sábado, mayo 9

El registro fósil, recogido y explicado por la literatura popular (2).

por Heraclio Astudillo Pombo, DMACS, UdL


La “Leyenda de "la Encantá" o de "la Encantada" del Cabezo Soler, de Rojales (Alicante) (2ª parte)

Una interpretación desmitificadora, de la leyenda de “la Encantá” de Rojales, una narración popular de tipo etiológico, inspirada en un depósito de huesos fósiles.


Si se intenta interpretar la leyenda con una mentalidad moderna, de tipo naturalista y racionalista, se deben identificar los diversos tipos de restos materiales, de tipo arqueológico y paleontológico, sobre los que se fundamentan las versiones etiológicas de la leyenda de “la Encantá”, de Rojales. Con este enfoque racionalista se puede ver como los mismos elementos materiales, reales y concretos, existentes en el “el Cabezo Soler” que fueron interpretados, unas veces muy ingenuamente, presumimos que en otras ocasiones debieron interpretarse de forma “muy conveniente” al paradigma social y religioso dominantes, al fabularse una explicación de los huesos que resultase razonablemente creíble para una población, mayoritariamente crédula por poseer una mentalidad explicativa mágica, de tal manera que los restos materiales que eran indicios pasaban a convertirse en elementos probatorios de la veracidad de una leyenda, la de “la Encantá” de Rojales que había sido inventada para explicar unos ciertos hechos que resultaban observables, en diversos puntos del cerro del Cabezo Soler.

En primer lugar, tenemos como indicios materiales, unos restos arqueológicos, consistentes en residuos de antiguas construcciones, completamente arruinados, situados en las partes altas de “el Cabezo Soler”, a los que la imaginación popular interpretó como los restos destruidos mágicamente, de la desaparecida fortaleza y del palacio del emir moro. En la actualidad existe constancia histórica, de tipo documental y arqueológico, de que en la cima del cabezo Soler existieron asentamientos humanos, la ocupación humana del cual se inicia en la prehistoria y llega hasta tiempos medievales, en la época de ocupación musulmana: los restos "más antiguos" corresponden a asentamientos de la Edad del Bronce, (1000 a.C) y los "más modernos" a restos de un “hisn” o asentamiento rural fortificado, andalusí, construido y ocupado, en la época musulmana (siglos XI- XII).

En segundo lugar, tenemos los indicios de tipo paleontológico, consistentes en diversos fragmentos de esqueletos, así como huesos y dientes sueltos, de diferentes clases de vertebrados, acuáticos y terrestres, de finales del Terciario (Plioceno) y principios del Cuaternario (Pleistoceno).
Debemos suponer que antiguamente, sin las activas actividades extractivas de los actuales expoliadores, nacionales y extranjeros, del patrimonio paleontológico español, debieron abundar los restos óseos de diversos animales de mediano a gran tamaño, especialmente de diversos tipos de cetáceos de finales del Plioceno y principios del Pleistoceno. Tales restos paleontológicos estarían expuestos a la vista de todos aquellos que pasaban por el lugar, ya que muchos de ellos habrían sido exhumados, de forma parcial o total, de las rocas que los incluían en su interior, por los efectos combinados de la la erosión y la meteorización. Tal como comenta Daniel Jiménez de Cisneros, en relación a una visita efectuada en 1908, cuando trataba de localizar unos supuestos huesos de plesiosaurio, cuya existencia en aquel lugar, le había comunicado un conocido suyo. Finalmente, los supuestos huesos de plesiosaurio resultaron ser los huesos fosilizados de cetáceos más modernos.

Aspecto del esqueleto de una serpiente actual que está completo y perfectamente articulado, obsérvese que su larguísima columna vertebral, sólo muestra como anejos, una gran cantidad de costillas, ya que el esqueleto de las cinturas, escapular y pelviana, y el de las extremidades están totalmente ausente, por estar completamente atrofiados.


Como los cetáceos, por efecto de su adaptación al medio acuático, tienen columnas vertebrales mucho más largas que los cuadrúpedos terrestres, debido a que posen bastantes más vértebras que ellos y, además, como también tienen los miembros posteriores atrofiados, es posible que sus restos mejor conservados y por tanto los que podían ser reconocibles, fueran alineamientos de vértebras de grandes dimensiones, conectadas a fragmentos del cráneo, puesto que los demás huesos largos y delgados, imcluidos los que forman el morro del animal, se habrían fragmentado y dispersado, durante el proceso tafocenótico o en el de la fosilización. De tal manera que el aspecto del conjunto, pudo inducir a los lugareños a confundir los restos fosilizados de diversos cetáceos, con los restos petrificados de grandes monstruos serpentiformes, especialmente, los restos de los grandes cetáceos desdentados (misticetos) que en este caso particular, podría tratarse de un tipo de "ballenas de barbas", precursora de la ballena gris actual (Eschrichtius robustus), de unos 12 a 15 m. de longitud, cuya cabeza por el hecho de tener las mandíbulas delgadas y desarticulables, como las de las serpientes, ofrecería un aspecto vagamente serpentiforme.

Ilustración esquemática representando el aspecto del esqueleto de una ballena gris actual que estaría completo si no hubiéramos suprimido los huesos de las costillas y de los miembros anteriores para proporcionarle un aspecto serpentiforme. El esqueleto se muestra perfectamente articulado, obsérvese su, relativo, parecido a una culebra gigante, pero algo "corta" y "cabezona", debido a que con su larga columna vertebral y su gran cabeza, no guarda las debidas proporciones, típicas de un ofidio.
Imagen: http://www.acsonline.org/factpack/images/HumpbackWhaleSkeleton.jpg


Los esqueletos axiales fosilizados de otros vertebrados acuáticos, contemporáneos de los cetáceos no dentados, también podrían haber contribuido a la generación de la leyenda de los "monstruos serpentiformes" del Cabezo Soler. Este podría ser el caso de las columnas vertebrales de delfines, de vacas marinas e incluso de cocodrilos.

Desprovistos de los huesos de sus extremidades, tanto los esqueletos de los delfines: fig. 1 ( arriba, izquierda), como los de las vacas marinas o manatíes: fig. 2 ( arriba, derecha) o los de los cocodrilos: fig. 3 (abajo izquierda) adquieren un aspecto, claramente, monstruoso y "serpentiforme" Véanse las correspondientes imágenes:

Fig. 1: Cráneo y columna vertebral de un delfín común actual (Tursiops)
Imagen:

Fig. 2: Cráneo y columna vertebral de unmanatí o vaca marina fósil del neógeno (Metaxytherium)
Imagen:manatí o vaca marina fósil del neógeno (Metaxytherium)

Fig. 3: Cráneo y columna vertebral de un cocodrilo africano actual (Crocodylus niloticus)
Imagen:


Descifrando el misterioso origen de la creencia popular en unos diabólicos y legendarios monstruos nocturnos imaginarios.

El origen de los "monstruosos perros gigantes" que citan las versiones etiológicas de la leyenda, muy posiblemente, deba buscarse en la probable bservación, e interpretación fabulosa, de algunos esqueletos incompletos unidos a cráneos de cetáceos con dientes (odontocetos). En este caso particular, posiblemente, se trataría de alguna clase de delfines neógenos, cuyos cráneos mucho más compactos que los de los misticetos y, además, dotados de mandíbulas más gruesas, con numerosos dientes fuertes y muy agudos, pudieron haber dado origen a la fabulación de monstruosos perros gigantes, de los que además se dice que eran perros voladores. Es muy probable que las supuestas “alas”, fueran en realidad los huesos de las "aletas" (miembros anteriores más o menos completos), de alguna otra especie de cetáceos o de otros ejemplares de la misma especie, pero de mayor tamaño y edad que habrían quedado superpuestos, en la posición y forma más conveniente, para que pudiera inducir al error a sus inexpertos observadores.

Aspecto de un cráneo completo de delfín común, actual, es evidente, que la aguda dentadura le proporciona un aspecto muy fiero y terrorífico, aunque no acertamos a encontrar las semejanzas con la cabeza de un perro, similitud que al parecer sí pudieron encontrar sus primitivos observadores rojaleños.
Imagen
http://farm1.static.flickr.com/220/511081914_7a6dcfdf33.jpg?v=0

Una explicación más o menos parecida podría darse a los huesos “petrificados” de los supuestos lagartos gigantescos que citan algunas versiones de la leyenda, porque si en tiempos recientes, los paleontólogos han hallado restos de cocodrilos, en el mismo lugar, es de suponer que en el pasado también pudiera haber estado a la vista, algun esqueleto, más o menos completo, de este tipo de animales, cuya observación debió inducir a la confusión con lagartos gigantes.

Aspecto del esqueleto completo y articulado de un cocodrilo del Nilo, actual (Crocodylus niloticus). Los aldeanos de Rojales al igual que los primeros exploradores españoles, que observaron por primera vez a los primeros cocodrilos, en América y en África, les llamaban "lagartos" dado su gran parecido con los modesto pariente terrestres que habitaron la península en tiempos históricos

Es muy posible que en la “reconstrucción mental fabulosa” que hicieron los lugareños de la zona de los monstruos diabólicos del cerro de Rojales, a partir de la observación de diversos tipos de restos óseos, pudiera haber contribuido la mezcla de restos óseos de diversos individuos e incluso de diferentes especies, cosa no infrecuente en algunos yacimientos, contribuyendo de esta manera la naturaleza, a crear verdaderas "quimeras" que resultarían muy difíciles de interpretar, racionalmente, para gentes con escasos conocimientos zoológicos y anatómicos, de una fauna tan lejana morfológicamente, de la fauna doméstica y salvaje, propia de la zona, que era la única conocida por ellos.



Fuentes:


- Agencia EFE. 2001. “Hallan una ballena fósil del Pleistoceno”.
www.grupopaleo.com.ar/paleoargentina/hemeroteca2001.htm
-Anónimo. Rojales. Historia de los municipios de la Vega Baja http://www.convega.com/historia/rojales/rojales.html
- Cartagena González, Fausto. 1991. “La leyenda de la Encantá del Cabezo Soler de Rojales” en Segura río abajo. Leyendas y relatos. Rojales. Ayuntamiento & Banco de Alicante.
- Gea et alt. 2000. El Museo Arqueológico-Paleontológico de Rojales: un importante paso para el estudio, conservación y divulgación del patrimonio del Bajo Segura. Aquibla, 6. 2000.
- Gonzalo, R. 2005. La España prodigiosa (II), en De Occulta Philosophia. CCLXXIV. rgonzalo 9/jun/05, 05:05
http://foros.hispavista.com/de_occulta_philosophia/3474/629880/m/la-espa%C3%B1a-prodigiosa-(ii)/
- Goy, J.L. ; Zazo, C. ; Somoza, L. & C. J. Dabrio. 1990. Evolución Paleogeográfica de la Depresión de Elche-Cuenca del Bajo Segura (España) durante el Pleistoceno. Estudios Geológicos., 46: 237-244
- Jiménez de Cisneros, Daniel. 1908. “Excursiones por el S y SW de la provincia de Alicante”. Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Tomo VIII, pp. 193-208
- Mascarell, M. J. 2005. Un investigador de Pego descubre el primer antepasado de ballena gris de toda Europa. Levante, domingo 26 de junio.
- Sendra Sáez, Joaquín R. 1997. “Paleontología y folklore popular: los monstruos mitológicos de Rojales (Alicante)”
- Sendra Sáez, Joaquín R. 2000. Visita virtual a la sección de Paleontología. Museo Arqueológico-Paleontológico Municipal, Rojales (Alicante)
- Serra, Mª C. & Román del Cerro, J.L. 1986. “La leyenda de la Encantá de Rojales” en Leyendas de la Vega Baja. Universidad de Alicante.
- Sierra Albert, Javier & Callejo, Jesús. 1997. “La leyenda de la Encantada de Rojales” en La España Extraña. EDAF. p.265- 267
- vvaa. Leyenda de la Encantada. http://es.wikipedia.org/wiki/Leyenda_de_la_Encantada


jueves, abril 30

Sobre los diversos y extraños nombres de los fósiles (3).

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL

Sobre las diversas nomenclaturas utilizadas para la denominación de los fósiles (3ª parte) 

CRÓNICA DE UNA PÉRDIDA LINGÜÍSTICA, RECIENTE, EN EL PATRIMONIO ETNOGRÁFICO ESPAÑOL

En la actualidad, los fósiles ibéricos estudiados por la ciencia y recogidos por el lenguaje común, pueden llegar a gozar de hasta, tres o cuatro tipos de denominaciones distintas: un nombre científico (de uso universal), un nombre común (de uso supraregional), algún nombre vulgarizado (de uso regional) y diversos nombres vulgares (de uso local), y hemos dicho "pueden", porque bastantes de ellos, en la actualidad, han perdido sus viejos nombres vulgares ancestrales y no disponen de ningún nombre común. Además, a veces, tampoco disponen ni de ningún nombre vulgarizado que pueda ser una alternativa para dotar de nombre común a ciertos fósiles interesantes, por algún motivo, para los cuales no se puede pretender y esperar que los nombres científicos, sean una opción válida, pues resultan demasiado exóticos para el lenguaje corriente y la gente común. No obstante, lo anterior, existen ciertos casos de vulgarización de nombres científicos de fósiles para dotar de nombre usual a un determinado género o especies fósil, anteriormente totalmente desconocido, pero que se ha vuelto súbitamente popular, por haber adquirido notoriedad debido al hecho de haber salido, con cierta frecuencia, en las noticias de alguno de los medios de comunicación generalista, más importantes del país o de la región. 

Uno de los oficios más antiguos que permite recorrer el territorio parsimoniosamente, descubriendo sus "secretos" naturales
Imagen: Carbonchurch.com

Una de las razones de la rápida perdida, en tiempos recientes, de una gran parte del léxico naturalista popular español que había sido usado para denominar los distintos tipos de seres que constituían el entorno natural, incluidos los los fósiles, debe buscarse en el éxodo creciente de los habitantes del medio rural hacia las ciudades especialmente acelerado desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Este desplazamiento geográfico desde los pequeños núcleos rurales de población, iniciado en la época inmediata de la posguerra civil, del siglo pasado, por motivos políticos y económicos que, luego, se fue acelerando y generalizando, con el inicio de la re-industrialización de las regiones desvastadas por la guerra y del auge del turismo, en ciertas comarcas del país. 
Una gran parte de la población rural española, la más pobre o la que tenía mayores inquietudes o expectativas culturales, tuvieron que desplazarse, desde sus localidades o comarcas originarias, hacia las ciudades de las zonas más industrializadas o mejor dotadas de servicios educativos, lugares que, generalmente, no sólo estaban bastante alejadas geográficamente sino que, además, también estaban alejadas culturalmente, con lo que los nombres de muchas cosas de la naturaleza, no tenían utilidad en el medio urbano o suburbano, entre ellas los nombres de los fósiles, ya que fuera de su contexto social, cultural y territorial, originales, en la vida práctica y social, dejaron de tener  utilidad léxica por lo que fueron perdiendo importancia, paulatinamente y dejando de tener sentido y significado, por la falta de uso y cayendo, finalmente, en el olvido. 

Al trasladarse a ciudades en regiones lejanas, los emigrantes pobres, no sólo tuvieron que renunciar a su entorno propio sociocultural, sino que para adaptarse a su nuevo medio, también tuvieron que abandonar la mayor parte de su antigua cultura rural. 
Imagen: http://aruasjf.files.wordpress.com/2008/11/emigrantes.jpg

Pero hoy día observamos, en las zonas rurales cuya población no se ha visto afectada por los procesos de emigración que hemos comentado, que los nombres vulgares tradicionales de los fósiles, también se han perdido. En este caso las causas deben buscarse en el efecto modernizador de la escolarización obligatoria y de la divulgación científica, ejercida por los medios de comunicación de masas. Comprobamos que la mayoría de la población, reconoce que muchas “piedras”, con características muy particulares, en realidad son "fósiles" e incluso que muchas personas de una cierta edad, usan, apropiadamente, los "nombres cultos" o "nombres científicos vulgarizados", de los fósiles más comunes, denominaciones tales como: amonites, belenites, numulites, pisadas de dinosaurio, etc. 
Pero, al mismo tiempo, desconocen o ignoran los nombres vulgares tradicionales que poseían, hace cuarenta o cincuenta años, esos mismos fósiles. Posiblemente, una de las causas principales de este olvido, sea que, con frecuencia, los nombres populares aparecían lastrados por adjetivos legendarios o estaban vinculados a creencias o usos, considerados supersticiosos. 
Ambas circunstancias casan mal con la idea de progreso cultural propio de la modernidad, de manera que en la década de 1960, en que había un gran afan de modernización cultural (pero también religiosa y política) este tipo de nombres tradicionales, pasaron a la categoría de léxico rural, totalmente acientífico y completamente anticuado que debía ser abandonado y olvidado con la mayor rapidez posible, en la mayoría de los casos, sin que folcloristas, etnógrafos y filólogos, tuviesen tiempo de conocerlos, estudiarlos y registrarlos.



LA ETNOPALEONTONIMIA Y LA BÚSQUEDA DE LOS NOMBRES VULGARES, TRADICIONALES, DE LOS FÓSILES.



Si, en la actualidad, el investigador etnopaleontológico quiere conocer algunos aspectos culturales asociados a algunos de los fósiles, de un lugar determinado, como pueden ser los datos de interés filológico (nombres vulgares y variantes, topónimos inducidos, fraseología, uso toponímico, etc.) o de interés etnográfico (creencias, leyendas, costumbres, usos, etc.), a parte de las consultas documentales convencionales, de artículos y libros especializados, también deberá recurrir a buscar a los más viejos de la localidad, para contactar con ellos acompañado por algún intermediario local que rebaje los niveles de natural desconfianza hacia los forasteros preguntones que parecen interesarse "demasiado" por sus costumbres. 
 
Pequeño grupo de ancianos, típico de un entorno rural. Hoy día son los únicos depositarios de las antiguas costumbres del lugar y cuya memoria, a veces, conserva información acumulada que puede alcanzar hasta los dos siglos anteriores. Si el visitante forastero les cae bien, quizá estarán dispuestos a entablar conversación para informarle sobre algunos aspectos particulares sobre nombres o usos y costumbres, propios del siglo XIX y XX, que eran típicos de la localidad.
Imagen: 2 bp blog 

Desarrollados los niveles de empatía suficientes (mínimos), entre los informantes y el investigador, deberá aprestarse a hurgar en su memoria, mediante un interrogatorio más o menos hábil, basado en un cuestionario abierto, sabiendo que obtendrá unos resultados que no siempre satisfacen las expectativas del estudioso, pues en unas ocasiones, las fuentes orales ocultan los nombres vulgares, por estar asociados con creencias y prácticas que consideran demasiado "primitivas" o "privadas", de las que muchos de los lugareños se avergüenzan por considerarlas indicadoras de atraso cultural, la solución puede estar en alpliar el nivel de empatía o el número de informantes. 

Desgraciadamente, en otras ocasiones, la causa de la falta de datos no es la vergüenza a divulgar unas costumbres o creencias que se consideran síntoma de atraso e incultura, sino los estragos de la vejez. En algunas ocasiones la carcoma de la senilidad, puede haber devorado grandes retazos de los recuerdos de l@s informantes, incluso, buena parte de sus recuerdos de infancia y juventud, en los que se conservaban los nombres vulgares antiguos de los fósiles, juntamente con otros conocimientos de interés lingüístico y etnográfico, como son las leyendas y los usos asociados. Tal vez, hemos llegado demasiado tarde, cuando la mayor parte del patrimonio ya se ha desvanecido en el olvido.


domingo, abril 19

Sobre los diversos y extraños nombres de los fósiles (2).

por Heraclio Astudillo Pombo. DMACS-UdL



Sobre las diversas nomenclaturas utilizadas para la denominación de los fósiles. (2ª parte) 

SOBRE LAS DIFERENTES CATEGORÍAS DE LOS NOMBRES ASIGNADOS A LOS FÓSILES.
 

Nombres populares, nombres cultos y nombres científicos

El interés humano por ciertos tipos de fósiles que como ya hemos mencionado antes, se debe remontar a tiempos antiquísimos y a personas de diversa categoría social, debe haber determinado que las denominaciones de los fósiles hayan sido realizadas por personas pertenecientes a distintas capas sociales, circunstancias que habrían podido determinar que los distintos nombres que fueron impuestos a un mismo tipo de fósil, reflejaran las creencias o usos asociados al mismo y la amplitud de conocimientos que poseía su denominador original. 



Nombres vulgares o etnopaleontónimos

Los nombres de fósiles que han sido creados por personas "del pueblo" que poseían escasos o nulos conocimientos eruditos y que para denominarlos se basaban en aspectos de tipo morfológico, legendario, utilitario o topográfico, se dice que son "nombres vulgares". 

Los pastores en su divagar pausado, por extensos territorios, han tenido la oportunidad de poder encontrar, observar, relacionar y denominar multitud de elementos presentes en la naturaleza. Puede tratarse de seres vegetales o animales u objetos minerales, pero también de objetos arqueológicos
Imagen: El Buen Pastor
 
Se trata de una categoría que integra todas las denominaciones usadas para nombrar a ciertas clases de fósiles que han sido creadas por "el vulgo", también se les llama "nombres populares" y se caracterizan porque han sido creados, usando la lengua vulgar y los criterios clasificatorios del pueblo "llano". Nosotros, a esta clase de denominaciones creadas por personas "ingenuas" e ignorantes. respecto de los conocimientos científicos, los denominamos etnopaleontónimos



Nombres eruditos y nombres científicos o paleontónimos

Algunas personas que poseían una gran cantidad de conocimientos eruditos, se interesaron por la naturaleza en general y por la geología en particular, llegaron a descubrir ciertos tipos o géneros de fósiles que no disponían de un denominación "de categoría" por lo que decidieron ponerles un nombre de categoría. Los nombres de fósiles que fueron creados por por personas "con estudios", podían estar basados en aspectos de tipo morfológico, utilitario, histórico, pseudohistórico, filológico o mítico. Para darles categoría se compusieron utilizando dos lenguas que no eran utilizadas ni conocidas por la plebe, el latín y/o el griego, construyendo nombre mediante palabras o combinaciones de ellas procedentes de las citadas lenguas. por eso se dice que son "nombres cultos", también se les llama "nombres eruditos".  Ambas adjetivaciones hacen referencia al hecho de que se trata de nombres que han sido creados por personas "cultivadas", es decir, con estudios, generalmente, pertenecientes a las élites sociales y, por tanto, poseedoras de amplios conocimientos.

Retrato de Domínique Villars ( 1745-1814,), un erudito francés que fue botánico, pteridólogo, micólogo,y algólogo .
Imagen: Wikipedia 


Los nombres de fósiles que han sido creados por personas que eran poseedoras de una gran cantidad de conocimientos de tipo naturalista (biológico y geológico) y que estaban basados en razonamientos de tipo morfológico, anatómico (anatomía comparada), se dicen que son "nombres científicos" pues han sido creados por personas dedicadas al estudio racionalista y científico de la naturaleza. Fueron creados, usando ciertas normas taxonómicas, determinadas convenciones lingüísticas y las lenguas de mayor prestigio social en el momento de sus origenes, el siglo XVIII, el griego y el latín. Los verdaderos nombres científicos de fósiles empiezan a aparecer durante el siglo XVIII
Nosotros, a esta clase de denominaciones creadas por personas "sabias"  los denominamos paleontónimos 


Retrato de Carl Nilsson Linæus, (1707- 1778) científico, naturalista y botánico sueco que fue el creador de la moderna nomenclatura científica o binomial, realizando el primer tratado sobre la clasificación y denominación científica de los tres Reinos de la Naturaleza.
Imagen: Wikipedia 



Interpretaciones cultas, científicas y populares, de un mismo tipo de objetos fueron las razones para denominar un mismo tipo de fósiles, de forma distinta

Tomemos como ejemplo a estudiar, unas singulares piedras alargadas, lisas, de sección más o menos circular y estructura interna radiada que cuando se presentan, más o menos enteras, muestran uno de los extremos puntiagudo y el otro recto. Las más pequeñas son semejantes a una clavija, punta o clavo. Las medianas se asemejan a una punta cilíndrica de flecha o dardo y las mayores, a una punta de javalina o de lanza. 
También hay otros autores, que les han encontrado parecido con penes, con dedos índices de humanos o de otros seres imaginarios, también con candelas espectrales, cigarros diabólicos, balas, etc. En el caso particular, de algunos tipos de rostros de forma espatulada, se les ha encontrado parecido con dedos pulgares humanos y con otros objetos. Estas semejanzas y la capacidad de fabulación humana, han dado origen a diversos nombres más o menos descriptivos que se les han sido aplicado en diversos lugares geográficos y épocas históricas.



A modo de ejemplo: la perspectiva culta o científica al interpretar  los rostros fosilizados de belemnites

Aspecto externo de cinco ejemplares de rostros fosilizados de Acrocoelites tripartitus, procedentes del Toarciense inferior (Jurásico inferior) de Francia.
Imagen: Jurfossil 


En el siglo I, Plinio "El Viejo" en el lapidario, contenido en Historia Natural, en el libro 37, párrafo 61, menciona este tipo de piedras como "lapis Dactylus Idaeus", es decir la "piedra dedo de (emonte) Ida".

En el siglo VI, Isidoro de Sevilla, en el lapidario, contenido en Las Etimologias, 16.14.392, menciona una piedra interesante por sus supuestas virtudes medicinales, llamadas "lapis idaeus dactylus", es decir la "piedra de (emonte) Ida dedo " el nombre y usos fueron tomados del lapidario de Plinio El Viejo.

En el siglo XVI, en 1546, Georgius Agricola (Georg Bauer), en Sobre la naturaleza de los fósiles, en realidad era un tratado de mineralogía, menciona la misma piedra dándoles un nuevo nombre creado por él mismo: "lapis belemnites", es decir la "piedra con forma de dardo". 

En 1565, Conrad Gesner en Sobre los fósiles, las piedras y las gemas asocia, por primera vez en un libro, una imagen concreta al nombre del "lapis belemnites" y de otras "piedras figuradas", con lo que a partir de este momento y gracias a esta obra habrá menos confusiones entre nombre cultos y objeto fósiles.


Ilustración del libro de Gesner, en la que aparecen representados, diversos fragmentos de rostros fosilizados de belemnites


En el siglo XVII, en 1664, Boetius (Anselmus Boëtius de Boodt) en El Joyero perfecto o Historia de las gemas, el último gran lapidario de occidente, menciona que el "lapis belemnites" que está dotado de ciertas virtudes y diversos usos medicinales, también es conocido en Europa como "ceraunites", "coracias", "corybantes", "dactylus idaeus" y "lincurius". 

En 1678, Martin Lister, en una carta a la Royal Society de Londres, denomina a los belemnites "Lapides turbinati non spirati". 

En el siglo XVIII, en 1747 Carlos Linneo, en su "Sistema de la Naturaleza" ya no cita a los belemnites como una piedra con propiedades especiales y usos medicinales, sino como los restos petrificados de un tipo de animales marinos indeterminados, formando parte del Reino Mineralia y como parte del grupo de los denominados "Helmintolithus" o "petrificaciones con forma de gusano" y constituyendo un género zoológico fósil, concretamente, el de los Belemnites

En 1754, fray José Torrubia, uno de los padres fundadores de la paleontología española, en una carta a la Société Géologique de France, informa que ha encontrado Belemnites en España. 
En esta breve sucesión histórica, podemos ver como las denominaciones eruditas o nombres cultos de un tipo de fósiles, con el paso del tiempo ha ido pasando por una serie de cambios, para finalmente, dar lugar a la formación de un antiguo nombre científico genérico: Belemnites, denominación científica que actualmente ya casi no está vigente, pero que ha dado origen, en diversos idiomas, a un nombre común: belemnites y cuyo prefijo "belemn-" ha sido utilizado para crear además del mencionado y popular Belemnites, otros varios nombres científicos genéricos: Belemnella, Belemnitella, Belemnopsis, etc., en los que poder reubicar a una gran parte de los que antiguamente constituían el género Belemnites.


La perspectiva popular al interpretar el mismo tipo de objeto

Simultáneamente, al proceso histórico y lingüístico, antes relatados, la gente del pueblo llano ya había estado creando y usando diversos nombres alternativos, para nombrar a aquellas mismas "piedras" tan atípicas. La mayoría de las denominación populares se han ido perdiendo para la posteridad, puesto que casi nunca han sido registradas en ningún documentos escritos. A pesar de tener todas las condiciones en contra, conocemos unos pocos nombres vulgares, por aparecer recogidos en diversos documentos escritos y publicados en los últimos cinco siglos o por haberse conservado, como "fósiles lingüísticos" en el léxico del lenguaje rural. 

Diversos ejemplares de belemnites, de diferente tamaño, incluídos en el mismo fragmento de roca. Fotografía original de Paul Marx
Imagen: Belemniten


Sabemos que hasta mediados del siglo pasado, en una gran parte de España, a los diversos tipos de belemnites, se les conocía por el nombre vulgar de "balas de moro" (Andalucía, Aragón, Castilla-León), "balas de piedra" (Alicante), "balines" (Zaragoza), "dientes de ballena" (Guadalajara), “lapiceros” (Guadalajara y Teruel), "pitones" (Guadalajara), "lápices de cantero", "puros petrificados", etc. y en zonas catalanoparlantes como "bales de moro" (Cataluña, Baleares y Valencia) y "puntes de fletxa" (Mallorca). También sabemos que con anterioridad, se las había conocido como “bordones” o “bordones de Santiago”,hierros de lanza” (La Rioja) o como “Santiagoren erromeroen pordoi arri” y “Santiyago’ren bordoi-makil-puskaren arri” (Guipúzcoa) y también como "puntas de rayo" o "piedras de rayo" en diversas zonas castellanohablantes y como "pedres de llamp", en las zonas catalanófonas.


Continuará