienta muy útil para la arqueología, la paleoetnología y la arqueoetnopaleontología, pues permite abordar ciertos problemas relacionados con el conocimiento inductivo de algunos aspectos ideológicos, como pueden ser las creencias, los procedimientos técnicos, los usos ordinarios o extraordinarios, etc., propios de las sociedades de la antigüedad, cuyos otros restos culturales materiales son muy escasos y de difícil interpretación.


Distribución geográfica de los diversos yacimientos arqueológicos ibéricos, estudiados en este trabajo. Apareciendo agrupados en los diversos mapas según diferentes épocas históricas 
Imagen: ScienceDirect

Los fósiles, a pesar de ser objetos arqueológicos poco frecuentes, en general, parecen ser elementos habituales en algunos registros arqueológicos de ciertas zonas y épocas. Su presencia se ha documentado en algunos de los principales yacimientos arqueológicos de la península Ibérica, desde el Paleolítico (p. e. Altamira, Parpalló, Reclau Viver, Aitzbitarte, La Garma, Rascaño, El Juyo o La Pileta), hasta la edad de los metales (Los Millares, Valencina, Los Castillejos, El Argar, Fuente Álamo, Vila Nova de São Pedro, etc.).


El problema de determinar si un ejemplar está en estado fósil o subfósil o no está fosilizado

Tradicionalmente, el término fósil se refiere a cualquier tipo de evidencia directa o indirecta de restos orgánicos, incluidos moldes internos y moldes externos y rastros de actividad de origen orgánico, como senderos, huellas y madrigueras. Se incluyen todo tipo de restos corporales, incluyendo huesos, conchas, dientes, hojas y restos vegetales mineralizados así como bioconstrucciones, bioinclusiones en ámbar, restos producidos por la actividad de organismos antiguos como huevos, gastrolitos y coprolitos y, ocasionalmente, trazas sedimentarias geológicas, relacionadas con el fósil en cuestión (Raup and Stanley, 1978; Benton and Harper, 2009).

Arte rupestre paleontológico del Paleolítico, interior de la cueva de Las Aguas, en Novales, Cantabria. Los puntos rojos se pintaron en una sección natural de un molusco rudistido de gran tamaño del género Pseudotoucasia (probablemente P. santanderensis) que afloraba naturalmente en la superficie de roca caliza Aptiense de la pared de la caverna. Este fósil es el único descrito en este estudio que no había sido transportado hasta el lugar y los niveles arqueológicos por H. sapiens, sino que ya estaba en el lugar y que fue aprovechado para darle algún significado simbólico o algún uso particular, al señalarlo mediante la serie de puntos rojos que le fueron impuestos por los humanos ocupantes de la cavidad en la prehistoria.  
Imagen: ScienceDirect

El problema es que descender de la teoría a la práctica, no siempre es sencillo para las personas inexpertas o poco expertas en paleontología. Con respecto a los sitios arqueológicos prehistóricos, ciertos restos animales se pueden reconocer muy fácilmente como fósiles, pero en otros casos no resulta tan fácil o nada fácil. 

La mayoría de los restos de animales que aparecen en una excavación arqueológica son contemporáneos de los ocupantes humanos del lugar, en unos casos han llegado hasta el lugar por su propio pie, mientras que en otros han sido acarreados por sus depredadores naturales y en otros casos fueron transportados por sus cazadores o carroñeadores humanos. Aún así, existe la posibilidad de que una pequeña fracción de cualquier fauna arqueológica pueda representar restos fosilizados de animales que vivieron mucho antes de que se produjera la ocupación humana y la acumulación de restos de la actividad humana, es decir, no son contemporáneos de los ocupantes humanos, sino muy anteriores a la ocupación humana del lugar, ya que se trata de "restos fósiles", en el sentido más amplio de la palabra que vivieron muchos miles de años antes o algunos millones de años antes. 


La recolección de fósiles en la prehistoria europea

Aunque la evidencia es escasa, y no siempre está libre de controversias, la presencia de fósiles en los yacimientos arqueológicos constituye un testimonio evidente del antiquísimo interés  por los fósiles de los humanos antiguos y modernos y una evidencia de la práctica de su comportamiento de recolección, transporte y utilización. Parece ser que se registró la presencia de fósiles en contextos arqueológicos, por primera vez, en algunos sitios arqueológicos del Pleistoceno medio, asociados con la estancia en el lugar de determinados grupos de homínidos pre-sapiens. 

Kenneth P. Oakley (1975), geólogo, paleontólogo y antropólogo físico, fue el primer científico en abordar el tema de los fósiles recolectados en la prehistoria y hallados en sitios arqueológicos, y Gautier (1987) introdujo la categoría tafonómica de los denominados "intrusivos reelaborados", para poder tener en cuenta la presencia de los fósiles, cuando eran encontrados formando parte de los depósitos de objetos arqueológicos.

Aspecto de un diente fósil de tiburón, de la especie Cosmopolitodus hastalis, en vista lingual, hallado en la Cueva Hedionda-IV, en Casares, Málaga. Correspondiente al periodo Neolítico. Con dos perforaciones bicónicas, en la zona de la raíz, para poder sujetarlo o para llevarlo suspendido. Tal vez como ornamento o quizás como amuleto protector...
Imagen: ScienceDirect

Las escamas de sílex estelado, hechas a partir de un pedernal procedente de un coral fósil, halladas en Swanscombe (Inglaterra) , son consideradas como las evidencias arqueológicas materiales más antiguas que parecen demostrar el uso de restos fósiles por parte de humanos pre-sapiens, elaboradas con alguna finalidad hoy desconocida. 

Los artejos individuales, obtenidos de la desmembración de tallo peduncular de un tipo de crinoideos jurásicos, probablemente también sean las evidencias arqueológicas materiales más antiguas. Los artejo perforados en el centro fueron usados como cuentas para ser ensartadas y formar con ellas collares, pulseras, brazaletes, colgantes y adornos para el vestido, etc. Fueron hallados en el sitio de cultura achelense de Gesher Benot Ya'aqov (Israel). 

Sorprendentemente, no existe ningún informe arqueológico sobre hallazgos de fósiles recolectados intencionalmente por humanos neandertales, a pesar del uso constatado de conchas y plumas, por haber sido halladas frecuentemente en los sitios de cultura musteriana y chatelperroniana (Paleolítico medio), por ejemplo en las cavernas de Riparo Fumane (Italia), Combe-Grenal (Francia), Les Fieux (Francia) y Gorham's Cave (Gibraltar). Supuestamente usados como objetos  de adornos, 

La práctica de recolectar fósiles parece generalizarse partir del Paleolítico superior, en toda Europa, tal como demuestra su presencia en multitud de yacimientos europeos, a partir de esa época. A partir de ese momento histórico, se asiste al establecimiento de redes de intercambio que, además de intercambiar otras materias primas y elementos de adorno, como conchas marinas, se evidencian el transporte ocasional de ciertos tipos de fósiles, a larga distancia. 

Durante el Holoceno, desde las últimas etapas de la Prehistoria hasta la Antigüedad clásica, la recolección de fósiles se generalizó tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. Sin embargo, parece ser que solamente fue durante la Antigüedad clásica griega cuando algunos restos fósiles arraigaron profundamente en la mentalidad de la gente de aquella sociedad, fomentando entre ellos la invención de una serie de narrativas explicativas, de tipo mitológico y unos usos políticos y religiosos de los grandes huesos fósiles de megamastofauna mediterránea, al ser considerados como auténticas reliquias de los antiguos héroes y gigantes míticos. Huesos que con su descomunal testimonio, contribuyeron a dar verosimilitud a las narraciones legendarias y a atraer peregrinos hasta los templos que exponían sus restos óseos. 

Sobre esta clase de restos óseos, interpretados míticamente en la antigüedad por griegos, israelitas y romanos, se publicaron varias entradas en este blog, desde julio del 2008 hasta agosto del 2009, estando esa sección bajo el título genérico de Grandes huesos fósiles y gigantes imaginarios.


La recolección de fósiles en la antigüedad 

Durante el Holoceno, desde las últimas etapas de la Prehistoria hasta la Antigüedad clásica, la recolección de fósiles se generalizó tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo. 

Las sociedades precolombinas mesoamericanas son un caso paradigmático de este práctica. Un enorme fémur, de cerca de 1 m de largo fue donado al capitán español Hernán Cortés, conquistador de aquel territorio, quien lo recibió de los indios vencidos como regalo o tributo de pleitesía, de parte los gobernantes en la localidad de Tlaxcala (Méjico). Este tipo de restos óseos eran considerados tanto en Europa como en América como auténticos "huesos de gigantes" antiguos. En este caso, el hueso fósil probablemente perteneció a alguna especie de proboscidio de la extinta megafauna norteamericana. Este hecho pone en evidencia la gran estima que alcanzaron algunos tipos de huesos fósiles entre las sociedades mesoamericanas. Este hecho curioso fue recogido por Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, obra que fue publicada póstumamente en 1632.

Resulta muy sorprendente que la Península Ibérica, una de las regiones europeas más ricas en términos de depósitos de restos fósiles, sin embargo, destaque respecto a otras regiones europeas, por la escasez comparativa de presencia de fósiles reportados en los informes arqueológicos derivados de los estudios de sus sitios arqueológicos. En la literatura arqueológica ibérica, el tratamiento de los restos fósiles hallados en contextos arqueológicos,  en su mayor parte ha sido muy deficiente, estando los pocos datos existentes esparcidos por la "literatura gris" y en los protocolos para reportarlos, pero resultan esencialmente inexistentes en la literatura publicada. Esto es muy lamentable, dado que el registro de fósiles en la arqueología ibérica se remonta al siglo XIX, y que los pocos trabajos recientes, dedicados al estudio de este tema han arrojado unos resultados realmente sobresalientes. 

A partir del estudio que hemos realizado sostenemos que la escasez de fósiles arqueológicos en Iberia es el resultado de una combinación de factores metodológicos "tradicionales de tipo artefactocéntrico", en la arqueología nacional, ya que no toma en consideración a los fósiles que aparecen en contextos arqueológicos y que reflejan una total falta de comprensión de la relevancia cultural de los fósiles arqueológicos.

Continuará

domingo, abril 10

El registro fósil ibérico y el santoral católico, en la religiosidad popular de España y Portugal (16)

 por Heraclio ASTUDILLO POMBO.  Universitat de Lleida

Fósiles ibéricos relacionados, por la tradición popular española, con diversos santos y santas (6) 


Fósiles relacionados con santa Lucía de Siracusa, en Cataluña (Primera parte)

Introducción

En diversos lugares de Cataluña, Comunidad Valenciana e Islas Baleares en los que existen terrenos con rocas sedimentarias (margas, calizas o areniscas) correspondientes al Eoceno marino, se pueden encontrar los característicos caparazones fosilizados de diversos géneros y especies de macroforaminiferos que muestran una vaga semejanza con pequeñas monedillas de piedra. 
Pueden encontrarse incluidos en la matriz rocosa o engastados en la superficie de las rocas más coherentes, pero también sueltos, sobre el terreno, una vez la erosión diferencial los ha desprendido del interior o de la superficie de las rocas incoherentes que los contenían
Según el género y la especie a la que pertenezcan, presentan diversas formas y tamaños, más o menos característicos que se usan para reconocerlos e identificarlos. 

Los macroforaminiferos más asimilados culturalmente, por ser los más comunes en los terrenos terciarios, los mejor conservados, los más visibles y, por tanto, los más conocidos por la gente común, son los denominados comúnmente numulites o numulitas (Nummulites), debido a su vaga semejanza con pequeñas moneditas de piedra, que es lo que significa su nombre científico genérico. Aunque hay que saber que en ciertas ocasiones, por confusión de los observadores inexpertos, han dejado prestado su nombre común a otros géneros de macroforaminiferos distintos. Porque les resultaban vagamente semejantes, debido a que también tienen caparazones aplanados y de contorno más o menos circularcomo por pueden ser las asilinas (Assilina) o las discociclinas (Discocyclina)... e incluso alguna especie de orbitolinas (Orbitolina) o de orbitolites (Orbitolites), entre otros. Este error de identificación por confusión, sucedió por que personas muy inexpertas y/o muy mal informadas, pudieron confundir unos por otros, como se verá más adelante en otra entrada.  

Los numulites más pequeños, debido a su similitud en tamaño y aspecto con las semillas de una familiar leguminosa, la lenteja, solían ser denominados "llenties" o "llentilles" (lentejas), a veces, en asociación con el nombre del lugar en el que podían encontrarse en cierta abundancia y donde podían recogerse con facilidad. En unas ocasiones el lugar de referencia era un accidente topográfico y en otras una ermita o santuario, consagrado a un determinado personaje del santoral católico.

Decoración del altar mayor de la ermita de Santa Llúcia de Trenteres, en Santa Pau (Gerona). La sencilla imagen de la santa, muestra los atributos iconográficos que le son propios. El estilo estético es el característico de la escuela de imaginería religiosa industrial de Olot 
Arte Cristiano de Olot, es de autor colectivo anónimo y puede corresponder a finales del s. XIX o mediados del XX. 
Imagen: Visita a l'ermita de santa Llúcia

En el caso particular que hoy nos ocupa, cuando en Cataluña se encontraban abundantes fósiles de aspecto numulítino, en ciertos lugares más o menos próximos a ermitas dedicadas a santa Lucía de Siracusa o cerca de santuarios consagrados a otros santos, pero que tuvieran algún altar o capilla dedicados a esta santa, se acostumbraba a relacionarlos con santa Lucía, con las dolencias oculares y con la protección milagrosa de la vista. 

Los numulites de mediano a gran tamaño y forma globosa, especialmente cuando dejaban ver en su sección ecuatorial su característico diseño en forma de una apretada línea espiral, solían ser conocidos como "ulls de santa Llúcia" (ojos de santa Lucía) y los que eran menos abultados o más aplanados se les solía denominar "dinerets de santa Llúcia" (moneditas o dineritos de santa Lucía). Tanto a unos como a otros, en ciertas localidades se les conocía con una denominación mucho más genérica y realista, como "pedres de santa Llúcia" o "pedretes de santa Llúcia", o sea, "piedras de Santa Lucía" o "piedrecitas de Santa Lucía"

Aspecto del interior del caparazón fósil de un numulite, visto con bastante aumento (x 8) en la sección ecuatorial. La disolución parcial del relleno hace muy visible el conjunto del sistema de tabiques y cámaras internos, dispuestos en forma de una densa espiral. Esta estructura, antiguamente, indujo la creencia popular que se trataba de la prodigiosa  representación de un ojo, con su iris ocular o "niña". 
De acuerdo con la antigua "Teoría de las Signaturas", seguida tanto en la medicina antigua como en la medicina popular moderna, se consideró que se trataba de un tipo de "piedras figuradas" o "señalizadas" por la voluntad divina, para manifestar a los humanos que poseían propiedades benéficas, útiles para sus portadores o usuarios. Entre los cristianos se asociaron con santa Lucía de Siracusa, una mártir y virgen legendaria, protectora de la vista, por haberle sido arrancados sus ojos por sus verdugos. 

Las "piedrecitas de santa Lucía" de  Trenteres, Santa Pau (Gerona)

Introducción 

La ermita  de Santa Lucía de Trenteres se encuentra en el vecindario o núcleo de población dispersa, denominado Santa Lucía, por haberse establecido alrededor de la primitiva ermita del mismo nombre, de origen medieval. Se trata de un núcleo de población muy dispersa, formado por varias masías circundantes, en la sierra de Trenteres. Actualmente el vecindario serrano está integrado en el municipio de Santa Paucomo un agregado, en la comarca de la Garrotxa (Gerona). 

Aspecto actual de la ermita de santa Llúcia de Trenteres. Reconstruida en el siglo XVIII y reformada en el XIX, tras la destrucción sísmica de la primitiva capilla románica en el s. XV. Fotografía original de Maite Oliva Alsina
Imagen: Wikimedia

En los alrededores de esta ermita abundan  unas curiosas piedrecillas de forma globosa o lenticular, de contorno redondo y caras biconvexas. Las mayores de 10 a 12 mm de diámetro. En la comarca de la Garrotxa son conocidas popularmente como "pedres de Santa Llúcia" y "pedretes de Santa Llúcia", es decir, "piedras de Santa Lucía" y "piedrecitas de Santa Lucía", respectivamente

También son conocidas, en la misma zona geográfica, con otros nombres populares, tales como "dinerets de Santa Pau", es decir, "dineritos", "dinerillos" o "moneditas" de Santa Pau, en alusión a la forma circular de aquellas piedrecillas y al nombre de la localidad donde se decía que se encontraban. Además se les conoció con otro nombre muy similar: "dinerets de Santa Llúcia",  es decir, "dineritos de santa Lucía", en alusión a su aspecto y al lugar de su hallazgo, la ermita de santa Lucía de Trenteres o Treinteres, lugar donde se podían encontrar en gran cantidad y donde era costumbre recogerlas el día de la romería. 
Otro nombre popular con el que también se les conocía, de forma muy extensa y generalizada, era el de "ulls de Santa Llúcia", es decir, "ojos de santa Lucía", en alusión a su relativo parecido con ciertas partes de un ojo humano. En unos casos se decía que por su semejanza con la córnea del ojo humano, cuando estaban fragmentadas por el plano ecuatorial y tenían aspecto plano-convexo. En otros casos, cuando estaban enteras y tenían aspecto biconvexo, se decía que por su semejanza al cristalino del ojo humano
La segunda parte del nombre popular hacía alusión al lugar de procedencia, la ermita de santa Lucía de Trenteres, un pequeño santuario rural que consagrado a santa Lucía de Siracusa, virgen y mártir, siendo esta santa la patrona del santuario y de su entorno inmediato. Preside el altar mayor una imagen moderna de la patrona, de estilo de la escuela de imaginería olotina que además abogada encargada de la protección de la vista.


Los fósiles

Aunque la ignorancia popular desconocía, en siglos pasados, que aquellas piedrecillas redondeadas y decoradas con granitos, poros o figuras espirales pudieran ser alguna clase de fósiles, atribuyéndoles orígenes legendarios milagrosos, en realidad sólo se trataba de los caparazones fosilizados de un tipo de macroforaminíferos marinos que vivieron en los fondos marinos terciarios, hace entre 30 y 50 millones de años, cuando este territorio estuvo cubierto por el océano. La mayoría de los fósiles de mayor tamaño corresponden, en general, a caparazones fosilizados de numulites o numulitas eocenos.

Aspecto de la caliza numulítica de santa Llúcia de Trenteres, en la que destacan, por su tamaño, los grandes ejemplares de numulites, algunos de los cuales se van separando y desprendiendo de la matriz, por efecto de la erosión diferencial.
Fotografía de Joan R. Santasusana Gallardo.

Se ha podido conocer la identidad exacta de esos numulites gracias a una reseña publicada en 1926 en el Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya. Con motivo de la celebración del XIV Congreso Geológico Internacional de 1926, la organización, diseñó unos itinerarios y unas excursiones para que los asistentes pudieran conocer los aspectos geológicos y paleontológicos fundamentales de los diferentes lugares recorridos en distintas regiones de España. Una de las diversas excursiones geológicas ofrecidas a los asistentes al congreso fue la C-4. PIRENEOS ORIENTALES. El objetivo definido era el estudio de los terrenos secundarios de la zona prepirinaica y de las formaciones volcánicas de la zona de Olot. La expedición hacia a las localidades de Berga y Olot se llevó a cabo bajo la dirección del Dr. Ramon Bataller  sedimentólogo y paleontólogo y del Dr. Jaume Marcet, petrólogo y vulcanólogo. El programa de la visita a la zona de santa Pau, se desarrolló durante la mañana del días 11 de mayo de 1926.

Fotografía de la expedición geológica internacional, a la zona de Olot, en el día en que un grupo de congresistas visitaron el yacimiento de la ermita de de santa Lucía" de  Trenteres, en Santa Pau (Girona). 
En primer término, a la izquierda, mosén Ramón Bataller paleontólogo que dirigía la visita a este lugar en particular. A la derecha, algunos de los expedicionarios, listos para iniciar la visita, junto a los automóviles en que se habían desplazado desde Olot. Al fondo,  apenas visible entre los árboles, se ve parcialmente la ermita de santa Lucía de Trenteres.
Imagen: Butlletí de Centre Excursionista de Catalunya. Num. 377. Octubre, 1926 

En la crónica de aquella excursión, realizada hace hoy casi un siglo, se dice:
"En los alrededores de la ermita de "Santa Llúcia de Trenteres" (Santa Pau) se hizo una buena recogida de Nummulites atacicus, N. aturicus y N. granifer." 

La correcta identificación científica de los diferentes tipos de numulites existentes, recogidos en el entorno de la ermita de santa Lucía de Trenteres, por los congresistas internacionales, asistentes a la excursión, nos aporta la información necesaria para conocer la verdadera identidad de los llamados "ojos de santa Lucía" de Trenteres o de las denominadas "piedrecitas de santa Lucía" de Trenteres y de los "dinerets de Santa Pau" que son sus nombres vulgares. 
Como se verá más adelante, estas identificaciones correctas y válidas localmente, no se pueden generalizar a otras localidades distintas, más o menos alejadas de esta, sin riesgo de cometer grandes errores.

Aspecto de varios ejemplares de "pedres de santa Llúcia". Es de suponer que, durante la recogida, se ha realizado una selección y que las "piedras" que se muestran en la fotografía son "buenos ejemplares", es decir, de buen tamaño, pero como es lógico deben existir muchas otras de mucho menor tamaño, con aspecto de lenteja.
Fotografía de Joan R. Santasusana Gallardo.


Usos populares 

Las semejanzas a córneas, iris o cristalinos oculares humanos, atribuidas a estas extrañas piedrecitas por la mentalidad popular y su frecuente localización en las proximidades de ermitas dedicadas a santa Lucía, patrona protectora de la vista, o dedicadas a otra advocación pero que albergaran un altar o capilla dedicado a esta santa, favoreció que se estableciera una doble relación, nominal y usual. De forma generalizada, se usaron este tipo de fósiles para intentar remediar diferentes problemas oculares, mediante diversos procedimientos. A causa de estas creencias supersticiosas era costumbre, entre los asistentes a la romería que se celebraba anualmente cada 13 de diciembre, festividad de la santa, recoger algunos ejemplares con diferentes fines de uso tradicional. 


Usos medicinales, oftálmicos:

a- Se dice que este tipo de piedrecitas (numulites) se usaron para dar masajes circulares sobre los párpados del ojo u ojos afectados por la dolencia ocular (conjuntivitis, cataratas, herida, etc.) que se quería remediar. La maniobra solía acompañarse de alguna fórmula u oración, confiando en la rápida intervención milagrosa de la santa, para poner remedio, total o parcial, al mal que afectaba a aquel ojo enfermo.

Aspecto del enrojecimiento ocular de una persona afectada por una doble conjuntivitis.
b- También se elaboraban colirios, mediante la ebullición de agua de fuente en la que se habían introducido uno o dos ejemplares de las famosas "pedretes de Santa Llúcia". Con esa agua se  se lavaban los ojos enfermos o lesionados o se empapaban gasas o pequeños paños para elaborar compresas húmedas que se colocaban sobre el párpado del ojo enfermo.

c- Se decía que en el caso de introducción accidental de cuerpos extraños en el ojo, tales como granos de arena, esquirlas de metal o de piedra o astillas, se introducía bajo los párpados del ojo afectado, un ejemplar muy pequeño para que lo expulsase mágicamente con prontitud.
En el supuesto de que la maniobra fuera cierta debería ser del tamaño de una lenteja muy pequeña y muy plana, se dice que se forzaba su desplazamiento rotatorio por todo el ojo,   mediante el parpadeo lento y el movimiento del globo ocular, estas maniobras favorecerían el lagrimeo, el arrastre y la expulsión rápida del cuerpo extraño, irritante, que salía adherido a la piedrecita milagrosa. 

Picapedrero, a 
principios de siglo XX, ejerciendo su trabajo, de dar la forma apropiada a los bloques irregulares de piedra, obtenidos en la cantera, según su uso futuro. En este tipo de actividad, sin protección ocular, debió ser común y frecuente la entrada de esquirlas de piedra en los ojos de los trabajadores. 
Resulta muy difícilmente creíble que pudiera llevarse a cabo esta clase de uso, pues resultaría sumamente doloroso, a pesar de que es citado por bastantes de las fuentes consultadas. Por pequeño y aplanado que pudiera ser el ejemplar de numulite que se pretendía introducir o que se pudiera acabar introduciendo en un ojo, inflamado, irritado o lacerado, mucho más sensible y dolorido que condiciones de normalidad, un numulite no dejaba de ser una piedrecita, es decir un cuerpo extraño, causante de más irritación y mucho más dolor. 
Se desconoce si la superficie de los numulites dedicados a este tipo de uso medicinal oftálmico se habían suavizado previamente, sumergiéndolos en vinagre, o si se habían pulimentado o si se embadurnaban con alguna sustancia lubricante... 


Los “dineritos de santa Lucía” 

La vaga semejanza con acumulaciones de monedas pequeñas, de las acumulaciones de numulites sueltos sobre ciertos lugares del terreno, por efecto de la redondez de su contorno podría haber inducido a confusión, en siglos pasados, una época en que abundaban las leyendas sobre hallazgos de tesoros encantados, cuyas monedas se habían petrificado prodigiosamente. 

Aspecto vagamente monetario de una grava formada por acumulación de caparazones sueltos de fósiles de Nummulites striatus, en la Colònia Jorba de Calders (Barcelona). Fotografía de Jordi Badia.
Imagen: El medi natural del Bages

En el caso particular de los nummulites de la ermita de Trenteres, el nombre popular "dinerets de Santa Llúcia" resulta poco acertado, puesto que se trata de ejemplares bastante abultados, correspondientes a especies bastante globosas, no a especies  muy aplanadas, por lo que su supuesta semejanza individual con monedas aisladas resulta más que discutible, en este caso.
Este nombre poco afortunado, en este caso, es sinónimo de este otro: "dinerets de Santa Pau", y se refiere al mismo yacimiento y al mismo tipo de fósiles, pero en asociación a la población densa más próxima.

Antiguo dibujo esquemático representando el aspecto de un ejemplar de numulite, visto con un poco de aumento, en tres condiciones distintas. A la izquierda, aspecto exterior del caparazón; en el centro, aspecto interior del caparazón, cuando ha sido dividido, horizontalmente, en dos mitades por el plano ecuatorial y, a la derecha, visto por la sección polar del caparazón para mostrar su típica forma biconvexa o lenticular.
No hay que descartar la posibilidad de que, en realidad, pudiera tratarse de otro género de macroforaminíferos, como son las asilinas (Assilina), que hubieran podido ser identificadas erróneamente como una clase de numulites, por personas poco expertas en paleontología de macroforaminíferos. Transmitiéndose el error y conservándose la confusión, al haber estado apareciendo en diversos documentos de tipo etnográfico.

Aspecto numular de varios ejemplares de asilina (Assilina exponens). En la imagen puede apreciarse como los caparazones de este tipo de fósiles son muy aplanados, a diferencia de los numulites que suelen ser, más o menos biconvexos y, en general, bastante más abultados. 
También puede apreciarse que por ambas caras muestran la estructura espiral del sistema de tabiques y cámaras, estructura que en los numulites permanece oculta en el interior del caparazón, y solo resulta visible cuando el caparazón se parte y se separa en dos mitades. 
La semejanza superficial entre ambos tipos de fósiles no es una mera casualidad, ambos pertenece a la misma familia, la de los macroforaminiferos numulitidos. La parte central más clara y circular puede crear la ilusoria sensación de que se trata de un ojo petrificado....
Fotografía original de M. A. Bueno.

Imagen: Foto-Natura-Huesca-2

Usos lúdico-augurales

a- Se consideraba de buen augurio económico, para todo el año siguiente, que durante el día de la romería se utilizasen los numulites recogidos junto a la ermita, como dinero ficticio, en los juegos populares de azar y de apuestas que organizaban los asistentes. Ya que al no tener ningún valor material, nada se ganaba ni nada se perdía cuando se intercambiaban entre perdedores y ganadores.

Grupo de jubilados echando una partida de cartas en un bar. Como todo el mundo sabe, un pequeño incentivo que fideliza a los participantes asistentes, lo constituye la pequeña remuneración que proporciona la puntuación conseguida, en cada partida y la acumulada en la serie 
diaria de partidas. 

b- Algunas familias de Olot, usaban con una finalidad semejante, los numulites recogidos en la ermita de Trenteres, en la romería del día de la festividad de la santa (13 de diciembre), para decorar el belén que la familia elaboraba, para conmemorar el nacimiento de Jesús, con el que celebraban las tradicionales fiestas de la época navideña (desde el día de Noche Buena hasta el día de Reyes). Con nummulites se construían los márgenes de los caminos de serrín o arena fina que conducían hasta el portal del Belén. 

Aspecto de un típico belén casero, elaborado por todos los miembros de una familia, utilizando diversos recursos escenográficos. Reuniendo en un espacio reducido, un conjunto de situaciones, representando diferentes escenas y personajes, todos relacionadas con el relato evangélico del nacimiento del niño Jesús en un pesebre de las afueras de la antigua localidad de Belén. Imagen: Pinterest



Continuará

sábado, marzo 5

El Registro fósil ibérico en la Loterofilia española (7)

 por Heraclio ASTUDILLO-POMBO. Universitat de Lleida


Introducción

Parece ser que ya empieza a verse, en lontananza, el final del tema que sobre la "loterofilia española de temática paleontológica" se inició en 2020 en este blog. Pues si no cambia la tendencia temática actual el material de soporte necesario para fundamentar y redactar las correspondientes entradas que van apareciendo en este blog, parece haberse agotado. Las exhaustivas prospecciones recientes en Internet, ya no han permitido localizar novedades, que sumar a las ya identificadas. En la actualidad, a parte de las entradas que ya se han ido presentando en este blog y las las tres que permanecen pendientes de publicación, no queda nada más. Esta triste y pobre situación se debe a que la aparición de décimos de lotería y cupones de la ONCE, relacionados con la paleontología en general o con el registro fósil español, son extraordinariamente escasos. Si en los próximos meses no aparecen nuevos cupones de la ONCE ni más boletos de Lotería, relacionados con el registro fósil español, deberá darse por concluido este capítulo, al menos provisionalmente


El cupón de la ONCE con la imagen del arrecife fósil de Vega de Gordón (León)

Vega de Gordón es un pueblo español perteneciente al municipio de La Pola de Gordón, que perteneció al antiguo Concejo de Gordón, en la provincia de León, en la comarca de la Montaña Central, en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Estando situado en el valle del río Bernesga.

El delegado de la Once en Castilla y León, Salvador Galván, el alcalde de La Pola de Gordón, Francisco Castañón y el director provincial de la Organización Nacional de Ciegos en León, Alfonso Fidalgo, presentando  la matriz del nuevo cupón de la ONCE a los medios de comunicación, el 12 de febrero de 2008
Imagen
Diario de León. 13/02/2008

La importancia social y natural de este paraje leonés radica en su singular configuración geológica, así como en su especial atractivo paisajístico. Este es un lugar que desde siempre, ha causado admiración entre los visitantes que acuden a este lugar atraídos por su singular encanto, debido a las particulares características naturales de este paraje montañoso, su gran belleza paisajística y la gran espectacularidad de su curioso relieve, proporcionado por sus crestones verticales

Aspecto del cupón de la ONCE cuya ilustración reproduce un elemento paisajístico natural de tipo geomorfológico que, en la actualidad, es conocido como el "arrecife fósil" de Vega de Gordón (León)
Imagen: Mineralogía y Topográfica Ibérica, www.mtiblog.com

Este lugar es especialmente bien valorado por aquellos excursionistas que han visitado sus dos vertientes, para gozar completamente del espectáculo paisajístico que ofrece, tanto cuando es observado desde el lado de leonés, como desde el lado asturiano. 
Son muchos los leoneses habitantes de la zona de Gordón que desde hace muchos años se han dedicado a disfrutar del paisaje de esta zona natural, que a partir de ahora, por el efecto divulgativo y promocional de esta iniciativa de la ONCE, se hará aún mucho más conocido,  atractivo y popular fuera de su comarca. En la actualidad, su promoción turística está apoyada, en diversas iniciativas empresariales apoyadas por diferentes instituciones públicas regionales que se han adherido para promocionar las actividades relacionadas con el turismo cultural y de naturaleza, desarrolladas en esta zona.


Cuando un cerro resulta ser un arrecife devónico

En la entrada a la localidad de Vega de Gordón, por el sur, se puede ver que tras la población se levanta un cerro de aspecto muy característico, por estar cruzado y coronado, de lado a lado, por tres crestones verticales de roca caliza. Los materiales geológicos que constituyen este singular elemento geográfico, denominado popularmente "el arrecife fósil", desde que hace algunos años anduvieron por allí unos geólogos estudiando el terreno, pertenecen al Devónico, estando formado por una alternancia de estratos de calizas y margas originadas en un mar poco profundo a lo largo de unos 5 millones de años, entre los 400 y los 395 m.a. aproximadamente. Su antigüedad ha sido conocida por medio del estudio e identificación del abundante contenido de muestras de fauna fósil marina que resultó ser característica de comunidades propias de ambientes arrecifales, correspondiente a la citada época geobiocronológica.
Durante el Devónico, hace entre 419 y 359 millones de años, el actual territorio de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga (León), de la que forma parte el municipio de Vega de Gordón, formaba parte del fondo marino de un mar tropical de poca profundidad, en cuyos fondos marinos crecían exuberantes arrecifes coralinos, estos estaban entones mucho más al sur de la localización actual, situado a unos 8000 km de distancia, el lento desplazamiento de las placas continentales explicaría este cambio de posición por migración geológica. 

A modo de ejemplo de cómo se generaba y evolucionaba un arrecife en aquella época, se ha seleccionado el yacimiento del barrio de El Millar, que pertenece como agregado al municipio de La Pola de Gordón. Otros lugares del valle del río Bernesga, aptos para la observación geológica y la interpretación paleontológica que han conservado en su territorio excelentes muestras de arrecifes fósiles devónicos son el arroyo del Puerto (en las proximidades de la localidad de Santa Lucía) y también Vega de Gordón y Beberino.

Recreación de un arrecife del Devónico. En él podemos ver las “cúpulas” creadas por las esponjas estromatopóridas, y a su alrededor algas, crinoideos, moluscos (gasterópodos, cefalópodos) y corales solitarios que sobresalen como cucuruchos o como columnas coronadas de tentáculos. Foto: Santiago San Juan / FALLS OF THE OHIO STATE PARK
Imagen: Wikimedia commons

La posición geográfica y la composición paleobiológica de estos antiguos arrecifes tropicales, antiguamente llenos de vida submarina, han quedado registradas en ciertos estratos de rocas sedimentarias de origen marino en forma de enormes acumulaciones de los restos fósiles de los antiguos animales marinos que los construyeron. Se trata de 'bioconstrucciones' o estructuras geológicas 'bioconstruidas', por ser elevaciones producidas por la actividad biológica sobre el fondo marino. Consistente en la construcción y elevación de estructuras biogénicas mineralizadas, producidas por la acumulación de sus esqueletos y de sus conchas calizas, tanto en estado viviente de sus constructores y ocupantes, como en estado postmortem, cuando se convierten en soporte de otros organismos o en sedimentos calizos groseros o finos. 
Hoy día sus fósiles se pueden encontrar contenidos en el interior de la matriz rocosa de numerosas capas sedimentarias existentes en el territorio de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga (León), pero si se buscan concienzudamente también resultan visibles en su superficie meteorizada y erosionada o incluso hallarse sueltos sobre el terreno, al haberse desprendidos de su matriz rocosa. 

Aspecto del cerro llamado popularmente "el arrecife fósil",  fotografiado desde La Pola de Gordón, la imagen resultante es muy semejante a la que aparece en el cupón de la ONCE. Fotografía original de Jacinta Lluch Valero.
Imagen: Flickr

El cerro está constituido por materiales geológicos de edad devónica, pertenecientes a la Formación Portilla. Evidenciando por su relieve característico ser el resultado de procesos de origen erosivo de tipo diferencial. Quedando demostrado por su particular aspecto, con la serie de prominentes crestones levantados sobre las laderas y la cumbre del cerro, formados por estratos calizos dispuestos verticalmente . Los materiales más blandos, por menos consistentes, aparecen rebajados (fangos de rampa marina profunda), situado en la parte media del cerro, aparecen flanqueados por dos resistentes crestones calizos, que corresponden a dos intervalos de ascenso del fondo marino o descenso del nivel del mar, cuando se producen depósitos sedimentarios en condiciones más someras, dando lugar a la formación de calizas de tipo "framestone" con un elevado contenido de restos fósiles en su seno.


Vida y muerte en un arrecife devónico

A continuación se presenta una recreación artística de la evolución de un antiguo arrecife marino devónico, en tres momentos de máximo esplendor, representando su transformación en el transcurso de sus tres etapas de crecimiento en altura y ascenso hacia la superficie marina. La progresiva acumulación, sobre el fondo marino, de los esqueletos de los animales invertebrados allí instalados, tales como corales, esponjas, crinoideos, briozoos, braquiópodos, bivalvos, gasterópodos, cefalópodos, etc. etc., con el paso de los decenios y siglos habría producido la formación de una zona muy elevada sobre el fondo marino y que ocuparía una gran extensión. 

Esquema mostrando las relaciones existentes entre las condiciones físicas ambientales, la morfología típica de los organismos constructores (corales fundamentalmente) y la estructura de las calizas arrecifales resultantes, en cada caso. A partir de varias figuras de James & Bourquet, 1992.
Al principio se formaría un pequeño promontorio, de poca extensión, de restos biológicos mineralizados, acumulados sobre el fondo marino primitivo, sobre el que se habrían instalado los organismos sucesores de los iniciales. A medida que el promontorio iba creciendo en extensión y elevación  seguirían instalándose nuevos organismos coloniales o individuales, mejor adaptados que sus precursores a vivir en las nuevas condiciones ambientales, zonas cada vez más superficiales y mucho más batidas por las olas. 
Sobre esos mismos arrecifes, la columna de agua estaría ocupada por ciertas especies de peces acorazados, de mediano tamaño que se alimentaban de pequeños peces espinosos (acantodios), los cuales se organizaban en densos bancos similares a los de las actuales sardinas, para protegerse de los ataques de sus depredadores.

Representaciones esquemáticas muy idealizadas, mostrando la posible evolución del aspecto y composición, tanto del arrecife como de las comunidades de animales marinos (invertebrados y vertebrados), característicos de los ambientes y comunidades arrecifales. A medida que se van modificando las condiciones ambientales, previas, se van modificando los tipos de organismos que pueden instarse y colonizar el montículo submarino. 



Representan los organismos típicos de las comunidades paleobiológicas identificadas, en los yacimientos  paleontológicos estudiados en los niveles estratigráficos inferiores (figuras a, b) y superiores (figuras c) de los materiales geológicos de la Formación Portilla, situada en Vega de Gordón, en el valle del río Bernesga (León).

En la primeras etapas evolutivas del arrecife, debido a las condiciones ambientales de mayor profundidad y menor energía de la masa de agua, predominarían especies de corales y esponjas de formas ramosas, relativamente frágiles o delicadas.
En las etapas intermedias, las formas anteriores serían sustituidas por otras especies más compactas y menos frágiles, mejor adaptadas a unas condiciones ambientales de menor profundidad y mayor movimiento del agua. 
En las etapas evolutivas finales del arrecife, con poca profundidad y fuerte oleaje, las formas instaladas, para ser exitosas, debían ser muy compactas, muy resistentes a la agitación del agua, fuerte y constante y con buena hidrodinámica. En todos los caso, cada nueva comunidad sustitutoria, lo hacía instalándose sobre las ruinas de la anterior, en un proceso de lenta, continua y progresiva sucesión y sustitución paleoecológica.

En las diversas ilustraciones, entre los invertebrados representados, se pueden reconocer corales y esponjas, crinoideos, bivalvos, gasterópodos, braquiópodos y briozoos y restos esparcidos de las especies precedentes. Entre los vertebrados se ven varios tipos de peces acorazados.
Dibujos realizados por Antonio López Alcántara.
Imagen: XXII Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología, 27-30 de septiembre, 2006, León.


Sección de Vega de Gordón 

El bellísimo paraje que sirve de entrada meridional a la localidad de Vega de Gordón tiene su origen en las calizas arrecifales de la Formación Portilla, de edad Devónico Medio-Superior. Las rocas de esta formación registran dos episodios arrecifales, separados por una época en la que el ambiente marino fue más tranquilo. 

Otra vista del cerro devónico de la localidad leonesa de Vega de Gordón. 
Imagen: Ver pueblos

Las rocas arrecifales, por su composición y estructura, resultan más duras y resistentes a la erosión, por lo que las rocas calizas formadas a partir de los sedimentos correspondientes a cada episodio arrecifal se muestran ahora como dos crestas rocosas, elevadas verticalmente por los movimientos orogénicos, separadas por las rocas lutíticas, menos resistentes a la erosión y mucho más inconsistentes y disgregables, formadas a partir de materiales fangosos sedimentados en zonas de plataforma. 


Fuentes

- Barrio Planillo, J. A. (2008). Vega de Gordón lleva el arrecife a la OnceDiario de León. 12/02/2008
- Barrio Planillo, J. A. (2008). Presentado el cupón de la Once con la imagen del arrecife fósil de Vegas. Diario de León. 13/02/2008
- Alonso Herrero, E. et al. (2011). Guía del Patrimonio Geológico de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga. Ayuntamiento de la Pola de Gordón (León):  http://buleria.unileon.es/bitstream/handle/10612/10381/2011_02P.%20Guia%20Alto%20Bernesga.pdf?sequence=1&isAllowed=y
-Fernández-Martínez, Esperanza. Coord. (2006). El Devónico arrecifal de la Zona Cantábrica (Excursión A). XXII Jornadas de la Sociedad Española de Paleontología. Universidad de León Secretariado de Publicaciones. Sepaleontologia.es/actas/XXII
- Sanchís Calvete, José Manuel (2010). Loterofilia minera española (II): 2008-2009   Amalgama 4(4) 33-50. Oct 30, 2010  Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (MTIEDIT)